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GENESIS


PUBLICACIONES INTERAMERICANAS
Pacific Press Publishing Association
Mountain View, California
EE. UU. de N.A.
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VERSIÓN ESPAÑOLA
Traductor Jefe: VICTOR E. AMPUERO MATTA
Traductora Asociada: NANCY W. DE VYHMEISTER
Redactores: SERGIO V. COLLINS
FERNANDO CHAIJ
TULIO N. PEVERINI
LEÓN GAMBETTA
JUAN J. SUÁREZ
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Comentario Sobre El Primer Libro de Moisés Llamado GÉNESIS

INTRODUCCIÓN

1. Título.

Los judíos designan el libro de Génesis según la primera palabra del texto
hebreo, Bereshith, "en el principio". Sin embargo, el Talmud judío lo llama el
"Libro de la creación del mundo". El nombre Génesis, que significa "origen" o
"fuente", ha sido tomado de la LXX, donde este término fue usado por primera
vez, para indicar el contenido del libro. El subtítulo, "El primer libro de
Moisés", no formaba parte del texto original hebreo, sino que fue agregado
siglos más tarde.

2. Autor.

Judíos y cristianos por igual han considerado a Moisés, el gran legislador y
dirigente de los hebreos en ocasión del éxodo, como el autor del libro de
Génesis. Esta convicción fue disputada algunas veces por opositores paganos en
el período inicial del cristianismo, pero nunca fue puesta en duda seriamente
por ningún cristiano ni judío hasta mediados del siglo XVIII. Desde hace más
de dos siglos, se han puesto en duda creencias y opiniones tradicionales en
todo aspecto del pensamiento humano. El hombre fue llevado a realizar
descubrimientos en esferas desconocidas y a inventar cosas que cambiaron mucho
la vida de este mundo. Sin embargo, el mismo espíritu de investigación llevó a
hombres de mentalidad crítica a poner en duda la autenticidad de las Escrituras
como base de la creencia cristiana.

El libro del Génesis fue el primero que fuera sometido a un examen crítico en
esta era moderna, y ese examen comenzó la etapa de la alta crítica de la
Biblia. En 1753, un médico de la corte de Francia, Jean Astruc, publicó su
libro Conjectures, en el cual pretendía que los diferentes nombres de la Deidad
que aparecen en el Génesis muestran que el libro es una colección de materiales
de diversas fuentes. Astruc siguió creyendo que Moisés fue el coleccionador de
esas fuentes y recopilador del libro, pero sus seguidores pronto eliminaron a
Moisés como el editor del Génesis.

Desde hace más de dos siglos, teólogos con mentalidad crítica han trabajado
para separar las supuestas fuentes del Génesis y asignarlas a diferentes
autores o, por lo menos, a períodos en los cuales se supone que fueron
compuestas, reunidas, cambiadas, editadas y, finalmente, compiladas en un
libro. Aceptando esos puntos de vista críticos, algunos eruditos concordaron en
un principio que consideraron importante, 214 a saber que el libro consiste en
muchos documentos de diferente valor, autor y tiempo de su origen. Sin embargo,
difieren ampliamente en sus opiniones acerca de qué partes han de ser
atribuidas a cierto período y cuáles a otro. La gran variedad de opiniones de
las diferentes escuelas críticas muestra cuán defectuoso es el fundamento de
sus hipótesis. La falacia de muchos argumentos críticos ha quedado expuesta
por los descubrimientos arqueológicos de los últimos cien años. Los críticos
han tenido que cambiar continuamente sus teorías y declaraciones. Sin embargo,
muchos de ellos mantienen su rechazo de que Moisés sea el autor del Génesis,
por varias razones de las cuales enumeraremos unas pocas aquí:

a. El uso de tres diferentes nombres para Dios. Con uno de ellos
indudablemente preferido en una cierta sección y un nombre diferente en otra,
se pretende que ello prueba que más de un autor es responsable por la
composición del libro. De ahí que algunos eruditos críticos hayan sostenido que
aquellas secciones donde Yahveh (Heb. YHWH o JHWH), "Jehová", se usa
frecuentemente, fueron escritas por un autor que ellos llaman el Jehovista,
abreviado J; las secciones donde se usa principalmente el nombre 'Elohim,
"Dios", por un hombre que ellos denominan elohísta, abreviado E. Otros autores
antiguos, que se supone que trabajaron con el Génesis, fueron un escritor
sacerdotal (P, [de "priestly" en inglés]), un editor o redactor (R) y otros.

b. De acuerdo con las escuelas críticas, las muchas repeticiones de relatos
contenidos en el libro muestran que se usaron fuentes paralelas y que fueron
unidas sin mucho esmero por un editor posterior para que formaran una sola
narración. Ese editor no pudo ocultar el hecho de que había usado materiales
de diversos orígenes.

c. Se aduce que las condiciones reflejadas en el Génesis no concuerdan con los
períodos descritos sino con tiempos muy posteriores.

d. Se dan nombres de lugares de un período muy posterior a localidades cuyos
nombres anteriores habían sido diferentes.

e. Las tradiciones en cuanto a la creación, el diluvio y los patriarcas, tal
como existen en la antigua Babilonia, son tan similares con el registro bíblico
de ellas, que la mayoría de los teólogos modernos aseguran que los escritores
hebreos tomaron esos relatos de los babilonios durante el exilio y los
prepararon después con un estilo monoteísta para que no fueran chocantes para
sus lectores hebreos.

El cristiano conservador no puede concordar con estos puntos de vista por las
siguientes razones:

a. Ve que los nombres sagrados de Dios, el Señor y Jehová, se usan más o menos
indiscriminadamente a través de toda la Biblia hebrea y no indican diferentes
autores como sostienen los críticos. La LXX y los más antiguos manuscritos de
la Biblia hebrea, incluyendo los rollos de Isaías descubiertos cerca del mar
Muerto, muestran que el nombre "Dios" encontrado en cierto pasaje en una copia
es presentado en otro manuscrito como "Señor" o "Jehová" y viceversa.

b. Las repeticiones frecuentemente halladas en los relatos no son una
indicación segura de que haya diferentes fuentes para una obra literaria. Los
defensores de la unidad de los libros mosaicos han demostrado, mediante muchos
ejemplos que no son bíblicos, que repeticiones similares se encuentran en
varias obras antiguas de uno y el mismo autor, así como en obras modernas.

c. Un mayor conocimiento de la historia antigua y de las condiciones de vida en
la antigüedad ha revelado que el autor del Génesis estuvo bien informado en
cuanto a los tiempos que describe y que el relato de los patriarcas encuadra
exactamente en el marco del tiempo de ellos. 215

d. Los nombres de los lugares han sido modernizados en ciertos casos por los
copistas para que sus lectores pudieran seguir el relato.

e. El hecho de que los babilonios tuvieran tradiciones similares en cierta
medida con los registros hebreos no es una prueba de que una nación tomó la
narración de la otra, sino que encuentra su explicación en un origen común de
ambos registros. El libro inspirado del Génesis transmite información
divinamente impartida en una forma pura y elevada, al paso que los registros
babilonios narran los mismos acontecimientos dentro de un marco pagano
envilecido.

No es el propósito de esta introducción refutar las muchas pretensiones de la
alta crítica formuladas para sostener sus teorías. Más importante es mostrar
la evidencia de que Moisés es el autor.

El autor del Exodo debe haber sido el autor del Génesis, porque el segundo
libro del Pentateuco es una continuación del primero y evidentemente manifiesta
el mismo espíritu y la misma intención. Puesto que la paternidad literaria del
libro del Exodo está claramente afirmada por Cristo mismo, quien lo llamó "el
libro de Moisés" (Mar. 12: 26), el volumen precedente, el Génesis, también debe
haber sido escrito por Moisés. El uso de expresiones y palabras egipcias, y el
minucioso conocimiento de la vida egipcia y sus costumbres desplegados en la
historia de José, armonizan con la educación y experiencia de Moisés. Aunque
la evidencia a favor del origen mosaico del Génesis es menos explícita y
directa que la de los siguientes libros del Pentateuco, las peculiaridades
lingüísticas comunes a todos los cinco libros de Moisés son una prueba de que
la obra es de un solo autor y el testimonio del Nuevo Testamento indica que
escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo.

El testimonio de Jesucristo, que citó varios textos del Génesis, indica
claramente que consideró el libro como una parte de las Sagradas Escrituras. Al
citar Gén. 1: 27 y 2: 24, Jesús usó la fórmula introductoria "¿No habéis
leído?" (Mat. 19: 4, 5) para indicar que esas citas contenían una verdad que
todavía estaba en vigencia y era válida. El contexto de la narración (Mar. 10:
2-9), que relata la disputa de Jesús con los fariseos en cuanto a la sanción
del divorcio, aclara que él atribuyó a Moisés las citas tomadas del Génesis.
Cuando sus antagonistas le preguntaron si tenían derecho a divorciarse de sus
esposas, Jesús los rechazó con la pregunta: "¿Qué os mandó Moisés?" En su
réplica, los fariseos se refirieron a una medida ordenada por Moisés, que se
encuentra en Deut. 24: 1-4, un pasaje del quinto libro del Pentateuco. A esto
repuso Jesús que Moisés les había dado ese precepto debido a la dureza del
corazón de ellos, pero que las disposiciones anteriores habían sido diferentes,
y afirmó su declaración con otras dos citas de Moisés (Gén. 1: 27; 2: 24).

En varias otras ocasiones, Cristo aludió a sucesos descritos sólo en el libro
del Génesis, revelando que lo consideraba como un registro histórico fidedigno
(Luc. 17: 26-29; Juan 8: 37; etc.).

Las numerosas citas del Génesis que se encuentran en los escritos de los
apóstoles muestran claramente que estaban convencidos de que Moisés había
escrito el libro y que era inspirado (Rom. 4: 17; Gál. 3: 8; 4: 30; Heb. 4: 4;
Sant. 2: 23).

En vista de esta evidencia, el cristiano puede creer confiadamente que Moisés
fue el autor del libro del Génesis. Elena de White dice de la estada de Moisés
en Madián: "Allí, bajo la inspiración del Espíritu Santo, escribió el libro de
Génesis" (PP 256).

3. Marco histórico.

El libro del Génesis fue escrito alrededor de 1.500 años AC (CS 7), mientras
los hebreos estaban aún en esclavitud en Egipto. Contiene un boceto de la
historia de este mundo que abarca muchos siglos. Los primeros capítulos del
Génesis no pueden ser colocados en un marco histórico, según la concepción
corriente 216 de lo que es historia. No tenemos historia del mundo ante
diluviano, salvo la que fue escrita por Moisés. No tenemos registros
arqueológicos, sino sólo el testimonio mudo y a menudo oscuro de los fósiles.

Después del diluvio la situación es diferente. La pala del arqueólogo ha
sacado a luz muchos registros de los pueblos, sus costumbres y formas de
gobierno durante el período abarcado en los capítulos siguientes del Génesis.
El período de Abrahán, por ejemplo, puede ahora ser conocido bastante bien; y
la historia de Egipto durante el período de la esclavitud de Israel puede ser
reconstruida con bastante exactitud. Durante esta era, desde Abrahán hasta el
éxodo, florecieron destacadas civilizaciones, particularmente en el valle de
Mesopotamia y a lo largo de las márgenes del Nilo. Hacia el norte los hititas
crecían en poder. En Palestina habitaban pueblos guerreros bajo la dirección de
reyezuelos. Costumbres groseras reflejaban el oscuro paganismo de todos estos
pueblos.

Fuertes vínculos raciales relacionaban a los patriarcas del Génesis con las
tribus semitas de la baja y alta Mesopotamia. Se describe en detalle el papel
de los patriarcas en algunos de los grandes sucesos de esos primeros tiempos,
tales como la batalla de los reyes en el valle de Sidim (cap. 14), la
destrucción de las ciudades de la llanura (caps. 18, 19), y la conservación de
la población egipcia durante un hambre extraordinaria (cap. 41). Los hombres
del Génesis son conocidos como pastores y guerreros, como moradores de la
ciudad y nómadas, como estadistas y fugitivos. Los relatos acerca de sus
experiencias ponen a los lectores del libro en contacto con algunas de las
grandes naciones de venerable antigüedad, como también con algunos de los
pueblos menos prominentes con los cuales se relacionaron los hebreos de tiempo
en tiempo.

No son descritas en el Génesis las grandes civilizaciones que habían surgido en
Egipto como también en Mesopotamia, pero su existencia se advierte claramente
en las experiencias de los patriarcas. El pueblo de Dios no vivía en el
magnífico aislamiento de un vacío político o social. Era parte de una sociedad
de naciones, y su civilización y cultura no diferían marcadamente de las de los
pueblos que lo rodeaban, salvo en lo que su religión crease una diferencia.
Por cuanto era el remanente más importante de los verdaderos adoradores de
Jehová, por tanto formaba el centro del mundo del autor inspirado. Esta
observación obvia lleva naturalmente a la pregunta: ¿Cuál fue el propósito
principal de Moisés al escribir el libro?

4. Tema.

Todo estudiante atento del Génesis conoce el tema principal del libro: primero
la narración del trato de Dios con los pocos fieles que lo amaron y sirvieron,
y segundo, la profundidad de la depravación en la cual cayeron los que habían
dejado a Dios y sus preceptos. El libro del Génesis es el primer registro
permanente de la revelación divina concedida a los hombres.

El libro tiene también importancia doctrinal. Registra la creación de este
mundo y de todas sus criaturas vivientes, la entrada del pecado y la promesa de
Dios acerca de la salvación. Enseña que el hombre es un ser moral libre,
poseedor de una voluntad libre y que la transgresión de la ley de Dios es la
fuente de toda la desgracia humana. Da instrucción respecto a la observancia
del santo sábado como día de descanso y adoración, la santidad del matrimonio y
el establecimiento del hogar, la recompensa de la obediencia, y el castigo del
pecado.

El libro está escrito en un estilo interesante que atrae la imaginación de los
jóvenes. Sus elevados temas morales son alimento para los mayores, y sus
enseñanzas son instructivas para todos. Este es el libro del Génesis, cuyo
estudio ningún cristiano 217 puede darse el lujo de descuidar y cuyos
brillantes héroes puede imitar todo hijo de Dios.

5. Bosquejo.

I. Desde la creación del mundo hasta Abrahán, 1: 1 a 11: 26.

A. La creación de los cielos y la tierra, 1: 1 a 2: 25.

1. Los seis días de la creación, 1: 1-31.

2. La institución del sábado, 2: 1-3.

3. Detalles de la creación del hombre y el huerto del Edén, 2:
4-25.

B. La historia de la caída y sus resultados inmediatos, 3: 1 a 5: 32.

1. La tentación y la caída, 3: 1-8.

2. La expulsión del huerto, 3: 9-24.

3. Caín y Abel, 4: 1-15.

4. Los cainitas, 4: 16-24.

5. La generación desde Adán hasta Noé, 4: 25 a 5: 32.

C. El diluvio, 6: 1 a 9: 17.

1. La degeneración de los antediluvianos, 6: 1-13.

2. La construcción del arca, 6: 14-22.

3. La narración del diluvio, 7: 1 a 8: 14.

4. El pacto hecho con Noé, 8: 15 a 9: 17.

D. Desde Noé hasta Abrahán, 9: 18 a 11: 26.

1. El destino de los hijos de Noé, 9: 18-29.

2. El cuadro de las naciones, 10: 1-32.

3. La confusión de las lenguas en Babel, 11: 1-9.

4. Las generaciones desde Sem a Abrahán, 11: 10-26.

II. Los patriarcas Abrahán e Isaac, 11: 27 a 26: 35.

A. Abram, 11: 27 a 16: 16.

1. Llamado y viaje a Canaán, 11: 27 a 12: 9.

2. Experiencia en Egipto, 12: 10-20.

3. Separación de Lot, 13: 1-18.

4. Rescate de Lot, encuentro con Melquisedec, 14: 1-24.

5. Pacto con Dios, 15: 1-21.

6. Casamiento con Agar, nacimiento de Ismael, 16: 1-16.

B. Abrahán, 17: 1 a 25: 18.

1. Renovación del pacto, Abram se convierte en Abrahán, se
introduce la

 

circuncisión, 17: 1-27.

2. Abrahán y los ángeles, destrucción de Sodoma y ciudades
vecinas, 18:1

 

a 19: 38.

3. Incidentes en Gerar, nacimiento de Isaac, expulsión de
Ismael, 20:1

 

a 21:34.

4. La prueba suprema de Abrahán, 22: 1-24.

5. Muerte de Sara y su sepultura, 23: 1-20.

6. Casamiento de Isaac con Rebeca, 24: 1-67.

7. Descendientes de Abrahán, 25: 1-18.

C. Isaac, 25: 19 a 26: 35.

1. Hijos de Isaac, 25: 19-34.

2. Isaac y Abimelec de Gerar, 26: 1-35.

III. El patriarca Jacob, 27: 1 a 36: 43.

A. Jacob, el suplantador, 27: 1 a 31: 55.

1. Jacob recibe una bendición mediante un engaño, 27: 1-46. 218

2. Jacob huye y la visión en Bet-el, 28: 1-22.

3. Jacob trabaja por sus esposas y forma una familia, 29: 1 a
30: 43.

4. Jacob huye de Labán, 31: 1-55.

B. Israel, príncipe de Dios, 32: 1 a 36: 43.

1. Jacob vuelve a Canaán, incidente en Peniel, 32: 1 a 33: 20.

2. Deshonra de Siquem, problemas familiares, 34: 1 a 35: 29.

3. Descendientes de Esaú, 36: 1-43.

IV. José, un salvador, 37: 1 a 50: 26.

A. José y sus hermanos, 37: 1-36.

B. La caída de Judá, 38: 1-30.

C. José se mantiene fiel a sus principios, 39: 1 a 40: 23.

D. José llega a ser el salvador de Egipto, 41: 1-57.

E. José y sus hermanos, 42: 1 a 45: 28.

F. Jacob va a Egipto, 46: 1 a 47: 31.

G. Las bendiciones de Jacob, 48: 1 a 49: 33.

H. La muerte de Jacob y de José, 50: 1-26.

CAPÍTULO 1

1 La creación de los cielos y la tierra, 3 de la luz, 6 del firmamento, 9 de la
tierra separada del agua, 11 y hecha fructífera. 14 La creación del sol, la
luna y las estrellas, 20 de los peces y las aves, 24 de las bestias y el
ganado, 26 del hombre a la imagen de Dios. 29 Dios señala el alimento para el
hombre y las bestias.

1 EN EL principio creó Dios los cielos y la tierra.

2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz
del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y
la mañana un día.

6 Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de
las aguas.

7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la
expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

8 Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día
segundo.

9 Dijo también Dios: júntense las aguas que están debajo de los cielos en un
lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y
vio Dios que era bueno.

11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla;
árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre
la tierra. Y fue así.

12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su
naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y
vio Dios que era bueno.

13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

14 Y Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar
el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,

15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la
tierra. Y fue así.

16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease
en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las
estrellas.

17 Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,
219

18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las
tinieblas. Y vio Dios que era bueno.

19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

20 Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la
tierra, en la abierta expansión de los cielos.

21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve,
que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y
vio Dios que era bueno.

22 Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas
en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.

23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias
y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.

25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género,
y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que
era bueno.

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra
semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las
bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra
los creó.

28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la
tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los
cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está
sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán
para comer.

30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo
que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será
para comer. Y fue así.

31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.
Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

1.

En el principio.

Estas palabras nos recuerdan que todo lo humano tiene un principio. Sólo Aquel
que está entronizado como el soberano Señor del tiempo no tiene principio ni
fin. De modo que las palabras con que comienzan las Escrituras trazan un
decidido contraste entre todo lo que es humano, temporal y finito, y lo que es
divino, eterno e infinito. Al hacernos recordar nuestras limitaciones humanas,
esas palabras nos señalan a Aquel que es siempre el mismo, y cuyos años no
tienen fin (Heb. 1: 10-12; Sal. 90: 2, 10). Nuestra mente finita no puede
pensar en "el principio" sin pensar en Dios, pues él "es el principio" (Col. 1:
18; cf. Juan 1: 1-3). La sabiduría y todos los otros bienes tienen su
principio con él (Sal. 111: 10; Sant. 1: 17). Y si alguna vez hemos de
asemejarnos de nuevo a nuestro Hacedor, nuestra vida y todos nuestros planes
deben tener un nuevo principio en él (Gén. 1: 26, 27; cf. Juan 3: 5; 1 Juan 3:
1-3). Tenemos el privilegio de disfrutar de la confiada certeza de que "el que
comenzó" en nosotros "la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo" (Fil. 1: 6). El es "el autor y consumador de la fe" (Heb. 12: 2).
Nunca olvidemos el hecho sublime implícito en estas palabras: "En el
principio... Dios".

Este primer versículo de las Sagradas Escrituras hace resaltar decididamente
una de las seculares controversias entre los cristianos que creen en la Biblia,
por un lado, y los escépticos ateos y materialistas de diversos matices por el
otro. Estos últimos, que procuran en diferentes formas y en diversos grados
explicar el universo sin Dios, sostienen que la energía es eterna. Si esto
fuera verdad y si la materia tuviera el poder de evolucionar, primero de las
formas más simples de la vida, yendo después a las más complejas hasta llegar
al hombre, ciertamente Dios sería innecesario.

Génesis 1: 1 afirma que Dios es antes de todo lo que existe y que es, en forma
excluyente, la única causa de todo lo demás. Este versículo es el fundamento
de todo pensar correcto en cuanto al mundo material. Aquí resalta la
impresionante verdad de que, "al formar el mundo, Dios no se valió de materia
preexistente" (3JT 258).

El panteísmo, la antigua herejía que despoja a Dios de personalidad al diluirlo
por todo el universo, haciéndolo así sinónimo de la totalidad de la creación,
también queda expuesto y refutado en Gén. 1: 1. No hay base para la doctrina
del panteísmo cuando uno 220 cree que Dios vivió sereno y supremo antes de que
hubiera una creación y, por lo tanto, está por encima y aparte de lo que ha
creado.

Ninguna declaración podría ser más apropiada como introducción de las Sagradas
Escrituras. Al principio el lector conoce a un Ser omnipotente, que posee
personalidad, voluntad y propósito, existiendo antes que todo lo demás y que,
por lo tanto sin depender de nadie más, ejerció su voluntad divina y "creó los
cielos y la tierra".

No debiera permitirse que ningún análisis de cuestiones secundarias
concernientes al misterio de una creación divina, ya sea en cuanto al tiempo o
al método, oscureciera el hecho de que la verdadera línea divisoria entre una
creencia verdadera y una falsa acerca del tema de Dios y el origen de nuestra
tierra consiste en la aceptación o el rechazo de la verdad que hace resaltar
este versículo.

Aquí mismo debiera expresarse una palabra de precaución. Durante largos siglos
los teólogos han especulado con la palabra "principio", esperando descubrir más
de los caminos misteriosos de Dios de lo que la sabiduría infinita ha visto
conveniente revelar. Por ejemplo, véase en la nota adicional al final de este
capítulo lo expuesto en cuanto a la teoría de la creación basada en un falso
cataclismo y restauración. Pero es ociosa toda especulación. No sabemos nada
del método de la creación más allá de la sucinta declaración mosaica: "Dijo
Dios", "y fue así", que es la misteriosa y majestuosa nota dominante en el
himno de la creación. Establecer como la base de nuestro razonamiento que Dios
tiene que haber hecho así y asá al crear el mundo, pues de lo contrario las
leyes de la naturaleza hubieran sido violadas, es oscurecer el consejo con
palabras y dar ayuda y sostén a los escépticos que siempre han insistido en que
todo el registro mosaico es increíble porque, según se pretende, viola las
leyes de la naturaleza. ¿Por qué deberíamos ser más sabios que lo que está
escrito?

Muy en especial, nada se gana con especular acerca de cuándo fue creada la
materia que constituye nuestro planeta. Respecto al factor temporal de la
creación de nuestra tierra y todo lo que depende de esto, el Génesis hace dos
declaraciones: (1) "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (vers.
1). (2) "Acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo" (cap. 2: 2). Los
pasajes afines no añaden nada a lo que se presenta en estos dos textos en
cuanto al tiempo implicado en la creación. A la pregunta: ¿Cuándo creó Dios
"los cielos y la tierra"? y a la pregunta: ¿Cuándo completó Dios su obra?, tan
sólo podemos contestar: "Acabó Dios en el día séptimo la obra" (cap. 2: 2),
"porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las
cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día" (Exo. 20: 11).

Estas observaciones acerca del relato de la creación no se hacen con el
propósito de cerrar el debate, sino como una confesión de que no estamos
preparados para hablar con certeza si vamos más allá de lo que está claramente
revelado. El mismo hecho de que tanto dependa del relato de la creación, aun
el edificio completo de las Escrituras, impulsa al piadoso y prudente
estudiante de la Biblia a restringir sus declaraciones a las palabras
explícitas de las Sagradas Escrituras. Ciertamente, cuando el amplio campo de
la especulación lo tienta a perderse en divagaciones en áreas no diagramadas de
tiempo y espacio, no puede hacer nada mejor que enfrentar la tentación con la
sencilla réplica: "Escrito está". Siempre hay seguridad dentro de los límites
protectores de las comillas bíblicas.

Creó Dios.

El verbo "crear" viene del hebreo bara', que en la forma en que se usa aquí
describe una actividad de Dios, nunca de los hombres, Dios crea "el viento"
(Amós 4: 13), "un corazón limpio" (Sal. 51: 10) y "nuevos cielos y nueva
tierra" (Isa. 65: 17). Las palabras hebreas que traducimos "hacer", 'asah,
"formar", yatsar y otras, frecuentemente (pero no en forma exclusiva) se usan
en relación con la actividad humana, porque presuponen materia preexistente.
Estas tres palabras se usan para describir la creación del hombre. Las
mismísimas primeras palabras de la Biblia establecen que la creación lleva la
marca de la actividad propia de Dios. El pasaje inicial de las Sagradas
Escrituras familiariza al lector con un Dios a quien deben su misma existencia
todas las cosas animadas e inanimadas (Heb. 11: 3). La "tierra" aquí
mencionada evidentemente no es el terreno seco que no fue separado de las aguas
hasta el tercer día, sino todo nuestro planeta.

2.

Desordenada y vacía.

Más exactamente "desolada y vacía", tóhu wabóhu. Esto implica un estado de
desolación y vacuidad, pero sin implicar que la tierra una vez fue perfecta y
después quedó arruinada o desolada. 221

Cuando aparecen juntas las palabras tóhu wabóhu en otros pasajes, tales como
Isa. 34: 11; Jer. 4: 23, parecen ser prestadas de este texto, pero la palabra
tóhu se emplea con frecuencia sola como sinónimo de inexistencia o la nada
(Isa. 40: 17, 23; 49: 4). Job 26: 7 muestra el significado correcto de esta
palabra. La segunda parte de este versículo declara que Dios "cuelga la tierra
sobre nada" y la primera mitad presenta el paralelo "él extiende el norte sobre
tóhu [vacío]". Este texto de Job muestra claramente el significado de tóhu en
Gén. 1: 2, en el cual este vocablo y su sinónimo bóhu indican que la tierra
estaba informe y sin vida. Sus elementos estaban todos mezclados, sin ninguna
organización e inanimados.

Tinieblas estaban sobre la faz del abismo.

El "abismo", de una raíz que significa "rugir", "bramar", se aplica con
frecuencia a las aguas bramadoras, a las olas rugientes, o a una inundación y
de ahí las profundidades del mar (Sal. 42: 7; Exo. 15: 5; Deut. 8: 7; Job 28:
14; 38: 16). "Abismo" es una palabra antigua y se usa aquí como sustantivo
propio. Los babilonios, quienes retuvieron algunas vagas reminiscencias del
relato de la verdadera creación durante muchos siglos, en realidad
personificaron esta palabra tehom y la aplicaron a su deidad mitológico,
Tiamat, de cuyo cadáver creían que se creó la tierra. El registro bíblico
muestra que originalmente no había luz sobre la tierra y que la materia de la
superficie estaba en un estado fluido porque "la faz del abismo" es paralela
con "la faz de las aguas" en este versículo.

El Espíritu de Dios se movía.

"Espíritu", rúaj. En armonía con la forma en que se usa en las Escrituras, el
Espíritu de Dios es el Espíritu Santo, la tercera persona de la Deidad.
Partiendo de aquí y a través de todas las Escrituras, el Espíritu de Dios
ejerce el papel del agente divino de Dios en todos los actos creadores; ya sea
de la tierra, de la naturaleza, de la iglesia, de la nueva vida o del hombre
nuevo. Véase el comentario del vers. 26 para una explicación de la relación de
Cristo con la creación.

La palabra aquí traducida "movía" es merajéfeth, que no puede traducirse
correctamente "empollaba", aunque tiene este significado en siriaco, un
dialecto arameo postbíblico. La palabra aparece sólo dos veces en otras partes
del AT. En Jer. 23: 9, donde tiene el significado de "temblar" o "sacudir", al
paso que en Deut. 32: 11 se usa para describir el revolotear del águila sobre
sus crías. El águila no está empollando sobre sus hijuelos vivientes, sino que
se cierne vigilante para protegerlos.

La obra del Espíritu de Dios debía tener alguna relación con la actividad que
estaba por iniciarse luego, y una actividad que hiciera salir orden del caos.
El Espíritu de Dios ya estaba presente, listo para actuar tan pronto como se
diera la orden. El Espíritu Santo siempre ha estado haciendo precisamente esa
obra. Este Agente divino siempre ha estado presente para ayudar en la obra de
la creación y de la redención, para reprochar y fortalecer a las almas
descarriadas, para consolar a los dolientes y para presentar a Dios las
oraciones de los creyentes en una forma aceptable.

3.

Y dijo Dios.

El registro de cada uno de los seis días de la creación comienza con este
anuncio. "El dijo, y fue hecho; él mandó, y existió" (Sal. 33: 9), declara el
salmista, y el apóstol dice que entendemos mediante la fe "haber sido
constituido el universo por la palabra de Dios" (Heb. 11: 3). La frase "dijo
Dios" ha molestado a algunos como que hiciera a Dios demasiado semejante a un
ser humano. Pero ¿cómo podría haber transmitido el autor inspirado a mentes
finitas el acto de la creación llevado a cabo por el Dios infinito a menos que
usara términos que puede entender el hombre mortal? El hecho de que las
declaraciones de Dios están relacionadas repetidas veces con actividades
realizadas por Dios (vers. 7, 16, 21, 27) indica convincentemente que se está
expresando con lenguaje humano una revelación del poder creador de Dios.

Sea la luz.

Sin luz no podía haber vida. Era esencial que hubiera luz cuando el Creador
comenzó la obra de sacar orden del caos y dar comienzo a diversas formas de
vida vegetal y animal en la tierra. La luz es una forma visible de energía
que, mediante su acción sobre las plantas, transforma los elementos y
compuestos inorgánicos en alimento tanto para el hombre como para los animales
y rige muchos otros procesos naturales necesarios para la vida.

Siempre ha sido la luz un símbolo de la presencia divina. Así como la luz
fisica es esencial para la vida física, así la luz divina es necesaria si los
seres racionales han de tener 222 vida moral y espiritual. "Dios es luz" (1
Juan 1: 5), y para aquellos en cuyo corazón se está llevando a cabo aprisa la
obra de volver a crear la semejanza divina, él viene otra vez hoy día ordenando
que huyan las sombras de pecado, incertidumbre y desánimo al decir: "Sea la
luz".

4.

Vio Dios.

Esta expresión repetida seis veces (vers. 10, 12, 18, 21, 25, 31) presenta en
lenguaje humano una actividad de Dios: la valoración de cada acto particular de
la creación como completamente adecuado al plan y a la voluntad de su Hacedor.
Así como nosotros, al contemplar y examinar los productos de nuestros
esfuerzos, estamos preparados para declarar que concuerdan con nuestros planes
y propósitos, así también Dios declara -después de cada acto creador- que los
productos divinos concuerdan completamente con su plan.

Separó Dios la luz de las tinieblas.

Al principio sólo había tinieblas en esta tierra amorfa. Con la entrada de la
luz se realizó un cambio. Ahora existen tinieblas y luz, lado a lado, pero
separadas entre sí.

5.

Llamó Dios a la luz Día.

Se dan nombres a la luz y a las tinieblas. Dar un nombre siempre fue un acto
importante en la antigüedad. Los nombres tenían su significado y eran
escogidos cuidadosamente. Posteriormente Dios ordenó a Adán que diera nombres
a los animales. El Eterno a veces cambió los nombres de sus siervos para
hacerlos concordar con la experiencia o el carácter de su vida. Instruyó a los
padres terrenales de su Hijo acerca del nombre que debían dar al Salvador.
Durante la semana de la creación, encontramos que Dios dio nombres aun a los
productos sin vida de su poder creador.

Fue la tarde y la mañana un día.

Literalmente "tarde fue, mañana fue, día uno". Así termina la descripción
somera del primer día trascendental de la semana de la creación de Dios. Se
han dado muchas y diversas explicaciones de esta declaración que indica
manifiestamente la duración de cada una de las siete partes de la semana de la
creación y se repite cinco veces más en este capítulo (vers. 8, 13, 19, 23,
31). Algunos han pensado que cada acto creador duró una noche, desde que se
hizo noche hasta la mañana; y otros que cada día comenzó con la mañana, aunque
el Registro inspirado declara evidentemente que la tarde antecedió a la mañana.

Muchos eruditos han entendido que esta expresión significa un largo período
indefinido de tiempo, creyendo que algunas de las actividades divinas de los
días siguientes, como por ejemplo la creación de las plantas y de los animales,
no podría haberse realizado dentro de un día literal. Piensan hallar
justificación para su interpretación en las palabras de Pedro: "Para con el
Señor un día es como mil años" (2 Ped. 3: 8). Es obvio que este versículo no
se puede usar para declarar la duración de los días de la creación, cuando uno
lee el resto del pasaje: "Y mil años como un día". El contexto de las palabras
de Pedro aclara que lo que él quiere hacer resaltar es la eternidad de Dios.
El Creador puede hacer en un día la obra de mil años, y un período de mil años
-un largo tiempo para los que esperan que se cumplan los juicios de Dios puede
ser considerado por él como sólo un día. Sal. 90: 4 expresa el mismo
pensamiento.

La declaración literal "tarde fue [con las horas siguientes de la noche], y
mañana fue [con las horas sucesivas del día], día uno" es claramente la
descripción de un día astronómico, esto es, un día de 24 horas de duración. Es
el equivalente de la palabra hebrea compuesta posterior "tardes y mañanas" de
Dan. 8: 14, que en la versión Valera de 1909 aparecen como días, significando
aquí días proféticos y como la palabra griega de Pablo nujthémeron, traducida
como "una noche y un día" (2 Cor. 11: 25). Así los hebreos, que nunca dudaron
del significado de esta expresión, comenzaban el día con la puesta del sol y lo
terminaban con la siguiente puesta del sol (Lev. 23: 32; Deut. 16: 6). Además
el lenguaje del cuarto mandamiento no deja una sombra de duda de que la tarde y
la mañana del registro de la creación son las secciones componentes de un día
terreno. Este mandamiento, refiriéndose con palabras inconfundibles a la obra
de la creación, declara: "Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la
tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día"
(Exo. 20: 11).

La tenacidad con que tantos comentadores se aferran a la idea de que los días
de la creación fueron largos períodos de tiempo -aun miles de años- encuentra
principalmente su explicación en el hecho de que ellos tratan de hacer
concordar el registro inspirado de la creación con la teoría de la evolución.
Geólogos y biólogos han enseñado a los 223 hombres a creer que la historia
remota de esta tierra abarca millones de años en los cuales fueron tomando
forma lentamente las formaciones geológicas y fueron evolucionando las especies
vivientes. La Biblia contradice esta teoría de la evolución en sus páginas
sagradas. La creencia en una creación divina e instantánea, como resultado de
las palabras pronunciadas por Dios, está en completa oposición con la teoría
sostenida por la mayoría de los científicos y muchos teólogos de hoy día, de
que el mundo y todo lo que está en él llegó a existir mediante un lento proceso
de evolución que duró incontables siglos.

Otra razón por la cual muchos comentadores declaran que los días de la creación
fueron largos períodos de tiempo es que rechazan el día de reposo del séptimo
día. Un famoso comentario expresa así este pensamiento: "La duración del
séptimo día necesariamente determina la duración de los otros seis... El
descanso sabático de Dios es entendido por los mejores intérpretes de las
Escrituras como que continuó desde la terminación de la creación hasta la hora
presente, de modo que esta lógica demanda que los seis días previos sean
considerados no de corta duración, sino indefinida" (Pulpit). Este
razonamiento se mueve en un círculo vicioso. Debido a que el descanso del
séptimo día, tan claramente definido en las Sagradas Escrituras como un día de
descanso que se repite semanalmente, es rechazado como tal, se declara que el
séptimo día de la semana de la creación ha durado hasta el presente. Partiendo
de esta explicación que no es bíblica, también se expande la duración de los
otros días de la creación. Una sana interpretación escriturística no concuerda
con esta clase de razonamiento, sino que insiste en dar un significado literal
al texto, siguiendo el ejemplo del divino Expositor de la Palabra que rechazó
cada ataque del adversario declarando: "Escrito está" (Mat. 4: 4, 7, 10).

Las Escrituras hablan clara y palmariamente de siete días de creación (Exo. 20:
11) y no de períodos de duración indefinida. Por lo tanto, estamos compelidos
a declarar enfáticamente que el primer día de la creación, indicado por la
expresión hebrea: "tarde fue, mañana fue, día uno", fue un día de 24 horas.

6.

Expansión.

O "firmamento". La obra del segundo día de la creación consistió en la
creación del firmamento. La gran masa de "aguas" primitivas fue dividida en
dos cuerpos separados. "Las aguas que estaban sobre la expansión" (vers. 7)
son consideradas generalmente por los comentadores como el vapor de agua. Las
condiciones climáticas de la tierra, originalmente perfecta, eran diferentes de
las que existen hoy.

Exploraciones llevadas a cabo en las zonas hiperbóreas prueban que exuberantes
selvas tropicales cubrieron una vez esas tierras que ahora están sepultadas
bajo nieve y hielo eternos. Generalmente se admite que prevalecían condiciones
climáticas agradables durante esa remota historia de la tierra. Se desconocían
los extremos de frío y calor que hacen ahora desagradable la vida en la mayoría
de las regiones del mundo y virtualmente imposible en algunas.

8.

Llamó Dios a la expansión Cielos.

El producto del poder creador de Dios en el segundo día de la semana de la
creación recibió un nombre, así como lo había recibido la luz del primer día.
En el hebreo, tanto como en las traducciones modernas, la palabra "Cielos" es
el nombre que se da a la morada de Dios y también al firmamento. En este
versículo "Cielos" se refiere a los cielos atmosféricos que aparecen ante el
ojo humano como un palio, o cúpula, que cubre como una bóveda nuestra tierra.

Ninguna vida es posible sin aire. Plantas y animales lo necesitan. Sin
atmósfera, nuestra tierra estaría muerta como la luna, tremendamente tórrida en
aquella parte expuesta al sol y extremadamente fría en las otras secciones. En
ninguna parte se hallaría ningún brote de vida vegetal y no podría existir
ningún ser vivo durante ningún tiempo. ¿Estamos agradecidos por esta atmósfera
que proviene de Dios?

9.

Júntense las aguas.

El tercer acto creador llevado a cabo durante la primera parte del tercer día
fue la separación de las aguas de la tierra seca. La pluma inspirada del
salmista describe este hecho en los siguientes términos pintorescos y poéticos:
"Sobre los montes estaban las aguas. A tu reprensión huyeron; al sonido de tu
trueno se apresuraron; subieron los montes, descendieron los valles, al lugar
que tú les fundaste. Les pusiste término, el cual no traspasarán" (Sal. 104:
6-9). La reunión de las aguas en un lugar sólo implica que de allí en adelante
habrían de estar reunidas en un "lugar" y retenidas por sí mismas dentro 224 de
los límites de ese lugar como para permitir que quedara en relieve la
superficie terrestre. Debe haber sido un espectáculo grandioso para cualquier
observador celestial ver subir las colinas del agua que tan completamente había
cubierto la faz de la tierra. Donde sólo había estado el agua hasta donde
pudiera ver el ojo, de pronto surgieron grandes continentes y dieron a este
planeta una apariencia completamente nueva.

10.

Vio Dios que era bueno.

Ahora la mirada de Dios descansó, con placer y satisfacción, en el producto
terminado del tercer día de creación. "Era bueno". Esa tierra seca primitiva
difícilmente nos hubiera parecido buena a nosotros. Era un mundo de valles,
colinas y llanuras sin verdor que surgieron de debajo de las aguas. En ninguna
parte había ni una brizna de hierba ni un liquen colgante. Sin embargo, le
pareció bueno a su Hacedor, que podía verlo en relación con los usos para los
cuales lo destinaba, y como un paso preparatorio adecuado para las nuevas
maravillas que iba a iniciar.

11.

Produzca la tierra.

Después de la separación de la tierra seca del agua, otra orden divina fue en
ese tercer día: la vegetación fue llamada a la existencia. Algunos han
considerado al primero de los tres términos empleados en la orden divina como
un término general para las plantas, que incluye al segundo y al tercero. Sin
embargo, es preferible tomarlos como clases distintas.

Hierba.

Heb. déshe', "ser verde", "crecer verde", "brotar". Esta palabra designa los
brotes verdes y las tiernas hierbas: las diversas clases de plantas que
proporcionan alimento para los animales. Probablemente aquí se usa "hierba"
como un sinónimo de la palabra "pasto", 'eseb, cuando esta última aparece sin
la expresión cualitativa "que da semilla" (ver vers. 30; Sal. 23: 2).

Hierba que dé semilla.

"Hierba", 'eseb, es el herbaje más maduro en el cual la semilla es la
característica más resaltante, que proporciona una de las dos clases de
alimentos designados por Dios para el consumo de los seres humanos (vers. 29).

Árbol de fruto.

Se advierten aquí tres características de los árboles que dan fruto: (1) el dar
fruto, (2) el contener la semilla dentro del fruto y (3) dar ese fruto "sobre"
o encima de la tierra. Estos árboles habían de ser otra fuente de alimento
para el hombre (vers. 29).

12.

Produjo, pues, la tierra.

La vegetación del tercer día surgió del suelo. Eso no significa que estuviera
en el suelo el poder de producir plantas con vida. La idea de la generación
espontánea es tan ajena a las Escrituras como lo es a la ciencia.

Según su género.

Esta expresión aparece diez veces en el primer capítulo del Génesis y, en
conjunto, 30 veces en los libros de Moisés, especialmente en Gén. 1, 6 y 7; en
Lev. 11 y en Deut. 14. La referencia es a los géneros de animales y plantas, y
no a su forma de reproducirse. Sin embargo, es un hecho natural que los seres
vivientes produzcan descendientes que se parezcan a sus padres. Dentro de
ciertos límites, son posibles ciertas variaciones, pero esos límites son
demasiado estrechos como para permitir la creación de géneros claramente nuevos
de plantas y animales. Ver Gén. 6: 20; 7: 14; Lev. 11: 14-16, 29; Deut. 14:
13-15.

13.

Ver com. de vers. 5.

14.

Haya lumbreras.

"Lumbreras", me'oroth, no es lo mismo que "luz", 'or de los vers. 3 y 4.
Significa fuentes de luz, recipientes de luz, luminarias. La expresión de que
están colocadas en el firmamento, o la expansión de los cielos, se presenta
porque es allí donde las ven los habitantes de la tierra.

Para separar el día de la noche.

Para regular y continuar de allí en adelante con la diferencia entre luz y
tinieblas, diferencia que había existido desde que Dios decretó que hubiera luz
en el primer día.

De señales.

Estos cuerpos celestes señalaron actos especiales del favor de Dios o de su
desagrado, como en los días de Josué (Jos. 10: 12, 13) y de Ezequías (2 Rey.
20: 11) y en el día de la crucifixión (Mat. 27: 45). La caída de "las
estrellas" sirvió como una de las señales de la segunda venida de Cristo (Mat.
24: 29).

Algunos han pensado erróneamente que todos los cuerpos celestes fueron también
designados para determinar los destinos individuales de los hombres. Los
astrólogos han recurrido al vers. 14 para justificar su práctica. Sin embargo,
la Biblia se opone tan decididamente a cualquier forma de adivinación o
predicción de la suerte, que debe rechazarse enfáticamente el pensamiento de
que Dios puso el sol, la luna y las estrellas para servir como guías a los
astrólogos para que predijeran los asuntos y el destino humanos. Jeremías
advierte a los hebreos que no teman las 225 señales de los cielos ante las
cuales temblaban los paganos con terror inútil (Jer. 10: 2), e Isaías habla con
mofa e ironía contra los astrólogos, los contempladores de estrellas y
adivinos, en cuyo consejo es necio e impío confiar (Isa. 47: 13, 14). Aunque
la superstición de leer el destino del hombre en las estrellas nunca se arraigó
entre los antiguos israelitas, ellos no tenían suficiente fortaleza moral, en
términos generales, para resistir el ejemplo de adoración de los astros de sus
vecinos paganos (Jer. 19: 13; Eze. 8: 16; Sof. 1: 5).

Para las estaciones.

Los períodos de fiesta anuales y otras ocasiones definidas habían de regularse
por el movimiento de los cuerpos celestes (Sal. 104: 19; Zac. 8: 19). Esos
cuerpos tienen además una determinada influencia periódica sobre la
agricultura, la navegación y otras ocupaciones humanas, tanto como sobre el
curso de la vida animal y vegetal, como por ejemplo el tiempo de la procreación
de los animales y la migración de las aves (Jer. 8: 7).

Para días y años.

Los días y los años están fijados por el movimiento de la tierra en relación
con el sol, que junto con el de la luna ha proporcionado a los hombres de todos
los siglos la base de los calendarios: lunar, solar, o una combinación de
ambos.

15.

Por lumbreras.

No para producir luz por primera vez en este mundo, pues Dios decretó que
hubiera luz en el primer día, sino para servir como instrumentos permanentes
para la distribución de la luz en este planeta.

16.

Hizo también las estrellas.

La palabra "hizo" ha sido añadida. En cuanto al origen de las estrellas, se
han presentado dos puntos de vista principales: (1) Las estrellas fueron
llamadas a la existencia durante la semana de la creación, junto con el sol y
la luna. (2) Las "estrellas" aunque fueron creadas antes, son mencionadas aquí
de paso por Moisés pues está tratando de las lumbreras de los cielos. El
primer punto de vista lleva a la conclusión de que antes de la semana de la
creación el vasto universo era un vacío completo. Esta conclusión no parece
justificable.

Sin embargo, acerca de ésta, como de otras declaraciones crípticas de las
Escrituras de la forma misteriosa en que actúa Dios, debiéramos ser lentos para
dogmatizar. No debiéramos olvidar que la verdad esencial que Moisés procuró
presentar en cuanto al origen del sol, la luna y las estrellas es que, sin
excepción, son el resultado del poder creador de Dios. Aquí hay una refutación
adicional a la antigua pero siempre presente herejía de la eternidad de la
materia.

18.

Era bueno.

A diferencia de nuestra tierra actual, que ha cambiado mucho como resultado de
la entrada del pecado, los cuerpos celestes no han sufrido los resultados de la
transgresión del hombre y reflejan el poder de su Creador. Es un hecho
universalmente reconocido que las leyes del universo son fielmente obedecidas
por todos los astros. Los astrónomos y los marinos están seguros de que no
ocurren desviaciones de las reglas establecidas en el mundo astronómico. Saben
que los cuerpos celestes no los van a chasquear, que son dignos de confianza
debido a su continua obediencia a las leyes establecidas para ellos.

20.

Produzcan las aguas.

Aquí tenemos la forma en que se poblaron el agua y el aire con la creación de
seres marítimos y alados. El original podría traducirse: "Produzcan las aguas
abundantemente seres vivientes que se mueven", lo que sería más claro que la
frase hebrea que significa literalmente: "Enjambren las aguas con enjambres".
El verbo aquí usado como "enjambrar" también se usa con el significado de
"multiplicar abundantemente". El término no sólo se aplica a los peces sino a
todos los animales acuáticos, desde los más grandes hasta los más pequeños y
también a los reptiles.

Seres vivientes.

El original de esta frase, néfesh jayyah, hace una clara distinción entre los
animales y la vegetación creada dos días antes. Es cierto que las plantas
tienen vida como los animales y cumplen ciertas funciones que se asemejan a las
de los animales, pero permanece el hecho de que existe una diferencia marcada
entre el mundo vegetal y el animal. Los animales poseen órganos que les
permiten tomar decisiones, moverse en procura de alimento y sentir dolor, gozo
o pesar, en mayor o menor grado.

Por lo tanto, pueden ser llamados "seres vivientes" ["bichos vivientes", BJ;
"inquietos seres vivientes", Bover-Cantera], expresión que no tiene una
aplicación tan específica para las plantas. Este debe ser el significado de la
muy discutida palabra hebrea néfesh, traducida correctamente como "seres"
["bichos vivientes"; "inquietos seres vivientes"] en este versículo, un término
que atribuye a los 226 animales una forma de vida más elevada que a las
plantas, que no son néfesh. En las ediciones de la versión Reina-Valera, antes
de la revisión de 1960, se empleó la expresión "ánima viviente" que confundía a
los lectores y no daba correctamente el pensamiento del autor inspirado.

Aves que vuelen.

Las aguas habían de producir animales acuáticos, pero no las aves como parece
indicar aquí la VVR. En el cap. 2: 19 se declara que "toda ave de los cielos"
fue formada por Dios "de la tierra". La traducción correcta del texto hebreo
del cap. 1: 20 "y vuelen aves sobre la tierra" elimina esta aparente
dificultad. La palabra "aves" -literalmente "seres alados"- debiera más bien
ser "pájaros". Están incluidos tanto pájaros domésticos como silvestres.

21.

Creó Dios los grandes monstruos marinos.

La palabra "creó", bará', se usa por segunda vez en este capítulo para indicar
la introducción de algo completamente nuevo: la creación de seres vivientes.
Al ejecutar lo que había ordenado, Dios creó los grandes animales marinos,
tanninim. La traducción "grandes ballenas" de la versión de Valera de 1909 es
demasiado limitada en sus alcances. La palabra tiene diversos significados,
tales como "culebra" (Exo. 7: 9, 10, 12) y "dragón" (Isa. 51: 9; Eze. 29: 3),
pero debe significar "monstruo marino" en este pasaje y en Sal. 148: 7.

Se mueve.

El verbo "mover", ramas´, es especialmente aplicable a los animales que se
arrastran (Gén. 9: 2), ya sea sobre la tierra (Gén. 7: 14) o en el agua (Sal.
69: 34), aunque aquí signifique claramente seres acuáticos.

Según su género.

Como en el caso de las plantas creadas en el tercer día, se declara que tanto
los peces como las aves fueron creados "según su género". Esto explícitamente
indica que las distintas clases de animales que vemos comenzaron en la creación
y no a través de un proceso de evolución como lo sostienen los evolucionistas
(ver com. de vers. 12).

Por qué las aves y los peces fueron creados en el mismo día, no se explica por
ninguna supuesta similitud entre el aire y el agua como pensaron Lutero,
Calvino y otros. Además no se declara que sólo fue creada una pareja de cada
género. Por el contrario, las palabras: "Produzcan las aguas seres vivientes"
parecen indicar que los animales fueron creados no sólo con una rica variedad
de géneros, sino con un gran número de individuos. El hecho de que sólo fuera
creado un ser humano al principio, de ninguna manera da pie a la conclusión de
que los animales también fueron creados uno a uno.

Vio Dios que era bueno.

La tierra debe haberle parecido deleitable en sumo grado al Creador cuando la
contempló al final del quinto día. No sólo había verdeantes colinas,
resplandecientes corrientes de agua y lagos azules, sino también seres
vivientes que se movían, nadaban y volaban dando a este mundo, por primera vez,
la calidad de vida que no había poseído antes. He aquí criaturas que hasta
podían cantar alabanzas a su Creador, que revelaban cierta medida de
entendimiento al buscar el debido alimento (Mat. 6: 26) y al construir nidos
para protegerse (Mat. 8: 20).

Las grandiosas obras de Dios realizadas en los días previos fueron ciertamente
admirables, pero la naturaleza recibió su ornamento en el día quinto. Sin la
vegetación creada en el tercer día, el mundo habría ofrecido una apariencia muy
poco atrayente. Mucho mayor habría sido la falta de atracción y alegría si
hubiesen estado ausentes las miríadas de seres vivientes que pueblan la tierra.
Cada uno de esos seres, pequeños o grandes, debiera enseñarnos una lección
acerca de la maravillosa maestría del gran Dios, a quien debemos adoración como
al autor y preservador de toda forma de vida. Esos seres debieran darnos un
saludable respeto por la vida, que no podemos impartir sino que debiéramos
proteger cuidadosamente y no destruir.

22.

Dios los bendijo.

La obra del quinto día no sólo fue declarada buena por el Creador sino que
recibió una bendición que no fue dada ni a los productos inanimados de la
creación de Dios ni a las plantas. Esta bendición, que se enfoca en su
propagación y aumento -"fructificad y multiplicaos"- llegó a ser una fórmula
usual de bendición (caps. 35: 11; 48: 4).

24.

Seres vivientes.

A semejanza del tercer día, se distingue el sexto por un acto doble de
creación: la producción de animales terrestres y la creación del hombre.
Después de que el mar y el aire estuvieron llenos de seres vivientes, néfesh
jayyah (vers. 20), la palabra de Dios se dirigió a la tierra para que produjera
227 seres vivientes según su género. Estos son divididos en tres clases:

Bestias.

De behemah, que se deriva de la raíz baham -"ser mudo"- con el significado de
"animales mudos". Generalmente la palabra denota los cuadrúpedos domésticos
más grandes (Gén. 47: 18; Exo. 13: 12, etc.), pero ocasionalmente los animales
terrestres más grandes en conjunto (Prov. 30: 30; Ecl. 3: 19, etc.).

Serpientes.

De rémes´, que indica los animales más pequeños que se mueven, ya sea sin pies,
o con pies que son apenas perceptibles, tales como gusanos, insectos y
reptiles. Aquí se refiere a los rémes´ terrestres; los rémes' del mar fueron
creados el día anterior.

Animales de la tierra.

De jayetho 'érets. Este antiguo y raro término hebreo indica los animales
silvestres errantes.

25.

Animales de la tierra.

El orden de creación de seres vivientes que se da aquí difiere de aquel del
vers. 24. El último grupo del versículo anterior es el primero que aquí se
enumera. Esta es una bien conocida disposición del idioma hebreo, llamada
"paralelismo invertido" (Gén. 10: 1, 2, 6, 21; Prov. 14: 16, 17).

Según su especie.

La declaración se refiere a todas las tres clases de seres vivientes, cada una
de las cuales tiene sus géneros distintos. Estas palabras inspiradas refutan
la teoría de la evolución que declara que las formas superiores de vida
evolucionaron de las inferiores y sugiere que todavía resultaría posible
producir materia viviente de la tierra inanimada. Aunque los estudios
científicos confirman la declaración bíblica de que todos los organismos
animados son hechos de la tierra -que no contienen otros elementos sino los que
tiene la tierra-, los científicos nunca han podido producir de la materia
inerte una sola célula que pudiera vivir y reproducirse según su especie.

Vio Dios que era bueno.

El breve relato de la creación de todos los animales terrestres termina con la
acostumbrada palabra de aprobación, y el autor pasa prestamente al relato de la
creación del hombre, con la que culmina la obra de la creación.

26.

Hagamos al hombre.

Desde el mismo principio, el Registro Sagrado proclama la preeminencia del
hombre por encima de todas las otras criaturas de la tierra. El plural
"hagamos" fue considerado casi unánimemente por los teólogos de la iglesia
primitiva como que indica a las tres personas de la Deidad. La palabra
"hagamos" requiere, por lo menos, la presencia de dos personas que celebran un
consejo. Las declaraciones de que el hombre había de ser hecho a "nuestra"
imagen y fue hecho "a imagen de Dios", llevan a la conclusión de que los que
celebraron consejo deben ser personas de la misma Deidad. Esta verdad,
implícita en varios pasajes del AT, tales como el que hemos tratado aquí y Gén.
3: 22; 11: 7; Dan. 7: 9, 10, 13, 14; etc., está plena y claramente revelada en
el NT, donde se nos dice en términos inconfundibles que Cristo, la segunda
persona de la Deidad -llamada Dios por el Padre mismo (Heb. 1: 8)- estuvo
asociada con su Padre en la obra de la creación. Textos como Juan 1: 1-3, 14;
1 Cor. 8: 6; Col. 1: 16, 17; Heb. 1: 2 no sólo nos enseñan que Dios el Padre
creó todas las cosas por medio de su Hijo sino que toda vida es preservada por
Cristo.

Aunque es cierto que esta luz plena de la verdad no brilló sobre estos textos
del AT, previos a la revelación contenida en el NT, y que la comprensión
precisa de las diferentes personas de la Deidad no fue tan fácilmente
discernible sólo por los pasajes del AT, la evidencia inicial de la existencia
de Cristo, en el tiempo de la creación, como colaborador con su Padre, se halla
en la primera página de la Biblia. Estos textos no ofrecen dificultad para los
que creen tanto en la inspiración del AT como del NT, en vista de que una parte
explica la otra y que ambas se ensamblan armoniosamente como las piedras de un
bello mosaico. No sólo los vers. 26 y 27 indudablemente contienen indicios de
la actividad de Cristo como la segunda persona de la Deidad en la obra de la
creación, sino que el vers. 2 menciona al Espíritu Santo como colaborando en la
misma obra. Por lo tanto, tenemos fundamento para declarar que la primera
evidencia del sublime misterio de la Deidad se encuentra en la primera página
de la Biblia, misterio que se presenta con luz más clara cuando la pluma de la
inspiración de los diferentes autores de los libros de la Biblia fue movida a
revelar más plenamente esta verdad.

La palabra "hombre" es 'adam en hebreo, la misma palabra empleada para nombrar
al padre de la raza humana (cap. 5: 2). Su significado se ha explicado de
diversas formas. 228 Describe ya sea su color, de 'adam "ser rojo"; o su
apariencia, de una raíz arábiga que significa "brillar", haciendo de Adán "el
brillante"; o su naturaleza como la imagen de Dios de dam, "semejanza"; o -y lo
que es más probable- su origen: "el suelo", de 'adamah, "el del suelo".

A nuestra imagen.

"El hombre había de llevar la imagen de Dios, tanto en la semejanza exterior,
como en el carácter" (PP 25). Esa imagen se hacía más evidente en términos de
su naturaleza espiritual. Vino a ser un "ser viviente"*, dotado de libre
albedrío, una personalidad autoconsciente.

Esta naturaleza reflejaba la santidad divina de su Hacedor hasta que el pecado
destruyó la semejanza divina. Sólo mediante Cristo, el resplandor de la gloria
de Dios, y la "imagen misma de su sustancia" (Heb. 1: 3), se transforma nuestra
naturaleza otra vez a la imagen de Dios (Col. 3: 10; Efe. 4: 24).

Y señoree.

La relación del hombre con el resto de la creación es la de un gobernante*. Al
transferir a Adán el poder de gobernar sobre "toda la tierra", Dios tenía el
plan de hacer del hombre su representante, o virrey, sobre este planeta. El
hecho de que no se mencione las bestias del campo, ha sido tomado por algunos
comentadores como una indicación de que los animales que ahora son salvajes no
estuvieron sometidos a Adán. Esta opinión es insostenible. También faltan las
plantas en la enumeración de las obras creadas sujetas a Adán, aunque nadie
negará que el hombre ha tenido el derecho de regir la vegetación hasta el día
de hoy y que las plantas deben haber estado incluidas en la frase "toda la
tierra". En realidad, esta frase abarca todas las cosas de esta tierra no
mencionadas por nombre, incluso "las bestias del campo" (Sal. 8: 6-8). Con
todo, Dios limitó la supremacía del hombre a esta tierra; no le confió a Adán
el dominio sobre los cuerpos celestes.

27.

Creó Dios al hombre.

El relato de la realización del propósito divino se expresa en una forma de
poesía hebrea, común a todos los libros poéticos del AT, en los cuales el
pensamiento expresado en la primera parte de una estrofa se repite con ligeras
variaciones de palabras, pero no en el significado, en la segunda o aun en la
tercera parte de la estrofa, como es el caso en nuestro versículo:

"Creó Dios al hombre a su imagen,

 

a imagen de Dios lo creó;

 

varón y hembra los creó".

 

Moisés, que nos ha dado otros ejemplos de su habilidad poética (Exo. 15; Deut.
32, 33; Sal. 90), fue el primero de todos los escritores inspirados que se
refirió a las admirables obras de Dios con palabras poéticas. Cuando había
llegado en su registro al punto de narrar la creación del hombre, la corona de
la obra de Dios en esta tierra, dejó el estilo narrativo ordinario y empleó
poesía.

A su imagen.

Es digno de notarse el uso del singular "su". El plural del vers. 26 revela
que la Deidad posee pluralidad en la unidad, al paso que el vers. 27 hace
resaltar que la pluralidad de Dios no niega su unidad.

Varón y hembra.

Se introduce un nuevo elemento en la información dada en cuanto a la creación
del hombre al mencionar la diferencia de sexo. Las dos palabras "varón" y
"hembra" son traducciones de adjetivos hebreos que indican el sexo de dos
individuos. La bendición de la fertilidad pronunciada sobre los animales
(vers. 22) implica que también deben haber sido creados con diferencias
sexuales, pero no se menciona este hecho. Probablemente existía una razón
especial para mencionarlo en relación con la creación del hombre. Esa razón
puede deberse a que únicamente en el hombre la dualidad de sexos culmina en la
institución de un santo matrimonio. Este versículo nos prepara para la
revelación concerniente al plan de Dios para la creación de la familia que se
presenta en el cap. 2.

28.

Y los bendijo Dios.

Las bendiciones de Dios conferidas a los seres vivientes el día anterior fueron
repetidas al fin del sexto día con adiciones especiales apropiadas para el
hombre. Dios "los" bendijo, no "lo" bendijo. Esto indica que la creación de
Eva debe haber ocurrido antes de que terminara el sexto día y que las
bendiciones y responsabilidades que les fueron conferidas fueron compartidas
por ambos de igual manera.

Les dijo.

Existe una diferencia entre los premios a las bendiciones de los vers. 22 y 28
que es digna de notarse. La bendición para los animales fue pronunciada en
forma indirecta 229 -"Dios los bendijo, diciendo"-, al paso que la bendición
para la raza humana se presenta directamente con las palabras "les dijo". Como
seres inteligentes, podían escuchar a Dios y recibir comunicaciones. Este
versículo contiene la primera revelación de Dios al hombre.

Fructificad.

En primer lugar, la bendición del Creador se refería a la propagación y
perpetuación de la especie, bendición que nunca ha sido rescindida por Dios y
que es el origen de los miles de millones de seres humanos que ahora llenan
todos los continentes del mundo. La comisión divina ha sido entendida por
diversos comentadores como que indicara que la reproducción de los seres
humanos no debiera continuar interminablemente, sino que había de cesar cuando
la tierra estuviera llena de seres humanos y de sus súbditos irracionales.

Sojuzgadla.

Esta revelación también contiene instrucciones en cuanto al deber y destino del
hombre de regir las obras de la creación terráquea, comisión expresada casi con
las mismas palabras como las del consejo divino registrado en el vers. 26. La
única diferencia es la palabra adicional "sojuzgadla", que concede al hombre el
derecho de utilizar para sus necesidades los vastos recursos de la tierra,
mediante labores de agricultura y minería, investigaciones geográficas,
descubrimientos científicos e invenciones mecánicas.

29.

Toda planta.

Luego se hizo provisión para el sustento del recién nombrado monarca y de sus
súbditos. Sabemos por el registro divino que el hombre había de comer tanto de
los productos del campo como de los árboles. En otras palabras, cereales,
frutas oleaginosas y las otras frutas. Los animales habían de comer "toda
planta verde": verduras y pasto.

La redacción de esta orden revela que no era la voluntad de Dios que el hombre
matara animales para alimentarse, o que los animales debieran devorarse entre
sí. Por lo tanto, la violenta y a veces penosa destrucción de vida hecha por
hombres y animales es un resultado de la entrada del pecado en el mundo. Sólo
después del diluvio Dios dio permiso al hombre de comer carne de animales (cap.
9: 3). Aun las leyendas paganas hablan de una edad áurea, de inocencia, cuando
el hombre se abstenía de matar animales (Ovidio, Metamorfosis, I. 103-106).
Que ningún animal de especie alguna comía carne al principio se puede inferir
del anuncio profético en Isa. 11: 6-9; 65: 25, del estado de la tierra nueva,
donde la ausencia del pecado y la transformación completa del mundo al
convertirse en el reino de Dios estarán acompañadas por el cese de toda matanza
de las criaturas de Dios.

La clara enseñanza de las Escrituras de que la muerte entró en el mundo por el
pecado muestra palmariamente que el propósito original de Dios era que ni el
hombre ni los animales quitaran la vida para proveerse de alimentos.

Todos los argumentos basados en la premisa de que es necesario matar animales
para frenar su aumento excesivo, son de valor dudoso. Es fútil especular con
lo que habría sucedido en este mundo si los animales y los seres humanos se
hubieran multiplicado sin control, perpetuamente. Ciertamente, Dios había
trazado sus planes para hacer frente a eventualidades cuando se presentaran.
Esos planes no nos han sido revelados porque el pecado entró en el mundo antes
de que surgiera la necesidad de frenar una reproducción excesiva (vers. 28).

31.

He aquí que era bueno en gran manera.

La creación del hombre y su instalación como gobernante de la tierra pusieron
fin a la creación de todas las cosas terráqueas. De acuerdo con el registro,
Dios frecuentemente había repasado su obra y la había declarado buena (vers. 4,
10, 12, 18, 21, 25). El examen realizado al fin del sexto día abarcó todas las
obras completadas durante los días anteriores, y "he aquí que era bueno en gran
manera". Cada cosa era perfecta en su clase; cada ser respondía a la meta
fijada por el Creador y estaba aparejado para cumplir el propósito de su
creación. La aplicación del término "bueno" a cada cosa que Dios había hecho y
la repetición de la palabra con el énfasis "en gran manera" al fin de la
creación, con el hombre como su corona y gloria, indican que nada imperfecto
había salido de las manos de Dios. Esta expresión de admiración excluye
enteramente la posibilidad de que cualquier imperfección de lo creado fuera
responsable de la debilidad demostrada por Adán y Eva durante la hora de la
tentación. 230

NOTA ADICIONAL AL CAPÍTULO 1

El versículo inicial de Gén. 1 ha sido objeto de muchos debates en los círculos
teológicos a través de la era cristiana. Algunos han sostenido que el
versículo se refiere a una creación de este mundo físico y de toda la vida que
hay en él en un momento de tiempo muy anterior a los siete días de la semana de
la creación.

Este concepto es conocido como la teoría de la catástrofe y la restauración.
Esta teoría ha sido sostenida durante siglos por teólogos especuladores que han
leído en la expresión hebrea tóhu wabóhu, "desordenada y vacía" (vers. 2), la
idea de que un intervalo de tiempo -ciertamente, de gran duración- separa el
vers. 1 del vers. 2. Se ha hecho significar a tóhu wabóhu como que "la tierra
fue obligada a estar desordenada y vacía". En este enfoque del texto se basa
el concepto de que el mundo fue creado perfecto en algún momento de un remoto
pasado (vers. 1), pero un tremendo cataclismo destruyó todo rastro de vida en
él y redujo su superficie a una condición que podría describirse como
"desordenada y vacía". Muchos que sostienen esta opinión creen que hubo varias
creaciones. Finalmente, después de incontables eones, una vez más Dios
procedió a poner orden en el caos y a llenar la tierra con vida, como se
registra en los vers. 2-31.

Hace más de un siglo, varios teólogos protestantes se aferraron firmemente a
este enfoque pensando que encontraban en él un medio de armonizar el relato
mosaico de la creación con la idea que entonces divulgaban ciertos científicos:
que la tierra había pasado por largas eras de cambios geológicos. Este
concepto es popular entre ciertos fundamentalistas. Según él, las capas
estratificadas de rocas que forman gran parte de la superficie de la tierra
fueron depositadas durante el curso de los supuestos cataclismos, y se supone
que los fósiles sepultados en ellas son las reliquias de la vida que existió en
esta tierra antes de ese tiempo.

Otros hallan en esta teoría un argumento para sostener la idea de que cuando
Dios realizó su obra creadora registrada en los vers. 2-31, dependió de materia
preexistente. Así limitarían su poder disminuyendo, o aun negando, el hecho de
que trajo la materia a la existencia y que "lo que se ve fue hecho de lo que no
se veía" (Heb. 11: 3). Varios aspectos de esta teoría se han reflejado en
diversas traducciones modernas de la Biblia.

El concepto de una "restauración" debe rechazarse de plano porque: (1) Las
palabras hebreas tóhu wabóhu no dan la idea de algo dejado desolado, sino más
bien describe un estado de la materia, desorganizada y sin vida. Por lo tanto,
la interpretación dada a estas palabras es completamente injustificable. (2)
Las Escrituras enseñan claramente que la obra de la creación de Dios "estaban
acabadas desde la fundación del mundo" (Heb. 4: 3). (3) Este punto de vista
implica la blasfema doctrina de que diversas tentativas de creación de Dios,
muy particularmente la del hombre, fueron imperfectas y sin éxito debido a la
operación de fuerzas sobre las cuales él tenía sólo un dominio limitado. (4)
Seguido hasta su conclusión lógica, este punto de vista en realidad niega la
inspiración y autoridad de las Escrituras en su conjunto, limitando al Creador
al empleo de materia preexistente en la obra de la semana de la creación y
sometiéndolo a las leyes de la naturaleza. (5) La idea de sucesivas creaciones
y catástrofes anteriores a los acontecimientos de la semana de la creación no
tiene para apoyarse ni una pizca de evidencia válida, ya sea de parte de la
ciencia o de la Palabra inspirada. Es pura especulación. (6) Podría añadirse
de paso que el origen y la evolución de este punto de vista están contaminados
con las paganas especulaciones filosóficas de varias sectas heréticas y teñido
con los conceptos racionalistas del naturalismo y la evolución.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-31 PP 24-339 102-109; SR 20-23

1 Ed 130; 3JT 258; MeM 110

2 CM 409; CS 717; Ed 130

2, 3 PR 529; PVGM 394

3 CS 224; MeM 142

5 Ed 124

11, 12 Ed 104; PP 24; PVGM 66; TM 247

26 CH 19; CMC 19; HAd 21; MM 221; PE 145; SR 20; Te 37

26, 27 CH 108; PP 24; Te 11

27 CM 13, 29,509 55, 332, 336; CN 58, 532; 231 CRA 52;CS 520; EC 17; Ed
13,15,17,126; 1JT 254, 496; 2JT 410; 3JT 262; MC 120, 323; MeM 130; PP 25, 645;
PR 138; 3T 50; 4T 91, 327, 416, 438; 5T 311; 8T 327; Te 81, 159, 245; 3TS 373

28 HAd 22; PP 32; PR 502

29 CH 115, 450; CRA 95, 109, 366, 383, 445, 454, 472, 473, 480; MC 228;
MeM 136; MM 8, 267, 277; Te 12, 141, 215

31 DMJ 57; DTG 248; Ed 211; FE 326, 513; 3JT 16; PP 28; 4T 562; 7T 87

CAPÍTULO 2

1 El primer sábado. 4 Resumen de la creación. 8 El huerto de Edén, 10 y el río.
17 Prohibición de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. 19 El
nombre de los animales. 21 La creación de la mujer y la institución del
matrimonio.

1 FUERON, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.

2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de
toda la obra que hizo.

3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la
obra que había hecho en la creación.

4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el
día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,

5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo
antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la
tierra, ni había hombre para que labrase la tierra,

6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la
tierra.

7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su
nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que
había formado.

9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y
bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de
la ciencia del bien y del mal.

10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro
brazos.

11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila,
donde hay oro;

12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.

13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de
Cus.

14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de
Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que
lo labrara y lo guardase.

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás
comer;

17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que
de él comieres, ciertamente morirás.

18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda
idónea para él.

19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de
los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo
lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del
campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste
dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo
al hombre.

23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne,
232 ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,
y serán una sola carne.

25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

1.

Fueron, pues, acabados.

Los primeros versículos del capítulo segundo y la mitad del vers. 4 son en
realidad una continuación ininterrumpida del relato de la creación del capítulo
primero. El vers. 1, en solemne retrospección, vincula la obra de los seis
días precedentes con el descanso sabático que siguió. Cuando Dios "acabó... la
obra que hizo" no dejó nada inconcluso (Heb. 4: 3). La palabra "ejército",
tsaba', denota aquí todas las cosas creadas.

2.

En el día séptimo.

Se han hecho varios intentos para resolver la aparente dificultad entre el
vers. 1 y el vers. 2: uno declara que la obra de Dios fue terminada en el sexto
día y el otro en el séptimo día. La LXX y las versiones samaritano y siríaca
han elegido el camino más fácil para resolver el problema, sustituyendo con la
palabra "sexto" la palabra "séptimo" del texto hebreo donde se la usa por
primera vez. Algunos comentadores están de acuerdo con este cambio, pensando
que la palabra "séptimo" del texto hebreo es un error de copista. Sin embargo,
al proceder así infringen una de sus propias reglas básicas de crítica textual:
que la más difícil de dos lecturas posibles es generalmente la original.
"Acabó", yekal. Algunos eruditos, comenzando con Calvino, han traducido yekal
como "había acabado", lo que es gramaticalmente posible. Otra interpretación
considera que la obra de la creación fue terminada tan sólo después de la
institución del día de reposo. La terminación consistió pasivamente en la
cesación de la obra creadora y positivamente en la bendición y santificación
del día séptimo. La cesación, en sí misma, formó parte de la terminación de la
obra.

Reposó.

El verbo "reposó", shabath, significa literalmente "cesar" de una labor o
actividad (ver Gén. 8: 22; Job 32: 1, etc.). Como un artífice humano completa
su obra cuando la ha llevado hasta su ideal y entonces cesa de trabajar en
ella, así también, en un sentido infinitamente mayor, Dios completó la creación
del mundo cesando de producir algo nuevo, y entonces "reposó". Dios no
descansó porque lo necesitara (Isa. 40: 28). Por lo tanto, el reposo de Dios
no fue el resultado ni del agotamiento ni de la fatiga, sino el cesar de una
ocupación anterior.

Debido a que la frase usual "tarde fue, mañana fue, el séptimo día" no aparece
en el Libro Sagrado, algunos expositores bíblicos han pretendido que el período
de descanso no continuó únicamente durante 24 horas -como cada uno de los seis
días precedentes- sino que comenzó al terminar el sexto día de la creación y
continúa todavía. Pero este versículo refuta tal punto de vista. Este no es
el único texto de las Escrituras que impresiona al lector imparcial con el
hecho de que el descanso de Dios sólo se efectuó durante el séptimo día, pues
el Decálogo mismo declara palmariamente que Dios, habiendo trabajado seis días,
descansó el séptimo día de la semana de la creación (Exo. 20: 11).

De acuerdo con las palabras del texto, los seis días de la creación fueron días
terrestres de duración común. Ante la ausencia de cualquier clara indicación
contraria, debemos entender de la misma manera el séptimo día, y más todavía
puesto que en cada pasaje donde se menciona como la razón del día de reposo
terrestre, es considerado como un día común (Exo. 20: 11; 31: 17).

3.

Bendijo Dios al día séptimo.

Se añade una explicación del significado y la importancia de este día de
reposo. Aquí el Registro sagrado relaciona estrechamente el día de reposo
semanal con la obra de Dios de la creación y su descanso en el séptimo día así
como lo hace el cuarto mandamiento. La bendición sobre el séptimo día
implicaba que por ella era señalado como un objeto especial del favor divino y
un día que sería una bendición para las criaturas de Dios.

Y lo santificó.

El acto de santificación consistió en una declaración de que el día era santo,
o puesto aparte para propósitos santos. Así como después fue santificado el
monte Sinaí (Exo. 19: 23) o, temporariamente, investido con santidad como la
residencia de Dios, y así como Aarón y sus hijos fueron santificados, o
consagrados, para el oficio sacerdotal (Exo. 29: 44), y el año del jubileo fue
233 santificado, o consagrado, para propósitos religiosos (Lev. 25: 10), así
también aquí fue santificado el séptimo día y, como tal, fue proclamado como
día festivo. Este acto de bendecir el séptimo día y declararlo santo se hizo en
favor de la humanidad para cuyo beneficio fue instituido el sábado. El día de
reposo semanal con frecuencia ha sido considerado como una institución de la
dispensación judaica, pero el Registro sagrado declara que fue instituido más
de dos milenios antes de que naciera el primer israelita (un descendiente de
Jacob - Israel). Además tenemos la palabra de Jesús que declara: "El día de
reposo fue hecho por causa del hombre" (Mar. 2: 27), lo que indica claramente
que esta institución no sólo fue ordenada para los judíos sino también para
toda la humanidad.

Porque en él reposó.

Dios no podría haber tenido una razón más excelsa para ordenar que el hombre
reposara en el séptimo día que aquella de que al descansar así el hombre
pudiera disfrutar de la oportunidad de reflexionar en el amor y bondad de su
Creador, y así asemejarse a él. Así como Dios trabajó durante seis días y
descansó en el séptimo, así también el hombre debía trabajar asiduamente
durante seis días y descansar en el séptimo. Este día de reposo semanal es una
institución divina dada al hombre por Dios, el Creador, y su observancia es
requerida por Dios, el Legislador. Por lo tanto, el hombre que retenga para sí
cualquier parte de todo este tiempo santo se hace culpable de desobediencia
contra Dios y de robarle como propietario original de las facultades y del
tiempo del hombre. Como una institución establecida por Dios, el sábado merece
nuestra honra y estimación. Su descuido Dios lo computa como pecado.

El sábado demanda la abstención de todo trabajo físico común y la dedicación de
la mente y del corazón a las cosas santas. Se advirtió a los israelitas que lo
usaran para santas convocaciones (Lev. 23: 3). Los Evangelios afirman que así
fue usado por Cristo y los apóstoles (Luc. 4: 16; Hech. 17: 2; 18: 4, etc.) y
que deberían continuar observándolo los cristianos después de que Cristo
completara su ministerio terrenal (Mat. 24: 20).

El hecho de que el sábado continuará siendo celebrado en la tierra nueva como
un día de culto (Isa. 66: 23) es una indicación clara de que Dios nunca tuvo el
propósito de que su observancia se transfiriera a otro día. El sábado semanal
es el monumento conmemorativo de la creación, que hace recordar al hombre, cada
semana, el poder creador de Dios y cuánto le debe a un Creador y Sustentador
misericordioso. Un rechazo del sábado, es un rechazo del Creador, y abre de
par en par la puerta a toda suerte de teorías falsas. "Es un testimonio
perpetuo de su existencia [de Dios], y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría
y su amor. Si el sábado se hubiera santificado siempre, jamás habría podido
haber ateos ni idólatras" (PP 348, 349).

4.

Estos son los orígenes.

La palabra "orígenes" ["generaciones" en hebreo], toledoth, generalmente se usa
con referencia a la historia de la familia de un hombre, es decir, al
nacimiento de sus hijos (cap. 5: 1; 6: 9; 11: 10, etc.). Esta es la única vez
en que esta palabra se usa para algo que no son relaciones humanas, es decir
"de los cielos y de la tierra", frase que hace recordar los pasajes de los
caps. 1:1 y 2: 1. Un comentador sugiere que "orígenes" se refiere adecuadamente
a "la historia o relato de su producción". The Jewish Encyclopedia dice con
referencia a esta palabra: "El proceso de creación de los cielos y la tierra es
considerado en el cap. 2: 4 como una historia genealógica" (art.
"Generation"). "Cada día se llama un origen [generación], porque Dios originó
o produjo en él una parte de su obra" (PP 103).

Cuando fueron creados.

Así termina el relato de la creación que comenzó con Gén. 1: 1. Estas palabras
se han interpretado de varias formas. Son una traducción de behibare'am, que
no debiera traducirse "después de que fueron creados", como se ha hecho a
veces. Puesto que literalmente su significado es "en su creación", toda la
cláusula "estos son los orígenes", etc. tiene su mejor traducción así: "Esta es
la historia del origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados".

El día.

Estas palabras comienzan el relato de Gén. 2. Muchos comentadores se inclinan a
considerar el pasaje del cap. 2: 4 a 3: 24 como un registro de la creación,
segundo y diferente, que se originó en otra pluma en un tiempo posterior al del
cap. 1: 1 a 2: 4. Acerca de esta insostenible teoría, véase la Introducción al
Génesis. Un estudio de los contenidos aclara que, en ningún sentido, puede
considerarse que el cap. 2 es otra versión del relato de la creación del
capítulo precedente. Su 234 propósito es colocar a Adán y a Eva en su hogar en
el huerto del Edén, y esto se logra proporcionando información adicional, la
mayor parte de la cual en realidad no pertenece al relato de la creación como
tal. Describe el hogar edénico después de que había sido creado. Sin esta
información, no sólo sería tristemente incompleto el informe que tenemos de
esta tierra en su estado edénico, sino que los sucesos de Gén. 3, la caída del
hombre, difícilmente serían inteligibles. Este capítulo (Gén. 2) incluye
detalles adicionales acerca de la creación del hombre, una descripción de su
hogar edénico, la prueba de su lealtad a Dios -o derecho moral a su hogar-, la
prueba de su inteligencia -o idoneidad mental para gobernar las obras creadas
por Dios- y las circunstancias que rodeaban el establecimiento del primer
hogar.

5.

Toda planta.

Los vers. 4-6 anticipan la creación del hombre descrita en el vers. 7, al
detallar brevemente la apariencia de la superficie de la tierra,
particularmente con respecto a la vegetación, poco antes de que el ser humano
fuera formado en el sexto día de la semana de la creación. Aquí estaba el
paraíso perfecto, pero faltaba alguien "que lo labrara". Toda la naturaleza
vibrante con expectativa, por así decirlo, esperaba la aparición de su rey, así
como los miembros de una orquesta sinfónico, con los instrumentos afinados,
esperan la llegada de su director.

6.

Un vapor.

La palabra hebrea traducida "vapor", 'ed, es de un significado algo dudoso
porque, fuera de este texto, aparece sólo en Job 36: 27. Algunos eruditos la
han comparado con la palabra asiria edú, "inundación", y han aplicado este
significado a los dos pasajes bíblicos donde aparece. Pero la palabra
"inundación" no cuadra con el contexto de ninguno de estos pasajes, al paso que
la palabra "neblina" o "vapor" encuadra bien en ambos casos. En traducciones
antiguas solía usarse la palabra "manantial", lo que revela que no se la
entendía bien. La imposibilidad de que un manantial pudiera haber regado la
tierra, claramente muestra que "manantial" no puede ser la traducción correcta
de 'ed. "Neblina" parece ser la mejor traducción y en este caso podemos
pensar en "neblina" como un sinónimo de "rocío" (PP 84).

El hecho de que la gente del tiempo de Noé se mofara de la idea de que la
lluvia del cielo pudiera traer destrucción sobre la tierra en un diluvio, y que
Noé fuera alabado por creer "cosas que aún no se veían" (Heb. 11: 7), indica
que la lluvia era desconocida para los antediluvianos (PP 83, 84). Sólo Noé,
con los ojos de la fe, pudo imaginar agua que cayera del cielo y ahogara a todo
ser viviente que no buscara refugio en el arca que él construyó. El hecho de
que el arco iris fuera instituido después del diluvio (Gén. 9: 13-16), y no
parece haber existido antes, da mayor firmeza a la observación de que la lluvia
había sido desconocida antes de ese acontecimiento.

7.

Dios formó al hombre.

Se presentan importantes detalles adicionales en cuanto a la creación de Adán.
Se nos permite atisbar, por así decirlo, dentro del taller de Dios y observar
su mano que realiza el misterioso acto de la creación. La palabra "formar",
yatsar, implica el acto de moldear y dar una forma correspondiente en diseño y
apariencia con el plan divino. Se usa esta palabra al describir la actividad
del alfarero (Isa. 49: 5, etc.), del orfebre que confecciona ídolos (Isa. 44:
10; Hab. 2: 18) y de Dios que forma varias cosas, la luz entre otras (Isa. 45:
7), el ojo humano (Sal. 94: 9), el corazón (Sal. 33: 15) y las estaciones (Sal.
74: 17).

Del polvo de la tierra.

La ciencia confirma que el hombre está compuesto de materiales derivados del
suelo, los elementos de la tierra. La descomposición del cuerpo humano después
de la muerte, da testimonio del mismo hecho. Los principales elementos que
constituyen el cuerpo humano son oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno.
Existen muchos otros en proporciones menores. Cuán cierto es que el hombre fue
hecho "del polvo de la tierra" y también que volverá "a la tierra" de donde fue
tomado (Ecl. 12: 7).

Aliento de vida.

"Aliento", neshamah. Proveniente de la Fuente de toda vida, el principio
vitalizador entró en el cuerpo inerte de Adán. El instrumento por el cual la
chispa de vida fue transferida a su cuerpo se dice que es el "aliento" de Dios.
El mismo pensamiento aparece en Job 33: 4: ."El soplo [neshamah] del
Omnipotente me dio vida". Impartido al hombre, el "aliento" es equivalente a
su vida; es la vida misma (Isa. 2: 22). En la muerte, "no quedó en él aliento
[neshamah, vida]" (1 Rey. 17: 17). Este "aliento de vida" en el hombre no
difiere en nada del "aliento de vida" de los animales, pues todos reciben su
vida de Dios 235 (Gén 7: 22; Ecl. 3: 19). Por lo tanto, no puede ser ni la
mente ni la inteligencia.

Un ser viviente.

Cuando a la forma inerte del hombre se le comunicó este divino "aliento" de
vida, neshamah, el hombre se convirtió en un "ser" viviente, néfesh. La
palabra néfesh tiene una diversidad de significados: (1) aliento (Job 41: 21),
(2) vida (1 Rey. 17: 21; 2 Sam. 18: 13, etc.), (3) corazón, como sede de los
sentimientos (Gén. 34: 3; Cant. 1: 7; etc.), (4) ser viviente (o persona) (Gén.
12: 5; 36: 6; Lev. 4: 2, etc.), y (5) para hacer resaltar un pronombre personal
(Sal. 3: 2; 1 Sam. 18: 1; etc.). Nótese que la néfesh es hecha por Dios (Jer.
38: 16) y puede morir (Juec. 16: 30), ser muerta (Núm. 31: 19), ser devorada
(metafóricamente) (Eze. 22: 25), ser redimida (Sal. 34: 22) y ser convertida
(Sal. 19: 7). Ninguno de estos casos se aplica al espíritu, rúaj, lo que
indica claramente la gran diferencia entre los dos términos. Por lo expuesto
se ve que la traducción "alma" dada a néfesh en la versión Reina-Valera, antes
de su revisión de 1960, no es apropiada si se quiere referir a la expresión
comúnmente usada "alma inmortal". Aunque sea popular, este concepto es
completamente ajeno a la Biblia. Cuando "alma" se considera como un sinónimo
de "ser", tenemos el significado de néfesh en este texto.

8.

Dios plantó un huerto.

Se desconoce la ubicación del Edén. El diluvio alteró de tal manera los rasgos
fisicos originales de la tierra, como para hacer imposible la ubicación actual
de localidades antediluvianas. Comúnmente nos referimos a este huerto como al
"paraíso", palabra de origen persa que significa "parque". La palabra hebrea
para paraíso, pardes, aparece unas pocas veces en el AT (Neh. 2: 8; Ecl. 2: 5;
Cant. 4: 13), pero con referencia a los árboles más bien que a un nombre para
el huerto del Edén. La palabra "paraíso", en griego parádeisos, fue aplicada
originalmente al hogar de nuestros primeros padres por los traductores de la
LXX.

9.

Todo árbol.

En la preparación de la maravillosa morada del hombre se prestó atención al
ornamento tanto como a la utilidad. Se proporcionó toda especie de vegetación
que pudiera servir para suplir las necesidades del hombre y también para su
deleite. Flores, árboles y arbustos regalaban sus sentidos con su fragancia,
deleitaban sus ojos con sus formas exquisitas y colorido encantador y
satisfacían su paladar con su fruto delicioso. El Edén se convirtió para
siempre en el símbolo del concepto más elevado del hombre en cuanto a
excelencia terrenal.

También el árbol de vida.

El orden en que aparecen estas palabras, como si se tratara de una idea tardía,
nos parece extraño en el contexto de un idioma moderno. Esto ha inducido a
algunos eruditos a sostener que la última mitad del vers. 9 es o una adición
posterior o una corrupción del original. Pero esta disposición, que parece
extraña al traducirse al castellano, es común en hebreo. No proporciona la
menor excusa para dudar de la pureza del texto tal como lo tenemos. Por
ejemplo, el pasaje del cap. 12: 17 dice literalmente: "El Señor plagó a Faraón
con grandes plagas y a su casa". Otros ejemplos de esta misma construcción de
las sentencias, aunque no son tan reconocibles en las versiones castellanas, se
pueden encontrar en Gén. 28: 14; Núm. 13: 23; Deut. 7: 14.

Al comer del árbol de la vida, Adán y Eva iban a tener la oportunidad de
expresar su fe en Dios como el sustentador de la vida, así como al guardar el
sábado demostraban fe en su Creador y lealtad a él. Con ese propósito, Dios
había dotado al árbol con una virtud sobrenatural. Su fruto era un antídoto
para la muerte y sus hojas servían para el sostén de la vida y la inmortalidad.
Los hombres continuarían viviendo mientras pudieran comer de él (MM 366; PP
44).

Uno de los árboles fue llamado el árbol de "vida", literalmente "la vida",
hajayyim. El hecho de que esta palabra sea plural en su forma, se explica
reconociéndola como un plural de abstracción; el artículo definido indica que
este árbol tenía algo que hacer con "la" vida como tal. Es decir, que se
obtendría o preservaría la vida al consumir su fruto. Sin embargo, los otros
árboles del huerto, siendo buenos "para comer" también estaban destinados a
sustentar la vida. Si un árbol se distingue de los otros por el extraordinario
nombre de "árbol de vida", sus frutos deben haber tenido el propósito de
mantener la vida de una manera diferente de los otros árboles y con un valor
resaltante. La declaración de que comer del fruto de este árbol haría que el
hombre viviera "para siempre" (cap. 3: 22) muestra que su valor difería
enteramente del de los muchos otros árboles útiles del huerto.

El nombre del segundo árbol es "el árbol de la ciencia del bien y del mal". El
artículo "la" 236 antes de la palabra "ciencia" significa que el árbol no podía
proporcionar cualquier clase de conocimiento, sino sólo un cierto y triste
conocimiento del "mal" en contraste con el "bien".

Los nombres de estos árboles son importantes. En ambos casos, la palabra
"árbol" se relaciona con términos abstractos: vida y ciencia. Esto no es una
razón para declarar que estos dos árboles no existieron, sino que les atribuye
más bien derivaciones espirituales. Aunque el "arca del pacto" era una pieza
real del mobiliario del templo, de todos modos recibía un nombre que tenía
importancia religiosa. La sangre del pacto derramada por el Salvador en favor
de nosotros también fue una sustancia muy real. De modo que los dos árboles
deben ser considerados como árboles verdaderos con propósitos importantes que
cumplir; esos propósitos físicos y morales estaban indicados claramente por sus
nombres.

10.

Un río.

Se han desplegado muchos esfuerzos de erudición procurando aclarar los vers.
10-14, pero posiblemente nunca se hallará una explicación satisfactoria, porque
la superficie de la tierra, después del diluvio, tenía poco parecido con lo que
había sido antes. Una catástrofe de tal magnitud como para levantar altísimas
cordilleras y formar las vastas áreas oceánicas, difícilmente podría haber
dejado sin afectar accidentes geográficos menores, tales como los ríos. Por lo
tanto, no podemos esperar identificarlos en la actualidad, a menos que la
Inspiración lo hiciera para nosotros (ver PP 95-99).

11.

Pisón.

Pisón, el nombre del primer río, no existe en ninguna fuente que no sea
bíblica, y aun en la Biblia misma no se menciona este río en ninguna otra
parte. No tienen valor las opiniones de algunos eruditos que identifican este
río con el Indo o el Ganges, de la India, el Nilo de Egipto, o con ríos de
Anatolia.

Havila, donde hay oro.

En otros textos donde aparece este mismo nombre, se refiere a tiempos
postdiluvianos. Esos textos pues no ayudan para ubicar el " Havila" del cap.
2: 11.

12.

Hay allí también bedelio.

Según Plinio, el bedelio era la resina transparente y aromática de un árbol
oriundo de Arabia, la India, Persia y Babilonia. No sabemos si éste era el
mismo bedelio de los días antediluvianos.

Onice.

Debe ser una de las piedras preciosas o semipreciosas, probablemente de color
rojo. Las versiones antiguas difieren en su traducción entre ónix, sardónice,
sardio y berilo. De ahí que no sea seguro que la traducción "ónice" sea
correcta.

13.

Gihón.

Véase el comentario del vers. 10 y el del vers. 14.

15.

Para que lo labrara y lo guardase.

Habiendo preparado Dios una morada para el hombre, a quien había creado, lo
colocó en ese huerto que era su hogar y le encomendó una misión bien definida:
"Para que lo labrara y lo guardase". Esta orden nos enseña que la perfección
con la cual salió la creación de las manos de las manos de Dios no excluía la
necesidad de cultivar, es decir el trabajo humano. El hombre había de usar sus
facultades físicas y mentales para conservar el huerto en el mismo estado
perfecto en que lo había recibido. El hecho de que el trabajo físico será una
característica deleitosa de la tierra nueva (Isa. 65: 21-23) indica que el
trabajo no tuvo el propósito de ser una maldición.

La comisión dada a Adán de "guardar" el huerto quizá sea una velada insinuación
de que amenazaba el peligro de que le fuera arrebatado si no era vigilante. El
verbo "guardar", shamar, significa "custodiar", "vigilar", "preservar",
"observar" y "retener firmemente". Ciertamente, parece irrazonable que se le
pidiera a Adán que custodiara el huerto contra ataques de animales feroces,
como algunos comentadores han interpretado este texto. En la tierra, antes de
la caída, no existía enemistad entre los animales mismos ni entre el hombre y
las bestias. El temor y la enemistad son los resultados del pecado. Pero otro
peligro muy real, la presencia de Satanás, amenazaba con arrebatarle al hombre
su dominio sobre la tierra y su posesión del huerto. Por otro lado, "guardar"
el huerto quizá sencillamente sea un sinónimo de "labrarlo".

Tenemos la seguridad de que Dios no hace nada que afecte al hombre sin
informarle primero en cuanto a las intenciones divinas (Amós 3: 7). Si Dios,
que sólo hace lo que es benéfico para el hombre, estimó necesario informarnos
de sus propósitos, es seguro que debe haber mantenido informado a Adán del
peligro que amenazaba a esta tierra (PP 34, 35).

16.

De todo árbol del huerto.

La orden referida en estos versículos presupone que el 237 hombre entendía el
lenguaje que hablaba Dios y la distinción entre "podrás" y "no podrás". La
orden comienza positivamente, concediendo permiso para comer libremente de
todos los árboles del huerto; con la excepción de uno. El derecho a disfrutar
sin reserva de todos los otros árboles resalta por la forma idiomática
intensiva: "comiendo comerás", 'akol to'kel; aun en toda prohibición divina hay
un aspecto positivo.

17.

Árbol de la ciencia del bien y del mal.

Era muy precisa la limitación de esta libertad. El hombre no debía comer del
árbol llamado "árbol de la ciencia del bien y del mal". (Ver com. del vers. 9.)
Puesto que no ha sido revelado, es inútil especular con la clase de fruto que
daba. La misma presencia de este árbol en el huerto indicaba que el hombre era
un ser moral libre. No se forzaba el servicio del hombre; podía obedecer o
desobedecer. El era quien debía decidir.

El fruto en sí mismo era inofensivo (Ed. 22). Pero la orden explícita de Dios
de abstenerse de comerlo, colocaba aparte ese árbol como el objeto de la prueba
de la lealtad y obediencia del hombre. Como ser moral, el hombre tenía la ley
de Dios escrita en su conciencia. Pero se estableció una prohibición para
aclarar los principios de esa ley al aplicarla a una situación específica,
haciéndola así una prueba justa de la lealtad del hombre a su Hacedor. Dios
era el verdadero dueño de todas las cosas -aun de las que estaban confiadas a
Adán- y esto daba a Dios el derecho de reservarse cualquier parte de la
creación para sí mismo. No hubiera sido irrazonable que se reservara una gran
porción de esta tierra y que hubiera permitido que Adán sólo usara una pequeña
parte de ella. Pero no era así: el hombre podía usar libremente de todo lo que
estaba en el huerto, excepto un árbol. Evidentemente, el abstenerse de comer
del fruto de ese árbol no tenía otro propósito sino el de mostrar claramente su
lealtad a Dios.

El día que de él comieres.

La prohibición estaba acompañada de un severo castigo de la transgresión: a
saber, la muerte. Algunos han pensado que las palabras que expresan el castigo
requerían su ejecución en el mismo día en que se violara la orden. Ven una
discrepancia seria entre el anuncio y su cumplimiento. Sin embargo, el anuncio
divino "el día que de él comieres, ciertamente morirás" -literalmente,
"muriendo, tú morirás"- significa que se pronunciaría la sentencia en el día de
la transgresión. El hombre pasaría del estado de inmortalidad condicional al
de mortalidad incondicional. Así como antes de su caída Adán podía estar
seguro de la inmortalidad -que le era otorgada por el árbol de la vida-, así
también, después de esa catástrofe, era segura su mortalidad. Esto es lo que
implica la declaración comentada, más que una inmediata muerte física. Dios
requería que el hombre hiciera una elección de principios. Debía aceptar la
voluntad de Dios y someterse a ella, confiando en que le iría bien como
resultado; o bien, si por su propia elección hacía lo contrario, cortaría su
relación con Dios y, probablemente, llegaría a ser independiente de él. Pero
la separación de la Fuente de la vida, inevitablemente sólo podía traer la
muerte. Todavía son válidos estos mismos principios. El castigo y la muerte
son los resultados seguros de la libre elección del hombre de dar rienda suelta
a la rebelión contra Dios.

18.

Ayuda idónea para él.

Esto es, apropiada para sus necesidades; para complementarlo. Los animales
habían sido creados en multitudes o en grupos, pero el hombre fue creado como
un individuo solitario. Sin embargo, no era el propósito de Dios que él
estuviera solo largo tiempo. Como la soledad sería perjudicial para el
bienestar del hombre, Dios le iba a dar una compañera.

19.

Toda bestia del campo.

El pensamiento expresado por varios expositores bíblicos de que Dios realizó
varias tentativas infructuosas para proporcionar al hombre una compañera
mediante la creación de varios animales, es una falsa interpretación del
propósito de esta parte del relato. Lo que Moisés registra no es el tiempo,
sino sencillamente el acto de la creación de los animales. La inflexión verbal
hebrea traducida "formó" en la VVR puede ser traducida correctamente "había
formado", refiriéndose así retrospectivamente a los actos creadores del quinto
día y del comienzo del sexto. De ahí que la primera parte del versículo se dé
a manera de prefacio de lo que sigue inmediatamente.

Las trajo a Adán.

Adán debía estudiar esos animales y ocuparse en la importante tarea de darles
nombres apropiados, para lo cual necesitaba una comprensión de ellos y de sus
hábitos. Esto lo capacitaría o, quizá, demostraría que estaba capacitado para
gobernarlos. 238 Al mismo tiempo, conocería la vida familiar de que disfrutaban
y advertiría su propia falta de compañía. Reconociendo también que Dios lo
había creado infinitamente superior a los animales, comprendería que no podía
elegir una compañera de entre ellos. Para que la formación de la mujer
respondiera plenamente al propósito del Creador, Adán debía percibir que no
estaba completo y debía sentir su necesidad de compañía. En otras palabras,
que "no" era "bueno" que permaneciera solo.

20.

Puso Adán nombre a toda bestia.

Es evidente que el hombre fue creado con la facultad del habla. Adán empleó
esa capacidad para expresar las observaciones hechas en su estudio de los
animales. Así comenzó el estudio de las ciencias naturales y al dar nombres a
los animales empezó su dominio sobre ellos. En el texto hebreo se menciona
primero "los ganados", quizá porque habían de estar más cerca del hombre que
otros animales en su relación futura. Las aves, que el hombre ama tanto y de
las cuales algunas especies habían de serle utilísimas, reciben el segundo
lugar en la enumeración. Es imposible descubrir cuáles fueron esos nombres
pues no se sabe qué idioma hablaron Adán y el mundo antediluviano.

No se halló ayuda idónea.

El estudio de Adán de los animales creados le dio un conocimiento considerable,
pero no satisfizo su anhelo de compañía con otro ser que fuera su igual. Esto
indica la clase de compañerismo que la mujer debía disfrutar con el hombre.
Ninguna verdadera compañera se pudo encontrar para Adán entre los seres
inferiores a él.

21.

Sueño profundo.

Con el propósito de crear la compañera de Adán de su propio cuerpo, Dios lo
hizo caer en un sueño profundo que puede compararse con la inconsciencia
producida durante una anestesia. Y ciertamente fue una operación quirúrgica la
que realizó Dios en Adán durante su sueño, al sacar una de sus costillas y
llenar su lugar con carne. La palabra hebrea tsela', que significa en otras
partes de la Biblia "lado", "hoja de puerta", "ala" (de un edificio) y "panel"
(del revestimiento de una pared), tiene aquí el significado de "costilla".
Esta traducción tradicional, tomada en las Biblias modernas de la LXX y la
Vulgata, ha sido confirmada posteriormente por los registros cuneiformes. En
el idioma asirio, que estaba íntimamente relacionado con el hebreo, la palabra
para costilla era sélu.

22.

Hizo una mujer.

Moisés poseía un ágil dominio del idioma hebreo y sabía cómo usarlo para
impresionar a sus lectores. Para describir la actividad creadora de Dios,
empleó en la narración del cap. 1 los verbos "crear" (1: 27), "hacer" (1: 26),
y "formar" (cap. 2: 7). Ahora añade a esos términos, más o menos sinónimos, el
verbo "construir". Cada uno de ellos tiene su matiz propio de significado. La
costilla de Adán formó el material básico del cual fue "construida" su
compañera. La mujer fue formada para tener una unidad inseparable y
compañerismo de toda la vida con el hombre, y la forma en que fue creada sirvió
para establecer el verdadero fundamento del estatuto moral del matrimonio.
Ella "debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él"
(PP 27). El matrimonio es un símbolo de la relación de amor y vida que existe
entre el Señor y su iglesia (Efe. 5: 32).

La trajo al hombre.

Dios mismo celebró solemnemente el primer casamiento. Después de hacer a la
mujer, la llevó a Adán, que para entonces ya habría despertado de su profundo
sueño. Así como Adán fue el "hijo de Dios" (Luc. 3: 38), así también Eva
podría ser llamada adecuadamente la hija de Dios; y como padre de ella, Dios la
trajo a Adán y se la presentó. Por lo tanto, el pacto matrimonial es
adecuadamente llamado el pacto de Dios (Prov. 2: 17), nombre que implica que el
Altísimo fue el autor de esa institución sagrada.

23.

Esto es ahora hueso de mis huesos.

Adán, reconociendo en ella la compañera deseada, gozosamente le dio la
bienvenida como a su desposada y expresó su gozo en una exclamación poética.
Las palabras "esto es ahora" reflejan su agradable sorpresa cuando vio en la
mujer el cumplimiento del deseo de su corazón. La repetición triple de "esto"
(como está en el hebreo) vívidamente señala a ella sobre quien -con gozoso
asombro- descansaba ahora la mirada de él con la intensa emoción del primer
amor. Instintivamente, o como resultado de una instrucción divina, reconoció
en ella una parte de su propio ser. De allí en adelante debía amarla como a su
mismo cuerpo, pues al amarla se ama a sí mismo. El apóstol Pablo hace resaltar
esta verdad (Efe. 5: 28). 239

Será llamada Varona.

El nombre que Adán dio a su recién creada compañera refleja la manera de la
creación de ella. La palabra hebrea 'ishshah, "mujer", se forma de la palabra
'ish, "hombre", con la terminación femenina. La palabra inglesa "woman" (del
anglosajón wife-man [esposa-hombre]) tiene una relación similar con la palabra
"man". Lo mismo sucede en otros idiomas.

24.

Dejará el hombre a su padre y a su madre.

Las palabras de este versículo no pueden considerarse como una declaración
profética de Adán, sino más bien como las palabras de Dios mismo. Son parte de
la declaración hecha por Dios acerca de la ceremonia matrimonial (ver Mat. 19:
4,5; DMJ 57). Estas palabras expresan la más profunda unidad física y
espiritual del hombre y la mujer, y presentan la monogamia delante del mundo
como la forma de matrimonio establecida por Dios. Estas palabras no
recomiendan el abandono de los deberes filiales y del respeto hacia el padre y
la madre, sino que principalmente se refieren a que la esposa ha de ser la
primera en el afecto del esposo y que su primer deber es para ella. Su amor
por ella ha de exceder, aunque ciertamente no debe desalojar el amor debido a
sus padres.

Serán una sola carne.

La unión de esposo y esposa se expresa en palabras inconfundibles, existiendo
como es en realidad unión de cuerpos, comunidad de intereses y reciprocidad de
afectos. Es significativo que Cristo use este mismo pasaje en su vigorosa
condenación del divordo (Mat. 19: 5).

25.

Estaban ambos desnudos.

Adán y Eva no necesitaban vestimenta material, pues el Creador los había
rodeado con un manto de luz, un manto simbólico de su propio carácter justo que
se reflejaba perfectamente en ellos. Cuando la imagen moral del Hacedor se
refleje otra vez en sus hijos e hijas terrenales, él volverá para reclamarlos
como suyos (ver Apoc. 7: 9; 19: 8; PVGM 52, 294). Este manto blanco de
inocencia es el atuendo con el cual serán revestidos los salvados de la tierra
cuando entren por los portales del paraíso.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-25 PP 25-33

1 DTG 714

1-3 CS 508; PP 28, 349; PR 134; 9T 212 2 CS 506; MeM 144

2, 3 CS 56; MM 215; PE 217; PP 102; SR 145; 8T 197

3 DMJ 57; DTG 248; 1JT 489, 496

4 PP 103

6 PP 84; SR 66

7 3JT 262; MC 323; PP 40; 2T 300

8 EC 32; HAd 23; MeM 140; PP 27; SR 58; 3T 77

8, 9 Ed 17

8-17 MJ 362

9 Ed 20; HAd 23; 3JT 37; MeM 366; PP 28, 30, 71

15 CM 114; CRA 474; EC 32; Ed 18; FE 314, 327, 419, 512; HAd 23; LS
355; MC 201; MeM 115; PP 28, 31; SR 24; 1T 568; 3T 77; 4T 410

16 3T 50

16, 17 CH 108; Ed 20; 1JT 438; 3T 72

17 CM 14; CMC 69; CS 587; 2JT 122; 3JT 37; MC 355; MJ 73; PE 125, 147;
PP 30, 35, 44; SR 24

18 HAd 21; PP 39

18-20 PP 26

19, 20 PP 33

21-23 PP 40

22 HAd 84; 1JT 413

23 DMJ 57

23-25 FE 141; PVGM 294

24 DMJ 57; HAd 21, 310; PP 27

25 PP 26; SR 38 240

CAPÍTULO 3

1 La serpiente engaña a Eva. 6 Vergonzosa caída del ser humano. 9 Dios les pide
cuentas. 14 Maldición de la serpiente. 15 La simiente prometida. 16 Castigo de
la humanidad. 21 Su primera prenda de vestir. 22 Echados del paraíso.

1 PERO la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová
Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis
de todo árbol del huerto?

2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto
podemos comer;

3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis
de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;

5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos,
y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los
ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y
comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban
desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día;
y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los
árboles del huerto.

9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo;
y me escondí.

11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol
de que yo te mandé no comieses?

12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol,
y yo comí.

13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la
mujer: La serpiente me engañó, y comí.

14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás
entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho
andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente
suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces;
con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se
enseñoreará de ti.

17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del
árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu
causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra,
porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos
los vivientes.

21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el
bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de
la vida, y coma, y viva para siempre.

23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue
tomado.

24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén
querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para
guardar el camino del árbol de la vida.

1.

La serpiente.

Con la serpiente aparece una nueva figura en la narración, figura que 241
ejerció una tremenda influencia sobre la historia subsiguiente del mundo.
Moisés se aparta de su descripción de las condiciones perfectas del paraíso y
va a la historia de la caída, por la cual esta tierra se transformó de un mundo
de felicidad, amor y perfección en un mundo de dolor, odio y maldad. Moisés
deja sin mencionar el período bienaventurado del Edén, el tiempo pasado en
completa felicidad, en el estudio de la historia natural, en el cuidado del
huerto como Dios había ordenado y en diaria comunión con el Creador en las
horas frescas del atardecer (Gén. 3: 8).

Astuta, más que todos los animales.

La serpiente es presentada como una criatura más astuta que otros animales. La
palabra "astuto", 'arum, se usa en la Biblia unas pocas veces para indicar una
tendencia desfavorable de carácter (Job 5: 12; 15: 5), con el significado de
ser "diestro" o "hábil"; pero generalmente se la usa en el sentido favorable de
ser prudente (ver Prov. 12: 16, 23; 13: 16; 14: 8, 15, 18; 22: 3; 27: 12).
Este último significado favorable pareciera preferible aquí pues la serpiente
era uno de los seres creados que Dios había declarado "bueno", y hasta "bueno
en gran manera" (Gén. 1: 25, 31). El mal carácter de las serpientes de hoy es
un resultado de la caída y maldición subsiguiente y no una característica de
ese animal cuando fue creado.

La objeción de que la serpiente no era un animal verdadero, sino un ser
sobrenatural, difícilmente necesita una refutación seria en vista de la
declaración explícita de que era, ciertamente, un animal. Sin embargo, todas
las Escrituras aclaran ampliamente que la serpiente misma no fue responsable de
la caída del hombre sino Satanás (ver Juan 8: 44; 2 Cor. 11: 3, 14; Rom. 16:
20). Con todo, Satanás, en un sentido figurado, ocasionalmente es llamado
serpiente porque usó de ella como un medio en su intento de engañar al hombre
(ver Apoc. 12: 9; 20: 2).

La caída de Lucifer, que había sido primero entre los ángeles del cielo (Isa.
14: 12, 13; Eze. 28: 13-15), obviamente precedió a la caída del hombre (ver PP
14). Dios, que conversaba diariamente con el hombre en el huerto, no lo había
dejado en la ignorancia de los sucesos del cielo, sino lo había enterado de la
apostasía de Satanás y de otros ángeles, de cuya venida debía precaverse Adán.
Adán y Eva quizá esperaron que Satanás apareciera como un ángel y se sintieron
preparados para hacerle frente como a tal para rechazar sus tentaciones. En
cambio habló a Eva mediante la serpiente y la tomó por sorpresa. Sin embargo,
esto en ninguna manera excusa a nuestra primera madre, aunque es cierto que
ella así fue engañada (ver 1 Tim. 2: 14; 2 Cor. 11: 3).

La prueba de nuestros primeros padres se permitió para probar su lealtad y
amor. Era esencial para su desarrollo espiritual, para la formación del
carácter. Felicidad eterna habría sido el resultado para ellos si hubieran
salido indemnes de la prueba. Puesto que Dios no quería que fueran tentados
por encima de su capacidad para resistir (1 Cor. 10: 13), no permitió que
Satanás se les acercara a la semejanza de Dios y en cualquier otro lugar, sino
en ese árbol (1SP 34). Por lo tanto, Satanás vino en la forma de un ser no
sólo muy inferior a Dios, sino muy por debajo del hombre mismo. Al permitir
que Satanás -usando como medio un mero animal- los persuadiera a quebrantar la
orden de Dios, Adán y Eva quedaron doblemente sin excusa.

Dijo a la mujer.

Usando la serpiente como su médium, Satanás halló una oportunidad cuando pudo
dirigirse a la mujer que estaba sola. Siempre es más fácil persuadir a un
individuo a hacer lo malo cuando se aparta de su medio protector. Si Eva
hubiera permanecido con su esposo, su presencia la habría protegido y fuera de
duda el relato habría tenido un fin diferente.

Conque Dios os ha dicho.

Satanás se dirigió a ella con una pregunta que parecía inocente pero que estaba
llena de astucia. Se ha debatido si esta pregunta debiera traducirse: (1) "¿Ha
dicho Dios realmente: no comeréis de cada árbol del huerto?", con el
significado: "¿Hay algunos árboles en el huerto de los cuales no podéis comer?"
o (2) "No comeréis de ningún árbol del huerto". El hebreo permite ambas
traducciones y, por lo tanto, encierra cierta ambigüedad. Satanás tenía el
propósito de que sus palabras fueran indefinidas y ambiguas. Su intención era
obvia: quería sembrar duda en el corazón de la mujer acerca de la verdadera
fraseología y el significado exacto de la orden divina, especialmente acerca de
la razón y justicia de una orden tal.

2.

Del fruto... podemos comer.

Evidentemente, 242 Eva entendió la pregunta en el segundo sentido ya
mencionado, y en vez de apartarse y huir hacia su esposo, dio muestras de
vacilación y duda y se mostró dispuesta a discutir más el tema con la
serpiente.

Dios declaró: "El día que de él comieres, ciertamente morirás". Eva cambió
esto en: "para que no muráis". En lugar de la plena seguridad de la pena de
muerte que seguiría a la transgresión de la orden, declaró la mujer que podría
seguir la muerte a un acto tal. Las palabras "para que no" -pen- implican
alarma íntima ante el pensamiento de jugar con algo que podría resultar fatal,
escondida debajo de una apariencia cínica ante la idea de que tal cosa pudiera
ocurrir realmente. La duda y vacilación del lenguaje de Eva, reflejando el de
la serpiente, hacen que predomine el temor a la muerte en el motivo de la
obediencia antes que un amor inherente hacia su benéfico Creador. Otro síntoma
de la duda despertado en cuanto a la justicia absoluta de la orden de Dios es
que Eva no mencionó el nombre del árbol que seguramente conocía. Al hablar de
ese árbol en términos generales en cuanto a su ubicación como el "que está en
medio del huerto", lo colocó casi en la misma clase con los otros árboles de su
hogar edénico.

4.

No moriréis.

Si la primera pregunta de Satanás tenía el propósito de despertar la duda -como
lo era seguramente-, la declaración que la siguió tenía la apariencia engañosa
de una declaración autorizada. Pero dentro de ella, con refinada astucia, se
mezclaban la verdad y la mentira. Ese aserto contradecía la orden explícita de
Dios con el énfasis máximo que se puede emplear en hebreo, y que se puede
traducir: "Positivamente, no moriréis". Satanás desafió la veracidad de la
orden de Dios con una mentira desembozada. Por esa razón, Cristo con justicia
lo llamó padre de toda mentira (Juan 8: 44).

5.

Serán abiertos vuestros ojos.

Satanás procedió a dar una razón plausible para la prohibición de Dios. Acusó
a Dios de: (1) Envidiar la felicidad de sus criaturas. En realidad dijo
Satanás: "Creedme, no es por temor de que muráis por el fruto de este árbol por
lo que os lo ha prohibido, sino por temor de que os convirtáis en rivales de
vuestro mismo Amo". (2) Falsedad. Satanás acusó a Dios de que había mentido
cuando dijo que la muerte seguiría al acto de comer del fruto. Los requisitos
de Dios fueron colocados en la luz más horrible y censurable. Satanás trató de
confundir la mente de Eva mezclando la verdad con la mentira, a fin de que a
ella le resultara difícil distinguir entre las palabras de Dios y las suyas.
La expresión "el día que comáis de él" sonaba como similar a lo que Dios había
hablado (cap. 2: 17), como también la frase "sabiendo el bien y el mal". La
promesa "serán abiertos vuestros ojos" implicaba una manifiesta limitación de
la vista, que podría ser eliminada siguiendo el consejo de la serpiente.

Seréis como Dios.

Es correcta esta traducción en vez de "dioses", como aparecía en la versión
Reina-Valera antes de la revisión de 1960, pues la palabra 'elohim que está en
este pasaje también se halla en los vers. 1, 3 y 5 donde se la ha traducido
como "Dios". La traducción correcta es: "Seréis como Dios". Esto revela
ostensiblemente la naturaleza blasfema de las palabras de Satanás (ver Isa. 14:
12-14) y la plena gravedad de su engaño.

6.

Y vio la mujer.

Después de que se habían despertado en la mujer la duda y la incredulidad en
cuanto a la orden de Dios, el árbol le pareció muy diferente. Se menciona tres
veces cuán encantador era; incitaba su paladar, sus ojos y su anhelo de
aumentar su sabiduría. Mirar el árbol en esa forma, con el deseo de gustar de
su fruto, era una concesión a los alicientes de Satanás. En su mente ya era
culpable de transgredir la orden divina: "No codiciarás" (Exo. 20: 17). El
tomar el fruto y comerlo no fue sino el resultado natural de entrar así en la
senda de la transgresión.

Tomó de su fruto.

Habiendo codiciado aquello a lo cual no tenía derecho, la mujer siguió
transgrediendo un mandamiento de Dios tras otro. Luego robó la propiedad de
Dios violando el octavo mandamiento (Exo. 20: 15). Al comer el fruto prohibido
y darlo a su esposo, también transgredió el sexto mandamiento (Exo. 20: 13).
También quebrantó el primer mandamiento (Exo. 20: 3) porque en su estima colocó
a Satanás antes que a Dios obedeciéndole antes que a su Creador.

Dio también a su marido.

Observando que no murió inmediatamente -lo que parecía confirmar el definido
aserto del seductor: "No moriréis"- Eva experimentó una sensación engañosa de
júbilo. Quiso que su esposo 243 compartiera ese sentimiento con ella. Esta es
la primera vez que el Registro sagrado llama a Adán "su marido". Pero en vez
de ser "ayuda idónea" para él, ella se convirtió en el instrumento de su
destrucción. La declaración "dio también a su marido" no implica que él había
estado con ella todo el tiempo, como mudo espectador de la escena de la
tentación. Más bien ella le dio del fruto cuando se reunió con él para que
pudiera comer "como ella" y compartir así los supuestos beneficios.

El cual comió.

Antes de comer, debe haberse entablado una conversación entre Adán y su mujer.
¿La seguiría en su senda de pecado y desobediencia, o renunciaría a ella,
confiando que Dios, de alguna manera, restauraría su felicidad destruida? El
que ella no hubiera muerto por comer el fruto y que ningún daño evidente le
hubiera sobrevenido, no engañó a Adán. "Adán no fue engañado sino ... la
mujer" (1 Tim. 2: 14). Pero el poder de persuasión de su esposa, unido con su
propio amor a ella, lo indujeron a compartir las consecuencias de su caída
cualesquiera que fueran. ¡Decisión fatal! En vez de esperar hasta que pudiera
tener la oportunidad de tratar todo el trágico asunto con Dios, decidió por sí
mismo su suerte. La caída de Adán es tanto más trágica porque no dudó de Dios
ni fue engañado como Eva. Procedió ante la segura expectativa de que se
convertiría en realidad la terrible amenaza de Dios.

Deplorable como fue la transgresión de Eva y cargada como estuvo de calamidades
futuras para la familia humana, su decisión no abarcó necesariamente a la
humanidad en el castigo de su transgresión. Fue la elección deliberada de
Adán, en la plena comprensión de la orden expresa de Dios -más bien que la
elección de ella-, lo que hizo que el pecado y la muerte fueran el destino
inevitable de la humanidad. Eva fue engañada; Adán no lo fue (ver Rom. 5: 12,
14; 1 Cor. 15: 21; 1 Tim. 2: 14; 2 Cor. 11: 3). Si Adán hubiera permanecido
leal a Dios a pesar de la deslealtad de Eva, la sabiduría divina todavía
hubiera resuelto el dilema para él y hubiera evitado el desastre para la
familia humana (PP 39).

7.

Fueron abiertos los ojos de ambos.

¡Qué ironía hay en estas palabras que registran el cumplimiento de la ambigua
promesa de Satanás! Fueron abiertos los ojos de su intelecto: comprendieron
que ya no eran más inocentes. Se abrieron sus ojos físicos: vieron que estaban
desnudos.

Se hicieron delantales.

Estando avergonzados en su presencia mutua, procuraron evadir la deshonra de su
desnudez. Sus delantales de hojas de higuera eran un triste sustituto de las
vestimentas radiantes de inocencia que habían perdido legalmente. La
conciencia entró en acción. Que su sentimiento de vergüenza no tenía sus
raíces en la sensualidad sino en la conciencia de culpa delante de Dios es
evidente porque se ocultaron de él.

La única inscripción antigua que muestra alguna semejanza con el relato de la
caída del hombre, como se presenta en la Biblia, es un poema bilingüe
sumeroacadio que dice: "La doncella comió aquello que era prohibido, la
doncella, la madre de pecado, cometió mal, la madre de pecado tuvo una penosa
experiencia" (A. Jeremías, Das Alte Testament im Lichte das alten Orients [El
Antiguo Testamento a la luz del antiguo Oriente], pág. 99. Leipzig, 1930).

8.

La voz de Jehová Dios.

Las visitas periódicas de Dios, hacia el fin del día, cuando suaves céfiros
vespertinos refrescaban el huerto, siempre habían sido una ocasión de deleite
para la feliz pareja. Pero el sonido de la aproximación de Dios fue entonces
un motivo de alarma. Ambos sintieron que de ninguna manera se atrevían a
encontrarse con su Creador. Ni la humildad ni el pudor fueron la razón de su
temor, sino un profundo sentimiento de culpabilidad.

9.

¿Dónde estás tú?

Adán, que siempre había dado la bienvenida a la presencia divina, se ocultó
ahora. Sin embargo, no podía esconderse de Dios, quien llamó a Adán, no como
si ignorase su escondedero, sino para hacerlo confesar. Adán procuró ocultar
el pecado detrás de sus consecuencias, su desobediencia detrás de su
sentimiento de vergüenza, haciéndole creer a Dios que se había ocultado por la
turbación provocada por su desnudez. Su comprensión de los efectos del pecado
era más aguda que la del pecado mismo. Aquí, por primera vez, somos testigos
de la confusión entre el pecado y el castigo, que caracteriza al hombre o en su
estado caído. Se sienten y detestan los resultados del pecado más que el
pecado mismo.

12.

La mujer que me diste.

Dios formuló una pregunta que revelaba su conocimiento de la transgresión de
Adán y tenía el propósito 244 de despertar dentro de él una convicción de
pecado. La respuesta de Adán fue una tortuosa y evasiva excusa por su
confusión, lo que significaba una acusación contra Dios. Así había cambiado el
carácter de Adán en él corto intervalo desde que entró en la senda de la
desobediencia. El hombre que sentía un cariño tan tierno por su mujer como
para violar a sabiendas la orden de Dios a fin de que no fuera separado de
ella, ahora habla de ella con antipatía fría e insensible como "la mujer que me
diste por compañera". Sus palabras recuerdan las de los hijos de Jacob que
hablaron a su padre en cuanto a José como "tu hijo" (Gén. 37: 32; cf. Luc. 15:
30). Uno de los amargos frutos del pecado es la dureza de corazón: "sin afecto
natural" (Rom. 1: 31). La insinuación de Adán de que Dios era culpable por su
triste condición, al estar atado a una criatura tan débil y seductora, se hunde
en las mismísimas profundidades de la ingratitud.

13.

La serpiente me engañó.

La mujer también tenía una respuesta lista al acusar a la serpiente de haberla
engañado. Ni Adán ni su mujer negaron los hechos sino que procuraron escapar
acusando a otro. Tampoco dieron evidencias de contrición. Sin embargo, existe
una notable diferencia entre sus confesiones. La mujer protestó que había sido
engañada; Adán admitió tácitamente que su acto había sido deliberado, con pleno
conocimiento de sus consecuencias.

14.

Maldita serás.

La maldición del pecado descansa no sólo sobre la serpiente sino sobre toda la
creación animal, aunque ella había de llevar una maldición mayor que sus
congéneres. La serpiente, que antes era la más inteligente y bella de las
criaturas, quedó ahora privada de las alas y condenada, de allí en adelante, a
arrastrarse sobre el polvo.

No debiera suponerse que los brutos irracionales fueron hechos así objeto de la
ira de un Dios vengativo. Esta maldición fue para el beneficio de Adán, como
un medio de impresionarlo con las abarcantes consecuencias del pecado. Debe
haber provocado intenso sufrimiento a su corazón el contemplar esas criaturas
-cuyo protector se esperaba que fuera él- llevando los resultados de su pecado
(PP 54). Sobre la serpiente, que se había convertido para siempre en el
símbolo del mal, cayó la maldición más pesadamente; no tanto para que sufriera
como para que también pudiera ser para el hombre un símbolo de los resultados
del pecado. No es de admirarse que la mayoría de los seres humanos sientan
repugnancia y temor en la presencia de una serpiente.

Polvo comerás.

El hecho de que las serpientes no comen polvo en realidad ha hecho que algunos
comentadores declaren que los antiguos se equivocaron pensando que este animal,
que siempre se arrastra sobre el vientre y vive aun en los desiertos donde
apenas hay alimento, se alimentaba de polvo. Dicen ellos que este falso
concepto influyó en el autor del Génesis para formular la maldición pronunciada
sobre la serpiente para que armonizara con esa creencia que tenían en común.
Los eruditos conservadores han tratado, con poco éxito, de mostrar que la
serpiente come algo de polvo cuando come su alimento. ¿Pero no pasa esto
también con muchos animales que toman su alimento del suelo? Desaparece este
problema cuando consideramos como figurada la frase "polvo comerás". Fue usada
en este sentido por los pueblos antiguos como lo revelan su literatura y cartas
recientemente recuperadas. El antiguo mito pagano del descenso de Astarté al
infierno habla de gente maldita de la cual "polvo es su comida y arcilla su
alimento". Entre las maldiciones pronunciadas contra los enemigos se repite
vez tras vez el deseo de que tengan que comer polvo. En el viejo himno de
batalla galés, "Marcha de los hombres de Harlech", se lanza una mofa contra los
enemigos: "Morderán el polvo". Vista así, la expresión "Polvo comerás todos
los días de tu vida", significa sencillamente: "Serás la más maldita de todas
las criaturas".

15.

Pondré enemistad.

Aquí el Señor deja de dirigirse a la serpiente literal que habló a Eva, para
pronunciar juicio sobre el diablo, la serpiente antigua. Este juicio,
expresado en lenguaje profético, siempre ha sido entendido por la iglesia
cristiana como una predicción de la venida del Libertador. Aunque esta
interpretación es incuestionablemente correcta, puede señalarse que la profecía
es también literalmente verdadera: hay una enemistad mortal entre la serpiente
y el hombre doquiera se encuentran los dos.

Entre tu simiente y la simiente suya.

Se hace referencia a la lucha secular entre la simiente de Satanás -sus
seguidores- (Juan 8: 44; Hech. 13: 10; 1 Juan 3: 10) y la simiente de la mujer.
El Señor Jesucristo es llamado la 245 "simiente" por antonomasia (Apoc. 12:
1-5; cf. Gál. 3: 16, 19); fue él quien vino "para deshacer las obras del
diablo" (Heb. 2: 14; 1 Juan 3: 8).

Esta te herirá en la cabeza.

"Herirá, shuf. Esta palabra significa "aplastar" o "estar al acecho de
alguien". Es evidente que aplastar la cabeza es mucho más grave que aplastar
el talón. Como represalia, la serpiente sólo ha podido herir el talón de la
simiente de la mujer.

La "simiente" se expresa en singular, indicando que no es una multitud de
descendientes de la mujer los que, en conjunto, se ocuparán de aplastar la
cabeza de la serpiente, sino más bien que un solo individuo zará eso. Estas
observaciones muestran claramente que en este anuncio está condensada la
relación del gran conflicto entre Cristo y Satanás, una batalla que comenzó en
el cielo (Apoc. 12: 7-9), continuó en la tierra, donde Cristo otra vez derrotó
a Satanás (Heb. 2: 14), y terminará finalmente con la destrucción del maligno
al fin del milenio (Apoc. 20: 10). Cristo no salió ileso de esta batalla. Las
señales de los clavos en sus manos y pies y la cicatriz en su costado serán
recordativos eternos de la fiera lucha en la cual la serpiente hirió a la
simiente de la mujer (Juan 20: 25; Zac. 13: 6; PE 53).

Este anuncio debe haber producido gran consuelo en los dos desfallecientes
transgresores que estaban delante de Dios, de cuyos preceptos se habían
apartado. Adán, virrey de Dios en la tierra mientras permaneciera leal, había
cedido su autoridad a Satanás al transferir su lealtad de Dios a la serpiente.
Que Satanás comprendía plenamente sus usurpados "derechos" sobre esta tierra,
obtenidos al ganar la sumisión de Adán, es claro por su afirmación ante Cristo
en el monte de la tentación (Luc. 4: 5, 6). Adán empezó a comprender la
magnitud de su pérdida: de gobernante de este mundo se había convertido en
esclavo de Satanás. Sin embargo, antes de oír el pronunciamiento de su propia
sentencia, fue aplicado a su alma quebrantada el bálsamo sanador de la
esperanza. De ella, a quien había culpado por su caída, él debía esperar su
liberación: la simiente prometida en quien habría poder para vencer al
archienemigo de Dios y del hombre.

¡Cuán bondadoso fue Dios! La justicia divina requería castigo para el pecado,
pero la misericordia divina ya había hallado una forma para redimir a la raza
humana caída: por el sacrificio voluntario del Hijo de Dios (1 Ped. 1: 20; Efe.
3: 11; 2 Tim. 1: 9; Apoc. 13: 8). Dios instituyó el ritual de los sacrificios
para proporcionar al hombre una ayuda visual, a fin de que pudiera comprender
algo del precio que se debía pagar para expiar su pecado. El cordero inocente
tenía que dar su sangre en lugar de la del hombre y su piel para cubrir la
desnudez del pecador, a fin de que el hombre pudiera así recordar siempre por
medio de los símbolos al Hijo de Dios, que tendría que entregar su vida para
expiar la transgresión del hombre y cuya justicia sería lo único suficiente
para cubrirlo. No sabemos cuán clara fue la comprensión de Adán del plan de la
redención, pero podemos estar seguros de que le fue revelado lo suficiente para
asegurarle que el pecado no duraría para siempre, que de la simiente de la
mujer nacería el Redentor, que sería recuperado el dominio perdido y que se
restauraría la felicidad del Edén. De principio a fin, el Evangelio de
salvación es el tema de las Escrituras.

16.

Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces.

En el mismo principio se le había ordenado al hombre: "Fructificad y
multiplicaos" (cap. 1: 28). De ahí que los embarazos tenían el propósito de
ser una bendición y no una maldición. Pero la entrada del pecado significó que
de allí en adelante la preñez sería acompañada por el dolor.

Con dolor.

Ciertamente, los dolores del parto iban a ser tan intensos que en las
Escrituras son un símbolo de la más tremenda angustia corporal y mental (Miq.
4: 9, 10; 1 Tes. 5: 3; Juan 16: 21; Apoc. 12: 2).

Tu deseo será para tu marido.

La palabra hebrea shuq, "deseo", significa "ir en pos de algo", "tener un
intenso anhelo de una cosa", lo que indica el más fuerte deseo posible por
ella. Aunque oprimida por el hombre y torturada por los dolores del parto, la
mujer todavía sentiría un intenso deseo por su esposo. Los comentadores están
divididos en su opinión en cuanto a si ésta es una parte del castigo. Parece
razonable concluir que este "deseo" fue dado para aliviar los dolores del sexo
femenino y para unir aún más estrechamente el corazón de esposo y esposa.

El se enseñoreará de ti.

La mujer había quebrantado su relación con el hombre, divinamente señalada. En
vez de ser una "ayuda idónea" para él, se había convertido en su 246 seductora.
Por eso perdió su condición de igualdad con el hombre; él iba a "enseñorearse"
de ella como señor y amo. En las Escrituras, se describe a una esposa como que
es "poseída" por su señor. Entre la mayoría de los pueblos que no son
cristianos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la
degradación y a una esclavitud virtual. Sin embargo, entre los hebreos la
condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni
esclavitud. El cristianismo ha colocado a la mujer en la misma plataforma que
el hombre en lo que atañe a las bendiciones del Evangelio (Gál. 3: 28). Aunque
el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios cristianos llevarán al
hombre y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno
está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que
cualquiera de ellos trate de "enseñorearse" del otro (ver Col. 3: 18, 19).

17.

Por cuanto obedeciste.

Por primera vez se usa aquí el sustantivo "Adán" como un sustantivo propio sin
el artículo -hecho que no se advierte en la VVR, donde ha'adam, en los caps. 2:
19, 23; 3: 8, 9, se traduce como un nombre personal, aunque el artículo, en
cada caso, indica que la palabra se usa en el sentido de "el hombre". Antes de
pronunciar sentencia, Dios explicó por qué ésta era necesaria y adecuada. Adán
había procedido de acuerdo con los persuasivos argumentos de Eva, poniendo la
palabra de ella por encima de la de Dios. Así había retirado de Dios su afecto
supremo y lealtad, perdiendo legalmente las bendiciones de la vida y aun la
vida misma. Al exaltar su voluntad por encima de la voluntad de Dios, Adán
debía aprender que independizarse de Dios no significa colocarse en una esfera
más excelsa de existencia sino separarse de la Fuente de la vida. De ahí que
la muerte le mostraría la completa falta de valor de su propia naturaleza.

Maldita será la tierra.

Debiera notarse otra vez que Dios no maldijo ni a Adán ni a su esposa. Tan
sólo fueron pronunciadas maldiciones sobre la serpiente y la tierra. Pero Dios
dijo a Adán: "Maldita será la tierra por tu causa".

Con dolor comerás.

La misma palabra que había sido usada para expresar los sufrimientos
relacionados con el parto, ahora se usa para informar a Adán de las
dificultades que encontraría al sacar a duras penas un mísero sustento de la
tierra maldita. Mientras viviera allí, no tendría esperanza de que se aliviara
esto. La expresión "todos los días de tu vida" es la primera indicación de que
vendría con seguridad la muerte aunque ese hecho se pospondría por un tiempo.

18.

Espinas y cardos.

Antes de la caída, la tierra producía sólo plantas que eran útiles como
alimento o bellas para recrear la vista. Ahora había de producir también
"espinas y cardos" (EC 307). El trabajo aumentado, necesario para cultivar la
tierra, incrementaría la aflicción de la existencia del hombre. Tenía que
aprender, por amarga experiencia, que la vida apartada de Dios, en el mejor de
los casos, es dolor y aflicción.

Comerás plantas.

El castigo divino implicaba también un cambio parcial en el régimen
alimentario. Es evidente que debemos deducir que los cereales, frutas
oleaginosas y otras frutas que recibió el hombre originalmente se redujeron
tanto en cantidad y calidad, como resultado de la maldición, que el hombre se
vio obligado a recurrir a las plantas para su alimento diario. Este cambio
también podría haberse debido, en parte, a la pérdida de ciertos elementos
procedentes del árbol de la vida, a un cambio en el clima y quizá,
principalmente, a la sentencia del duro trabajo del hombre para ganarse el
sustento.

19.

Con el sudor de tu rostro.

Se expresa ahora vívidamente el arduo esfuerzo que había de añadirse a la
gravosa vida del hombre. Esto se refiere específicamente al agricultor que
debe vivir arrancando de una tierra maldispuesta el alimento para sí mismo y su
familia, pero se aplica igualmente para todos los otros oficios. Desde la
caída de Adán, todo lo que gane el hombre se puede alcanzar sólo mediante un
esfuerzo. Con todo, debiera reconocerse que este castigo fue en realidad una
bendición disfrazada para los seres pecadores. Cuando un hombre trabaja, es
mucho menos probable que peque que cuando pasa sus días en la ociosidad. El
esfuerzo y el trabajo desarrollan el carácter y le enseñan humildad al hombre y
cooperación con Dios. Esta es una razón por la que la iglesia cristiana
generalmente ha encontrado sus más leales adherentes y sustentadores en la
clase trabajadora. El trabajo, aun cuando sea arduo, no debiera ser
despreciado, porque "hay una bendición en él".

Hasta que vuelvas a la tierra.

El Señor 247 informó a Adán que la tumba era su destino cierto. Así entendió
el hombre que el plan de la redención (vers. 15) no impediría la pérdida de su
vida actual, sino que le ofrecía la seguridad de una vida nueva. Con el cambio
ocurrido en la naturaleza de Adán y Eva -de inmortalidad condicional a
mortalidad- comenzó el cumplimiento de la horrenda predicción: "El día que de
él comieres, ciertamente morirás". Dios, obrando con misericordia, concedió al
hombre un tiempo de gracia; de lo contrario la muerte habría ocurrido
inmediatamente. La justicia divina requería que el hombre muriera, pero la
misericordia divina le concedió la oportunidad de vivir.

20.

Llamó Adán el nombre de su mujer, Eva.

Este versículo no es una confusa interpolación introducida en el contexto del
relato de la caída y sus consecuencias, tal como sostienen algunos
comentadores. En cambio muestra que Adán creía en la promesa concerniente a la
"simiente" de la mujer, creencia que se revela en el nombre que dio a su
esposa.

Eva, jawwah. Jawwah significa "vida". La LXX traduce esta palabra como zoé.
El término jawwah es una antigua forma semítica que también se encuentra en
arcaicas inscripciones fenicias; sin embargo ya no se usaba en hebreo en el
tiempo cuando se escribió el Pentateuco. Se ha considerado esto como una
indicación de que Adán hablaba un antiguo idioma semítico. Si Moisés hubiese
usado un equivalente hebreo de su época, habría escrito el nombre de la mujer
jayyah, en vez de jawwah; pero al dar el nombre usando una palabra arcaica,
revela que su conocimiento se remonta al pasado remoto. La palabra jawwah fue
transliterada Eua en Gén. 4:1, en la LXX. De allí viene nuestra palabra "Eva".

Ella era madre.

Adán dio a su esposa el nombre de "la que vive". Lo hizo por fe, porque veía
en ella a la "madre de todos los vivientes", en un momento cuando su sentencia
de muerte acababa de ser pronunciada. También contempló más allá de la tumba,
y vio en la simiente prometida a su mujer a Aquel que devolvería a ellos y a
sus descendientes la inmortalidad que habían perdido legalmente ese día. En
vez de llamarla con melancolía y desesperación -como podría esperarse debido a
las circunstancias- "la madre de todos los sentenciados a muerte", él fijó los
ojos por fe en su Juez, y antes de que ella diera a luz su primogénito, la
llamó con esperanza "la que vive". Ciertamente, la fe fue para él "la certeza
de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Heb. 11: 1).

21.

Túnicas de pieles.

Antes de expulsar a Adán y a Eva del huerto, Dios les proporcionó vestimentas
más durables, adecuadas para el trabajo físico que en adelante sería su
ocupación, y como protección contra los cambios de temperatura del ambiente que
seguirían a la caída (PP 46). También las pieles eran un recordativo constante
de su perdida inocencia, de la muerte como la paga del pecado y del prometido
Cordero de Dios quien, por su propia muerte vicaria, quitaría los pecados del
mundo. El que había sido comisionado como protector de los animales creados,
desgraciadamente ahora se encontró quitando la vida de uno de ellos. Estos
debían morir para que él viviese.

El servicio de sacrificios, aunque no se menciona específicamente aquí, fue
instituido en ese tiempo (PP 54; cf. DTG 20). El relato de los sacrificios de
Caín y Abel, narrado en el capítulo siguiente, muestra que los primeros hijos
de Adán y Eva estaban bien familiarizados con ese ritual. Si Dios no hubiera
dictado reglamentaciones definidas respecto de los sacrificios, habría sido
arbitraria su aprobación de la ofrenda de Abel y su desaprobación de la de
Caín. Al no acusar Caín a Dios de parcialidad, ponía en evidencia que tanto él
como su hermano sabían lo que era requerido. La universalidad de los
sacrificios de animales en los tiempos antiguos señala el origen común de esa
práctica.

22.

Como uno de nosotros.

El hombre se había enterado de su castigo y del plan de redención, y se le
habían proporcionado vestimentas. Por su desobediencia había conocido la
diferencia entre el bien y el mal, al paso que Dios había procurado que
obtuviera ese conocimiento mediante su espontánea cooperación con la voluntad
divina. La promesa de Satanás de que el hombre llegaría a ser "como Dios" tan
sólo se cumplió en que el hombre ahora conocía algo de los resultados del
pecado.

Alargue su mano.

Inmediatamente después de la caída fue necesario evitar que el hombre
continuara comiendo el fruto del árbol de la vida, para que no se convirtiera
en un pecador inmortal (PP 44). Por el pecado, el hombre había caído bajo el
poder de la 248 muerte. De manera que el fruto que producía la inmortalidad
ahora sólo podía provocarle daño. La inmortalidad experimentada en un estado
de pecado, y por lo tanto en una desventura eterna, no era la vida que Dios
concibió para el hombre. Negar al hombre acceso a ese árbol vivificador fue
tan sólo un acto de misericordia divina que quizá Adán no apreció plenamente en
ese tiempo, pero por el cual estará agradecido en el mundo venidero. Allí
comerá eternamente del árbol de la vida por tanto tiempo perdido ( Apoc. 22: 2,
14). Al participar de los emblemas del sacrificio de Cristo, tenemos el
privilegio de comer por fe del fruto de aquel árbol, y de vislumbrar
confiadamente el tiempo cuando podamos arrancar y comer su fruto con todos los
redimidos en el paraíso de Dios (MM 366).

24.

Echó, pues, fuera al hombre.

Al expulsar a Adán y a Eva del Edén y al enviarlos a ganarse la vida con el
sudor de su frente, Dios realizó lo que debe haber sido para él, tanto como
para Adán, un triste deber. Aun después de haber talado las selvas primitivas,
siempre habría una lucha perpetua contra malezas, insectos y animales salvajes.

Querubines.

No es claro el origen del sustantivo "querubín", pero la palabra querubín está
probablemente relacionada con la palabra asiria karábu, "bendecir" u "orar".
La Biblia presenta a los querubines como pertenecientes a la clase de seres que
llamamos ángeles, especialmente los que están cerca de Dios y de su trono (Eze.
9: 3; 10: 4; Sal. 99: 1). Por eso las figuras de los querubines habían de
estar encima del arca y en las cortinas del tabernáculo (Exo. 25: 18; 26: 1,
31) y más tarde fueron esculpidos en las paredes y puertas del templo (1 Rey.
6: 29, 32, 35).

Una remembranza de seres celestiales que custodian el camino al árbol de la
vida quizá se ha conservado en la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés,
quien salió en procura de la "hierba de la vida", o inmortalidad. Del lugar
donde había de encontrarse la "hierba de la vida", la epopeya informa que
"hombres como escorpiones vigilan su portón, cuyo terror es terrible, el
contemplarlos es muerte; su pavorosa gloria derriba montañas". Los palacios
asirios eran custodiados por grandes colosos alados llamados káribu, medio
toros y medio hombres, tal vez una adulteración pagana del registro de los
guardianes del paraíso instituidos por Dios, En los templos egipcios se
encuentran numerosas representaciones de querubines, criaturas similares a
seres humanos, con sus alas extendidas para proteger el sagrario de la deidad.

Una espada encendida.

La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina. Como tal, la
Shekinah, gloria de Dios, aparecía entre los dos querubines, uno a cada lado
del propiciatorio que cubría el arca del pacto en el lugar santísimo (ver Exo.
25: 22; Isa. 37: 16; DTG 429; PP 360; CS 26). La frase "una espada encendida"
es más bien una traducción inexacta del hebreo que dice literalmente "un fulgor
de la espada". No había ninguna espada literal que guardara el portón del
paraíso. Más bien había lo que parecía ser el centelleante reflejo de luz de
una espada "que se revolvía por todos lados" con gran rapidez, haciendo
refulgir dardos de luz que irradiaban de un centro intensamente brillante.
Además la forma del verbo hebreo, mithhappéketh, traducido en la VVR "se
revolvía por todos lados", significa en realidad "dándose vuelta a todos
lados". Esta forma verbal se usa exclusivamente para expresar una acción
reflexiva intensa y, en este caso, necesariamente significa que la "espada"
parecía girar sola sobre sí misma. Esta radiante luz viviente no era sino la
gloria de la Shekinah, la manifestación de la presencia divina. Ante ella,
durante siglos, los leales a Dios se reunían para adorarle (PP 46, 69-71).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-24 PP 34-47; SR 32-41

1 CS 559, 586; DTG 93; 1JT 123; PP 36; SR 32; 5T 384, 504

1-5 CH 108, 109; CS 610; PP 36; 5T 503

1-8 CM 14; MC 334

2-5 CS 586; SR 33

3 Te 251

3-5 Ed 21

4 CS 588, 594; ECFP 87; Ev 434; 1JT 100, 118, 120, 488; PE 218;
PP 83; SR 388; 3T 72

4, 5 CS 618; PP 740; PVGM 92; SR 398

4-6 1JT 497; 1T 565; 3T 455 249

5 CM 275; CS 587, 594; Ed 22; FE 437; 1JT 177; 2JT 307, 335; PR132; SR
395; 5T 625 PP 83; SR 388; 3T 72

5, 6 EC 17

6 CH 108,111, 409; CRA 171; CS 587; DMJ 49; DTG 9 1; Ed 21; Ev 443; FE
446, 471; 1JT 4129 417, 422,427, 511; 2JT 430; 3JT 268; MeM 333, 366; MJ 67,
73; MM 93; OE 274; PE 125, 147, 218; 3T 72, 161, 324; 4T 573; 5T 504; Te 13,
15, 19, 242

7 MC 366; MeM 321; PP 26, 40; PVGM 295, 296

8 CC 15

8-12 PP 41

9-14 SR 39

12, 13 CC 39; 5T 638

13-16 PP 41

15 CS 559, 561; DTG 23, 361 789 891 5321 618; Ed 23; FV 74; HAp 180;
1JT 590, 591; 3JT 430; PE 177; PP 51, 62. 386; PR 502, 505, 517; Te 244, 252

16 1JT 413; PP 42

17 CC 8

17, 18 Ed 97; MC 228; PVGM 272; 8T 256

17-9 Ed 22; PP 31, 43; SR 40

18, 19 FE 13; 3JT 430

19 CM 209; CS 587, 588; FE 314, 326; HAd 23; 2JT 48; PP 511 2T 529

21 PP 46; SR 46

22, 23 TM 130

23 MeM 173; SR 46

23, 24 Ed 22; PE 51, 218

24 CS 565, 589; 2JT 374; MeM 366; PP 44, 46, 70, 71, 126, 148; SR 388;
TM 131

CAPÍTULO 4

1 Nacimiento, profesión y vocación religiosa de Caín y Abel. 8 Asesinato de
Abel. 11 Maldición de Caín. 17 Enoc, nombre de la primera ciudad. 19 Lamec y
sus dos esposas. 25 Nacimiento de Set, 26 y de Enós.

1 CONOCIÓ Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por
voluntad de Jehová he adquirido varón.

2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue
labrador de la tierra.

3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una
ofrenda a Jehová.

4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de
ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran
manera, y decayó su semblante.

6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado y por qué ha decaído tu
semblante?

7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está
a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando
ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

9 Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé.
¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí
desde la tierra.

11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de
tu mano la sangre de tu hermano.

12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero
serás en la tierra.

13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.

14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré
errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me
matará.

15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces
será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase
cualquiera que le hallara.

16 Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al
oriente de Edén.

17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió 250 y dio a luz a Enoc; y
edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.

18 Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a
Metusael, y Metusael engendró a Lamec.

19 Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre
de la otra, Zila.

20 YAda dió a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y
crían ganados.

21 Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que
tocan arpa y flauta.

22 Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de
hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama.

23 Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; Mujeres de Lamec,
escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, Y un joven por mi golpe.

24 Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo
será.

25 Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su
nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de
Abel, a quien mató Caín.

26 Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los
hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

1.

Por voluntad de Jehová he adquirido varón.

En hebreo dice literalmente: "He adquirido un hombre, el Señor". Cuando Eva
tuvo a su primogénito en sus brazos, indudablemente recordó la promesa divina
del cap. 3: 15, y acariciando la esperanza de que él fuera el Libertador
prometido, lo llamó Qáyin, "adquirido" (DTG 23). ¡Vana esperanza! Su ávido
anhelo de un rápido cumplimiento de la promesa evangélica encontraría el más
amargo desengaño. No sabía que ése, su primer hijo, llegaría a ser el primer
asesino del mundo.

2.

Su hermano Abel.

La ausencia de la expresión usual "concibió" y el uso de la expresión peculiar
"dio a luz", literalmente "continuó dando a luz", han sugerido a algunos
comentadores que Abel era hermano gemelo de Caín. Quizá esto sea verdad pero
no se deduce necesariamente del versículo. El nombre Abel significa "vanidad"
o "nada". Indica que las esperanzas maternas ya habían sido defraudadas con su
hijo mayor, o que Abel personificaba para ella las calamidades de la vida
humana. En este capítulo, siete veces Abel es llamado el hermano de Caín,
aparentemente para hacer realzar la atrocidad del pecado de Caín.

Pastor de ovejas.

No hay razón para encontrar en las ocupaciones elegidas por los dos hombres una
indicación de diferencia en carácter moral, aunque esas elecciones
probablemente fueron determinadas por sus talentos e inclinaciones.

3.

Andando el tiempo.

Literalmente, "al fin de días". Esto denota el transcurso de un período de
tiempo considerable, indefinido, y que puede indicar la estación de la cosecha.
Suponer que esto significa el fin de una semana o un año, como lo han sugerido
algunos comentadores, no tiene mucho asidero, pues no hay una razón particular
para que ninguno de estos períodos sea aquí mencionado. Sin embargo, la
palabra yamim, "días", se usa en numerosos casos donde el contexto aclara que
quiere decir un año. En tales casos se ha traducido "año" (ver Exo. 13: 10;
Núm. 9: 22; 1 Sam. 2: 19; 27: 7; 2 Crón. 21: 19; etc.).

Una ofrenda a Jehová.

"Ofrenda", minjah. Se usa minjah en las leyes levíticas para la ofrenda
incruenta de agradecimiento, que constaba de harina y de aceite, o harina
preparada con incienso (Lev. 2: 1, 4, 14, 15). Sin embargo, aquí la palabra
tiene un significado más amplio e incluye tanto una ofrenda comestible como el
sacrificio de animales, porque se usa para designar no sólo la ofrenda
incruenta de Caín sino también el sacrificio de Abel (vers. 4). No se indica
si Caín o Abel construyeron un altar para sus ofrendas, pero obviamente deben
haberlo hecho (PP 58). La siguiente vez en que se habla en la Biblia de un
sacrificio, se menciona el altar (Gén. 8: 20). El sistema de ofrendas de
sacrificios había sido introducido por Dios cuando el hombre fue expulsado del
huerto (PP 54, 58). Los siguientes versículos aclaran que Caín sabía que
estaba haciendo mal al presentar la clase de ofrenda que ofreció a Dios. Se le
251 había enseñado que la sangre del Hijo de Dios haría expiación de sus
pecados. Al seguir la regla instituida divinamente de sacrificar un cordero
por sus pecados, él hubiera mostrado lealtad a Dios, quien había ordenado el
sistema de sacrificios, y habría expresado fe en el plan de la redención (Heb.
11: 4). El predominio universal de los sacrificios en los pueblos antiguos
indica que existía un precepto divino más bien que una invención humana en lo
que atañe a su origen (DTG 20).

¿Qué hizo que la ofrenda de Caín no fuera aceptable para Dios? El reconoció
parcialmente, a regañadientes, los derechos de Dios sobre él. Pero un espíritu
secreto de resentimiento y rebelión lo movió a responder a las órdenes de Dios
según su propia elección, antes que seguir el plan establecido por Dios.
Obedeció en apariencia, pero su forma de proceder revelaba un espíritu
desafiante. Caín se propuso justificarse a sí mismo por sus propias obras,
ganar la salvación por sus méritos personales. Rehusando reconocerse como
pecador que necesitaba un salvador, ofreció una ofrenda que no expresaba
penitencia por el pecado: una ofrenda incruenta. Y "sin derramamiento de
sangre no se hace remisión" pues "la misma sangre hará expiación de la persona"
(Heb. 9: 22; Lev. 17: 11; PP 581 59).

Caín reconocía la existencia de Dios y su poder para dar o para retener las
bendiciones terrenales. Sintiendo que era ventajoso vivir en buenos términos
con la Deidad, Caín consideró que era conveniente apaciguar y eludir la ira
divina mediante una ofrenda, aunque la ofreciera de mala gana. Dejó de
comprender que el cumplimiento parcial y formal de los requisitos explícitos de
Dios no podía ganar el favor divino como sustituto de la verdadera obediencia y
contrición del corazón. Procedemos bien hoy día cuando examinamos nuestro
corazón para que no seamos hallados, como Caín, ofreciendo a Dios ofrendas sin
valor e inaceptables.

4.

Los primogénitos de sus ovejas.

El ritual de los sacrificios como fue presentado por Moisés requería derramar
la sangre de los animales primogénitos sobre el altar y quemar su grasa sobre
el fuego (Núm. 18: 17). La ofrenda de Abel fue una demostración de fe (Heb.
11: 4). Por contraste, la ofrenda de Caín fue un intento de ganar la salvación
por las obras. En el caso de Abel, la fe en el plan de la salvación y en el
sacrificio expiatorio de Cristo se reveló en una obediencia sin reservas.

Con agrado.

Sha´já, "considerar con benevolencia". Aunque no se revela aquí la forma en
que Dios aceptó la ofrenda de Abel, esa aceptación resulta evidente, porque el
sacrificio fue consumido por fuego divino, tal como sucedió frecuentemente en
tiempos posteriores (ver Lev. 9: 24; Juec. 6: 2 1; 1 Rey. 18: 38; 1 Crón. 21:
26; 2 Crón. 7: 1; PP 58). Es digno de notarse que al aceptar Dios el
sacrificio de Abel lo estaba aceptando a él personalmente. En realidad, en la
narración se menciona primero la aceptación de Abel mismo antes de la
aceptación de su ofrenda. Esto es una indicación de que Dios no estaba tan
interesado en el sacrificio como en el que lo ofrecía.

5.

A Caín y a la ofrenda suya.

Caín notó la ausencia de una señal visible del agrado de Dios y de la
aceptación de su ofrenda. Como resultado, se llenó de una ira reconcentrada y
temeraria. La frase hebrea que aquí se usa puede traducirse literalmente: "Le
ardió mucho a Caín". Sintió un fiero resentimiento contra su hermano y hacia
Dios. Indudablemente no experimentó dolor por el pecado, ni sintió necesidad
de autoexaminarse ni de orar pidiendo luz o perdón. La conducta de Caín
ejemplifica la de un pecador contumaz e impenitente cuyo corazón no es
quebrantado por la corrección ni el reproche, sino que se hace más duro y
rebelde aún. Caín no ocultó sus sentimientos de frustración, desagrado e ira.
Su rostro demostraba su resentimiento.

6.

¿Por qué te has ensañado?

El que habla aquí es Dios. En este pasaje, y además en los vers. 14 y 16, se
advierte que Dios no había dejado de acercarse personalmente a los hombres
después de haberlos expulsado del huerto. El rechazo de la ofrenda de Caín no
significó necesariamente el rechazo de Caín mismo. Dios, con misericordia y
paciencia, estaba listo para darle otra oportunidad. Aunque Dios manifestó
claramente su desagrado al rechazar la ofrenda, se presentó al pecador y razonó
con él para persuadirlo del error de su proceder y de lo irrazonable de su ira.
Dios habló a Caín como a un niño caprichoso, para ayudarle a comprender
claramente cuál era la verdadera motivación que asechaba como bestia salvaje,
en su fuero interior. La pregunta "por qué" tenía el propósito de inducir a
Caín a reconocer que su ira 252 era ilógica. Debía comprender que Dios tenía
una razón válida para rechazar su ofrenda. El mismo debía descubrir la causa
del desagrado divino para eliminarla.

7.

Si bien hicieres.

Este versículo presenta ciertas dificultades lingüísticas que han inducido a
algunos comentadores modernos a pensar que el error de un copista cambió el
texto hebreo. Que aun en sus días los traductores de la LXX encontraron oscuro
su significado es evidente por su traducción mutilada del pasaje. Los rabinos
trataron de explicarlo arguyendo que la ofrenda de Caín fue rechazada porque no
había seguido con exactitud las normas que regulaban los sacrificios y que con
el tiempo constituirían el ritual levítico. Pero el contraste obvio entre los
resultados de "hacer bien" y de "no hacer bien" eliminan la necesidad de una
explicación tal. La primera cláusula dice literalmente: "¿No hay acaso un
alivio si tú haces bien?" ¿Qué se aliviaría? ¿La carga de la culpa o el
semblante? La expresión "levantar el rostro" como equivalente de "estar gozoso
o ser inocente" es común en hebreo (Job 11: 15; 22: 26; 2 Sam. 2: 22), y
probablemente aparece aquí en una forma abreviada como un complemento de la
declaración precedente de que había decaído el rostro de Caín (vers. 6). Dios
quería que Caín entendiera que si enmendaba su conducta y vivía de acuerdo con
los preceptos divinos, ya no habría razón para que Dios mostrara su desagrado,
y por lo tanto el rostro de Caín no tendría necesidad de manifestar ira y
desengaño. Sin embargo, si Caín no cambiaba, si continuaba en la senda del
mal, el pecado lo abrumaría. La expresión "el pecado está a la puerta"
(asechando como una fiera) es probablemente un dicho proverbial (1 Ped. 5: 8).

Pecado.

Algunos han sugerido que la palabra hebrea traducida aquí "pecado",jatta'th,
debiera traducirse "ofrenda por el pecado" tal como se lo hace casi en la mitad
de los pasajes donde aparece en el AT (ver por ejemplo Exo. 30: 10; Lev. 4: 32;
Núm. 7: 16, 22; etc.; cf. Ose. 4: 8; Heb. g: 28; 2 Cor. 5: 21). Si así fuera,
Dios habría dicho a Caín: "Si tú fueras inocente, tu [incruenta] ofrenda sería
aceptable como una ofrenda de gratitud, ¿acaso no lo sería? Y cuando tú pecas,
¿no hay acaso una ofrenda para el pecado siempre a mano?" Debe hacerse resaltar
una dificultad que surge si se quiere traducir jatta'th como "ofrenda por el
pecado". Jatta'th es en hebreo una palabra del género femenino, al paso que el
vocablo robets, "está", es masculino. Este debiera ser femenino para concordar
con jatta'th, que es su sujeto. Esta diferencia sugiere que Moisés estaba
personificando el "pecado" como un animal feroz agazapado a la puerta y por eso
eligió deliberadamente que robets concordara con el animal feroz masculino de
su figura literaria más bien que con el sujeto en su sentido literal: "pecado"
u "ofrenda", que en hebreo es femenino.

A ti será su deseo.

Esto no se puede referir a que Abel tuviera un "deseo" hacia su hermano mayor
en el mismo sentido en que Eva lo tuvo hacia su esposo (ver cap. 3: 16), es
decir, aceptar su supremacía. Una explicación tal parecería discordar con el
contexto y con los principios divinos. Si se personifica al pecado como un
animal feroz que está asechando a Caín, sería apropiado continuar la
comparación traduciéndola tal como está en la BJ: "A la puerta está el pecado,
como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar".

8.

Dijo Caín a su hermano Abel.

En la versión Reina-Valera anterior a la revisión de 1960 no estaba indicado
qué dijo Caín a su hermano Abel. Después de la revisión se lee: "Salgamos al
campo". Estas palabras están en la versión Samaritana y en la LXX. Esta
cláusula parece ser una adición de un copista, aunque el contexto da lugar a
aceptar como enteramente posible que haya estado en el original. No es
probable que Caín le contara a Abel lo que Dios le acababa de decir, pero puede
haber tratado de argumentar con su hermano acusando a Dios de injusticia en su
trato con él.

Estando ellos en el campo.

Las obras de Caín "eran malas y las de su hermano justas" (1 Juan 3: 12). Por
esto Caín mató a su hermano. La enemistad entre el bien y el mal, predicha por
Dios antes de la expulsión del huerto, se vio ahora por primera vez en su forma
más horrible. En este versículo, se añaden dos veces las palabras "su hermano"
al nombre de Abel para presentar claramente el horror del pecado de Caín. En
él, la simiente de la mujer ya se había convertido en la simiente de la
serpiente. El crimen de Caín revelaba la verdadera naturaleza de Satanás como
"homicida desde el principio" (Juan 8: 44). Ya había surgido el contraste
entre las dos "simientes" dentro de la raza humana, 253contraste que continúa a
través de toda la historia de la humanidad.

9.

¿Dónde está Abel tu hermano?

Como en el caso de Adán y Eva, ahora Dios buscó a Caín para mostrarle su
transgresión en su enfoque debido, para despertar su conciencia culpable al
arrepentimiento, y para crear en él un nuevo corazón. Así como Dios se había
presentado a los padres de Caín con una pregunta, así también ahora se presentó
a Caín. Sin embargo, los resultados fueron muy diferentes. Caín osadamente
negó su culpa. La desobediencia lo había llevado al asesinato; al asesinato
añadió ahora la mentira y la oposición obstinada, pensando ciegamente que iba a
ocultar su crimen de Dios.

10.

¿Qué has hecho?

No habiendo dado resultados el trato indirecto y suave, Dios procedió a acusar
a Caín de su crimen. La pregunta "¿Qué has hecho?" implicaba un conocimiento
perfecto de los hechos.

La voz de la sangre de tu hermano.

El espantado asesino encontró que un Dios que todo lo ve y que todo lo sabe
leía su alma desnuda. ¿Cómo podía Aquel que advierte la caída de un gorrión,
Aquel que es el autor de la vida, quedar sordo ante el silencioso clamor del
primer mártir (ver Sal. 116: 15)? La sangre es la vida, y como tal es preciosa
para el gran Dador de la vida (Gén. g: 4). Contra todas las crueldades del
hombre hacia sus prójimos, a lo largo de todos los siglos, el clamor de Abel
asciende a Dios (Heb. 11: 4). Abel fue muerto por un pariente cercano.
También Cristo, al venir al mundo como "pariente" de la humanidad, fue
rechazado y muerto por sus hermanos.

11.

Ahora, pues, maldito seas tú.

Una maldición divina ya había caído sobre la serpiente y sobre la tierra (cap.
3: 14, 17); ahora, por primera vez, cae sobre un hombre. La frase traducida en
la VVR, "maldito seas tú de la tierra", con igual exactitud puede ser traducida
como un comparativo: "Tú eres más maldito que la tierra". Algunos comentadores
han entendido que este texto quiere decir que Caín fue desterrado a una región
menos fértil. El contexto (vers. 12, 14) parece estar a favor de esta
explicación, o quizá la idea de que debido a que Caín había usado mal los
frutos de la tierra, Dios no le permitiría más ganar su sustento trabajando la
tierra. Una persona errante en la tierra (vers. 14, 16), ya sea pastor o
nómada, no puede ser un agricultor de éxito.

12.

No te volverá a dar su fuerza.

Caín fue condenado a una vida perpetuamente errante a fin de conseguir alimento
para sí mismo, para su familia y sus animales. Habiendo estado obligada a
beber sangre inocente, la tierra se rebeló, por así decirlo, contra el asesino;
y cuando él la labrara, retendría su fuerza. Caín había de obtener poca
recompensa de su trabajo. De una manera similar, en una ocasión posterior se
dice que la tierra de Canaán "vomitó" a los cananeos debido a sus abominaciones
(Lev. 18: 28) .

13.

Grande es mi castigo para ser soportado.

La sentencia divina convirtió la crueldad de Caín en desesperación. Aunque
Caín merecía la pena de muerte, un Dios misericordioso y paciente le dio una
oportunidad más de arrepentirse y convertirse. Pero en vez de arrepentirse,
Caín se quejó de su castigo como que era más severo de lo que él merecía. Ni
una palabra de dolor salió de sus labios, ni aun un reconocimiento de culpa o
de vergüenza; nada sino la triste resignación de un criminal que comprende que
es impotente para escapar del castigo que merece tan justamente.

14.

Me echas hoy de la tierra.

Caín sabía que había de quedar desligado no sólo de las bendiciones de la
tierra, sino, por su propia elección, también de toda relación con Dios.

Cualquiera que me hallare.

Caín se desesperó por su propia vida, temiendo que la maldición de Dios
significaría el retiro de la restricción divina que impedía que vengaran la
sangre de Abel los que quisieran hacerlo. Su conciencia culpable le advertía
que merecía morir y que de allí en adelante su propia vida estaba en peligro.
Pero la pena de muerte que merecía fue conmutada por un destierro perpetuo. En
vez de estar en prisión, quedaría apartado de toda asociación feliz y normal
con sus prójimos y, por su propia elección, también con Dios. El que había
quitado la vida de su hermano veía en sus semejantes sus posibles verdugos.

15.

Ciertamente.

No es enteramente clara la idea precedente que se sugiere con esta palabra. La
BJ, siguiendo a la LXX, la Siríaca y la Vulgata, traduce: "al contrario". En
otras palabras, a la declaración de Caín: "Cualquiera que hallare me
matará", Dios contestó: "al contrario". 254

Siete veces.

Esto implica un severísimo castigo sobre cualquiera que matara a Caín (ver Lev.
26: 18, 21, 24, 28; Sal. 79: 12; Prov. 6: 31). Se le concedió una protección
especial en armonía con el principio: "Mía es la venganza, yo pagaré, dice el
Señor" (Rom. 12: 19). La cizaña debe crecer junto con el trigo; debe
permitirse que los frutos del pecado alcancen su madurez a fin de que se
manifieste el carácter de su semilla. La vida de Caín y de sus descendientes
había de ser la manifestación de la obra completa del pecado en los seres
racionales (PP 64).

Señal.

Algunos comentadores han visto en esta señal un signo externo añadido a la
persona de Caín, al paso que otros creen que recibió una señal de Dios, como
una promesa divina de que nada pondría en peligro su vida. De cualquier manera
que fuera, no era una señal del perdón de Dios sino tan sólo de una protección
temporal.

16.

Salió Caín.

No sintió ni remordimiento ni arrepentimiento sino tan sólo la pesada carga del
desagrado de Dios. Dejó la presencia divina probablemente para no volver
nunca, y comenzó su vida de errante en la tierra de Nod, al este del Edén.
Esta tierra antediluviano, cuyo nombre significa "errante", "huida", o
"exilio", llegó a ser el hogar de los impíos descendientes de Caín.

17.

Conoció Caín a su mujer.

La súbita mención de la mujer de Caín no crea problema. En el pasaje del cap.
5: 4 se dice que Adán "engendró hijos e hijas" además de los tres hijos cuyos
nombres se dan. Los primeros habitantes de la tierra no tuvieron otra elección
sino casarse con sus hermanos y hermanas a fin de cumplir la orden divina:
"Fructificad y multiplicaos" (ver Hech. 17: 26). Que esa costumbre continuó
practicándose durante mucho tiempo se ve por el casamiento de Abrahán con su
media hermana Sara. Posteriormente se prohibieron tales casamientos (ver Lev.
18: 6-17).

Concibió y dio a luz a Enoc.

El hecho de que Dios no rehusara descendientes al desobediente y réprobo Caín
es otra evidencia de su carácter misericordioso (Sal. 145: 9; Mat. 5: 45). El
nombre "Enoc" puede significar "dedicación" o "consagración"; también puede
significar "iniciación". Quizá el nombre que Caín dio a su hijo indicaba su
intención de comenzar a vivir su vida como le placiera. Lutero pensaba que la
madre puede haber elegido el nombre Enoc, para expresar así la esperanza de que
su hijo pudiera ser un augurio de bendición para su hogar entristecido.

Edificó una ciudad.

Literalmente, "comenzó a edificar". Esto probablemente no fue más que un
intento de erigir un campamento fortificado para su familia como lugar de
vivienda más o menos permanente. Esto sugiere que Caín quizá no tuviera mucha
confianza en la protección que Dios le aseguraba. También es posible que su
intento de fundar una ciudad puede haber sido dictado por un deseo de desafiar
la maldición que lo condenaba a una vida errante.

Es digno de notarse que la primera "ciudad" del mundo fue fundada por el primer
asesino del mundo, un individuo perversamente impenitente cuya vida, plenamente
dedicada al mal y sin ninguna esperanza, transcurrió desafiando a Dios. Así se
torció el plan de Dios de que el hombre viviera en medio de la naturaleza y
contemplara en ella el poder y la majestad del Creador. Muchos males de hoy en
día son el resultado directo de un amontonamiento antinatural de seres humanos
en las grandes ciudades, donde predominan los peores instintos del hombre y
donde florecen vicios de toda clase.

El nombre de la ciudad.

Al dar a la ciudad el nombre de su hijo Enoc, "dedicación" o "iniciación",
evidentemente Caín la consagró a la realización de sus ambiciones pecaminosas.

18.

A Enoc le nació Irad.

Sólo se mencionan los nombres de las generaciones siguientes. Ellos se parecen
a los de algunos de los descendientes de Set, como por ejemplo Irad y Jared,
Mehujael y Mabalaleel, Metusael y Matusalén, Caín y Cainán, pero los nombres de
Enoc y Lamec aparecen en ambas familias. Algunos eruditos han considerado que
esto es una prueba de que las dos genealogías son sencillamente formas
diferentes de una leyenda original. Sin embargo, la similitud en los nombres
en ninguna forma implica identidad en las personas. Por ejemplo, el nombre
Coré aparece en las familias de Leví (Exo. 6: 24) y Esaú (Gén. 36: 5), y Enoc
no sólo es el nombre del hijo de Caín y de uno de los piadosos descendientes de
Set sino también el nombre del hijo mayor de Rubén (cap. 46: 9) y de un hijo de
Madián (cap. 25: 4). El carácter de Enoc, el hijo de Caín, está en contraste
255 tan claro con el de Enoc del linaje de Set como para excluir la
identificación de ambos como un solo individuo.

En cuanto a los otros pares de nombres, el parecido es tan sólo superficial.
Los nombres en hebreo, al igual que en castellano, no son idénticos ni en su
forma de escribirlos ni en su significado. Por ejemplo, Irad ha sido traducido
como "ciudadano" u "ornamento de una ciudad", Jared como "descendiente".
Mehujael, puede significar "herido por Dios" o "destruido por Dios";
Mahalaleel, "alabanza de Dios". Metusael significa "varón de Dios" o "varón de
oración"; Matusalén, "varón de crecimiento". No se conoce el significado de
Lamec.

19.

Lamec tomó para sí dos mujeres.

Lamec fue el primero en pervertir el matrimonio tal como fue establecido por
Dios convirtiéndolo en la concupiscencia de los ojos y la concupiscencia de la
carne, sin tener siquiera el pretexto de que la primera esposa no le daba
hijos. La poligamia fue un mal nuevo que se arraigó durante largos siglos.
Los nombres de las mujeres de Lamec sugieren atracción sensual. Ada significa
"adorno" y Zila quiere decir "sombra" o "tintineo".

20.

Ada dio a luz a Jabal.

Los nombres de los dos hijos de Ada no aparecen en ningún otro lugar en la
Biblia. Su significado no es claro. Jabal puede significar "brote",
"dirigente", o "corriente"; Jubal, un "sonido alegre" o un "canal". Estos
nombres quizá indiquen sus habilidades peculiares. El primero era un típico
pastor nómada. Al significar literalmente "posesión", la palabra "ganado"
significa la riqueza de los nómadas, que consistía en ovejas y otros animales
domesticados.

21.

Todos los que tocan arpa y flauta.

"Arpa", kinnor. El primer instrumento musical del mundo, el "arpa", se
menciona 42 veces en el AT (ver Sal. 33: 2; etc.). La palabra kinnor siempre se
traduce como "arpa" aunque es en realidad una lira. Muchos dibujos antiguos de
este instrumento procedentes de Egipto, Palestina y Mesopotamia nos dan una
idea clara de cómo era la kinnor. Esos dibujos muestran que el instrumento
consistía en una madera de resonancia a través de la cual se tendían cuerdas.
En los instrumentos más antiguos las cuerdas corren paralelamente, pero en los
modelos posteriores divergen extendiéndose hacia afuera.

El origen de la palabra traducida "flauta" en la VVR, e identificada por
algunos con la gaita, no es tan seguro como el de la lira. Cualquiera sea la
explicación correcta del nombre, todos los eruditos modernos concuerdan con que
el instrumento era una flauta. Este instrumento todavía es tocado por los
pastores en todo el Cercano Oriente.

22.

Tubal-caín.

Aunque "Tubal" aparece frecuentemente como un nombre personal en el AT (Gén.
10: 2; Isa. 66: 1 Eze. 27: 13; etc.), su significado es oscuro. La palabra
"caín" puede haber sido añadida posteriormente, quizá para identificarlo como
uno de los cainitas.

Artífice de toda obra de bronce.

La palabra hebrea traducida "artífice" en la VVR, significa literalmente
"martillador", "afilador", "forjador" y se refiere a la obra que se hacía
antiguamente en bronce y hierro, lo que era más un proceso de martillar que de
fundir. Se han expresado dudas en cuanto a que se conociera el hierro en
tiempos tan remotos como los que indica el Génesis, Sin embargo,
descubrimientos efectuados en Egipto y Mesopotamia han demostrado que se
producían objetos de hierro en los períodos históricos más remotos de que haya
registro. Los primeros objetos de hierro fueron de origen meteórico. Su
elevado porcentaje de níquel excluye su origen terrestre. Los objetos hechos
de hierro meteórico deben haber sido producidos martillándolos más bien que
fundiéndolos, lo que otra vez confirma el relato bíblico. Aunque los hombres
primitivos ni tenían bronce ni hierro en grandes cantidades, no hay razón para
dudar de la exactitud de la declaración de la Biblia de que el hombre
antediluviano supiera cómo usar esos metales. Objetos de cobre, bronce y
hierro (adornos, herramientas, armas, vasijas, etc.) de muy antiguos niveles de
la civilización están siendo encontrados en cantidades crecientes.

Naama.

No sabemos por qué específicamente se menciona a la hermana de Tubal- caín.
Según la tradición judía fue la esposa de Noé. Su nombre significa "la bella"
o "la agradable", lo que refleja la mentalidad mundana de los cainitas que
buscaban la belleza antes que el carácter como la principal atracción en las
mujeres.

23.

Un varón mataré.

Las palabras de Lamec, en forma poética hebrea, con justicia han sido llamadas
el "Canto de Lamec". Hasta donde se sepa, este "canto" constituye la primera
256 composición poética del mundo. Es difícil asegurar el significado exacto
de sus palabras que son algo crípticas. Orígenes escribió dos libros acerca
del "canto" y luego declaró que estaba más allá de toda explicación. Las
palabras hebreas empleadas permiten la explicación de que Lamec había muerto a
uno o dos hombres por heridas que ellos le habían infligido, con la inferencia
de que estaba dispuesto a cometer tales actos otra vez si se presentaba la
necesidad. Sin embargo, la amenaza de su venganza es ambigua y da lugar para
más de una interpretación. La BJ traduce así el pasaje: "Maté a un hombre por
una herida que me hizo".

25.

Set.

Después de haber informado acerca de la evolución de la impía familia de Caín,
el autor vuelve a Adán y a Eva y repasa brevemente la historia de los que
fueron leales a Dios. Poco después de la muerte de Abel, nació un tercer hijo
a quien su madre dio el nombre de Set, Sheth, el "nombrado", la "compensación"
o "sustituto" por Abel. Viendo Eva que su piadoso hijo estaba muerto y
reconociendo que las palabras de Dios acerca de la simiente prometida no podían
encontrar su cumplimiento en el maldito Caín, expresó su fe en que el
Libertador prometido vendría mediante Set. Su fe fue recompensada pues los
descendientes de Set obedecieron al Señor.

26.

Enós.

En su tiempo comenzó un culto más formal. Por supuesto, los hombres habían
invocado al Señor antes de que naciera Enós, pero a medida que transcurrió el
tiempo surgió una distinción más pronunciada entre los que adoraban al Señor y
los que lo desafiaban. La expresión "invocar el nombre de Jehová" se usa
frecuentemente en el AT para indicar, como lo hace aquí, un culto público (Sal.
79: 6; 116: 17; Jer. 10: 25; Sof. 3: 9).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-15 PP 58-65; SR 52-56

1-5 PP 585 380

3 1JT 528; OE 164, 170; 4T 609 35

3, 4 PP 71; PVGM 139

3-8 Ev 434; TM 75

4 3JT 43

5 PP 60

6, 7 PP 61

8 DMJ 31, 33; DTG 571; PP 63

9 CMC 56; FE 50; 1JT 30,457; 2JT 159,254; MB 230; MeM 60; SC 19; IT
149, 368, 480,535; 2T 228; 4T 648; 5T 531,569; Te 37

9-12 PP 63; SR 54

10 2JT 151; MC 262; Te 37

15 PE 213; PP 335

16 PP 46

16,17 PP 67

19 SR 76

23, 24 PP 67

25 SR 57

25, 26 PP 66

CAPÍTULO 5

1 Genealogía, edad y muerte de los patriarcas, desde Adán hasta Noé. 24 Vida
piadosa y traslación de Enoc.

1 ESTE es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al
hombre, a semejanza de Dios lo hizo.

2 Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el
día en que fueron creados.

3 Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme
a su imagen, y llamó su nombre Set.

4 Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y
engendró hijos e hijas.

5 Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió.

6 Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. 257

7 Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró
hijos e hijas.

8 Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió.

9 Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.

10 Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años, y
engendró hijos e hijas.

11 Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió.

12 Vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel.

13 Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta
años, y engendró hijos e hijas.

14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió.

15 Vivió Mahalaleel setenta y cinco años, y engendró a Jared.

16 Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años,
y engendró hijos e hijas.

17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y
murió.

18 Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.

19 Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró
hijos e hijas.

20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió.

21 Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.

22 Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años,
y engendró hijos e hijas.

23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.

25 Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.

26 Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos
años, y engendró hijos e hijas.

27 Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años;
y murió.

28 Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo;

29 y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del
trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.

30 Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años,
y engendró hijos e hijas.

31Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió.

32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

1.

Este es el libro.

Un período de cerca de 1.500 años queda cubierto en la lista de generaciones
presentadas en este capítulo. Tan sólo se dan los nombres de los principales
patriarcas, su edad cuando nació el primogénito de cada uno de ellos y su edad
total. En un bosquejo algo monótono, los vemos nacer, crecer hasta alcanzar la
virilidad, contraer matrimonio, procrear hijos y luego morir sin dejar para la
posteridad nada más que su nombre para recordar. Tan sólo dos, Enoc y Noé,
sobrepasan a los otros en excelencia y piedad. Enoc fue el primer pecador,
salvado por la gracia, que alcanzó el honor de la traslación; Noé fue el único
jefe de familia que sobrevivió al diluvio.

Este capítulo contiene un registro de familias semejante a otros incorporados
en diferentes lugares de la narración del AT. La expresión "libro de la
genealogía de" alguien es un término técnico para una lista genealógica (ver
Mat. 1: 1). La palabra "libro", séfer, se usa en el AT para referirse a un
rollo completo (Jer. 36: 2, 8) o sólo para una hoja de un rollo (Deut. 24: 1).

2.

Llamó el nombre de ellos Adán.

La dignidad de ser creados a la semejanza de Dios, su distinción en sexo y su
bendición divina se describen brevemente. La única nueva información es el
nombre que les dio Dios: "hombre", 'adam. Por este texto es claro que el
nombre Adán originalmente fue genérico, incluía tanto al hombre como a la mujer
y es equivalente a nuestra palabra humanidad.

3.

A su imagen.

Aunque Set no fue el primogénito de Adán, fue aquel a través del cual iba a
preservarse el linaje piadoso. Lo que le sucedió a Adán después de la caída se
resume en tres cortos versículos que sirven como de un modelo para las
biografías siguientes. 258

5.

Fueron todos los días que vivió Adán.

La notable longevidad de la raza antediluviana ha sido el blanco de muchas
críticas. Algunos han declarado que las cifras son el producto de una edad
mítica o el resultado de una transmisión defectuosa del texto. Otros han
sugerido que no representan individuos sino dinastías, o que no eran años sino
períodos más cortos, quizá meses. Todas estas consideraciones deben ser
rechazadas pues hacen violencia a una interpretación literal del texto y a su
origen inspirado. Debemos aceptar estas cifras como históricas y exactas. La
longevidad de la raza antediluviano puede atribuirse a las siguientes causas:
(1) la vitalidad original con la que fue dotada la humanidad en la creación,
(2) piedad e inteligencia superiores, (3) el efecto remanente del fruto del
árbol de la vida, en el supuesto de que de él hubieran comido Adán y Eva ("De
todo árbol del huerto podrás comer" [cap. 2: 16]), (4) la calidad superior del
alimento disponible y (5) la gracia divina al posponer la ejecución del castigo
del pecado. Adán vivió para ver ocho generaciones sucesivas que llegaron a la
madurez. Puesto que su vida abarcó más de la mitad del tiempo hasta el
diluvio, es indudable que muchos pudieron oír de sus propios labios el relato
de la creación, del Edén, de la caída y del plan de redención tal como le había
sido revelado a él.

Y murió.

Con estas sombrías palabras termina la corta biografía de Adán. La monótona
repetición de esta declaración al final de cada biografía -con excepción de la
de Enoc- afirma el dominio de la muerte (Rom. 5: 12). Revela que la sentencia
de muerte no fue una vana amenaza. La muerte es un persistente recordativo de
la naturaleza y resultado de la desobediencia.

Las biografías de los próximos patriarcas siguen el modelo del relato de la
vida de Adán y no necesitan una explicación individual (ver com. de cap. 4: 17,
18 para una explicación de algunos nombres).

22.

Caminó Enoc con Dios.

La excepcionalísima vida de Enoc demanda una atención muy especial. Dos veces
se declara que "caminó con Dios". También se emplea esta expresión en el caso
de Noé (cap. 6: 9) y se encuentran palabras similares en otros pasajes (ver
Gén. 17: 1; Deut. 13: 4; Sal. 116: 9; Miq. 6: 8; Efe. 5: 1, 2). Describe una
vida de piedad singularmente excelsa, no meramente la comprensión constante de
la presencia divina ni aun de un esfuerzo continuado de santa obediencia, sino
la permanencia de una estrechísima relación con Dios. Con toda evidencia, la
vida de Enoc estuvo en completa y bella armonía con la voluntad divina.

Después engendró a Matusalén.

La declaración de que "caminó Enoc con Dios" después del nacimiento de
Matusalén no implica que hubiera sido una persona impía antes y que solamente
después experimentó la conversión. Pertenecía a un linaje fiel y sin duda
había servido a Dios lealmente durante los primeros 65 años de su vida. Pero
con la llegada de un hijo para favorecer su hogar, entendió por experiencia
propia la profundidad del amor de un padre y la confianza de un niño desvalido.
Como nunca antes fue atraído hacia Dios, su propio Padre celestial, y
finalmente quedó calificado para la traslación. Su caminar con Dios consintió
no sólo en la contemplación de Dios sino también en un ministerio activo a
favor de sus prójimos. Previó la segunda venida de Cristo y ferviente y
solemnemente amonestó a los pecadores que lo rodeaban de la terrible
condenación que esperaba a los impíos (Jud. 14, 15).

Trescientos años.

La constante fidelidad de Enoc, manifestada durante un período de 300 años, es
un testimonio animador para aquellos cristianos que parecen encontrar difícil
"caminar con Dios" durante un solo día.

Engendró hijos e hijas.

De acuerdo con el Registro inspirado, Enoc engendró hijos e hijas durante su
vida de excepcional piedad. Esta es una evidencia innegable de que el estado
del matrimonio está de acuerdo con la más estricta vida de santidad.

24.

Desapareció, porque le llevó Dios.

El suceso más significativo de la era antediluviana, un acontecimiento que
llenó a los fieles de esperanza y gozo, la traslación de Enoc, es relatado por
Moisés en estas pocas y sencillas palabras. Enoc fue trasladado "para no ver
muerte" (Heb. 11: 5). Este significado es implícito en la palabra laqaj, "él
[Dios] se llevó", palabra que nunca se usa para denotar la muerte. El empleo
cristiano moderno de esta misma expresión como un eufemismo en lugar de la
muerte, no tiene respaldo en las Escrituras. Sin embargo, se usa la palabra en
relación con la traslación de Elías (2 Rey. 2: 3, 5, 9, 10). La LXX lo traduce
"pues Dios lo 259 trasladó", expresión tomada literalmente de Heb. 11: 5.
Hasta donde sepamos, Enoc fue el único creyente antediluviano que no vio la
muerte. Como un modelo de virtud, Enoc "séptimo desde Adán", resalta en agudo
contraste con la séptima generación del linaje de los cainitas, Lamec, quien
añadió el crimen del asesinato al vicio de la poligamia (Jud. 14; cf. Gén. 4:
16-19).

Fueron testigos de la partida de Enoc tanto algunos de los justos como de los
impíos (PP 76). Dios dispuso la traslación de Enoc, no sólo para recompensar
la piedad de un hombre piadoso, sino para demostrar la seguridad de la
liberación que Dios prometió del pecado y la muerte. El recuerdo de este
notable acontecimiento ha sobrevivido en la tradición judía (Eclesiástico 44:
16), el registro cristiano (Heb. 11: 5; Jud. 14) y aun en las fábulas paganas.
El apócrifo Libro de Enoc describe al patriarca como exhortando a su hijo y a
todos sus contemporáneos, y amonestándoles acerca del juicio venidero. La obra
judía El libro de los jubileos dice que fue llevado al paraíso donde consignó
por escrito el juicio de todos los hombres. Algunas leyendas arábigas lo
mencionan como el inventor de la escritura y la aritmética. Su partida debe
haber hecho una tremenda impresión en sus contemporáneos, si hemos de juzgar
por la extensión alcanzada por el relato de Enoc que ha llegado a las
generaciones posteriores. La vida ejemplar de Enoc con su pináculo glorioso
testifica en nuestros días de la posibilidad de vivir en un mundo perverso sin
pertenecer a el.

25.

Matusalén.

La corta vida terrenal de Enoc, de sólo 365 años, fue seguida por la de su hijo
Matusalén, que vivió durante 969 años, hasta llegar al año del diluvio. Es
incierto el significado de su nombre. Los comentadores lo han explicado de
diversas maneras como "hombre de armas militares", "hombre de enviar adelante",
u "hombre de crecimiento". El significado del nombre de su hijo Lamec es
todavía más oscuro.

29.

Noé.

Con la esperanza de que su primogénito pudiera ser la simiente prometida, el
redentor cuya venida anhelaban los fieles, Lamec lo llamó Noé, "descanso",
diciendo: "Este nos aliviará de nuestras obras". Tanto el nombre "Noé", nuaj,
"descansar", como la palabra "consolar",najam, se derivan de una raíz común que
significa "suspirar", "respirar", "descansar" y "yacer". Lamec fue un hombre
piadoso que siguió en los pasos de su ejemplar abuelo Enoc y de su pío y
longevo padre Matusalén.

Nuestras obras.

Indudablemente Lamec sintió la carga de cultivar el terreno que Dios había
maldecido y esperaba con fe el tiempo cuando las calamidades existentes y la
corrupción cesarían y serían redimidos de la maldición. Su esperanza de que
eso pudiera realizarse con su hijo no se cumplió, por lo menos en la forma que
él esperaba. Con todo, Noé recibió la misión de proclamar una amonestación
audaz contra el mal y a jugar un papel importante, llegando a ser el progenitor
de todos los que han vivido desde su tiempo.

32.

Siendo Noé de quinientos años.

En hebreo esta expresión dice literalmente: "Noé era un hijo de 500 años", lo
que significa que estaba en el año 500 de su vida. Ahora bien, "hijo de un
año", significa estrictamente hablando, dentro del primer año de la vida (Exo.
12: 5). Este hecho, que es importante en el lenguaje de la cronología hebrea,
llega a ser aún más claro cuando se hace una comparación de los versículos 6 y
1 1 del cap. 7. Aunque ambos versículos hablan del comienzo del diluvio, uno de
ellos declara que Noé tenía 600 años y el otro dice que el acontecimiento
ocurrió en el año 600 de la vida de Noé. Por lo tanto, el versículo anterior:
"Noé era un hijo de 600 años", significa que estaba "en el año número 600 de su
vida", y no en el año 601 como sería natural deducir.

Ninguno de los patriarcas anteriores esperó tantos años antes de tener hijos
como lo hizo Noé; medio milenio pasó antes de que su hogar fuera bendecido con
la llegada de un hijo (ver pág. 193). Esta lista genealógica se interrumpe con
Noé, e indica únicamente el nacimiento de sus hijos. La mención de los tres
hijos anticipa su importancia para repoblar la tierra después del diluvio.

Engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

En relación con esto debe explicarse otro principio de la genealogía hebrea.
Por el orden de los nombres de los hijos de Noé presentados aquí y en otros
lugares, podría deducirse que Sem era el mayor y Jafet el menor de los tres
hijos de Noé. Que esto es incorrecto se puede ver comparando este texto con
otros. Los hijos de Noé no eran trillizos (ver cap. 9: 24; 10: 21). De
acuerdo con el cap. 9: 24, Cam era el 260 menor de los hermanos. Además el
pasaje del cap. 10: 21 se refiere a Sem o a Jafet como el "hermano mayor" de
los dos, aunque la ambigua construcción gramatical hebrea no aclara cuál de los
dos era mayor. Por el pasaje del cap. 11:10, sabemos que Sem tenía 100 años,
dos años después del diluvio, cuando su padre debe haber tenido unos 602 años
de edad; la edad de Noé cuando nació Sem debe pues haber sido de 502 años: no
500 como podría ingerirse por el pasaje del cap. 5: 32. Pero uno de los tres,
el mayor, nació en el año 500 de Noé (cap. 5: 32). Estos textos nos llevan a
la conclusión de que en realidad Jafet era el hijo mayor de Noé, habiendo
nacido cuando su padre tenía 500 años y que Sem y Cam lo seguían en ese orden,
Por lo tanto, la última parte del pasaje (cap. 5: 32) sería más exacta si
dijera: "y Noé engendró a Jafet, a Sem y a Cam".

Se menciona a Sem como el primero de los tres hijos debido a su importancia
como progenitor del linaje postdiluviano del cual saldría el pueblo elegido de
Dios, junto con la simiente prometida. Luego se menciona a Cam como el
antepasado de las razas con las cuales los lectores del AT del tiempo de Moisés
y posteriores, tuvieron una relación mucho mayor que con los descendientes de
Jafet, quienes habitaron regiones más remotas. Se repite el mismo principio en
el caso de Abrahán donde él, el menor de los hijos de Taré, es, mencionado
primero (cap. 11: 27) debido a su importancia mayor para las personas para
quienes se escribió el relato.

Reduciendo las edades de Jared, Matusalén y Lamec en el momento del nacimiento
de sus primogénitos, el Pentateuco Samaritano deja solamente 1.307 años entre
la creación y el diluvio, en vez de 1.656 como es el caso del texto hebreo y de
las traducciones basadas en él. Pero la LXX, en contraste, presenta un período
mucho más largo antes del diluvio. Esto se debe a que a algunos patriarcas les
asigna, en el momento del nacimiento del hijo mayor, cien años más que el texto
hebreo. Con este procedimiento llega a un total de 2.242 ó 2.262 años (los
diversos manuscritos contienen una discrepancia que va de 167 a 187 años en el
caso de la edad de Matusalén al nacer Lamec).

Josefo, cuyos datos son casi idénticos a los de la LXX, probablemente los tomó
de esa versión, la que circulaba corrientemente en sus días. Josefo sostiene
que Matusalén tenía 187 años cuando nació Lamec.

Si este dato de la Septuaginta, 187 años, se ha de considerar como una
corrección de un

LA CRONOLOGÍA DE GÉNESIS 5

261 dato anterior, 167 años, eso podría explicarse fácilmente (véase la pág.
190).

Muchos lectores no se percatan de estas diferencias en las antiguas listas
genealógicas, debido a que las versiones corrientes de la Biblia se basan en el
texto hebreo y no en la LXX.

Resulta interesante notar que, tal como la lista de Gén. 5 que registra diez
generaciones longevas antes del diluvio, también hay antiguas tradiciones de la
Mesopotamia que presentan precisamente diez generaciones antes del diluvio y se
refieren a la longevidad de la raza humana durante esa era. La lista de
Babilonia comienza con la observación de que "la soberanía descendió del cielo"
y presenta a Alulim, que significa "hombre", como el progenitor de la raza
humana (cf. Heb. 'adam, "hombre"). Sin embargo, no hay otras similitudes
entre las dos listas, ya sea en los nombres o en los períodos de tiempo.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-32 CH 19; EC 18; PP 66-77

1, 3 PP 66

3-8 SR 57

5 PP 68

5, 8 EC 16

18-24 SR 57

21, 22 OE 52; PP 71

21-24 8T 3059 3299 331

22 CC 99; CM 372; CV 29; Ev 61, 69, 493 FV 352; 1JT 429; 2JT 207, 237;
MeM 8, 14,101,263; MM 124,276; PP 81; 4T 616; 5T 113

24 CC 99; CS 344; DMJ 33; Ed 123; 3JT 43,155; MeM 352; OE 267; PE 40;
PP 75; PR 357; SR 59; TM 344, 394

CAPÍTULO 6

1 Perversidad del mundo que provocó la ira de Dios y fue causa del diluvio. 8
Noé encuentra gracia para con Dios. 14 Dios ordena construir un arca; forma,
especificaciones y terminación del arca.

1 ACONTECIÓ que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de
la tierra, y les nacieron hijas,

2 que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas,
tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

3 Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque
ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.

4 Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se
llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos.
Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo
designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el
mal.

6 Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su
corazón.

7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he
creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del
cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.

8 Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.

9 Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus
generaciones; con Dios caminó Noé.

10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet.

11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de
violencia.

12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne
había corrompido su camino sobre la tierra.

13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra
está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la
tierra.

14 Hazte un arca de madera de gofer; 262 harás aposentos en el arca, y la
calafatearás con brea por dentro y por fuera.

15 Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de
cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura.

16 Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte
de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo,
segundo y tercero.

17 Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir
toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la
tierra morirá.

18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu
mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.

19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el
arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán.

20 De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo
reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo,
para que tengan vida.

21 Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de
sustento para ti y para ellos.

22 Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.

1.

Aconteció.

Esta palabra no significa que las condiciones que aquí se describan surgieron
después de los acontecimientos registrados en capítulos anteriores.
Sencillamente el autor está mostrando el estado de la sociedad en los días de
Noé, después de que alcanzaron un pináculo diez generaciones de corrupción que
iba en aumento.

Comenzaron los hombres a multiplicarse.

La raza humana aumentó rápidamente no sólo en maldad sino también en cantidad.
Entre los muchos peligros que asechaban a los piadosos setitas, se encontraban
las bellas hijas de los incrédulos. Las esposas eran elegidas, no a base de
sus virtudes, sino por su belleza, con el resultado de que la impiedad y la
maldad proliferaron entre los descendientes de Set.

2.

Los hijos de Dios.

Esta frase ha sido interpretada de diversas maneras. Algunos antiguos
comentadores judíos, los primeros padres de la iglesia y muchos expositores
modernos han pensado que estos "hijos" fueron ángeles, y los compararon con los
"hijos de Dios" de Job 1: 6; 2: 1; 38: 7. Debe rechazarse este punto de vista,
porque el castigo que pronto sobrevendría se debió a los pecados de seres
humanos (ver vers. 3) y no de ángeles. Además los ángeles no se casan (Mat.
22: 30). Los "hijos de Dios" no fueron otros sino los descendientes de Set, y
las "hijas de los hombres", las descendientes de los cainitas impíos (PP 67).
Posteriormente Dios habló de Israel como de su "primogénito" (Exo. 4: 22), y
Moisés dijo a los israelitas: "Hijos sois de Jehová vuestro Dios" (Deut. 14:
1).

Tomaron para sí mujeres.

Estas alianzas profanas entre setitas y cainitas fueron la causa del rápido
aumento de la impiedad entre los primeros. Dios siempre ha amonestado a sus
seguidores para que no se casen con incrédulos, debido al gran peligro al que
así se expone el creyente, y ante el cual generalmente sucumbe (Deut. 7: 3, 4;
Jos. 23: 12, 13; Esd. 9: 2; Neh. 13: 25; 2 Cor. 6: 14, 15). Pero los setitas
no prestaron atención a las amonestaciones que seguramente deben haber
recibido. Debido a la atracción de los sentidos no se satisficieron con las
bellas hijas del linaje piadoso, y con frecuencia eligieron esposas entre los
cainitas. Además, el empleo de la forma plural, "tomaron.... mujeres", parece
sugerir que predominaba la poligamia.

3.

No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre.

El hecho de que esta declaración siga inmediatamente después de la referencia a
estos casamientos que no eran santificados, sugeriría que el desagrado de Dios
se manifestó de una manera especialísima contra esa mala práctica. Siendo
cautivos de sus pasiones, ya no quedaron sujetos al Espíritu de Dios. La
palabra "contenderá" significa en hebreo "regir" y "juzgar" como un corolario
de gobernar. Estas palabras indican que el Espíritu Santo no podría continuar
obrando sino durante un corto tiempo, después del cual sería retirado de los
irregenerados e impenitentes seres humanos. Aun la longanimidad de Dios debía
terminar. Pedro se refiere a la obra del Espíritu en el corazón de los
antediluvianos diciendo que el Espíritu de Cristo predicó a esos prisioneros de
Satanás (1 Ped. 3: 18-20). 263

Ciertamente él es carne.

Esta expresión también puede traducirse "descarriándose el hombre, es carne" de
shagag,"vagar", "extraviarse". Al ir en pos de las concupiscencias de la
carne, dijo Dios, los hombres se habían entregado a sus deseos hasta el punto
de que no respondían más al control del Espíritu Santo. La insensibilidad a la
influencia divina llegó a ser completa. Por lo tanto, el Espíritu de Dios
debía ser retirado. Era inútil seguir "contendiendo" para reprimirlos o
mejorarlos.

Sus días.

Esta predicción divina no puede significar que el lapso de la vida del hombre
sería de ahí en adelante restringido a 120 años. (Compárese las edades de los
hombres después del diluvio.) Estas palabras más bien predicen que la paciencia
de Dios llegaría a un fin y que el tiempo de gracia terminaría dentro del lapso
aquí especificado. Mientras tanto, continuaría la misericordia divina.

Cristo comparó el trato de Dios con los antediluvianos con su obra en favor de
la raza humana al fin del tiempo (Mat. 24: 37-39). Se puede esperar que en
circunstancias similares Dios proceda en forma similar. Sin embargo, las
tentativas para determinar el tiempo de la venida de Cristo usando como punto
de partida los 120 años, es algo que no tiene ningún valor. Estamos viviendo
ahora en tiempo prestado, sabiendo que la destrucción del mundo ocurrirá pronto
(ver 2 Ped. 3: 3-7). Sabemos también que el Espíritu de Dios no contenderá
para siempre con los hombres que no eligen prestar atención a sus
amonestaciones ni se preparan para aquel gran acontecimiento.

4.

Había gigantes en la tierra.

Estos "gigantes, nefilim, no fueron el producto de uniones matrimoniales
mixtas, como han sugerido algunos. La LXX traduce nefilim por gigantes,
palabra cuya grafía es exactamente igual en castellano. En Núm. 13: 33 los
israelitas informaron que se sentían como meras langostas en comparación con
los nefilim que la VVR traduce como "gigantes". Hay razones para creer que
esta palabra hebrea puede provenir de la raíz nafal, y que los nefilim eran
"violentos" o terroristas más bien que "gigantes" debido a su físico. Puesto
que en aquellos días todos los seres humanos eran de gran estatura, debe
tratarse aquí más bien del carácter que de la altura. Por regla general, los
antediluvianos estaban dotados de gran vigor físico y mental. Esos individuos,
renombrados por su sabiduría y habilidad, persistentemente consagraban sus
facultades intelectuales y físicas a la complacencia de su propio orgullo y
pasiones y a la opresión de sus prójimos (PP 679 70, 78).

5.

La maldad de los hombres era mucha.

Difícilmente podría el lenguaje humano presentar un cuadro más vívido de
depravación humana. No quedaba nada bueno en los hombres. Estaban
"corrompidos hasta la médula". Sus mismos "pensamientos" estaban compenetrados
del mal. La palabra "pensamientos" viene de yetser, que significa "invención"
o "formación" y se deriva del verbo "inventar", "formar",yatsar. Estos malos
pensamientos eran el producto de un corazón malo. Jesús dijo: "Del corazón
salen los malos pensamientos", y observó que producen los "homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias" (Mat. 15: 19). El corazón era considerado popularmente como el
centro de las facultades más nobles de la mente: la conciencia y la voluntad.
Un "corazón" contaminado a la larga o a la corta infecta toda la vida.

De continuo.

Literalmente "cada día" o "todo el día". Esto presenta el pináculo de la
triste descripción de la impiedad de los antediluvianos. Si esta expresión no
describe una depravación total, ¿de qué otro modo se la podría expresar? Aquí
encontramos que el mal reinaba supremo en el corazón, en los "pensamientos" y
en las acciones. Con muy pocas excepciones, lo que predominaba en todas partes
era el mal, pero no en forma pasajera sino permanente, no meramente en el caso
de unos pocos individuos sino en la sociedad en conjunto. Esto se produjo
porque los hombres ignoraron "voluntariamente" la palabra de Dios (2 Ped. 3:
5).

6.

Se arrepintió Jehová.

La fuerza de las palabras "se arrepintió Jehová", puede deducirse de la
declaración explicativa "le dolió en su corazón". Esto muestra que el
arrepentimiento de Dios no presupone falta de conocimiento previo de su parte
ni variabilidad en su naturaleza o propósito. En este sentido Dios nunca se
arrepiente de nada (1 Sam. 15: 29). El "arrepentimiento" de Dios es una
expresión que se refiere al dolor del amor divino ocasionado por la
pecaminosidad del hombre. Presenta la verdad de que Dios, en consonancia con
su inmutabilidad, cambia de 264 posición respecto al hombre que ha cambiado.
La mención del dolor divino ante el estado depravado del hombre es una
indicación conmovedora de que Dios no odió al hombre. La humanidad pecadora
llena el corazón divino con profundo dolor y compasión. Despierta todo el
insondable océano de simpatía en favor de los pecadores de que es capaz el amor
infinito. Sin embargo, el pecado de la humanidad también lo mueve a una
retribución judicial (ver. Jer. 18: 6-10; PP 682).

7.

Raeré.

Es muy apropiado el uso de la expresión hebrea aquí traducida "raeré" que
describe la extinción de la raza humana en términos generales mediante un
diluvio devastador.

8.

Noé halló gracia.

En estas palabras se ve la misericordia en medio de la ira. Indican que Dios
prometió preservar y restaurar la humanidad. La palabra "gracia" aparece aquí
por primera vez en las Escrituras, y claramente tiene el mismo significado que
las referencias del NT donde se describe el favor misericordioso e inmerecido
que Dios otorga a los pecadores. Hay una cantidad de factores que muestran
cuán profundamente Dios amó al hombre aun en su estado caído. Le dio un
Evangelio de misericordia en la promesa de la simiente de la mujer; un
ministerio de misericordia al suscitar y mantener una sucesión de hombres
piadosos para predicar el Evangelio y amonestar a los pecadores en contra de
los caminos del pecado; un Espíritu de misericordia para contender con ellos y
suplicarles; una Providencia de misericordia para asignarles un largo período
de gracia; una concesión adicional de misericordia, 120 años antes de ejecutar
la sentencia; y finalmente un ejemplo de misericordia dado al salvar a los
justos mientras todos los demás eran destruidos. Este antiguo ejemplo de
gracia y misericordia constituye una fuente de seguridad y de esperanza para
los creyentes que viven en el fin del tiempo, un tiempo que Cristo mismo
comparó con el de Noé (Mat. 24: 37-39). Sus fieles seguidores pueden estar
seguros de que Dios los aceptará, así como aceptó a Noé; también los preservará
en medio de las calamidades que sobrevendrán en el tiempo del fin, y les
proporcionará seguridad en el juicio venidero.

9.

Noé, varón justo.

Con un nuevo subtítulo se introduce la historia de Noé y la del diluvio. El
autor presenta, en primer lugar, las razones por las cuales Noé halló gracia
delante de Dios y por qué fue preservado durante la destrucción que asoló el
mundo entero. No fue un capricho divino lo que lo convirtió en el recipiente
del favor de Dios, sino una vida que estaba en armonía con la voluntad de Dios.
Noé es caracterizado por tres expresiones, cada una de las cuales lo coloca en
una posición muy favorable en comparación con sus contemporáneos. Era "varón
justo". La palabra "justo" no implica una inocencia intachable, sino rectitud,
honradez y virtud. Es digno de notarse que no es meramente llamado "justo"
sino "varón justo". Vivir una vida ejemplar en el tiempo de Noé requería que
un hombre pudiera resistir con intrepidez y firmeza atracciones malignas,
tentaciones sutiles y mofas ruines. Noé no era una criatura débil, falta de
juicio o de poder de la voluntad, sino un "varón" de convicciones fuertes,
recto en pensamiento y acción.

Perfecto en sus generaciones.

El segundo atributo destaca a Noé como intachable en "su tiempo" (BJ). Esto no
significa que vivió en un estado de impecabilidad sino más bien de integridad
moral. Se refiere no sólo a la vida piadosa de Noé sino también a la
constancia de su religión en medio del ambiente cargado de iniquidad en que
vivía. Con toda seguridad, era de un linaje puro, y en ese respecto también se
diferenciaba de sus contemporáneos, muchos de los cuales eran fruto de
casamientos promiscuos entre los piadosos y los impíos.

Dios caminó Noé.

En tercer lugar, la vida de Noé recuerda la de su piadoso antepasado, Enoc
(cap. 5: 22, 24), que había sido trasladado a la gloria eterna tan sólo 69 años
antes del nacimiento de Noé. Durante su niñez, cuando la traslación de Enoc
todavía estaba vívida en la memoria de las generaciones más antiguas, Noé debe
haber oído numerosos comentarios acerca de la vida de ese hombre piadoso.

Pero esta notable descripción de Noé no implica que él hubiera alcanzado la
justicia por sus propios esfuerzos. Fue salvado por la fe (ver Heb. 11: 7),
tal como todos los que son fieles hijos de Dios.

10.

Engendró Noé tres hijos.

Ver com. de cap. 5: 32.

11.

Se corrompió la tierra.

La condición pecaminosa de los antediluvianos se representa 265 como
corrompiendo toda la tierra. En otros lugares el término "corrupción" se
aplica a la idolatría, el pecado de pervertir y depravar el culto de Dios (Exo.
32: 7; Deut. 32: 5; Juec. 2: 19; 2 Crón. 27: 2). Practicaban el mal en forma
pública y flagrante como lo implica la expresión "delante de Dios".

12.

Miró Dios la tierra.

Las condiciones de esta tierra se convirtieron en el objeto de investigación
especial de Dios. La Inspiración asegura así que la retribución dada a los
impíos antediluvianos no fue un acto imprudente ni arbitrario de la Deidad.
Esta investigación revelaba que ya no existía ninguna distinción entre los
cainitas que desafiaban a Dios y los setitas que le temían. Con muy pocas
excepciones, "toda carne" estaba corrompida.

13.

El fin de todo ser.

Habiendo llegado a la conclusión de que el pecado tan sólo podía ser reprimido
mediante la aniquilación de la humanidad (con la excepción de una familia),
Dios anunció su plan a Noé. Las informaciones precedentes acerca del propósito
divino de destruir esta tierra (vers. 3, 7), probablemente reflejan las ideas
que Dios expresó en los concilios celestiales antes que a los hombres. Sin
embargo, aquí se presenta una comunicación hecha directamente a Noé. Esto
sucedió probablemente 120 años antes del diluvio, como se sugiere en el vers.
3. Dios quería dar a los hombres la oportunidad de enmendar sus malos caminos
si así lo deseaban, y por lo tanto comisionó a Noé como "pregonero de justicia"
(2 Ped. 2: 5) para dar este mensaje de amonestación. Esto era en sí mismo una
manifestación de misericordia basada en el principio divino de no proceder
antes que los seres humanos hayan sido advertidos de lo que les espera en caso
de continuar en el pecado (Amós 3: 7).

La tierra está llena de violencia.

Las palabras introductorias de Dios deben haber impresionado mucho a Noé, pero
la razón de la fatídica decisión de Dios se presenta después. En vez de
henchir la tierra con gente que trataría de vivir de acuerdo con la voluntad de
Dios, el hombre había llenado la tierra "de violencia".

Los destruiré con la tierra.

Nótese que Dios no anunció su intención de destruir al hombre "sacándolo" de la
tierra o "sobre" ella, sino "con" ella. Aunque la tierra como tal no puede
sufrir un castigo de destrucción, debía compartir la destrucción del hombre
porque, en su condición de su lugar de morada y como escenario de sus actos
criminales, es una con él. Por supuesto, esto no significa la aniquilación de
nuestro planeta sino más bien la completa desolación de la superficie.

14.

Hazte un arca.

Debía proporcionarse algo para salvar a Noé y a su familia; por lo tanto se le
dio la orden de construir un barco. La palabra hebrea aquí traducida "arca"
procede de un término egipcio que designaba grandes barcos marítimos empleados
para el transporte de obeliscos y también barcas usadas en procesiones para
llevar estatuas sagradas en el Nilo.

Madera de gofer.

La palabra hebrea gofer procede del antiguo término sumerio giparu, árbol que
no ha sido todavía identificado con certeza. Los antiguos egipcios construían
sus grandes embarcaciones de cedro, y por lo tanto los comentadores han
sugerido que la madera de gofer podría significar tablas de árboles coníferos
tales como el cedro o el ciprés. Como se trata de árboles resinosos, serían
ideales para un uso tal. Elena G. de White declara que la madera que usó Noé
fue ciprés (PP 81).

Harás aposentos en el arca.

El arca iba a estar dividida en celdas, literalmente "nidos", necesarios
especialmente para los muchos animales; e iba a estar calafateada por dentro y
por fuera. La palabra traducida "brea" es de origen babilonio y designa tanto
brea como betún. Tales materiales se han encontrado en Mesopotamia desde los
tiempos antiguos y se han usado para calafatear barcos ( ver com. de cap. 2:
12).

15.

De esta manera.

El barco debía ser construido de acuerdo con instrucciones divinas exactas.
Sus dimensiones, tal como fueron dadas a Noé, muestran que el barco era de un
tamaño extraordinario. Si no hubiera sido por esas instrucciones detalladas de
parte de Dios, Noé, falto de experiencia previa en la construcción de navíos o
en navegar, nunca podría haberlo construido. Los barcos antiguos más grandes
que se conozcan hoy eran de una clase usada en Egipto que llegaba a tener 130
codos de largo y 40 codos de ancho. El arca de Noé tenía casi tres veces ese
largo. Si se tratara del codo de 51,5 cm. (cf. Deut. 3: 11), la longitud del
arca habría sido de unos 154,5 m, su ancho de unos 25,75 m. Generalmente se ha
supuesto que el arca tenía la forma de un baúl o caja antes que la forma de 266
un barco, pero esto no se dice en ningún lugar del Texto sagrado. Debido a que
falta la información precisa en cuanto a la forma de la embarcación parece
superfluo computar la capacidad cúbica exacta del arca de Noé. Sin embargo,
por la descripción dada resulta claro que era un barco de dimensiones
colosales, con amplio espacio para albergar los animales y capacidad para tener
alimento para todos ellos durante un año.

16.

Una ventana.

Ciertas palabras hebreas y la construcción gramatical empleada en este
versículo han sido motivo de dificultades para poder asegurar lo que quiso
decir Moisés. La palabra traducida ,ventana" tsohar, puede significar "luz",
"abertura a la luz", o "cubierta". La traducción "cubierta" como está en la BJ
parece sustentarse en una evidencia más sólida que la traducción "ventana". El
hecho de que Noé no pudiera ver la superficie de la tierra hasta que fue
abierta la tsohar (cap. 8: 6) parece favorecer este punto de vista. Cualquiera
sea su significado, la luz entraba desde arriba (ver PP 81).

La acabarás a un codo de elevación.

Esta sentencia es difícil de interpretar. Si la palabra tsohar significa una
"abertura para la luz", la expresión quizá se refiera a una especie de trabajo
de enrejado de un codo de altura que rodeaba la parte superior del arca para
permitir la entrada de la luz. Si tsohar significa "cubierta" o "techo" podría
tener prácticamente el mismo significado, a saber que había un codo entre la
cubierta y el borde superior de las paredes.

17.

He aquí que yo traigo.

El enfático "yo" es una clara indicación de que la catástrofe venidera era un
castigo divino y no algo que sucedió en forma natural.

Un diluvio de aguas.

La palabra "diluvio", mabbul, se usa en todo el AT únicamente para el diluvio
de Noé con la posible excepción del Sal. 29: 10. Mabbul puede derivarse de una
raíz asiria que significa "destruir". La construcción de la frase hebrea "un
diluvio de aguas" permitiría esta lectura: "una destrucción, [es decir] aguas".
Este pasaje es la primera insinuación del medio de destrucción que se usaría.

18.

Estableceré mi pacto.

El primer convenio registrado entre Dios y Noé (ver com. de cap. 15: 9-17 en
cuanto al procedimiento seguido para efectuar un pacto). Al concluir un pacto
con Noé, Dios fortaleció la confianza de ese varón justo en la seguridad del
cuidado divino. Sin importar lo que ocurriera, Noé sabía que él y su familia
estarían a salvo.

Tus hijos.

Estas promesas incluían aun a los hijos de Noé que no habían nacido y a sus
esposas, porque en ese tiempo Noé todavía no tenía hijos, aunque ya tenía 480
años de edad ( ver com. de cap. 5: 32). Ninguno de los antepasados de Noé
había esperado tanto tiempo para tener descendientes y él puede haber
renunciado a la esperanza de ser bendecido con hijos. En muchas ocasiones Dios
preparó a sus instrumentos escogidos para tiempos de crisis guiándolos a través
de largos períodos de chasco, para que pudieran aprender a tener paciencia y
para que confiaran en él. Esta misma experiencia sobrevino a los padres de
Isaac, Samuel y Juan el Bautista. La orden de construir el arca, pues, incluía
la seguridad indirecta de que al preservar la vida, el linaje familiar de Noé
no se extinguiría. Por lo tanto, el nacimiento de sus hijos sería para Noé una
señal de igual certidumbre acerca de la venida del diluvio. Prosiguió por fe,
creyendo "cosas que aún no se veían" (Heb. 11: 7).

19.

De todo lo que vive.

Había de preservarse tanto la vida animal como la vida humana por la fe de Noé.
Los comentadores han visto una contradicción entre la orden de preservar "dos
de cada especie" y la orden dada después de tomar siete de ciertas especies
(cap. 7: 2). La primera orden tenía el propósito de informar a Noé acerca de
las medidas que debía tomar para salvar al mundo animal de una aniquilación
completa, y una pareja de cada animal sería esencial para la reproducción. Eso
es todo lo que Dios se proponía en esa ocasión.

21.

Alimento.

Tenía que hacerse acopio de alimento para la familia de Noé y forraje para los
animales, en cantidad suficiente para que durara más de un año. No sólo tenía
que ser cosechado sino también almacenado en el arca. Se necesitaba el talento
de un sabio organizador para realizar toda esta tarea en una forma eficiente.
Noé tenía que ser no sólo constructor de barcos y predicador, sino además
agricultor y abastecedor.

22.

Y lo hizo así Noé.

El registro de la instrucción dada a Noé termina con la observación de que él
hizo todo lo que Dios le pidió que hiciera. No vaciló en obedecer a Dios. Su
relación con parientes que habían llegado a 267 ser semejantes a los malditos
cainitas, de ninguna manera influyó sobre él. Su educación, confiada a padres
y a abuelos piadosos, había preparado a Noé para tener una fe implícita en Dios
y para obedecer sus instrucciones.

Este corto versículo abarca 120 años de servicio fiel. Algunos de los que
creyeron el mensaje de Noé, como su abuelo Matusalén, murieron antes de que se
llevara a cabo el temido acontecimiento. Noé sobrevivió al mensaje que
predicaba, y los que mejor lo conocían, su propia familia, no pudieron evitar
su santa influencia. Sus hijos no sólo creyeron lo que él predicaba sino que
participaron activamente en los preparativos para ese terrible suceso que había
sido predicho antes del nacimiento de ellos.

La experiencia de Noé presenta un noble ejemplo para los cristianos que saben
que están viviendo en el tiempo del fin y se están preparando a sí mismos para
la traslación. Su obra misionera máxima ha de ser hecha en el hogar.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-22 PP 78-85; SR 62-64

2 1JT 605; PP 68, 350; SR 62

3 CS 386; FE 504; 1JT 508; LS 208; PP 809 92

5 CH 109; CMC 216; CS 599; DTG 587; Ev 412, 413; FE 221, 421; MJ
453; PP 65, 80; Te 249

5, 6 SR 62

5-7 PP 335

5-8 CS 484

7 PP 80; PR 222; SR 58

9 PP 378

11 CS 599; PP 80; Te 23

11-13 CH 109

12, 13 PP 378

12-16 PP 81

13 FE 504

13, 14 CS 386

14-16 PP 81

17, 18 SR 146

18 PP 378

CAPÍTULO 7

1Noé, su familia y los animales entran en el arca. 17 Comienzo y desarrollo del
diluvio.

1 DIJO luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he
visto justo delante de mí en esta generación.

2 De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los
animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra.

3 También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para
conservar viva la especie sobre la faz de la tierra.

4 Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y
cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que
hice.

5 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.

6 Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la
tierra.

7 Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos,
su mujer, y las mujeres de sus hijos.

8 De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las
aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,

9 de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a
Noé.

10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.

11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete
días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las
cataratas de los cielos fueron abiertas,

12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

13 En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de
Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca;

14 ellos, y todos los animales silvestres 268 según sus especies, y todos los
animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre
la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda
especie.

15 Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había
espíritu de vida.

16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había
mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta.

17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y
alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.

18 Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba
el arca sobre la superficie de las aguas.

19 Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que
había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.

20 Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los
montes.

21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado
y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.

22 Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que
había en la tierra, murió.

23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el
hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de
la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.

24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.

1.

Entra tú.

Durante 120 años Dios había prolongado su longanimidad más allá de toda medida
(1 Ped. 3: 20), y la vida y obra de Noé habían condenado "al mundo" (Heb. 11:
7). Pero los seres humanos, con descuido e indiferencia, habían proseguido
rápidamente hacia su condenación. Dios no fue arbitrario al salvar a una
familia y destruir a todas las demás. Sólo Noé se había hecho idóneo para ser
admitido en la tierra nueva que surgiría después de la purificación de la
tierra por agua.

2.

De todo animal limpio.

La instrucción de llevar consigo al arca más animales limpios que inmundos,
presupone que Noé sabía cómo distinguir las dos clases. Es claro que esta
distinción no se originó con Moisés. Se remonta a los tiempos más remotos, a
las instrucciones divinas concernientes a los sacrificios, para los cuales tan
sólo podían usarse animales limpios (ver cap. 8: 20).

Desde la antigüedad, el número de animales limpios que fueron llevados al arca
ha sido tema de discusiones entre los traductores y comentadores de la Biblia.
El texto hebreo dice literalmente "tomarás para ti siete siete, un macho con su
hembra". Esto puede entenderse como "siete parejas" o "siete de cada clase" de
animales. La LXX, la Vulgata y muchos eruditos antiguos y modernos favorecen
la traducción "siete parejas", al paso que algunos padres de la iglesia, los
reformadores y en realidad diversos eruditos de todos los tiempos se han
inclinado en favor de "siete individuos". Cualquiera que sea la explicación
exacta, es obvio que fueron albergados en el arca más animales limpios que
inmundos. Previendo la necesidad de un alimento de emergencia después de que
el diluvio hubiera destruido toda la vegetación, Dios sabía que el hombre
necesitaría comer transitoriamente la carne de animales limpios. Además se los
necesitaba para los sacrificios. Por estas razones obvias, Dios dispuso que se
preservaran suficientes animales limpios a fin de que no se extinguieran. El
hecho de que Dios en sus primeras instrucciones a Noé (cap. 6: 19) no hiciera
distinción entre animales limpios e inmundos se puede explicar porque en ese
tiempo, 120 años antes del diluvio, no eran necesarias tales instrucciones
detalladas (ver com. de vers. 9).

5.

Todo lo que le mandó Jehová.

Así como Noé había cumplido todas las órdenes de Dios durante los 120 años
previos (ver cap. 6: 22), de la misma manera procedió durante las últimas horas
antes de que llegara el diluvio. ¡Cuánto debe haber sufrido al ver las
multitudes de seres humanos, con quienes había vivido durante seis siglos,
yendo indiferente y descuidadamente a la deriva, hacia su condenación!
Sabiendo que todos ellos iban a morir al fin de una semana, y a los ocupados
ciegamente en fiestas y francachelas como si 269 nada fuera a suceder (Mat. 24:
37-39), debe haber redoblado sus esfuerzos finales para amonestarles e
invitarlos a entrar en el arca consigo. Pero todo fue inútil.

6.

Era Noé de 600 años.

Ver com. de cap. 5: 32.

7.

Entró Noé.

Que Noé no esperó hasta el último día antes del diluvio para entrar en el arca
resulta obvio al comparar los vers. 7 y 10. Impulsados por el temor e impelidos
por la fe, Noé y su familia no perdieron tiempo en obedecer la orden de entrar
en el barco de refugio. Pedro nos dice que tan sólo ocho personas se salvaron
del diluvio (1 Ped. 3: 20); de ahí que sea obvio que tanto Noé como sus tres
hijos no tenían sino una esposa cada uno. La poligamia, común entre los
cainitas, no era practicada todavía por los seguidores del Dios verdadero.

9.

De dos en dos entraron.

En obediencia a un impulso sobrenatural, entraron en el arca animales de todas
clases. Tan sólo el poder divino pudo haberlos inducido a entrar tan a tiempo
y en forma tan ordenada en el enorme barco. ¡Qué vívida amonestación debe haber
sido ésta para los impíos que contemplaron el desfile de los animales! Allí
había animales domesticados y salvajes, reptiles y volátiles, que entraban en
el arca llevados aparentemente por su propia voluntad. ¡Qué contraste: las
bestias mudas obedientes a su Creador y los seres inteligentes rehusando
prestar atención a la llamada de misericordia divina que era también una
advertencia! Si hubo algo que podría haber hecho una impresión en los
pecadores, esto debía haberlo sido; pero habían endurecido su corazón por tanto
tiempo, que aun este milagro los dejó impasibles.

11.

El año 600.

Esta es la primera de muchas declaraciones cronológicas exactas del AT. Esta
declaración, por ser tan precisa que hasta da el día exacto, el mes y el año
del diluvio, resalta en llamativo contraste con los relatos legendarios de los
pueblos paganos antiguos acerca de las actividades de sus dioses en relación
con este mundo.

Las fuentes del grande abismo.

Esta tierra, que nunca antes había experimentado los efectos de la lluvia (ver
com. de Gén. 2: 6), súbitamente fue inundada por enormes masas de agua.
Comenzó a llover densa e incesantemente. Simultáneamente se abrió la corteza
terrestre, permitiendo que masas de agua de debajo de la superficie manaran a
borbotones produciendo estragos e inundando la tierra que una vez había estado
seca.

16.

Jehová le cerró la puerta.

Esta declaración hace resaltar la naturaleza milagrosa de los acontecimientos
de la semana que precedió inmediatamente al diluvio. Este acto divino
significó también que el tiempo de gracia de la raza caída había llegado a su
fin. Así como en los días de Noé la puerta de la misericordia se cerró poco
antes del día del castigo de Dios, así también en estos últimos días el pueblo
de Dios ha de ser amonestado: "Cierra tras ti tus puertas; escóndete un
poquito" (Isa. 26: 20, 21; Mat. 24: 37-39; 2 Ped. 3: 6, 7).

17.

Las aguas crecieron.

La tremenda extensión e intensidad del diluvio se expresan bien mediante una
serie de verbos y adverbios muy descriptivos: las aguas "crecieron" (vers. 17),
"subieron" y "crecieron en gran manera" (vers. 18), "subieron mucho" (vers.
19), y aun quedaron 15 codos (unos 7,50 m) por encima de las montañas (vers.
20). La descripción es clara, majestuosa y vívida. Un inconmensurable volumen
de agua cubrió toda la tierra. La extensión universal del diluvio difícilmente
podría haber sido expresada con palabras más vigorosas que éstas.

La descripción de los vers. 17 al 20 invalida la creencia de que el diluvio fue
un fenómeno local ocurrido en el valle de la Mesopotamia. Por ejemplo, los
depósitos de aluvión descubiertos por los arqueólogos en Ur de los caldeos, ni
aun recurriendo a un exceso de imaginación, podrían relacionarse con el relato
del Génesis acerca del diluvio (PP 96, 98).

Por doquiera sobre la superficie de la tierra se encuentran restos fósiles de
plantas y animales que es obvio que fueron depositados por el agua. En ciertas
localidades, estos depósitos se extienden hasta profundidades de por lo menos
unos 5 km., pero el término medio de su profundidad es de algo más de unos 800
m. La distribución universal de estos restos y la profundidad a que se hallan,
testifican con toda evidencia tanto de la extensión mundial como de la terrible
violencia del diluvio de Noé.

La universalidad de esta catástrofe también queda comprobada por las leyendas
acerca del diluvio preservadas en los pueblos de casi cada raza de esta tierra.
El más completo de estos relatos es el de los antiguos babilonios, que se
establecieron muy cerca del lugar 270 donde descansó el arca después del
diluvio y desde donde otra vez la raza humana comenzó a propasarse. La Epopeya
de Gilgamés tiene muchas similitudes decisivas con el relato del Génesis y, sin
embargo, difiere de él lo suficiente como para demostrar que es una versión
distorsionada del mismo relato. Una comparación de ambos deja una evidencia
impresionante en cuanto a la inspiración de la narración del Génesis.

En los vers. 17 y 18 se menciona dos veces que el arca fue alzada y "flotaba".
El hecho de que se deslizara con toda seguridad "sobre la superficie de las
aguas" proporcionó a todas las generaciones futuras la seguridad de la
capacidad de Dios para salvar a los que confían en él y le obedecen. Los
mismos elementos desencadenados para destruir a los impíos, sostuvieron con
toda seguridad a la fiel familia de Noé. A Dios nunca le faltan recursos para
salvar a los suyos; sin embargo no debemos olvidar que es su voluntad que
ejercitemos al máximo la inteligencia y el vigor que nos ha dado. Dios
preservó milagrosamente el arca, pero hizo que Noé la construyera.

21.

Murió toda carne.

La palabra "todo" (cinco veces en el género masculino) se usa seis veces (vers.
21-23) y está acompañada con una lista detallada de las diferentes formas de
vida: "aves", "ganado", "bestias", "reptil que se arrastra" y el "hombre". El
uso reiterado del vocablo "todo" hace más enfática la narración.

24.

Prevalecieron las aguas.

Que los 150 días incluyeron los 40 días de los vers. 4, 12, 17, y por lo tanto
deben contarse desde el comienzo de ese período, se ve por el vers. 11 y el
pasaje del cap. 8: 4, donde se dice que el arca reposó sobre las montañas de
Ararat en el 17º día del 7º mes, exactamente 5 meses después del comienzo de la
lluvia. El cómputo se hace en términos de meses de 30 días.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-24 PP 85-95; SR 65-69

1 DTG 588; FE 504; PE 284; PP 86, 110; SR 65, 76, 408

2, 3 PP 85

4 SR 65

9, 10 PP 85

10 SR 65

11 HAp 457; PP 87, 93

11, 12 PE 284

11-24 Ed 125

13 FE 504

16 PP 86; SR 65

18, 19 CRA 58

20 PP 95

23 PP 104

CAPÍTULO 8

1 Las aguas del diluvio se secan. 4 El arca reposa sobre el monte Ararat. 7 El
cuervo y la paloma. 15 Dios le ordena salir del arca. 20 Construye un altar y
ofrece sacrificio, 21 el cual es aceptado por Dios, quien promete no volver a
maldecir la tierra.

1 Y SE acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que
estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y
disminuyeron las aguas.

2 Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la
lluvia de los cielos fue detenida.

3 Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra; y se retiraron las
aguas al cabo de ciento cincuenta días.

4 Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los
montes de Ararat.

5 Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero
del mes, se descubrieron las cimas de los montes.

6 Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había
hecho, 271

7 y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las
aguas se secaron sobre la tierra.

8 Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de
sobre la faz de la tierra.

9 Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca,
porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él
extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca.

10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca.

11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja
de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre
la tierra.

12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a
él.

13 Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día
primero del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta
del arca, y miró, y he aquí que la faz de, la tierra estaba seca.

14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra.

15 Entonces habló Dios a Noé, diciendo:

16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos
contigo.

17 Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y
de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la
tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra.

18 Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con
él.

19 Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la
tierra según sus especies, salieron del arca.

20 Y ediificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave
limpia, y ofreció holocausto en el altar.

21 Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a
maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del
hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente,
como he hecho.

22 Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y
el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.

1.

Se acordó Dios de Noé.

Este versículo no implica que Dios se hubiera olvidado de Noé durante un
tiempo. Es una expresión que indica la solicitud y la gracia divinas. Una
conmovedora indicación de la ternura de Dios hacia sus criaturas se halla en la
declaración de que Dios también se acordó, junto con Noé, de los demás seres
vivientes. Aquel que proclamó que aunque cinco pajarillos "se venden" "por dos
cuartos", "con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios" (Luc. 12:
6, 7; cf. Mat. 10: 29-31; 6: 26), recordará a sus hijos fieles que valen más
"que muchos pajarillos".

4.

Ararat.

Todos los expositores bíblicos están de acuerdo en que se trata de la región
montañosa de Armenia, aunque no se sabe con exactitud qué parte se indica de la
cordillera del Ararat. El lugar de la ubicación tradicional, el moderno monte
Ararat, tiene dos cumbres: una de 5.165 m y la otra de 3.746 m. Los persas
llaman Koh-i-nuha a estas dos cumbres gemelas, lo que significa "la montaña de
Noé". Este era un lugar ideal para que reposara el arca mientras bajaban las
aguas, y desde el cual los sobrevivientes del diluvio podían esparcirse por
todo el mundo (ver com. de cap. 7: 24).

5.

Las aguas fueron decreciendo.

Las aguas disminuyeron gradualmente durante dos meses y medio después que el
arca descansó sobre las montañas del Ararat.

7.

Envió un cuervo.

Cuarenta días después de la aparición de las cumbres de las montañas, Noé
estuvo ansioso por conocer hasta dónde se habían secado las aguas y si podía
abandonar sin peligro el refugio del arca. Como ya se habían retirado las
aguas de las partes más altas, el arca estaba a salvo de las tempestades.
Desde una posición tal en la montaña era difícil determinar hasta dónde se
habían retirado las aguas en los valles más bajos. Por lo tanto, Noé envió un
cuervo para saber, por el comportamiento del ave, cuál era la condición de la
tierra. No pudiendo encontrar un lugar donde descansar, el cuervo estuvo
volando por encima de las aguas y volviendo de cuando en cuando al arca (PP
95).

8.

Una paloma.

Aunque no se dice cuánto tiempo esperó Noé antes de hacer una segunda prueba,
la expresión "esperó aún otros siete días" (vers. 10) indica que el primer
período de espera también había sido de la 272 misma duración. Una semana más
tarde, la paloma se mantuvo alejada todo el día, pero volvió por la tarde con
una hoja de olivo, indudablemente de un árbol que había sobrevivido al diluvio.
A la frase "traía una hoja de olivo en el pico" (vers. 11), se añade en hebreo
la palabra "arrancada", lo que indica claramente que la hoja no había sido
encontrada flotando sobre la superficie de las aguas. Noé reconoció en la hoja
de olivo una evidencia de que la tierra debía estar casi seca y que pronto
podría salir del arca. Una semana más tarde, la paloma no volvió, lo que
demostraba que la condición de la tierra permitía salir del arca. ¡Cuán gozoso
debe haberse sentido Noé!

13.

La cubierta del arca.

Se indica un período adicional de espera, después del cual Noé pensó que había
llegado el momento de investigar por sí mismo. Puesto que podía verse poco por
las aberturas enrejadas ubicadas debajo del techo del arca, quitó una parte del
mismo. La palabra "cubierta", mikseh, se usa en el AT para designar el techo
del tabernáculo (Exo. 26: 14), y también lo que cubría los muebles del
santuario mientras éste era transportado (Núm. 4: 10-12). Puesto que estas
coberturas eran de pieles, es posible que la cubierta del arca lo hubiera sido
también (ver com. de cap. 6: 16).

14.

En el mes segundo.

A Noé le pareció que el terreno estaba suficientemente seco. Sin embargo, como
Dios había cerrado la puerta del arca, Noé esperó la instrucción de Dios en
cuanto al momento de salir de ella. En total esperó 57 días más, antes de que
las aguas se hubieran escurrido del todo y Dios pudiera dar el permiso deseado.

Si suponemos que siempre se trató de meses de 30 días (ver com. de cap. 7: 24),
el cuaderno de bitácora del arca durante el diluvio habría tenido la siguiente
descripción:

Mes Día Año

Noé entra en el arca. Gén. 7: 4, 7, 10........ 2
10 600

Comienzo del diluvio. 7: 11.........................
2 17 600

Llueve y prevalecen las aguas (primeros 40 días

del diluvio). 7: 4, 12, 17...............................
3 27 600

"Prevalecieron las aguas" (110 días adicionales).

7:24...............................................................
7 17 600

El arca descansa sobre las montañas de Ararat.

8: 4................................................................
7 17 600

Se ven las montañas. 8: 5..........................
10 1 600

Se envía el cuervo (40 días después). 8: 6....... 11
11 600

Se envía la paloma

por primera vez. 8: 8; PP 95.............................
11 18 600

Se envía la paloma por segunda vez. 8: 10.. 11
25 600

Se envía la paloma por tercera vez. 8: 12......
12 2 600

Se quita la cubierta del arca;

se secan las aguas. 8: 13................................
1 1 601

Noé sale del arca. 8: 14-16.............................
2 27 601

Pasaron exactamente cinco meses desde el comienzo del diluvio hasta que el arca
reposó sobre las montañas de Ararat (cap. 7: 11; 8: 4). Este período también se
presenta como 150 días (cap. 7: 24), lo que indica que los cinco meses tenían
30 días cada uno. Sin embargo, no es seguro si el año del tiempo de Noé era
lunar o solar o si comenzaba en la primavera o en el otoño.

El arca constituye una prueba de la bondad de Dios y de la fe obediente de Noé.
El arca fue un refugio en tiempo de peligro, un hogar para los que no lo
tenían y un templo donde la piadosa familia de Noé rendía culto a Dios. Los
llevó a salvo desde el mundo antiguo hasta el nuevo, de un ambiente de vicio y
pecado a una tierra purificada. El arca fue el lugar destinado por Dios para
la salvación; fuera de ella no había seguridad. Así como fue en los días de
Noé, será cuando el mundo llegue a una terminación súbita con la venida del
Hijo del hombre (Mat. 24: 37). Los que desean ser salvados deben valerse del
recurso que Dios ha provisto para su salvación.

16.

Sal del arca.

Noé había aprendido a confiar en Dios y a esperar pacientemente, como resultado
de sus 120 años de predicación y construcción del arca. Ese largo período de
activa labor fue seguido por más de un año dentro del arca. Durante las
primeras semanas y los primeros meses Noé y su familia habían experimentado
lluvia incesante, 273 furiosas tempestades y tremendos cataclismos de la
corteza terrestre, todo lo cual amenazaba con destruir su frágil embarcación.
Posteriormente, cuando el arca reposó sobre las montañas de Ararat, comenzó un
tedioso lapso de espera que duró más de siete meses. Con cuánta frecuencia
podría haber sentido Noé que Dios había olvidado la solitaria arca y a sus
ocupantes en aquella cima montañosa. ¡Felices virtudes gemelas, la fe y la
paciencia! Con qué gozo anhelante debe haber escuchado Noé una vez más la voz
de Dios que le ordenaba que saliera.

17.

Fructifiquen y multiplíquense.

Esta declaración ha sido considerada por algunos comentadores como un indicio
de que Dios había limitado la función reproductora de los animales durante el
año que pasaron en los apretujados recintos del arca. Ahora se repite la
bendición dada originalmente en la creación para que los animales se
multiplicaran y llenaran la tierra (cap. 1: 22).

18.

Salió Noé.

Noé y su familia salieron cuando un ángel descendió del cielo y abrió la puerta
de par en par, la misma puerta que había cerrado un año antes. Los animales
siguieron el ejemplo de Noé, saliendo del arca en orden, cada uno según su
propia especie. Este instinto de asociarse con otros miembros de su propia
especie generalmente es característica del mundo animal hasta el día de hoy.

20.

Edificó Noé un altar.

Lo primero que hizo Noé después de salir del arca fue un acto de culto. Los
sacrificios ofrecidos por Noé eran no sólo una expresión de gratitud por haber
sido preservado, sino también una nueva muestra de su fe en el Salvador
simbolizado en cada sacrificio de animales. En la ofrenda de "todo animal
limpio y toda ave limpia", Noé puso de manifiesto tanto gratitud como
generosidad. Aunque este pasaje es el primero de las Escrituras en que se
menciona la construcción de un altar, no se debiera pensar que los altares no
se usaban antes del diluvio. La palabra "holocausto" 'oloth, no es la misma
que se usa para describir el sacrificio de Abel. Se deriva de un verbo que
significa "elevarse" y no sugiere la elevación de la ofrenda sobre el altar,
sino la ascensión del humo del holocausto hacia el cielo (ver Juec. 13: 20; 20:
40; Jer. 48: 15; Amós 4: 10).

21.

Percibió Jehová olor grato.

La satisfacción de Dios por la conducta de Noé y la forma en que aceptó la
ofrenda de Noé, se presentan en un lenguaje muy humano. La respuesta divina al
ferviente culto de Noé fue la decisión de que la tierra nunca sería otra vez
destruida por un diluvio. Esta promesa no fue comunicada a Noé sino un tiempo
después (ver cap. 9: 8-17). Las palabras "no volveré más a maldecir la tierra"
no quitaron la maldición del cap. 3: 17. Simplemente se refieren a que una
catástrofe universal, tal como el diluvio, no sobrevendría otra vez a la
humanidad. Esto no incluye inundaciones locales.

El intento del corazón del hombre.

Algunos comentadores han visto una contradicción entre este versículo y el
pasaje del cap. 6: 5-7. Dios había decretado el diluvio porque "todo designio
de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal", y
aquí, por la misma razón, promete que nunca más mandaría otro diluvio. Debe
ser que en el primer caso "pensamientos" se refiere a una modalidad intencional
de pensamiento pervertido que se traducía en acción (cap. 6: 5), y en cambio
aquí se refiere a las tendencias inherentes del hombre.

22.

Mientras la tierra permanezca.

Las ocupaciones comunes del hombre, propias de las estaciones, habían sido
completa y universalmente interrumpidas por el diluvio. Ahora Dios le aseguró
a Noé no sólo que no habría nunca más otro diluvio sino que tampoco ocurriría
ninguna otra interrupción semejante del ciclo de las estaciones. Las
estaciones habían sido ordenadas en la creación (Gén. 1: 14) y por lo tanto
deberían continuar.

El relato más notable del diluvio, fuera de la Biblia, aparece en la antigua
epopeya babilonia de Gilgamés. Aunque la sección de la epopeya que trata del
diluvio presenta similitudes notables con el registro del Génesis, las
diferencias entre los dos relatos constituyen una evidencia convincente de la
inspiración y exactitud del registro bíblico. El politeísmo y otras ideas
religiosas paganas le dan a la epopeya de Gilgamés un sabor claramente pagano.
Aunque relatos similares del diluvio persisten hasta el día de hoy en todos los
sectores de la humanidad, es tan sólo natural que la narración babilonia sea
más exacta que 274 las demás debido a la proximidad de Babilonia a las montañas
del Ararat. Para mayor información acerca de la epopeya de Gilgamés, véase la
"Arqueología y el redescubrimiento de la historia antigua", en las págs. 122,
123.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

4, 6-11, 13,15-20 PP 95

21 PP 96

22 Ed 101; PP 96; PVGM 49

CAPÍTULO 9

1 Dios bendice a Noé. 4 Se prohibe el derramamiento de sangre y el homicidio. 8
El pacto de Dios 13 simbolizado por el arco iris. 18 Noé vuelve a poblar la
tierra. 20 Planta una viña, 21 se pone en estado de ebriedad y su hijo se burla
de él. 25 Noé maldice a Canaán. 26 Bendice a Sem. 27 Ora Por Jafet. 29 Muerte
de Noé.

1 BENDIJO Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y
llenad la tierra.

2 El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y
sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en
todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados.

3 Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las
legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.

4 Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.

5 Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo
animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano
demandaré la vida del hombre.

6 El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada;
porque a imagen de Dios es hecho el hombre.

7 Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la
tierra, y multiplicaos en ella.

8 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo:

9 He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes
después de vosotros;

10 y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia
de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta
todo animal de la tierra.

11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con
aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y
vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos:

13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y
la tierra.

14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver
entonces mi arco en las nubes.

15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente
de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.

16 Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo
entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.

17 Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre
mí y toda carne que está sobre la tierra.

18 Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es
el padre de Canaán.

19 Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra.

20 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña;

21 y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.

22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos
hermanos que estaban afuera.

23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios
hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo
vueltos sus rostros, y 275 así no vieron la desnudez de su padre.

24 Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más
joven,

25 y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos.

26 Dijo más: Bendito por Jehová mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo.

27 Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su
siervo.

28 Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años.

29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.

1.

Bendijo Dios a Noé y a sus hijos.

Noé y su familia recibieron una bendición que fue similar a la pronunciada
sobre Adán y Eva después de su creación (cap. 1: 28). Así como Adán había sido
el progenitor de todos los miembros de la raza humana, Noé llegó a ser el
progenitor de todos los seres humanos después del diluvio. En ambos casos la
bendición consistió en una orden divina de fructificar y llenar la tierra. Sin
embargo, faltaba una parte de la bendición previa, a saber, el encargo de
sojuzgar la tierra. Fuera de duda esta omisión refleja el hecho de que el
dominio del mundo asignado al hombre durante la creación se había perdido por
el pecado. El pecado había alterado la relación que originalmente existió
entre el hombre y los animales, y éstos, por lo menos hasta cierto límite,
quedaban fuera del control del hombre.

2.

El miedo de vosotros.

Puesto que el pecado, con sus consecuencias, había debilitado el vínculo de
sujeción de parte de los animales a la voluntad del hombre, de allí en adelante
tan sólo por la fuerza él podría regir sobre ellos, mediante ese "miedo" que
Dios ahora inculcó en la creación animal. La naturaleza había quedado apartada
del hombre.

El miedo que todos los animales terrestres, volátiles y acuáticos habían de
tener no excluiría su rebelión ocasional contra el dominio del hombre sobre
ellos. A veces se levantarían y destruirían al hombre. En realidad, Dios los
usó en algunos casos para administrar justicia divina (ver Exo. 8: 6, 17, 24; 2
Rey. 2: 24). Sin embargo, la condición normal de las criaturas inferiores
sería de instintivo temor hacia el hombre, lo que haría que más bien lo
rehuyeran y no que buscaran su compañía. Es un hecho que los animales se
retiran siempre que avanza la civilización humana. Aun las fieras, a menos que
se las provoque, generalmente rehúyen al hombre antes que atacarlo.

En vuestra mano son entregados.

Este pronunciamiento divino ha encontrado su cumplimiento en la domesticación
de ciertos animales cuya ayuda necesita el hombre, en la doma de animales
salvajes mediante el poder superior de la voluntad humana y en la exitosa
reducción de los seres dañinos a la impotencia mediante la inventiva y el
ingenio.

3.

Os será para mantenimiento.

No significaba que el hombre por primera vez hubiera comenzado a comer carne de
animales, sino tan sólo que Dios por primera vez lo autorizaba, o mejor le
permitía hacer lo que el diluvio había convertido en una necesidad. Los impíos
antediluvianos eran carnívoros (CH 109). Pero no fue la voluntad original del
Creador que sus criaturas se comieran entre sí. El le había dado al hombre
plantas para comer (cap. 1: 29). Con la destrucción de toda vida vegetal
durante el diluvio y con el agotamiento de las reservas de alimentos que fueron
llevados al arca, surgió una emergencia a la que Dios hizo frente dando permiso
para comer la carne de animales. Además, el comer carne acortaría las vidas
pecaminosas de los hombres (CRA 445).

Este permiso no implicaba un consumo sin restricciones y sin límites de toda
clase de animales. La frase "todo lo que se mueva sobre la tierra" excluye
claramente el comer cadáveres de animales que habían muerto o habían sido
muertos por otras bestias, lo que más tarde prohibió específicamente la ley
mosaica (Exo. 22: 31; Lev. 22: 8). Aunque aquí no se presenta la distinción
entre animales limpios e inmundos respecto al alimento, eso no significa que
era desconocida para Noé. Que Noé conocía esa distinción resulta claro por la
orden previa de llevar más animales limpios que inmundos al arca (Gén. 7: 2), y
porque ofreció tan sólo animales limpios como holocausto (cap. 8: 20).

La distinción debe haber sido tan perfectamente conocida por los primeros
hombres, 276 que fue innecesario que Dios llamara especialmente la atención de
Noé a ella. Tan sólo cuando esta distinción se había perdido a través de los
siglos de alejamiento del hombre de Dios, se promulgaron nuevas directivas
escritas acerca de animales limpios e inmundos (Lev. 11; Deut. 14). La
inmutabilidad del carácter de Dios (Sant. 1: 17) excluye la posibilidad de
interpretar este pasaje como un permiso para sacrificar y comer cualquier
animal. Los que eran inmundos para un propósito no podían ser limpios en otro.

Plantas verdes.

Esto implica la novedad del permiso de comer carne, además de verduras y frutas
que originalmente habían sido destinadas como alimento del hombre. No sólo fue
por la ausencia temporal de vida vegetal, como resultado del diluvio, por lo
que Dios permitió que el hombre complementara su régimen vegetariano con carne,
sino también posiblemente porque el diluvio había cambiado tan completamente la
forma externa de la tierra y había disminuido su fertilidad hasta el punto de
que en algunas regiones, tales como las del extremo norte, no producirían
suficiente alimento vegetal para sostener la raza humana.

4.

Carne con su vida.

La prohibición se aplica a comer carne con sangre, ya fuera de animales vivos
como había sido la bárbara costumbre de algunas tribus paganas del pasado, o de
animales sacrificados que no hubieran sido bien desangrados. Entre otras
cosas, esta prohibición era una salvaguardia contra la crueldad y un
recordativo del sacrificio de animales, en los cuales la sangre, como portadora
de la vida, era considerada sagrada. Dios previó que el hombre, al caer como
fácil víctima de las creencias supersticiosas, pensaría que participando del
líquido vital, su propia vitalidad sería vigorizada o prolongada. Por estas
razones y probablemente por otras que ahora no resultan claras, fue
irrevocablemente prohibido comer carne con sangre. Los apóstoles consideraron
que esta prohibición todavía estaba en vigencia en la era cristiana. Llamaron
la atención respecto a esto especialmente a los creyentes cristianos de origen
gentil, porque esos nuevos creyentes, antes de su conversión, habían estado
acostumbrados a comer carne con sangre (Hech. 15: 20, 29).

"Vida", néfesh (ver com. de Gén. 2: 7). Traducir esta palabra como "alma",
como algunos han hecho, oscurece el verdadero significado (ver Lev. 17: 11).
La sangre es indispensable para la vida. Si se corta la circulación de sangre
a cualquier parte del cuerpo, esa parte muere. Una pérdida completa de sangre
inevitablemente produce la muerte. Siendo esto verdad, la palabra hebrea
néfesh, como paralela de "sangre" en este texto. debe traducirse "vida", tal
como está en la VVR.

5.

La sangre de vuestras vidas.

Resalta el valor de la vida del hombre, néfesh, a la vista del cielo. Dios se
ocuparía personalmente en vengar el derramamiento de sangre humana, tal como
está implicado en la palabra "demandaré", literalmente "iré en pos" con un
propósito de castigo.

De mano de todo animal.

La vida del hombre quedó a salvo de los animales tanto como de otros hombres
mediante una solemne proclama de la santidad de la vida humana. El decreto de
que una bestia que matara a un hombre debía ser destruida fue incorporado
posteriormente al código mosaico (Exo. 21: 28-32). Esta orden no fue dada para
castigar a la bestia asesina, que no está bajo la ley moral y que por lo tanto
no puede pecar, sino para la seguridad de los hombres.

De mano del varón.

Esta advertencia va directamente contra el suicidio y el homicidio. Dios
requiere del hombre que se quita la vida tanto como del que quita la vida de su
prójimo, que rindan cuenta de sus actos. El mandamiento "No matarás" es tan
amplio en sus alcances que prohíbe toda forma de acortar o quitar la vida. El
hombre no puede dar la vida y por lo tanto no tiene derecho a quitarla, a menos
que se le pida que lo haga por orden divina. Nadie que esté en posesión de sus
facultades mentales y morales, y que por lo tanto sea responsable de sus actos,
puede escapar del castigo de Dios, ni aun el hombre que vuelve su mano contra
sí mismo. En la resurrección cada individuo aparecerá delante del tribunal de
Dios para recibir lo que merece (Rom. 14: 10; 2 Cor. 5: 10).

6.

El que derramare sangre de hombre.

Dios vengaría o castigaría cada asesinato; sin embargo no directamente, como
fue en el caso de Caín, sino indirectamente al colocar en manos del hombre el
poder judicial. La palabra "derramare" implica un asesinato voluntario y no el
quitar accidentalmente la vida; implica homicidio, para el cual la ley tenía
otras disposiciones diferentes de las que 277 aquí se mencionan (Núm. 35: 11).
La orden divina proporciona al gobierno temporal poder judicial y coloca la
espada en su mano. Dios cuidó de erigir una barrera contra la supremacía del
mal y así estableció el fundamento para un desarrollo civil ordenado de la
humanidad.

7.

Ver com. de vers. 1.

9.

Establezco mi pacto.

Para dar a Noé y a sus hijos una seguridad firme de la prolongación próspera de
la raza humana, Dios estableció un pacto con ellos y sus descendientes y lo
confirmó con una señal visible. En sus estipulaciones, el pacto abarcaba a
toda la posteridad subsiguiente y, junto con la familia humana, a toda la
creación animal.

10.

Todos los que salieron del arca.

Este pasaje no implica, como lo han explicado algunos expositores, que ciertos
animales habían sobrevivido al diluvio sin haber estado en el arca, y que por
lo tanto la inundación de la tierra fue sólo parcial. Puesto que este punto de
vista está en abierta contradicción con declaraciones bíblicas según las cuales
todos los animales terrestres y volátiles que no habían encontrado refugio en
el arca habían sido destruidos (caps. 6: 17; 7: 4, 21-23), debe encontrarse
otra explicación.

11.

No exterminaré ya más toda carne.

Este "pacto" no contenía sino una estipulación y asumía la forma de una promesa
divina. Algunas regiones podrían ser devastadas y hombres y animales barridos
por centenares de miles, pero nunca habría otra vez una destrucción universal
de la tierra por un diluvio. Sin embargo, esta promesa no implica que Dios
esté obligado a no destruir otra vez el mundo mediante otro medio que no sea el
agua. Su plan anunciado de poner fin a toda la impiedad cuando termine la
historia del mundo mediante un gran fuego destructor (2 Ped. 3: 7, 10, 11;
Apoc. 20: 9; etc.) en ninguna manera contradice la promesa.

12.

Esta es la señal.

Dios estimó que esta señal era necesaria para que sus criaturas tuvieran fe en
sus promesas, y al mismo tiempo constituía una muestra de su condescendencia
con las debilidades del hombre. El hombre busca señales (Mat. 24: 3; 1 Cor. 1:
22) y Dios se las ha proporcionado en su misericordia y bondad, dentro de
ciertos límites, aunque desea que sus seguidores retengan su fe y crean en él
aun cuando no haya señales que los guíen (Juan 20: 29).

13.

Mi arco he puesto.

El establecimiento del arco iris como una señal de la promesa de que no habría
nunca más otro diluvio, presupone que el arco iris apareció entonces por
primera vez en las nubes. Esta es una indicación más de que no había llovido
antes del diluvio. El arco iris es producido por la refracción y la reflexión
de la luz del sol a través de las gotas de agua en suspensión.

15.

Me acordaré del pacto mío.

El arco iris, un fenómeno físico natural, es un símbolo adecuado de la promesa
de Dios de no volver a destruir la tierra mediante un diluvio. Puesto que las
condiciones climáticas serían diferentes después del diluvio, y en la mayoría
de las partes del mundo las lluvias tomarían el lugar del anterior y benéfico
rocío para humedecer la tierra, convenía que Dios utilizara algún medio para
aquietar los temores de los hombres cada vez que comenzara a llover. Toda
persona que así lo desee puede ver en los fenómenos naturales la revelación de
Dios mismo (ver Rom. 1: 20). De esa manera el arco iris es para el creyente la
evidencia de que la lluvia traerá bendición y no destrucción universal.

Juan vio en visión un arco iris que rodea el trono de Dios (Apoc. 4: 3). El
hombre contempla el arco iris para recordar la promesa de Dios, pero Dios mismo
lo contempla para recordar y cumplir su promesa. En el arco iris convergen la
fe y la confianza del hombre con la fidelidad y la inmutabilidad de Dios.

Los rayos de luz santa que emanan del Sol de justicia (Mal. 4: 2), tal como son
vistos por el ojo de la fe a través del prisma de las experiencias de la vida,
revelan la belleza del carácter justo de Jesucristo. El pacto eterno entre el
Padre y el Hijo (Zac. 6: 13) asegura a cada humilde y fiel hijo e hija de Dios
el privilegio de contemplar en Jesús a Aquel que es todo él codiciable, y al
contemplarlo, ser transformado a su misma semejanza.

17.

Esta es la señal.

Este pacto entre Dios y Noé puso punto final a los acontecimientos relacionados
con la catástrofe mayor que esta tierra jamás haya experimentado. La tierra,
que una vez fue bella y perfecta, presentaba un cuadro de completa desolación.
El hombre había recibido una lección acerca de los terribles resultados del
pecado. Los mundos no caídos habían visto el fin espantoso que aguarda al
hombre cuando éste obedece a Satanás. 278

Debía realizarse un nuevo comienzo. Puesto que habían sobrevivido al diluvio
sólo miembros fieles y obedientes de la familia humana antediluviana, había
razón para esperar que el futuro presentaría un cuadro más feliz que el pasado.
Después de haber sido salvados por la gracia de Dios del máximo cataclismo
imaginable, podría esperarse que los descendientes de Noé se beneficiaran en
todos los siglos futuros con las lecciones aprendidas del diluvio.

18.

Los hijos de Noé.

Sus tres hijos, a quienes se alude repetidas veces en pasajes anteriores (caps.
5: 32; 6: 10; 7: 13), son mencionados otra vez como cabezas de las naciones que
habría en la familia humana. Sus nombres son explicados en relación con la
tabla genealógica del cap. 10.

Cam es el padre de Canaán.

Se menciona aquí a Canaán, hijo de Cam, como alusión anticipada a lo que sigue.
Además debe haber sido el propósito de Moisés llamar la atención de los
hebreos de su tiempo al desagradable acontecimiento descrito en los versículos
siguientes, a fin de que pudieran comprender mejor por qué los cananeos, a
quienes ellos pronto encontrarían, eran tan profundamente degradados y
moralmente corruptos. La raíz de su depravación se encontraba en su primer
antecesor, Cam, "el padre de Canaán".

19.

De ellos fue llena toda la tierra.

Este pasaje declara con palabras directas e inconfundibles que todos los
habitantes posteriores de este mundo son descendientes de los tres hijos de
Noé. Aunque no podamos remontar el linaje de cada nación y tribu hasta uno de
los jefes de las familias enumeradas en el capítulo siguiente, este texto
declara enfáticamente que toda la tierra fue poblada por los descendientes de
Noé. La opinión según la cual ciertas razas se libraron del diluvio en
regiones remotas de este mundo y no tuvieron relación directa con los hijos de
Noé, no tiene ningún respaldo bíblico.

20.

Comenzó Noé a labrar la tierra.

Esto no excluye necesariamente la posibilidad de que Noé no haya sido labrador
antes del diluvio, pero además significa que comenzó la nueva era, literalmente
como "un hombre de la tierra". Aunque Noé había recibido permiso para matar
animales y comer su carne, comprendió que era necesario cultivar inmediatamente
la tierra y obtener alimento de ella.

Plantó una viña.

Esta declaración no significa que Noé plantó únicamente una viña. Se menciona
la viña para explicar los acontecimientos siguientes, pero con eso no se
excluye la posibilidad de que cultivara el terreno con otros propósitos.
Armenia, la región donde se detuvo el arca, era conocida en la antigüedad como
una zona de viñas, tal como lo testifica el soldado e historiador griego
Jenofonte. El cultivo de la vid era común en todo el antiguo Cercano Oriente y
esto puede rastrearse hasta los tiempos más remotos.

Noé no hizo nada malo al plantar una viña.

La vid es una de las plantas nobles de la creación de Dios. Cristo la usó para
ilustrar su relación con la iglesia (Juan 15) y honró su fruto bebiéndolo en la
última noche de su ministerio terrenal (Mat. 26: 27-29). El jugo de uva es muy
benéfico para el cuerpo humano mientras no se lo ingiera fermentado.

21.

Vino.

Heb. yáyin, el jugo de la uva. En la mayoría, si no en todos los casos, el
contexto de las Escrituras indica una bebida fermentada y por lo tanto
embriagante. Al tomar Noé esta bebida, "se embriagó". Puesto que la
embriaguez había sido uno de los pecados de la era antediluviana, debemos
suponer que Noé estaba familiarizado con los efectos perjudiciales de la
ingestión de bebidas alcohólicas. El registro del pecado de Noé da testimonio
de la imparcialidad de las Escrituras, que consignan las faltas de los grandes
hombres tanto como sus virtudes.

La edad o las victorias espirituales previas no son una garantía contra la
derrota en la hora de la tentación. ¿Quién hubiera pensado que un hombre que
había caminado con Dios durante siglos y que había resistido las tentaciones de
multitudes, caería solo? Una hora de descuido puede manchar la vida más pura y
deshacer mucho del bien que ha sido hecho en el curso de los años.

Estaba descubierto.

"El vino es escarnecedor" (Prov. 20: 1) y puede engañar a los hombres más
sabios si no son vigilantes. La embriaguez deforma y degrada el templo del
Espíritu Santo que somos nosotros, debilita los principios morales y así expone
al hombre a incontables males. Pierde el dominio tanto de las facultades
físicas como mentales. La intemperancia de Noé trajo vergüenza a un anciano
respetable, y sometió al ludibrio y a la burla a uno que era sabio y bueno.

22.

La desnudez de su padre.

El hecho de 279 que Cam es llamado otra vez el padre de Canaán parece implicar
que tanto el padre como el hijo tenían inclinaciones profanas similares que se
manifestaron no sólo en el incidente que aquí se describe, sino posteriormente
en las prácticas religiosas de toda una nación. Además muestra que esto
sucedió algún tiempo después del diluvio, cuando Canaán, el cuarto hijo de Cam
(cap. 10: 6), ya había nacido. El pecado de Cam fue una transgresión
intencional. Puede ser que hubiera visto accidentalmente la vergonzosa
condición de su padre, pero en vez de llenarse de dolor por la necedad de su
padre, se regocijó en lo que veía y se deleitó en propalarlo.

23.

Sem y Jafet tomaron la ropa.

Los dos hermanos mayores de Cam no participaron de sus sentimientos
pervertidos. Adán también había tenido dos hijos bien disciplinados, Abel y
Set, y un hijo perverso, Caín. Aunque todos habían recibido el mismo amor
paternal y la misma educación, el pecado se manifestó mucho más marcadamente en
uno que en los otros. Ahora irrumpió el mismo espíritu de depravación en uno
de los hijos de Noé, mientras los hijos mayores, criados en el mismo hogar y
bajo las mismas condiciones que Cam, mostraron un admirable espíritu de
decencia y dominio propio. Así como las malas tendencias del criminal Caín se
perpetuaron en sus descendientes, la naturaleza degradada de Cam se reveló
después en su descendencia.

24.

Despertó Noé.

Cuando Noé recuperó el conocimiento y la razón, supo lo que había sucedido
durante su sueño, probablemente al preguntar en cuanto a la razón de la
vestimenta que lo cubría. "Su hijo más joven", literalmente: "su hijo, el
pequeño", con el significado de "hijo menor", se refiere a Cam (ver com. de
cap. 5: 32).

25.

Maldito sea Canaán.

La maldición pronunciada sobre Canaán, cuarto hijo de Cam, más bien que sobre
el mismo culpable del crimen, ha sido tomada por muchos comentadores como la
evidencia de que Canaán fue en realidad el delincuente y que se refiere a él en
el vers. 24 como el miembro más joven de la familia de Noé. Orígenes, uno de
los padres de la iglesia, menciona la tradición según la cual Canaán vio
primero la vergüenza de su abuelo y le contó eso a su padre. No es imposible
que Canaán hubiera participado en la mala acción de su padre.

La maldición de Noé no parece haber sido pronunciada con resentimiento sino más
bien como una profecía. La profecía no coloca a Canaán en particular o a los
hijos de Cam en general en las cadenas de un destino férreo. Meramente es una
predicción de lo que previó Dios y anunció por medio de Noé. Probablemente
Canaán ya seguía en los pecados de su padre y esos pecados llegaron a ser un
rasgo tan marcado en el carácter nacional de los descendientes de Canaán, que
posteriormente Dios ordenó su destrucción.

Siervo de siervos.

Sem ha sometido a Jafet, y Jafet ha sometido a Sem, pero Cam jamás ha sometido
a ninguno de ellos.

26.

Bendito por Jehová mi Dios sea Sem.

Después de la declaración de cada bendición, viene el anuncio de la servidumbre
de Canaán como un estribillo menor.

"¡Bendito sea Yahveh, el Dios de Sem!" (BJ). Siguiendo el texto de esta
versión, se deduce que en vez de desear el bien a Sem, Noé alaba al Dios de
Sem, a saber Yahveh (Jehová), tal como lo hizo Moisés en el caso de Gad (Deut.
33: 20). Por tener a Jehová como a su Dios, Sem sería el receptáculo y
heredero de todas las bendiciones de la salvación que Jehová prodiga sobre sus
fieles.

27.

Engrandezca Dios a Jafet.

Mediante un juego de palabras con el nombre de Jafet, Noé resume su bendición
para este hijo en la palabra "engrandezca", patáj. Así indicó Noé la notable
expansión y prosperidad de las naciones jaféticas.

Habite en las tiendas de Sem.

La inflexión verbal "habite" se refiere a Jafet y no a Dios, aunque algunos
comentadores antiguos y modernos de la Biblia han entendido esto así. El
significado de la frase puede haber sido doble, puesto que los descendientes de
Jafet con el correr del tiempo se posesionaron de muchas tierras de los
semitas, y moraron en ellas, y porque los jafetitas habían de participar de las
bendiciones salvadores de los semitas. Cuando el Evangelio fue predicado en
griego -idioma jafetita-, Israel que era descendiente de Sem, aunque fue
sometido por Roma, habitada por jafetitas, llegó a ser el conquistador
espiritual de los jafetitas y así, figuradamente, los recibió dentro de sus
tiendas. Todos los que son salvados son una parte del Israel espiritual y
entran en la santa ciudad a través de puertas que llevan los 280 nombres de las
doce tribus de Israel (Gál. 3: 29; Apoc. 21: 12).

Las profecías semejantes a ésta no determinan la suerte de los individuos que
están dentro del grupo de que se trata, ya sea para salvación o para
condenación. Rahab la cananea y Arauna jebuseo fueron recibidos en la comunión
del pueblo elegido de Dios, y la mujer cananea fue ayudada por el Señor debido
a su fe (Mat. 1: 5; 2 Sam. 24: 18; Mat. 15: 22-28). Pero se pronunciaron ayes
sobre los endurecidos fariseos y escribas, e Israel fue rechazado debido a su
incredulidad (Mat. 23: 13; Rom. 11: 17-20).

29.

Fueron todos los días de Noé.

La historia de Noé termina con una fórmula bien conocida desde el cap. 5, lo
que sugiere que los relatos contenidos en los caps. 6-9 pertenecen a la
historia de Noé. Aunque Noé era un hombre recto y caminaba con Dios, no llegó
a alcanzar la estatura espiritual de su bisabuelo Enoc. Murió habiendo sido
testigo del crecimiento y expansión de una nueva generación, y habiendo visto
cómo ésta seguía rápidamente las perversas inclinaciones de su malvado corazón.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1 8T 213

2, 3 PP 98

3, 4 CRA 445

4 CRA 469

6 PP 553

11-14 SR 70

11-16 PP 96

16 Ed 110; SR 70; TM 155

21-23, 25-27 PP 110

CAPÍTULO 10

1 Los descendientes de Noé. 2 Los hijos de Jafet. 6 Los hijos de Cam. 8 Nimrod,
el primer monarca. 21 Los hijos de Sem,

1 ESTAS son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes
nacieron hijos después del diluvio.

2 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras.

3 Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarma.

4 hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.

5 De éstos se poblaron las costas, cada cual según su lengua, conforme a sus
familias en sus naciones.

6 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán.

7 Y los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de
Raama: Seba y Dedán.

8 Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra.

9 Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como
Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.

10 Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de
Sinar.

11 De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala,

12 y Resén entre Nínive y Cala, la cual es ciudad grande.

13 Mizraim engendró a Ludim, a Anamin, a Lehabim, a Naftuhim,

14 a Patrusim, a Casluhim, de donde salieron los filisteos, y a Caftorim.

15 Y Canaán engendró a Sidón su primogénito, a Het,

16 al jebuseo, al amorreo, al gergeseo,

17 al heveo, al araceo, al sineo,

18 al arvadeo, al zemareo y al hamateo; y después se dispersaron las familias
de los cananeos.

19 Y fue el territorio de los cananeos desde Sidón, en dirección a Gerar, hasta
Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim, hasta Lasa. 281

20 Estos son los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus
tierras, en sus naciones.

21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y
hermano mayor de Jafet.

22 Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.

23 Y los hijos de Aram: Uz, Hul, Geter y Mas.

24 Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber.

25 Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fue Peleg, porque en sus
días fue repartida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán.

26 Y Joctán engendró a Almodad, Selef, Hazar-mavet, Jera,

27 Adoram, Uzal, Dicla,

28 Obal, Abimael, Seba,

29 Ofir, Havila y Jobab; todos estos fueron hijos de Joctán.

30 Y la tierra en que habitaron fue desde Mesa en dirección de Sefar, hasta la
región montañosa del oriente.

31 Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus
tierras, en sus naciones.

32 Estas son las familias de los hijos de Noé por sus descendencias, en sus
naciones; y de éstos se esparcieron las naciones en la tierra después del
diluvio.

1.

Estas son las generaciones.

La autenticidad de Gén. 10 ha sido cuestionada por algunos críticos de la
Biblia que lo califican como un documento posterior basado en una información
defectuosa o bien como pura fantasía. Sin embargo, descubrimientos recientes
atestiguan de su validez. Sin Gén. 10 nuestro conocimiento de los orígenes e
interrelaciones de las diversas razas sería mucho menos completo de lo que es.
Este capítulo confirma las palabras de Pablo en Atenas, que Dios "de una sangre
ha hecho todo el linaje de los hombres" (Hech. 17: 26).

Los hijos de Noé.

La expresión "estas son las generaciones" aparece frecuentemente en el Génesis
(Gén. 6: 9; 11: 10; 25: 12, 19; etc.), generalmente como encabezamiento de
informaciones genealógicas. Los hijos de Noé no se presentan de acuerdo con su
edad, sino de acuerdo con su importancia relativa para los hebreos (ver com. de
cap. 5: 32). Los tres hijos nacieron antes del diluvio. Sem significa
"nombre" o "fama"; Cam, "calor" y Jafet "belleza" o "expansión". El último
significado para Jafet parece preferible en vista de la bendición pronunciada
sobre él por su padre (cap. 9: 27). Estos nombres probablemente reflejan los
sentimientos de Noé cuando nacieron ellos. El nacimiento de Sem le aseguró a
Noé "fama"; hubo un lugar particularmente "caluroso" en su corazón para Cam; en
Jafet vio el crecimiento de su familia. Los nombres también sugieren previsión
profética. Sem fue famoso como progenitor de Abrahán y a través de él, del
Mesías; la naturaleza de Cam era ardiente, desenfrenada y sensual; los
descendientes de Jafet están esparcidos en varios continentes. Pero no sólo se
reveló el espíritu de la inspiración en los nombres que Noé dio a sus hijos;
también se reflejó en las bendiciones y la maldición pronunciadas sobre ellos
(cap. 9: 25- 27). El nombre de Cam aparece hoy día con frecuencia como nombre
judío, en la forma de Jaim.

A quienes nacieron hijos.

La manifiesta bendición de Dios sobre los sobrevivientes del diluvio resultó en
la rápida multiplicación de la raza humana (ver caps. 9: 1; 10: 32). El orden
en que están los nombres de los hijos de Noé se halla en armonía con un recurso
literario hebreo conocido como "paralelismo invertido". Después de dar sus
nombres en orden acostumbrado: "Sem, Cam y Jafet", Moisés da la lista de los
descendientes de Jafet primero y los de Sem al final. Otro ejemplo de este
procedimiento aparece en Mat. 25: 2-4.

2.

Los hijos de Jafet: Gomer.

Gomer fue el antepasado de un pueblo conocido en las inscripciones asirias como
Gamir o Gimirri. Se trata de los cimerios de la antigua literatura griega y
pertenecen a la familia de naciones indoeuropeas. Según el autor griego
Homero, los cimerios vivieron en el norte de Europa. Aparecieron en las
provincias septentrionales del imperio asirio en tiempo de Sargón II, durante
el siglo VIII AC. Invadieron la antigua Armenia, pero fueron rechazados hacia
el oeste por los asirios. Una antigua carta asiria comenta que ninguno de sus
intérpretes conocía el idioma del pueblo de Gomer. A su vez, los cimerios
vencieron a los 282

CUADRO GENEALÓGICO DE LOS DESCENDIENTES DE NOÉ

283

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS HIJOS DE NOÉ

 

Los tres hijos de Noé emigraron a zonas geográficas diferentes. Los semitas se
establecieron en el valle formado por el Tigris y el Eufrates, y en la mayor
parte de Arabia. Los jafetitas se dirigieron hacia el norte y se instalaron
alrededor del mar Negro, y fueron hacia el oeste hasta España. Los camitas
avanzaron hacia el sur y colonizaron la parte meridional de Asia Menor, la
costa de Siria y Palestina y la costa Arábiga del mar Rojo; sin embargo, se
establecieron principalmente en África.

284 reinos frigio y lidio del Asia Menor, pero fueron gradualmente absorbidos
por los pueblos de Anatolia. Algunos poetas de la época hablan del terror
inspirado por los cimerios en el corazón de los hombres. Una gran parte de
Anatolia una vez llevó el nombre de Gomer en testimonio de su poder. Los
antiguos hablaban del "Bósforo cimerio", y los armenios todavía llaman Gamir a
una parte de su territorio. Se piensa que Crimea lleva el nombre de ellos
hasta el día de hoy.

Magog.

Es difícil la identificación de este nombre. En Eze. 38 y 39, Gog, príncipe de
Magog, aparece como un cruel enemigo del pueblo de Dios. En una carta de un
rey babilonio del siglo XV, dirigida a un faraón egipcio, se menciona la tribu
bárbara Gagaia, que pudo haberse originado en Magog. Se supone que esta tribu
vivió en alguna región al norte del mar Negro, probablemente en las
proximidades de Gomer, hermano de Magog.

Madai.

Los medos, o madai, aparecen por primera vez en inscripciones asirias del siglo
IX AC como un pueblo que vivía en la elevada altiplanicie irania al este de
Asiria. Después de desempeñar un papel de menor importancia en la historia del
mundo antiguo, aparecen súbitamente en el siglo VII AC como una nación poderosa
bajo el rey Ciaxares, cuando, en unión de los babilonios, vencieron al imperio
asirio. Al dividirse los dos aliados el imperio fragmentado, los medos
recibieron las provincias del norte hasta el río Halys del Asia Menor.
Gobernaban su vasto dominio desde Ecbatana, la Acmeta bíblica (Esd. 6: 2).
Astiages, hijo de Ciaxares, fue derrotado y depuesto por Ciro, gobernante persa
que unificó los reinos de Media y de Persia y después venció a Babilonia. Por
primera vez en la historia, la supremacía mundial cayó así en las manos de una
raza indoeuropea.

Javán.

Los griegos, especialmente los jonios, descendían de Javán. Los antiguos
jonios son mencionados primero en los registros hititas como habitantes de las
regiones costeras occidentales del Asia Menor. Esto fue en la mitad del
segundo milenio AC, más o menos cuando Moisés escribió el Génesis. En las
inscripciones asirias son llamados Jamnai.

Tubal.

Los tibarenios de Herodoto y los tabaleanos de las inscripciones cuneiformes
deben identificarse con los descendientes de Tubal.

Tubal es mencionado en inscripciones del siglo XII AC como estando aliado con
Mushku (Mesec) y Kaski en un intento por conquistar la Mesopotamia nororiental.
Salmanasar III se refiere a Tabal como a un país, por primera vez en el siglo
IX AC, al paso que inscripciones de un siglo más tarde ubican a los tabaleanos
como colonizadores de las montañas del Antitauro de la Capadocia meridional.
Posteriormente fueron derivados hacia Armenia, donde se relacionaron con ellos
los autores griegos del período clásico.

Mesec.

Probablemente el antecesor de los mosquianos de los escritores clásicos
griegos, los mushku de las inscripciones asirias. Estas inscripciones
representan a Tabal y a Mushku como aliados, al igual que en Eze. 38. Los
mushku aparecen por primera vez en el norte de Mesopotamia durante el reinado
de Tiglatpileser I, por el año 1100 AC. Un poco después se establecieron en
Frigia y desde allí, comandados por su rey Mita, guerrearon contra Sargón II,
en el siglo VIII AC. En su lucha contra los asirios, el último rey de
Carquemis trató en vano de conseguir ayuda de Mita, rey de Mesec. Después de
dominar el norte de Anatolia por un tiempo, los mushku la perdieron, primero
ante los cimerios y después ante los lidios.

Tiras.

Probablemente el antecesor de los tirsenos. Este pueblo que deriva su nombre
de Tiras, vivió en la costa occidental del Asia Menor, donde se destacaron como
piratas. Probablemente relacionados con los tirsenos italianos, aparecen en
las inscripciones egipcias de fines del siglo XIII AC con el nombre de
tirsenios. Desempeñaron un papel importante entre los pueblos costeros
migratorios del período prehelénico.

3.

Los hijos de Gomer: Askenaz.

Este es el primer hijo de Gomer, hijo de Jafet. Fue progenitor de los
ascanios, pueblo indoeuropeo que vivía al sudeste del lago Urmia en tiempo de
Esar-haddón, siglo VII AC. El lago askeniano de Frigia deriva su nombre de
ellos. Esar-haddón dio su hija como esposa a Bartatua, rey ascanio, después de
asegurarse mediante su dios sol que Bartatua permanecería leal a Asiria. De
ese modo encontramos a los ascanios uniendo sus fuerzas con los asirios contra
los cimerios y los medos. Madyes, hijo de Bartatua, intentó sin éxito ayudar a
los asirios cuando Nínive fue sitiada por los medos y babilonios. Cuando cayó
Asiria, los 285 ascanios se convirtieron en súbditos de los medos. Son
convocados por Jeremías, junto con los reinos indoeuropeos de Ararat, Mini y de
Media, para destruir a Babilonia (Jer. 51: 27).

Rifat.

Debido a su relación con Gomer, Askenaz y Togarma, probablemente Rifat fue el
progenitor de otra tribu indoeuropea de Capadocia. Sin embargo, su nombre no
ha sido encontrado todavía en las inscripciones antiguas. Josefo identifica a
sus descendientes con los paflagonios, que vivían en la zona inferior del
Halys, en el Asia Menor, y cuya capital era Sinope.

Togarma.

Antepasado del pueblo de Togarma mencionado en los registros hititas del siglo
XIV AC. Son los tilgarimu de las inscripciones asirias, que los ubican en los
montes Tauro del norte. Senaquerib, hijo de Sargón, los menciona con los
chilakki que vivían a orillas del Halys en el Asia Menor. Ambos reyes asirios
pretenden haber conquistado su país. Ezequiel declara (Eze. 27: 14) que de la
tierra de ellos se llevaban mulos y caballos a los mercados de Fenicia.
Togarma aparece en Eze. 38: 6 entre los aliados de Magog. Los armenios
remontan su genealogía hasta Haik, el hijo de Torgom, y parecen, pues, ser
descendientes de Togarma.

4.

Los hijos de Javán: Elisa.

Puesto que Tiro importaba su púrpura de las "islas de Elisa" (Eze. 27: 7 BJ),
probablemente las islas de Sicilia y Cerdeña, parecería verosímil que los
descendientes de Elisa, hijo de Javán, deberían ser buscados en esa región. Se
sabe que Sicilia y Cerdeña fueron colonizadas por griegos. De modo que los
habitantes de Cerdeña y Sicilia eran los "hijos" de la Grecia continental así
como Elisa era el hijo de Javán, progenitor de los griegos. La similitud del
nombre Elisa con aquella parte de Grecia llamada Eolia o Eólida, y con el
nombre que los griegos dan a su país, "Hellas", parece relacionar originalmente
a Elisa con la Grecia continental.

Tarsis.

Este nombre aparece frecuentemente en la Biblia. De acuerdo con Isa. 66: 19 y
Sal. 72: 10, Tarsis era unas "costas lejanas". Tenía buenas relaciones
comerciales con Tiro que importaba plata, hierro, estaño y plomo de Tarsis
(Eze. 27: 12). Jonás intentó escapar a Tarsis cuando el Señor lo envió a Nínive
(Jon. 1: 3). Probablemente era la remota colonia fenicia ubicada en el
distrito minero del sur de España, los tartesos de griegos y romanos, de la
zona media e inferior del río Betis (ahora Guadalquivir). "Tarsis" -que
significa "fundidor" o "refinería"- probablemente fue el nombre de varios
lugares diferentes con los que comerciaban en metales los fenicios y, a veces,
los hebreos, usando "naves de Tarsis" (Sal. 48: 7; ver com. de 1 Rey. 10: 22).

Quitim.

Muchos comentadores han identificado a Quitim con Chipre, porque una capital de
Chipre se llamaba Kitión. Esto concordaría con Isa. 23: 1, 12 que habla de
Quitim como que no estuviera muy lejos de Tiro y Sidón. En Jer. 2: 10 y Dan.
11: 30, el nombre Quitim denomina a los griegos en general. Pero su
significado anterior, como en el caso de Isaías, parece circunscribirse más.
Por lo tanto, es seguro identificar a Quitim con Chipre o con otras islas de
las proximidades de Grecia.

Dodanim.

Si esta forma de escribirlo es correcta, debe corresponder con los dardanios
griegos, ubicados a lo largo de la costa noroccidental del Asia Menor. Sin
embargo, en la LXX se lee Rodioi. En la lista paralela de 1 Crón. 1: 7 se lee
Rodanim (BJ) en hebreo, que en la VVR se ha cambiado a Dodanim para concordar
con la grafía hebrea del cap. 10: 4. Las letras d y r del hebreo son tan
parecidas que un escriba fácilmente puede haber confundido la r con una d en
este versículo. Si Rodanim fue con seguridad la forma de escribir el nombre,
probablemente se refiere a los griegos de la isla de Rodas.

5.

Las islas de las gentes.

(BJ). Las costas (VVR). Los descendientes de Javán, las diversas tribus
griegas mencionadas en el versículo precedente -los habitantes de Grecia y las
islas adyacentes a ella, los de Sicilia, Cerdeña, España y Chipre-, salieron
para establecerse en las regiones insulares y costeras del Mediterráneo. Este
versículo indica que los nombres dados designan únicamente a los grupos
tribales importantes. Indudablemente, una dispersión más amplia ya había
ocurrido en el tiempo de Moisés. Cuando se escribió eI Génesis, los pobladores
del Mediterráneo central y occidental estaban subdivididos en muchos grupos
diferentes. Todos ellos, probablemente, descendían de Javán, el cuarto hijo de
Jafet.

6.

Los hijos de Cam: Cus.

Los hebreos estuvieron más íntimamente relacionados con 286 las razas camíticas
que con los descendientes de Jafet. Cus, o Kus, es la antigua Etiopía, que en
los tiempos clásicos era llamada Nubia. Incluía una parte de Egipto y la parte
del Sudán comprendida entre la primera catarata del Nilo, en Asuán, y Kartum en
el sur. Este país es llamado Kash en las inscripciones egipcias: Kushu en los
textos cuneiformes asirios. Sin embargo, Cus no sólo incluía a la Nubia
africana sino también la parte occidental de Arabia que bordea el mar Rojo. Se
sabe que algunos de los hijos de Cus se establecieron allí. Sera, el cusita
(etíope) de 2 Crón. 14: 9 y "los mercaderes de Kus" de Isa. 45: 14 (BJ),
mencionados con los sabeos como hombres de elevada estatura, se piensa que eran
árabes occidentales. Por el tiempo de Ezequías, Judá se relacionó con el Cus
africano, o Etiopía, que se menciona frecuentemente en los últimos libros del
AT (ver 2 Rey. 19: 9; Est. 1: 1; 8: 9; Sal. 68: 31; etc.).

Mizraim.

Los egipcios descendieron del segundo hijo de Cam. Es oscuro el origen del
nombre hebreo Mizraim. Aunque esta palabra es la misma en los idiomas asirio,
babilonio, árabe y turco así como en hebreo, nunca se ha encontrado un nombre
similar autóctono en las inscripciones egipcias. Los egipcios llamaban a su
país la "tierra negra" para designar la franja fértil de tierra que bordea
ambas orillas del río Nilo en contraste con la "tierra roja" del desierto, o
hablaban de él como las "dos tierras", lo que refleja una división histórica
anterior del país en dos reinos separados. Es un tema controvertido entre
algunos eruditos si la palabra Mizraim, con su terminación dual hebrea, puede
ser un reflejo de la expresión "dos tierras". Los egipcios modernos usan el
nombre Misr y el adjetivo misri para referirse a Egipto. El nombre Mizar, dado
a una estrella de la constelación de la Osa Mayor, también perpetúa el nombre
de Mizraim, el hijo de Cam.

Fut.

Tradicionalmente Fut ha sido identificado como el progenitor de los libios.
Esta tradición se remonta al tiempo de la LXX, que tradujo Fut como "Libia".
Probablemente es errónea esta identificación. Antiguas inscripciones egipcias
mencionan una tierra africana con el nombre de Punt, Putu en los textos
babilónicos, hasta la cual enviaron expediciones los egipcios desde tiempos
remotos para conseguir mirra, árboles, pieles de leopardos, ébano, marfil y
otros productos exóticos. De ahí que Punt fuera probablemente la costa
africana de Somalia y Eritrea, y el Fut de este pasaje.

Canaán.

Algunas inscripciones jeroglíficas y cuneiformes del segundo milenio AC ubican
a Canaán como la región que bordea el Mediterráneo por el oeste, que limita con
el Líbano por el norte y con Egipto por el sur. Además es un nombre colectivo
para la población autóctona de Palestina, Fenicia y las ciudades-estados
hititas del norte de Siria. Los fenicios y sus colonizadores cartagineses del
norte del África se referían a sí mismos como cananeos en sus monedas, hasta
los tiempos de los romanos (ver vers. 15). Aunque Canaán fue hijo de Cam, el
idioma cananeo fue semítico; como lo revela claramente la escritura de los
cananeos. Parece que ellos adoptaron el idioma semítico en una etapa muy
remota de su historia. Evidentemente, esto también sucedió con los egipcios,
pues su idioma es pronunciadamente semítico. En realidad, los egipcios
antiguos, cuya procedencia camítica no pondrá en duda ningún erudito,
introdujeron tantos elementos semíticos en su idioma, que algunos eruditos han
clasificado el egipcio antiguo como semítico. La proximidad geográfica de los
cananeos con las naciones semíticas del Cercano Oriente quizá explique su
aceptación del idioma semítico. La cultura babilónica, su idioma y escritura
fueron virtualmente adoptados por todos los pueblos que vivían entre el
Eufrates y Egipto como lo indican las cartas de Amarna del siglo XIV AC. Con
referencia a las cartas de Amarna, consúltese la pág. 113.

Que el idioma hablado por un pueblo no siempre es una indicación clara de la
raza a la cual pertenece se demuestra por numerosos ejemplos antiguos y
modernos. La conquista musulmana convirtió el árabe en el idioma hablado y
escrito de poblaciones que son semíticas, y otras que no lo son, en torno del
Mediterráneo meridional hasta la costa del Atlántico y también hacia el este.

7.

Los hijos de Cus: Seba.

Josefo, el historiador judío, identifica a Seba con el rey nubiense de Meroe,
una región africana situada entre el Nilo Azul y el río Atbara. Esta opinión
puede haber sido correcta en el tiempo de Josefo, pues para entonces los
etíopes habían emigrado al África desde la Arabia meridional. Sin embargo,
Seba, por lo menos originalmente, era una tribu de la parte sur de 287 Arabia.
En el Sal. 72: 10 se dice que las naciones más remotas del tiempo de Salomón
rendían homenaje a Salomón: Seba en el extremo sur, Tarsis al oeste y Sabá al
este. En Isa. 43: 3, se hace referencia a Seba como una comarca muy próxima a
Etiopía. Isa. 45: 14 pone énfasis en la elevada estatura de los sabeos.

Havila.

Fuera de la Biblia no se menciona a Havila. Varias declaraciones bíblicas
indican que era una tribu arábiga no muy alejada de Palestina. Gén. 25: 18
coloca el límite oriental de Edom en Havila, que también fue el límite oriental
de la campaña de Saúl contra los amalecitas (1 Sam. 15: 7). Para la región
antediluviana de Havila, ver com. de Gén. 2: 11.

Sabta.

Algunos comentadores han identificado a Sabta con Sabota, una ciudad de la
región arábiga meridional de Hadramaut. Otros piensan que corresponde con la
Safta de Tolomeo, sobre el golfo Pérsico. Es imposible una identificación
definida.

Raama.

Puesto que las tribus arábigas de Sabá y Dedán originalmente estuvieron
ubicadas en la Arabia sudoccidental, es probable que los habitantes de Raama
vivieran en la misma región. Ezequiel menciona a Raama con Sabá como
traficantes de incienso, piedras preciosas y oro en los mercados de Tiro. Es
probablemente la tribu de los ramanitas, ubicada por el geógrafo romano
Estrabón en la Arabia sudoccidental. También se hace referencia a ella en una
famosa inscripción árabe que alaba a la deidad local por salvar a los mineos de
los ataques de Sabá y Haulan, en el camino de Maín a Raama.

Sabteca.

Nada más se sabe de este hijo o de sus descendientes. Algunos han procurado
identificar su comarca con Samudake, en el golfo Pérsico. Esto es muy dudoso
porque todos los árabes cusitas parecen haberse establecido en la parte
occidental de Arabia.

Seba.

Los sabeos, descendientes de Seba, son bien conocidos tanto por la Biblia como
por otras fuentes. En los tiempos del AT, Seba aparece como una opulenta
nación de mercaderes. Se cree que fue una reina de este país la que visitó
oficialmente a Salomón. Posteriormente los sabeos se convirtieron en la nación
más importante del sur de Arabia, en el país que hoy se denomina Yemen. Un
caudal de inscripciones, la mayoría todavía inéditas, dan testimonio de su
religión, su historia y el elevado nivel de su cultura. Mediante la
construcción de grandes represas y un vasto sistema de irrigación, los sabeos
aumentaron mucho la fertilidad y riqueza de su país, hasta el punto de llegar a
ser conocida en los tiempos clásicos como Arabia Felix (Arabia Feliz). La
negligencia y la destrucción final de esas represas provocó el eclipse gradual
de los sabeos como una nación.

Dedán.

Este nieto de Cus se convirtió en el antepasado de una tribu árabe meridional
de la cual no se sabe nada más. Esta tribu no se debe confundir con la que
desciende de un nieto de Abrahán y Cetura que vivió en el límite meridional de
Edom en la Arabia noroccidental (Gén. 25: 3; 1 Crón. 1: 32; Isa. 21: 13; Jer.
25: 23; 49: 8; Eze. 25: 13; 27: 15, 20; 38: 13).

8.

Cus engendró a Nimrod.

Aunque el nombre de Nimrod no se ha encontrado aún en los registros
babilónicos, todavía los árabes relacionan algunos lugares antiguos con este
nombre. Por ejemplo, Birs-Nimrud es su nombre para las ruinas de Borsipa; y
Nimrud para Cala. Estos nombres deben depender de tradiciones muy antiguas y
no pueden atribuirse sólo a la influencia del Corán. Hasta donde sepamos por
la evidencia histórica disponible, los primitivos habitantes de la Mesopotamia
no fueron semitas sino sumerios. Poco se sabe en cuanto al origen de los
sumerios. El hecho de que Nimrod, que era camita, fundara la primera
ciudad-estado de Mesopotamia, sugiere que los sumerios probablemente eran
camitas.

Poderoso.

Esta expresión denota una persona renombrada por sus hechos osados y audaces.
Quizá también incluya el significado de "tirano".

9.

Delante de Jehová.

La Septuaginta traduce esta frase "contra Jehová". Aunque el cazador Nimrod
desafiaba a Dios con sus hechos, sus poderosas hazañas lo hicieron famoso entre
sus contemporáneos y también en las generaciones futuras. Las leyendas
babilonias sobre Gilgamés, que aparecen con frecuencia en los relieves
babilonios, en los sellos cilíndricos y en documentos literarios, posiblemente
se refieren a Nimrod. Generalmente Gilgamés aparece matando a mano limpia
leones y otras bestias feroces. El hecho de ser Nimrod camita puede ser la
razón para que los babilonios, descendientes de Sem, atribuyeran sus hechos
famosos a uno de sus 288 propios cazadores y a propósito olvidaran su nombre.

10.

El comienzo de su reino.

Esto puede significar o bien su primer reino o el principio de su soberanía.
Nimrod aparece en el registro de las naciones como el autor del imperialismo.
Bajo él, la soledad pasó de la forma patriarcal a la monárquica. Es el primer
hombre mencionado en la Biblia como cabeza de un reino.

Babel.

Babilonia fue el primer reino de Nimrod. Teniendo la idea de que su ciudad era
reflejo terrenal del lugar de la morada celestial de su dios, los babilonios le
dieron el nombre de Bab-ilu. "el portal de dios" (ver com. de cap. 11: 9).
Las leyendas babilonias identifican la fundación de la ciudad con la creación
del mundo. Teniendo esto sin duda en cuenta, Sargón, un antiguo rey semita de
Mesopotamia, llevó tierra sagrada de Babilonia para la fundación de otra ciudad
modelada a semejanza de ella. Aun en el período final de la supremacía asiria,
Babilonia no perdió su importancia como centro de la cultura mesopotámica. Sin
embargo, su fama y gloria máximas surgieron en el tiempo de Nabucodonosor,
quien la convirtió en la primera metrópoli del mundo. Después de ser destruida
por Jerjes, rey de Persia, Babilonia quedó parcialmente en ruinas (ver com. de
Isa. 13: 19).

Erec.

La Uruk babilonia, la moderna Warka. Excavaciones llevadas a cabo hace algún
tiempo demostraron que es una de las ciudades más antiguas que hayan existido.
Allí se han encontrado los documentos escritos más antiguos que se hayan
descubierto. Uruk era conocida por los babilonios como la comarca donde fueron
realizadas las hazañas de Gilgamés, hecho que parece confirmar la posibilidad
de que las leyendas de Gilgamés fueron reminiscencias de las primeras proezas
de Nimrod.

Acad.

La sede de los antiguos reyes Sargón y Naram-Sin (véase la pág. 143). Las
ruinas de esta ciudad no han sido localizadas, pero deben encontrarse en la
vecindad de Babilonia. Los antiguos pobladores semíticos de la baja
Mesopotamia llegaron a ser llamados acadios, y ahora colectivamente se hace
referencia a los antiguos idiomas babilonio y asirio con el mismo término.

Calne.

Aunque Calne no ha sido todavía identificada con seguridad, fue probablemente
la misma Nippur, la actual Níffer. En este lugar se ha encontrado un gran
porcentaje de todos los textos sumerios conocidos. Los sumerios la llamaron
Enlil-ki, "la ciudad de [el dios] Enlil". Los babilonios cambiaron el orden de
los dos elementos de este nombre y se refirieron a la ciudad, en sus
inscripciones más antiguas, como Ki-Enlil y más tarde Ki-llina. De allí podría
haber resultado la palabra hebrea "Calne". Después de Babilonia, Nippur fue la
ciudad más sagrada de la baja Mesopotamia y se jactaba por sus importantes
templos. Desde los tiempos más remotos hasta el último período persa, la
ciudad fue un centro de cultura y un extenso comercio.

Sinar.

Las ciudades ya mencionadas estaban en la llanura de Sinar, el término
generalmente usado para Babilonia en el AT, que comprendía Sumer en el sur
tanto como Acad en el norte (Gén. 11: 2; 14: 1, 9; Jos. 7: 21, Heb., "una
vestidura de Sinar"; Isa. 11: 11; Zac. 5: 11; Dan. 1: 2). El nombre es todavía
algo oscuro. Primero se pensó que se había derivado de la palabra Sumer, la
antigua Sumeria, que estaba en el extremo meridional de la Mesopotamia. Sin
embargo, es más probable que proceda del Shanhara de ciertos textos
cuneiformes, una comarca cuya ubicación exacta no ha sido determinada. Algunos
textos parecen indicar que Shanhara estuvo en el norte de Mesopotamia más bien
que en el sur. Aunque es seguro que Sinar es Babilonia, todavía no es claro el
origen del término.

11.

De esta tierra salió para Asiria.

En Miq. 5:6, Asiria es llamada "la tierra de Nimrod". El traslado de Nimrod a
Asiria y la renovada

actividad que desplegó allí como edificador constituyeron una prolongación de
su imperio hacia el norte. Lo que le faltaba a Asiria en extensión geográfica
lo compensó más tarde en su historia con poder político.

Nínive.

Durante siglos, Nínive fue famosa como la capital de Asiria. Los asirios
mismos la llamaban Ninúa, dedicándola indudablemente a la diosa babilonia Nina.
Esto muestra que Babilonia fue el hogar previo de Nimrod y concuerda con el
informe bíblico de que él, el primer rey de Babilonia, también fue el fundador
de Nínive. Algunas excavaciones han mostrado que Nínive fue una de las
ciudades más antiguas de la alta Mesopotamia. Por estar en la intersección de
concurridas rutas comerciales internacionales, pronto Nínive se convirtió en un
centro comercial 289 importante. Cambió de dueño repetidas veces durante el
segundo milenio AC, perteneciendo sucesivamente a los babilonios, hititas y
mitanios antes de quedar bajo el dominio de los asirios en el siglo XIV AC.
Posteriormente, como capital del imperio asirio, fue embellecida con magníficos
palacios y templos, y poderosamente fortificada. En el año 612 AC, la ciudad
fue destruida por los medos, y babilonios y desde entonces permanece como un
montón de ruinas. En su famosa biblioteca, fundada por Asurbanipal, se han
encontrado miles de tablillas de arcilla cocida que contienen inestimables
documentos y cartas de orden histórico, religioso y comercial. Por encima de
todos los otros, este descubrimiento ha enriquecido nuestro conocimiento de los
antiguos asirios y babilonios.

Rehobot.

Literalmente, los "lugares anchos" o "calles de la ciudad". Probablemente esto
designa a Rebit-Nina, un suburbio de Nínive mencionado en ciertos textos
cuneiformes. Sin embargo, todavía es incierta su ubicación exacta. Algunos
eruditos piensan que estuvo al noreste de Nínive; otros, al otro lado del río
Tigris en el lugar de la Mosul moderna.

Cala.

La antigua ciudad asiria de Kalhu, que está en la confluencia de los ríos Zab
Mayor y Tigris, a unos 30 km. al sur de Nínive. Su nombre actual, Nimrud,
perpetúa la memoria de su fundador. Magníficos palacios fueron una vez el
orgullo de esta ciudad que sirvió intermitentemente como capital del imperio
asirio. En sus extensas ruinas se han preservado enormes monumentos de piedra
y algunos de los más magníficos ejemplos de la escultura asiria. El obelisco
negro de Salmanasar III, en el que aparece la más antigua representación
pictórica de un rey israelita y de otros hebreos, fue encontrado en uno de sus
palacios. La inscripción del obelisco registra el pago de tributo del rey
Jehú, de Israel, en el año 841 AC.

12.

Resén.

La Biblia coloca a Resén entre Nínive y Cala, pero no ha sido descubierto
todavía su sitio exacto.

13.

Mizraim engendró a Ludim.

Moisés prosigue con los descendientes del segundo hijo de Cam, Mizraim, cuyo
nombre posteriormente fue dado a Egipto. Algunos comentadores creen que el
error de un escriba explica un supuesto cambio de Lubim (los libios) en Ludim,
o lidios. Pero el nombre aparece en diferentes libros de la Bibha (1 Crón. 1:
11; Isa. 66: 19; Jer. 46:9; Eze. 27: 10; 30: 5). Por lo tanto, es imposible
suponer que hay errores en todos los pasajes donde se presenta Ludim, o Lud.
En algunos de estos pasajes se mencionan tanto a Ludim cómo a Lubim, como
pueblos distintos y separados. Además la Septuaginta tradujo Ludim como
"lidios". Este hecho hace que sea razonable una identificación con los lidios
del Asia Menor, quienes deben haber emigrado del norte del África a Anatolia en
los albores de su historia. Aparecieron en la planicie de Sardis, en el oeste
del Asia Menor, antes de mediados del segundo milenio AC, y gradualmente se
esparcieron por la mitad del país hasta el gran río Halys. Durante la
supremacía de los hititas, Lidia les estuvo sometida, pero otra vez llegó a ser
un reino independiente y fuerte después del colapso del imperio hitita en el
siglo XIII AC. Ciro conquistó a Lidia en el siglo VI AC y la incorporó al
imperio persa. Sin embargo, Sardis, su antigua capital, quedó como una ciudad
importante durante muchos siglos. Todavía era una metrópoli floreciente en los
comienzos del período cristiano, cuando Juan escribió su carta a la iglesia que
estaba allí (Apoc. 3: 1-6).

Sin embargo, si los Ludim de la Biblia no son los lidios históricos, deben
haber vivido en algún lugar del norte del África, cerca de la mayoría de los
otros descendientes de Mizraim. Si esto es así, no podemos identificar a Ludim
pues no se hace mención de un pueblo tal en ningún otro registro antiguo fuera
de la Biblia.

Anamim.

Quizá los anamim fueron habitantes del oasis más grande de Egipto, cuyo nombre
egipcio es Kenemet. Puesto que el sonido k frecuentemente es representado en
hebreo con la consonante 'ayin con la que comienza el nombre 'Anamim, es
notable la similitud de los dos nombres. Pero Albright, en 1920, partiendo del
término asirio Anami, estableció una nueva identificación: Cirene.

Lehabim.

Los libios son llamados rbw en las inscripciones egipcias, lo que probablemente
se pronuncia lebu. Figuran en registros muy antiguos representando a las
tribus fronterizas con Egipto hacia el noroeste. Finalmente ocuparon la mayor
parte del norte del África. En la Biblia aparecen también con el nombre de
"libios" o "Libia" (ver 2 Crón. 12: 3; 16: 8; 290 Dan. 11: 43; Nah. 3: 9). La
identificación de los Lehabim con los libios es un argumento más en contra del
concepto ya visto según el cual Ludim pudiera ser un error por Lubim.

Naftuhim.

Es incierta la identidad de este pueblo. Quizá la mayor posibilidad es que se
refiera a los egipcios del delta del Nilo. En las inscripciones egipcias este
pueblo fue llamado Na-patuh, que podría ser el Naftuhim bíblico.

14.

Patrusim.

Los patrusim fueron probablemente los habitantes del Alto Egipto. En Isa. 11:
11 Patros se presenta entre Egipto y Etiopía. El nombre Patros es la
traducción hebrea del egipcio Pa-ta-res, escrito como Paturisi en las
inscripciones asirias y que significa "la tierra sureña". Eze. 29: 14 señala a
Patros como el hogar original de los egipcios. Esto concuerda con sus propias
tradiciones antiguas según las que Menes, el primer rey, el que unió la nación,
vino de This, la antigua ciudad del Alto Egipto.

Casluhim.

No se ha identificado todavía. No es seguro si se pueden identificar con los
habitantes vecinos a la zona del Mediterráneo ubicada al oeste de Egipto.

Filisteos.

Debido a que Amós 9: 7 declara que los filisteos provinieron de Caftor, la
mayoría de los comentadores piensan que la palabra "Caftorim" debiera ser
colocada delante de la frase "de donde salieron los filisteos". Puesto que
Caslu y Caftor fueron hijos del mismo padre, algunas de las tribus filisteas
pueden haberse originado de Caslu y otras de su hermano Caftor. Los filisteos
que fueron a Palestina procedentes de Creta, por vía del Asia Menor y Siria,
pueden haber procedido originalmente del norte del África. Como habitantes de
las regiones costeras del sur de Palestina jugaron un papel importante en la
historia hebrea. Los filisteos son mencionados frecuentemente no sólo en la
Biblia sino también en los registros egipcios, donde son llamados peleshet.
Muchos relieves en piedra egipcios describen sus facciones, vestimenta y modo
de viajar y pelear, añadiendo así información a la que tenemos en cuanto a
ellos en la Biblia. También son mencionados en inscripciones cuneiformes con l
nombre de palastu. Los griegos llamaban Palestini a la tierra de Filistea y
aplicaban ese nombre a todo el país que ha sido conocido siempre desde entonces
como Palestina.

Caftorim.

Este pueblo es mencionado también en Deut. 2: 23; Jer. 47: 4, y Amós 9: 7.
Inscripciones egipcias del segundo milenio AC aplican definidamente el nombre
Keftiu a los primeros habitantes de Creta y también, en un sentido más amplio,
a los pueblos costeros del Asia Menor y Grecia. Este uso de Keftiu sugiere a
Creta y sus migraciones a regiones costeras circunvecinas, que incluirían a
Siria y Palestina. Los filisteos fueron residuos de los llamados "pueblos del
mar".

15.

Canaán.

Por alguna razón desconocida, Moisés omite la enumeración de los descendientes
de Fut, tercer hijo de Cam, y prosigue con Canaán, el menor de los cuatro
hermanos. La tierra de Canaán estaba estratégicamente ubicada sobre el
importante "puente" entre Asia y África, entre las dos grandes culturas
fluviales de la antigüedad: Mesopotamia y Egipto. Las regiones conocidas hoy
como Siria, Líbano y la Palestina al oeste del Jordán constituían la Canaán
bíblica.

Sidón su primogénito.

El puerto marítimo de Sidón, se conocía como "Sidón la grande" en el tiempo de
la conquista hebrea (Jos. 11: 8). Este puerto fenicio, mencionado tanto en los
jeroglíficos egipcios como en los textos cuneiformes de la Mesopotamia, fue la
más poderosa de las ciudades-estados fenicias de los tiempos más remotos.
Muchos fenicios se llamaban a sí mismos sidonios, aun cuando en realidad eran
ciudadanos de ciudades vecinas. El liderazgo de las ciudades de Fenicia pasó
de Sidón a Tiro su ciudad hermana por el año 1100 AC. Los fenicios fueron
amistosos con David y Salomón y también con el reino norteño de Israel, pero
ejercieron una mala influencia religiosa sobre este último. Esarhaddón,
pretendió haber conquistado la porción insular de Tiro, pero ésta permaneció
incólume aún después que Nabucodonosor sometió la parte continental de Tiro
luego de un sitio que duró trece años. Como resultado, Sidón jugó otra vez un
papel importante durante el período persa, pero fue completamente destruida por
Artajerjes III en 351 AC. La misma suerte le cupo a Tiro unos pocos años más
tarde, cuando Alejandro la tomó en 332 AC poniendo así fin a la larga y
gloriosa historia de las ciudades-estados fenicias.

Het.

Progenitor de los hititas, llamado Cheta por los egipcios y Hatti en los
documentos cuneiformes. Los hititas, cuya capital estaba en el Asia Menor
central, llegaron a ser 291 un poderoso imperio en el siglo XVII AC. Dominaron
una gran parte del Asia Menor y cuando trataron de extender su esfera de
influencia hacia el sur, entraron en conflicto con Egipto. Este imperio hitita
centralizado fue destruido posteriormente por los "pueblos del mar", y se
disgregó convirtiéndose en muchas ciudades-estados sirias. Los asirios
llamaban a Siria el país de los hititas. Los textos hititas, escritos con
caracteres cuneiformes y jeroglíficos de un idioma indoeuropeo, nos han dado
una rica información acerca de la historia, las leyes y la cultura de esta
nación. Sin embargo, probablemente los descendientes de Het fueron los
"protohititas" más antiguos, cuya lengua era llamada hatili (ver pág. 145).

16.

Al Jebuseo.

Estos habitantes de la Jerusalén preisraelítica parecen haber sido tan sólo una
tribu pequeña y de poca importancia, puesto que nunca han sido mencionados
fuera de la Biblia y están limitados a Jerusalén en los registros del AT (ver
Gén. 15: 21; Núm. 13:29; Juec. 19: 10, 11; etc.).Salomón convirtió al remanente
de los jebuseos en siervos de la corona (1 Rey. 9: 20).

Al amorreo.

Un poderoso grupo de pueblos, ubicados desde la frontera de Egipto hasta
Babilonia durante la era patriarcal. Fueron los fundadores de la primera
dinastía de Babilonia, de la cual Hammurabi (el gran legislador babilonio) fue
el rey más famoso. Las evidencias que hay muestran que se infiltraron en
Mesopotamia, Siria y Palestina a principios del segundo milenio AC y
reemplazaron a las clases gobernantes de esos países. Cuando los hebreos
invadieron el país, tan sólo encontraron residuos de las anteriormente
poderosas poblaciones amorreas (Núm. 21: 21).

Al gergeseo.

Mencionado sólo en la Biblia, este pueblo era una tribu cananea autóctona de
Palestina (Jos. 24: 11).

17.

Al heveo.

Aunque son mencionados 25 veces en diversos pasajes del AT, sin embargo los
heveos fueron una oscura tribu cananea. Algunos eruditos sostienen que el
nombre heveo en el idioma original debería leerse "hurrita", tal como aparece
dos veces en la Septuaginta, con un cambio de una sola letra en hebreo (ver
págs. 437, 145).

Al araceo.

Este pueblo habitó el puerto marítimo fenicio de Irkata situado a unos 25 km.
al noreste de Trípoli, en las laderas del Líbano. El faraón Tutmosis III
conquistó toda la región durante el siglo XV AC. Permaneció como posesión
egipcia por lo menos durante 100 años, como lo indican las cartas de Amarna del
siglo XIV. El rey Tiglatpileser III de Asiria menciona esta ciudad como
tributaria suya en el siglo VIII.

Al sineo.

Este grupo vivió en la ciudad de Siannu que menciona Tiglatpileser S junto con
otros vasallos tributarios fenicios en el siglo VIII AC. Todavía es
desconocida su ubicación exacta.

18.

Al arvadeo.

Los arvadeos habitaban la antigua ciudad de Arvad, edificada en una isla cerca
de la costa norte de Fenicia. La ciudad aparece repetidas veces en los
registros antiguos de Babilonia, Palestina y Egipto. Inscripciones de
aproximadamente el año 1100 AC dicen que Tiglatpileser I viajó en una cacería
de ballenas con los barcos de Arvad. La mención de ballenas en el Mediterráneo
durante el segundo milenio AC es significativa en relación con el relato de
Jonás y con la referencia a grandes monstruos marinos en Sal. 104: 26. Eze.
27: 8, 11 menciona a los arvadeos como marineros y guerreros valerosos.

Al zemareo.

También un pueblo fenicio. Simirra aparece en documentos asirios, palestinos y
egipcios como una rica ciudad de mercaderes. Los faraones egipcios Tutmosis
III y Seti I conquistaron la ciudad para Egipto en los siglos XV y XIV AC, pero
durante el período de la supremacía asiria, Simirra, al igual que otras
ciudades fenicias, se convirtió en tributario de Tiglatpileser III y sus
sucesores.

Al hamateo.

Hamat fue una famosa antigua ciudad de Siria situada sobre el Orontes, el
principal río sirio. Es mencionada tanto en los documentos egipcios como en
los asirios. Tiglatpileser III la subyugó, pero pronto recobró su
independencia y se unió con otros enemigos de Asiria en una lucha larga pero
infructuosa contra ese imperio.

19.

El territorio de los cananeos.

No se dan aquí todos los límites de la zona de los cananeos. Tan sólo se
mencionan las ciudades del límite sur de la frontera oriental. (Para un estudio
más completo de la ubicación geográfica de esas ciudades, ver com. de cap. 14:
3.) Aunque no se indican específicamente los límites del este y del norte,
podría suponerse con seguridad que la parte norte del desierto arábigo en el
este y la ciudad siria de Hamat 292 sobre el Orontes (ver vers. 18) en el norte
marcaban los límites de la zona cananea. Los cananeos estuvieron esparcidos
por todas las costas de Fenicia y Palestina.

21.

Los hijos de Heber.

Después de enumerar a los descendientes de Jafet y de Cam, Moisés hace una
lista de los de Sem. Su primera declaración se refiere a los hebreos que eran
semitas por ser descendientes de Heber (cap. 11: 16-26). Los descubrimientos
han demostrado que los habiru mencionados en inscripciones babilonias, asirias,
hititas, sirias, cananeas y egipcias se encontraban entre todas estas naciones
durante el segundo milenio AC y que indudablemente estaban relacionados con los
hebreos. Hay razón para suponer que los habiru eran descendientes de Heber,
así como también los hebreos. Asimismo, antiguas fuentes se refieren
ocasionalmente a los hebreos como habiru. Pero es seguro que no eran hebreos
todos los habiru mencionados en documentos que no son bíblicos. Esta
excepcionalmente vasta dispersión de los habiru en muchos países del mundo
antiguo quizá hubiera impulsado a Moisés a formular la extraña declaración de
que Sem fue "padre de todos los hijos de Heber".

Hermano mayor de Jafet.

Esta frase, en hebreo, permite una traducción por la que Jafet resulta el
hermano mayor de Sem, o Sem el "hermano mayor de Jafet". La traducción de la
VVR y la BJ es la correcta. (Ver com. de cap. 5: 32.)

22.

Los hijos de Sem; Elam.

Este versículo lleva al lector al hogar o patria de los semitas, Mesopotamia y
Arabia oriental. Elam era la región fronteriza con el bajo Tigris en el oeste
y con Media en el noreste. Susa, la antigua capital de Elam (Dan. 8: 2), en
tiempos posteriores llegó a ser una de las capitales del imperio persa (por
ejemplo, ver Est. 1: 2). Excavaciones realizadas en Susa han proporcionado
numerosos documentos escritos con caracteres cuneiformes que permiten
reconstruir la más antigua historia y religión de los elamitas. Los
descendientes de Elam, los semitas, se establecieron en esa región en una época
muy remota, pero evidentemente se mezclaron con otros pobladores, porque su
idioma, según se ha establecido a partir de los registros cuneiformes, no era
semítico. Pertenece al grupo de lenguas asiático-armenoide. Las inscripciones
elamitas más antiguas están escritas en idioma babilonio y sus primeros dioses
fueron tomados de la región del Tigris. Sin embargo, es oscura la relación de
los elamitas posteriores con otras naciones conocidas.

Asur.

Asiria ocupaba la parte central del valle del Tigris, extendiéndose por el
norte hasta las montañas de Armenia y por el este hasta la meseta de Media. El
nombre de Asur, hijo de Sem, a su vez fue tomado por el principal dios de los
asirios, por la capital más antigua del país, Asur (ahora Calah- Shergat), y
por la nación misma. Asiria aparece en los registros históricos desde los
comienzos del segundo milenio AC, hasta su destrucción por los medos y
babilonios en la parte final del siglo VII. Durante su período más poderoso,
Asiria fue el azote de todas las naciones. Nunca ha sido sobrepujada su
crueldad con sus enemigos vencidos. El reino de Israel fue destruido por los
asirios y apenas se libró el reino meridional de Judá.

Arfaxad.

La región de Arfaxad, ubicada entre Media y Asiria, ha sido identificada por
algunos comentadores con Arrafa. Lo más probable es que sea la antigua comarca
de Arrapachitis, ubicada entre los lagos Urmia y Van. Recibió su nombre
probablemente de Arfaxad (Heb. Arpajshad). Los caldeos eran de origen arameo
o estaban estrechamente relacionados con ellos. Constituían una tribu del sur
de Babilonia y habitaban en una región aledaña de Ur de los caldeos. Lucharon
contra los asirios, ocuparon varias veces el trono de Babilonia en el siglo
VIII AC y posteriormente fundaron la gran dinastía neobabilónica de
Nabucodonosor II, conquistador de Jerusalén.

Lud.

Diferente de Ludim mencionado en el vers. 13, Lud puede ser identificado con el
país de Lubdi, que aparece en los registros antiguos como una región ubicada
entre el cauce superior de los ríos Eufrates y Tigris.

Aram.

Progenitor de los arameos. A comienzos del segundo milenio AC, este pueblo
ocupaba la región noroeste de la Mesopotamia, pero se extendió hacia el sur en
tiempos posteriores. Los arameos, en el norte, nunca se unieron como una
nación, sino que estuvieron divididos en muchas tribus pequeñas y
ciudades-estados. Damasco, el más fuerte de los estados arameos, fue
conquistado finalmente por Tiglatpileser III en 732 AC. Este acontecimiento
señala el fin de la historia 293 política de los arameos, pero de ninguna
manera el fin de su influencia cultural sobre las naciones vecinas. Estuvieron
ampliamente esparcidos entre los pueblos antiguos y les transmitieron su idioma
y escritura. Como resultado, el idioma arameo llegó a ser, después de muy poco
tiempo, un vehículo universal de comunicación desde los límites de la India por
el este, hasta el mar Egeo por el oeste, y desde el Cáucaso en el norte, hasta
Etiopía por el sur. Durante siglos, el arameo permaneció como el idioma más
ampliamente usado en el Cercano Oriente, y era el lenguaje común de los judíos
en los días de Jesús.

23.

Los hijos de Aram: Uz.

El nombre de Uz no sólo era el del hijo mayor de Aram sino también el del
primer hijo de Nacor (cap. 22: 21) y de un nieto de Seir, el progenitor de los
horitas. Por lo tanto, es difícil limitar a Uz a una región bien definida.
Por la misma razón, no es posible determinar la ubicación de Job como uno de
los habitantes de la tierra de Uz (Job 1: 1), ni identificar a Sasi, el
príncipe de Uz, mencionado por el rey asirio Salmanasar III. Nada se sabe de
las tribus aramaicas de Hul, Geter y Mas.

24.

Arfaxad engendró a Sala.

Puesto que el linaje de Arfaxad a Abrahán se considera con más detalle en el
cap. 11, Moisés dice poco acerca de él aquí. Sin embargo, lo sigue a través de
las primeras generaciones a fin de mostrar el origen de los árabes de Joctán
que eran primos de los hebreos mediante Heber su progenitor común.

Heber.

En cuanto a la posible relación de Heber con los habiru que no figuran en
fuentes de origen bíblico, ver com. del vers. 21.

25.

Peleg.

Peleg significa "división". Fue el primogénito de Heber y uno de los
antepasados de Abrahán. Aunque el texto habla literalmente de una hendedura de
la "tierra", lo más probable es que la palabra "tierra" signifique su gente,
como en los caps. 9: 19 y 11: 1. Moisés probablemente anticipa los
acontecimientos descritos en el capítulo siguiente, la confusión de las lenguas
y la dispersión resultante de las gentes. En la misma forma han de entenderse
sus observaciones hechas en el cap. 10: 5, 20 y 31 acerca de la diversidad de
lenguas. Si la confusión de las lenguas se realizó aproximadamente en el
tiempo del nacimiento de Peleg, podemos entender por qué recibió el nombre de
Peleg, "división". "En sus días fue repartida la tierra".

Joctán.

Joctán, hermano de Peleg, fue el progenitor de un grupo importante: los árabes
de Joctán. El origen de los árabes occidentales, o cusitas, se da en el vers.
7, al paso que la genealogía de los árabes descendientes de Abrahán se da en
capítulos posteriores del Génesis. Un tercer grupo de árabes, que se describen
aquí, parece haberse establecido en las regiones central, oriental y sudeste de
Arabia. Mucho menos se sabe en cuanto a ellos que en cuanto a los otros dos
grupos de árabes.

26.

Almodad, Selef.

El nombre Almodad no se ha encontrado todavía en fuentes que no sean bíblicas.
Por lo tanto, no es posible ninguna identificación fuera de la breve
información de este texto. Selef puede haber sido un pueblo arábigo, los
salapenes mencionados por Tolomeo.

Hazar-mavet.

El Hadramaut de las inscripciones del sur de Arabia, una región rica en
incienso, mirra, y áloe. Sus antiguos pobladores rendían culto a la diosa luna
Sin y a Hol su mensajero. Nada se sabe de la tribu árabe de Jera.

27.

Adoram.

Las tribus arábigas meridionales de los adramitas. Uzal pudo haber estado en
el Yemen. Dicla no ha sido todavía identificada.

28.

Seba.

Como ya se ha notado en relación con la explicación de Seba, cusita del sur de
Arabia (vers. 7), los sabeos de Joctán son probablemente árabes del norte que
llevan ese nombre. Son mencionados en las inscripciones de Tiglatpileser III y
Sargón II (siglo VIII AC) como aliados de los aribi. Nada se sabe de Obal y
Abimael.

29.

Ofir.

Designa tanto a un pueblo como a una comarca. Aunque se menciona
frecuentemente en el AT, todavía es desconocida su ubicación exacta. Puesto
que los barcos de Salomón necesitaron tres años para completar un viaje desde
el puerto del mar Rojo, Ezión-Geber (1 Rey. 9: 28; 10: 11, 22; etc.), Ofir debe
haber sido una tierra distante. Los eruditos la han identificado con una
región del sudeste de Arabia, con una franja de la costa oriental del golfo
Pérsico llamada Apir por los elamitas, o con la India. Los productos
importados de Ofir: oro, plata, marfil, monos y pavos, podrían favorecer su
identificación con la India más bien que con Arabia. Si Ofir 294 estuvo en la
India, es difícil explicar por qué todos los otros descendientes identificables
de Joctán emigraron hacia el este, al subcontinente de la India, después de que
se escribió el Génesis; porque Moisés coloca a todos los descendientes de
Joctán dentro de límites geográficos definidos (ver vers. 30). De acuerdo con
otra explicación, el Ofir del cuadro de las naciones estuvo en Arabia, al paso
que el de las expediciones de Salomón estuvo en la India. Sin embargo, la
última evidencia disponible, basada en inscripciones egipcias, parece
identificar a Ofir con Punt, que se entiende que es la región de Somalia.

Havila y Jobab.

Ninguno de los dos ha sido identificado.

30.

La tierra en que habitaron.

Los lugares mencionados no pueden ser identificados con certeza. Mesa quizá es
Mesena en el extremo noroeste del golfo Pérsico y Sefar es posiblemente la
ciudad de Saprafa de Tolomeo y Plinio, ahora Dofar, en la costa sudeste de
Arabia. Una alta montaña que está en las inmediaciones de Dofar, que
corresponde con "la región montañosa del oriente" mencionada en el Registro
sagrado, parece favorecer esta identificación.

31.

Los hijos de Sem.

La enumeración de los descendientes de Sem concluye con palabras similares a
las de los de Jafet y Cam en los vers. 5 y 20. No cabe duda de que los nombres
dados en este cuadro de naciones se refieren en primer lugar a las tribus y
pueblos y sólo indirectamente a los individuos.

32.

Estas son las familias.

El estudio detallado de los nombres, su identificación y otras informaciones en
cuanto a las naciones mencionadas, indican que el cuadro bíblico de las
naciones es un documento antiguo y fidedigno. Muchos de los nombres aparecen
en fuentes que no son bíblicas de la primera mitad del segundo milenio AC;
algunas fuentes son tan remotas como el año 2000 AC, o quizá más arcaicas aún.
Puesto que los registros históricos antiguos son fragmentarios, algunas
naciones aparecen en documentos de una fecha comparativamente tardía. Por
ejemplo, los medos no aparecen en fuentes seculares anteriores al siglo IX AC.
Esto no significa que tales naciones no hayan existido antes, sino más bien que
los registros producidos por ellas o en cuanto a ellas no se han encontrado.
Algunos, como los árabes de Joctán, pueden haber tenido poca relación con las
naciones cuyo registro poseemos. El continuo descubrimiento de material de
fuentes históricas antiguas puede esperarse que arroje luz adicional sobre Gén.
10.

Este cuadro proclama la unidad de la raza humana, declara que todos hemos
descendido de un origen común. Diferentes como son ahora en su ubicación
geográfica, su apariencia física o sus peculiaridades nacionales, todos pueden
retrotraer su origen hasta Noé y sus tres hijos. Esta lista condena todas las
teorías que pretenden que la humanidad desciende de padres originales
diferentes. Además la lista constituye una evidencia que apoya el relato de
que la dispersión de las razas se debió a la confusión de las lenguas descrita
en el capítulo siguiente. Tanto Moisés (Deut. 32: 8) como Pablo (Hech. 17: 26)
afirman que la asignación del territorio fue hecha por Dios.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1 PP 110

10 CV 43

CAPÍTULO 11

1 Un solo idioma en el mundo. 3 Construcción de Baibel. 5 La confusión de las
lenguas. 10 Descendientes de Sem. 27 Descendientes de Taré, padre de Abram. 31
Taré se traslada de Ur a Harán.

1TENIA entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.

2 Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra
de Sinar, y se establecieron allí.

3 Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cosámoslo con fuego. Y
les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el 295 asfalto en lugar de
mezcla.

4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue
al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de
toda la tierra.

5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de
los hombres.

6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo
lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han
pensado hacer.

7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno
entienda el habla de su compañero.

8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron
de edificar la ciudad.

9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el
lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la
tierra.

10 Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a
Arfaxad, dos años después del diluvio.

11 Y vivió Sem, después que engendró a Arfaxad, quinientos años, y engendró
hijos e hijas.

12 Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala.

13 Y vivió Arfaxad, después que engendró a Sala, cuatrocientos tres años, y
engendró hijos e hijas.

14 Sala vivió treinta años, y engendró a Heber.

15 Y vivió Sala, después que engendró a Heber, cuatrocientos tres años, y
engendró hijos e hijas.

16 Heber vivió treinta y cuatro años, y engendró a Peleg.

17 Y vivió Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos treinta años, y
engendró hijos e hijas.

18 Peleg vivió treinta años, y engendró a Reu.

19 Y vivió Peleg, después que engendró a Reu, doscientos nueve años, y engendró
hijos e hijas.

20 Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug.

21 Y vivió Reu, después que engendró a Serug, doscientos siete años, y engendró
hijos e hijas.

22 Serug vivió treinta años, y engendró a Nacor.

23 Y vivió Serug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró
hijos e hijas.

24 Nacor vivió veintinueve años, y engendró a Taré.

25 Y vivió Nacor, después que engendró a Taré, ciento diecinueve años, y
engendró hijos e hijas.

26 Taré vivió setenta años, y engendró a Abram, a Nacor y a Harán.

27 Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a
Harán; y Harán engendró a Lot.

28 Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur
de los caldeos.

29 Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era
Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y
de Isca.

30 Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo.

31 Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a
Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos,
para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.

32 Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.

1.

Una sola lengua.

Literalmente "un labio y una clase de palabras", lo que indica no sólo un
idioma que entendían todos sino también la ausencia de diferencias dialectales.
Todos los hombres tenían la misma pronunciación y el mismo vocabulario. La
unidad de idioma va junto con la unidad de origen; además, un idioma común es
un poderoso estímulo que promueve la unidad de pensamiento y acción. Las
investigaciones modernas en el campo de la gramática comparativa han demostrado
concluyentemente que todos los idiomas conocidos se relacionan y que proceden
de un idioma original común. Pero ningún científico podría decir si alguno de
los idiomas conocidos se parece a aquel idioma original. Es posible, y aun
probable, que alguno de los idiomas semíticos, como el hebreo 296 o el arameo,
sea similar al idioma que hablaron los hombres antes de la confusión de
lenguas. Los nombres personales del período precedente a la confusión de
lenguas, hasta donde puedan ser interpretados, tan sólo tienen sentido si se
los considera originalmente semíticos. El libro del Génesis, que es el
registro que contiene esos nombres, está escrito en hebreo que es un idioma
semítico, por un autor semita y para lectores semitas. Por lo tanto, también
es posible, aunque es improbable, que Moisés tradujera al hebreo esos nombres
de un idioma original desconocido, para que sus lectores pudieran
comprenderlos.

2.

Cuando salieron.

Tal como lo indica la forma verbal "salieron" -literalmente: "tirar para
afuera", como las estacas de una tienda- los hombres vivieron una vida nómada
durante un tiempo después del diluvio. La región montañosa del Ararat no se
adaptaba bien a propósitos agrícolas. Además, los que renegaron de Dios se
molestaban por el testimonio silencioso de las vidas santas de los que
permanecieron leales a la Divinidad. Por eso los malos se separaron de los
buenos. Los que desafiaban a Dios se alejaron de la comarca montañosa (PP
112).

De oriente.

La traducción de la VVR "de oriente", por miqédem, provoca confusión. La misma
expresión hebrea se traduce "al oriente" en el pasaje del cap. 2: 8 y "hacia el
oriente" en el pasaje del cap. 13: 11. Para llegar a la tierra de Sinar,
Babilonia, saliendo de las montañas del Ararat, necesariamente la dirección del
viaje tiene que ser hacia el sudeste y no "de oriente" yendo en dirección
occidental. En cambio en la Versión Moderna se lee "hacia el oriente".

Hallaron una llanura.

Es decir, una amplia pampa o extensión de tierra sin montañas. En la
antigüedad, la llanura de la Mesopotamia meridional, con frecuencia llamada
"Sinar" en la Biblia (ver com. de cap. 10: 10), era una región bien regada y
fértil. Allí prosperaba la civilización más antigua que se conozca, la de los
sumerios. La pala de los arqueólogos revela que esa tierra estuvo densamente
poblada en los tiempos históricos más remotos. Este hecho concuerda con el
Génesis en cuanto a la localidad en la cual primero se procuró hallar un lugar
de radicación permanente. Las excavaciones también han demostrado que la
población más antigua de la baja Mesopotamia poseía una cultura elevada. Los
sumerios inventaron el arte de escribir en tablillas de arcilla, construían
casas bien edificadas y eran peritos en la producción de alhajas, herramientas
y utensilios caseros.

3.

Hagamos ladrillo.

La llanura de Babilonia, de formación aluvial, carecía de piedras de cualquier
clase pero tenía abundante arcilla para hacer ladrillos. Como resultado, la
baja Mesopotamia siempre ha sido una tierra de construcciones de ladrillos, en
contraste con Asiria donde abundan las piedras. La mayoría de los ladrillos de
los tiempos antiguos, al igual que en la actualidad, eran secados al sol, pero
los ladrillos para edificios públicos eran cocidos al fuego para hacerlos más
duraderos. Este proceso fue ampliado por los colonizadores más remotos de la
Mesopotamia, como lo testifican tanto la Biblia como las excavaciones
arqueológicas.

Ladrillo en lugar de piedra.

Escribiendo para los hebreos de Egipto, país de majestuosos monumentos y
edificios públicos de piedra, Moisés explica que en Babilonia se usó ladrillo
debido a la falta de piedras. Este detalle, como muchos otros, comprueba la
exactitud histórica y geográfica de la narración del Génesis.

Asfalto en lugar de mezcla.

Este es otro detalle exacto acerca de los métodos babilonios de construcción.
La palabra hebrea traducida aquí "asfalto" tiene exactamente ese significado, o
el de betún. En la Mesopotamia abundan el petróleo y sus productos afines, y
existían pozos de asfalto en la proximidad de Babilonia tanto como en otras
partes del país. Habiendo descubierto que el asfalto es durable, los
primitivos constructores babilonios lo usaron muchísimo en la erección de
edificios. El asfalto pega tan bien los ladrillos, que es difícil separarlos
cuando se demuele un edificio. En realidad, es casi imposible desprender
ladrillos de las ruinas antiguas en cuya construcción se usó asfalto.

4.

Edifiquémonos una ciudad.

Caín había edificado la primera ciudad (cap. 4: 17), quizá para eludir la vida
nómada que Dios le había impuesto. El plan original de Dios era que los
hombres se esparcieran por la superficie de la tierra y la cultivaran (cap. 1:
28). La edificación de ciudades representaba una oposición a ese plan. La
concentración de los seres humanos siempre ha fomentado la ociosidad, la 297
inmoralidad y otros vicios. Las ciudades siempre han sido focos de
delincuencia, pues en tales ambientes Satanás encuentra menos resistencia a sus
ataques que en las comunidades más pequeñas donde la gente vive en estrecho
contacto con la naturaleza. Dios le había dicho a Noé que repoblara, o llenara
la tierra (cap. 9: 1). Sin embargo, temiendo peligros desconocidos e
imaginarios, los hombres quisieron edificar una ciudad con la esperanza de
encontrar en ella seguridad mediante la obra de sus propias manos. Eligieron
olvidarse que la verdadera seguridad proviene tan sólo de confiar en Dios y
obedecerle. Los descendientes de Noé, que se multiplicaban rápidamente, deben
haberse apartado muy pronto del culto del verdadero Dios. Buscaron protección
debido al temor de que sus malos caminos atrajeran de nuevo una catástrofe.

Una torre.

Esta daría a los habitantes de la ciudad la deseada sensación de seguridad.
Una ciudadela tal los protegería contra ataques y los capacitaría -así lo
creían- para escapar de otro diluvio, a pesar de que Dios había prometido que
nunca sucedería. El diluvio había cubierto las más altas montañas del mundo
antediluviano, pero no había llegado "al cielo". Por lo tanto, si podían
erigir una estructura más alta que las montañas -razonaban los hombres-
quedarían a salvo, sin importar lo que Dios hiciera. Las excavaciones
arqueológicas revelan que los habitantes más antiguos de la baja Mesopotamia
levantaron muchos templos en forma de torres, dedicados al culto de diversas
deidades idolátricas.

Hagámonos un nombre.

La torre de Babel tenía el propósito de llegar a ser un monumento a la
sabiduría superior y a la habilidad de sus edificadores. Los hombres han
estado dispuestos a soportar penalidades, peligros y privaciones a fin de
hacerse de "un nombre" o reputación. El deseo de buscar renombre
indudablemente fue uno de los motivos impelentes para construir la torre.
Además, el orgullo puesto en una estructura tal tendería a mantener la unidad
para la realización de otros proyectos impíos. De acuerdo con el propósito
divino, los hombres deberían haber preservado la unidad por medio del vínculo
de la religión verdadera. Cuando la idolatría y el politeísmo rompieron ese
vínculo espiritual interno, no sólo perdieron la unidad de la religión sino
también el espíritu de hermandad. Un proyecto como el de la torre, que buscaba
preservar por un medio externo la unidad interior que se había perdido, estaba
condenado al fracaso. Es obvio que únicamente los que habían renegado de Dios
tomaron parte en esas actividades.

5.

Descendió Jehová.

Este descenso no es igual al del Sinaí, donde el Señor reveló su presencia en
forma visible (ver Exo. 19: 20; 34: 5; Núm. 11: 25; etc.). Sencillamente es una
descripción en lenguaje humano de que los hechos de los hombres y mujeres nunca
están ocultos de Dios. Cuando los hombres edificaron hacia el cielo y se
exaltaron a sí mismos, descendió Dios para investigar sus planes impíos y para
derrotarlos.

Edificaban.

La forma del perfecto del verbo hebreo traducida aquí "edificaban" implica que
la construcción iba progresando rápidamente hacia su terminación. La expresión
"hijos de los hombres" -literalmente "hijos del hombre"- es tan general en sus
alcances como para sugerir que todos, o por lo menos una mayoría, de los que no
servían más a Dios participaron en el proyecto.

6.

Han comenzado la obra.

La torre de Babel era un expresión de la duda en la promesa de Dios y de
oposición obstinada a su voluntad. Era un monumento a la apostasía y un
baluarte de la rebelión contra la Divinidad. No era sino el primer paso de un
plan maligno, magistral, para regir el mundo. Esto exigía una acción pronta y
decisiva para advertir a los hombres del desagrado de Dios y para frustrar sus
proyectos impíos. Para que los seres humanos sepan que Dios no es arbitrario
en su proceder y que no actúa por impulsos súbitos, aquí se lo representa como
consultándose consigo mismo. Se declara abiertamente cuál es la razón de su
intervención.

A no ser por el poder refrenador de Dios, ejercido de cuando en cuando en el
curso de la historia, los malos propósitos de los hombres habrían tenido éxito
y la sociedad se habría corrompido completamente. El relativo orden que hay en
la sociedad de hoy se debe al poder moderador de Dios. El poder de Satanás
está ciertamente limitado (ver Job 1: 12; 2: 6; Apoc. 7: 1).

7.

Descendamos.

El uso del plural "descendamos" indica la participación de por lo 298 menos dos
personas de la Deidad (ver Gén. 1: 26).

Confundamos allí su lengua.

Dios no quería destruir otra vez la humanidad. La maldad no había llegado
todavía a los límites que alcanzó antes del diluvio, y Dios decidió reprimirla
antes que alcanzara otra vez ese punto. Al confundir su idioma y obligarlos
así a separarse, Dios tenía el propósito de impedir una acción futura unida.
Cada uno de los grupos podría todavía seguir una conducta impía, pero la
división de la sociedad en muchos grupos impediría una oposición concertada
contra Dios. En repetidas ocasiones, desde la dispersión de las razas en
Babel, algunos ambiciosos han procurado sin éxito contravenir el decreto divino
de la separación. A veces, hábiles dirigentes han tenido éxito en forzar las
naciones para lograr una unidad artificial. Pero con el establecimiento del
glorioso reino de Dios las naciones de los salvados estarán realmente unidas y
hablarán un solo idioma.

Ninguno entienda el habla de su compañero.

No se trataba de que ningún hombre pudiera entender a ninguno de sus prójimos,
pues una situación tal habría hecho imposible la existencia de la sociedad.
Habría diversos grupos de tribus, cada una de las cuales tendría su propio
idioma. Tal es el origen de la gran variedad de idiomas y dialectos del mundo,
cuyo número se aproxima ahora a los tres mil.

La multiplicidad de idiomas, aunque constituiría un obstáculo para los
proyectos humanos de cooperación política y económica, no lo sería para el
triunfo de la causa de Dios. El don de lenguas en Pentecostés había de ser un
medio para superar esta dificultad (Hech. 2: 5-12). Las diferencias nacionales
no impiden ni la unidad de la fe ni de la acción de parte de los hijos de Dios,
ni tampoco el progreso de los propósitos eternos del Altísimo. La Palabra de
Dios está al alcance de los hombres en su propio idioma y los hermanos en la
fe; aunque separados por diferencias raciales y lingüísticas, sin embargo están
unidos en su amor a Jesús y en su consagración a la verdad. La hermandad de la
fe los une más firmemente de lo que podría unirlos la posesión de un idioma
común. El mundo ha de ver en la unidad de la iglesia una evidencia convincente
de la pureza y del poder de su mensaje (ver Juan 17: 21).

8.

Los esparció.

Lo que los hombres no habían estado dispuestos a hacer voluntariamente y en
condiciones favorables, se vieron ahora obligados a hacer debido a la
necesidad. La incapacidad de entender el uno el idioma del otro los llevó a
incomprensiones, desconfianzas y divisiones. Los que podían entenderse entre
sí formaron pequeñas comunidades. Este versículo indica que los edificadores
de Babel fueron esparcidos ampliamente, con el resultado de que poco después
podían encontrarse representantes de la familia humana por casi todo el mundo.
Evidencias procedentes de muchos países testifican de la presencia en ellos de
seres humanos, dentro de un tiempo comparativamente corto después del diluvio.
Los descubrimientos arqueológicos señalan el valle de la Mesopotamia como la
primera región que desarrolló una civilización diferente. Civilizaciones
similares pronto surgieron en Egipto, Palestina, Siria, Anatolia, la India, la
China y en el resto del mundo. Todas las evidencias disponibles confirman las
escuetas palabras de las Sagradas Escrituras: "Los esparció Jehová desde allí
sobre la faz de toda la tierra".

Dejaron de edificar.

Nunca se completó la torre que había de llegar hasta el cielo. Sin embargo, es
evidente por la Biblia y por la historia que la población local que hubo
después completó la obra de edificar la ciudad.

9.

Babel.

Mediante un juego de palabras, los hebreos vincularon el nombre de la ciudad,
Babel, con el verbo hebreo balal, "confundir". Sin embargo, habría sido
extraño que los babilonios hubieran derivado el nombre de su ciudad de una
palabra hebrea. Los antiguos textos babilonios interpretan Bab-ilu o Bab-ilanu
con el significado de "puerta de dios" o "portón de los dioses". Sin embargo,
es posible que este significado fuera secundario y que el nombre procediera
originalmente del verbo babilonio babalu, que significa "esparcir" o
"desaparecer". Quizá los babilonios no estuvieron particularmente orgullosos
de un nombre que les recordaba la culminación afrentosa de los planes
anteriores para la ciudad, y por eso inventaron una explicación que hizo que
apareciera el nombre como un compuesto bab, "puerta" e ilu, "dios" (ver com. de
cap. 10: 10).

La mayor parte de los comentadores modernos explican el relato de la
construcción de la torre y la confusión de lenguas como 299 pura leyenda, o
como una gran exageración de alguna tragedia que ocurrió durante la
construcción de la histórica torre de Babilonia, en forma de templo, que era un
zigurat. En contraposición con lo que han afirmado muchas obras populares
acerca de arqueología bíblica, los arqueólogos no han encontrado ninguna
evidencia de que jamás hubiera existido la torre de Babel. La tablilla K3657
-muy fragmentaria - del Museo Británico, que con frecuencia se ha citado como
una referencia al relato de la construcción de la torre de Babel y a la
confusión de lenguas, en realidad no hace referencia ninguna a este
acontecimiento, como lo han demostrado estudios posteriores y una mejor
comprensión de este texto. El que únicamente cree en los relatos bíblicos que
son corroborados por una evidencia externa, rehusará creer en el relato de Gén.
11. Sin embargo, el que cree que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios,
aceptará como auténtica esta narración junto con todos los otros relatos de la
Biblia.

La pasión de los habitantes de la Mesopotamia por construir elevadas torres no
cesó con la primera tentativa frustrada de erigir una que llegara hasta el
"cielo". Continuaron edificando torres en forma de templos o zigurats durante
toda la antigüedad. Todavía existen varias de tales ruinas. La que está mejor
conservada se halla en Ur, el hogar original de Abrahán. Se desconoce la
ubicación exacta de la torre original. Fue reemplazada probablemente por una
torre-templo erigida posteriormente en Babilonia. Una antigua tradición judía,
probablemente basada erróneamente en las ruinas del siglo VII, ubica la torre
de Babel en Borsippa, una ciudad ubicada a unos 15 km. al sudoeste de
Babilonia. Una ruina imponente de unos 48 m de altura es todo lo que resta de
una antigua torre erigida en Borsippa, que una vez consistió en siete
plataformas coronadas por un templo. Algunas inscripciones de Nabucodonosor
halladas debajo de los fundamentos de la construcción declaran que él completó
la edificación de esa torre, cuya erección había comenzado un rey anterior. El
historiador judío Josefo atribuye la torre a Nimrod, tradición que ha sido
perpetuada por la población local debido al nombre que tiene, Birs-Nimrud. Al
igual que todos los edificios babilonios, esta torre fue construida de
ladrillos y betún y las ruinas muestran las marcas de numerosos rayos que la
hirieron en siglos pasados. La acción de ese intenso calor ha soldado los
ladrillos superiores y el asfalto convirtiéndolos en una sólida masa. Durante
siglos, los viajeros han descrito los efectos del fuego celeste sobre la torre,
generalmente con referencia a los sucesos narrados en Gén. 11.

Sin embargo, no debiera olvidarse que la torre de Borsippa fue construida no
antes del siglo VII AC por Asurbanipal y Nabucodonosor. Cualquiera que haya
sido la ubicación de la primera torre de Babel, han desaparecido todos los
rastros de la estructura original.

Es más probable que la antigua torre de Babel hubiera estado en el lugar del
templo en forma de torre de la ciudad de Babilonia, que una vez estuvo en la
zona del templo de Marduk, en la orilla oriental del Eufrates. Algunas
tradiciones babilónicas pretendían que su fundamento había sido colocado en
tiempos muy remotos. Varios reyes restauraron la torre durante el curso de su
historia. Nabucodonosor fue el último que lo hizo. Esta torre es descrita con
detalles por el historiador griego Herodoto y también por un texto cuneiforme
babilonio. Tenía siete plataformas y una altura total de unos 76 m. El rey
persa Jerjes la destruyó completamente junto con la ciudad de Babilonia en 478
AC. Con el propósito de reedificar la torre, Alejandro Magno hizo despejar los
escombros, pero murió antes de que se pudiera realizar su plan. No queda nada
en absoluto del más alto y más famoso templo en forma de torre de la antigua
Mesopotamia, con excepción de las piedras del fundamento y los peldaños más
bajos de sus antiguos escalones. El hecho de que desde los tiempos de Jerjes
no se pudiera ver nada de esta torre, al paso que otra en la vecina Borsippa
permaneciera en pie, quizá sea la razón para que judíos y cristianos
relacionaran el relato de Gén. 11 con las ruinas de Borsippa.

10.

Las generaciones de Sem.

Este es el encabezamiento acostumbrado para una genealogía (ver caps. 5: 1; 6:
9; 10: 1; etc.). Moisés ahora se ocupa del linaje de Sem, cuya presentación fue
interrumpida por el relato de la confusión de las lenguas. Pero los vers.
10-26 no constituyen una continuación del cuadro de las naciones del cap. 10;
presentan la genealogía del linaje patriarcal desde Sem hasta Abrahán. El cap.
10 presenta la relación 300 racial de las diversas tribus y naciones y su
origen común desde Noé, al paso que el pasaje del cap. 11: 10-26 presenta el
origen exacto del pueblo elegido de Dios a través de las muchas generaciones
que transcurrieron. Esta es una continuación de la lista de las generaciones
desde Adán hasta Noé tal como se presenta en el cap. 5. Los primeros cuatro
descendientes de Sem, ya enumerados en la parte semítica del cuadro de las
naciones, son repetidos aquí para mostrar el origen directo de los hijos de
Taré a través de Peleg.

Sem, de edad de cien años.

Esta declaración muestra que Sem era dos años menor que Jafet (ver com. de cap.
5: 32)

Fuera de duda, los nombres presentados son personales y no denominan tribus,
tal como lo indica la edad exacta dada para cada hombre cuando nació su
primogénito, a través del que continúa la línea genealógica, y la duración
posterior de su vida. La observación de que algunos de los nombres, tales como
los de Arfaxad o Heber, aparecen también como nombres de tribus en el cap. 10:
21, 22 no es un argumento válido para poner en duda la existencia real de los
hombres aquí nombrados.

11.

Vivió Sem, después que engendró a Arfaxad.

Puesto que la fórmula usada por Moisés en los vers. 10 y 11 es un modelo de los
breves esquemas biográficos que siguen, no es necesario comentar en detalles
los vers. 12-26. Una notable diferencia entre la fórmula usada aquí y la del
cap. 5 es la omisión de la edad total de cada persona que está en la lista del
cap. 11. Sin embargo, nada se pierde porque en cada caso la edad total de cada
hombre puede computarse fácilmente sumando los años que tenía cuando nació su
primogénito con los años restantes de su vida. Es desconocida la razón que
tuvo Moisés para hacer esta diferencia en el estilo de las dos listas.

12.

Arfaxad.

Ver com. de cap. 10: 22. Antes del diluvio, la edad promedio de los padres
cuando nació su primogénito había sido de 117 años (la menor 65, la mayor 187
años); pero después del diluvio disminuyó a 30-35 años, aunque Taré y Abrahán
engendraron hijos a una edad excepcionalmente avanzada.

La misma disminución se advierte en la edad total de los seres humanos después
del diluvio. Aunque Noé mismo alcanzó la edad antediluviano de 950 años, la
edad de Sem fue sólo de 600 y la de su hijo Arfaxad nada más que 438 años. En
las generaciones sucesivas continuó el proceso, de modo que Nacor, el abuelo de
Abrahán, vivió sólo 148 años. La gran disminución de la vida después del
diluvio pudo haberse debido parcialmente a cambios climáticos. Más importante
todavía fue el cambio en el régimen alimentario, del vegetarianismo a un
régimen que incluía la carne de animales (PP 98; CRA 467). Con cada generación
sucesiva, la raza humana fue perdiendo más y más la herencia de vigor físico de
Adán y, posiblemente el efecto vigorizante del fruto del árbol de la vida.

13.

Sala.

"El que fue enviado". Este es un nombre semítico, también usado entre los
colonizadores fenicios de Cartago en el norte del África.

14.

Heber.

"El que cruza". Puesto que los descendientes de Heber habían de cruzar el
Eufrates y emigrar hacia Siria y Palestina, este nombre quizá indique
discernimiento profético de parte de sus padres (ver com. de cap. 10: 21).

16.

Peleg.

Significa "división" (ver com. de cap. 10: 25).

18.

Reu.

Significa "amigo" o "amistad". Posiblemente es una abreviatura de Reuel,
"amigo de Dios", el nombre de varios personajes bíblicos (Gén. 36: 4; Exo. 2:
18; Núm. 2: 14).

20.

Serug.

Quizá signifique "el entrelazado", "el enredado" o "rama de la vid". No es
seguro cuál fue el significado que se tuvo en cuenta.

22

Nacor.

"El que resopla". Quizá tuviera algún impedimento en su habla.

24.

Taré.

No tiene significado en hebreo, pero en el idioma ugarítico, relacionado con el
hebreo, significa "novio".

26.

Taré vivió setenta años.

Este texto parece implicar que Abram, Nacor y Harán eran trillizos, nacidos
cuando su padre Taré tenía 70 años. Que eso no fue así, es evidente por las
siguientes consideraciones. Taré murió en Harán a la edad de 205 años (cap.
11: 32). Abram fue a Canaán a la edad de 75 años (cap. 12: 4). Abram fue
invitado a dejar Harán después de la muerte de su padre, como se declara
explícitamente en Hech, 7: 4. De modo que Abram no puede haber tenido más de 75
años cuando murió su padre, y Taré tenía por lo menos 130 años cuando 301

LA CRONOLOGÍA DEL CAPÍTULO 11 DEL GÉNESIS

nació Abram. Por lo tanto, el pasaje del cap. 11: 26 significa que Taré comenzó
a engendrar hijos cuando tenía 70 años. Abram, el menor de los tres hijos, es
mencionado primero debido a su importancia como progenitor de los hebreos.
Aunque no es seguro cuál de los otros dos hijos de Taré -Nacor o Harán- era el
mayor, el hecho de que Nacor se casara con la hija de Harán (cap. 11: 29) puede
indicar que Harán era mayor que Nacor (ver com. de cap. 5: 32).

Abram.

"Padre de elevación" o "padre exaltado", para destacar su puesto de honor como
progenitor del pueblo escogido de Dios. Su nombre fue más tarde cambiado por
Dios a Abrahán (cap. 17: 5). Este mismo nombre aparece en los registros
egipcios como el de un gobernante amorreo de una ciudad palestina en el mismo
tiempo cuando vivió Abram. Aparece también en documentos cuneiformes
contemporáneos de Babilonia, lo que muestra que el nombre no era desconocido.

Nacor.

Este hijo de Taré tuvo el mismo nombre que su abuelo.

Harán.

Este nombre no tiene significado en hebreo. Similar a Harán es Jarán, la
ciudad donde se estableció Taré. El nombre de la ciudad, relacionado con la
raíz de una palabra asiria que significa "camino real", quizá indique su
ubicación sobre una de las principales rutas comerciales entre Mesopotamia y el
Mediterráneo.

Así como fue el caso en lo que atañe a la cronología antediluviana, el
Pentateuco Samaritano y la LXX dan a los patriarcas del período comprendido
entre el diluvio y el nacimiento de Abram, vidas considerablemente más largas
que el texto hebreo y las traducciones modernas basadas en él (ver comentario
del cap. 5: 32). Al paso que la VVR computa 352 años entre el diluvio y el
nacimiento de Abram, la versión Samaritana presenta 942, y la LXX 1.132, o bien
1.232 (según variaciones del texto; véase la pág. 189).

Sin embargo, la inserción que hace la LXX de Cainán entre Arfaxad y Sala quizá
sea justificada. En esto la LXX está confirmada por Lucas, que también ubica a
Cainán en ese lugar (Luc. 3: 35, 36). A pesar de la aparente discrepancia
entre Moisés (y 1 Crón. 1: 24) por un lado, y Lucas y la LXX por el otro, no
existe una dificultad verdadera. Las Escrituras contienen numerosos ejemplos
llamativos de la omisión de nombres de las listas genealógicas. 302 Por
ejemplo, Esdras al remontar su propio linaje hasta Aarón omite por lo menos
seis nombres (Esd. 7: 1-5; cf. 1 Crón. 6: 3-15).

En la genealogía de Jesús presentada varios siglos más tarde por Mateo se han
omitido cuatro reyes de Judá y posiblemente otros antepasados de nuestro Señor
(ver com. de Mat. 1: 8, 17). Por lo tanto, la posible omisión que hace Moisés
al eliminar a Cainán de la lista de Gén. 11: 10-26, no debiera considerarse una
inexactitud sino más bien un ejemplo de una práctica común entre los escritores
hebreos.

Cualquiera sea el caso, la lista dada por Moisés debe considerarse bastante
completa. Elena G. de White se refiere (PP 117) a una "línea ininterrumpida"
de hombres justos -desde Adán hasta Sem- que transmitieron el conocimiento de
Dios que heredó Abram. Algunos han interpretado esta declaración en el sentido
de que Abram probablemente fue instruido personalmente por Sem. Si es así,
entonces Abram nació algunos años antes de la muerte de Sem, la que ha sido
ubicada 500 años después del diluvio.

Los que llegan a esta conclusión basándose en el pasaje ya mencionado, infieren
que el mismo apoya el texto hebreo en oposición a las cronologías de la época,
tanto de la Samaritana como de la LXX, y hace imposible que haya un número
considerable de omisiones en la lista genealógica de Moisés. Hasta que se
disponga de más información cronológica definida, la cronología de los
acontecimientos anteriores al nacimiento de Abram debe considerarse tan sólo
aproximada. Con el advenimiento del patriarca Abram llegamos a un fundamento
para estructurar una cronología más sólida.

27

Taré.

Hasta aquí Moisés ha narrado la historia de toda la humanidad. En adelante, el
registro inspirado se refiere casi exclusivamente a la historia de sólo una
familia: el pueblo elegido de Dios. En el resto del AT, por lo general se
presta atención a otras naciones sólo cuando se relacionan con el pueblo de
Dios.

Harán engendró a Lot.

Lot, "el oculto". Se presenta a Lot debido al papel que iba a jugar como
compañero de Abram en la tierra de Canaán y como progenitor de los moabitas y
amonitas.

28.

Murió Harán antes que su padre.

Literalmente, "en el rostro de su padre", con el significado de "mientras su
padre todavía estaba vivo", o, "en la presencia de su padre". Esta es la
primera mención (aunque no sea necesariamente el primer caso) de un hijo muerto
antes que su padre.

Ur de los caldeos.

Tal como lo demuestran documentos escritos y excavaciones recientes, la ciudad
natal de Harán tuvo una historia larga y gloriosa. Las ruinas de Ur han sido
conocidas por mucho tiempo con el nombre moderno de Tel el-Muqayyar, y se
encuentran más o menos a mitad de camino entre Bagdad y el golfo Pérsico.
Entre los años 1922 y 1934 una expedición conjunta británico-norteamericana
llevó a cabo lo que ha resultado ser una de las más fructíferas excavaciones de
toda la Mesopotamia. Algunas tumbas reales de una dinastía remota entregaron
su fabuloso depósito de tesoros. Las bien preservadas ruinas de casas, templos
y un templo en forma de torre, han proporcionado una riqueza de material con la
cual podemos reconstruir la fluctuante historia de esta ciudad que jugó un
papel tan importante desde los albores de la historia hasta el tiempo del
imperio persa. Cuando Abram vivió en ella, en los comienzos del segundo
milenio AC, la ciudad poseía una cultura excepcionalmente elevada. Las casas
estaban bien construidas y por lo general tenían dos pisos. Las habitaciones
de la planta baja se agrupaban en torno de un patio central y una gradería
llevaba a la planta alta. La ciudad tenía un sistema de desagüe eficaz, mejor
que el de algunas ciudades actuales de ese país. Se enseñaba lectura,
escritura, aritmética y geografía en las escuelas de Ur, lo que resulta
evidente por los muchos ejercicios escolares que han sido descubiertos. En el
AT esta ciudad generalmente es llamada "Ur de los caldeos", expresión que
todavía no ha sido encontrada en los textos cuneiformes de Mesopotamia. Allí
simplemente se la llama "Ur". Sin embargo, se sabe que la región de Ur fue
posteriormente habitada por tribus caldeo-arameas, que pueden haber llegado un
poco antes (ver com. de cap. 10: 22). Esas tribus estuvieron íntimamente
relacionadas con la familia de Taré, y ambas fueron descendientes de Arfaxad.
El recuerdo de ese vínculo familiar se mantuvo vivo porque los descendientes
siempre se refirieron al hogar familiar original como Ur en Caldea, o "Ur de
los caldeos".

El elevado nivel cultural de Ur en el tiempo 303 de Abram acalla las burlas de
los que tildan a Abram de nómada e ignorante. El pasó su juventud en una
ciudad de refinada cultura, siendo hijo de uno de sus ciudadanos acaudalados y
sin duda era un hombre bien educado.

También Abram debe haber estado familiarizado con la vida religiosa de Ur, que
era politeísta como lo demuestran las excavaciones. Josué declara que Taré,
padre de Abram, había servido a otros dioses en Ur (Jos. 24: 2). Se puede
suponer que los demás hijos de Taré hicieron lo mismo, pues Raquel, esposa de
Jacob, robó los ídolos de su padre Labán que era nieto de Nacor, hermano de
Abram (Gén. 31: 19). Es un milagro que la fe monoteísta de Abram permaneciera
intacta frente a las influencias paganas que lo rodeaban.

29.

Tomaron Abram y Nacor para sí mujeres.

Milca, esposa de Nacor, era hija de su hermano Harán y por lo tanto su propia
sobrina. Sara, la esposa de Abram, era su medio hermana, hija de Taré con otra
esposa que no era madre de Abram (cap. 20: 12). El casamiento con una medio
hermana y con otros parientes cercanos posteriormente fue prohibido por el
código civil mosaico, aunque evidentemente todavía era permitido en el tiempo
de Abram (ver Lev. 18: 6, 9, 14).

Isca.

No es claro por qué se menciona aquí a Isca, otra hija de Harán. Siguiendo una
antigua tradición judía, algunos comentadores han visto este nombre como otro
nombre de Sara, la esposa de Abram. Otros piensan que era la esposa de Lot. No
hay una base fundada en hechos para ninguna de tales suposiciones.

30.

Sara era estéril.

Esta declaración parece implicar un contraste con Milca, la cuñada de Sarai
(cap. 24: 24) y anticipa la gran importancia de la esterilidad de Sarai en la
prueba de fe de Abram.

31.

Salió.

Las Escrituras presentan claramente que Abram fue aquel a quien Dios se le
reveló en Ur de los caldeos, y no a Taré como podría inferirse por este pasaje
(PP 119). Esteban dijo a sus oyentes que Abram había salido de la
"Mesopotamia, antes que morase en Harán", en respuesta a una orden explícita
que le dirigió Dios personalmente (Hech. 7: 2, 3). Posteriormente Dios le
recordó a Abram que él lo había sacado de Ur de los caldeos (Gén. 15: 7), no de
Harán (ver también Neh. 9: 7). Llegamos a la conclusión de que Abram fue
llamado en dos etapas. La primera mientras vivía en Ur, fue para que dejara a
su tribu ancestral, pero la segunda en Harán, fue para que abandonara a sus
parientes inmediatos, aun la casa de su padre (Gén. 12: 1). Cuando Abram
recibió el primer llamamiento, obedeció inmediatamente y dejó el antiguo
ambiente para encontrar un nuevo hogar en el país que Dios le prometía
proporcionarle. Debe haber tenido una influencia considerable sobre su padre
Taré, sobre su hermano Nacor y su sobrino Lot, porque todos ellos eligieron
acompañarle. Nacor no es mencionado como uno de los que salieron de Ur con
Taré y Abram, pero si no salió en esta ocasión, debe haber proseguido un poco
después (ver cap. 24: 10). Aunque Abram recibió el llamamiento en Ur, todavía
vivía bajo el techo de su padre, de modo que esperó que su padre tomara la
iniciativa del viaje, si es que estaba dispuesto a hacerlo. Evidentemente Taré
consintió y, como cabeza del hogar, se puso al frente de las operaciones de
traslado. La educación oriental requería que se mencionara a Taré actuando
como cabeza de su hogar. Hubiera parecido como algo completamente fuera de
lugar decir que Abram llevó a su padre Taré.

Para ir a la tierra de Canaán.

Esto indica que Canaán fue su destino desde el mismo principio. Había dos
posibles rutas para viajar desde Ur, en la Mesopotamia meridional, hasta
Canaán. Una llevaba directamente a través del gran desierto de Arabia, pero
una gran caravana formada por manadas, rebaños y muchos siervos posiblemente no
podía atravesar un territorio tal. La otra ruta iba por la parte superior del
Eufrates, a través del estrecho desierto de la Siria septentrional y luego por
el valle del Orontes hacia el sur hasta Canaán. Evidentemente ésta fue la ruta
por la cual debían viajar ellos.

Vinieron hasta Harán.

Harán está sobre el río Balik, en el norte de la Mesopotamia, a medio camino
entre Ur y Canaán. No se da la razón para esta interrupción del viaje, pero
puede haber sido ocasionada por lo atrayente de la región, o más probablemente
por la edad avanzada y la debilidad de Taré. Harán se convirtió, para la mayor
parte de la familia, en un lugar permanente de residencia, lo que quizá
implique que los atractivos de la región pueden haberlos inducido a la decisión
original de detenerse allí. Los valles del Balik y del 304 Quebar contienen
fértiles campos de pastoreo. Es posible que toda la región estuviera muy poco
poblada y pareciera ofrecer excelentes posibilidades de aumentar la riqueza de
la familia antes de que prosiguieran hacia Canaán. Cualquiera que haya sido la
razón, Taré y su familia acamparon en un lugar que llamaron Harán, quizá como
homenaje a su hijo y hermano que había muerto en Ur. Debido a una leve
diferencia entre la forma hebrea de escribir el nombre de Harán, hijo de Taré,
y el de la ciudad Jarán, resulta incierta la relación de los dos.

La evidencia de cuán firmemente se establecieron los tareítas en su nuevo hogar
se ve claramente, porque varios de sus nombres familiares se arraigaron en las
ciudades de la región durante siglos, y en algunos casos durante milenios.
Harán, ciudad importante durante el segundo y el primer milenio AC, quizá haya
recibido ese nombre en homenaje de Harán, como ya fue sugerido. El recuerdo de
Peleg persistió en el nombre de la ciudad Paliga, en la desembocadura del río
Jabur. Nacor dio su nombre a la ciudad de Nacor (cap. 24: 10), posteriormente
llamada Til-Nahiri, cerca de Harán. El nombre de Serug se refleja en la
localidad vecina de Sarugi y el lugar Til-sha-turahi sobre el río Balik quizá
perpetúe el nombre de Taré. Los nombres de estos lugares son una evidencia
clara de que la familia de Taré ocupó esta región en tiempos antiguos.

32.

Murió Taré en Harán.

No se dice cuánto tiempo vivió Taré en Harán. En vista de la proverbial
prontitud de Abram para obedecer a Dios, parece muy poco probable que él
hubiera permanecido en Harán durante muchos años, sabiendo que el Señor quería
que fuera a Canaán, a no ser debido a la edad o enfermedad de su padre. Es más
probable que Taré se detuviera durante un tiempo cerca del río Balik para
restablecerse, y no que la atracción de la zona lo hubiera inducido a olvidar
su propósito. En tales circunstancias, la piedad filial habría mantenido a
Abram cuidando solícitamente de su padre. Todos habrían pues permanecido en
Harán con el propósito de reanudar su marcha cuando se sanara Taré. Cuando él
murió, Abram y Lot siguieron adelante con su plan original, pero otros miembros
de la familia fueron cautivados por la fertilidad de la región y no estuvieron
dispuestos a dejarla.

Al igual que Moisés algunos siglos después, Taré no entró en la tierra
prometida. Estamos obligados a recordar nuestra condición de peregrinos porque
muchos de los fieles hijos de Dios mueren en su camino a la Canaán celestial.
Sin embargo, lo grave de la muerte de Taré no fue nada en comparación con la
decisión de Nacor de permanecer en Harán. El y su familia, voluntariamente, se
apartaron de las promesas de Dios rehusando acompañar a Abram hasta la tierra
prometida. Como resultado, finalmente ellos y sus descendientes desaparecieron
del escenario de la historia, al paso que Abram y su posteridad permanecieron
por siglos como el receptáculo del favor especial de Dios y el canal de la
bendición celestial para el mundo.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-9 PP 110-116; SR 72-75

2, 4 CV 43; PP 112

5 CV 43; PP 115

5-7 PP 113

8 PP 113

9 8T 215

28 EC 16

31 PP 119

CAPÍTULO 12

1 Dios llama a Abram y lo bendice con una promesa del advenimiento de Cristo. 4
Abram y Lot salen de Harán. 6 Su viaje por Canaán, 7 país que le es prometido
en una visión. 10 Se dirige a Egipto debido a una hambruna. 11 Impulsado por el
temor, hace pasar a su esposa por su hermana. 14 El faraón le devuelve a su
esposa, a quien había tomado, a causa de las plagas que le vinieron.

1PERO Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la
casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y
serás bendición.

3 Bendeciré a los que te bendijeron, y a los 305 que te maldijeron maldeciré; y
serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

4 Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad
de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

5 Tomó pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus
bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y
salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.

6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de
More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.

7 Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y
edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.

8 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda,
teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová,
e invocó el nombre de Jehová.

9 Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.

10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar
allá; porque era grande el hambre en la tierra.

11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer:
He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;

12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti
te reservarán la vida.

13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y
viva mi alma por causa de ti.

14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la
mujer era hermosa en gran manera.

15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y
fue llevada la mujer a casa de Faraón.

16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos,
siervos, criadas, asnas y camellos.

17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai
mujer de Abram.

18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho
conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí
por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a
su mujer, con todo lo que tenía.

1.

Vete

De aquí en adelante Abram es el héroe de la narración del Génesis. Esta es la
primera revelación dada por Dios a Abram que se registra, aunque se sabe por
Hech. 7: 2 que Dios se le había aparecido por lo menos una vez antes. La
palabra de Jehová comienza con una orden, continúa con una promesa y termina
con una bendición. Estos tres aspectos importantes caracterizan toda
manifestación de Dios para el hombre. Las promesas de Dios se cumplen y sus
bendiciones se reciben tan sólo cuando sus mandamientos son obedecidos.
Generalmente los hombres están deseosos de recibir las bendiciones de Dios y
ver la realización de sus promesas, pero sin cumplir con sus requerimientos.

El llamamiento de Dios demandaba que Abram rompiera completamente con el
pasado. No sólo tenía que salir de la tierra de los dos ríos, Mesopotamia, en
la cual estaban situadas tanto Ur como Harán, sino que también tenía que
renunciar a sus vínculos familiares y aun a la casa de su padre, para no volver
nunca más a los de su propia sangre y raza. Fue una dura prueba. Harán y Ur
compartían la misma civilización y las mismas normas de vida. Todo esto
cambiaría inmediatamente cuando dejara la tierra de los dos ríos y cruzara a
Siria y Palestina. En vez de fértiles tierras de pastoreo, encontraría una
región montañosa densamente arbolada. En vez de vivir entre las tribus
semíticas a las que pertenecía y que eran muy civilizadas, estaría errabundo
entre tribus de un nivel cultural materialmente inferior y de una religión
especialmente degradada.

Seguramente no debe haber sido fácil que Abram rompiera todos los lazos con su
amada patria, una tierra en la que había pasado toda su vida y a la que estaba
unido por muchos tiernos vínculos. Un joven puede salir de su país natal con
poco pesar, pero no es fácil que un hombre de 75 años haga una decisión tal.

La tierra que te mostraré.

Gén. 11: 31 indica que el destino original de Abram había sido Canaán. Es
obvio que Dios debe haber 306 especificado Canaán como la tierra hacia la cual
él debía dirigir sus pasos. En esta ocasión (cap. 12: 1) no se menciona a
Canaán, pero es claro que Abram sabía que Canaán era el lugar donde Dios quería
que él fuera. Partió teniendo en cuenta a Canaán (vers. 5). La declaración de
Pablo en Heb. 11: 8 de que Abram "salió sin saber a dónde iba" evidentemente se
refiere a que de allí en adelante no tendría un lugar seguro donde morar, sino
que iba a ser peregrino y extranjero (Heb. 11: 9; 3TS 374). En adelante Dios
lo guiaría día tras día y él nunca sabría por adelantado lo que le podría traer
el futuro.

2.

Haré de ti una nación grande.

Se anuncia la compensación que tendría Abram por dejar su familia y hogar. Sin
duda Abram se preguntaría cómo podría cumplirse la promesa en vista de que no
tenía hijos y no era joven. No podía ser el propósito de Dios que los siervos
de Abram, los pastores y capataces de sus ganados, constituyeran la nación
prometida. ¿Cómo entendió Abram la palabra "grande"? ¿Implicaba grandes
cantidades, o influencia, o grandeza en realizaciones espirituales? Tan sólo
el ojo de la fe, puesto en las promesas de Dios, podía penetrar el futuro y
contemplar cosas que el ojo natural no podía ver.

Te bendeciré.

Esta promesa incluía tanto bendiciones temporales como espirituales,
particularmente estas últimas. Pablo incluye claramente la justificación por
la fe entre las bendiciones que reposaron sobre Abram (Gál. 3: 8).

Engrandeceré tu nombre.

La verdadera grandeza debía resultar del acatamiento de las órdenes de Dios y
de la cooperación con su propósito divino. Los edificadores de Babel habían
pensado hacerse "un nombre" desafiando a Dios, y sin embargo no ha sobrevivido
ninguno de sus nombres. Por el otro lado, Abram sencillamente debía ir donde
Dios lo dirigiera a fin de ganar fama. Aún hoy en día el nombre Abram es común
como nombre personal, e incontables millones de judíos, mahometanos y
cristianos lo han aclamado en lo pasado y todavía lo consideran
retrospectivamente como su progenitor espiritual.

3.

Bendeciré.

Una seguridad tal fue la promesa de amistad y favor más excelsa que Dios pudo
conferir a Abram. Dios consideró como propios los insultos y agravios hechos a
su amigo y le prometió hacer causa común con él, compartir sus amigos y tratar
a sus enemigos como si hubieran sido los suyos propios. Abram fue "amigo de
Dios" (Sant. 2: 23).

Todas las familias de la tierra.

La palabra hebrea aquí traducida "tierra", 'adamah, significa esencialmente
"terreno", o "suelo". Se incluye a todas las naciones y todos los siglos. Fue
la "tierra" que había recibido la maldición después de la caída (Gén. 3: 17),
el mismo suelo del cual originalmente había sido hecho el hombre. Esa
maldición había sobrevenido debido a la infidelidad de un hombre (Rom. 5: 12),
y ahora todas las familias de la "tierra" habían de recibir una bendición por
la obediencia de un hombre que fue hallado fiel. Los cristianos de hoy, como
sus descendientes espirituales, comparten la bendición impartida a Abram (Gál.
3: 8, 29). La bendición que le fue concedida finalmente uniría a las familias
divididas de la tierra, y cambiaría la temible maldición pronunciada sobre la
tierra, debido al pecado, transformándola en una bendición para todos los seres
humanos. Todas las promesas siguientes dadas a los patriarcas y a Israel
aclararon o ampliaron la promesa de la salvación ofrecida a toda la raza humana
en la primera promesa hecha a Abram.

4.

Se fue Abram.

Gozosamente Abram obedeció el llamamiento del Señor, sin argüir y sin mencionar
condiciones para su obediencia. Sencillamente "fue".

Lot fue con él.

De todos los parientes de Abram, tan sólo Lot y su familia estuvieron
dispuestos a proseguir hacia la tierra prometida. Pedro se refiere a él como
el "justo Lot" (2 Ped. 2: 7, 8). Su deseo de obedecer a Dios, como lo había
hecho su tío, lo dispuso para compartir, por el momento a lo menos, las
penalidades del viaje y las incertidumbres de un futuro riesgoso.

Setenta y cinco años.

La presentación de la edad de Abram indica que su partida hacia Canaán marcó el
comienzo de una nueva e importante era. Ya había entrado en años cuando fue
llamado para adaptarse a una vida en un país nuevo, a su clima y a las extrañas
costumbres de un pueblo extranjero.

5.

Todos sus bienes.

La riqueza de Abram y de Lot consistía principalmente en grandes rebaños de
ganado y manadas de ovejas. 307 Abram era un hombre próspero (cap. 13: 2), pero
su prosperidad de ninguna manera resultó ser un obstáculo para su vida
religiosa. Si bien es cierto que con frecuencia la riqueza hace más difícil
que su poseedor quede calificado para el reino de Dios, de ninguna manera es un
obstáculo fatal (Mat. 19: 23-26). Cuando una persona de recursos se considera
como mayordomo de Dios, y usa la riqueza que le ha sido confiada para la honra
de Dios y para el adelantamiento de su reino, entonces la riqueza es una
bendición y no una maldición.

Personas.

Heb. Néfesh. Se incluían en ese grupo algunos conversos al Dios verdadero (PP
119). Esos conversos se unieron a la casa de Abram y se convirtieron en sus
criados. Se dice que tanto Abram como Lot tenían pastores (Gén. 13: 7). El
hecho de que Abram pudiera más tarde rescatar a Lot con la ayuda de 318 criados
armados y con entrenamiento militar (cap. 14: 14), es un argumento adicional
que apoya la idea de que esas "personas" eran miembros integrantes de su casa
(ver com. de cap. 14: 14).

A tierra de Canaán.

La tierra de Canaán incluía no sólo Palestina sino también Fenicia y la Siria
meridional (ver com. de cap. 10: 19). Inscripciones egipcias y del norte de
Siria del segundo milenio AC usan el término Canaán en este sentido. Puesto
que Abram iba a establecerse en la parte meridional de Canaán -Siquem, Hebrón,
Gerar-, el viaje le significó unos 720 km. desde Harán. Puesto que los
factores topográficos no dan lugar a muchas alternativas posibles, su ruta
puede trazarse con bastante exactitud. Saliendo de la región de Harán, la gran
caravana debe haberse movido lentamente hacia el sur a lo largo del río Balik
hasta llegar al Eufrates, río que posiblemente fue seguido aguas arriba por
unos 100 km. Desde este punto, probablemente cruzaron unos 130 km. de desierto
hasta llegar al río Orontes, en la Siria septentrional. El gran oasis de Alepo
está a mitad de camino entre el Eufrates y el Orontes, y probablemente fue
usado por Abram en su viaje para dar descanso y agua a los fatigados animales y
a los viajeros. Llegando al Orontes, posiblemente lo siguió hacia el sur,
presidiendo la gran caravana a través de la llanura siria, llamada hoy día
Beqa, que está entre las cordilleras del Líbano y el Antilíbano. Pasando la
cuenca desde donde el Orontes fluye hacia el norte y el Litani hacia el sur, la
caravana pudo haber seguido este último hasta llegar a Galilea con sus colinas
y elevaciones del terreno.

6.

Pasó Abram por aquella tierra.

Palestina tenía muchos bosques en ese tiempo. En antiguos documentos egipcios
sus caminos se describen como una pesadilla para los viajeros. El progreso de
la caravana puede haber sido muy lento en vista del gran número de animales y
de gente que acompañaban al patriarca. Probablemente el viaje fue interrumpido
con frecuentes pausas para descansar. Habiendo cruzado Galilea, los viajeros
llegaron a la planicie de Esdraelón, en la cual ya había varias poderosas
ciudades cananeas, tales como Meguido y Taanac. Luego tal vez cruzaron la
cordillera del Carmelo y entraron en la zona llena de colinas que
posteriormente pertenecería a Efraín, y en ese lugar efectuaron su primer alto
prolongado. Esto se hizo probablemente porque Jehová dijo a Abram (vers. 7)
que había llegado al fin de su viaje y que ahora estaba en la tierra que le
había prometido.

Siquem.

Situada en la entrada oriental de un angosto valle franqueado por los montes
Ebal y Gerizim, ocupaba un lugar estratégicamente importante. Es un lugar
desierto hoy día, llamado Balatah, cerca de Nablus. Algunas excavaciones y
evidencias documentales prueban que Siquem era una ciudad floreciente y
fortificada a principios del segundo milenio AC, cuando Abram acampó en sus
proximidades. Una de las más remotas expediciones militares egipcias a
Palestina de la que se haya preservado un claro registro, se dirigió contra
esta misma ciudad. La estela de un guerrero egipcio que sirvió bajo el faraón
Sen-Usert III (1878-1840 AC) de la duodécima dinastía describe una campaña
contra Sekemem, nombre egipcio para Siquem, y relata que los asiáticos
naturales de ese lugar fueron derrotados. Cuando Abram entró en la tierra de
Canaán, Egipto ejercía una gran influencia sobre sus vecinos cananeos. Aunque
Egipto no ejerció verdadero dominio político sobre Canaán, este último país
dependía económicamente de Egipto, que tenía representantes reales en sus
principales ciudades. Esos funcionarios vigilaban los intereses económicos de
Egipto y servían como consejeros a los gobernantes locales cananeos. Esta era
la situación política que Abram encontró en Canaán. 308

VIAJES DE ABRAM

309

El encino de More.

Probablemente la palabra se usa aquí en un sentido genérico y colectivo y puede
referirse o no a un árbol en particular. Se ha sugerido que significa un
bosquecillo de robles. Este punto de vista tiene el apoyo de una referencia
posterior que hace Moisés a la misma localidad, pero usando la forma plural
'elon, "árboles" (VVR "encinar"), lo que indica claramente que en More había
más de un árbol tal (Deut. 11: 30). El bosquecillo mismo no ha sido
identificado, pero debe haber estado en la proximidad de Siquem, como lo indica
este texto y Deut. 11: 29, 30.

More significa "maestro". Los antiguos traductores judíos de la LXX lo
tradujeron por la palabra griega hupselén, "elevado". Los comentadores han
tratado de explicar el nombre More como una indicación de que Abram entendió
que había de ser "enseñado" allí por Dios, o que el bosquecillo pertenecía a un
maestro famoso.

El cananeo.

Estuvo equivocado Abram si esperó ser conducido hasta una tierra despoblada,
cuyos pastos no tendría que compartir con otros. Quizá por esta razón se añade
la declaración: "el cananeo estaba entonces en la tierra". Encontrándose como
extranjero en medio de un pueblo extraño, Abram no podía considerar la tierra
como propia para poseerla realmente (ver Heb. 11: 9, 13). Esto lo podía hacer
sólo por fe.

7.

Apareció Jehová.

Esta es la tercera revelación divina concedida a Abram, y la primera realizada
en Canaán. Su propósito era consolarlo e inspirarle confianza y valor
renovados. Después de un largo y arduo viaje, Abram llegó a la tierra que le
había sido prometida como hogar para él y para su posteridad, tan sólo para
encontrarla ocupada por cananeos. Un mensaje que confirmara las promesas dadas
en Ur y en Harán le daría la seguridad de que la posesión de la tierra se haría
efectiva en el tiempo y en la forma en que Dios lo dispusiera.

A tu descendencia.

Todo el mensaje consiste en sólo cinco palabras en hebreo (seis en la VVR).
Aunque es una de las más cortas revelaciones divinas, fue de gran importancia
para Abram, que ahora era extranjero en un país extraño. En ninguna forma su
brevedad correspondía con su importancia y valor. Se necesitaba fe para creer
que los cananeos, ahora organizados en ciudades poderosamente fortificadas,
serían desposeídos y su tierra dada a un anciano sin hijos. La evidente
improbabilidad de la realización de una promesa tal, la convertía en una
difícil prueba de la fe del patriarca.

Un altar.

El terreno, santificado por la presencia de Dios, fue dedicado por Abram como
un lugar de culto para la Divinidad. El altar allí levantado y los sacrificios
ofrecidos daban testimonio del Dios del cielo y protestaban silenciosamente
contra la idolatría de ese lugar. Así Abram prometió públicamente lealtad al
verdadero Dios. Siendo el amo de una gran familia, también sintió una
responsabilidad hacia sus siervos de inculcarles un conocimiento más perfecto
del Dios a quien él servía (cap. 18: 19). El sacrificio testificaba de la
creencia de Abram en la muerte del Hijo de Dios como expiación por el pecado.

8.

Bet-el.

Ante la necesidad de campos de pastoreo frescos, Abram se trasladó de la
proximidad de Siquem a la región del este de Bet-el, unos 30 km. más hacia el
sur. Abram levantó su tienda en la cima de una colina entre las ciudades de
Bet-el y Hai. Se hace referencia a la ciudad aquí con el nombre que llevó en
tiempos posteriores. Todavía recibía el nombre de Luz en tiempos de Abram
(cap. 28: 19). Esta ciudad cananea, llamada ahora Beitin, está a unos 16 km.
al norte de Jerusalén. Le cupo un papel importante en la vida de Jacob (caps.
28: 19; 35: 1), y fue una de las primeras ciudades de Canaán conquistadas por
Josué. Durante el período del reino dividido, uno de los dos lugares del culto
idolátrico de Israel estuvo ubicado allí (1 Rey. 12: 28, 29). Los eruditos han
identificado la actual Et-Tel con Hai, debido a la semejanza de los nombres,
pues Hai es un nombre hebreo que significa "ruina", al paso que Tel es un
nombre arábigo que significa un lugar de ruinas. Sin embargo, esta
identificación es dudosa.

Edificó allí altar.

Dondequiera que Abram levantaba su tienda, erigía un altar (Gén. 12: 7; 13:
18), y realizaba un culto público para los miembros de su familia y para los
vecinos paganos. El culto era probablemente sencillo, pues consistía
esencialmente en oración. Pero la ofrenda de un animal sacrificado y fuera de
duda una exhortación evangelística, así como el gran número de criados a
quienes Abram llevó a un conocimiento de Jehová debe haber hecho impresionantes
tales ocasiones (ver 310 caps. 14: 14; 18: 19). Muchos mantienen su fe en
secreto, temerosos de confesarla, pero no Abram. Doquiera fue, confesó a Aquel
en quien confiaba y a quien obedecía. Sus altares, esparcidos por el campo de
Palestina, se convirtieron en monumentos recordativos del único Dios verdadero.
Los cananeos, cuya iniquidad no había llegado todavía al colmo (cap. 15: 16),
pudieron así conocer al Creador del universo, y mediante el precepto y el
ejemplo de Abram fueron exhortados a descartar sus ídolos y adorar a Dios.
Abram fue el primer misionero al extranjero pues viajó incansablemente por
Palestina y predicó a Dios doquiera levantaba su tienda. Isaac y Jacob también
fueron llamados por Dios para pasar su vida en esa tierra. Aunque ellos no
siempre fueron ejemplos resplandecientes de la verdad, los cananeos no podían
menos que ver la diferencia entre su propia forma de vida y la de los hebreos.
Cuando llegara el tiempo de su juicio, no podrían negar que Dios les había
proporcionado las oportunidades necesarias para aprender de él.

9.

Hacia el Neguev.

Bet-el no iba a ser el hogar permanente de Abram. Prosiguió hacia el sur,
hacia el Neguev, que mantiene este nombre hasta el día de hoy. El Neguev era y
todavía es una zona semiárida que está al sur y al suroeste de las montañas, y
en tiempos posteriores perteneció a Judá. Desde tiempos antiguos, Beerseba,
situada en la encrucijada de la ruta de varias caravanas, ha sido su ciudad
principal. Quizá Abram comprendió que las partes montañosas de Canaán, que ya
estaban ocupadas por los cananeos, no podrían proporcionar suficientes pastos
para sus propios grandes rebaños y los de Lot. Debido a su escasa población y
a sus amplios campos de pastoreo, el Neguev le pareció más adecuado.

10.

Hubo entonces hambre.

Apenas había pasado Abram por la tierra prometida, cuando una gran hambre lo
obligó a dejarla. Canaán, aunque era naturalmente fértil, se veía sometida a
los castigos de la sequía, especialmente en aquellos años cuando las lluvias de
noviembre y diciembre -de las cuales dependía la región- faltaban o eran
escasas (ver Gén. 26: 1; 41: 56; 1 Rey. 17: 1; Hag. 1: 10, 11). La presencia
de esta hambre precisamente cuando Abram entró en la tierra, fue una prueba
adicional de su fe. Debía enseñarle lecciones de sumisión, fe y paciencia.
Tenía que comprender que aun en la tierra prometida el alimento y las
bendiciones proceden solamente del Señor.

Descendió Abram a Egipto.

Encontrándose en el sur de Canaán, a Abram le pareció natural ir a Egipto, el
país de la abundancia, en busca de sustento. Aunque Egipto mismo
ocasionalmente era azotado por el hambre cuando no ocurría el desbordamiento
del Nilo, era conocido en los países circunvecinos como un puerto de refugio en
tiempos de necesidad. Los antiguos registros egipcios se refieren a repetidas
ocasiones en que los asiáticos entraron en el país para alimentar sus rebaños
hambrientos. A veces esos visitantes permanecían en el país y se convertían en
una amenaza para los naturales de él. Amenemhet I (1991-1962 AC), primer rey
de la dinastía XII, fortificó su frontera oriental con el propósito confesado
"de no permitir que los asiáticos entraran en Egipto para mendigar agua, según
[su] forma acostumbrada, para dar de beber a su ganado". Un documento
posterior, el informe de un funcionario de la frontera del tiempo de los jueces
hebreos, menciona que los beduinos de Edom recibieron permiso para entrar en
Egipto a fin de preservar su vida y la de su ganado.

El registro más famoso de una visita de asiáticos a Egipto en el tiempo de
Abram, es la pintura de la tumba de un noble, en el tiempo del faraón Sen-Usert
II (1897-1879 AC). Describe la llegada de 37 beduinos semíticos que habían ido
para negociar cosméticos con los egipcios y muestra sus facciones, sus
coloridas vestimentas, sus armas y sus instrumentos musicales. Este documento
excepcional es una gran contribución a nuestra comprensión del tiempo de Abram.
Ningún artista moderno que prepare cuadros de la edad patriarcal puede
permitirse descuidar esa pintura contemporánea del tiempo de Abram. Esta
evidencia documental en cuanto a la entrada de asiáticos en Egipto con
propósitos comerciales, o para adquirir alimento en tiempo de necesidad, ayuda
a hacerse una imagen de Abram descendiendo al valle de Egipto para preservar la
vida de sus rebaños y manadas (ver pág. 168).

12.

Su mujer es.

Abram debía descubrir en Egipto que la astucia humana no tiene valor y que la
liberación del temor y de la perplejidad proceden solamente del Señor (Sal.
105: 14, 15). 311 Al aproximarse a Egipto, Abram temió por su vida debido a la
belleza de su mujer Sarai. Puesto que ella era su medio hermana, se sintió
justificado en pedirle que se hiciera pasar como su hermana (Gén. 20: 12). La
conducta de los cananeos, como se manifestó después en el caso de los hombres
de Sodoma (cap. 19: 4-11), es una evidencia de que tenía razón para estar
temeroso. Su experiencia en Egipto muestra aún más claramente que, desde un
punto de vista humano, sus temores estaban bien fundados. Pero la precaución
que tomó no surgió de la fe. ¿Cómo podía esperar retenerla como su esposa
cuando ella misma había negado estar casada? ¿Cómo podía pensar en protegerla
más eficazmente como su hermana que como su mujer? Su astuto plan trajo sobre
él precisamente lo que temía y esperaba evitar, pese a que, temporariamente
como supuesto hermano de ella, fue tratado bien por Faraón y recibió ganado y
esclavos como una muestra del agrado y de la amistad del rey (ver com. de cap.
20: 13-16). Así sucede con frecuencia con nuestros planes supuestamente
"inteligentes".

14.

Era hermosa en gran manera.

A la edad de 65 años, ¿cómo podía haber sido Sarai tan atrayente como lo
sugiere este incidente? Debe recordarse que en el tiempo de Abram la duración
de la vida humana era dos veces lo que es hoy, y Sarai, que murió a la edad de
127 años (cap. 23: 1), estaba, por lo tanto, sólo en la edad madura. Se sabe
que los faraones tenían predilección por las mujeres extranjeras de tez más
clara y que conseguían muchachas libias, hititas, mesopotámicas y palestinas
para el harén real.

15.

Casa de Faraón.

La palabra "Faraón", término egipcio que significa literalmente "casa grande",
no fue originalmente un título real sino un término para designar el palacio.
Durante la dinastía XVIII, bajo cuyos reyes Moisés escribió el libro del
Génesis, se convirtió en un término de respeto que se refería al rey. De la
misma manera, el sultán era llamado la Sublime Puerta. También a veces se hace
referencia al presidente de Estados Unidos, impersonal e indirectamente, como
"la Casa Blanca". En tiempos posteriores el nombre propio del rey fue añadido
a su título. El ejemplo más antiguo de este uso en la Biblia aparece en el
siglo X AC (ver 2 Rey. 23: 29, "Faraón Necao").

16.

Tuvo ovejas.

De los animales domésticos que aquí se mencionan, tan sólo el camello todavía
no era común en ese tiempo. Sin embargo, no era enteramente desconocido, como
lo demuestra una cantidad de pequeñas imágenes de camellos cargados,
encontradas en tumbas del tercero y segundo milenio AC. El caballo todavía no
había sido introducido en Egipto y no se lo menciona. Los arqueólogos hacen
notar que los hicsos asiáticos que gobernaron en Egipto durante más de un siglo
fueron los que introdujeron el caballo y el carro de combate. La mención que
hace Moisés de caballos en los tiempos de José y no en los tiempos de Abram es
una evidencia de su exacto conocimiento de Egipto.

17.

Jehová hirió a Faraón.

La extrema necesidad del hombre es la oportunidad de Dios. Aunque Abram había
chasqueado a Dios, el Altísimo intervino en su favor. No podemos determinar
cuál fue la naturaleza de las plagas que sobrevinieron, pero evidentemente
fueron de tal naturaleza como para proteger a Sarai de la deshonra y como para
convencer a Faraón de que él debía devolverla a Abram. Sarai misma quizá
reveló su verdadera condición de casada, o quizá Dios habló directamente a
Faraón como lo hizo más tarde con Abimelec (ver cap. 20: 3).

Este incidente debiera haberle enseñado a Abram a confiar en Dios antes que en
la eficacia de sus propios hábiles planes. Sin embargo, parece extraño
encontrarlo un poco después cometiendo el mismo error y aún más extraño el que
su hijo Isaac intentara el mismo artificio (caps. 20: 2; 26: 7). El hecho de
que Dios liberara a sus siervos rescatándolos de circunstancias creadas por
ellos mismos es una evidencia de su misericordia y amor. Los que profesan
tener fe en el Altísimo quizá a veces procedan como indignos de su vocación, y
sin embargo Dios con frecuencia induce a sus oponentes a que los respeten. El
Señor sigue siendo fiel a sus hijos aun en los momentos de infidelidad de ellos
(ver 2 Tim. 2: 13). Pero es presunción proceder deliberadamente [mal]
suponiendo que Dios nos salvará de resultados adversos. Ante una tentación
como ésta, Cristo replicó: "No tentarás al Señor tu Dios" (Mat. 4: 7).

18.

Faraón llamó a Abram.

Las palabras de reproche de Faraón implican que él no habría tomado a Sarai si
hubiera sabido que era la esposa de otro hombre. Sus intenciones eran
irreprochables; los arreglos que hizo para 312 tomarla como su esposa fueron
enteramente legítimos. Sarai había sido llevada a la corte a fin de prepararla
para la boda, pero no se había unido todavía con el rey. Y por su parte Abram
había aceptado la dote acostumbrada y otros obsequios como demostración del
favor del rey.

19.

Tómala, y vete.

Reconociendo que las plagas le habían sobrevenido debido al desagrado de Dios,
el monarca no se atrevió a tratar duramente a Abram, sino que más bien procuró
mitigar la ira de Dios dándole un salvoconducto para que saliera del país. La
bondad de Faraón y la misericordia de Dios lo habían humillado, y en silencio
reconoció su culpa. ¡Cuánta deshonra sobreviene a la causa de Dios cuando sus
representantes, como resultado de su conducta desacertado y vergonzosa, traen
sobre sí mismos un reproche bien merecido de los hombres del mundo!

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-20 PP 117-124

1 FE 286, 505; OE 117; PP 118; PVGM 22; 3TS 374

1, 2 PP 384

2 DMJ 42; MC 316; PP 121; PR 11, 519; PVGM 269

2, 3 DTG 19; PP 117; PR 273

3 PR 503

4-6 PP 120

6, 7 PP 120

7, 8 MeM 33, 35; 5T 320

10 PP 122

11-17 PP 123

13 PP 143

18, 19 PP 123

CAPÍTULO 13

1 Abram y Lot se van de Egipto. 7 Se separan debido a un desacuerdo. 10 Lot se
traslada a la impía Sodoma. 14 Dios renueva su promesa a Abram. 18 Se va a
Hebrón y construye un altar.

1 SUBIO, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que
tenía, y con él Lot.

2 Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.

3 Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde
había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai,

4 al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre
de Jehová.

5 También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas.

6 Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones
eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar.

7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del
ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.

8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre
mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.

9 ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si
fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a
la izquierda.

10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de
riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de
Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.

11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia
el oriente, y se apartaron el uno del otro.

12 Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades
de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.

13 Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran
manera.

14 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos,
y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al
occidente. 313

15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para
siempre.

16 Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede
contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.

17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la
daré.

18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que
está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.

1.

Subió, pues, Abram de Egipto.

Por la misericordia de Dios, Abram volvió a salvo de Egipto con su esposa, su
familia y sus posesiones. La mención de que Lot volvió con Abram prepara al
lector para el relato siguiente de las relaciones de Lot y su tío. El destino
inmediato de ambos fue la zona meridional de Palestina, el Neguev, que se
extiende desde Cades-barnea en el sur hasta la zona situada al norte de
Beerseba, su ciudad más importante (ver com. cap. 12: 9).

2.

Abram era riquísimo.

La palabra aquí traducida "riquísimo" significa literalmente "pesado" o
"cargado". Se la usa en el sentido de estar "cargado" con posesiones. Abram
ya era rico antes de ir a Egipto, y volvió con un gran aumento de sus bienes
debido a la generosidad de Faraón. Por primera vez la Biblia menciona la plata
y el oro como metales preciosos y su posesión como una señal de riqueza. Abram
puede haber tenido plata cuando salió de Mesopotamia, país rico en ese metal;
pero probablemente consiguió oro en Egipto, el país más rico en minas de oro de
la antigüedad. Al promediar el segundo milenio AC, los gobernantes asiáticos
pedían oro casi en cada carta que escribían a los faraones. Se creía
comúnmente que "el oro abundaba tanto en Egipto como las piedras". Tumbas de
algunos gobernantes fenicios de Biblos, descubiertas en la década de 1920,
contenían muchos preciosos regalos de los faraones egipcios de los siglos XIX y
XVIII AC. Hermosas vasijas, cajas, adornos y otros objetos de lujo pueden
haber figurado en el regalo que Abram recibió del faraón.

3.

Bet-el.

Viajando por la zona meridional, Abram regresó a las proximidades de Bet-el
donde había acampado previamente. La palabra traducida aquí "jornadas"
significa "estaciones" o lugares donde levantó su tienda. Esto indica que no
fue un viaje directo y continuo desde Egipto a través de la zona meridional
hasta Bet-el, sino una migración realizada en etapas graduales desde una tierra
de pastoreo hasta otra, en la dirección general de Bet-el (ver cap. 12: 8).

4.

Al lugar del altar.

Moisés hace resaltar el regreso de Abram a un lugar en el que previamente había
celebrado un culto público. Bet-el tenía un lugar en su corazón debido al
recuerdo de la comunión sagrada que disfrutó allí con el Señor. Quizá también
esperaba encontrar oídos prontos y corazones bien dispuestos entre las gentes
de las proximidades, que deben haber recordado su viaje anterior por allí. El
lugar de cada campamento de Abram estaba señalado por un altar. En él los
errantes cananeos aprendían del Dios verdadero, y volvían a él para rendir
culto a ese Dios, después de que Abram se había ido (PP 120). Al elegir un
hogar debe recordarse como algo importante el "lugar del altar".

6.

Sus posesiones eran muchas.

La prosperidad del tío se prodigaba sobre su sobrino Lot, el único miembro de
la familia de Taré que había obedecido la orden de Dios de ir a Canaán. El
compartía la bendición prometida a Abram. Puesto que la tierra ya estaba
ocupada por los cananeos, y las montañas de Canaán eran muy boscosas, como lo
demuestran registros antiguos, había una escasez permanente de tierras de
pastoreo para los grandes rebaños y las manadas de los recién llegados.

7.

Contienda.

La escasez de tierras de pastoreo disponibles, y también a veces de agua, dio
como resultado una contienda entre los pastores de Abram y los de Lot.
Naturalmente cada grupo quería ver que se magnificaran las posesiones de su
amo.

El cananeo y el ferezeo.

Los ferezeos se mencionan juntamente con los cananeos en otros pasajes (Gén.
34: 30; Juec. 1: 4, 5) y frecuentemente son enumerados con varias de las otras
tribus que ocupaban Canaán en los tiempos patriarcales (Gén. 15: 19-21; Exo. 3:
8, 17; 23: 23; etc.). Muchos comentadores han pensado que los ferezeos moraban
en aldeas (Heb. perazi, "aldeanos que habitan en las villas sin muros", Est. 9:
19), en contraste 314 con los cananeos que habitaban en ciudades amuralladas.
La relación de los ferezeos con las otras naciones de Palestina es incierta,
puesto que no aparecen ni en el cuadro de las naciones del cap. 10 ni en las
fuentes que no son bíblicas.

8.

No haya ahora altercado.

Las querellas de los pastores se reflejaron probablemente en la conducta y
actitud de Lot. Ansioso por evitar discordia y enemistad entre él y su sobrino,
Abram propuso la separación de sus rebaños y manadas como una solución para la
dificultad. Considerando que Lot era menor que él y que toda la región había
sido prometida a Abram, su trato con Lot refleja un espíritu realmente
generoso. La nobleza de alma revelada en esta ocasión resalta en agudo
contraste con la debilidad de carácter que acababa de demostrar en Egipto.
Abram demostró ser hombre de paz.

Somos hermanos.

Abram reconoció la perniciosa influencia que el odio y la contienda entre él y
Lot tendrían sobre las naciones que los rodeaban. Nada habría distorsionado
más efectivamente el plan de Dios para evangelizar las naciones de Canaán que
una continua discordia entre las dos familias. Aunque Abram era el mayor de
los dos, no se aprovechó de su mayor edad y posición para hacer exigencias en
su favor. Al referirse a sí mismo y a Lot como "hermanos" quería asegurar a su
sobrino un puesto y un trato iguales. Procuró desvanecer cualquier duda que
Lot pudiera haber tenido acerca de la honradez de las intenciones de su tío.

9.

¿No está toda la tierra delante de ti?

Aunque estaba señalado como heredero de toda la región, Abram manifestó
verdadera humildad al subordinar sus propios intereses a los de Lot y al
permitirle a éste que tomara tanta tierra como quisiera. Abram renunció a sus
propios derechos por causa de la paz, pero al hacerlo ganó nuestro respeto
máximo. Manifestó generosidad de espíritu y nobleza de mente: un carácter
digno de emulación. Hacer algo diferente de lo que hizo, hubiera sido seguir
los principios egoístas que generalmente gobiernan a los hombres en su trato
mutuo. Pero un hombre espiritual vive de acuerdo con principios más elevados y
mira las ganancias eternas que están más allá de las ventajas temporales de
este mundo. Esto es lo que Abram hizo derrotando el propósito de Satanás de
crear discordia y contienda entre él y su sobrino.

10.

Toda la llanura del Jordán.

Siendo menos noble que su tío, Lot procedió inmediatamente a aprovechar la
oferta. Con su mente recorrió el país hasta donde lo conocía. Había notado
que la llanura del Jordán, llamada en los tiempos antiguos Kikkar, hoy día
el-Ghor, estaba bien regada. Lot, ciudadano de Mesopotamia, donde ríos y
canales daban gran fertilidad a la tierra, no podía haber dejado de comparar su
tierra anterior con las regiones montañosas y aparentemente menos fértiles
donde había ido. Abram lo había inducido a ir a Canaán, razonaba él, y por lo
tanto debía preocuparse porque él quedara cómodamente establecido.

La Palestina occidental no posee ríos dignos de ese nombre. El único río de
importancia es el Jordán y la mayoría de sus tributarios vienen del este.
Teniendo su origen en las montañas del Antilíbano, el Jordán corre a través de
lo que una vez fue el lago Huleh, de la alta Galilea, a un par de metros por
encima del nivel del mar. Descendiendo luego rápidamente, entra en el mar de
Galilea, unos 15 km. al sur del lago Huleh, a 209 m bajo él nivel del mar. Si
el Jordán fluyera en línea recta, el tramo que va del mar de Galilea al mar
Muerto sería de 104 km. Pero a causa de su gran serpenteo, se extiende por más
de 300 km. hasta entrar en el mar Muerto, que está a unos 400 m bajo el nivel
del mar. Estando profundamente encajonado entre las montañas de la Palestina
occidental y la elevada planicie de Transjordania, todo el valle del Jordán
tiene un clima tropical durante el año entero con una fertilidad
correspondiente.

Sodoma y Gomorra.

Por primera vez las dos ciudades impías de Sodoma y Gomorra están vinculadas
con el destino de Lot. Esas ciudades parecen haber estado situadas al sur del
mar Muerto, que en el tiempo de Abram era mucho menor de lo que es ahora (ver
com. de caps. 14: 3 y 19: 24, 25). Por lo tanto, el valle en el cual estaban
esas ciudades probablemente está incluido por Moisés en la expresión "la
llanura del Jordán", llamada en el vers. 12 sencillamente "la llanura".

Como el huerto de Jehová.

La fertilidad del valle del Jordán con su vegetación tropical, parecía
compararse favorablemente con lo que Moisés había oído del paraíso por tanto
tiempo perdido, y con el fértil delta del Nilo 315 que Lot y Abram habían
dejado recientemente.

11.

Lot escogió.

Subyugado por su belleza y fertilidad y sin tener en cuenta otras
consideraciones, Lot eligió el valle del Jordán como su futura morada.
Impelido por el egoísmo y guiado tan sólo por sus propias inclinaciones y la
perspectiva de ventajas temporales, Lot realizó la decisión fatídica de su
vida. Esa decisión lo llevó a través de una serie de experiencias
desafortunadas que pusieron en peligro su vida, su alma y su familia. Dejando
a Abram en Bet-el, Lot y su familia partieron rumbo al este.

12.

Fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.

Deseoso de establecerse en la proximidad inmediata de las ciudades del valle
del Jordán, cuya riqueza esperaba compartir, Lot se destaca en marcado
contraste con su tío, el que permaneció como peregrino toda su vida (Heb. 11:
9). El caso de Lot es una lección para el cristiano que es tentado a elegir
vinculaciones terrenales y ganancias temporales a cambio de la felicidad
eterna. Primero "vio" y después "escogió". Abandonando el valle del Jordán,
situado al norte del mar Muerto, fue poniendo sus tiendas hacia Sodoma, y
finalmente entró en la ciudad y se estableció allí (ver Gén. 14: 12; 19: 1).
Aunque él mismo era recto, su fatídica decisión significó la pérdida de casi
todo lo que él amaba (PP 164).

13.

Los hombres de Sodoma.

Resulta claro que los hombres que eligió Lot como vecinos ya eran impíos cuando
Lot estableció su hogar entre ellos. La depravación más grande con frecuencia
se encuentra entre quienes habitan las tierras fértiles y disfrutan de las
ventajas de una civilización adelantada. Tanta es la ingratitud de la
naturaleza humana, que cuanto más abundan las dádivas de Dios, los hombres
tanto más pronto lo olvidan (ver Ose. 4: 7; 10:1). Uno de los peligros morales
de la prosperidad consiste en que los hombres llegan a estar tan satisfechos
con las cosas de este mundo presente, que no sienten necesidad ninguna de Dios.

14.

Alza ahora tus ojos.

Esta es la cuarta ocasión en la que Dios se dirigió en forma directa al
patriarca. Cada una de estas ocasiones señaló una crisis en su vida.
Aprobando evidentemente la separación entre Lot y Abram, otra vez Dios ordenó a
Abram que contemplara la región, toda la cual finalmente le pertenecería a él y
a su posteridad. La orden divina "Alza ahora tus ojos" debe haber hecho que
Abram se acordara de Lot, quien recientemente había alzado "sus ojos, y vio
toda la llanura del Jordán" (vers. 10). Aunque Lot había elegido aquella
porción que le pareció ser la parte más favorable de la tierra, se le dijo a
Abram que con el tiempo toda ella pertenecería a sus descendientes.

15.

Para siempre.

La promesa de Dios es inmutable. Así como los descendientes de Abram habían de
existir delante de Dios para siempre, así también Canaán siempre había de ser
su patria. Esta promesa, hecha originalmente respecto a los descendientes
literales de Abram, a su vez es concedida a su verdadera posteridad espiritual,
al linaje de la fe (ver Gál. 3: 29). Por lo tanto, ella no excluía la
expulsión del linaje de los incrédulos de la tierra de Canaán.

16.

Como el polvo de la tierra.

Esta es una repetición de la promesa previa de que Abram sería el padre de una
"nación grande" (cap. 12: 2). La promesa se expresa con la colorida
imaginación oriental, comparando ahora la descendencia de Abram con el polvo
innumerable de la tierra, así como sería comparada después con las estrellas
del cielo (cap. 15: 5).

18.

El encinar de Mamre.

Obedeciendo las instrucciones de Dios, Abram se puso en marcha otra vez. Si
creía literalmente en la palabra de Dios, esta peregrinación lo llevaría
gradualmente a través de todo lo largo y lo ancho de esa tierra. Finalmente
Abram armó su tienda en un bosquecillo cerca de Hebrón. La palabra 'elone,
traducida en la VVR por "encinar", se usa acá en el plural y claramente indica
la presencia de una cantidad de árboles o encinas grandes (ver com. del cap.
12: 6). Esta arboleda pertenecía a Mamre, caudillo amorreo, que más tarde
llegó a ser amigo y aliado de Abram (cap. 14: 13, 24).

Que está en Hebrón.

La ciudad de Hebrón está a unos 35 km. al sur de Jerusalén, en el camino a
Beerseba. Es una ciudad muy antigua, que fue edificada siete años antes que
Zoán (Tanis) de Egipto (Núm. 13: 22). Puesto que la fecha de la fundación de
la ciudad egipcia de Tanis es desconocida, este dato cronológico del libro de
Números desgraciadamente no tiene significado para nosotros. El nombre Hebrón
fue usado en un período posterior. En tiempo de los patriarcas, era condona
como Quiriat-arba, o la ciudad de 316 Arba (Gén. 23: 2; Jos. 14: 15). Este es
uno de los varios casos en los cuales los escritores bíblicos prefirieron
emplear nombres contemporáneos a fin de hacer más inteligible el relato para
sus lectores.

Altar a Jehová

Como lo había hecho antes en Siquem (Gén. 12: 7) y en Bet-el (cap. 12: 8),
Abram otra vez alzó un altar. Cada monumento conmemorativo al Dios verdadero
expresaba gratitud por las misericordias celestiales y también lealtad a sus
principios. El que los vecinos amorreos e hititas de Abram llegaran a ser sus
amigos (cap. 14: 13, 24; 23: 7-17) puede haberse debido a su benéfica
influencia sobre ellos. Quizá ellos también apreciaron en cierta medida por lo
menos, el hecho de que la bendición de Dios descansaba sobre él, y sintieron
que podrían compartirla con él (cap. 12: 3). Debe haberse despertado en sus
corazones la convicción de que el Dios a quien Abram adoraba y servía era
ciertamente el Dios verdadero, Creador del cielo y de la tierra. El testimonio
de Abram, por precepto y por ejemplo, ciertamente dio resultados (PP 120).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-18 PP 125-127

8-11 MeM 198

10 PP 152, 172; PR 172

10, 11 CV 48

10- 13 PP 126

12 Ev 61, 62; MJ 417; PR 172

14-16 SR 76

CAPÍTULO 14

1 Batalla de cuatro reyes contra cinco. 12 Lot es tomado prisionero. 14 Abram
lo rescata. 18 Melquisedec bendice a Abram. 20 Abram le da el diezmo. 22 El
resto de los bienes de los enemigos los entrega al rey de Sodoma, después de
sacar lo que correspondía a sus siervos.

1 ACONTECIÓ en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar,
Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim,

2 que éstos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Birsa rey de
Gomorra, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el
rey de Bela, la cual es Zoar.

3 Todos éstos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar Salado.

4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se rebelaron.

5 Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su
parte, y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a
los emitas en Save- quiriataim,

6 y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto
al desierto.

7 Y volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades, y devastaron todo el país
de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar.

8 Y salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de
Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el
valle de Sidim;

9 esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de
Sinar, y Arioc rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.

10 Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el
rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al
monte.

11 Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y
se fueron.

12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y
sus bienes, y se fueron.

13 Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que
habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner,
los cuales eran aliados de Abram. 317

14 Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los
nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.

15 Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue
siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco.

16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a
las mujeres y demás gente.

17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él
estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle
del Rey.

18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y
vino;

19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los
cielos y de la tierra;

20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le
dio Abram los diezmos de todo.

21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti
los bienes.

22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios
Altísimo, creador de los cielos y de la tierra,

23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es
tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram;

24 excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que
fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.

1.

Aconteció.

Están divididas las opiniones de los eruditos en cuanto a este capítulo.
Algunos lo aceptan como un antiguo documento fidedigno basado en hechos
históricos. Otros lo han considerado como un relato inventado por algún
escritor judío posterior con el propósito de glorificar al patriarca Abram. Sin
embargo, algunos descubrimientos han demostrado que el ambiente, el idioma y
los nombres propios encuadran exactamente con los comienzos del segundo milenio
AC, fortaleciendo así materialmente la posición de los que creen en la
historicidad del capítulo. Sin embargo, todavía es imposible identificar a
ninguno de los reyes allí nombrados con las personas mencionadas en fuentes que
no son bíblicas.

Amrafel rey de Sinar.

Generalmente este rey ha sido identificado con Hammurabi, el sexto y más grande
de los monarcas de la primera dinastía de Babilonia. Cada vez que se menciona
la palabra Sinar en el registro del AT, se la usa como una designación de
Babilonia (ver com. de cap. 10:10), un hecho que parecería sugerir que Amrafel
fue un rey de Babilonia. Sin embargo, también es posible ver en esta Sinar a
la Shanhara de los documentos cuneiformes, que estaba en la Mesopotamia
noroccidental. Además, parece cronológicamente imposible identificar a
Hammurabi como Amrafel. Aunque algunos eruditos apoyan una datación más antigua
para el reino de Hammurabi, la opinión más reciente es que él gobernó por los
siglos XVIII o XVII AC, lo que lo ubicaría más de 100 años después de Abram.
También presenta dificultades la identificación lingüística de Amrafel con
Hammurabi. Desde 1930 han surgido a la luz tres reyes más que tenían el nombre
de Hammurabi; y que vivían en el mismo periodo: uno en Ugarit, otro en Alepo y
el tercero en una ciudad no identificada. Por lo tanto, es evidente que no se
puede realizar todavía una identificación definida.

Arioc rey de Elasar.

El nombre Ariwuk (Arioc) está identificado en los textos cuneiformes como el
del hijo del rey Zimrilim de la ciudad mesopotámica de Mari, del siglo XVIII
AC. Aunque éste no es la misma persona que el rey de Elasar, la presencia del
nombre Arioc en algunos registros del período postabrámico indica que el relato
corresponde apropiadamente con la época. Es posible sentirse inclinado a
identificar a Elasar con la ciudad de Larsa, de la baja Mesopotamia. Se ha
intentado esto con frecuencia en lo pasado, pero falta una evidencia
definitiva.

Quedorlaomer rey de Elam.

Se trata de un buen nombre elamita que significa "siervo de [la diosa]
Lagamar". Los nombres de varios reyes elamitas comienzan con la palabra Kudur,
"siervo", tales como Kudur-Mabuk, Kudur-Najunte, y Kudur-Ellil. La segunda
parte de Quedorlaomer es la transliteración hebrea del nombre de la diosa
elamita Lagamar. Sin embargo, ningún rey elamita de nombre Kudur-Lagamar es
conocido hasta ahora en fuentes no bíblicas.

Tidal rey de Goim.

Varios reyes hititas Hevan este nombre en la forma de Tudhalia, pero no se sabe
si este rey en particular aparece 318

CAMPAÑA DE QUEDORLAOMER Y LOS REYES DE ORIENTE

319 en algún registro fuera de la Biblia.

Aunque es imposible identificar a los cuatro reyes con certeza, la presencia de
todos sus nombres en el período en el cual vivió Abram muestra claramente que
el relato del cap. 14 es histórico y no legendario.

2.

Bera rey de Sodoma.

Hay menos razón para esperar encontrar los nombres de los reyes de las ciudades
del valle del Jordán, en documentos que no son bíblicos, que los de las grandes
naciones de ese tiempo. Sin embargo, los cuatro nombres presentados son
palestinos y pueden ser explicados como tales. Bera en árabe significaría
"vencedor"; Birsa, "hombre largo"; Sinab [el dios-luna] "Sin es padre"; y
Semeber, "poderoso en fama".

3.

El valle de Sidim.

De acuerdo con este texto, el valle de Sidim debe identificarse con la
totalidad o parte de lo que se conoció en tiempos posteriores como el mar de la
Sal o el mar Muerto. Las dos terceras partes de la zona septentrional del
actual mar Muerto son muy profundas (152-344 m), y deben haber existido ya en
los tiempos de Abram. La parte meridional es de poca profundidad; en ninguna
parte excede de unos 5 m. Árboles sumergidos muestran que esta parte del mar
Muerto era tierra seca en tiempos comparativamente recientes. Por lo tanto, es
razonable ubicar el "valle de Sidim" en la parte sur del mar Muerto, que se fue
sumergiendo con el transcurso del tiempo a medida que subían las aguas del mar.
El nivel del mar Muerto ha estado elevándose gradualmente en los tiempos
modernos. hasta que la irrigación disminuyó el caudal del Jordán que llega
hasta sus orillas. Puesto que una cantidad de arroyos entran en la parte sur
del mar Muerto en una región que todavía es muy fértil, es razonable suponer
que todo el valle que ahora forma la parte extrema meridional del mar Muerto
fue una vez esa llanura excepcionalmente fértil que la Biblia compara con el
paraíso y el valle del Nilo (cap. 13: 10). En esta región, pues, posiblemente
estuvieron las ciudades de Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Zoar.

4.

Doce años habían servido a Quedorlaomer.

Quedorlaomer era el jefe de la coalición de reyes. Se ve que Elam era un gran
poder mesopotámico en los días de Abram. Aliado con otros gobernantes
asiáticos, quizá Elam emprendió esta campaña occidental a fin de reabrir su
ruta de caravanas hasta el mar Rojo. Puesto que la Palestina occidental estaba
bajo la influencia egipcia, era tan sólo natural que las potencias asiáticas
procuraran controlar sus rutas comerciales. Por los versículos siguientes
resulta evidente que otras naciones habían sido tributarios de Quedorlaomer
además de las cinco ciudades-estados de Sidim. La imposición de contribuciones
puede haber sido onerosa, y cuando los diversos pueblos se habían recuperado
algo de las campañas previas, se rebelaron y dejaron de enviar sus tributos
anuales a Mesopotamia.

5.

En el año decimocuarto.

La revolución provocó una expedición punitiva por la cual se esperaba
restablecer la situación anterior. No es necesario suponer que todos los
gobernantes nombrados en el vers. 1 estuvieron personalmente presentes en la
campaña. Los antiguos gobernantes orientales siempre hablan como si hubieran
dirigido y ganado solos cada batalla.

Los refaítas.

La primera batalla se realizó en Basán cerca de la ciudad de Astarot Karnaim,
la moderna SheikhSa'ed, a unos 35 km. al este del mar de Galilea. Los refaítas
son mencionados frecuentemente en los primeros libros de la Biblia como uno de
los pueblos antiguos que vivían principalmente en Transjordania (cf. Deut. 2:
11; 3: 11, 13 BJ; etc.).

Los zuzitas.

Ni este pueblo ni su ubicación se mendonan en ninguna otra parte de la Biblia,
y por lo tanto no pueden ser identificados, a menos que se trate de los
zomzomeos de Deut. 2: 20, que más tarde fueron reemplazados por los amonitas.

Los emitas.

El pueblo que precedió a los moabitas al este del mar Muerto y que fue
desplazado por éstos, era llamado de los emitas (Deut. 2: 10, 11).
Save-quiriataim significa la altiplanicie de Quiriataim. Esta última palabra
era el nombre de una ciudad ubicada sobre un río tributario que estaba al norte
del río Arnón, la cual posteriormente fue asignada a la tribu de Rubén (Jos.
13: 19).

6.

Los horeos.

Prosiguiendo hacia el sur, las fuerzas victoriosas derrotaron a los horeos, o
hurritas, que vivían en la región montañosa al sur del mar Muerto,
posteriormente tomada por los edomitas (Deut. 2: 22). Persiguieron a los
pueblos derrotados hasta el desierto de Parán, en la parte norte de la
península de Sinaí.

7.

En-mispat, que es Cades.

Este pasaje mendona por primera vez un oasis del desierto 320 destinado a jugar
un papel importante en la historia de los israelitas durante sus 40 años de
peregrinación. Su nombre completo era Cades-barnea (Núm. 32: 8). El nombre
anterior En-mispat significa "fuente de juicio".

Los amalecitas, y también al amorreo.

Los amalecitas, tribus del desierto que vagaban en las regiones del sur de
Palestina, fueron la siguiente meta de las fuerzas victoriosas, como también lo
fueron los amorreos que vivían al oeste del mar Muerto. Hazezontamar se
identifica en 2 Crón. 20: 2 con En-gadi.

8.

El rey de Sodoma.

El siguiente encuentro se efectuó al sudeste de En-gadi, en el valle que ahora
está cubierto por la parte sur del mar Muerto (ver com. de vers. 3). Las cinco
ciudades-estados unieron sus fuerzas y combatieron contra los ejércitos de los
cuatro reyes del noreste.

10.

Pozos de asfalto.

Indudablemente este campo de batalla había sido elegido por los cinco reyes
locales a fin de que pudieran aprovechar su conocimiento de las peculiaridades
geográficas de la región. Los pozos de asfalto abiertos son característicos de
Mesopotamia, pero no existen en ningún lugar hoy día en Palestina o
Transjordania. Sin embargo, en la parte sur del mar Muerto todavía salen a la
superficie cantidades considerables de asfalto, y éstas flotan sobre el agua
como una prueba más de que el "valle de Sidim" está ahora cubierto por las
aguas del mar Muerto. El asfalto de origen eruptivo, que ya existía en los
tiempos clásicos, como lo testifican Josefo, Estrabón, Diodoro y Tácito, dio al
mar Muerto el nombre de lago Asfaltites.

Huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra.

Habiendo fracasado su último intento de resistir a las fuerzas victoriosas de
las grandes potencias -como había sido el caso de todos los que los
precedieron-, los reyes huyeron y "cayeron allí". Esta última frase no puede
significar que murieron todos los reyes, porque el vers. 17 muestra que por lo
menos el rey de Sodoma sobrevivió a la batalla. Simplemente indica su derrota
completa.

12.

Tomaron también a Lot.

Fueron saqueadas las ciudades derrotadas y sus habitantes sobrevivientes fueron
llevados en cautiverio. Entre ellos estaba Lot con su familia y todas sus
posesiones (vers. 16). Este pasaje pone un nuevo énfasis en los tristes
resultados de la necia elección de Lot (cf. cap. 13: 12, 13).

13.

Lo anunció a Abram el hebreo.

Un fugitivo, probablemente uno de los siervos de Lot, llegó a la morada de
Abram cerca de Hebrón con un informe de lo que había sucedido. Aquí, por
primera vez, Abram es llamado "el hebreo", para designarlo como un descendiente
de Heber. Los descendientes de Heber habían de ser encontrados por todo el
antiguo Oriente en el segundo milenio AC y fueron llamados habiru en las
inscripciones cuneiformes, y apiru en los textos egipcios. Como descendiente
de Heber, Abram puede haber sido conocido por los amorreos y cananeos de
Palestina como "el hebreo".

Aliados de Abram.

Los tres hermanos amorreos mencionados en este texto como aliados de Abram eran
probablemente caudillos de tribus. Abram había celebrado con ellos un tratado
de ayuda mutua, como se ve por la forma en que se los nombra aquí, Uteralmente
"hombres del pacto de Abram", y porque ellos ayudaron a Abram en su expedición
para rescatar a Lot.

14.

Movilizó la tropa (BJ).

(VVR "Armó a sus criados".) Abram es el único patriarca que aparece como jefe
militar. No perdió tiempo haciendo preparativos para rescatar a su sobrino,
sino que se puso en marcha inmediatamente con sus propios sirvientes y los de
sus amigos amorreos (vers. 24). La palabra hebrea traducida aquí "tropa" (BJ)
no aparece en ninguna otra parte de la Biblia, pero es identificada en una
carta de Taanac del siglo XV AC como una palabra cananea que significa
"servidores". Habiendo nacido en la casa de Abram, sus 318 "criados" eran
dignos de confianza. Esto sugiere que Abram tenía más de 318 siervos
masculinos, si no se incluye a los que añadió durante su última estada en
Egipto (caps. 12: 16-9 16: 1; ver PP 136). No se sabe cuántos acompañantes y
servidores de los tres amigos de Abram fueron con él en su misión de rescate,
pero probablemente éstos constituyeron un aumento importante de su ejército.
La idea de que las fuerzas de Abram pudieran derrotar a un enemigo tan poderoso
con frecuencia ha sido objeto de críticas. Sin embargo, la historia registra
muchos ejemplos de grandes ejércitos que fueron derrotados por fuerzas más
pequeñas. Además, los ejércitos antiguos eran muy pequeños si se los mide por
las normas modernas. En la batalla

MAPA EN RELIEVE DE PALESTINA

321 de Meguido, en el siglo XV AC, Tutmosis III mató a 83 enemigos, tomó 340
cautivos y consideró esto como una gran victoria. Las cartas de
Tell-el-Amarna, del siglo XIV, hablan de fuerzas palestinas armadas de 40 a 50
personas, y a veces tan sólo de 10 a 20, con las cuales los reyes de las
ciudades palestinas defendieron con éxito sus ciudades. En lo que atañe a las
cartas de Tell-el-Amarna, ver pág. 113. Estos documentos nos han ayudado mucho
en nuestro conocimiento de la Palestina del siglo XIV.

Los siguió hasta Dan.

Este último nombre sustituye aquí, como se ha hecho notar en casos similares, a
su nombre más antiguo Lesem (Jos. 19: 47; también ver com. de Gén. 47: 11). La
ciudad de Lesem está al pie del monte Hermón, a unos 16 km. al norte del lago
Huleh y formó en tiempos posteriores el límite más septentrional de Israel. La
expresión "desde Dan hasta Beerseba" designaba los límites de Canaán (2 Sam.
17: 11; etc.). Los ejércitos victoriosos de los reyes mesopotámicos, estando en
marcha hacia su tierra, ya habían recorrido un largo camino, y Abram tuvo que
atravesar toda Palestina antes de alcanzarlos.

15.

Les atacó.

Con un falso sentido de seguridad, el invicto ejército mesopotámico había
descuidado su vigilancia. Acercándose al enemigo, Abram dividió sus fuerzas en
varios grupos y los sorprendió con un ataque nocturno. Cuando las fuerzas de
Abram cayeron sobre el campo enemigo desde diferentes direcciones, se produjo
tal confusión que el poderoso ejército mesopotámico huyó dejando tras sí todos
los despojos y cautivos.

Les fue siguiendo hasta Hoba.

Hoba no ha sido identificada definitivamente, pero Damasco está a unos 65 km.
al noreste de Dan. Abram persiguió a los fugitivos enemigos lo suficiente como
para impedir que reagruparan sus fuerzas y regresaran para atacarlo. Su
victoria fue completa.

16.

Recobró todos los bienes.

Aunque indudablemente poseía genio militar, seguramente Abram no salió en
persecución de los ejércitos profesionales de los reyes conquistadores sin
colocarse primero a sí mismo bajo la dirección y protección de Dios. Su fe
intrépida y espíritu desinteresado recibieron una amplia recompensa. No es
seguro si Pablo incluyó a Abram cuando habló de los héroes de la fe que "se
hicieron fuertes en batallas" (Heb. 11: 34).

17.

El rey de Sodoma.

Bera, que había escapado de la batalla en el valle de Sidim, recibió noticias
de la victoria de Abram y salió a encontrarlo cuando regresaba. El encuentro
se realizó en un valle conocido antiguamente como Save, pero en tiempos
posteriores como "el valle del rey". Este parece ser "el valle del rey" de 2
Sam. 18: 18, y si es así, posiblemente debe identificarse con el valle de
Cedrón (PP 761), posteriormente llamado el valle de Josafat. Este valle está
al pie del monte Sion donde posteriormente fue edificado el palacio de David.

18.

Melquisedec.

El rey-sacerdote de Salem se unió con el rey de Sodoma para dar la bienvenida a
Abram. En los días de Abram, Jerusalén era conocida como Salem o Shalem, "paz"
o "seguridad" (ver Sal. 76: 2). La ciudad de Jerusalén aparece por primera vez
en los registros egipcios del siglo XIX AC y entonces estaba gobernada por
reyes amorreos. Jerusalén significa "ciudad de paz" y Melquisedec, mi rey es
justo" o "rey de justicia", como es interpretado el nombre en Heb. 7: 2. Al
paso que el rey de Sodoma fue al encuentro de Abram con el propósito de obtener
la liberación de sus súbditos (Gén. 14: 21), Melquisedec se presentó para
bendecir al jefe victorioso.

Pan y vino.

Estos eran los principales productos de Canaán. El propósito de Melquisedec al
encontrarse con Abram con pan y vino ha sido tema de muchas especulaciones.
Algunos han pensado que esos alimentos fueron presentados a Abram y a sus
soldados como un refrigerio; otros los consideran como simbólicos de la
transferencia de la tierra de Canaán al patriarca. Lo más probable es que
hubieran sido sencillamente una prueba de gratitud para Abram por haber
recuperado la paz, la libertad y la prosperidad de la tierra.

Sacerdote.

La presencia del término "sacerdote" que se usa aquí por primera vez implica la
existencia de una forma regularmente establecida de un culto de sacrificios.

Dios Altísimo.

Hebreo, 'El-'Elyon. Este nombre aplicado a Dios aparece únicamente aquí y en el
vers. 22. La primera parte de esta palabra, 'El, de la misma raíz de'Elohim,
significa "el Poderoso". Rara vez se aplica a Dios sin algún atributo
calificativo, como en 'El-Shaddai, 322 "Dios Omnipotente" o 'Eloe-Yisra'el,
"Dios de Israel". El segundo término, Elyon, aparece frecuentemente en el AT
(Núm. 24: 16; Deut. 32: 8; 2 Sam. 22: 14; etc.) y describe a Dios como "el
Altísimo", "el Exaltado", "el Supremo". Ciertamente es sorprendente encontrar
entre los impíos cananeos y amorreos del tiempo de Abram a un gobernante local
que no sólo era leal al verdadero Dios sino que también oficiaba
sacerdotalmente (cf. Exo. 2: 16). Esto muestra que Dios todavía tenía
personas que le eran leales esparcidos aquí y allá. Aunque eran una minoría,
los verdaderos siervos de Dios de ninguna manera habían desaparecido de la faz
de la tierra. A Dios nunca le han faltado fieles testigos, por oscuro que fuera
el período o por impía que fuera la población.

Los comentadores bíblicos han especulado mucho acerca de la persona de
Melquisedec, un rey-sacerdote que aparece súbitamente en la narración bíblica
sólo para desaparecer otra vez en la impenetrable oscuridad de la historia
antigua. Una especulación tal casi no tiene valor. "Melquisedec no era Cristo"
(EGW, RH, 18-2-1890), pero su obra prefiguraba la de Cristo (Sal. 110: 4; Heb.
6: 20 a 7: 21; DTG 532). Su inesperada aparición lo convierte en cierto
sentido en una figura atemporal y su sacerdocio en un símbolo del sacerdocio de
Jesucristo.

19.

Y le bendijo.

Al pronunciar la bendición del "Dios Altísimo" sobre Abram, Melquisedec actuó
en el papel de un verdadero sacerdote (ver vers. 20). La bendición misma está
revestida de lenguaje poético y consiste en dos paralelismos.

20.

Los diezmos de todo.

Dar el diezmo del botín tomado a los enemigos fue un reconocimiento del
sacerdocio divino de Melquisedec y prueba que Abram conocía bien el sagrado
requisito de pagar diezmo. Esta es la primera mención del diezmo reconocida
repetidas veces tanto a través del AT como del NT como un requisito divino (ver
Gén. 28: 22; Lev. 27: 30-33; Núm. 18: 21-28; Neh. 13: 12; Mat. 23: 23; Heb. 7:
8). El hecho de que Abram pagara el diezmo muestra claramente que este
requisito no fue un recurso posterior y temporario para sostener el sistema de
sacrificios, sino que fue una práctica instituida divinamente desde los tiempos
más remotos. Al devolver al Señor una décima parte de sus ingresos, el
creyente reconoce que Dios es el dueño de todas sus propiedades. Abram, de
quien Dios testificó que había guardado sus mandamientos, estatutos y leyes
(Gén. 26: 5), cumplía concienzudamente todos sus deberes religiosos. Uno de
ellos fue devolver a Dios una décima parte de sus ingresos. Con este acto, el
padre de los fieles dio un ejemplo para todos los que desean servir a Dios y
participar de las bendiciones divinas. Como en los días de la antigüedad, las
promesas de Dios son todavía válidas para los fieles en pagar el diezmo (Mal.
3: 10). Dios todavía está listo para cumplir sus promesas y bendecir ricamente
a quienes, como Abram, le devuelven un diezmo fiel de sus ingresos.

21.

El rey de Sodoma.

Aunque llegó primero (vers. 17), el rey de Sodoma cedió el primer lugar al
personaje mayor, Melquisedec, y fue testigo de la entrevista de él con Abram.
Después presentó su petición de la liberación de sus súbditos, quienes, de
acuerdo con las reglas de la guerra antigua, se habían convertido en propiedad
de Abram y sus aliados.

22.

He alzado mi mano.

Abram presentó su declaración con la mano levantada, la señal de un juramento,
una forma común de jurar (ver Deut. 32: 40; Eze. 20: 5, 6; Dan. 12: 7; Apoc.
10: 5, 6). Al hacer esto, invocó al mismo "Dios Altísimo" en cuyo nombre
Melquisedec lo había bendecido, indicando así que el Dios de Melquisedec, dueño
del cielo y de la tierra, era también su Dios (vers. 19).

23.

Nada tomaré de todo.

Abram, tan generoso en su trato con su sobrino (cap. 13: 8, 9), demostró el
mismo espíritu de generosidad hacia el rey de una ciudad impía. No sólo
devolvió todos los hombres, las mujeres y los niños que había rescatado, sino
también todos los despojos de la guerra que estaban en sus manos. Aunque no
estaba en contra de aceptar presentes de los monarcas paganos (cap. 12: 16), en
marcado contraste con Lot, el patriarca no podía consentir en compartir la
riqueza de los impíos sodomitas. La única cosa que Abram no pudo devolver fue
aquella porción de los despojos que sus servidores habían usado como alimento y
lo que pertenecía a sus aliados.

Cuando Abram no aceptó los despojos que le ofrecía el rey de Sodoma, demostró
tener una esperanza más elevada que la que motiva a los hijos de este mundo.
Estaba dispuesto a renunciar a sus propios derechos, sin estorbar 323 a otros
en la realización de los suyos. Permitió que sus jóvenes tomaran lo necesario
para su sostén y que sus aliados recibieran su parte. Tan sólo iban a recibir
lo que les correspondía. Pero a Abram no le importaban esas cosas. Se ubicó
en un plano más elevado, buscando "una [patria] mejor, esto es, celestial"
(Heb. 11: 16), y podía permitirse desdeñar todos los bienes terrenales. Aunque
estaba en el mundo, sus esperanzas y deseos no eran de él. Los hijos de la fe
se distinguen por su grandeza de pensamiento y de propósitos que los capacita
para vivir por encima del mundo.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-24 PP 128-130

13-17 PP 129

17-24 PP 130

18 DTG 532

18-20 1JT 372; PP 130, 761

19 3T 57

19, 20 MM 216; PP 153

20 CMC 71; PP 564

21 PP 129

22, 23 PP 130

CAPÍTULO 15

1 Dios anima a Abram. 2 Abran se queja porque no tiene heredero. 4 Dios le
promete un hijo y una numerosa descendencia. 6 Abram es justificado por sufe. 7
Se le vuelve a prometer la tierra de Canaán y le es confirmado con una señal,
12 y por una visión.

1 DESPUES de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo:
No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

2 Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo,
y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi
heredero un esclavo nacido en mi casa.

4 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un
hijo tuyo será el que te heredará.

5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas,
si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.

6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

7 Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a
heredar esta tierra.

8 Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?

9 Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un
carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.

10 Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una
enfrente de la otra; mas no partió las aves.

11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las
ahuyentaba.

12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor
de una grande oscuridad cayó sobre él.

13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en
tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto
saldrán con gran riqueza.

15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo
la maldad del amorreo hasta aquí.

17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y
una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.

18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia
daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;

19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, 324

20 los heteos, los ferezeos, los refaítas,

21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.

l.

La palabra de Jehová.

Esta nueva revelación del Señor difiere de las previas tanto en la forma como
en la sustancia, y constituye otro punto crucial en la vida de Abram. La
notable frase "la palabra de Jehová", tan común después en las Escrituras (Exo.
9: 20; Núm. 3: 16; Deut. 34: 5; 1 Sam. 3: 1; Jer. 1: 4, 11; etc.), se usa aquí
por primera vez. Esta frase, inseparablemente relacionada con la obra de los
profetas, encuadra con exactitud en esta divina revelación a Abram (ver Gén.
15: 4, 5, 13-16, 18- 21), tanto más cuanto que Dios mismo se refiere a Abram
como a un profeta (cap. 20: 7).

En visión.

Aunque ésta no es la primera visión registrada en la Biblia, la palabra
"visión" se usa aquí por primera vez. Las revelaciones de Dios se realizaron
en formas diferentes, ya fuera para los patriarcas, profetas, evangelistas o
apóstoles: (1) Mediante la manifestación personal de la segunda persona de la
Deidad, la cual más tarde se encarnó para la salvación de la humanidad. (2)
Mediante una voz audible, acompañada a veces por la aparición de símbolos, como
en el bautismo de Jesús, en Mat. 3: 16,17. (3) Mediante la ministración de
ángeles que aparecieron como seres humanos y realizaron milagros para acreditar
su misión, como en el caso de la madre de Sansón en Juec. 13: 3-7. (4) Mediante
la acción poderosa del Espíritu de Dios sobre la mente para impartirle un claro
concepto y una vigorosa convicción de la verdad de las cosas percibidas, como
en el caso de Pablo en Hech. 20: 23. (5) Mediante sueños, como en el caso de
Jacob de Gén. 28: 11-15. (6) Mediante visiones realizadas de día o de noche,
como en el caso que se trata aquí o el de Balaam de Núm. 24: 4,16. Las dos
últimas fueron las formas más comunes que Dios usó para comunicar su voluntad a
los hombres. Esto está de acuerdo con el anuncio divino: "Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él"
(Núm. 12: 6).

No temas.

Estas tranquilizadoras palabras tenían el propósito de que la mente de Abram
quedara en paz. Los reyes de Mesopotamia podrían volver para vengar su
derrota, o los paganos cananeos, ya celosos del poder creciente de Abram,
podrían atacarlo. Pero Dios le prometió ser "su escudo", el símbolo de
protección en las guerras antiguas (ver Sal. 3: 3), y su "galardón". Ambas
cosas había experimentado Abram durante la expedición militar anterior, pues
Dios lo había protegido en la batalla y lo había recompensado con la victoria.
Debía creer que Dios continuaría haciendo por él lo que había hecho en lo
pasado.

2.

Ando sin hijo.

El temor de Abram no se debía tanto a posibles represalias militares como a que
todavía no tenía un heredero. Para otros problemas más inmediatos, su mente
recurría a la promesa divina que lo había llevado a Canaán en primer lugar.
Siendo que no tenía hijos, ¿cómo podría realizarse la promesa de Dios de que él
llegaría a ser el progenitor de una gran nación? La combinación "Señor Dios",
'Adonai Yahweh aparece aquí por primera vez. Reconociendo en Dios a su Señor,
Gobernante y Monarca, Abram se dirigió a él como a 'Adonai, "mi Señor", y
añadió a eso el nombre personal divino "Jehová".

El mayordomo de mi casa.

Los registros mesopotámicos, particularmente de los tiempos patriarcales de la
ciudad de Nuzi, han ayudado a entender este pasaje que hasta entonces era
oscuro. Esos registros muestran que una pareja rica que no tuviera hijos podía
adoptar a uno de sus esclavos, que llegaba a ser el heredero de toda su
propiedad, y que también los cuidaba en su ancianidad. Los derechos y deberes
relacionados con la adopción eran escritos, sellados y luego firmados por
varios testigos así como por las dos partes del convenio. Abram temía que no le
quedara otro camino sino seguir la práctica común de su tiempo y adoptar como
su hijo legal y heredero a su servidor más digno de confianza, Eliezer de
Damasco. Este pensamiento se expresa primero en la frase hebrea que la VVR
traduce como "mayordomo de mi casa". literalmente: "el hijo de la posesión de
mi casa", lo que significaba "aquel que será el heredero de mi casa". El mismo
pensamiento claramente se repite con las palabras: "He aquí que será mi
heredero un esclavo nacido en mi casa" (vers. 3). Todos los anhelos,
sufrimientos y desengaños de los años de la vida matrimonial 325 de Abram se
expresan en este lamento, que nadie nacido de él sino sólo uno nacido en su
casa sería su heredero. Eliezer, nacido en la casa de Abram, y criado como
todos los otros siervos de Abram en el temor del Señor, no sólo era un esclavo
digno de confianza sino un fiel seguidor del patriarca. Era "hombre piadoso y
experimentado, de sano juicio" (PP 169).

5.

Mira ahora los cielos.

Esto muestra que la visión le fue dada a Abram por la noche. Estando todavía
en visión, el patriarca fue llevado al aire libre y se le ordenó que levantara
los ojos hacia el cielo estrellado y contara -si podía hacerlo- sus miríadas de
resplandecientes orbes, si quería saber el número de su descendencia.

6.

Creyó a Jehová.

Pablo usó este texto como la piedra angular sobre la cual erigió la doctrina de
la justificación por la fe (Rom. 4: 3; Gál. 3: 6). Aunque la posibilidad de
que Abram tuviera hijos había disminuido desde que Dios le diera la primera
promesa, puesto que su edad había aumentado, no vaciló en aceptar la palabra de
Dios de que sería así. La forma verbal hebrea traducida "creyó", he'emin,
viene de la misma raíz de la palabra amén, con la cual destacamos nuestro deseo
de que Dios oiga y realice nuestras oraciones. Este verbo expresa completa
confianza en el poder y en las promesas de Dios. Además la forma particular
del verbo que aquí se usa expresa que ésta no sólo fue la experiencia histórica
de Abram en ese momento, sino también un permanente rasgo de carácter.
Perseveró creyendo.

La fe de Abram y su confianza en Dios -comparable a la de un niño- no lo
hicieron "justo", sino más bien "le fue contado por justicia" por el Señor.
Por primera vez se presentan juntos estos importantes conceptos: fe y
justificación. Es obvio que Abram no había tenido "justicia" basta que le fue
atribuida por Dios. Y si él no la tuvo, ningún hombre jamás la ha tenido.
Abram era pecador y necesitaba redención, como cualquier otro ser humano; pero
cuando Injusticia le fue imputada, también se le extendieron la misericordia y
la gracia, que incluían el perdón de su pecado y hacían accesibles las
recompensas de la justicia. Por primera vez aquí aparece la plena importancia
de la fe. También aquí, por primera vez, se menciona la justicia imputada. De
aquí en adelante, ambos conceptos fundamentales se presentan en las Sagradas
Escrituras hasta ser tratados exhaustiva y magistralmente por la pluma del
apóstol Pablo (Rom. 4).

7.

Yo soy Jehová.

Entre los vers. 6 y 7 tiene que haber habido un lapso de longitud
indeterminada. La nueva revelación se realiza durante el día, indudablemente
hacia el fin del día (vers. 12 y 17), al paso que la primera visión se había
realizado durante la noche (vers. 5). Esto puede haber ocurrido al día
siguiente, o posiblemente después. No se describen las circunstancias
iniciales de la nueva revelación.

Para darte a heredar esta tierra.

Por tercera vez Dios le aseguró a Abram que había de poseer toda la tierra de
Canaán (caps. 12: 7; 13: 14, 15). Pero su condición no había cambiado en lo
más mínimo desde que entró por primera vez en Canaán. Dios repitió la promesa
a intervalos, y Abram la aceptó sin ver nunca una señal visible de su
cumplimiento. Todavía estaba errante y sin hogar como había estado cuando
llegó de Mesopotamia, y no tenía hijos. Era natural que esas preguntas
surgieran en su mente.

8.

¿En qué conoceré?

Este pedido de una señal puede compararse con los pedidos de Gedeón (Juec. 6:
17, 36-40) y Ezequías (2 Rey. 20: 8). La pregunta de Abram no era un síntoma de
incredulidad o duda, sino la expresión de un anhelo cordial de ver el
cumplimiento de las promesas de Dios. Más tarde, Zacarías pidió una señal
debido a su incredulidad (Luc. 1: 18, 20), pero María presentó una pregunta
similar al ángel teniendo fe, y anhelando humildemente una seguridad adicional
(Luc. 1: 34, 35). Dios, que ve el corazón y responde de acuerdo con lo que ve,
reconoció el derecho de su fiel siervo Abram de procurar una plena seguridad
para su fe.

9.

Tráeme una becerra.

Dios condescendió en entrar en un pacto solemne con Abram, en una forma usual
entre los antiguos. La expresión "llevar a cabo" o "hacer" un pacto (vers.
18), literalmente, "cortar" un pacto, se derivaba de la práctica que aquí se
describe. Los animales que se le indicó a Abram que usara eran precisamente
los que más tarde prescribió Moisés como bestias para los sacrificios (Exo. 29:
15; Núm. 15: 27; 19: 2; Deut. 21: 3; Lev. 1: 14). El requisito de que los
cuadrúpedos fueran de "tres años" especifica que se trataba de animales
maduras. 326

10.

Los partió por la mitad.

Cada uno de los tres animales fue sacrificado y dividido, y las dos mitades
colocadas una enfrente de la otra con un espacio intermedio. Las aves fueron
muertas pero no divididas. Probablemente una fue colocada a un lado y la otra
al lado opuesto. Los participantes del pacto debían caminar entre los pedazos
divididos prometiendo simbólicamente obediencia perpetua a las cláusulas que
así se convenían solemnemente. Las vidas de los animales eran la garantía de
las vidas de los que participaban en el pacto. Esta práctica continuó en
vigencia durante muchos siglos, pues la encontramos utilizada en el tiempo de
Jeremías (Jer. 34: 18, 19).

11.

Descendían aves de rapiña.

Por supuesto, esto ocurrió y no fue meramente una visión o sueño. La realidad
de que Abram cumplió las direcciones divinas queda demostrada por el hecho de
que tuvo que ahuyentar las aves de rapiña que trataban de alimentarse de los
cadáveres. En las tierras orientales, si no se les impide hacerlo, los buitres
y otras aves comienzan a consumir los animales caídos inmediatamente después de
su muerte, y por lo general dejan blanqueando sus huesos en cuestión de
minutos. Abram caminó reverentemente entre las partes cortadas del sacrificio
de acuerdo con la costumbre. Sin embargo, no hubo evidencia visible de que Dios
de su parte aceptara las obligaciones del pacto. Esto había de venir más tarde
(vers. 17). Pero hasta entonces Abram sintió que era su deber proteger los
cadáveres de que fueran desgarrados y devorados (PP 131).

12.

El sueño.

("Sopor" BJ). No se dice si el sueño de Abram fue el resultado natural del
cansancio del trabajo del día o un sueño provocado por Dios. La palabra hebrea
traducida "sopor" (BJ) también se usa en el cap. 2: 21 para el estado
inconsciente en que Dios sumió a Adán cuando creó a Eva. En 1 Sam. 26: 12 se
dice que este mismo "profundo sueño" provino "de Jehová". El uso de esta
palabra particular unido al hecho de que Dios se le apareciera a Abram mientras
éste así dormía, parece apoyar el punto de vista de que el sueño fue
sobrenaturalmente provocado.

Grande oscuridad.

No se da el significado de este horror que sobrecogió a Abram. Puede haber
sido el propósito de Dios impresionarlo con la aflicción que debía sufrir su
posteridad.

13.

Ten por cierto.

Este sueño -o quiza fue una visión- le aclaró a Abram las promesas que le
habían sido hechas previamente. La información adicional, ahora revelada, le
aclaró que no podía esperar una posesión inmediata de Canaán. Pero se presenta
la seguridad de la promesa en la forma más vigorosa de que es capaz el idioma
hebreo. La frase puede traducirse literalmente: "sabiendo, sabrás". Quizá
Abram se preguntó muchas veces cuánto tiempo más tendría que permanecer siendo
extranjero en la tierra prometida, y cómo podría él alguna vez realizar el
cumplimiento de las promesas de Dios. Esta revelación no dejó ninguna duda en
cuanto a que seguiría siendo peregrino mientras viviera, lo mismo que sus
cuatro generaciones de descendientes que todavía no habían nacido. En la
visión no se menciona la tierra en la cual peregrinarían, pero su cumplimiento
indica con claridad que se trataba tanto de Canaán como de Egipto. Puesto que
Canaán dependió económicamente de Egipto durante los días de Abram e Isaac, y
era también dependiente en el sentido político durante los reyes hicsos, en el
tiempo de Jacob y José, no es extraño encontrar que ambos países estaban
incluidos en la forma singular "tierra ajena".

Será esclava.

Cuán extraño debe haberle parecido a Abram que sus descendientes, acerca de los
cuales se habían hecho tan maravillosas promesas, habían de ser esclavos de
aquellos en cuyo medio vivirían. Esta profecía se cumplió a su debido tiempo.
Su nieto Jacob fue siervo de Labán durante 20 años (cap. 31: 41). Su bisnieto
José aún fue vendido como esclavo, y más tarde puesto en prisión (caps. 39: 1;
40: 4). Finalmente todos los descendientes de Israel fueron esclavizados en
Egipto (Exo. 1: 13, 14).

Será oprimida.

Esa etapa de la historia de Israel había de incluir no sólo servidumbre sino
también aflicción y persecución.

El cumplimiento de esta profecía puede comprobarse prácticamente en cada
generación durante cuatro siglos. Isaac, el hijo de Abram fue "perseguido" por
Ismael (Gál. 4: 29; cf. Gén. 21: 9). Jacob huyó de Esaú para salvar su vida
(Gén. 27: 41-43) y más tarde de Labán (cap. 31: 2, 21, 29). José fue vendido
como esclavo por sus propios hermanos y más tarde injustamente arrojado en la
cárcel (caps. 37: 28; 39: 20). Finalmente los hijos de 327 Israel fueron
grandemente oprimidos por los egipcios después de la muerte de José (Exo. 1: 89
12).

Cuatrocientos años.

Las preguntas que se han de contestar son: (1) ¿Es éste el tiempo de aflicción,
o el tiempo de permanencia en Egipto, o ambas cosas? (2) ¿Cómo se relacionan
estos 400 años con los 430 de Exo. 12: 40, 41 y Gál. 3: 16, 17? La primera
pregunta depende de la solución que se dé a la segunda.

La declaración de Exo. 12: 40, es a saber, que "el tiempo que los hijos de
Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años", parece implicar que
los hebreos estuvieron realmente 430 años allí, desde la entrada de Jacob hasta
el éxodo. Es evidente, por Gál. 3: 16, 17, que éste no puede ser su
significado. Allí se dice que la ley fue promulgada en el Sinaí 430 años
después del pacto entre Dios y Abram. Si Pablo se refiere a la primera promesa
hecha a Abram en Harán (Gén. 12: 1-3), los 430 años comenzaron cuando Abram
tenía 75 años (cap. 12: 4). Los 400 años de aflicción comenzarían pues 30 años
más tarde, cuando Abram tenía 105 y su hijo Isaac 5 años de edad (cap. 21: 5).
Esto ocurriría por el tiempo cuando Ismael, que "había nacido según la carne",
"perseguía [a Isaac] al que había nacido según el Espíritu" (Gál. 4: 29; Gén.
21: 9-11).

El tiempo exacto desde el llamado de Abram hasta la entrada de Jacob en Egipto
fue de 215 años (ver Gén. 12: 4; 21: 5; 25: 26; 47: 9), lo que dejaría 215 años
de los 430 como el tiempo que realmente pasaron allí los hebreos. Por esta
razón, los 430 años de Exo. 12: 40 deben incluir la permanencia en Canaán tanto
como la estada en Egipto, desde la vocación de Abram hasta el éxodo. La LXX
traduce así Exo. 12: 40: "Y la permanencia de los hijos de Israel, mientras
habitaron en la tierra de Egipto y la tierra de Canaán, fue de cuatrocientos
treinta años". Como ya se ha señalado, la tierra de Canaán dependía tanto de
Egipto durante el período patriarcal, que los faraones de Egipto en realidad la
consideraban como suya y se referían a ella como tal. Durante la dinastía
XVIII, cuyos faraones dominaron tanto a Palestina como a Siria, Moisés podía
incluir apropiadamente a Canaán dentro de los términos de Egipto como lo hizo
en Exo. 12: 40.

14.

La nación.

Sin revelar el nombre de la nación a que hacía referencia, la profecía indica
el tiempo de las plagas que vendrían sobre Egipto (ver Exo. 6: 6).

Saldrán con gran riqueza..

Esta promesa se cumplió notablemente en la liberación milagrosa de los hebreos
de la servidumbre, y en la inmensa riqueza que llevaron consigo (Exo. 12: 36).

15.

Vendrás a tus padres.

La mayoría de los comentadores explican este texto como que implicara la
inmortalidad del alma y su existencia desencarnada en algún asilo para las
almas de los difuntos. Sin embargo, una interpretación tal ignora una figura
de lenguaje común en el hebreo y fuerza las palabras figuradas para darles un
sentido literal. "Venir" al padre de uno (Gén. 15: 15), "unirse" con el pueblo
de uno (cap. 25: 8, 17) o "reunirse" con sus padres (Juce. 2: 10) y "dormir"
con sus padres (2 Rey. 10: 35) son metáforas comunes en hebreo que
sencillamente significan "morir". Deducir de estas expresiones la inmortalidad
del alma separada del cuerpo, es dar por verdadero lo que las Escrituras niegan
en otros pasajes (por ejemplo, ver Sal. 146: 4; Ecl. 9: 5, 6; etc.). Abram
murió finalmente, y no recibirá la promesa hasta que los héroes de todos los
siglos sean recompensados por su fe (ver Heb. 11: 10, 13, 39, 40; 1 Tes. 4: 16,
17; Mat. 16: 27; Col. 3: 3, 4).

Serás sepultado.

Esto hace resaltar el punto de vista que se acaba de expresar, a saber, que no
se le prometió a Abram que su alma volaría al cielo o a algún otro lugar. Sería
sepultado como lo habían sido sus antepasados. Ellos descansaban en sus
tumbas; Abram se les uniría. Con todo, Dios lo consoló con la seguridad de una
vejez pacífica. Abram vivió hasta tener 175 años (Gén. 25: 7, 8).

16.

En la cuarta generación.

Los comentadores que aplican los 400 años del vers. 13 al tiempo que realmente
pasaron los hebreos en Egipto, encuentran aquí una grave dificultad. Deben
suponer que las cuatro generaciones tuvieron un promedio exacto de 100 años
cada una. Esto es contrario a la evidencia de que disponemos. Sin embargo,
puesto que los 400 años del vers. 13 se deben referir al tiempo que va desde
Abram hasta el éxodo (ver com. de vers. 13) y puesto que el tiempo que
realmente pasó Israel en Egipto fue sólo de 215 años, no existe ninguna
discrepancia entre esta predicción y su cumplimiento. Caleb perteneció a la
cuarta generación contando desde Judá (1 Crón. 2: 3-5, 18) y Moisés 328 desde
Leví (Exo. 6: 16-20). Los intentos para determinar la duración de una
"generación" sobre la base de Gén. 15: 13, 16 son injustificados, y los
resultados son completamente engañosos. Sin embargo, esto podría significar
que una "generación", o grupo de personas, entró en Egipto, dos moraron allí, y
la cuarta salió del país.

La maldad del amorreo.

Hubo dos razones fundamentales para la indudable dilación en el cumplimiento de
la promesa divina. En primer lugar, se necesitaría tiempo para que se
multiplicara la descendencia de Abram hasta el punto de poder tomar el país.
En segundo lugar, el amor y la justicia de Dios demandaban que hubiera una
prolongación del tiempo de gracia de los amorreos para que ni ellos ni otros
acusaran a Dios de injusticia y parcialidad cuando llegara el tiempo de
destruirlos y tomar su territorio. En otras palabras, los hebreos no estaban
listos para poseer la tierra ni Dios estaba listo para desposeer a los
amorreos.

Hay un grado de iniquidad señalado más allá del cual no pueden ir las naciones
sin enfrentarse con los castigos de Dios. La profundidad de la depravación y
degeneración moral en que se habían sumido los habitantes de Canaán en el
tiempo de Moisés queda de manifiesto por su literatura mitológico,
posteriormente descubierta. Ellos describen a sus dioses como seres crueles y
sedientos de sangre, que se matan y engañan mutuamente, y cuya inmoralidad
sobrepasa toda imaginación. A semejanza de los antediluvianos y de los
sodomitas los habitantes de Canaán, al igual que sus dioses, estaban movidos
por las pasiones más viles. Los encontramos sacrificando a sus hijos, adorando
serpientes y practicando rituales inmorales en sus templos. Sus santuarios
albergaban a prostitutas profesionales y a homosexuales. Los amorreos, la más
poderosa de las diversas tribus cananeas, aquí representan a todos los
habitantes de Canaán (ver Jos. 24: 15; Juec. 6: 10; etc.).

17.

Un horno humeando.

La fase final de la revelación divina tenía el propósito de impresionar a Abram
con la seguridad de las promesas de Dios. "Un horno humeando" o una "antorcha
de fuego", símbolos de la presencia divina, pasó entre los cadáveres partidos,
así como Abram mismo lo había hecho antes a la luz del día. Es evidente que
esto no fue meramente una visión, porque los animales fueron consumidos
totalmente (PP 131, 132). Con esta señal visible Dios confirmó su pacto con
Abram, el cual así por primera vez contempló el símbolo sagrado de la presencia
divina.

18.

Esta tierra.

Con esto Dios reafirmó su promesa acerca de la posesión de la tierra de Canaán.
Por primera vez se indican los límites geográficos precisos de la tierra
prometida. En realidad esos límites se alcanzaron durante los reinados de
David y Salomón (1 Rey. 4: 21; 2 Crón. 9: 26).

19.

Los ceneos.

La lista de las diez tribus no incluye a todos los cananeos. El número quizá
es un símbolo de universalidad. Los ceneos estaban en las partes montañosas
del sudoeste de Palestina, cerca de los amalecitas (Núm. 24: 20, 21; 1 Sam. 15:
6; etc.). No es seguro su origen. En alguna época pueden haberse emparentado
mediante casamientos con los madianitas, pues Hobab, cuñado de Moisés, es
llamado ceneo (Juec. 1: 16; 4: 11) y también madianita (Núm. 10: 29). Pueden
haber sido un grupo familiar de los madianitas.

Los cenezeos.

No han sido identificados todavía. Algunos piensan que eran descendientes de
Cenaz, nieto de Esaú (Gén. 36: 15). Si esto es así, su mención aquí como una
tribu, necesariamente es profético, pues Esaú, nieto de Abram, no había nacido
todavía. Esta idea es difícilmente aceptable.

Los cadmoneos.

No se los menciona en ninguna otra parte. No se puede determinar su origen.
Su nombre, que significa "orientales", señala las regiones del este de Canaán
como su morada.

20.

Los heteos.

Ver com. de cap. 10: 15.

Los ferezeos.

Ver com. de cap. 13: 7.

Los refaítas.

Ver com. de cap. 14: 5.

21.

Los amorreos.

Para este grupo tribal y otros grupos similares mencionados en el vers. 21, ver
com. de cap. 10: 15, 16.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-21 PP 130-132; SR 75, 76

1 CS 92; DMJ 35; 3T 434; 6T 312; 7T 287; 9T 152

1, 3 SR 76

1-3 PP 130

5 SR 75, 77 329

6 PP 387

12 PP 131

12-14 SR 75

13 FE 287

13, 14 PP 287; SR 120

14 DTG 23

16 2JT 62; PP 235, 462

18 PP 1321 774

CAPÍTULO 16

1 Sarai, por ser estéril, da Agar a Abram. 4 Agar se va porque es afligida por
su ama por haberla despreciado. 7 Un ángel la envía de regreso y le ordena ser
sumisa, 11 y le habla del hijo que va a tener. 15 Nacimiento de Ismael.

1 SARAI mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que
se llamaba Agar.

2 Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego,
pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram
al ruego de Sarai.

3 Y Sarai mujer de Abram tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años
que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio por mujer a Abram su
marido.

4 Y él se llegó a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido,
miraba con desprecio a su señora.

5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por
mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo.

6 Y respondió Abram a Sarai: He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella
lo que bien te parezca. Y como Sarai la afligía, ella huyó de su presencia.

7 Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto,
junto a la fuente que está en el camino de Shur.

8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella
respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora.

9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su
mano.

10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que
no podrá ser contada a causa de la multitud.

11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz
un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.

12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra
él, y delante de todos sus hermanos habitará.

13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que
ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?

14 Por lo cual llamó al pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre
Cades y Bered.

15 Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre del hijo que le
dio Agar, Ismael.

16 Era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael.

1.

Una sierva.

A pesar de todas las promesas de Dios, persistía el hecho de que Abram todavía
no tenía un hijo, diez años después de que se le había hecho la primera promesa
(vers. 3). Aparece en escena Agar, una sierva egipcia de Sarai. Puesto que
los egipcios eran una nación poderosa en el tiempo de Abram, es muy singular
encontrar a una sierva egipcia en un hogar palestino. Probablemente Agar era
la sierva personal dada a Sara¡ cuando ella fue llevada a Faraón (ver cap. 12:
15, 16). El hecho de que estuviera todavía en la casa de Abram, tiende a
mostrar que Faraón no se había hecho devolver los regalos que había dado a
Abram.

Agar.

Este no es un nombre egipcio. No se da su nombre original. El nombre Agar,
que árabe significa "huida", puede haberle sido dado después de que huyó de su
ama.

2.

Que te llegues a mi sierva.

La falta de fe de Sarai hizo que llegara a la conclusión de que no tenía
esperanza de tener hijos. Por eso decidió seguir la práctica de su país natal
a fin 330 de proporcionar un heredero para la familia. Los códigos legales de
Mesopotamia autorizaban la práctica por la cual una esposa estéril podía dar
una de sus esclavas a su esposo y tener hijos mediante ella. Esos códigos
también determinaban precisamente los derechos de una descendencia tal. Se
necesitaba una reglamentación, especialmente en el caso en que una primera
esposa tenía hijos después de que la sierva los había tenido, o cuando una
sierva se volvía altanera después de haber sido honrada al dar a luz a un
heredero (ver el código de Hammurabi, secciones 144-146, 170, 171).

Atendió Abram.

La fe puede ser genuina y sin embargo resultar débil en momentos de ansiedad y
perplejidad. Una fe vigorosa se aferrará de la promesa y sólo de ella,
confiando enteramente en Dios para su cumplimiento. Tal fue la fe de Abram,
excepto en tres o cuatro breves ocasiones, a lo largo de una vida prolongada y
azarosa. Dios no necesitaba de los ardides de Abram para el cumplimiento de su
promesa. Tan sólo se requerían confianza y obediencia. Al acceder al consejo
apresurado de Sarai, Abram siguió en las pisadas de Adán. Chasco y sufrimiento
fue el resultado en ambos casos y la supuesta bendición resultó ser una
maldición. Al prestar oídos a la sugestión de Sarai, Abram creó para sí mismo
dificultades de consecuencias muy abarcantes. Sobrevinieron angustias
domésticas y dolores, y odio entre los futuros descendientes de ambas esposas.
De nuevo, en la actualidad, ¡cuán amargamente han luchado por la posesión de la
Tierra Santa los modernos representantes de Sarai y los descendientes de Agar,
los judíos y los árabes!

3.

Diez años.

La fe de Abram y Sarai, que había permanecido inmutable durante diez años,
disminuyó ahora. Probablemente se presente este comentario para explicar su
impaciencia por la demora en la llegada de un heredero. No comprendía Abram
que la demora tenía origen divino para probar su fe y desarrollar su carácter.

4.

Miraba con desprecio a su señora.

La esterilidad era considerada entre los hebreos como un deshonor y un baldón
(Gén. 30: 1, 23; Lev. 20: 20; ver com. de Luc. 1: 25), al paso que la
fecundidad era considerada como una señal especial del favor divino (ver Gén.
21: 6; 24: 60; Exo. 23: 26; etc.). Era de esperarse que la muchacha egipcia,
honrada por su admisión a la categoría de esposa (vers. 3), olvidara su
condición de privilegio y se enalteciera. No estaba dispuesta a aceptar el
plan de su ama; ¿por qué debía ser considerado su hijo como un hijo de Sarai?
La criada que había servido a Sarai tan fielmente a través de los años como
para ser considerada digna de convertirse en la mujer de Abram, comenzó a
despreciar a la que hasta ese momento había honrado. Los hogares donde se
altera la norma divinamente aprobada del matrimonio, son hogares donde
prevalecen angustias, celos y amarga contienda. El hogar de Abram no fue una
excepción, y la armonía de tiempos anteriores se transformó en discordia.

5.

Mi afrenta sea sobre ti.

Sarai usa el lenguaje de una irritación ardiente, lo que indica que estaba
arrepentida de su decisión previa y que tenía la intención de acusar a su
esposo por ese hecho y por sus amargas consecuencias. Aun usa irreverentemente
el nombre de Jehová, invocando su juicio sobre Abram.

6.

Haz con ella lo que bien te parezca.

La sección 146 del antiguo código mesopotámico de Hammurabi dice que "si más
tarde aquella esclava ha pretendido la igualdad con su ama porque ha tenido
hijos, su ama no puede venderla; puede marcarla con su marca de esclava y
contarla entre sus esclavos". Esta ley permitía la humillación de una esclava
concubina altanera, pero también colocaba ciertas restricciones sobre su dueña.
Abram, que era mesopotámico por nacimiento y educación, seguramente estaba
bien familiarizado con las leyes y costumbres de su tierra natal, y obró de
acuerdo con la ley, que permitía que su esposa humillara a Agar pero no la
vendiera. La disposición conciliatoria de Abram se manifestó por el permiso
que dio a Sarai. Reprimió sus propios sentimientos a fin de restaurar la
armonía del hogar perturbado. Por otro lado, demostró debilidad al ceder ante
el iracundo propósito de Sarai de infligir un castigo injustificado sobre la
futura madre del hijo de Abram.

La afligía.

Cuando Sarai la colocó de nuevo en su condición de esclava, tal como lo
permitía la ley civil de ese tiempo, y aun recurrió al castigo corporal, como
lo implica el término hebreo "afligía", Agar salió del hogar de Abram y huyó.
Si la esclava legalmente cometió una falta al huir, ciertamente su ama era
digna de censura. 331

7.

El ángel de Jehová.

Aunque los expositores más conservadores han reconocido aquí a la segunda
persona de la Deidad, está muy lejos de ser seguro que Jesús se apareció en
persona. Los ángeles eran usados frecuentemente para transmitir mensajes
divinos a los hombres, y este "ángel de Jehová" puede haber sido tomado por
Agar como Jehová mismo (vers. 13), o quizá sencillamente como un representante
de Jehová. Elena G. de White habla de él simplemente como de "un ángel" (PP
142). Dios mismo repetidas veces se apareció a Abram (Hech. 7: 2; Gén. 12: 1;
13: 14; 15: 1; 17: 1; 18: 1; 21: 12). Sólo una vez un ángel fue comisionado
para hablarle (Gén. 22: 11, 15). El relato de aquí se parece muchísimo al de
la visita del ángel, pero difiere grandemente de las de Dios mismo.

En el camino de Shur.

Agar estaba en camino a su Egipto natal y casi había llegado a la frontera
egipcia (ver Gén. 25: 18; 1 Sam. 15: 7). "La fuente" implica un manantial
particular bien conocido.

9.

Ponte sumisa.

El verbo hebreo traducido "ponte sumisa" es otra forma del verbo traducido
"afligía" del vers. 6. Sin embargo, Agar debía volver y someterse humildemente
a Sarai, sin importar cuán despiadadamente la tratara.

Dios no pasó por alto la aspereza de Sarai hacia Agar. Castiga a los que usan
mal su autoridad, pero rara vez permite que hagan justicia por su cuenta los
que están sufriendo por un trato áspero e injusto. La humildad es un rasgo de
carácter que Dios espera de sus hijos (Efe. 6: 5; Col. 3: 22; 1 Ped. 2: 18-23).

10.

Multiplicaré tanto tu descendencia.

Dios reconocía las difíciles circunstancias en que Agar se encontraba y de las
que originalmente no tuvo la culpa. Agar honraba al Dios verdadero, y él no la
abandonaría en su necesidad. La promesa que le hizo a ella, una esclava, no
tiene paralelo. Esta promesa consoló grandemente a Agar. Aunque su hijo no
iba a ser el hijo del plan divino, sin embargo tendría parte en la promesa
hecha a Abram. Dios había prometido multiplicar la simiente de Abram, sin
limitar esto a los descendientes de Sarai. Por lo tanto, cumpliría su promesa
al pie de la letra, pero reservaría las bendiciones espirituales para la
descendencia originalmente tomada en cuenta en la promesa, esto es Isaac (ver
Gál. 4: 23-30; Rom. 9: 7, 8).

11.

Ismael.

Esta es la primera vez en que Dios puso nombre a un niño no nacido (ver Gén.
17: 19; Luc. 1: 13, 31). Así le manifestó a Agar el interés que tenía en ella
y su descendencia. El nombre del hijo, Ismael, "Dios oirá", había de
recordarle a ella la interposición misericordioso de Dios y había de recordar a
Ismael, que fue objeto de la providencia bondadosa de Dios.

12.

Será hombre fiero.

"Un onagro humano" (BJ). Literalmente, "un asno salvaje humano". Esta figura
de lenguaje que se refiere al onagro, animal salvaje e indómito que vaga a su
voluntad en el desierto, describe acertadamente el amor de los beduinos por la
libertad mientras cabalgan, endurecidos y frugales, gozándose de la cambiante
belleza de la naturaleza y despreciando la vida de la ciudad. Una descripción
eminentemente poética del asno salvaje aparece en Job 39: 5-8.

Su mano será contra todos.

Una exacta descripción de los árabes, muchos de los cuales pretenden tener a
Ismael como a su padre. Poderosas naciones han tratado de conquistar Arabia y
someterla a su voluntad, pero ninguna ha tenido un éxito permanente. Los árabes
han mantenido su independencia y Dios los ha preservado como un monumento
perdurable de su cuidado providencial. Permanecen hoy día como un argumento
incontestable de la verdad de la predicción divina.

13.

Tú eres Dios que ve.

Lo acontecido convenció a Agar de que Dios le había hablado. Indudablemente
creyendo que debía morir el que veía a Dios (Exo. 20: 19; 33: 20), quedó
atónita de haberío visto y sin embargo permanecer viva. Por lo tanto, lo llamó
"Dios que ve" porque no sólo la había visto y había ido a ella en su aflicción,
sino también había permitido que ella lo viera y viviera.

14.

Viviente-que-me-ve.

Durante generaciones, los árabes que cobraban nuevas fuerzas en este pozo
recordaban que Dios se había revelado aquí a Agar, su antepasado.

Entre Cades y Bered.

Se ha perdido la ubicación del pozo, también mencionado en los pasajes de los
caps. 24: 62 y 25: 11. Puesto que tampoco se conoce Bered, todo lo que se puede
decir es que el pozo puede haber estado al oeste de Cades en la parte sudoeste
de Canaán, en el camino a Egipto. Algunos eruditos lo han identificado con el
pozo Ain Kadesh, que los árabes llaman Moilahi Hagar. 332

15.

Agar dio a luz un hijo a Abram.

De acuerdo con la orden divina dada a Agar, Abram dio a su hijo el nombre de
Ismael. Durante 13 años parece que Abram quedó ilusionado con que Ismael era
la descendencia prometida. Cuando Abram tenía 99 años, la voluntad de Dios le
fue manifestada más claramente (cap. 17: 1, 18).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-16 PP 141-143; SR 77-83

3 PP 171

61 8-11 PP 141

12 HAd 203; PP 171

13 FE 348; MeM 300; PE 112; 5T 558, 627

CAPÍTULO 17

1 Dios renueva su pacto. 5 Abram recibe un nombre nuevo como prueba de la
bendición de Dios. 10 Se instituye la circuncisión. 15 Se cambia el nombre de
Sarai y se la bendice. 17 Se promete el nacimiento de Isaac. 23 Circuncisión de
Abraham e Ismael.

1ERA Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le
dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.

2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.

3 Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo:

4 He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes.

5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque
te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.

6 Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de
ti.

7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus
generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia
después de ti.

8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras,
toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.

9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu
descendencia después de ti por sus generaciones.

10 Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia
después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.

11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del
pacto entre mí y vosotros.

12 Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por
vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier
extranjero, que no fuere de tu linaje.

13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y
estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.

14 Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su
prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.

15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara
será su nombre.

16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a
ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.

17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón:
¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de
concebir?

18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.

19 Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás
su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus
descendientes después de él.

20 Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le
haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; 333 doce príncipes
engendrará, y haré de él una gran nación.

21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este
tiempo el año que viene.

22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham.

23 Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su
casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo varón entre los domésticos
de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del prepucio de ellos en aquel
mismo día, como Dios le había dicho.

24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su
prepucio.

25 E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su
prepucio.

26 En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo.

27 Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado del
extranjero por dinero, fueron circuncidados con él.

1.

Era Abram de edad de noventa y nueve años.

Habían pasado 13 años desde el nacimiento de Ismael (cap. 16: 16) antes de que
Dios se revelara otra vez a Abram. Durante los 11 años anteriores, Dios se le
había aparecido por lo menos 4 veces (caps. 12: 1, 7; 13: 14; 15: 1). La larga
demora de parte de Dios de aparecerse otra vez a Abram tenía probablemente un
propósito. Quizá era un castigo corrector de la impaciencia de Abram al no
esperar que Dios realizara las cosas en su debido tiempo y su debida forma.

Yo soy el Dios Todopoderoso.

Este nombre de Dios, 'El-Shaddai, se encuentra únicamente en los libros del
Génesis y Job, 6 veces en el primero y 31 veces en el segundo. Esta es una de
las muchas indicaciones de que el autor de ambos libros fue la misma persona.
El origen y significado de la palabra Shaddai son inciertos, pero la traducción
de la VVR, "Todopoderoso", con toda probabilidad es la más aproximadamente
correcta (Isa. 13: 6; Joel 1: 15). Este nombre fue bien elegido en vista de la
nueva promesa que Dios estaba por hacerle a Abram. Habían pasado 24 años desde
que Abram entró en la tierra de Canaán (Gén. 12: 4). Durante los primeros 10
años, Dios le había prometido repetidas veces un hijo a Abram, hasta que éste
tomó las cosas en sus propias manos, se unió con Agar y engendró a Ismael.
Desde el nacimiento de Ismael no se registra que hubiera recibido ninguna otra
revelación divina, y parece que Abram pensaba que Ismael era el cumplimiento de
las promesas de Dios (vers. 17, 18). Estando listo ahora para renovar su
promesa a Abram, Dios lo encontró algo escéptico. Por esta razón Dios se
presentó como "el Dios Todopoderoso", para el cual nada sería imposible, sin
importar cuán difícil pareciera a los hombres.

Anda delante de mí.

Durante 13 años Abram no había andado plenamente "delante" de Dios; de ahí la
orden de que lo hiciera. Abram había de caminar como si fuera en la misma
senda de Dios, consciente de la vigilancia divina y solícito de la aprobación
del cielo; no detrás de Dios, como consciente de sus propios errores pero
deseoso de evitar ser observado. Hay una diferencia manifiesta entre la
expresión usada para designar las vidas de Enoc (cap. 5: 24) y Noé (cap. 6: 9),
y esta orden. De los dos primeros patriarcas se dijo que caminaron "con Dios",
al paso que a Abram se le pidió que caminara "delante" de él. Esto sugiere un
grado menos completo de comunión, y puede haber implicado el desagrado de Dios
por la falta de fe de Abram al unirse con Agar.

Sé perfecto.

Así como la justicia recibida por la fe (la justificación) era necesaria para
el establecimiento del pacto, así también un intachable caminar delante de Dios
(la santificación) se necesitaba para que se mantuviera. Esta exhortación
quizá haya sido una velada referencia al hecho de que la vida pasada de Abram
no había sido enteramente intachable. Dios quería que Abram entendiera que la
realización final de la promesa divina requería estar más completamente a la
altura de la excelsa norma de pureza y santidad de Dios (ver Mat. 5: 8, 48).
Abram fue llamado a una experiencia más elevada que la que hasta entonces había
conocido.

2.

Mi pacto.

Esto no indica un pacto nuevo, sino más bien que estaba por cumplirse el pacto
realizado unos 14 años antes (cap. 15).

3.

Abram se postró.

Abram, que durante los muchos años de silencio quizá se había preguntado si
Dios se le revelaría otra vez, se postró con temor reverente. Esta actitud de
adoración era común en los tiempos antiguos y también era una postura para
mostrar respeto a los seres humanos (ver Gén. 17: 17; 24: 52; Núm. 16: 22; Mar.
14: 35). 334

4.

"Por mi parte" (BJ).

Esta expresión, que no figura en la VVR, pero sí en la BJ y en el original
hebreo, es significativa. Para dar mayor énfasis, Dios se refiere a sí mismo
al comienzo de esta cláusula. La expresión es equivalente a decir "en lo que a
mí respecta, yo" sigo dispuesto a cumplir el pacto de hace muchos años.

Padre de muchedumbre de gentes.

Esta predicción iba a tener un doble cumplimiento. En primer lugar, se refería
a las numerosas tribus que harían remontar su genealogía hasta Abram. Los
árabes ismaelitas, los madianitas y otras tribus arábigas descendientes de
Cetura (cap. 25: 1-4), y los edomitas -tanto como los israelitas- todos fueron
descendientes de Abram. Sin embargo, en un sentido más amplio esta promesa se
refería a los innumerables descendientes espirituales que pretenderían tener a
Abram como a su padre (Gál. 3: 29).

5.

Será tu nombre Abraham.

Abram fue el primero de varios hombres cuyos nombres cambió Dios. Los nombres
eran de una importancia mucho mayor para los antiguos de lo que lo son para
nosotros. Todos los nombres semíticos tienen significado y generalmente
consisten en una frase o sentimiento que expresa un deseo o quizá gratitud de
parte de los padres. En vista de la importancia que la gente daba a los
nombres, Dios cambió los nombres de ciertos hombres para hacerlos armonizar con
sus experiencias, pasadas o futuras. Abram, que significa "padre enaltecido",
no aparece en esta forma en ninguna otra parte de la Biblia, pero se lo
encuentra bajo la forma Abiram, que significa "mi padre es enaltecido" (Núm.
16: 1; 1 Rey. 16: 34). Es poco probable que el nombre Abrahán sea tan sólo una
forma extendida de Abram, como lo sostienen algunos comentadores, en vista de
la explicación dada en este versículo. Sin embargo, con nuestro conocimiento
actual de los diversos idiomas semíticos empleados en el tiempo de Abrahán, no
es fácil explicar el nombre Abrahán. No obstante, lo mejor es recurrir a la
palabra árabe ruham, como lo han hecho varias generaciones de expositores
bíblicos. La palabra ruham significa "gran número", y puede haber existido en
el hebreo antiguo, aunque no aparece en la literatura hebrea que hoy está
disponible. Por lo tanto, el nombre Abrahán podría traducirse "padre de un
gran número", lo que concuerda con la explicación que Dios dio al patriarca
después de cambiarle su nombre: "Te he puesto por padre de muchedumbre de
gentes".

7.

Estableceré mi pacto.

Los términos y beneficios de este pacto se refieren no sólo a Abrahán como a un
individuo sino también a todos sus descendientes, tanto literales como
espirituales. La promesa hecha aquí a Abrahán se refiere específicamente a
Cristo (Gál. 3: 16; Hech. 2: 30) y, de acuerdo con Pablo, mediante Cristo todos
los cristianos han de compartirla (Gál. 3: 29; Hech. 16: 31). Una comprensión
correcta de los términos de este pacto será de muchísimo provecho para mantener
una relación correcta entre Dios y el creyente de hoy día.

Pacto perpetuo.

La palabra traducida "perpetuo" de ninguna forma indica siempre un período
interminable (ver com. de Exo. 21: 6). El vocablo "perpetuo", tal como se lo
usa en la Biblia, denota generalmente circunstancias o condiciones que -en
virtud de su propia naturaleza- deben persistir mientras pueda ser afectado por
ellas el objeto al cual se aplican. Esto es claro por expresiones tales como
viva el rey "para siempre" (1 Rey. 1: 31; Neh. 2: 3; etc.) que sencillamente
expresan el deseo de que el rey pueda disfrutar de una larga vida. Puesto que
todos los seguidores de Cristo -la descendencia espiritual de Abrahán- son
herederos de las gloriosas promesas del pacto (Gál. 3: 7, 27-29), el "pacto
perpetuo" debe tener validez mientras tenga vigencia el plan de salvación. Las
estipulaciones del pacto de Dios con Abrahán están pues en vigor a través de
todas las generaciones.

Ser tu Dios.

Esta promesa abarca todas las bendiciones de la salvación y es una indicación
clara del carácter espiritual del pacto abrahánico. Dios se da a sí mismo a
aquel que entra en la relación del pacto, y al hacer eso le confiere todos los
privilegios, los gozos y la esperanza gloriosa que provienen del parentesco con
Dios. Quien llega a ser así un hijo o hija de Dios no puede desear nada más
para ser feliz, ya sea en esta vida o en la venidera. Es como si Dios le
hubiera dicho a Abrahán: "Todo lo que soy o tengo, o lo que pueda hacer, seré y
lo haré para ti y tus descendientes. Todos mis recursos ilimitados serán
empleados para tu protección, tu consuelo y tu salvación" (Rom. 8: 32).
Ciertamente son bienaventurados todos aquellos cuyo Dios es Jehová (Sal. 144:
15). Bajo los términos del pacto eterno, Dios y el creyente se entregan
mutuamente sin reservas el uno al otro.

8.

Toda la tierra de Canaán.

A todas aquellas 335 amplias promesas de naturaleza espiritual una vez más fue
añadida la seguridad de que toda la tierra de Canaán había de pertenecer a
Abrahán y a su posteridad. Esta promesa había sido hecha repetidas veces en lo
pasado (caps. 12: 7; 13: 15; 15: 7, 18-21). Se le dijo en esta ocasión que la
promesa continuaría en vigor para siempre, lo que significaba que mientras los
descendientes literales de Abrahán cumplieran con las condiciones del pacto,
poseerían la tierra, y que sus hijos fieles, tanto literales como espirituales,
finalmente heredarían la Canaán celestial por toda la eternidad.

10.

Todo varón.

En el hebreo resalta la fuerza de la orden más que en la traducción.
Literalmente, "entre vosotros circuncidad a todo varón". Aquí se introduce el
rito de la circuncisión como una obligación en relación con el pacto. Iba a ser
la señal del pacto con el Israel literal, como el bautismo lo es con el Israel
espiritual (ver Gén. 17: 11; Col. 2: 11, 12; Tito 3: 5; 1 Ped, 3: 21). La
primera se relacionaba con el nacimiento físico; el segundo acompaña al
renacimiento espiritual.

11.

Circuncidaréis.

Desde la antigüedad se han hecho varias sugestiones para explicar este rito.
Filón, filósofo judío de Alejandría, creía que fue ordenado por Dios meramente
para fomentar la limpieza física; otros vieron en él una protesta contra
ciertos ritos idolátricos practicados por los egipcios y otras naciones
paganas. Calvino creía que significaba un rechazo simbólico de la inmundicia de
la carne y de ese modo del pecado en general. Sin embargo, pueden destacarse
los siguientes puntos con referencia a la importancia de la circuncisión.
Estaba destinada: (1) a distinguir la descendencia de Abrahán de la de los
gentiles (Efe. 2: 11), (2) a perpetuar el recuerdo del pacto de Jehová (Gén.
17: 11), (3) a fomentar el cultivo de la pureza moral (Deut. 10: 16), (4) a
representar la justificación por la fe (Rom. 4: 11), (5) a simbolizar la
circuncisión del corazón (Rom. 2: 29) y (6) a prefigurar el rito cristiano del
bautismo (Col. 2: 11, 12).

El único otro pueblo de la antigüedad que practicó la circuncisión fue el
pueblo egipcio, que indudablemente la tomó de los hebreos. No hay testimonio
anterior al siglo XIII AC de que existiera esa costumbre en Egipto, al paso que
los hebreos la practicaron desde el tiempo de Abrahán en el siglo XIX AC. El
hecho de que esta práctica se encuentre entre algunos pueblos africanos, los
árabes y otras naciones musulmanas, con toda probabilidad debe explicarse por
la influencia judía.

Por señal del pacto.

Dios ha establecido señales y monumentos recordativos de diversos
acontecimientos importantes. El sábado fue instituido como un monumento
recordativo de la creación; la circuncisión, del pacto abrahánico; el bautismo,
de la muerte y resurrección de Cristo; y la Cena del Señor, del sacrificio
vicario de Cristo. Las señales externas pueden enseñar verdades espirituales,
convirtiéndose así en los instrumentos elegidos por Dios para una bendición
espiritual. Así pueden servir como un recordativo perpetuo de la gracia de
Dios, y también de nuestro propio deber y nuestras responsabilidades.

12.

Todo varón.

A Abrahán se le dieron instrucciones específicas en cuanto a quiénes debían
participar en el rito de la circuncisión y cuándo éste había de ser
administrado. Esas reglamentaciones fueron más tarde incorporadas en la ley de
Moisés (Lev. 12: 3; Luc. 2: 21). No estaba exceptuado ningún varón de la
sociedad hebrea, ya fuera libre o esclavo. La circuncisión, señal del pacto de
Dios con Abrahán, llegó a ser un signo para Israel de que era el pueblo de Dios
y, por lo tanto, cada varón israelita recibía esa señal. Con el rechazo del
Israel literal como pueblo escogido de Dios, la circuncisión cesó de tener un
significado como rito religioso (Hech. 15: 5, 10, 19, 20, 24, 28, 29; Gál. 2:
3-5; 5: 2-6; Rom. 2: 28, 29).

14.

Será cortada.

Se repite esta sentencia en la legislación mosaica en el caso de diversas
infracciones de sus cláusulas (ver Exo. 12: 15, 19; Lev. 17: 4, 10; Núm. 15:
30; 19: 13). La experiencia personal de Moisés indica la importancia solemne
que Dios dio a la realización de este rito (Exo. 4: 24-26). No se declara
explícitamente si la sentencia debía ser ejecutada a manos de la congregación,
los magistrados civiles o Dios mismo. El hecho de que ser expulsado del pueblo
fuera en ciertos casos seguido por la pena de muerte (Exo. 31: 14), no prueba
que la pena capital acompañara invariablemente a una sentencia tal (Exo. 12:
19; Lev. 7: 20, 21; Núm. 19: 13). De todos modos, un hebreo incircunciso, ya
fuera niño o adulto, perdía su condición social, 336 política y religiosa como
hebreo (ver com. de Exo. 12: 15).

15.

Sara será su nombre.

Esta es la primera vez en que es mencionada por nombre Sara, la mujer de
Abrahán, en una comunicación divina con él. No hay gran diferencia entre los
dos nombres Sarai y Sara. Sarai, que significa "mi princesa", se convirtió
sencillamente en Sara, "una princesa". Antes había sido la princesa de
Abrahán, pero de allí en adelante iba a ser reconocida como la princesa y
progenitora de toda una nación. Pertenecería a sus descendientes tanto como a
Abrahán.

16.

Te daré de ella hijo.

Después de los muchos años de espera, se le dieron a Abrahán instrucciones
definidas en el sentido de que la descendencia prometida sería el hijo de Sara
y no el hijo de Agar (ver Gál. 4: 22-31).

Reyes de pueblos vendrán de ella.

En primer lugar esto se refiere a David y a sus sucesores en el trono de Judá,
pero incluye también a la realeza de Edom. Dios le asegura a Abrahán que
prevalecería el propósito divino a pesar de la perversidad de los hombres que
con tanta frecuencia lo estorban en su apresuramiento (ver Isa. 46: 10, 11; 55:
10, 11).

17.

Abraham se postró sobre su rostro.

El hecho de que Abrahán cayera una vez más sobre su rostro indica que se había
levantado desde que se postró al comienzo de esta revelación (vers. 3).

Y se rió.

Los comentadores difieren en su opinión en cuanto a si la risa de Abrahán fue
una expresión de gozo o de duda. Aunque sería más agradable concordar con los
que defienden la primera posición, debido a Rom. 4: 19, 20 el contexto parece
favorecer la segunda. La declaración de Pablo en Romanos se aplicaría pues al
estado mental de Abrahán después de que se convenció de la realidad de la
promesa. Las preguntas hechas por Abrahán, probablemente en su corazón más
bien que audiblemente, "¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de
noventa años, ha de concebir?", no dejan la impresión de haber sido formuladas
con gozo. Parecen expresar dudas. Quizá la risa de Abrahán también reflejó su
perplejidad al encontrar que la promesa divina acerca de Sara ignoraba sus
planes para Ismael (ver Gén. 17: 18). Aquellos que no quieren pensar en que
hubiera habido duda en el corazón de Abrahán, el gran héroe de la fe, debieran

Considerar los acontecimientos registrados en los caps. 12: 11-13 y 16: 2-4.
Nótese también la risa de Sara en el cap. 18: 12-15 que muestra que ella
todavía dudaba aún después de que Abrahán había creído (cap. 21: 6, 9; también
ver com. de cap. 17: 19).

18.

Ojalá Ismael viva delante de ti.

Este ruego sugiere que siempre a partir del nacimiento de Ismael, Abrahán se
había aferrado tenazmente a la esperanza de que este hijo podría ser el
heredero prometido. No viendo la posibilidad de que Sara le diera un hijo
debido a su edad avanzada, Abrahán intercedió en favor de Ismael. Abrahán
estaba contento de aceptar al hijo de su propio plan, aun en lugar de aquel que
naciera de Sara. Además esto le ahorraría la turbación de renunciar
públicamente a su plan para Ismael como heredero suyo (PP 142, 143).

19.

Llamarás su nombre Isaac.

"Ciertamente" -incuestionablemente- Sara llegaría a ser madre; no había razón
para dudar. El nombre que Dios eligió para el hijo prometido de Sara, Isaac,
significa "él ríe". Esto puede ser una referencia a la risa de Abrahán, el
recordativo perdurable de un débil momento de duda. Sin embargo, más
probablemente refleja el gozo que experimentaría Abrahán con el nacimiento del
hijo de la promesa. Podría reírse ahora debido a la duda, pero entonces se
regocijaría ciertamente cuando la fe se encontrara con la realidad (ver Gén.
21: 6, 7; Isa. 54: 1; Gál. 4: 27). Los nombres tanto de Isaac como de Ismael
fueron elegidos antes de su nacimiento, y los nombres de Abram y Sarai fueron
cambiados debido a que les esperaba una nueva experiencia.

20.

En cuanto a Ismael.

Dios volvió a asegurar a Abrahán que las promesas especiales hechas a Isaac no
interferirían con las hechas a la madre de Ismael en el pozo del desierto (cap.
16:10). Los nombres de los doce hijos de Ismael son dados en el cap. 25:
12-16. A semejanza de los doce hijos de Jacob, cada uno de ellos llegó a ser
el padre de una tribu (ver com. de cap. 25: 13-16).

21.

Con Isaac.

Repitiendo la declaración del vers. 19, Dios aseguró a Abrahán que Isaac y no
Ismael iba a ser el hijo del pacto. Al paso que Ismael, en un sentido general,
compartiría las bendiciones prometidas a Abrahán, la descendencia de Isaac
llegaría a ser lo suficientemente numerosa como para 337 poseer la tierra de
Canaán. Específicamente, el pacto con todas sus bendiciones materiales y
espirituales, era para el hijo de Sara, Isaac, y su posteridad. La historia
posterior de los dos hijos justifica plenamente la elección de Dios del uno y
el rechazo del otro. Aunque Agar había llegado a creer en el Dios verdadero,
la influencia de su educación primera en Egipto resultó decisiva en la vida de
Ismael y en los hijos de éste, pues sus descendientes se hicieron paganos.

Por este tiempo.

Se añade ahora un límite de tiempo a la promesa de un hijo. No podía haber más
lugar para la incertidumbre. Después de esperar casi 25 años desde la primera
promesa, y habiendo mostrado fe y duda en lo pasado, Abrahán supo que el tiempo
de espera había de terminar pronto.

22.

Subió Dios.

Esta declaración indica que la revelación de Dios había sido visible. No
tenemos idea de la forma en que Abrahán vio a Dios.

23.

Tomó Abraham a Ismael.

Obedeciendo a Dios, Abrahán circuncidó a todos los varones de su gran familia,
incluso a Ismael.

Debido a que Ismael tenía 13 años cuando fue circuncidado (vers. 25), los
árabes hasta el día de hoy postergan este rito mucho más que los judíos,
generalmente hasta llegar a una edad comprendida entre los 5 y los 13 años, y
con frecuencia no antes del decimotercer año.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-16 PP 132

1 PP 132, 387

1, 2 SR 146

4 PP 132

5 PP 132

7 PP 387; SR 78, 146

10 PP 132, 378; SR 148

10, 11 SR 146

16 PP 132, 142

18 SR 78

18-20 PP 142

19 SR 78

CAPÍTULO 18

1 Abraham hospeda a tres ángeles. 9 Sara es reprochada por reírse de la
promesa. 17 Se revela a Abraham la destrucción de Sodoma. 23 Abraham intercede
por sus habitantes.

1 DESPUÉS le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la
puerta de su tienda en el calor del día.

2 Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y
cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se
postró en tierra,

3 y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases
de tu siervo.

4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos
debajo de un árbol,

5 y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis;
pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así
como has dicho.

6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres
medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.

7 Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al
criado , y éste se dio prisa a prepararlo.

8 Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso
delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron.

9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.

10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí
que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda,
que estaba detrás de él.

11 Y Abraham y Sara eran viejos, de edad 338 avanzada; y a Sara le había cesado
ya la costumbre de las mujeres.

12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré
deleite, siendo también mi señor ya viejo?

13 Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será
cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?

14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y
según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.

15 Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No
es así, sino que te has reído.

16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba
con ellos acompañándolos.

17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,

18 habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser
benditas en él todas las naciones de la tierra?

19 Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden
el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová
sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se
aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,

21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha
venido hasta mí; y si no, lo sabré.

22 Y, se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham
estaba aún delante de Jehová.

23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?

24 Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no
perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?

25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea
el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra,
¿no ha de hacer lo que es justo?

26 Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de
la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.

27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi
Señor, aunque soy polvo y ceniza.

28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco
toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.

29 Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió:
No lo haré por amor a los cuarenta.

30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí
treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.

31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se
hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.

32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez:
quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.

33 Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su
lugar.

1.

Le apareció Jehová.

Esto debe haber ocurrido sólo un corto tiempo después del suceso registrado en
el cap. 17, pues ambos acontecimientos tuvieron lugar aproximadamente un año
antes del nacimiento de Isaac (ver caps. 17: 21; 18: 10, 14). Para una
explicación del "encinar de Mamre", cerca de Hebrón, ver com. de cap. 13: 18.

A través de la narración del capítulo 18, adviértase que al paso que Moisés
siempre se refiere al visitante divino de Abrahán como "Jehová", Abrahán
siempre se dirige a él como "Señor", 'Adonai (ver com. del vers. 3).

El calor del día.

Esta expresión probablemente se refiere al mediodía (1 Sam. 11: 11), y el "aire
del día" (Gén. 3: 8), al atardecer. El término común hebreo para el mediodía
es tsohoráyim (cap. 43: 16), una forma dual que significa literalmente el
tiempo del "doble", esto es de la luz "máxima". Una expresión poética se
refiere al mediodía como literalmente "el día ... perfecto" (Prov. 4: 18),
porque entonces el sol ha alcanzado el cenit. Hablamos de "pleno mediodía".
En esta ocasión, quizá Abrahán había almorzado y estaba descansando pues cuando
llegaron sus visitantes 339 fue necesario que comenzaran los preparativos para
su hospedaje.

2.

Tres varones que estaban junto a él.

Así comienza el relato de la sexta aparición del Señor a Abrahán (ver com. de
cap. 17: 1). Algunos expositores han pensado que los tres "varones" fueron las
tres personas de la Deidad. Esto parece injustificable puesto que se alude a
dos de los tres como a ángeles (Gén. 19: 1, 15; Heb. 13: 2) y como a hombres
(Gén. 19: 10, 12, 16). Por lo tanto, lo más adecuado es ver en los tres
"varones" al Señor y a dos ángeles.

Cuando los vio.

Abrahán no se había dado cuenta todavía de la identidad de ellos. Tan sólo vio
a tres forasteros cansados de viajar que buscaban reposo y alimento. Corrió a
su encuentro con verdadera cortesía oriental para ofrecerles las comodidades de
su casa, inclinándose ante ellos en armonía con la costumbre del Oriente. Esta
forma de saludar de ninguna manera indica que Abrahán reconoció a Jehová como
uno de los tres. Hizo lo mismo en la presencia de sus vecinos heteos (cap. 23:
7, 12). De la misma forma, Jacob se inclinó ante Esaú (cap. 33: 3), José ante
su padre (cap. 48: 12), Salomón ante su madre (1 Rey. 2: 19), y los hijos de
los profetas delante de Eliseo (2 Rey. 2: 15).

3.

Señor.

El hecho de que Abrahán dirigiera su invitación a uno de los forasteros ha sido
tomado por algunos expositores como una indicación de que ya había reconocido a
Jehová como uno de ellos. Es probable que uno de los tres aventajara a los
otros en apariencia o que uno se hubiera adelantado como portavoz del grupo, lo
cual explicaría por qué Abrahán se dirigió a él. Además, debe notarse que la
palabra hebrea aquí traducida "Señor" no es el nombre sagrado Yahvéh sino
'adonai, equivalente a "señor", una forma respetuosa de saludo.

Si ahora he hallado gracia.

Se usaba con frecuencia esta expresión para hablar a alguien de categoría
superior, o a alguien que se deseaba honrar particularmente. Esto no implica
que Abrahán hubiera reconocido que uno de los hombres era Dios. Labán se
dirigió así a Jacob (cap. 30: 27), Jacob a Esaú (caps. 32 : 5; 33: 8, 10, 15),
Siquem a Jacob (cap. 34:11), los egipcios a José (cap. 47: 25), y Jacob a José
(cap. 47: 29). Muchos otros ejemplos muestran que ésta era una fórmula usual.

No pases.

Con típico encanto y hospitalidad orientales, Abrahán invitó a los forasteros a
quedar el tiempo suficiente para recuperar sus fuerzas. Indudablemente Abrahán
fue uno de esos que, "sin saberlo, hospedaron ángeles" (Heb. 13: 2). Este caso
muestra que Abrahán habitualmente era hospitalario con los forasteros. Aunque
esas personas al principio le eran enteramente desconocidas, su saludo fue tan
respetuoso como si un mensajero hubiera llegado de antemano para anunciarle la
identidad de ellos y su intención de visitarlo. Los que están dispuestos a
mostrar bondad hacia los extraños y viajeros, inesperadamente pueden ser
favorecidos con la presencia de huéspedes que tienen potestad para impartir
bendiciones especiales (Luc. 24:29).

4.

Lavad vuestros pies.

La primera mención que hizo Abrahán de agua para lavar los pies de los cansados
viajeros es un factor necesario en la hospitalidad en algunos países orientales
hasta el día de hoy. Mientras descansaban debajo de un árbol, les preparó una
comida. Después de eso, podían partir en paz y continuar su viaje.

6.

Fue de prisa.

Como un jeque beduino de la actualidad, Abrahán ordenó a su esposa que tomara
tres "medidas", se'im (casi 20 litros) de flor de harina y que las cociera. La
cocción se hizo sobre piedras calientes. La "mantequilla" era leche cuajada,
considerada como un manjar en muchos países orientales aún hoy. El menú
presentado en este y los dos versículos siguientes constituyó una comida
generosa y satisfaciente. Abrahán les dio lo mejor que tenía.

8.

Comieron.

Los visitantes celestiales de Abrahán realmente comieron el alimento que se les
había preparado, así como Cristo lo hizo posteriormente, después de haber
resucitado y estando ya glorificado, para probar la realidad de su resurrección
(Luc. 24: 21-43). La aceptación, por parte de Cristo y los ángeles, de la
hospitalidad de Abrahán, quizá fue para probarle a éste que la visita de ellos
a su tienda de Mamre no había sido un sueño o una visión sino una experiencia
material.

9.

¿Dónde está Sara?

Abrahán estuvo con ellos y los atendió mientras comían (vers. 8). Habiendo
comido, preguntaron por Sara. Una pregunta tal estaba absolutamente en contra
de la cortesía oriental; los extranjeros no debían saber el nombre de una
esposa ni usarlo. Su conocimiento del nombre de ella 340 probablemente le
sugirió a Abrahán que sus huéspedes eran más que hombres y su pregunta
implicaba que su visita tenía que ver con Sara. La conversación siguiente
aclaró su identidad y, gracias a la promesa que fue repetida entonces, Abrahán
reconoció con certeza a Aquel que se le había aparecido cinco veces antes.
Esta fue la primera ocasión en la cual Sara personalmente fue testigo de una de
las manifestaciones divinas concedidas a su esposo. Abrahán ya sabía y creía
(Rom. 4: 19, 20). Por estos hechos y por lo registrado en Gén. 18: 9-15,
parece que esta visita tenía el propósito de preparar a Sara para la vicisitud
suprema de su vida: el nacimiento de su primero y único hijo.

10.

El tiempo de la vida.

Esto puede indicar un año, como está implicado en Rom. 9: 9 y así se traduce en
la LXX o quizá se refiera al período normal del embarazo, nueve meses. En
cualquiera de los casos, Sara iba a dar a luz a un niño por ese tiempo.

Sara escuchaba.

Sara estaba detrás de las cortinas de la tienda, tal como ha sido la costumbre
de las mujeres árabes desde los tiempos antiguos. Se les prohibía tratar
libremente con hombres aun siendo huéspedes, especialmente si eran forasteros.
Pero a pesar de eso, cuando se interesan mucho en la conversación, ahora como
entonces las mujeres beduinas por regla general se encuentran cerca de la
abertura de la tienda, aunque sin ser vistas. Si bien ellas mismas no pueden
ser vistas, generalmente oyen cada palabra dicha por los visitantes y los
observan de cerca. La mención de su nombre debe haber sorprendido tanto a Sara
como a Abrahán. Con qué intensa fascinación y embelesada atención debe haber
escuchado el anuncio de que iba a tener un hijo.

11.

Abraham y Sara eran viejos.

Al igual que Abrahán en las revelaciones previas, Sara no podría creer ahora
que la promesa formulada jamás pudiera convertirse en realidad. Había oído su
reiteración durante 25 años, pero para ella los días se habían prolongado más
allá de toda posibilidad de cumplimiento, y una tras otra cada una de las
visiones de Abrahán aparentemente habían fracasado. Como resultado de la
revelación previa (cap. 17), la duda de Abrahán se había convertido en fe, y en
esta ocasión no hay ninguna evidencia de duda de su parte, según lo señala
Pablo categóricamente (Rom. 4: 19, 20).

12.

Se rió, pues, Sara.

En ocasión de las revelaciones divinas previas, Abrahán se había reído (ver
com. de cap. 17: 17). Ahora se rió Sara, probablemente expresando amargura por
su suerte e incredulidad de que las circunstancias cambiaran alguna vez.
Mediante una risa medio sarcástica y medio anhelante, dio expresión al
pensamiento: "¡Esto es demasiado bueno para ser verdad!" (Ver Eze. 12: 22-28).

Mi señor.

En contraste con las faltas resaltantes de Sara, es digna de elogio su
respetuosa sumisión ante Abrahán. Aun hablando consigo misma, se refirió a él
como "mi señor", por lo cual la alaba el NT como un ejemplo de virtud cristiana
en las esposas (1 Ped. 3: 6).

14.

¿Hay para Dios alguna cosa difícil?

El velo del anonimato fue entonces totalmente puesto a un lado, y el que
hablaba se identificó indubitablemente como el Señor. Es interesante notar que
aunque esta aparición divina quizá tenía más aplicación para el beneficio de
Sara que para el de Abrahán, puesto que él ya conocía y creía, el Señor no se
dirigió directamente a Sara antes de que ella le hubiera hablado primero. En
vez de hablar a Sara, le preguntó a Abrahán si había alguna cosa demasiado
difícil para el Señor. Dios habló así principalmente para corregirla
incredulidad de Sara y para fortalecer su fe. Donde fallan la sabiduría y la
fuerza humanas y donde la naturaleza, debilitada, no tiene capacidad para
actuar, allí Dios todavía tiene amplias posibilidades y hace que las cosas
sucedan de acuerdo con los consejos de su propia voluntad divina. En realidad,
con frecuencia permite que las circunstancias lleguen a una dificultad
insuperable de modo que resalte la impotencia humana en marcado contraste con
la omnipotencia divina.

15.

Sara negó.

La negativa de Sara muestra que su risa y observaciones del vers. 12 apenas
fueron audibles, y ni siquiera podía pensar que hubieran sido oídas. Entonces
ella habló directamente a los forasteros, ya fuera quedando detrás de las
cortinas de la tienda o saliendo al aire libre. Fue inducida a negar, temerosa
de ofender a los huéspedes y de que se conocieran sus sentimientos secretos.
Al darse cuenta de que había sido descubierta, se produjo un momento de
confusión del cual procuró escapar por la vía de la falsedad.

Te has reído.

En una manera directa que 341 recuerda la forma en que se había dirigido a los
primeros culpables en el Edén, Dios solemne e inequívocamente declaró que la
negativa de ella era falsa. El silencio siguiente de Sara es una evidencia de
que reconoció su falta, al paso que el haber concebido más tarde a Isaac
implica arrepentimiento y perdón.

16.

Los varones se levantaron.

Habiendo descansado y recobrado las fuerzas, los tres visitantes celestiales
estuvieron listos para continuar su viaje. Ahora se menciona por primera vez
su destino. Si Sodoma y sus ciudades hermanas estuvieron en el valle que ahora
forma la parte meridional del mar Muerto (ver com. de cap. 14: 3), quedaban a
unos 40 km. de Hebrón: un buen día de viaje. Puesto que los huéspedes de
Abrahán habían llegado al mediodía y sin duda pasaron varias horas con él, su
partida posiblemente se efectuó ya bien avanzada la tarde.

Abraham iba con ellos.

De acuerdo con una antigua costumbre de amistad continuada a través de los
tiempos del NT (Rom. 15: 24; 1 Cor. 16: 11; Hech. 20: 38; 3 Juan 6), Abrahán
acompañó a sus huéspedes durante una corta distancia. Cuando se van los
huéspedes, todavía se acostumbra en los países orientales acompañarlos en su
camino, y la distancia que se recorre indica el grado de respeto y honra que el
anfitrión desea mostrarles. Una antigua tradición afirma que Abrahán fue hasta
Cafar-Barucha, un lugar montañoso aproximadamente a unos 7 u 8 km. yendo al
este noreste de Hebrón, desde donde se puede ver el mar Muerto. Quizá desde
este punto Abrahán y sus huéspedes contemplaron las prósperas ciudades de la
llanura.

17.

¿Encubriré yo a Abraham?

Abrahán es llamado en las Escrituras el amigo de Dios (2 Crón. 20: 7; Isa. 41:
8). Puesto que estaba tan encumbrado en el favor divino y en su comunión con
Dios, el Altísimo consideró conveniente darle un conocimiento más íntimo de las
obras y procedimientos del Eterno. De la misma manera ha confiado mensajes a
los profetas. Acerca de éstos Dios dice que comparte su consejo, o "secreto",
con ellos (Jer. 23: 18-22; Amós 3: 7). El Señor habla así especialmente cuando
se refiere a episodios de castigo que han de caer sobre la tierra.

18.

Una nación grande y fuerte.

Refiriéndose a la primera promesa que le hubiera hecho a Abrahán (cap. 12: 2),
Dios explicapor qué es adecuado y propio informarle en cuanto al juicio que
estaba por caer sobre las ciudades de la llanura. Teóricamente, por lo menos,
toda la tierra pertenecía a Abrahán. Si Dios, participante principal del pacto,
tenía el propósito de proceder, afectando a una parte de ella, Abrahán, como
socio menor que había demostrado ser digno de confianza, debía ser informado.
En realidad era esencial que Abrahán comprendiera y aprobara lo que iba a
suceder, puesto que estaban implicados Lot y su familia, algunos de cuyos
miembros, como resultado, pronto perderían la vida.

19.

Yo sé.

Podía confiarse en Abrahán. No traicionaría a Dios. ¡Feliz elogio para el
anciano patriarca! El leal desempeño de su tarea divinamente señalada requería
que compartiera el conocimiento de los propósitos de Dios. La posteridad de
Abrahán también debía comprender, a fin de que no compartiera el destino de
Sodoma y Gomorra. Iba a ser el deber de Abrahán transmitir a las generaciones
futuras lo que sabía de los procedimientos de Dios con la raza humana. La ley
moral y ceremonial de Dios también eran parte de la herencia sagrada que había
de transmitir a las generaciones venideras. No sólo oró Abrahán con su familia
y delante de ella, sino que intercedió por ella como sacerdote, práctica
seguida por otros patriarcas y santos hombres de la antigüedad (ver Job 1: 5).
Como profeta, instruía a su familia tanto en la teoría como en el ejercicio de
la religión, poniendo énfasis en las virtudes prácticas. Enseñaba a su familia
no sólo a conocer estas cosas sino también a hacerlas. Siendo esposo, padre y
supervisor benévolo, daba una dirección positiva a la vida social y religiosa
de su numerosa familia.

Dios podía confiar en Abrahán porque él "mandaría" a su familia, no mediante
métodos dictatoriales, sino por un precepto claro y un ejemplo consecuente. En
la educación de los hijos, cada palabra, mirada y acto tienen su efecto. En
muchos hogares se enseña muy poco por la instrucción o el ejemplo. Los padres
son responsables por la sagrada misión de educar a sus hijos y, por lo tanto,
debieran combinar la firmeza con el amor como lo hizo Abrahán. Esta tarea de
educar a los hijos de la debida manera no puede ser delegada a otro, instructor
o maestro, sin que haya el peligro de una grave pérdida. No debe esperarse que
342 la influencia de maestros piadosos tome el lugar de la educación del hogar,
sino más bien que la complemente. Cada una tiene su lugar, y es incompleta sin
la ayuda de la otra, que debe servir para reforzarla.

20.

El clamor contra Sodoma y Gomorra.

Esto se refiere a la enorme impiedad que prevalecía en las ciudades de la
llanura (cap. 13: 13). Se había llegado al límite de la paciencia y tolerancia
de Dios. Aunque la conducta de los habitantes de la llanura por mucho tiempo
había sido mala, Dios les dio un período de gracia durante el cual él no había
quedado sin testigos. La piadosa vida de Lot les daba un ejemplo de cómo deban
vivir, pero esto no había ejercido influencia sobre ellos (2 Ped. 2: 7, 8). Su
trato previo con Abrahán los había puesto en contacto con el Dios verdadero
(Gén. 14: 22). Pero todo fue en vano. Su impiedad era muy grave -literalmente
"muy pesada"- y demandaba el castigo del cielo. El mundo de nuestros días casi
ha llegado a la misma profundidad de mal (Luc. 17: 28-32; 2JT 63).

21.

Descenderé ahora y veré.

Esto no significa que Dios no estuviera completamente informado de lo que
sucedía en Sodoma (cap. 13: 13). Como en el caso de la edificación de la torre
de Babel (cap. 11: 5), Dios tuvo en cuenta el concepto humano de la justicia
divina haciendo que Abrahán viera con claridad que la decisión de destruir a
Sodoma no era arbitraria, sino que estaba basada en la necesidad. Por lo
tanto, no existe discrepancia entre el anuncio de Dios de su intento de
investigar personalmente lo que sucedía en Sodoma, y la seguridad del juicio
que ya estaba implicado en el vers. 17.

22.

Abraham estaba aún.

Dos de los visitantes celestiales de Abrahán lo dejaron y descendieron a la
llanura (cap. 19: 1). Sin embargo, el Señor quedó para conversar algo más con
Abrahán.

23.

Se acercó Abraham.

Esta expresión parece indicar más que un mero acercamiento físico al Señor. La
palabra hebrea traducida "acercó" a veces se usa para indicar el anhelo de la
mente y del corazón de ir hacia Dios en contrición y adoración (Exo. 30: 20;
Isa. 29: 13; Jer. 30: 21). El mismo pensamiento también se expresa en el NT
(Heb. 4: 16; 10: 22; Sant. 4: 8).

¿Destruirás también?

Esta preocupación personal por sus prójimos es uno de los rasgos sublimes del
carácter de Abrahán. Su intercesión en favor de ellos es una de varias
situaciones similares registradas en las Escrituras (Exo. 32: 11- 32; Job 42:
10; Eze. 14: 14; Dan. 9: 3-19; Luc. 23: 34; Hech. 7: 60). Abrahán no sólo
quedó preocupado por la suerte de Lot, sino que también experimentó un profundo
sentimiento de compasión hacia los habitantes de Sodoma, con muchos de los
cuales había tenido un trato personal en ocasión del rescate de ellos de manos
de los reyes de la Mesopotamia. Abrahán debe haber tenido razón al creer que
algunos de los habitantes de la llanura habían sido favorablemente influidos
por su ministerio anterior en favor de ellos. Aunque obviamente Lot no es
olvidado, su nombre nunca se menciona. La compasión de Abrahán probablemente se
elevaba e intensificaba al recordar su propia necesidad de la gracia
perdonadora en ocasiones previas.

Esta pregunta presupone que Dios, de acuerdo con la resolución registrada en
Gén. 18: 17, le había explicado al patriarca su intención de destruir las
ciudades de la llanura. El propósito de Abrahán no era simplemente la
preservación de cualquier piadoso remanente que podría encontrarse dentro de
las ciudades condenadas, sino que se extendiera un período de gracia para toda
la población. Sin embargo, comprendiendo que era un hecho decidido que las
ricas aunque impías ciudades habrían de ser destruidas, Abrahán procedió con
humildad osada preguntando si el Señor había tenido en cuenta la suerte de los
justos en la destrucción general de los impíos. Aquí Abrahán recurrió a la
bondadosa misericordia de Dios.

25.

El Juez de toda la tierra.

Sólo Dios es el Juez de todos los hombres. Dirigiéndose con tales palabras a
Dios, Abrahán mostró que reconocía como Ser Supremo a Aquel ante quien estaba.
Ahora recurrió, no a la gracia y al perdón de Dios, sino a su absoluta equidad
justiciera. Este principio había sido demostrado por Dios al extender por otros
400 años el tiempo de gracia a los amorreos. Su iniquidad no había llegado "a
su colmo" (cap. 15: 16). Cuando Dios consintió en perdonar a Sodoma si tan
sólo podían encontrarse diez justos dentro de sus puertas, siguió el mismo
principio.

26.

Perdonaré.

Dios aceptó la condición propuesta por Abrahán no como un acto de 343 justicia
sino de misericordia. La justicia requería la preservación de los justos, pero
sólo la misericordia podía librar a los impíos. Probablemente también la
presencia de un grupo de 50 personas justas daría esperanza de la conversión de
otros. Dios aceptó los razonamientos de Abrahán y mostró estar dispuesto a
conceder misericordia a quienes no la merecían si tan sólo había un grupo de
"cincuenta justos".

27.

Polvo y ceniza.

En esta expresión,'afar wa'efer, Abrahán usa dos palabras hebreas similares en
el sonido y parecidas en su significado. Ellas revelan la profunda humildad de
alma que sentía en la presencia de Dios. Comprendía demasiado bien su humilde
origen como humano y el hecho de que estaba destinado a volver a la sustancia
de la que había sido tomado (cap. 3: 7, 19).

28.

Quizá.

El patriarca presentó su caso con hábil tacto oriental. Su primer cálculo
hipotético del número de sodomitas piadosos fue, a propósito, lo
suficientemente alto como para provocar una respuesta favorable. Sin embargo,
comprendiendo que ese número probablemente era demasiado alto, otra vez mostró
extraordinaria diplomacia. En vez de pedir la salvación de la ciudad sobre la
base de 45 personas justas, rechazó el pensamiento de que podría ser destruida
por una diferencia de 5. Animado por las continuas respuestas bondadosas de
Dios, gradualmente se hizo más audaz disminuyendo el número de personas justas
que, en su opinión, serían suficientes para salvar la ciudad.

Abrahán no pidió el perdón incondicional de la ciudad, sino sólo su
preservación bajo ciertas condiciones. Sería apresurado especular en cuanto a
lo que habría sucedido si hubiese continuado y hubiera reducido el número a
menos de 10. Quizá Abrahán pensó que era seguro dejar el número así. Además,
¿acaso no estaban Lot, su esposa y dos hijas en casa, y no se podía contar
también con las hijas casadas de Lot y sus familias (cap. 19: 14, 15)?
Comenzando con un número que le pareció propicio para conseguir una respuesta
favorable, es probable que Abrahán originalmente hubiera tenido el propósito de
disminuirlo mientras hubiera habido esperanza de conseguir una respuesta tal.
Y la misericordia divina aceptó la intercesión de Abrahán sin vacilaciones.

33.

Abraham volvió.

Todo el que realmente ama a Dios amará también a su prójimo y si es necesario
se sacrificará para fomentar el bienestar ajeno. No podemos impedir que los
hombres pequen contra Dios, pero podemos interceder por ellos y suplicar con
ellos. A Dios le agrada una intercesión tal porque refleja su propio gran
corazón de amor. ¡Cuánto consigue con frecuencia la vigorosa oración de un
justo! Cuando Abrahán se acercó a Dios con amor y fe, intercediendo
humildemente por los pecadores, Dios se le acercó en misericordia concediendo
bondadosamente cada pedido. Esto mismo aguarda hoy a los que siguen en las
pisadas del padre de los fieles.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-33 PP 133-140

1-7 MeM 198

1-8 2JT 568; PP 133

2, 8 CS 689

17 PP 134

18 PR 273

19 COES 54; Ed 182; FE 286; HAd 163,286; HAp 108; 1JT 28, 77; 2JT 69,
133, 197, 202; 3JT 117, 149, 191, 430; MC 303; MeM 127; PP 136, 138, 140, 62l;
1T 405; 5T 547; 7T 196; 8T 189; Te 257; TM 348

20 Ev 23; PP 134

21, 25, 27 PP 134

32 2JT 321

CAPÍTULO 19

1 Lot hospeda a dos ángeles. 4 Ceguera de los impíos sodomitas. 12 Lot es
enviado a las montañas para su protección, 18 En cambio pide autorización para
ir a Zoar. 24 Destrucción de Sodoma y Gamorra. 26 La esposa de Lot se convierte
en estatua de sal. 30 Lot mora en una caverna. 31 Origen incestuoso de Moab y
Amón.

1 LLEGARON, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba
sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se
inclinó hacia el suelo,

2 y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que 344 vengáis a casa de vuestro
siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os
levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la
calle nos quedaremos esta noche.

3 Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les
hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron.

4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los
varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo.

5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti
esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.

6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí,

7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.

8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré
fuera, y haced de ellas como bien os pareciera; solamente que a estos varones
no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.

9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar
entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en Juez? Ahora te haremos más mal que a
ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la
puerta.

10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos,
y cerraron la puerta.

11 Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera
desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.

12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y
tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar;

13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha
subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para
destruirlo.

14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas,
y les dijo: Levantados, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta
ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.

15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma
tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el
castigo de la ciudad.

16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer
y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y
lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.

17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires
tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.

18 Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos.

19 He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis
engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas
yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera.

20 He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña;
dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida.

21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no
destruiré la ciudad de que has hablado.

22 Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado
allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar.

23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.

24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de
parte de Jehová desde los cielos;

25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de
aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.

26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua
de sal.

27Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová.

28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura
miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.

29 Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de
Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las
ciudades donde Lot estaba.

30 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque
tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas.

31 Entonces la mayor dijo a la menor: 345 Nuestro padre es viejo, y no queda
varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la
tierra.

32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos
de nuestro padre descendencia.

33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió
con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.

34 El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche
pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme
con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia.

35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la
menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo
se levantó.

36 Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre.

37 Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de
los moabitas hasta hoy.

38 La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Benjamín, el cual es
padre de los amonitas hasta hoy.

l.

Los dos ángeles.

La presencia del artículo definido "los" -que corresponde literalmente con el
hebreo- indica que eran los mismos dos que habían visitado a Abrahán más
temprano aquella tarde (ver cap. 18: 22). Aunque no se declara que la llegada
de ellos a Sodoma ocurriera el mismo día en que se separaron de Abrahán, eso
queda implicado aquí en el vers. 27. La distancia de Hebrón a Sodoma era por
lo menos de 40 km., pasaba por territorio montañoso y el viaje llevaría un
mínimo de 7 u 8 horas. Puesto que los ángeles dejaron a Abrahán bien avanzada
la tarde, con los métodos comunes de viaje no pudieron haber llegado a Sodoma
antes de la caída de la noche.

Lot estaba sentado a la puerta.

Lot, que primero fue poniendo sus tiendas hacia Sodoma (cap. 13: 12), en el
tiempo transcurrido había construido para sí una casa dentro de sus murallas.
En las antiguas ciudades orientales la vida pública se centralizaba en las
puertas de las ciudades. Allí había mercado (2 Rey. 7: 1; Neh. 13: 19) y los
tribunales estaban allí (Deut. 21: 19; 22: 15; 25: 7; Jos. 20: 4; Rut 4: 1;
etc.). David estuvo a la puerta para mostrarse al pueblo (2 Sam. 19: 8); allí
se ventilaban los sucesos del día (Sal. 69: 12; Prov. 31: 31) y se hacían
anuncios públicos (Prov. 1: 21; 8: 3). No se dice por qué estaba Lot sentado a
la puerta. Es seguro que se hallaba a la expectativa de viajeros a quienes
prodigar hospitalidad y a quienes pudiera proteger de los sodomitas. La
explicación de que había sido promovido al cargo y dignidad de juez, aunque no
es una inferencia necesaria de Gén. 19: 9, no es improbable especialmente en
vista de su relación con Abrahán, quien una vez había salvado a toda la ciudad
de la esclavitud.

Viéndolos Lot, se levantó.

Reconociendo que los hombres eran forasteros, Lot, a semejanza de su tío
Abrahán, inmediatamente les ofreció hospitalidad en su propia casa. No
solamente los saludó como Abrahán lo había hecho, sino que su ofrecimiento fue
expresado en palabras similares a las de su tío (cap. 18: 2-5).

2.

En la calle nos quedaremos.

Los ángeles habían aceptado inmediatamente el ofrecimiento de Abrahán, pero
parecían no dispuestos a aceptar el de Lot. Estaban poniendo a prueba la
sinceridad de Lot, para comprobar si su invitación era una forma vacía o el
deseo ferviente de su corazón. Antiguos registros revelan que los viajeros con
frecuencia pasaban noches al aire libre (cap. 28: 11). Si no hubiera sido por
la condición moral de los hombres de Sodoma, probablemente no habría resultado
penoso para ellos que así lo hicieran, puesto que las ciudades de la llanura
estaban en un clima semitropical. La consideración de Lot hacia otros demostró
ser el medio de su propia salvación. Manifestó un espíritu que contrastaba
muchísimo con el de los hombres de Sodoma (ver Mat. 25: 34-40).

3.

Porfíó con ellos.

Sabiendo que Lot era un hombre justo pero no estando dispuestos a revelar en
ese momento su identidad, los ángeles consintieron en recibir albergue bajo su
techo hospitalario. Muchos siglos más tarde también Cristo ocultó su identidad
en el camino a Emaús, pero accedió finalmente a las instancias de los dos
discípulos (Luc. 24: 28 30).

4.

Todo el pueblo.

Esta frase probablemente 346 significa una gran cantidad de hombres,
generalmente representantes de todos los grupos sociales (PP 155).

5.

¿Dónde están los varones?

Entonces la impiedad de los hombres de Sodoma quedó claramente demostrada por
su proceder (ver caps. 13: 13; 18: 21). Se había propagado rápidamente la
noticia de la llegada de los dos forasteros. Los hombres de la ciudad se
arremolinaron en torno de la casa de Lot, pretendiendo violar el derecho
oriental de hospitalidad a fin de satisfacer sus concupiscencias antinaturales.
En cuanto al significado de "conozcamos", ver cap. 4: 1. El término aquí se usa
para referirse a la abominable práctica inmoral que Pablo describe en Rom. 1:
27 conocida como sodomía. De acuerdo con la evidencia arqueológica, este pecado
castigable con la muerte bajo la ley de Moisés (Lev. 18: 22, 29), prevalecía
entre los cananeos. El énfasis de Moisés de que tanto viejos como jóvenes
estaban a la puerta de la casa de Lot muestra claramente cuán justificado
estaba Dios al destruir esas ciudades (ver Gén. 6: 5, 11).

7.

No hagáis tal maldad.

Lot salió de la casa cerrando cuidadosamente la puerta tras sí para impedir que
entrara la turba, y procuró fervientemente disuadir a sus conciudadanos de su
mal propósito.

8.

Tengo dos hijas.

Viendo que no había palabras que pudieran cambiar su propósito, hizo una
propuesta extrema para salvar a sus visitantes de la deshonra. Su creencia en
el solemne deber de la hospitalidad, tan excelsamente considerado entre las
naciones orientales, explica, aunque no justifica, su decisión. Al tomar a un
forastero bajo su protección y cuidado, estaba obligado a defenderlo aun a
costa de su propia vida. Así está considerado todavía en algunos países del
Cercano Oriente el deber de la hospitalidad. La conducta de Lot en esta ocasión
quizá sólo podría estar justificada, o al menos excusada, teniendo en cuenta la
mentalidad oriental respecto a la obligación de un anfitrión hacia sus
huéspedes. La pureza de sus dos hijas en una ciudad como Sodoma es una
evidencia del gran cuidado con que Lot las había criado, y prueba que la oferta
no fue hecha a la ligera. La preocupación natural de los orientales de
proteger a sus familiares o parientes del sexo femenino quedó demostrada en una
ocasión por los hijos de Jacob (cap. 34). El hecho de que hiciera una
propuesta tan temeraria prueba que Lot había agotado todo medio concebible para
evitar el mal, y estaba fuera de sí. Conocía muy bien la maldad de sus
conciudadanos (2 Ped. 2: 7, 8).

9.

¿Habrá de erigirse en juez?

El intento de Lot de frustrar el mal propósito de ellos sirvió tan sólo para
enfurecer a los sodomitas. No toleraban que nadie les dijera lo que debían
hacer, especialmente un extranjero. Si Lot había sido nombrado juez, como se
ha sugerido (vers. 1), pensaron que ésta era la oportunidad propicia para
librarse de él. Parecería por las expresiones de ellos que, ya fuera como juez
o ciudadano particular, los había amonestado a que enmendaran sus malos
caminos. Por lo tanto, en su ira irrazonable amenazaron tratar a Lot en una
forma más terrible que el propósito que tenían para sus huéspedes, si se
atrevía a continuar oponiéndose. Tan sólo el poder represor de Dios, quizá
junto con la vacilación momentánea de ellos de echar mano de un hombre cuyo
correcto ejemplo había despertado un débil sentimiento de respeto en sus mentes
degradadas, fue lo que impidió que la turba lo despedazara en el mismo lugar.

11.

Ceguera.

Dios permitió que Lot hiciera un esfuerzo para cambiar los impíos designios de
los sodomitas a fin de que pudiera quedar impresionado con el grado de su
depravación. Cuando sus esfuerzos extremos resultaron inútiles, actuaron los
visitantes celestiales para protegerlo de daño a él, como también a ellos
mismos. La palabra hebrea aquí traducida "ceguera" sólo se usa una vez más en
el AT (2 Rey. 6: 18-20). En ambos casos significa una forma sobrenatural de
ceguera. Quizá no fue total y tal vez implicó sólo una pérdida momentánea de la
claridad de la visión que les confundió la mente. El que se fatigaron
"buscando la puerta" implica tanto confusión mental como visual. Si hubiesen
sido heridos con ceguera total en el sentido usual de la palabra, habría sido
raro que hubieran persistido en su mal propósito.

12.

¿Tienes aquí alguno más?

Para entonces Lot debe haber reconocido el carácter sobrenatural de sus
visitantes. Era tiempo de que lo informaran del propósito de su misión, y
procedieron a enterarlo, mediante el lenguaje más claro posible, de la
inminente y completa destrucción de la ciudad. Aunque los hijos casados de Lot
aparentemente se 347 habían amoldado a la vida de la gente de Sodoma, los
ángeles estuvieron dispuestos a salvarlos por causa de Lot si estaban
dispuestos a dejar la ciudad. Aunque habían participado de los pecados de
Sodoma, tan sólo su propia elección haría inevitable su destrucción junto con
ella.

14.

Salió Lot.

El hecho de que no se mencionen otra vez hijos e hijas no prueba que Lot sólo
tenía yernos, ni que esos llamados yernos eran jóvenes comprometidos con las
dos hijas que todavía vivían en su hogar. Lot creyó a los ángeles y se esforzó
fervientemente por persuadir a sus hijos de que buscaran la salvación dejando
la ciudad, pero ellos tan sólo se mofaron de la idea de que Dios la destruiría.

15.

Levántate.

Indudablemente Lot había amonestado a sus hijos durante la noche, y cuando el
sol estaba por salir los ángeles celestiales lo instaron a huir sin demora, con
su esposa y dos hijas. La frase "que se hallan aquí" implica que Lot tenía
otros que no estaban "aquí", si bien no dispuestos a irse.

16.

Deteniéndose él.

Lot y su esposa creyeron pero les resultaba difícil abandonar todas sus
posesiones. Lot se detuvo debido a una confusión y a un aturdimiento
momentáneo, indeciso en cuanto a lo que debía llevar consigo al huir. Puesto
que los ángeles no manifestaron preocupación por las posesiones de Lot, sacaron
a los cuatro por la fuerza, "según la misericordia de Jehová para con él". Tal
es la debilidad de la naturaleza humana, que aun un buen hombre puede cegarse
con el mundo al punto de no poder apartarse de él. Es como quien, estando al
aire libre durante una tormenta de nieve, al sentir una somnolencia fatal que
va subiendo por sus miembros congelados, se viera tentado a entregarse a lo que
sabe que es el sueño de la muerte. Necesita que alguien lo despierte y lo inste
a ir a un lugar seguro.

17.

Escapa por tu vida.

Aquel con quien Abrahán había intercedido el día anterior se unió entonces con
los ángeles, fuera de las murallas de la ciudad, y añadió una urgencia
imperativa a la amonestación de ellos. La necesidad de que Cristo mismo se
uniera a los ángeles en su exhortación a Lot, sugiere que él y su esposa
estaban aún vacilantes en cuanto a abandonarlo todo. ¿No podría ser pospuesta
la destrucción hasta que tuvieran la oportunidad de llevar sus posesiones? Si
se les daba tiempo, quizá podrían aún persuadir a otros para que los
acompañaran. ¿Por qué tanta premura? Pero Cristo apareció y ordenó: "Escapa
por tu vida" (PP 157; cf. caps. 18: 21, 32; 19: 22).

No mires tras ti.

Puesto que apenas había tiempo suficiente para escapar del fuego que
descendería tan pronto, no podría permitirse una demora adicional. Si se le
hubiera concedido a Lot el tiempo requerido, habría encontrado dificultades
cada vez mayores para irse con la fortuna acumulada durante toda una vida.
Hasta podría haber decidido quedarse. Su única seguridad residía en una ruptura
completa e inmediata con aquellas cosas que ataban su corazón a Sodoma. Así
sucede con nosotros hoy día.

Escapa al monte.

La llanura, que una vez había sido tan atrayente por su belleza y fertilidad,
se había convertido en el lugar más peligroso de la tierra, y debía ser
abandonada. ¡Cuán fatal había sido la decisión de Lot de morar en esa región
(cap. 13: 11)! Ahora debía encontrar refugio en los montes (ver Sal. 121: 1).
Allí, entre las rocas y hendiduras de las montañas estaría a salvo del lago de
fuego en que pronto se transformaría la bella llanura.

18.

No, yo os ruego, señores míos.

En vez de cooperar gozosamente con el plan de Dios para la preservación de su
vida, Lot abusó de la gran misericordia de Dios. Refiriéndose a la supuesta
imposibilidad de escapar a las montañas, rogó pidiendo permiso para refugiarse
en la pequeña ciudad vecina de Bela (cap. 14: 2), llamada después Zoar,
"pequeña", en este relato. Todavía no estaba Lot dispuesto a dejar la comodidad
y el lujo de la vida ciudadana a cambio de lo que a él le parecía una
existencia precaria e incierta.

22.

Zoar.

El hecho de que Lot tuviera que huir de nuevo a una cueva (vers. 30), puede ser
tomado como que significa que Zoar también fue destruida posteriormente. La
mayor parte de las autoridades en la materia dan por sentado que esa ciudad
yace bajo el mar Muerto. Si tal fuera el caso, podría estar cerca de la ciudad
llamada Zoara por Eusebio y colocada en el extremo sudeste del mar Muerto en el
siglo VI de nuestra era en el mapa mosaico de Medeba (ahora Madeba).

24.

Azufre y fuego.

El castigo anunciado por los ángeles sobrevino súbita e inesperadamente (ver
Luc. 17: 28, 29). Aunque sólo se 348 menciona aquí a Sodoma y a Gomorra, es
claro que también fueron destruidas las otras ciudades de la llanura, Adma y
Zeboim (Deut. 29: 23; Ose. 11: 8; Jud. 7). Tan sólo fue preservada la pequeña
localidad de Bela, o Zoar, y eso sólo por poco tiempo (Gén. 19: 30; PP 164).

Las palabras "azufre y fuego" es un modismo común en hebreo para decir "azufre
ardiente". Los milagros, mediante los cuales de tiempo en tiempo Dios ha
intervenido en el proceso ordinario de la naturaleza, generalmente han
consistido en el empleo desusado de las fuerzas y los elementos naturales
existentes. Aun hoy día la región meridional del mar Muerto es rica en asfalto
(ver com. de cap. 14: 3, 10). Todavía se escapan gases inflamables de las
hendiduras de las rocas de la zona. El asfalto que ha subido a la superficie
de la parte sur del mar Muerto le dio el nombre de lago Asfaltites en los
tiempos clásicos. Las masas de asfalto que flotan en la superficie con
frecuencia tienen un tamaño suficiente como para sostener a varias personas.
Asfalto, azufre y otros materiales combustibles han sido extraídos y exportados
de esta región durante años. Los árabes circunvecinos usan el asfalto para
proteger sus huertos contra las plagas y para propósitos medicinales. No
importa cuál haya sido el medio empleado para incendiar las ciudades, fuera de
toda duda el holocausto fue milagroso pues la destrucción llegó en el preciso
tiempo señalado por Dios.

Durante siglos, el paisaje chamuscado de esta región ha permanecido como un
mudo testimonio de la gran catástrofe que convirtió su fértil llanura en un
escenario de completa desolación. Moisés se refirió a ella como un ejemplo de
aquello en lo que se convertiría la tierra de Israel como resultado de la
desobediencia (Deut. 29: 21-24). Los escritores clásicos describen
elocuentemente la región sur del mar Muerto como un territorio quemado de
terreno escabroso, rocas calcinadas y suelo ceniciento. Mencionan también la
ubicación de las ruinas de antiguas ciudades (Diodoro ii. 48. 7-9; Estrabón
Geografía xvi. 2. 42-44; Josefo Guerras iv. 8. 4; Tácito Historias v. 6. 7). En
los tiempos bíblicos, lo que ahora es el brazo meridional del mar Muerto era
tierra seca. En años más recientes el nivel del mar, que no tiene desagüe, ha
subido y ha cubierto la mayor parte de la región. Árboles muertos todavía
sobresalen en esta zona del mar como una selva fantasmal.

Algunos eruditos han tratado de identificar las ciudades condenadas con ruinas
descubiertas en Teleilat el-Gasul, en la orilla norte del mar Muerto. Sin
embargo, un cúmulo de evidencias señala la extremidad meridional del mar como
la ubicación de la gran catástrofe. Ese terrible acontecimiento se ha
perpetuado en las tradiciones de la región hasta el día de hoy. Por ejemplo,
se refleja en el nombre arábigo del mar Muerto, Bahar Lut, "lago de Lot", y de
la cadena montañosa que bordea la orilla sudoccidental del lago, Jebel Usdum,
"monte de Sodoma".

25.

Destruyó las ciudades.

Esta expresión sugiere un terremoto, pero también se usa para describir
ciudades destruidas por la acción del enemigo en forma completa hasta dejarlas
como a Sodoma y Gomorra (2 Sam. 10: 3; Isa. 13: 19). En el AT se hacen
repetidas referencias a esta catástrofe (Deut. 29: 23; Isa. 1: 9; Jer. 49: 18;
50: 40; Amós 4: 11; etc.). Sirven como un ejemplo del castigo final mediante
fuego sobre todos los impíos (2 Ped. 2: 6; Jud. 7).

26.

La mujer de Lot miró atrás.

Los ángeles habían sacado a los cuatro de la ciudad condenada y les habían dado
instrucciones explícitas en cuanto a lo que debían hacer y lo que debían
evitar, si querían salvar la vida. Pero no era suficiente meramente escapar de
la ciudad; era necesario continuar cumpliendo con las instrucciones. La mujer
de Lot miró atrás hacia la ciudad, donde estaban su hogar y sus posesiones y
algunos de sus hijos. En ese momento rehusó renunciar a ellos. Su corazón
endurecido ha convertido su recuerdo en una advertencia perpetua para los que
quisieran ser salvados, pero están contentos con tomar medidas a medias y
parecen haber renunciado al mundo mientras su corazón está todavía en él. Al no
soportar hasta el fin, no pueden ser salvados (ver Mat. 24: 13; Fil. 1: 6). Es
bueno no olvidar la solemne admonición de nuestro Señor: "Acordaos de la mujer
de Lot" (Luc. 17: 32). Una mayor firmeza de parte de Lot en hacer caso a la
orden de los ángeles habría significado la salvación de ella (PP 157, 158). Los
ángeles la habían forzado a dejar la ciudad, pero no podían salvarla contra su
voluntad. Ella era naturalmente una persona irreligiosa, probablemente oriunda
de Canaán (PP 172). Eligió morir antes que 349 dejar Sodoma. Lamentamos su
suerte; saquemos una enseñanza de su ejemplo.

Estatua de sal.

No se puede decir cuánto tiempo permaneció en forma visible la estatua de sal
que contenía su cuerpo. En algunos lugares la orilla sudoccidental del mar
Muerto presenta formaciones de rocas de sal, algunas de las cuales más o menos
tienen la forma de figuras humanas. Los viajeros han llamado a una u otra de
ellas "la mujer de Lot". Pero sería una necedad tratar de identificar así a
cualquiera de ellas.

27.

Por la mañana.

Ansioso de conocer el resultado de su intercesión del día anterior, Abrahán
volvió al lugar, al noreste de Hebrón, donde se había separado del Señor. Cuán
grande debe haber sido su desengaño cuando vio que toda la llanura estaba en
llamas y que su humo subía hacia el cielo.

29.

Dios se acordó de Abraham.

Aunque no pudo salvar las ciudades por las cuales Abrahán había intercedido, no
obstante el Señor recompensó la oración intercesora de él salvando a aquellos
que estuvieron dispuestos a salir. Como aquí se declara, por la intercesión de
Abrahán la salvación fue ofrecida a la familia de Lot.

30.

Lot subió de Zoar.

Lleno de pánico, pronto Lot salió de Zoar temeroso de que ella pudiera
compartir también la suerte de sus cuatro ciudades hermanas (PP 164).

36.

Concibieron de su padre.

Con este proceder las hijas de Lot revelaron la mala influencia de Sodoma.
Habían crecido hasta ser mujeres en una región donde abundaban la embriaguez y
toda otra forma de inmoralidad. Por lo tanto, su juicio estaba embotado, y su
conciencia adormecida. Lot había podido proteger a sus hijas de que cayeran
víctimas de los sodomitas (vers. 8), pero no había tenido el mismo éxito en
estampar los principios de rectitud en su corazón. Deben ser más compadecidas
que culpadas, pues Lot mismo compartió en su pecado. El fue responsable de las
circunstancias que así culminaron, como también lo fue de beber el vino que le
presentaron (ver com. de cap. 9: 21). El precio que pagó Lot por estar unos
pocos años en Sodoma fue la pérdida de toda su familia. Los viles e idólatras
moabitas y amonitas fueron su única posteridad.

37.

Moab.

Antepasado de los moabitas. Probablemente su nombre significa "de mi padre",
como lo traduce la LXX. Aunque eran primos de los israelitas, los moabitas
siempre fueron sus enemigos. Originalmente habitaron el territorio entre el
Arnón y el Zered, al este del mar Muerto. Desde los días de David hasta los de
Acab transitoriamente fueron tributarios de sus vecinos occidentales, pero
recuperaron su independencia con su rey Mesa (2 Rey. 3: 4, 5), quien extendió
su territorio hacia el norte.

38.

Ben-ammi.

El nombre del antepasado de los amonitas probablemente significa "hijo de mi
pueblo". Así expresó su madre el hecho de que su padre y madre procedían de una
misma familia. En realidad su hijo era su medio hermano, pero sus antepasados
eran también los de ella. Los amonitas se volvieron nómadas y vivieron en la
parte oriental de la región que está entre el Jaboc y el Arnón. El nombre de
su fortaleza, Rabá Amón, se ha perpetuado en el nombre Ammán de la actual
capital del reino de Jordania.

Es trágico el relato de Lot y su familia. Una mancha cubre el recuerdo de él
para todas las generaciones. Su pecado fue perdonado, pero las malas
consecuencias de los años dedicados al placer y a la acumulación de bienes han
perdurado por generaciones después de él (PP 164).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-38 PP 152-167

1 CS 690; PP 154

1-3 2JT 569

2 DTG 463; PP 155

3-5, 7, 10, 11 PP 156

13 CV 48; PP 156

14 DTG 588; 2JT 75; PP 157; 4T 110

15, 16 PP 157; 4T 111

16 CS 484

17 2JT 75; 3JT 207; PP 158, 162, 163; TM 453; 8T 36

18, 19 4T 111

19-22 PP 158

23 PP 160

24 CH 110; CRA 71; 3JT 306

24, 25 PP 160

24-28 MJ 417

26 PP 159; 4T 111

30-38 PP 164 350

CAPÍTULO 20

1 Abraham habita en Gerar, 2 niega que Sara sea su esposa, y la pierde. 3
Abimelec es reprochado en sueños a causa de ella. 9 El reprocha a Abraham, 14
le devuelve a Sara 16 y la reprocha. 17 Abimelec es sanado por la oración de
Abraham.

1 DE ALLÍ partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y
habitó como forastero en Gerar.

2 Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió
y tomó a Sara.

3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto
eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.

4 Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al
inocente?

5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con
sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.

6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has
hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que
la tocases.

7 Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por
ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos
los tuyos.

8 Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo
todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran
manera.

9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué
pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande
pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo.

10 Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto?

11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios
en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.

12 Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi
madre, y la tomé por mujer.

13 Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta
es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares a donde lleguemos,
digas de mí: Mi hermano es.

14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a
Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.

15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te
parezca.

16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que
él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con
todos; así fue vindicada.

17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus
siervas, y tuvieron hijos.

18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de
Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.

1.

De allí partió Abraham.

No se da ninguna razón para la salida de Abrahán del encinar de Mamre, que
estaba cerca de Hebrón (caps. 13: 18; 14: 13; 18: 1), hacia el sur, el Neguev
(ver com. de cap. 13: 1). Parece que Dios guió sus pasos hacia allí, ya fuera
para que prosiguiera su vida de peregrino o para que diera testimonio a los
habitantes de la región. Además sus rebaños pueden haber necesitado nuevos
campos de pastoreo, o algunos cambios políticos quizá perturbaron la paz y
seguridad de la región. Si bien es cierto que los primeros aliados de Abrahán
en Hebrón, Mamre, Escol y Aner eran amorreos (cap. 14: 13), indudablemente los
hititas dominaron la región unos años después (cap. 23: 3). Algunos críticos
han declarado que es imposible que los hititas hubieran alcanzado el sur de
Palestina en una fecha tan remota como el siglo XIX AC, pero descubrimientos
posteriores demostraron que así fue. Algunos quizá llegaron hasta Hebrón y
expulsaron a los amorreos. Si así ocurrió, quizá Abrahán fue al Neguev para
eludir las condiciones inciertas del período de transición. Cualquiera hubiera
sido la razón que lo impulsó hacia el 351 sur, el caso es que allí estableció
su hogar y permaneció durante unos 20 años.

Cades y Shur.

Cades-barnea estaba a unos 130 km. al sudoeste de Hebrón, y Shur estaba al
oeste de Cades, no muy lejos de Egipto (cap. 16: 7). La palabra "habitó"
parece indicar que Abrahán pasó algún tiempo en esta región, una permanencia
que debe haber despertado recuerdos sagrados en el corazón de Agar (ver cap.
16: 7-14).

Gerar.

Puesto que la región sur del Neguev era semidesértica, pueden haber resultado
inadecuados a veces sus campos de pastoreo. Esta zona tenía unos pocos oasis y
posteriormente fue llamada "el desierto de Zin". Yendo otra vez hacia el norte,
Abrahán moró transitoriamente en Gerar, un valle muy fértil que está al sur de
Gaza. Enormes silos para depositar cereales, del período persa, descubiertos en
el gran montículo de Gerar, muestran que era entonces el centro de una zona
productora de cereales. Aunque faltan evidencias, la ciudad puede haber sido
igualmente importante en tiempos anteriores.

2.

Es mi hermana.

Aun cuando Abrahán vivió en paz y seguridad dondequiera había levantado
previamente su tienda en la tierra de Canaán, parece haber desconfiado del rey
de Gerar, príncipe filisteo (ver com. de cap. 21: 32). Resulta paradójico
encontrar que uno que había derrotado a las fuerzas expedicionarias combinadas
de cuatro poderes mesopotámicos, sintiera de pronto un temor mortal ante un
solo príncipe de una ciudad. Aún es más extraño descubrir que Abrahán, aquel
modelo de fe, recurriera súbitamente al mismo ardid que le había provocado
tantas dificultades y tanta ansiedad en Egipto (cap. 12: 10-20). Después de que
había presenciado muchas evidencias del poder y de la protección de Dios, otro
triste fracaso de su fe, tal como es éste, resulta ciertamente extraño. Habían
pasado unos 20 años desde su error anterior, y es posible que el tiempo hubiera
borrado la impresión que entonces recibió.

Abimelec.

El nombre Abimelec, "mi padre el rey", puede haber sido en realidad un título
filisteo semejante al de Faraón en Egipto, en vez de un nombre propio. El rey
de Gerar, en los días de Isaac, es llamado Abimelec (cap. 26: 8), como también
lo es el rey Aquis de Gat en tiempo de David (1 Sam. 21: 10; cf. título del
Sal. 34). Aparentemente el gobernante de Gerar había llevado a su harén a todas
las mujeres solteras de su dominio que le agradaban. Después de haber
transcurrido 25 años, parece extraño que Sara, a la edad de 90 años, todavía
fuera tan atrayente como para ser deseada por un príncipe palestino. Es cierto
que le quedaban a ella unos 40 años de vida. También es posible que Abimelec
hubiera intentado ese casamiento para sellar una alianza con Abrahán.
Indudablemente pensó que la presencia de Abrahán era un beneficio para él (ver
cap. 20: 15).

3.

En sueños.

Los sueños eran la forma habitual por la cual Dios se revelaba a los paganos,
como lo hizo con Faraón (cap. 41:1) y con Nabucodonosor (Dan. 4: 5). Dios daba
visiones a los patriarcas y profetas, aunque a veces a ellos también les
hablaba en sueños.

Muerto eres.

Literalmente "estás para morir". Abimelec contrajo la enfermedad que había
caído sobre su casa (vers. 17).

4.

No se había llegado a ella.

Abimelec fue impedido de deshonrar a Sara, con la enfermedad peculiar que le
había sobrevenido, acerca de cuya naturaleza hay poco revelado. Esta
declaración fue hecha para evitar la posibilidad de que Isaac, próximo a nacer,
pudiera ser considerado como hijo de Abimelec más bien que de Abrahán.

Señor, ¿matarás?

En los tiempos antiguos los sueños eran considerados como de origen divino. Por
eso Abimelec creyó que quien se le apareció era un ser divino. La autoridad con
la que se le dirigió Aquel que le hablaba, evidentemente era superior aun a la
suya propia como rey.

6.

Con integridad de tu corazón.

Sin darse cuenta, Abimelec había hecho un mal a un embajador del Rey celestial.
Parecería que este gobernante pagano hubiera sido un hombre de principios, pues
su conciencia evidentemente estaba limpia en este asunto. Este hecho indica que
los filisteos, en ese tiempo, de ninguna manera eran tan degenerados como los
hombres de Sodoma. Quizá podría haberse dicho lo mismo también de otros pueblos
de Canaán. Su iniquidad no había llegado "a su colmo" (cap. 15: 16).

7.

Es profeta.

Esta es la primera vez en que aparece el término "profeta", nabi'. Su raíz está
en la palabra naba', que significa "proclamar", "dar voces", "declarar". Por
lo tanto, tal como se la usa en la Biblia, la palabra "profeta", nabi',
describe a uno que proclama mensajes divinos. Esos mensajes pueden relacionarse
352

ANDANZAS DE ABRAHÁN EN EL NEGUEV

353 con el pasado, el presente o el futuro y pueden consistir en descripciones,
exhortaciones, instrucciones, consuelo o predicciones. Además el término
implica la idea de ser intermediario. La palabra castellana "profeta" procede
del griego profétes, una combinación de la preposición pro, o "en lugar de",
con el verbo femí, "hablar". El profeta habla en lugar de alguien. Puede hablar
al hombre en lugar de Dios, o viceversa. Parece claro por el vers. 7 que se
habla aquí de Abrahán como profeta en el último de esos sentidos. Había de
orar a Dios en favor de Abimelec.

El hecho de que el término nabi' se use por primera vez aquí, no elimina la
creencia de que el espíritu de profecía estaba entre los hombres desde el mismo
principio (Gén. 9: 25-27; Hech. 3: 21; Jud. 14, 15). Tampoco tiene valor la
observación de que el uso de este término en los libros de Moisés prueba que no
pueden ser anteriores al tiempo de Samuel, antes del cual un profeta era
llamado "vidente" (1 Sam. 9: 9). Tal como usa Moisés el término, generalmente
se aplica a un receptáculo de las revelaciones divinas. Durante el período de
los jueces, el término "vidente", ro'eh, parece haberse comenzado a usar y
parece haberse mantenido hasta el tiempo de Samuel, cuando lo reemplazó a su
vez el vocablo más antiguo.

Orará por ti.

En Sant. 5: 16 se declara con todo énfasis el valor de la oración intercesora.
La promesa hecha a Abimelec de que recobraría la salud mediante la intercesión
de Abrahán respalda el principio de que un justo puede convertirse en el canal
mediante el cual fluyen las bendiciones divinas (Hech. 9: 17, 18). El propósito
de Dios es inducir a los que son sensibles a la verdad para que vayan a sus
representantes humanos.

8.

Abimelec ... llamó a todos sus siervos.

La palabra hebrea traducida aquí "siervos" incluye a empleados de todas las
categorías. Ellos también estaban vitalmente implicados en la situación, y sin
duda esperaban de su rey una solución para el problema.

9.

Llamó Abimelec a Abraham.

El reproche anterior formulado por Faraón (cap. 12: 18, 19), ahora fue todavía
más justificado. Las palabras de censura de Abimelec deben haber sido
humillantes en extremo. El que había sido comisionado para representar -por
precepto y por ejemplo al Dios verdadero ante los habitantes de Canaán, ahora
merecía el reproche de uno de sus gobernantes paganos. Su falta no sólo había
enturbiado la felicidad de su propio hogar sino que también se había convertido
en una ocasión de sufrimiento para el pueblo de cuya hospitalidad disfrutaba.

12.

Es mi hermana.

Abrahán defendió su conducta dando por sentado que no había "temor de Dios" en
Gerar y que, por lo tanto, su vida estaba en peligro (cap. 12: 4-13). También
justificó el subterfugio con la excusa de que Sara era ciertamente "su hermana"
- su medio hermana tanto como su esposa. Procuró dar la impresión de que no se
había desviado de la letra estricta de la verdad. Pero su falta al no decir
toda la verdad, lo convirtió en un engañador. En cuanto al matrimonio entre
hermanos y hermanas, ver com. de cap. 4: 17.

13.

En todos los lugares.

No era ésta la primera ocasión en la cual Abrahán había pretendido que Sara era
su hermana. Casi parecería que era su práctica usual, pero que hasta entonces
Egipto había sido el único lugar donde el ardid produjo dificultad. El haber
usado con éxito durante años el mismo engaño, desde aquella amarga experiencia
con Faraón, había hecho que Abrahán fuera olvidadizo de su lección de estricta
rectitud (ver Ecl. 8: 11). Quizá la relativa facilidad con que Dios lo había
rescatado de graves dificultades también tendía a hacerlo menos cuidadoso.

La vida recluida de las mujeres, típica en el Oriente, hizo que fuera
relativamente fácil que Abrahán continuara con esa práctica. Puesto que las
mujeres pasaban mucho tiempo en las carpas, lejos de miradas curiosas, podían
ver más a los hombres de lo que ellos las veían (ver Gén. 18: 9). La relación
de Abimelec con ella debe haber sido casual, quizá en un momento de descuido
cuando ella estuvo lejos de su hogar, tal vez al sacar agua de un pozo público
(ver cap. 34: 1-4). Cualquiera hubiera sido el caso, se aproximaba rápidamente
el tiempo del nacimiento del heredero prometido (cap. 21: 1) y Satanás se
aprovechó de la debilidad de Abrahán para torcer el plan divino (ver com. de
cap. 12: 12-19; cf. Apoc. 12: 1-4).

14.

Abimelec tomó ovejas.

Los obsequios de Abimelec fueron similares a los de Faraón (cap. 12: 16), pero
fueron dados con un motivo diferente. Los regalos de Faraón fueron 354 dados
"por causa de" Sara como una dote, pero los de Abimelec tenían el propósito de
evitar el desagrado de Abrahán por el agravio que había sufrido.

15.

Mi tierra está delante de ti.

Esta oferta aparentemente generosa es precisamente lo opuesto del pedido de
Faraón en circunstancias similares (cap. 12: 19, 20). Abimelec procuró que
Abrahán entendiera con claridad que no había tenido el propósito de hacer el
mal y que quería vivir en paz con este rico príncipe de Mesopotamia. Sabiendo
la forma en que Abrahán había rescatado a los hombres de Sodoma algunos años
antes, quizá Abimelec también temió sufrir algunas represalias por su conducta.

16.

Mil monedas de plata.

Aunque en el texto hebreo no figura la palabra "monedas" ni la palabra "siclo",
evidentemente esta última es el complemento correcto del vocablo "mil". No
existían monedas acuñadas en los tiempos anteriores a Persia. Los metales
preciosos eran vaciados en moldes de ladrillo y recibían su valor de acuerdo
con su peso. Puesto que el peso del siclo variaba mucho en distintas
localidades y en tiempos diferentes, es difícil estimar su actual valor
monetario. Una pesa de un siclo encontrada en las ruinas de Tell Beit Misrim,
en Palestina, pesa 0,402 onzas av., o sea 11,4 g, en tanto que una de Ugarit,
Siria, pesa 0,335 onzas, o sea 9,5 g. Por otra parte los siclos egipcios y
babilonios varían entre 0,31 y 0,345 onzas, o sea 8,8 a 9,8 g. Si tomamos un
siclo de 11,4 g (0,4 onzas) como equivalente a "monedas de plata", mil pesarían
11,4 kg. o 25 libras. Siendo que el poder adquisitivo de la moneda era mucho
más alto entonces que ahora, la cifra dada debiera aumentarse considerablemente
para representar el verdadero cuadro del valor de ese regalo. Probablemente
Abimelec usó con ironía la expresión "tu hermano" como si hubiera estado
diciendo: "este 'hermano' tuyo".

El te es como un velo para los ojos.

Es oscuro el significado de esta declaración hebrea. Si se toma literalmente,
el "velo" sería para la protección del rostro. Si se toma en sentido figurado,
sería un regalo con el propósito de aplacar la mala voluntad. La palabra
hebrea traducida "él", que en la VVR se aplica a Abrahán, también podría tener
otro significado: puede referirse al regalo. Si la palabra se refiere a
Abrahán, Abimelec quiso decir que al hacer eso estaba poniendo a Sara bajo la
protección de Abrahán, o que Abrahán debía cuidarla mejor en el futuro. Por
otro lado, si se refiere al regalo, Abimelec habría querido significar: "Por
favor, acepta mí regalo como una evidencia de tu inocencia, y también como una
muestra de mi deseo de hacerte justicia". Tres detalles del contexto implican
que esta expresión se refiere al regalo más bien que a Abrahán: (1) Abimelec
deseaba la amistad de Abrahán (ver com. de vers. 15). (2) El regalo es el
centro de atención en la declaración anterior. (3) El "velo" había de ser una
evidencia para los que acompañaran a Sara y para todos los demás de que se
había reparado el agravio y que el caso había quedado resuelto.

Los que están contigo.

Quizá esto se refiere a las sirvientas de Sara que tal vez estuvieron con ella
durante el incidente. "Para con todos" puede referirse a los otros miembros de
la gran casa de Abrahán o podría incluir a todos los que pudieran conocer este
incidente. (Véase también el párrafo siguiente.) Asimismo sugiere que el "velo"
puede haber tenido, por lo menos en parte, el propósito de ocultar el "rostro"
de ella de la vista de los otros miembros de su casa, algo importantísimo entre
los orientales.

17.

Dios sanó a Abimelec.

Si no se hubiera efectuado la restitución, el resultado hubiera sido la muerte
(vers. 3, 7). La palabra hebrea traducida "siervas" se refiere a las esclavas
del harén real. Una palabra diferente se emplea en el vers. 14 para describir a
las "siervas" incluidas en el regalo del rey para Abrahán.

18.

Cerrado.

Desde un punto de vista oriental según el cual el tener hijos se estimaba quizá
como la mayor de todas las bendiciones, no podía haber una calamidad mayor que
la esterilidad. El no tener hijos era un baldón (Gén. 30: 23; Luc. 1: 25;
etc.). Además, si las esposas de la familia de Abimelec no iban a tener más
hijos, finalmente la familia podría extinguirse. 355

CAPÍTULO 21

1 Nacimiento de Isaac. 4 Su circuncisión. 6 El gozo de Sara. 9 Agar e Ismael
son echados de la casa. 15 Aflicción de Agar. 17 El ángel la consuela. 22 Pacto
de Abimelec con Abraham en beerseba.

1 VISITO Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había
hablado.

2 Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios
le había dicho.

3 Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara,
Isaac.

4 Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había
mandado.

5 Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo.

6 Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se
reirá conmigo.

7 Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos?
Pues le he dado un hijo en su vejez.

8 Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que
fue destetado Isaac.

9 Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a
Abraham, se burlaba de su hijo Isaac.

10 Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de
esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo.

11 Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo.

12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de
tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será
llamada descendencia.

13 Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente.

14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y
lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la
despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba.

15 Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto,

16 y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía:
No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho
alzó su voz y lloró.

17 Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el
cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del
muchacho en donde está.

18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él
una gran nación.

19 Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el
odre de agua, y dio de beber al muchacho.

20 Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue
tirador de arco.

21 Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de
Egipto.

22 Aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelec, y Ficol príncipe de su
ejército, a Abraham, diciendo: Dios está contigo en todo cuanto haces.

23 Ahora, pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a mi hijo ni a
mi nieto, sino que conforme a la bondad que yo hice contigo, harás tú conmigo,
y con la tierra en donde has morado.

24 Y respondió Abraham: Yo juraré.

25 Y Abraham reconvino a Abimelec a causa de un pozo de agua, que los siervos
de Abimelec le habían quitado.

26 Y respondió Abimelec: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo
hiciste saber, ni yo lo he oído hasta hoy.

27 Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos pacto.

28 Entonces puso Abraham siete corderos del rebaño aparte.

29 Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has
puesto aparte?

30 Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me
sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo.

31 Por esto llamó a aquel lugar Beerseba; porque allí juraron ambos.

32 Así hicieron pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de
su ejército, y volvieron a tierra de los filisteos. 356

33 Y plantó Abraham un árbol tamarisco en Beerseba, e invocó allí el nombre de
Jehová Dios eterno.

34 Y moró Abraham en tierra de los filisteos muchos días.

1.

Visitó Jehová a Sara.

Este acto de la gracia divina es llamado una "visita" de Jehová. El verbo
traducido aquí "visitar", cuando se usa para una "visita" de Jehová, puede
referirse a su venida para ejecutar el juicio que castigue a los hombres (Isa.
24: 21; Jer. 9: 25; Ose. 12: 2; etc.) o, como en este caso, para favorecerlos
(Gén. 50: 24; Rut 1: 6; 1 Sam. 2: 21).

El nacimiento de Isaac fue contrario a lo que podía esperarse naturalmente
(Gál. 4: 23; Heb. 11: 11). De vez en cunado Dios, en su trato con el pueblo
escogido, le dio evidencias milagrosas de su poder divino y de su dirección a
fin de inspirarle confianza en él (ver Juan 15: 11). Esos milagros alcanzaron
un pináculo en el milagro más grande de todos los tiempos: la encarnación, vida
perfecta, muerte vicaria, resurrección gloriosa y ascensión de Jesucristo (1
Tim. 3: 16).

2.

En el tiempo.

Como muchas de las promesas de Dios, ésta se cumplió precisamente a tiempo
(caps. 17: 21; 18: 10, 14). El diluvio, la liberación de Egipto, el nacimiento
del Mesías, junto con diversos acontecimientos predichos por Daniel y Juan,
tuvieron lugar en cumplimiento de profecías que implicaban tiempo (Gén. 6: 3;
Exo. 12: 41; Dan. 9: 25; Gál. 4: 4). Entre las repetidas promesas formuladas a
Abrahán acerca del nacimiento de un hijo, sólo las que fueron inmediatamente
anteriores a ese acontecimiento hicieron mención específica del tiempo en que
se cumplirían. Al principio Abrahán fue informado tan sólo de que tendría un
hijo. Posteriormente se le dijo que Sara daría a luz a ese hijo, y sólo en el
mismo final se le dijo cuándo.

3.

Isaac.

Dios ya había elegido un nombre para el niño (cap. 17: 19). El nombre Isaac,
que significa "él ríe", había de ser un recordativo perpetuo de la feliz
ocasión cuando la fe se convirtió en realidad (ver Gén. 17: 17; 18: 12; 21: 6;
Sal. 126: 2). El nacimiento de Samuel y el de Juan el Bautista, ambos en
circunstancias similares, también provocaron gran gozo (1 Sam. 2:1; Luc. 1:
58).

4.

Circuncidó Abraham a su hijo.

Un año antes, Abrahán e Ismael junto con todos los otros varones de la casa
habían sido circuncidados. La señal del pacto se aplicó ahora a Isaac, el hijo
del pacto (ver com. de cap. 17: 10-14, 23).

5.

Era Abraham de cien años.

Habían pasado exactamente 25 años desde la primera promesa de un hijo (cap. 12:
1-4). No resulta claro si Isaac nació en Gerar o Beerseba (caps. 20: 15; 21:
31).

6.

Dios me ha hecho reír.

Un año antes la risa de Sara había reflejado descaro e incredulidad, pero ahora
ella reía de gozo. Fue recompensada la perseverancia de Abrahán y Sara a
través de lo que les parecieron largos y oscuros años de chasco y demora. Para
ellos, el nacimiento de Isaac significó el alborear de un nuevo día (Sal. 30:
5). Era las "arras" o la prueba de que finalmente se realizaría la promesa en
toda su integridad: la venida del Mesías, el Evangelio a todas las naciones y
el hogar eterno en Canaán (Gén. 22: 18; Gál. 3: 16; Heb. 11: 9, 10). Los
escritores bíblicos hacen repetidas referencias a este feliz acontecimiento
(Isa. 54: 1; 51: 2, 3; Gál. 4: 22-28). A semejanza de Sara, "la- Jerusalén de
arriba", "madre de todos nosotros", se regocija cuando le nacen hijos de la fe
hoy día (Isa. 66: 10; Luc. 15: 10).

8.

Fue destetado.

Entre los orientales, el destete se realizaba a una edad más avanzada que en
los países occidentales. De acuerdo con 2 Mac. 7: 27, las madres judías
alimentaban a sus hijos durante tres años (ver también 2 Crón. 31: 16). Parece
que Samuel fue llevado al santuario inmediatamente después de haber sido
destetado, cuando ya podía ministrar delante del Señor (1 Sam. 1: 22-28). Es
una costumbre oriental celebrar el destete de un niño mediante una fiesta
ritual en la que se espera que él participe de una comida de alimento sólido
por primera vez. Así se señala la terminación de la infancia.

9.

Se burlaba.

Algunos comentadores traducen la palabra hebrea metsajeq, "se burlaba" (VVR),
como "jugaba", y llegan a la conclusión de que la declaración de Sara en los
versículos siguientes fue el resultado de los celos. Piensan que no podía
soportar el pensamiento de que Ismael compartiera la herencia de Abrahán. Otros
explican este texto basándose en la explicación de Pablo de que Ismael fue
expulsado del hogar de su padre porque perseguía a Isaac (Gál. 4: 29, 30). 357
La forma verbal metsajeq, se "burlaba", procede de la misma raíz que la palabra
Isaac, "reírse". Sin embargo, al usarse aquí en la forma intensiva, expresa
algo más que una sencilla risa: más bien significa ridiculizar. A los yernos de
Lot les pareció "como que se burlaba", se mofaba del buen juicio de ellos, o
estaba bromeando (Gén. 19: 14). Se usa la misma palabra en el caso de José, de
quien dijo la mujer de Potifar que hacía "burla" de ellos, es decir que se
mofaba de la generosidad de su esposo hacia él (cap. 39: 14-17). La orgía de
los israelitas delante del becerro de oro también es descrita con el mismo
verbo, traducido algo inadecuadamente en la VVR como "regocijarse" (Exo. 32:
6). Los filisteos hicieron comparecer al ciego Sansón para divertirse a costa
de él (Juec. 16: 25). La única vez en que esta palabra se usa en sentido
favorable se halla en Gén. 26: 8, donde se describe a Isaac acariciando a
Rebeca. En conclusión, de acuerdo con la mayoría de los casos en que se usa la
forma intensiva de este verbo, Ismael estaba "siempre mofándose", o burlándose
de Isaac.

Ismael era 14 años mayor que Isaac, y por lo tanto tenía unos 17 años cuando
éste fue destetado (ver caps. 16: 3; 21: 5). Sin duda siempre se había
considerado como el hijo mayor y el heredero de Abrahán. Sin embargo, el
nacimiento de Isaac y la fiesta del destete mostraban claramente que el hijo de
Sara debía reemplazarlo, y como resultado se despertaron sus celos. No es de
sorprender pues que Ismael se burlara de Isaac por ser menor y, por
consiguiente, estar desprovisto de los derechos y privilegios de la
primogenitura.

10.

Echa a esta sierva.

Las palabras de Sara, que reflejan celos y desprecio, son increíbles, ya que
había sido ella misma quien le sugirió a Abrahán que tomara a Agar como mujer
(cap. 16: 2, 3). Sara se refirió a Agar como a una esclava y a Ismael como al
hijo de una esclava. Por supuesto, Sara tenía el derecho de reclamar que se
aclarara legalmente la condición de su hijo, para que no pudiera surgir ninguna
duda después de la muerte de Abrahán. Por eso le pidió a su esposo que echara a
Agar y que desheredara a Ismael.

11.

Pareció grave en gran manera a Abraham.

Para Sara, Agar e Ismael eran intrusos. La primera, una egipcia de baja
condición, una esclava extranjera; el otro, un muchacho mestizo que siempre
causaría dificultades. Era de acuerdo con la naturaleza el que Abrahán no
compartiera esos sentimientos. El no cuestionaba las prerrogativas de Isaac
como el heredero prometido; pero Ismael también era su hijo. Durante años había
pensado que él iba a ser el heredero más bien que Isaac. Ismael era su propia
carne y sangre y amaba al muchacho que había sido su único hijo durante 14
años. Le parecía imposible a Abrahán complacer el deseo de Sara.

12.

Oye su voz.

Desde un punto de vista humano, parece extraño que Dios aprobara el pedido un
tanto egoísta de Sara. Aunque Dios estuvo dispuesto a bendecir a Ismael (caps.
16: 10; 21: 13), y no censuró directamente a Abrahán por causa de Agar, nunca
aprobó, con todo, la unión de Abrahán con ella. Para Dios ella siempre fue "la
sierva", no su esposa. El incesante "burlarse" de Ismael (ver com. de vers. 9)
hizo evidente que él continuaría perturbando la paz y la armonía del hogar
mientras viviera Abrahán, y que a la muerte de éste probablemente por la fuerza
insistiría en su pretensión a la primogenitura. Ahora resultaba claro que
Ismael no podría quedar más tiempo en el hogar sin poner en peligro el plan de
Dios para Isaac. Abrahán no había buscado el consejo de Dios al tomar a Agar, y
ese acto apresurado hizo que ahora fuera necesaria la expulsión de un hijo a
quien amaba tiernamente. Con todo, Dios consoló a Abrahán con la seguridad de
que Ismael, como descendiente suyo, también compartiría algunas de las promesas
hechas a él y llegaría a convertirse en una gran nación.

14.

Pan y un odre.

La palabra "pan" en hebreo es un término colectivo para toda clase de alimento.
El "odre", hecho de una piel de cabra, debe haber contenido suficiente agua
como para que ésta durara desde un pozo hasta el siguiente. En su fuga
anterior, parece que Agar salió rumbo a su hogar en Egipto (cap. 16: 7), y
quizá intentó hacer lo mismo ahora. La naturaleza generosa de Abrahán y su amor
por Ismael indudablemente lo indujeron a proporcionarle una provisión adecuada
para el viaje. Parece que la emergencia surgida más tarde se debió al hecho de
que se extraviaran y estuvieran vagando sin rumbo por el desierto hasta que se
les terminó el agua. Esto está implicado en las palabras "anduvo errante", de
un verbo hebreo que significa "errar", "vagar", "extraviarse" 358 (ver Sal.
119: 176; Isa. 53: 6). No era el propósito de Dios que Agar e Ismael volvieran
a Egipto ya que su promesa concerniente al muchacho no podría cumplirse allí.
El que anduvieran errantes en el desierto fue indudablemente una providencia
divina para él (ver Hech. 17: 26).

El muchacho.

Esto sugiere que Agar tuvo que haber viajado con Ismael además de transportar
el agua y el alimento. Puesto que Ismael tenía unos 17 años (ver com. de cap.
21: 8, 9), es evidente que Agar no pudo haber cargado. El texto, pues,
probablemente indica que Abrahán colocó algunas de las provisiones sobre los
hombros de Agar y algunas sobre los de Ismael.

La expulsión de uno de sus hijos debe haber significado intenso sufrimiento
para Abrahán (vers. 11). Pero, consciente de su propia responsabilidad por la
situación que se había creado, se resignó ante la voluntad revelada de Dios en
este asunto. La suerte de Agar e Ismael parecen en extremo duras, pero ellos
habían hecho que esto fuera inevitable por su conducta con Isaac. Si hubieran
estado dispuestos a aceptar un papel secundario, quizá podrían haber
permanecido en el hogar de Abrahán hasta que creciera Ismael. Entonces podría
haberse ido Ismael ya casado y con una parte de la riqueza de su padre. Con
cuánta frecuencia una conducta mal calculada significa no sólo renunciar a las
bendiciones de que podríamos disfrutar, sino también tener que soportar
sufrimientos inútiles (ver Jer. 5: 25).

El desierto de Beerseba.

Beerseba, la ciudad más importante del extremo norte del Neguev - la región
semiárida del sur-, era el centro de la ruta de varias caravanas que iban de
Transjordania hacia la costa y de Palestina a Egipto. El desierto estaba al sur
de la ciudad.

15.

Echó al muchacho.

Como se ha hecho notar ya, Ismael no era más niño, sino un muchacho crecido. La
palabra "echó", aunque parece sugerir un tratamiento áspero, debe entenderse
según se la usa en Mat. 15: 30, aplicada a los enfermos que eran "puestos" a
los pies de Jesús para ser curados. En tal caso, sólo implica que eran
entregados al cuidado solícito de él. Agar colocó a Ismael a la sombra del
árbol, el único recurso a su alcance para aliviar su dolor. Al traducir "echó"
del hebreo al griego, la LXX usa la misma palabra que emplea Mateo. Aunque
desesperaba por la vida de su hijo, la madre procuró que por lo menos expirara
en la sombra. Era todo lo que podía hacer por él.

16.

A distancia de un tiro de arco.

Parece que Agar dejó a Ismael porque la sed hacía que él delirase. Si ella
hubiera estado cerca, eso tan sólo hubiera aumentado los sufrimientos maternos
sin aliviar los de su hijo.

17.

Oyó Dios la voz del muchacho.

La palabra hebrea aquí traducida "voz" puede significar palabras audibles o
inarticuladas, pronunciadas en oración o con desesperación, o quizá tan sólo se
refiera a sus gemidos y respiración jadeante. También se usa la misma palabra
hebrea para describir el retumbar del trueno, el murmurar de las hojas, el
balido de las ovejas y el toque de la trompeta (Exo. 20: 18; 1 Sam. 15: 14; 2
Sam. 5: 24). Cualquiera sea el significado aquí asignado al término, lo
importante es que Dios oyó y envió a su ángel con palabras de ánimo para Agar y
un remedio para el dolor del muchacho.

19.

Dios le abrió los ojos.

Agar fue llevada a un pozo de agua que estaba cerca, un pozo que había estado
allí todo el tiempo. El poder divino no produjo agua clara, sino una visión
clara. Los pozos del desierto de Palestina eran hoyos artificialmente
agrandados en el terreno, donde se recogía el agua de vertientes naturales,
cuyas aberturas estaban ocultadas con piedras para impedir que los animales
descarriados cayeran dentro. Sencillamente, Agar no se dio cuenta de la
existencia de ese pozo hasta que providencialmente fue dirigida a él.

20.

Tirador de arco.

Ismael creció bajo la continua protección de Dios, y llegó a ser cazador,
dedicándose a lo cual, pudieron sustentarse él y su madre.

21.

El desierto de Parán.

Esta región desértica está entre el golfo de Akaba y el golfo de Suez, al sur
de Cades-barnea. Aunque Agar probablemente volvió a visitar su tierra natal
para conseguir una esposa para su hijo, con todo, regresó a la región desértico
del sur de Canaán. Posiblemente Dios mismo la orientó al desierto de Parán a
fin de que allí Ismael pudiera estar libre de la corrupción de Egipto. Además,
la zona norte de esta región estaba incluida en la tierra prometida a Abrahán.
Quizá fue teniendo esto en cuenta por lo que Agar decidió establecer allí su
hogar. 359

22.

En aquel mismo tiempo.

Esto puede referirse a los acontecimientos del capítulo precedente, a la
expulsión de Agar e Ismael, o al casamiento de este último.

Dios está contigo.

Habiendo presenciado la bendición del cielo sobre Abrahán, primero en Gerar y
después en Beerseba, Abimelec consideró que era ventajoso celebrar un pacto con
él. Una relación más estrecha con un hombre tan próspero también podría
beneficiarlo. Al principio se consideró superior a Abrahán, pero ahora
Abimelec reconoció que Abrahán era infinitamente superior a él. Con ese
propósito Abimelec y Ficol, comandante de su ejército, fueron a Beerseba para
celebrar un tratado con él. Es posible que Ficol sea un nombre hebreo que
significa "la boca de todos", aquel que en su condición de comandante daba
órdenes al ejército de Abimelec, o puede tratarse quizá de un nombre filisteo
de origen desconocido.

El hecho de que Dios esté con un hombre no puede pasar inadvertido mucho tiempo
para otros. La evidente bendición de Dios que descansa sobre sus leales
representantes origina el respeto de los que son testigos de sus vidas. En
torno del más humilde cristiano hay una atmósfera de dignidad y poder.

25.

Abraham reconvino a Abimelec.

Sin embargo, antes de concluir el tratado propuesto, Abrahán protestó por la
injusta apropiación de uno de sus pozos efectuada por los hombres de Abimelec.
Aunque no se especifica el hecho, el pozo fue devuelto en esta oportunidad a
Abrahán (vers. 28-30).

27.

Hicieron ambos pacto.

Dondequiera iba, Abrahán segura la sana práctica de vivir en paz con sus
vecinos (Jer. 29: 7; Rom. 12: 18). Había formado una liga con los jefes
amorreos Mamre, Aner y Escol, en Hebrón (Gén. 14: 13). Había ganado la
gratitud del rey de Sodoma debido a su generosidad (cap. 14: 23). Ahora estaba
listo para celebrar un tratado de amistad con un rey filisteo. Las ovejas y
las vacas aquí mencionadas probablemente no fueron un regalo para Abimelec sino
más bien los animales necesarios para la conclusión ceremonial del pacto (ver
com. de cap. 15: 9-17). La forma verbal aquí traducida "hicieron" es la misma
que aparece en el cap. 15: 18 y significa literalmente "cortar". Se refiere a
la división en dos mitades de los animales del pacto, entre cuyas partes debían
caminar los que participaban. Esta costumbre era común en los pueblos
semíticos, y era practicada aún en los días de Jeremías (Jer. 34:18, 19).
Abrahán y Abimelec deben haberla seguido en esta ocasión.

28.

Siete corderas.

Estas ovejas no se usaron en relación con la ratificación del pacto. Fueron un
regalo de buena voluntad o un pago por el pozo que, aunque cavado por Abrahán,
indudablemente estaba en territorio de Abimelec. La aceptación por Abimelec de
las ovejas iba a ser un "testimonio" (vers. 30) del derecho de Abrahán al pozo
en cuestión.

31.

Beerseba.

Como un recuerdo del pacto de amistad, Abrahán dio el nombre de Beerseba a ese
lugar, lo que significa "pozo del juramento" o el "pozo de siete". No se sabe
si el número siete estaba incluido en la ceremonia del pacto antiguo. En
hebreo antiguo, las dos palabras, "siete" y "juramento", por lo menos en su
forma de escribir eran idénticas. El hecho de que Abrahán diera "siete" ovejas
a Abimelec como testimonio de su juramento puede indicar que la palabra
"siete", sheba', tenía alguna relación con el acto de jurar, shaba'. Sin
embargo, puesto que ésta es la única ocasión bíblica en la que aparece un
regalo de siete animales en la confirmación de un pacto, no podemos estar
seguros en cuanto a la validez de esta posibilidad.

Antiguamente Beerseba era la ciudad más meridional de la tierra de Canaán. La
expresión "desde Dan hasta Beerseba" (Juec. 20: 1; 2 Sam. 24: 2; etc.) o "desde
Beerseba hasta Dan" (1 Crón. 21: 2) se refería a todo el país. Beerseba ha
estado habitada sin interrupción desde los días de Abrahán y ha retenido su
antiguo nombre hasta el día de hoy. Pertenece al Estado de Israel y ha crecido
grandemente en unas pocas décadas. Su población era de 84.000 habitantes en
1972.

32.

Tierra de los fílisteos.

La declaración de que Abimelec y Ficol "volvieron a tierra de los filisteos"
después de sellar un tratado con Abrahán en Beerseba, implica que la zona
alrededor de esta ciudad quedaba fuera de los límites reconocidos de Filístea.
Al mismo tiempo, probablemente estaba bajo el dominio del príncipe de Gerar en
el tiempo de Abrahán. De lo contrario, no es posible que hubiera surgido una
cuestión por la propiedad del pozo.

Esta es la primera mención bíblica de la "tierra de los filisteos". La mayoría
de los comentadores 360 modernos han visto en esta declaración el error
histórico de un autor posterior, pues ellos pretenden que los filisteos no
entraron en Palestina antes de la última parte del siglo XIII AC, mucho después
del tiempo de Abrahán. Sin embargo, no hay razón para dudar de la presencia de
los filisteos en Palestina durante el período patriarcal. Están mencionados en
documentos de Ugarit, ciudad costera del norte de Siria, antes del siglo XV AC.
El hecho de que las fuentes egipcias mencionen a los filisteos por el año 1200
AC por primera vez, no prueba que no se hubieran establecido en Palestina antes
de ese tiempo. Tan sólo muestra que no jugaban un papel tan importante como el
que les cupo más tarde en los días de Ramsés III, cuando ellos y otros "pueblos
del mar" fueron tan numerosos como para que, durante un tiempo, pusieran en
peligro a Egipto (ver Exo. 13: 17).

33.

Plantó Abraham un árbol tamarisco.

La palabra 'éshel, encontrada en formas similares en el árabe meridional,
egipcio, asirio y arameo, denota una variedad de tamarisco, arbusto oriundo de
las regiones semiáridas como el Neguev. Es lento para crecer pero tiene larga
vida. Probablemente Abrahán plantó este tamarisco con el propósito de que
sirviera como un recordativo de la transacción concerniente al pozo. Con
frecuencia hoy día se plantan árboles conmemorativos.

Invocó allí el nombre de Jehová.

Como en todas las demás partes, Abrahán celebró culto público aquí también
(Gén. 12: 7, 8; 13: 4, 18). El objeto de su culto era "el Dios eterno",
literalmente "el Dios de eternidad", en contraste con las deidades paganas que
no son sino hechura de los que las adoran (Ose. 8: 6). Abrahán adoraba al
eterno Testigo de los tratados, a la eterna Fuente de las bendiciones que lo
siguieron durante toda su vida, y al Padre inmortal que nunca chasquea a sus
hijos.

34.

Moró Abraham en tierra de los filisteos.

Esto parece contradecir lo que se deduce del vers. 32, que Beerseba no
pertenecía a la tierra de Filistea. Indudablemente esto admite dos
conclusiones: (1) Filistea no tenía límites fijos en su zona desértico, y
Beerseba puede haber sido pretendida por Abimelec, o (2) Beerseba estaba
situada en el límite de Filistea, y Abrahán con frecuencia debe haber hecho
pastar sus rebaños a través del límite.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-14 PP 142, 143; SR 79, 80

2, 3, 9-14 PP 142

10 SR 79

12 PP 147

33 8T 270

CAPÍTULO 22

1 Se le pide a Abraham la vida de Isaac. 3 Da prueba de su fe y obediencia. 11
El ángel detiene su mano. 13 Un carnero toma el lugar de Isaac. 14 El lugar
recibe el nombre de Jehová- jireh. 15 Abraham es bendecido nuevamente. 20
Descendientes de Nacor hasta Rebeca.

1 ACONTECIO después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo:
Abraham. Y él respondió: Heme aquí.

2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de
Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos
siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se
levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.

4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.

5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el
muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.

6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él
tomó en su 361 mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.

7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió:
Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el
cordero para el holocausto?

8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo
mío. E iban juntos.

9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un
altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la
leña.

10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham,
Abraham. Y él respondió: Heme aquí.

12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya
conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero
trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo
ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se
dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham segunda vez desde el cielo,

16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto,
y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;

17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas
del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia
poseerá las puertas de sus enemigos.

18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto
obedeciste a mi voz.

19 Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a
Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.

20 Aconteció después de estas cosas, que fue dada noticia a Abraham, diciendo:
He aquí que también Milca ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano:

21 Uz su primogénito, Buz su hermano, Kemuel padre de Aram,

22 Quesed, Hazo, Pildas, jidlaf y Betuel.

23 Y Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que dio a luz
Milca, de Nacor hermano de Abraham.

24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, a Gaham, a
Tahas y a Maaca.

1.

Después de estas cosas.

Se pasan por alto en silencio unos 17 años tranquilos. Isaac ya era un joven
de 20 años (ver com. de cap. 21: 14; PP 144). También habían pasado 17 años
desde que Abrahán recibiera de Dios el último mensaje que se registra.
Súbitamente llegó una nueva revelación que representaba la prueba máxima que
pudiera sobrevenir a un ser humano.

Probó Dios a Abraham.

La palabra hebrea nissah, "probó", admite distintos significados de acuerdo con
las siguientes situaciones: (1) Cuando un hombre pone a prueba a otro. La
reina de Sabá visitó a Salomón para "probarle con preguntas difíciles" con el
fin de ver si su sabiduría era tan grande como su reputación (1 Rey. 10: 1).
(2) Cuando Dios prueba o examina a un hombre (Exo. 16: 4; Deut. 8: 2, 16; 13:
3; 2 Crón. 32: 31). (3) Cuando un hombre pone a prueba a Dios tratando de
obligarlo a proceder de acuerdo con los propósitos humanos. Esto es
presunción, lo que es diferente de la fe (Exo. 17: 2, 7; Núm. 14: 22; Isa. 7:
12). Puesto que el verbo "tentar" se usa ahora generalmente para denotar un
mal propósito, el verbo "probar" es el que corresponde cuando se refiere a
Dios. El Altísimo nunca "tienta" a nadie (Sant. 1: 13).

Heme aquí.

Esta visión, que le sobrevino a Abrahán por la noche (PP 143), fue la octava
ocasión en la que Dios habló a Abrahán (Hech. 7: 2; Gén. 12: 1; 13: 14; 15: 1;
17: 1; 18: 1; 21: 12). Los casos anteriores le habían enseñado a Abrahán a
reconocer inmediatamente la voz de Dios, y estuvo listo para contestar. Esta
breve conversación introductoria consiste, en hebreo, sólo en dos palabras, y
en este respecto difiere de otras ocasiones similares del pasado.

2.

Toma ahora tu hijo.

Si estas palabras fueron pronunciadas lentamente, como es probable, Abrahán
debe haber sentido sucesivamente orgullo, temor y horror. La repetición fue
calculada por Dios para despertar el 362 afecto paternal y para preparar a
Abrahán para la severa prueba que pronto seguiría. Al llamar a Isaac "tu
único" hijo, Dios quería decir que sólo él era considerado como el heredero
legítimo de la promesa. Esto contrasta con la expresión del cap. 21: 12, 13,
donde Dios llama a Ismael "hijo de la sierva".

Tierra de Moriah.

El nombre Moriah no aparece sino dos veces en la Biblia, aquí y en 2 Crón. 3:
1. De acuerdo con este último texto, Salomón edificó su templo sobre el monte
Moriah, al norte de la ciudad de David y al oeste del valle de Cedrón. Por lo
tanto, la tierra de Moriah debe haber sido la zona montañosa en torno a
Jerusalén. El nombre parece haber sido poco común.

Ofrécelo.

En los tiempos antiguos, era común el sacrificio de seres humanos,
especialmente de niños. Tanto la Biblia como la arqueología afirman que los
cananeos practicaban tales ritos. Por lo tanto, no era una idea extraña para
Abrahán el sacrificar un primogénito ante la Deidad. Al paso que Dios prohibía
explícitamente tales sacrificios (Lev. 18: 21), no es seguro si este punto
resultaba claro para Abrahán. Ciertamente, tan sólo suponiendo que no entendió
esta orden divina podemos explicar que no protestara ante la orden de Dios que
le pedía sacrificar a su hijo.

3.

Muy de mañana.

Parece que Abrahán tenía el hábito de levantarse temprano (caps. 19: 27; 21:
14). Era un hombre de acción, y ahora que Dios había hablado, su único
pensamiento fue obedecer inmediatamente. De todos modos, ¿cómo podía dormir
con la mente abrumada con este mensaje? ¡Cuán imposible parecía todo! ¡Qué
dudas deben haber torturado su mente! No confiando en sí mismo si se atrevía a
demorarse y temiendo también la posible oposición e interferencia de Sara,
determinó partir inmediatamente para el punto designado. En la prueba suprema
de una vida larga y azarosa, Abrahán obedeció sin formular una sola pregunta,
sin presentar una sola objeción y sin buscar el consejo humano. Cuando está
implicado un principio, el cristiano maduro sólo pide tener una percepción
clara del deber. Su cooperación emana de un corazón que sobreabunda de amor y
consagración. Vive como en la misma presencia de Dios, sin que ninguna
consideración humana nuble su comprensión de la verdad y del deber. Sin
embargo, en esta ocasión, qué lucha debe haber existido en el corazón del
"amigo de Dios", no tanto para decidir si debía obedecer, sino más bien para
establecer con absoluta certeza, mediante la confirmación divina, que sus
sentidos y razón no lo estaban engañando.

Enalbardó su asno.

La serie de breves declaraciones de este versículo expresan admirablemente la
tranquila reflexión y el resuelto heroísmo con que procedió el patriarca a
cumplir la orden divina. Su voz tranquila y sus manos firmes de ninguna manera
traicionaron la emoción interna de un corazón quebrantado y sangrante. Todo lo
necesario para el largo viaje se preparó rápidamente con sumo cuidado. No
quedaba ningún rastro de los momentos de debilidad pasados. Como un noble
héroe de la fe que ha terminado su preparación, Abrahán respondió
inmediatamente cuando fue llamado a afrontar su hora suprema de prueba. Este
fue el pináculo de su experiencia espiritual. Serenamente se elevó hasta una
altura nunca superada por mortal alguno y se calificó para el honor de ser
llamado "padre de los fieles".

4.

Al tercer día.

Dos días de viaje llevaron a los viajeros Abrahán, Isaac y dos servidores hasta
la tierra de Moriah. Dos noches de insomnio habían sido pasadas en oración.
Levantándose temprano por la mañana al tercer día, Abrahán contempló la señal
de origen divino, una nube de gloria, que indicaba la montaña donde debía
realizarse el sacrifico (PP 146).

5.

Esperad aquí.

El solemne deber que Abrahán estaba por cumplir le pareció demasiado sagrado
para otros ojos y oídos humanos. Sólo Dios podía comprender. Durante dos días
había ocultado sus pensamientos y emociones. Isaac iba a ser el primero en
conocer y el único en compartir con él esa hora de pasión y emoción.

Yo y el muchacho.

Cada una de las tres formas verbales que siguen está en plural. La traducción
castellana quizá no refleje la fe profética implícita en el hebreo.
Literalmente Abrahán dijo a sus dos servidores: "Yo y el joven iremos más allá,
y adoraremos, y volveremos otra vez". Aunque no entendía el propósito de Dios,
creía firmemente que Dios levantaría a Isaac de los muertos (Heb. 11: 19).
¿Acaso no había prometido Dios, sin reserva ninguna, que Isaac iba a ser su
heredero? (Gén. 21: 12). Abrahán no esperaba ser liberado 363

VIAJE DE ABRAHÁN AL MONTE MORIA

364 del horrible acto de sacrificar a su propio hijo, pero creía que Isaac le
sería restaurado. Por eso habló con fe cuando dijo "Volveremos". Sólo por la
fe era posible que él no esperara volver solo para informar a los hombres que
con sus propias manos había quitado la vida de su hijo y lo había ofrecido a
Dios (ver PP 146, 147). Es evidente la excelsitud de su experiencia
espiritual, no sólo en su inmutable obediencia sino también por su fe resuelta
en las promesas infalibles de Dios.

6.

Fueron.

Padre e hijo comenzaron la subida en silencio, Abrahán en meditación y oración
e Isaac extrañado por la inusitada reserva de su padre respecto a la naturaleza
y al propósito de su viaje. Estando a solas con él, la soledad hizo que Isaac
expresara su extrañeza por la ausencia de un cordero.

7.

Padre mío.

Esta expresión cariñosa debe haber lacerado el corazón de Abrahán. Al ser
usada por Isaac, joven bien educado de una culta familia semítica, esta forma
de hablar expresaba su deseo de hacer una pregunta. Ningún hijo bien educado
se atrevía a hacer preguntas o a formular declaraciones en la presencia de sus
padres sin recibir permiso para hacerlo. Abrahán le dio ese permiso con su
respuesta: "Heme aquí, mi hijo".

¿Dónde está el cordero? Esta pregunta directa sólo expresaba una extrañeza
inocente. No hay nada en el relato que sugiera que Isaac sospechara en lo más
mínimo que él iba a ocupar el lugar del cordero que faltaba. Su pregunta fue
hecha con toda sencillez, sin ser maliciosa ni indebidamente imprudente.

8.

Dios se proveerá.

La respuesta de Abrahán constituye una expresión profético emanada de las
alturas de la fe heroica hasta las cuales se había elevado su alma. Por
inspiración señalaba tanto al carnero del vers. 13 como al Cordero de Dios, que
en ese momento igualmente estaba más allá de los alcances de su vista. Si no
hubiera sido por la convicción de que estaba haciendo la voluntad de Dios y que
su "único" hijo le sería restaurado, la agonía de Abrahán ante el pensamiento
de perder a Isaac hubiera sido insoportable. Con todo, la pregunta del
muchacho debe haber atravesado el corazón del padre. ¿Comprendería Isaac?

9.

Edificó allí Abraham un altar.

Llegando al lugar donde en siglos posteriores se edificó el templo, padre e
hijo levantaron un altar. Salem, la ciudad de Melquisedec, estaba a corta
distancia hacia el sur. Pero un poco más allá, hacia el noroeste, se hallaba
una colina que después se conoció con el nombre de Gólgota.

Ató a Isaac.

Cuando todo estuvo completo, y no faltaba nada sino la colocación del
sacrificio sobre el altar, temblorosamente Abrahán le refirió a Isaac todo lo
que Dios le había revelado y probablemente añadió a eso su propia fe en la
restauración de Isaac. Es difícil imaginar los sentimientos encontrados que
deben haber surgido en el pecho de Isaac: asombro, terror, sumisión y
finalmente fe y confianza. Si tal era la voluntad de Dios, consideraría como
un honor entregar su vida en sacrificio. Siendo un joven de 20 años,
fácilmente podría haberse resistido. En vez de hacerlo, animó a su padre en
los momentos finales anteriores a la culminación. El hecho de que Isaac
entendiera y compartiera la fe de su padre fue un noble resultado de la
cuidadosa educación que había recibido a través de su niñez y juventud. Así
Isaac se convirtió en un símbolo adecuado del Hijo de Dios, que se sometió a la
voluntad de su Padre (Mat. 26: 39). En ambos casos, el padre entregó a su
único hijo.

10.

Tomó el cuchillo.

Habiendo colocado a la víctima atada sobre la leña, Abrahán estuvo listo para
el último acto: matar a su hijo y prender fuego a la pila de leña. Como un
símbolo del perfecto Cordero de Dios, Isaac no ofreció resistencia ni expresó
ninguna queja (Isa. 53: 7).

11.

El ángel de Jehová le dio voces.

Mientras que en ocasiones anteriores Dios había hablado directamente a Abrahán,
ahora envió su ángel (ver Hech. 7: 2; Gén. 12: 1; 13: 14; 15: 1; 17: 1; 18: 1;
21: 12; PP 148).

12.

No extiendas tu mano.

El patriarca había demostrado ampliamente su fe y obediencia y había satisfecho
plenamente los requisitos de su Dios. Jehová no deseaba la muerte de Isaac. En
realidad, no tenía interés en ninguna ofrenda que implicara un sacrificio
ceremonial como tal. Pero siempre ha deseado la obediencia voluntaria de sus
siervos (1 Sam. 15: 22; Ose. 6: 6). En lo que respecta hasta dónde podían ir
la voluntad y el propósito de padre e hijo, el sacrificio fue completo. Dios
reconoció la consagración de sus corazones como una ofrenda mucho más aceptable
ante su vista, y aceptó su buena disposición a cambio del hecho (Heb. 11: 17).
La voz 365 celestial también testifica que Dios rechaza los sacrificios humanos
(Deut. 12: 31; 2 Rey. 17: 17; 2 Crón. 28: 3; Jer. 19: 5; Eze. 16: 20, 21). No
tienen fundamento las declaraciones de algunos críticos de la Biblia al afirmar
que los hebreos, como parte de su servicio regular de culto, practicaban
sacrificios humanos, tan comunes entre los cananeos y otros pueblos de la
antigüedad. Es cierto que en períodos de apostasía los judíos practicaron ese
rito, pero fue en directa violación de la orden de Dios (Sal. 106: 37, 38; Isa.
57: 5; etc.).

13.

Fue Abraham y tomó el carnero.

Al descubrir el carnero y al aceptar su presencia como una señal adicional de
la providencia de Dios, Abrahán no necesitó esperar instrucciones de Dios
respecto a lo que tenía que hacer con él. Aquí estaba el cordero que Abrahán
había dicho que Dios proveería (vers. 8). No se habían traído en vano la leña
el fuego y el cuchillo, ni se había erigido el altar inútilmente.

14.

Jehová proveerá.

Recordando ahora sus propias palabras proféticas dirigidas a Isaac, Abrahán
llamó el lugar Jehová-jireh, "Jehová proveerá". Añade Moisés que este nombre
dio lugar al proverbio "En el monte de Jehová será provisto". Es algo oscuro
el significado de este proverbio. Indudablemente, recuerda la expresión de fe
de Abrahán de que, en el monte divinamente señalado, Dios mismo proveería un
medio de salvación. Este proverbio constituyó una expresión de la esperanza
mesiánica, aunque su significado no hubiera sido siempre completamente claro a
los que lo citaban. Sobre este lugar sagrado, en el lugar santísimo del templo
de Salomón, posteriormente estableció su morada la Shekinah, gloria de Dios.
Cerca de este monte los dirigentes judíos, en su dureza, rechazaron al
verdadero Cordero de Dios.

15.

El ángel de Jehová.

Después de que el carnero había sido ofrecido, el ángel habló otra vez. Antes
de la experiencia registrada en el cap. 22, Dios se había comunicado con
Abrahán siete veces (ver com. del vers. 1). Esta es la última revelación
divina a Abrahán que se registra. Dios aceptó su lealtad y obediencia y
reafirmó las promesas hechas con tanta frecuencia en ocasiones anteriores.

16.

Por mí mismo he jurado.

El propósito de un juramento es confirmar lo que se ha declarado. Los hombres
invocan a Dios para que testifique de la integridad de ellos. Puesto que no
hay nadie más alto que Dios (Heb. 6: 13), él jura por sí mismo (Isa. 45: 23;
Jer. 22: 5; 49: 13; etc.). Al comprometerse a sí mismo, Dios, por causa del
hombre, sigue una costumbre familiar para los hombres a fin de convencerlos de
la seguridad de las promesas divinas.

17.

Poseerá las puertas de sus enemigos.

Sólo aquí, entre las promesas dadas a Abrahán, se hace referencia a los
"enemigos" sobre los cuales triunfaría su descendencia. Probablemente ésta es
una predicción de que sus descendientes serían victoriosos sobre sus enemigos
en la futura conquista de Canaán. También podría incluir el triunfo de la
verdad sobre los sistemas religiosos paganos. Es decir, la conversión de los
paganos mediante la labor misionera de los hijos espirituales de Abrahán.

20.

Fue dada noticia a Abraham.

Algún mensajero no identificado llegó a Beerseba con una noticia de Nacor, el
hermano de Abrahán que había quedado en Harán. Esta noticia consistió en un
breve resumen de los descendientes de Nacor. Se incluye aquí para mostrar el
origen de Rebeca, que pronto se convertiría en la esposa de Isaac.

Milca.

Esta hija de Harán, que se había casado con su tío Nacor (cap. 11: 29), había
dado a luz ocho hijos, nombrados en los versículos siguientes. Esto no implica
que Milca sólo recientemente había comenzado a tener hijos (ver com. de cap.
11: 30), sino que habían pasado muchos años desde que Abrahán oyó por última
vez de la familia de Nacor.

21.

Uz su primogénito.

Este nombre aparece también en la lista de los hijos de Aram (cap. 10: 23).
Son dos individuos diferentes.

Buz su hermano.

Junto con Dedán y Tema, se menciona a Buz como una tribu árabe (Ver. 25: 23).
Eliú era "buzita" (Job 32: 2, 6). La tierra de Bazu en las inscripciones
asirias de Esarhaddón, parece haber sido la zona habitada por esta tribu. No
es seguro que la tribu de Buz hubiera descendido de Buz, el hijo de Nacor.

Kemuel.

No aparece mencionado en ninguna otra parte de la Biblia. Sin embargo, había
un caudillo efrainita de ese nombre en tiempo del éxodo, y también un levita
del tiempo de David (Núm. 34: 24).

Padre de Aram.

Este nieto de Nacor no es el progenitor de los arameos (cap. 10: 22). Sin 366
embargo, puede haber llevado este nombre en honor de Aram, el hijo de Sem.

23.

Betuel fue el padre de Rebeca.

Nada se sabe de los otros hijos de Nacor con excepción de Betuel, el menor.
Betuel es importante por ser padre de Labán y Rebeca (caps. 24: 15, 24, 47, 50;
25: 20; 28: 2, 5). Betuel literalmente significa "morada de Dios". Esto
podría indicar que fue un hombre piadoso. La omisión del nombre de Labán de
esta lista sugiere que todavía no había nacido.

24.

A Tahas y a Maaca.

Nada se sabe de Teba y de Gaham salvo sus nombres. Tahas quizá dio su nombre a
Tajsi, región del Líbano mencionada en las cartas de Amarna, y Maaca a una
región al pie del monte Hermón (2 Sam. 10: 6, 8; 1 Crón. 19: 7; etc.).

El hecho de que los tres descendientes de Taré -Nacor, Ismael y Jacob tuvieran
cada uno doce hijos ha sido considerado por algunos eruditos críticos como una
simetría artificialmente inventada. Pero los críticos no explican por qué
hombres importantes como Abrahán e Isaac no tuvieron también doce hijos.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-19 PP 144-151; SR 80-83

1, 2 PP 144

2 DTG 434; 1JT 486, 503; PP 145; SR 80

2-12 1T 454

3 1JT 486, 503

3, 4 PP 146

3-6 1JT 352

5-8 PP 147

7 1JT 352

7, 8 DTG 87; PP 151; SR 82

8 DTG 435

9 CS 20; 1JT 352; PR 26

9, 10 PP 147

10, 11 1JT 353

11, 12 PP 148; SR 82

12 DTG 434; 1JT 129, 353, 447, 487; PP 151

13 SR 83

13-18 PP 148

15-18 SR 83

16 1JT 74

16-18 CS 20; PR 26

18 HAp 181; PP 387; PR 273

19 1JT 353

CAPÍTULO 23

1 Edad y muerte de Sara. 3 Adquisición de Macpela, 19 donde Sara fue sepultada.

1 FUE la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la
vida de Sara.

2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino
Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.

3 Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het,
diciendo:

4 Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura
entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí.

5 Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron:

6 Oyenos, señor nuestro; eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor
de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su
sepulcro, ni te impedirá que entierres tu muerta.

7 Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos
de Het,

8 y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad de que yo sepulte mi muerta
de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón hijo de Zohar,

9 para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que
por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros.

10 Este Efrón estaba entre los hijos de Het; y respondió Efrón Heteo a Abraham,
en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su
ciudad, diciendo:

11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está
en 367 ella; en presencia de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu
muerta.

12 Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra,

13 y respondió a Efrón en presencia del pueblo de la tierra, diciendo: Antes,
si te place, te ruego que me oigas. Yo daré el precio de la heredad; tómalo de
mí, y sepultaré en ella mi muerta.

14 Respondió Efrón a Abraham, diciéndole:

15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es
esto entre tú y yo? Entierra, pues, tu muerta.

16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que
dijo, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena
ley entre mercaderes.

17 Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al oriente de Mamre, la
heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la
heredad, y en todos sus contornos,

18 como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los
que entraban por la puerta de la ciudad.

19 Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de
Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.

20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, de Abraham, como una
posesión para sepultura, recibida de los hijos de Het.

1.

La vida de Sara.

Como madre de todos los creyentes (Isa. 51: 2; 1 Ped. 3: 6), Sara es la única
mujer cuya edad en el momento de morir es mencionada en las Escrituras. Isaac
tenía 37 años a la muerte de ella (Gén. 17: 1, 17; 21: 5).

2.

Quiriat-arba.

Abrahán se había trasladado a su antigua residencia cerca de Hebrón (caps. 13:
18; 18: 1). Habiendo vivido casi 40 años en la tierra de los filisteos (caps.
20: 1; 21: 31-34; 22: 19), volvió entonces a la Canaán propiamente dicha, hecho
que anota Moisés específicamente. Quiriat-arba (Jos. 14: 15; 15: 13; 21: 11),
que significa "ciudad de Arba", recibió ese nombre de uno de los gigantes
anaceos que indudablemente la fundó. El nombre Hebrón fue dado a la ciudad un
tiempo después.

Duelo por Sara.

Aparentemente es el único rito fúnebre observado por Abrahán. Esto
probablemente se refiere a un duelo formal: sentarse en el suelo y llorar en la
presencia del muerto. Posteriormente, el duelo se convirtió en un ritual
complicado que incluía ceremonias tales como rasgarse los vestidos, afeitarse
la cabeza, vestirse de saco y cubrirse la cabeza con polvo y ceniza (2 Sam. 3:
31; Job 1: 20; 2: 12).

3.

Habló a los hijos de Het.

Los habitantes de la región son aquí llamados los hijos de Het o hititas (vers.
10). Durante el primer período de residencia de Abrahán, los amorreos habían
estado en posesión de Hebrón (ver com. de cap. 20: 1). Las objeciones críticas
en cuanto a la presencia de los hititas en la Palestina meridional en este
período antiquísimo no están confirmadas por los descubrimientos arqueológicos
más recientes.

En realidad, a la luz de las leyes de los hititas se pueden explicar mejor
algunos detalles relacionados con este relato. (Véase vers. 11, 17, y M. R.
Lehmann en Bulletin of the American Schools of Oriental Research, 129 [Feb.
1953], págs. 15-18.)

4.

Extranjero y forastero soy.

Es digna de notarse la forma cortés en que Abrahán se dirigió a los hititas, el
"pueblo de aquella tierra" (vers. 7, 12, 13). Admitió francamente su condición
de transeúnte y no pretendió tener derecho a nada de la tierra (Heb. 11: 13).
Dios le había prometido toda Canaán. Con unos pocos centenares de sus criados
había derrotado a las fuerzas aliadas expedicionarias de Mesopotamia (Gén. 14).
Estos mismos hititas lo habían reconocido como a un "príncipe de Dios" (cap.
23: 6). Sin embargo, humildemente Abrahán no presentó ninguna demanda a sus
vecinos, y pidió permiso para conseguir el título de propiedad de una parcela
de tierra, no por derecho, sino como un favor y por un precio.

Sepultura.

Esa es la primera tumba mencionada en las Escrituras. Muchas naciones paganas
de la antigüedad incineraban a sus difuntos, pero los hebreos preferían
enterrarlos. El deseo de ser sepultado en la tierra de uno mismo es común a la
gente de todos los siglos, todas las razas y todos los niveles de cultura.

6.

Eres un príncipe de Dios.

Los heteos 368 respondieron cortésmente al pedido de Abrahán, correspondiendo a
su cortesía. Rehusando aceptar la forma en que se consideraba él mismo como
"extranjero" entre ellos, lo reconocieron como a un "príncipe de Dios",
expresión que, de acuerdo con un modismo familiar hebreo, podría legítimamente
traducirse "príncipe poderoso". Al designar a Abrahán como un "príncipe
poderoso" los heteos expresaron su reconocimiento de Abrahán como un hombre a
quien Dios había favorecido.

Ninguno de nosotros te negará.

Aprobaron cordialmente el pedido de Abrahán. Para comenzar le ofrecieron poner
a su disposición los lugares donde ellos sepultaban a sus muertos; un gesto
verdaderamente cortés.

7.

Abraham se levantó.

La cortesía oriental, el tacto y el trato mediante regateos resaltan en los
arreglos entre Abrahán y los hijos de Het. Abrahán expresó su aprecio
inclinándose, un ademán común oriental de gratitud. No encontrando oposición a
su pedido un tanto vago, Abrahán formuló una propuesta concreta.

8.

Interceded por mí.

En una forma típicamente oriental, Abrahán no dirigió su pedido a Efrón mismo,
sino que pidió a los ancianos de la ciudad que usaran su influencia para
conseguir la propiedad deseada. Habían de ser sus intermediarios para realizar
la transacción. Un proceder tal le permitiría concluir el convenio con mayor
presteza y también evitaría incomprensiones que pudieran surgir de otra manera.
El buen nombre de toda la comunidad aseguraría un trato justo y protegería de
las críticas tanto a Abrahán como a Efrón.

9.

Macpela.

Este nombre se ha explicado en diversas formas. Algunos lo han tomado como un
nombre propio, otros como la descripción de alguna peculiaridad de la caverna.
Proviene de la raíz kafal, "duplicar", lo que sugiere que podría ser una cueva
doble o quizá con dos entradas. Parece preferible la primera interpretación.
En esa cueva fueron depositados sucesivamente los restos de Sara, Abrahán,
Isaac, Rebeca, Lea y Jacob (caps. 25: 9; 49: 31; 50: 13). De la gran familia
patriarcal, sólo Raquel quedó ausente (cap. 35: 19). Macpela ha sido
identificada con dos cuevas, una encima de la otra, debajo de una mezquita
musulmana en una loma cerca de Hebrón. Durante siglos el acceso estuvo
prohibido, pero en 1882 se hizo una excepción con el entonces futuro Jorge V de
Inglaterra y su hermano. Desde la Primera Guerra Mundial, varios cristianos
han tenido la oportunidad de visitar la cueva superior, la cual contiene
piedras marcadas que llevan los nombres de Abrahán, Sara, Isaac, Jacob, Rebeca
y Lea. Estas lápidas deben señalar sus tumbas reales en la cueva inferior
labrada en la roca. Si esta antiquísima tradición concuerda con los hechos, no
se puede determinar hasta que se permita realizar estudios científicos en la
cueva inferior.

11.

Te doy la heredad.

Toda esa clase de transacciones se hacían en la puerta de la ciudad (Gén. 34:
20; Rut 4: 1). Habló Efrón, que obviamente era uno de los nobles presentes y
es mencionado por nombre. Ostensiblemente ofreció a Abrahán la heredad que
contiene la cueva como un regalo directo. Esta oferta obedece a una buena
costumbre oriental que se ha mantenido viva en algunos lugares hasta el día de
hoy. Por supuesto, todos sabían que esa oferta no debía tomarse en serio.
Efrón no estaba dispuesto a vender la cueva sin la heredad.

La razón para este anhelo de Efrón de vender toda la propiedad y no
sencillamente parte de ella, reside en las leyes hititas (Nos. 46, 47), que
permitían la exoneración del servicio feudal solamente si todo el campo es
vendido, pero no si se dispone de él en fragmentos. Por eso, si Abrahán
hubiese comprado tan sólo la cueva, el pago de impuestos de Efrón no habría
disminuido, al paso que si Abrahán finalmente compraba toda la propiedad, se
transferían las obligaciones feudales de Efrón a Abrahán, el comprador.

13.

Yo daré el precio.

Reconociendo en la respuesta de Efrón su disposición para que él quedara con la
cueva si compraba el campo en que ella estaba, nuevamente Abrahán se inclinó en
señal de gratitud. Por supuesto, declinó aceptar la propiedad de Efrón como un
regalo, y preguntó el precio, expresando su deseo de pagarlo.

15.

Cuatrocientos siclos.

Unos 230 dólares (ver com. de cap. 20: 16). Ahora Efrón mencionó su precio,
queriendo decir que era una bagatela para un hombre rico como Abrahán. Aunque
el precio parece muy razonable en términos de los valores modernos, en el
tiempo de Abrahán debe haber parecido exorbitante. Los registros babilonios
revelan 369 que los campos por término medio eran entonces vendidos a 8 siclos
la hectárea, y los huertos más fértiles a 80 siclos por hectárea. De acuerdo
con las normas de Babilonia, Abrahán podría haber comprado un campo de unas 50
hectáreas por ese dinero. Aunque no sabemos cuán grande era el campo de Efrón,
Moisés parece dejar la impresión de que, para obtener una buena ganancia, Efrón
se aprovechó de la fama de Abrahán. De otra manera, Efrón no habría ofrecido a
Abrahán el campo además de la cueva (ver com. del vers. 11).

16.

Pesó Abraham.

Deseando evitar cualquier sentimiento de enemistad, Abrahán, como semita a
merced de los hititas, antes que regatear el precio pagó sin cuestionar.
Entonces, como ahora, se acostumbraba un proceder tal por todo el Oriente, y
Efrón indudablemente esperaba que Abrahán procediera así. Como "príncipe
poderoso", un rico jefe nómada, Abrahán quizá sintió que el regateo disminuiría
su dignidad, o quizá deliberadamente eligió evitar la reputación de ser un
negociante difícil. Pagó todo al contado, de acuerdo con las normas
comerciales comunes, como lo indica la frase "plata de buena ley entre
mercaderes".

17.

La heredad.

Aquí se presentan algunas estipulaciones del contrato, sin duda expresadas con
mayores detalles en una escritura pública. Numerosos contratos tales de aquel
tiempo -de Ur, el antiguo hogar de Abrahán, y de otras partes de Mesopotamia
presentan un cuadro claro de la forma de tales contratos. Sin duda el título
de propiedad de Abrahán contenía una descripción exacta de la propiedad y su
ubicación e incluía una lista de los árboles y otros objetos, en este caso
también la cueva. Por ejemplo, si los árboles no se hubieran incluido
específicamente, Efrón podría haber reclamado el fruto de ellos cada año.

Una vez más, éste es un detalle interesante que muestra que los hititas
estuvieron implicados en toda la transacción, puesto que la lista exacta del
número de árboles de cada venta de una propiedad es una de las características
de los documentos comerciales hititas.

19.

Sepultó Abraham a Sara.

La cueva estaba situada cerca de Mamre, donde Abrahán había vivido antes del
nacimiento de Isaac. Abrahán dejó a su amada esposa descansando a la vista del
bosquecillo que había sido su hogar durante tantos años, donde habían
compartido sus gozos y sus dolores, sus chascos y sus esperanzas.

Al oriente de Mamre.

Mamre no era otro nombre para Hebrón, sino que sencillamente era otro lugar que
estaba en sus proximidades (Gén. 13: 18).

En la tierra de Canaán.

Esta frase hace resaltar, como en el vers. 2, que Sara encontró su último lugar
de descanso en una parcela de terreno perteneciente a Abrahán en la tierra
prometida de Canaán.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

7 MeM 198

17-20 PP 166

CAPÍTULO 24

1 Abraham hace jurar a su criado. 10 El viaje del criado. 12 Su oración. 14 Su
señal. 15 Su encuentro con Rebeca. 18 Se cumple su señal. 22 Recibe joyas. 23
Identifica a su familia. 25 Lo invita a su casa. 26 El criado bendice a Dios.
29 Labán lo hospeda. 34 El criado da su mensaje. 50 Labán y Betuel aprueban su
pedido. 58 Rebeca promete ir. 62 Encuentro de Isaac con Rebeca.

1 ERA Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a
Abraham en todo.

2 Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que
gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,

3 y te juramentaré por Jehová, Dios de los 370 cielos y Dios de la tierra, que
no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo
habito;

4 sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mí hijo
Isaac.

5 El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta
tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste?

6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.

7 Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra
de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta
tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi
hijo.

8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi
juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo.

9 Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le
juró sobre este negocio.

10 Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue,
tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó
a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.

11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua,
a la hora de la tarde, la hora en que salen las doncellas por agua.

12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy
buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.

13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de
esta ciudad salen por agua.

14 Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego,
para que yo beba, y ella respondiera: Bebe, y también daré de beber a tus
camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto
conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.

15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había
nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía
con su cántaro sobre su hombro.

16 Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había
conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.

17 Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un
poco de agua de tu cántaro.

18 Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su
mano, y le dio a beber.

19 Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré
agua, hasta que acaben de beber.

20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo
para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.

21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había
prosperado su viaje, o no.

22 Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de
oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez,

23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu
padre lugar donde posemos?

24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella dio a luz a
Nacor.

25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para
posar.

26 El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová,

27 y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mí amo Abraham, que no apartó de mi amo
su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los
hermanos de mi amo.

28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas.

29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera hacia
el hombre, a la fuente.

30 Y cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que
decía: Así me habló aquel hombre, vino a él; y he aquí que estaba con los
camellos junto a la fuente.

31 Y le dijo: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? He preparado la
casa, y el lugar para los camellos.

32 Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja
y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con
él venían.

33 Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: 371 No comeré hasta que haya
dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla.

34 Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham.

35 Y Jehová ha bendecido mucho a mi amo, y él se ha engrandecido; y le ha dado
ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.

36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, quien le
ha dado a él todo cuanto tiene.

37 Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás para mi hijo mujer de las hijas
de los cananeos, en cuya tierra habito;

38 sino que irás a la casa de mi padre y a mi parentela, y tomarás mujer para
mi hijo.

39 Y yo dije: Quizás la mujer no querrá seguirme.

40 Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su
ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás para mi hijo mujer de mi
familia y de la casa de mi padre.

41 Entonces serás libre de mi juramento, cuando hayas llegado a mi familia; y
si no te la dieren, serás libre de mi juramento.

42 Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si
tú prosperas ahora mi camino por el cual ando,

43 he aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que
saliere por agua, a la cual dijere: Dame de beber, te ruego, un poco de agua de
tu cántaro,

44 y ella me respondiera: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; sea
ésta la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor.

45 Antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su
cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y le dije: Te
ruego que me des de beber.

46 Y bajó prontamente su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus
camellos daré de beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos.

47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija
de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces le puse un pendiente
en su nariz, y brazaletes en sus brazos;

48 y me incliné y adoré a Jehová, y bendije a Jehová Dios de mi señor Abraham,
que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi
señor para su hijo.

49 Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor,
declarádmelo; y si no, declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra.

50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no
podemos hablarte malo ni bueno.

51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu
señor, como lo ha dicho Jehová.

52 Cuando el criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante
Jehová.

53 Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a
Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.

54 Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y
levantan doce de mañana, dijo: Enviadme a mi señor.

55 Entonces respondieron su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros
a lo menos diez días, y después irá.

56 Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino;
despachadme para que me vaya a mi señor.

57 Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle.

58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella
respondió: Sí, iré.

59 Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de
Abraham y a sus hombres.

60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares
de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos.

61 Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y
siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue.

62 Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el
Neguev.

63 Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando
sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían.

64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello;

65 porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el
campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella
entonces tomó el velo, y se cubrió. 372

66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho.

67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y
la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.

1.

Era Abraham ya viejo.

Los sucesos narrados en este capítulo ocurrieron tres años después de la muerte
de Sara (cap. 23: 1, 2). Puesto que Sara tenía 90 años cuando nació. Isaac, y
éste 40 cuando se casó con Rebeca (cap. 25: 20), Abrahán tenía unos 140 años en
este tiempo (cap. 17: 17).

2.

Un criado suyo, el más viejo.

Eliezer era el siervo de mayor confianza en la casa de Abrahán (PP 169). Medio
siglo antes, de primera intención él había sido elegido por Abrahán como su
posible heredero (cap. 15: 2). Ahora fue llamado por Abrahán para una misión
importantísima.

Tu mano debajo de mi muslo.

Esta antigua ceremonia que acompañaba a un solemne juramento sólo se menciona
otra vez en el cap. 47: 29. En ambos casos las circunstancias sugieren una
promesa que había que cumplir fielmente después de la muerte de aquel a quien
se hacía la promesa, es decir que se cumplía con su posteridad. La muerte de
una de las partes, no desobligaba a la otra de su juramento. Las explicaciones
de esta costumbre varían algo entre los comentadores. Considerada como el
origen de la posteridad (Gén. 35: 11; 46: 26; Exo. 1: 5), se ha entendido que
la palabra "muslo" o "lomos" (el mismo vocablo en hebreo) señalaba hacia la
futura descendencia de Abrahán, en particular a Cristo, la Simiente prometida.
Si es así, por así decirlo el juramento era formulado por -o en el nombre de
Aquel que había de venir. Otros intérpretes han considerado el muslo como
símbolo de señorío o autoridad, y el colocar la mano debajo de él un juramento
de fidelidad a un superior.

3.

No tomarás para mi hijo mujer.

Aunque Abrahán iba a vivir otros 35 años (cf. cap. 25: 7, 20), parece haberse
sentido algo débil en este tiempo (vers. 1). La autoridad dada a Eliezer en la
elección de una esposa implica una encomiable sumisión de parte de Isaac, que
ya tenía 40 años. En tiempos antiguos,

como es hasta hoy día en el Oriente, los padres elegían el cónyuge y hacían los
arreglos para la boda de sus hijos. Esto de ninguna manera implicaba que los
deseos de los jóvenes mismos eran ignorados (ver vers. 58, 67; PP 168). La
larga demora en hacer planes para el casamiento de Isaac probablemente se debió
al deseo de Abrahán de evitar que su hijo tomara una esposa cananea, ya que
hasta entonces no había procurado conseguir una de Harán (vers. 3-6). La
muerte de Sara quizá había añadido un sentido de urgencia al asunto.

De los cananeos.

Conociendo el creciente libertinaje y la idolatría de los cananeos y su
inminente condenación, Abrahán deseaba conservar la pureza de la simiente
prometida. Su propia experiencia con Agar y las vicisitudes de Lot e Ismael le
habían enseñado el peligro de las alianzas con gente de origen pagano (PP 171).
Además Dios ya había prohibido el casamiento con los cananeos, prohibición que
más tarde se incorporó en la legislación mosaica (Exo. 34: 16; Deut. 7: 3).

4.

A mi tierra.

No a Ur de los Caldeos, sino a Harán, ambos lugares de la Mesopotamia. Aunque
no estaban libres de la idolatría, los parientes de Abrahán preservaron, en
cierta medida, el conocimiento y el culto del Dios verdadero (Gén. 31: 19; Jos.
24: 2; PP 168). Por lo tanto, una nuera tomada de ellos parecia muy preferible
a una que procediera de los degradados cananeos.

6.

Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.

Solemnemente Abrahán encargó a Eliezer que no le permitiera a Isaac que fuera a
Mesopotamia. Sentía que ni él ni su hijo debían regresar allí ni siquiera para
una visita. Esto, junto con su edad avanzada (vers. 1), probablemente influyó
en él para que no volviera en persona a conseguir una esposa para su hijo.

7.

El enviará su ángel.

Esta tierna expresión de confianza en la dirección divina revela la permanente
convicción de Abrahán de que él y sus asuntos estaban bajo la dirección y
protección de Dios. La misma seguridad de dirección divina dada a Eliezer
posteriormente fue prometida al pueblo de Israel (Exo. 23: 20) y a la iglesia
cristiana (Heb. 1: 14).

8.

Serás libre.

En vista de la naturaleza sagrada y obligatoria de su juramento, Eliezer
experimentó una preocupación justificable 373

VIAJE DE ELIEZER

374 en cuanto a su responsabilidad en caso de que ninguna mujer quisiera volver
con él a Canaán. Abrahán le aseguró a Eliezer que podría contar con Dios, pues
no le dejaría, habiéndolos guiado hasta allí. Eliezer podía emprender el viaje
teniendo confianza en la conclusión feliz de su misión. Pero si por alguna
razón sucedía lo contrario, debía considerarse libre de una obligación
posterior respecto al juramento, con la excepción de que en ninguna
circunstancia debía permitir que Isaac fuera a Mesopotamia a conseguir esposa.
No hay duda de que Abrahán temía que Isaac pudiera sentirse tentado a
permanecer en Mesopotamia y así torcer el propósito divino.

10.

Diez camellos.

En cuanto al uso de camellos domesticados, en tiempo de Abrahán, ver com. de
cap. 12: 16. Abrahán dejó toda la planificación y la ejecución de este encargo
en las manos de su siervo Eliezer, digno de toda confianza. La declaración de
que Eliezer "era el que gobernaba en todo lo que [Abrahán] tenía" muestra que
era un hombre de experiencia y sano juicio. Ya había estado con Abrahán
durante más de medio siglo (cap. 15: 2).

Llegó a Mesopotamia.

El término hebreo traducido aquí Mesopotamia es 'Aram-naharayim; literalmente,
"Aram de los dos ríos". Esta tierra donde florecieron los mitanios en el
tiempo de Moisés, era llamada naharina por los egipcios. Está en el norte de
Mesopotamia, entre el Eufrates superior y el río jabur.

La ciudad de Nacor.

Hasta abril de 1930 se pensaba que era tan sólo otro nombre para Harán (caps.
27: 43; 28: 10). Sin embargo, tablillas cuneiformes del siglo XVIII AC,
descubiertas en Mari, ciudad amorrea del Eufrates central, mencionan a
Til-Nahiri, "la ciudad de Nacor", como una ciudad de la región de Harán. La
"ciudad de Nacor", por lo tanto, no era la misma Harán, sino una localidad
separada fundada por Nacor y llamada por el nombre de él (ver com. de cap. 11:
31).

11.

La hora en que salen las doncellas.

Nada se dice en cuanto al viaje mismo, que debe haber llevado muchos días, y
Moisés continúa la narración cuando Eliezer llegó a su destino. La caravana de
diez camellos había llegado al pozo fuera de la ciudad de Nacor, y se
arrodillaron para descansar y esperar que les dieran de beber. Desde la más
remota antigüedad fue la costumbre oriental que las mujeres sacaran agua y la
llevaran a casa ya fuera en cántaros o en odres (Exo. 2: 16; 1 Sam. 9: 11).
Eliezer consideró tal ocasión como una buena oportunidad para observar a las
jóvenes casaderas de la ciudad y para decidir en cuanto a una esposa
conveniente para el hijo de su amo.

12.

Oh Jehová, Dios.

Habiendo sido criado en la religión de su amo y siendo él mismo un firme
creyente en el Dios verdadero, Eliezer oró silenciosamente pidiendo sabiduría,
dirección y éxito. Este siervo que ora es un ejemplo animador de los frutos
del celoso cuidado de Abrahán por las almas de su casa (cap. 18: 19). Esta, la
primera oración registrada en la Biblia, expresa una fe infantil. Bien conocía
Eliezer que era grande su responsabilidad de volver con una mujer que fuera una
bendición y no una maldición para la casa de Abrahán, una que fuese ayuda
idónea para su esposo y que no contribuyera a su caída. Por lo tanto, pidió
una señal que lo guiara en su elección. Puesto que no era fácil sacar agua
suficiente para diez camellos sedientos, lo que propuso significaba una
verdadera prueba de carácter. Eliezer quería estar seguro de que la mujer que
llevara al hogar de Abrahán fuese naturalmente amigable, dispuesta para ayudar
y capaz de trabajar.

15.

He aquí Rebeca.

No por accidente sino en forma providencial fue respondida su oración antes de
que la hubiera completado. Esta no fue la única ocasión en que la respuesta de
Dios vino tan rápidamente (Dan. 9: 23; Isa. 65: 24). El está siempre dispuesto
para oír una oración sincera expresada con fe. El significado del nombre
Rebeca es oscuro. En cuanto a su linaje, ver com. de Gén. 22: 23.

Su cántaro sobre su hombro.

En algunos pueblos orientales existe la costumbre de llevar cántaros de agua
sobre la cabeza, pero las mujeres de Palestina y de Siria los llevan sobre los
hombros.

16.

De aspecto muy hermoso.

Moisés presenta a Rebeca a sus lectores inmediatamente después de que aparece
en el relato. Al igual que Sara (cap. 12: 11) y Raquel (cap. 29: 17), Rebeca
era muy atrayente. Con el hecho de repetirlo, se hace resaltar su virginidad.
Esta era verdaderamente una virtud importante para la que debía llegar a ser la
madre de toda una nación. 375

Descendió a la fuente.

La fuente era una vertiente natural, como lo indica la palabra hebrea 'áyin.
Generalmente se encontraban estas vertientes en wadi, el lecho seco de una
corriente de agua estacional, al paso que las ciudades se edificaban sobre
montículos. Por lo tanto, necesariamente la gente tenía que "descender" hasta
el lugar donde sacaban el agua.

19.

También para tus camellos sacaré agua.

Rebeca, a quien un cansado viajero sólo le había pedido algo de agua para
beber, inmediatamente manifestó su bondadosa disposición. Su ofrecimiento de
sacar agua para los camellos fue voluntario y no obedecía a una costumbre.
Demostraba un genuino deseo de ayudar a los que estaban en necesidad y, sobre
todo, no debe olvidarse que su bondad fue utilizada por la providencia de Dios
como una evidencia de que él la había escogido para ser la esposa de Isaac. Su
ofrecimiento podía ser la plena respuesta a la oración de Eliezer únicamente si
provenía como una manifestación natural del carácter.

21.

Maravillado de ella.

Eliezer estaba tan fascinado por la buena voluntad natural de Rebeca de
ayudarle, que permitió que sacara agua para sus diez camellos sin ofrecerle su
ayuda (ver Gén. 29: 10; Exo. 2: 17). Quedó sorprendido por la precisión y
prontitud con que la Providencia había respondido a su oración en procura de
dirección. Momentáneamente vaciló: ¿podría ser verdad? De igual modo los
discípulos quedaron asombrados cuando Pedro, después de haber sido libertado de
la prisión por un ángel, súbitamente estuvo ante ellos. Aunque oraban para que
fuera librado, les resultó difícil aceptar la respuesta cuando llegó (Hech. 12:
12-17).

22.

Un pendiente de oro.

Debe notarse que este regalo no fue la dote de ella sino una expresión de la
gratitud de Eliezer. Aunque sospechaba que llegaría a ser la esposa de Isaac,
Eliezer todavía ni sabía su nombre, mucho menos su relación familiar con
Abrahán. La palabra traducida "pendiente", "joya para la frente", proviene del
hebreo nézem, un anillo para la nariz. Desde los tiempos antiguos, las mujeres
beduinas han llevado anillos en la nariz, ya sea en el cartílago de uno de los
lados o en el tabique central de la nariz (Isa. 3: 21; Eze. 16: 11, 12). Entre
los beduinos, el anillo en la nariz es todavía el regalo que se acostumbra dar
cuando se compromete una pareja. El anillo de oro pesaba probablemente unos 6
g, y los dos brazaletes de oro entre 120 y 150 g. Al precio actual del oro, su
valor combinado sería de unos 700 dólares. No es de admirar que Labán quedara
sorprendido (vers. 30).

25.

Lugar para posar.

Eliezer estaba convencido de que la joven que había conocido en forma tan
notable era la elegida por Dios para acompañarlo de vuelta a Canaán. La
hospitalidad parece haber sido una práctica común en el hogar de Rebeca. De
otro modo, no se hubiera sentido libre para invitar a un extraño a posar con
ellos.

26.

Se inclinó.

El fiel siervo de Abrahán era uno de esos individuos felices que no solamente
oran pidiendo ayuda sino que también expresan su gratitud al recibirla. Dio la
gloria a Dios por el buen éxito que había acompañado a su misión. Eliezer es
un digno ejemplo del valor del culto familiar. Abrahán nunca había considerado
su religión como una mera posesión personal, pero sí la había vivido y enseñado
(cap. 18: 19), y había hecho que su gran familia participara de los requisitos
y privilegios del pacto divino (cap. 17: 23). Habían llegado a creer en el
Dios verdadero y a imitar el ejemplo de fiel consagración a Dios de parte de
Abrahán. Las dos oraciones de Eliezer en el pozo de la ciudad de Nacor hacen
resaltar el valor de la obra misionera en el hogar.

28.

Casa de su madre.

Se han dado varias explicaciones para responder por qué Rebeca fue a la "casa
de su madre" y no a la casa de su padre: (1) Su madre era cabeza de la familia.
Eso no puede ser correcto porque los hombres de la familia decidieron la
cuestión (vers. 31, 50-59). (2) Su padre, Betuel, había muerto y la persona de
ese nombre del vers. 50 era un hermano menor. (3) En muchos países orientales
las mujeres tienen residencias separadas, y naturalmente Rebeca fue allí
primero para contar lo que le había sucedido. (4) La expresión "casa de su
madre" significa en realidad "casa de su abuela", de acuerdo con una costumbre
común semítica por la cual una abuela puede ser llamada madre. Puesto que la
abuela de Rebeca, Milca, es mencionada repetidas veces (vers. 15, 24, 47), al
paso que su madre no es mencionada, es posible que la última haya estado
muerta. De modo que Rebeca quizá residía con su abuela Milca, quien siendo
viuda tendría una casa separada. El 376 tercer punto de vista parece ofrecer
la mejor explicación.

29.

Labán.

El "rubio", probablemente hermano menor de Rebeca (ver com. de cap. 22: 23).
Su carácter algo defectuoso, puesto en evidencia más tarde en sus tratos con
Jacob, se reflejó en el hecho de que, al ver los ricos regalos que había
recibido su hermana, salió corriendo inmediatamente para encontrar a Eliezer.

31.

Bendito de Jehová.

Aunque era idólatra (cap. 31: 30), Labán también conocía y apreciaba el culto
de Jehová (PP 168). El relato de Rebeca de su encuentro providencial con
Eliezer cerca del pozo, sin duda hizo recordar a los hermanos la migración
divinamente señalada a Abrahán para que fuera a Canaán, y los informes de su
progreso allí.

33.

No comeré.

La cortesía oriental normalmente posponía la transacción de negocios hasta
después de la comida (véase Homero, La odisea, III. 69). Sin embargo, Eliezer
sintió que su misión era tan apremiante que no podía detenerse aun para comer
mientras el asunto siguiera pesando sobre su corazón y su resultado
permaneciera incierto. Su diligencia aquí manifestada explica la confianza que
Abrahán le tenía y la justifica plenamente.

49.

Declarádmelo.

Después de repetir el relato de la prosperidad de su amo, del nacimiento de
Isaac, de su propio juramento de conseguir una esposa para Isaac entre los
parientes de su amo, y de la forma providencial en que había sido llevado al
hogar de Rebeca, Eliezer con solemne fervor insistió en una decisión inmediata.

50.

De Jehová ha salido esto.

En armonía con la costumbre normal del Oriente, Labán y Betuel debían aprobar
el propuesto casamiento de Rebeca con Isaac. Sin embargo, puesto que Jehová ya
había decidido el asunto, no les quedaba otra alternativa sino acceder. En lo
que a ellos se refería, la decisión de Jehová no podía ser cuestionada por
ellos, y así Eliezer quedó en libertad para llevar a Rebeca a Canaán.

52.

Se inclinó en tierra ante Jehová.

Esta es la tercera oración de Eliezer durante su corta estada en la ciudad de
Nacor (vers. 12, 26). Parece que cada incidente de la vida era para él un
motivo de oración, ya fuera en procura de dirección o para agradecer. Otros
bien pueden confiar en un hombre que a su vez confía en Dios. ¡Cuánto mayor
sería nuestro éxito en todos los asuntos temporales si, como Eliezer,
reconociéramos a Dios en todo lo que hacemos!

54.

Enviadme a mi señor.

Eliezer estaba impaciente por completar su misión informando su éxito a
Abrahán, no fuera que la demora se convirtiese en una causa de preocupación
para él. Como podría esperarse, los parientes de Rebeca quedaron turbados ante
el pensamiento de una separación tan súbita de ella. Creían que ella debía
disponer de suficiente tiempo a fin de prepararse para su partida y también
para que se le pudiera dar una despedida adecuada. De acuerdo con la costumbre
oriental, esto sin duda incluiría varios días de festejos y holgorio.

56.

No me detengáis.

La insistencia de Eliezer y su consideración por Rebeca indujeron a Labán a
dejar la decisión con ella. ¿Estaría dispuesta a privarse del placer de unos
pocos días más en el hogar de su niñez a fin de complacer a su futuro esposo, y
al padre de él? La pronta y voluntaria respuesta de ella refleja madurez de
juicio, un espíritu desinteresado y el reconocimiento de que, de allí en
adelante, su primer deber debía ser para con su esposo.

60.

Sé madre.

La familia de Rebeca invocó sobre ella las bendiciones prometidas por Dios a
Abrahán. Todavía los orientales consideran que una descendencia numerosa es la
mayor de las bendiciones y ése fue el principal objeto de su deseo para ella.
En cuanto al anhelo expresado de que su simiente poseyera la puerta de sus
enemigos, ver com. de cap. 22: 17.

62.

Venía Isaac.

Lo mismo que del viaje a Mesopotamia, nada se dice del viaje de regreso a
Canaán. Moisés pasa inmediatamente a la escena de la bienvenida de ella en su
hogar futuro. Este acontecimiento ocurrió en el pozo que Agar había llamado
Pozo del Viviente-que-me-ve (cap. 16: 14), en el Neguev, al sur de Beerseba
(ver com. de cap. 12: 9). Desde la muerte de Sara, que había ocurrido en Hebrón
(cap. 23: 2), indudablemente Abrahán una vez más había cambiado su residencia.

63.

Había salido Isaac a meditar.

No es seguro el significado exacto de la palabra hebrea Ñuaj, traducida
"meditar" en la VVR. La idea de meditar se encuentra en las versiones más
antiguas no semíticas de este texto, la 377 LXX y la Vulgata. En las versiones
semíticas más antiguas, el Pentateuco Samaritano y el tárgum de Onkelos, la
traducción es "orar". Eso fue aceptado por el gran gramático hebreo Kimchi de
la Edad Media, el reformador Lutero y otros expositores. El hecho de que
Rebeca llegara a ser un consuelo para Isaac mientras todavía él lamentaba la
muerte de su madre (vers. 67), ha inducido a algunos comentadores a explicar la
palabra Ñuaj como que significa "lamentar". Siendo todavía incierto el
significado preciso de esta palabra, parecería lo mejor aceptar por ahora las
traducciones más antiguas disponibles como lo ha hecho la VVR. Isaac puede
haber estado meditando en el feliz retorno de Eliezer con su novia u orando por
ello. Con seguridad estaba anticipando su inminente regreso de la Mesopotamia.
Su felicidad futura dependería en gran medida de la clase de esposa que
Eliezer trajera consigo. Ciertamente habría sido propio que Isaac se
arrodillara y orase pidiendo la bendición de Dios sobre su nuevo hogar.
Aquellos esposos y esposas cuya unión se produce como respuesta a la oración
llegarán a ser la mayor bendición el uno para el otro.

65.

Ella entonces tomó el velo.

Rebeca estaba ansiosa ante la expectativa de saludar a Isaac, pero la costumbre
de su país no permitía que el novio viera el rostro de la novia antes que se
hubiera concluido el casamiento (ver cap. 29: 23, 25). Además su pudor se
reveló todavía en otra forma. Para encontrar a su futuro esposo por primera
vez, prefirió desmontar del camello.

66.

Contó a Isaac.

Aunque no se dice nada de Abrahán, indudablemente recibió a su nuera en la
forma más amable y con muchas bendiciones. El relato de la forma en que
Eliezer encontró a Rebeca debe haberle proporcionado mucha satisfacción. Es
fácil pensar que esta ocasión fuera solemnizado por Abrahán en la forma de un
culto de agradecimiento.

67.

La tienda de su madre Sara.

Quizá ese mismo día, o al día siguiente, Isaac condujo a Rebeca a la tienda de
su madre. Vacía durante tres años, llegó a ser entonces el hogar de Rebeca y
sus doncellas. Esto implica que Rebeca tomó el importante lugar de Sara en la
casa de Abrahán. La ceremonia del casamiento de Isaac indudablemente consistió
en una sencilla declaración, delante de testigos, de su intención de tomar a
Rebeca como esposa (cf. Rut 4: 10-13).

Y la amó.

Isaac tenía toda razón para amar a Rebeca. No sólo era bellísima (vers. 16)
sino de un carácter bondadoso, alegre y considerado. Parece haber sido,
hablando en términos generales, un modelo de virtudes femeninas (ver Prov. 31:
10-31; 1 Ped. 3: 1-6; Tito 2: 3-5). La educación cuidadosa de Isaac y su
espíritu sumiso ya se han hecho resaltar (ver com. de cap. 22: 9). El hogar de
ambos tiene que haber sido un hogar muy feliz.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-67 PP 168-174; SR 84-86

2-9 PP 169

10 PP 186

10-21 PP 169

22-24, 26-51 PP 170

35 CMC 145

49-52 SR 85

58 PP 170; SR 85

63-67 PP 171

67 PP 173

CAPÍTULO 25

1 Los descendientes de Abraham y Cetura. 5 La distribución de sus bienes. 7
Edad y muerte del patriarca. 9 Su entierro. 12 Los descendientes de Ismael. 17
Su edad y su muerte. 19 Isaac ora por su esposa estéril. 22 Los hijos luchan en
el vientre de Rebeca. 24 Nacimiento de Esaú y Jacob. 27 Diferencia entre ambos.
29 Esaú vende su primogenitura.

1 ABRAHAM tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura,

2 la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.

3 Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y
Leumim. 378

4 E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos
de Cetura.

5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.

6 Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de
Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.

7 Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.

8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de
años, y fue unido a su pueblo.

9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la
heredad de Efrón hijo de Zohar heteo, que está enfrente de Mamre,

10 heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue sepultado Abraham,
y Sara su mujer.

11 Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo; y
habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me-ve.

12 Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, a quien le dio a luz
Agar egipcia, sierva de Sara;

13 estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados en el orden
de su nacimiento: El primogénito de Ismael, Nebaiot; luego Cedar, Adbeel,
Mibsam,

14 Misma, Duma, Massa,

15 Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema.

16 Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus
campamentos; doce príncipes por sus familias.

17 Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y
exhaló el espíritu Ismael, y murió, y fue unido a su pueblo.

18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto viniendo a
Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos.

19 Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a
Isaac,

20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel
arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.

21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y
concibió Rebeca su mujer.

22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo?
Y fue a consultar a Jehová;

23 y le respondió Jehová:

Dos naciones hay en tu seno,

Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;

El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,

Y el mayor servirá al menor.

24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su
vientre.

25 Y salió el primero, rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron
su nombre Esaú.

26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado
su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a
luz.

27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero
Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.

28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.

29 Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,

30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy
cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.

31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.

32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá
la primogenitura?

33 Y dijo Jacob: júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su
primogenitura.

34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y
bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

1.

Abraham tomó otra mujer.

Aunque la soledad de Abrahán después de la muerte de Sara lo había impresionado
con la idea de que su propia edad ya era avanzada (ver com. de cap. 24: 1),
todavía disfrutaba de notable vigor físico y mental, y vivió 38 años después de
la muerte de ella. El casamiento de Isaac puede haber dejado a Abrahán aún más
solitario 379 que antes y haberlo inducido a tomar otra esposa para hacer
felices sus últimos años. El hecho de que esa nueva esposa, Cetura, que
significa "incienso", fuera considerada como concubina, lo mismo que Agar
(vers. 6), no implica que se hubiera casado con ella mientras todavía vivía
Sara, aunque esto no es imposible. El contexto deja la impresión de que el
casamiento de Abrahán con Cetura ocurrió después de la muerte de Sara.

2.

Le dio a luz.

Abrahán tenía 137 años cuando murió Sara, y 140 cuando se casó Isaac. El que
bendijo al anciano patriarca con un hijo a los cien años, ahora le concedió el
gozo de hijos e hijas adicionales. Nada podía dar más brillo a las horas del
sol poniente para un corazón oriental, que estar rodeado por una grande y feliz
familia. Con una sola excepción, los hijos de Cetura y Abrahán, hasta donde
puedan ser identificados, se establecieron en Arabia. Como Ismael, emigraron
al sur y al este del Neguev.

Zimram.

Posiblemente significa "antílope", y podría identificárselo con la ciudad
arábiga de Zambran, entre La Meca y Medina.

Jocsán, Medán, Madián.

Aunque nada se sabe acerca de los dos primeros hijos, con la excepción de sus
nombres, la tribu de Madián aparece con frecuencia tanto en la Biblia como en
inscripciones. Esta tribu se estableció en la parte norte de la península del
Sinaí y en el noroeste de Arabia cruzando el golfo de Akaba. Posteriormente
Moisés halló refugio entre ellos en la casa de Jetro, que adoraba al Dios
verdadero (Exo. 2: 15; 3: 1; 18: 1-6). Durante el tiempo de los jueces, los
madianitas repetidamente atacaron al pueblo de Israel (Juec. caps. 6 a 8).

Isbac y Súa.

Isbac puede ser identificado con el pueblo de Yasbuku, mencionado en
inscripciones cuneiformes. Súa parece haber sido el progenitor de una tribu a
la cual pertenecía Bildad, uno de los amigos de Job (Job 2: 11; 8: 1; etc.). Si
esto es correcto, la tribu de Súa se estableció en el norte de la Mesopotamia
en vez de hacerlo en Arabia como los otros hijos de Cetura. Los textos
cuneiformes mencionan la tierra de Suju, al sur de Carquemis sobre el Eufrates.

3.

A Seba y a Dedán.

Los descendientes de Jocsán, a saber Seba y Dedán, no pueden ser identificados
con las tribus del sur de Arabia de los mismos nombres mencionados en el cap.
10: 7 como procedentes de Cam. Es inconcebible que Moisés hubiera atribuido el
origen de esas tribus al camita Cus en un texto y al semita Abrahán en otro.
Su identificación es incierta.

Asurim.

Esta tribu está mencionada en una inscripción mineana del noroeste de Arabia.
De las otras dos tribus de Dedán: Letusim y Leumim, nada se sabe.

4.

Hijos de Madián.

Efa, hijo de Madián, indudablemente dio su nombre a la tribu árabe que aparece
en inscripciones cuneiformes bajo el nombre de Jayapa. Los otros hijos no han
sido todavía identificados.

6.

Los envió lejos.

Hacia el fin de su vida, Abrahán constituyó a Isaac como su heredero legal
(cap. 15: 4) y le legó la mayor parte de sus bienes. Para los hijos de Agar y
Cetura dejó legados. En vista de la gran riqueza de Abrahán y de los
centenares de siervos que tenía (caps. 13: 2; 14: 14), podía dar a cada uno de
estos siete hijos una cantidad de siervos y algunos de sus rebaños sin
disminuir sensiblemente la herencia de Isaac. Posiblemente, cada hijo recibió
lo suficiente para comenzar bien en la vida. El enviar esos hijos "hacia el
oriente" mientras él aún vivía, fue una precaución contra las contiendas
después de su muerte, particularmente respecto al derecho de Isaac a la tierra
de Canaán.

8.

Exhaló el espíritu.

Literalmente, "expiró". La traducción de la BJ, "expiró", es preferible (ver
vers. 17; cap. 35: 29).

Fue unido a su pueblo.

Ver com. de cap. 15: 15.

9.

Lo sepultaron Isaac e Ismael.

Como principal heredero de Abrahán, Isaac es mencionado primero. Que Ismael,
medio hermano mayor de Isaac, participara en los últimos ritos de su padre es
una evidencia de reconciliación entre ellos (ver también cap. 35: 29). No se
mencionan los hijos de Cetura. Quizá sus moradas lejanas les hicieron
imposible llegar a tiempo para el funeral en Hebrón.

11.

Habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me-ve.

Dios honró a Isaac como heredero de Abrahán y le repitió las promesas y
bendiciones otorgadas a Abrahán. Por un tiempo después de la muerte de
Abrahán, Isaac continuó residiendo junto al pozo del Viviente-que-me-ve, donde
su padre había pasado los últimos años y donde se había encontrado con Rebeca
por primera vez (cap. 24: 62). Habían pasado 35 380 años desde ese memorable
acontecimiento de su vida, y sus propios hijos, Jacob y Esaú, tenían15 años de
edad (vers. 26).

12.

Los descendientes de Ismael.

Comienza una nueva sección en la cual Moisés se ocupa brevemente de la familia
y del destino del hijo mayor de Abrahán antes de proseguir con su principal
tema, el linaje de Isaac.

13.

Los nombres de los hijos.

Por el vers. 16 es claro que los hijos de Ismael dieron su nombre a divisiones
tribales y a localidades geográficas. Algunos son mencionados otra vez en la
Biblia o se encuentran como nombres de lugares en el norte de Arabia. Los
siguientes pueden ser identificados:

Nebaiot; luego Cedar.

Ambos se mencionan otra vez juntos en Isa. 60: 7. Cedar a solas aparece en
algunos pasajes bíblicos: Isa. 21: 16 y Eze. 27: 21, en los que se designa a su
posteridad como una tribu árabe.

Adbeel.

Se lo menciona en otra parte sólo en 1 Crón. 1: 29. Quizá sea Ibid-il,
mencionado en inscripciones cuneiformes del rey asirio Tiglat-pileser III como
una tribu cercana a la frontera de Egipto.

14.

Misma.

Identificado con la tribu árabe Isamme', de las inscripciones del rey asirio
Asurbanipal.

Duma.

Ubicado probablemente en el oasis de la Arabia septentrional, mencionado
repetidamente en los textos antiguos. El nombre moderno es El Dyuf.

Massa.

Se ha identificado con una tribu del norte de Arabia, llamada Mas'u, en las
inscripciones cuneiformes de la Mesopotamia.

15.

Hadar.

En los mejores manuscritos hebreos se halla la forma Hadad, que aparece en las
inscripciones cuneiformes como Judadu. En hebreo las letras equivalentes a "r"
y "d" son muy similares y fácilmente se las puede confundir.

Tema.

Mencionado también en Job 6: 19; Isa. 21: 14; y Jer. 25: 23. Es el Tema
moderno del noroeste de Arabia. En los tiempos antiguos era un importante
centro comercial y llegó a ser durante varios años la residencia del rey
babilonio Nabonido, padre de Belsasar.

Jetur, Nafis.

Se encuentran en 1 Crón. 5: 19, luchando con las tribus transjordanas de Gad,
Manasés y Rubén. Es probable que el nombre Iturea, mencionado en Luc. 3: 1
como una región al sur del monte Hermón, se deriva de Jetur.

17.

La vida de Ismael.

Fuera de duda, la larga vida de Ismael se debió al vigor que heredó de su
padre, Abrahán. En cuanto a las expresiones "exhaló el espíritu" y "fue unido
a su pueblo", ver respectivamente com. del vers. 8 y cap. 15: 15.

18.

Desde Havila hasta Shur.

La ubicación de Havila es incierta (ver com. de cap. 2: 11). Por esta razón,
la zona oriental del dominio ismaelita de Arabia no se puede determinar. Su
límite occidental fue Shur (caps. 16: 7; 20: 1), no muy lejos de la tierra de
Egipto.

Viniendo a Asiria.

Esto no significa que el dominio ismaelita se extendió hasta Asiria, en la
Mesopotamia, sino que más bien se refiere a su extensión hacia el norte, en
términos generales. Por lo tanto, los ismaelitas lindaban con Egipto por el
oeste, con Havila por el sudeste y se extendían por alguna distancia hacia el
norte por el desierto septentrional de Arabia.

Murió en presencia de todos sus hermanos.

Nafal, "caer", traducido aquí "murió", puede significar también "acampar", como
lo hace un ejército (Juec. 7: 12, 13), y "dividir", como puede hacerse con una
herencia (Sal. 78: 55). La expresión "murió en presencia de todos sus
hermanos" debería traducirse en armonía con la predicción del cap. 16: 12: "se
estableció en frente de todos sus hermanos" (BJ).

19.

Los descendientes de Isaac.

Moisés vuelve al tema principal de su narración, la historia del pueblo
escogido. Algunos sucesos descritos en los siguientes versículos ocurrieron
durante la vida de Abrahán. Puesto que Abrahán vivió hasta cumplir 175 años
(cap. 25: 7) y tenía 100 cuando nació Isaac (cap. 21: 5), debe haber andado en
los 160 años cuando nacieron Esaú y Jacob (cap. 25: 26), quienes por lo tanto
tenían 15 años cuando murió su abuelo. La muerte de Ismael a los 137 años
(vers. 17), ocurrió mucho después, cuando Jacob y Esaú habían cumplido 63 años.
Ismael era 14 años mayor que Isaac (cap. 16: 16), y por lo tanto tenía 74 años
cuando nacieron los dos hijos de Isaac. Estando cronológicamente fuera de
lugar, la nueva sección encuentra su ubicación lógica aquí en el relato, ya que
el propósito de Moisés es presentar la vida de Esaú y Jacob sin interrupción.

20.

Arameo.

Betuel, nieto de Taré (cap. 22: 20-23), al igual que Abrahán, era descendiente
de Arfaxad hijo de Sem (cap. 11: 10-27) 381, y no de Aram hijo de Sem,
progenitor de los arameos (ver com. de cap. 10: 22). Es llamado "arameo" aquí
sólo porque la familia de Taré se había establecido en territorio aramaico y
fue absorbida gradualmente por los arameos. Moisés se refiere a Betuel y a
Labán como arameos.

Padan-aram.

No es clara la ubicación de "Padan-aram". Aparece únicamente en Génesis (caps.
28: 2, 5-7; 31: 18; etc.), y ha sido explicada como que designara una región
que constituyó parte de 'Aram- naharayim (ver com. de cap. 24: 10). Asimismo
puede referirse a Harán, puesto que Padan y Aram tienen significados similares
en el idioma asirio.

21.

Oró Isaac a Jehová.

Al igual que su padre, Isaac debía aprender que los hijos de la promesa no
habrían de ser sencillamente el fruto de la naturaleza, sino también, y
manifiestamente, el don de la gracia. Como al cabo de 19 años de casados
(vers. 20, 26) Isaac y Rebeca todavía no habían tenido hijos, Isaac convirtió
el asunto en tema de oración. A diferencia de Abrahán, prefirió depender de
las misericordias de Dios antes que confiar en sus propios manejos como Abrahán
(cap. 16: 3). No ejerció en vano su confianza en Dios, ni tuvo que esperar
mucho tiempo antes de que su fe se convirtiera en una realidad.

22.

Los hijos luchaban.

Rebeca se sintió aprensiva, tanto por su propia seguridad como por la de sus
hijos. En su perplejidad se dirigió al Señor en procura de una explicación.
Sin embargo, diversos comentadores antiguos y modernos piensan que esto no
implica necesariamente el uso de un intermediario, y mucho menos la necesidad
de que lo hubiera. Se ha sugerido a Melquisedec, a Abrahán y a Isaac como a
quienes ella pudo haber recurrido. Lo más probable es que con toda sencillez
hubiera ido al Señor en oración. ¿Por qué habría de parecer extraño que ella
hablara con Dios personalmente, siendo que él no hace acepción de personas?

23.

Dos naciones.

Un ángel le reveló a Rebeca algo del futuro de los dos hijos que pronto
nacerían (PP 175). Parecía que ya estaban luchando por la supremacía. La
predicción del ángel se cumplió en la historia posterior de los descendientes
de Esaú y Jacob, los edomitas y los israelitas. Estas dos naciones hermanas
fueron siempre enemigas. Por regla general, Israel demostró ser la más fuerte
de las dos. David subyugó a los edomitas (2 Sam. 8: 14; 1 Rey. 11: 16), y el
rey Amasías más tarde los derrotó (2 Rey. 14: 7; 2 Crón. 25: 11, 12). El rey
asmoneo Juan Hircano I finalmente terminó con la independencia de ellos en el
año 126 AC, cuando los forzó a aceptar el rito de la circuncisión y la ley de
Moisés y someterse a un gobernante judío. El conocimiento que Dios tenía de
los caracteres respectivos de Esaú y Jacob y su presciencia de su futuro
hicieron posible su elección de Jacob como heredero de la primogenitura y
progenitor de Cristo aún antes de su nacimiento (Rom. 8: 29; 9: 10- 14).

25.

Rubio.

Hebreo'admoni, probablemente la raíz de la cual viene el nombre Edom (vers.
30). La misma palabra hebrea se usa para describir la apariencia de David (1
Sam. 16: 12; 17: 42). Es similar en su significado al latín Rufus, nombre
asignado a dos de los personajes de los tiempos del NT (Mar. 15: 21; Rom. 16:
13). El crecimiento excesivo del cabello de Esaú, conocido en medicina como
hipertricosis, ya era notable cuando nació, y posteriormente llegó a ser el
rasgo más resaltante de su apariencia fisica.

Llamaron su nombre Esaú.

Ambos padres estuvieron de acuerdo en que era apropiado este nombre. El
contexto ha inducido a algunos eruditos a sugerir que se deriva de una raíz
desconocida que significa "estar cubierto con cabellos". Sin embargo, la
información de que disponemos no basta para determinar su significado.

26.

Fue llamado su nombre Jacob.

La palabra hebrea para "calcañar",'aqeb, se relaciona con el verbo 'aqab,
"tomar por el talón", figurativamente "engañar". Por lo tanto, el nombre
personal Jacob, que significa "se aferra del talón" o "engaña", fue muy
apropiado. No sólo hacía recordar el incidente de su nacimiento, sino que
proféticamente señalaba su carácter y destino. En cuanto a la edad de Isaac
cuando nacieron los dos hijos ver com. de vers. 19-21.

27.

Esaú fue diestro en la caza.

A medida que crecían los dos muchachos, se hacía evidente una gran diferencia
de carácter. Esaú manifestaba una disposición áspera y caprichosa y se gozaba
en la vida silvestre y arriesgada del campo y el bosque (cap. 27: 3).

Jacob era varón quieto.

La palabra hebrea tam, aquí traducida "quieto", sugiere una personalidad
amable, pía y culta. Los deberes y las responsabilidades de la tranquila vida
382 familiar, tan monótonos e irritantes para Esaú, resultaban naturales para
Jacob, "varón quieto que habitaba en tiendas". Al paso que Esaú nunca superó
las inquietudes físicas y emocionales del adolescente, Jacob desarrolló la
estabilidad de carácter y la cordura de juicio que debieran venir con la
madurez.

28.

Amó Isaac a Esaú.

La ciega parcialidad de Isaac por su primogénito, sin tomar en cuenta las
cualidades del carácter de su hijo para la dirección de la familia, produjo
división en el hogar. Como resultado, agravios, desventuras e injusticias
caracterizaron las relaciones entre los hermanos y su posteridad durante
siglos. La preferencia de Isaac por Esaú parece haberse basado, en parte a lo
menos, en su afición a la carne de venado. El extremo hasta el cual el
patriarca permitió que su amor y su sentido de justicia y piedad fueran
controlados por su apetito, a la vez sorprende y causa desilusión. Por otra
parte, su experiencia es una admonición para nosotros. Dar la preferencia a un
hijo inevitablemente crea celos, división, amargura y desgracia.

29.

Guisó Jacob un potaje. La diferencia de carácter entre los dos hermanos pronto
se manifestó en una situación singular, que llegó a ser el punto crítico que
separó sus vidas. Jacob había cocinado lentejas (vers. 34). Las lentejas rojas
son hasta el día de hoy un alimento favorito en Palestina, donde las preparan
con cebollas, ajo, arroz y aceite de oliva. Ocasionalmente les añaden carne.

30.

Me des a comer.

La palabra traducida "comer" aparece únicamente en este pasaje. Significa
"comer ávidamente" o "devorar".

Por tanto fue llamado su nombre Edom.

De 'adom, "rojo". No hay discrepancia en atribuir su nombre tanto a su aspecto
rojizo (vers. 25) como al color de las lentejas. Siendo así, el nombre fue
doblemente apropiado. Todavía los árabes son aficionados a poner sobrenombres
tales como éste a personas famosas. Los edomitas son mencionados más
frecuentemente en inscripciones egipcias y asirias que los israelitas. En
Egipto el nombre Edom aparece como 'Aduma, y en los textos cuneiformes Udumu.

31.

Véndeme en este día tu primogenitura.

Jacob conocía la profecía del ángel acerca de él y de su hermano hecha antes de
su nacimiento (vers. 23; PP 176). Ahora se aprovechó de lo que a él le pareció
una oportunidad justa, si bien era insólita. Bajo la legislación mosaica, los
privilegios de la primogenitura eran: (1) heredar la autoridad oficial del
padre, (2) la herencia de una doble porción de la propiedad paterna, (3) el
privilegio de llegar a ser el sacerdote de la familia (Exo. 22: 29; Núm. 8:
14-17; Deut. 21: 17). Para los descendientes de Abrahán, la primogenitura
también implicaba: (1) la herencia de la promesa de la Canaán terrenal y otras
bendiciones del pacto, (2) el honor de ser progenitor de la Simiente prometida.

La propuesta de Jacob fue inescrupulosa y despreciable. También revela un
espíritu de impaciencia y falta de confianza en la providencia de Dios, similar
al que manifestó Abrahán cuando tomó por mujer a Agar (Gén. 16:3). Las
condiciones de la venta presentadas por Jacob eran exigentes, egoístas y viles.
La teoría de que el fin justifica los medios no tiene la aprobación del cielo
(Mat. 4: 3, 4; DTG 96, 97). Dios no podía aprobar ese hecho, pero dirigió las
cosas para el cumplimiento final de sus propósitos.

32.

Me voy a morír.

La VVR deja la impresión de que Esaú quiso decir: "Moriré de hambre si no
consigo alimento inmediatamente. En ese caso mi primogenitura no me sería de
provecho. Por lo tanto, es mejor que consiga alimento y viva sin primogenitura
antes que morir ahora mientras estoy en posesión de ella". Muchos comentadores
han seguido esta línea de razonamiento. Otra explicación entiende que esta
expresión quiere decir: "De todos modos, a la corta o a la larga debo morir, y
entonces no importará si poseo la primogenitura o no". Esta última
interpretación parece más plausible a la luz de las palabras del vers. 34:
"menospreció Esaú la primogenitura". Siendo indiferente a las bendiciones que
iban a ser suyas, Esaú las consideró livianamente y, por lo mismo, se hizo
indigno de ellas (PP 180).

33.

Júramelo.

Es difícil defender la conducta de Jacob en esta transacción. Su actitud y
palabras revelan premeditación (PP 177). Es un error peligroso y a veces fatal
anticiparse e ir más allá de la Providencia, la cual a su debido tiempo y sin
consentimiento humano cumplirá el propósito divino.

34.

Menospreció Esaú la primogenitura.

Para Esaú la única cosa de valor era la satisfacción momentánea del apetito;
las bendiciones espirituales futuras parecían remotas e 383 irreales. En esto
se mostró "profano" (Heb. 12: 16), es decir insensible a las cosas
espirituales. No se interesó en nada sino en la satisfacción del deseo físico.
Como un animal, basó sus decisiones tan sólo en la satisfacción de las
necesidades del momento. El límite hasta el cual una persona está dispuesta a
sacrificar los deseos del presente por los bienes del futuro, es la medida
exacta de su madurez emocional y espiritual. De acuerdo con esto, tan sólo el
cristiano puede llegar a ser plenamente maduro, porque sólo él está listo y
dispuesto a renunciar a todo lo que puede ofrecer esta vida a fin de poder ser
considerado idóneo para la vida venidera (2 Cor. 4: 17, 18; Fil. 3: 7-15; Hech.
20: 24; Luc. 20: 34, 35; Heb. 11:10). El menosprecio con el que Esaú vendió su
primogenitura por un plato de lentejas demostró su incapacidad para llegar a
ser el heredero de las magnánimas promesas de Dios. Al paso que la conducta de
Jacob no puede ser justificada, la de Esaú merece la más severa condenación.
Jacob se arrepintió y fue perdonado; Esaú estaba más allá del perdón, porque su
arrepentimiento consistió tan sólo en su pesar por los resultados de su acto
apresurado, no por el acto mismo (Heb. 12: 16, 17; PP 180).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

19-34 PP 175-177; SR 87

23 PP 180, 195; SR 88

25 PP 175

29-33 CH 110

29-34 CV 61

32 PP 177

34 PP 177, 208

CAPÍTULO 26

1 Isaac va a Gerar debido al hambre. 2 Dios lo instruye y lo bendice. 7
Abimelec lo reprende por negar a su esposa. 12 Se hace rico. Abre los pozos de
Esek, Sitna y Rehobot. 26 Abimelec hace pacto con Isaac en Beerseba. 34 Las
esposas de Esaú.

1 DESPUES hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los
días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar.

2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la
tierra que yo te diré.

3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré;
porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el
juramento que hice a Abraham tu padre.

4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu
descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán
benditas en tu simiente,

5 por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis
estatutos y mis leyes.

6 Habitó, pues, Isaac en Gerar.

7 Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él
respondió: Es mi hermana, porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que
tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de
hermoso aspecto.

8 Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los
filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su
mujer.

9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo,
pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré
por causa de ella.

10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido
alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.

11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este
hombre o a su mujer, de cierto morirá.

12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le
bendijo Jehová.

13 El varón se enriqueció, y fue prosperado, 384 y se engrandeció hasta
hacerse muy poderoso.

14 Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le
tuvieron envidia.

15 Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus
días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra.

16 Entonces dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más
poderoso que nosotros te has hecho.

17 E Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Gerar, y habitó allí.

18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de
Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de
Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado.

19 Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un
pozo de aguas vivas,

20 los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua
es nuestra. Por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con
él.

2 1 Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él; y llamó su nombre Sitna.

22 Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su
nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y
fructificaremos en la tierra.

23 Y de allí subió a Beerseba.

24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham
tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu
descendencia por amor de Abraham mi siervo.

25 Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su
tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.

26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de
su ejército.

27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me
echasteis de entre vosotros?

28 Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová está contigo; y dijimos: Haya
ahora juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y haremos pacto contigo,

29 que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te
hemos hecho bien, y te enviamos en paz; tú eres ahora bendito de Jehová.

30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron.

31 Y se levantaron de madrugada, y juraron el uno al otro; e Isaac los
despidió, y ellos se despidieron de él en paz.

32 En aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas
acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Hemos hallado agua.

33 Y lo llamó Seba; por esta causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba
hasta este día.

34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri
heteo, y a Basemat hija de Elón heteo;

35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.

1.

Hubo hambre.

Un hambre similar a la que ocurrió en el tiempo de Abrahán (cap. 12: 10). La
región de Gerar, por ser más fértil, no fue afectada por la sequía tanto como
el semiárido Neguev. En cuanto a la presencia de filisteos en Canaán en este
tiempo, ver com. de cap. 21: 32. No se sabe si Abimelec y Ficol (Gén. 26: 26)
son los mismos individuos que se mencionan en los caps. 20: 2 y 21: 22, o
sencillamente títulos que significan respectivamente "rey" y "comandante de
ejército". Lo más probable es que sea esto último (ver com. de caps. 20: 2;
21: 22).

2.

Se le apareció Jehová.

Esta es la primera revelación divina que se registre concedida a Isaac. Varias
promesas hechas anteriormente a Abrahán fueron entonces repetidas a Isaac (ver
caps. 12: 3; 15: 5; 22: 17, 18).

5.

Oyó Abraham mi voz.

La obediencia del padre es aquí presentada como la razón para las bendiciones
que vendrían sobre el hijo. Es también una promesa implícita de que una
conducta similar de Isaac traería iguales resultados. Santiago explica que la
fe de Abrahán, por la cual fue correctamente alabado por Pablo (Rom. 4: 1-5),
fue perfeccionada por su obediencia (Sant. 2: 21-23). Ni la confianza ni la
obediencia son completas la una sin la otra.

Mi voz.

Cada vez que Dios hablaba, 385 Abrahán obedecía sin demora (Gén. 12: 1-4; 22:
1-3).

Mis mandamientos.

"Mandamientos" se refiere a los preceptos dados por Dios (1 Sam. 13: 13; 1 Rey.
13: 21), por un padre (Prov. 4: 1, 4; 6: 20), por un rey (1 Rey. 2: 43; 2 Rey.
18: 36) o por un maestro (Prov. 2: 1; 7: 1, 2). Un precepto tal: el caminar
perfectamente delante de Dios, había sido ordenado a Abrahán a la edad de 99
años (Gén. 17: 1).

Mis estatutos.

Esto tanto se refiere a leyes ceremoniales dadas por Dios (Exo. 13: 10; Núm. 9:
14; etc.) como a leyes morales (Deut. 4: 5, 8, 14; 6: 24; etc.).

Mis leyes.

Tanto instrucciones éticas como preceptos ceremoniales y espirituales (Job 22:
22; Isa. 8: 16, 20).

Este versículo incluye la mayor parte de las palabras hebreas que se refieren a
la ley divina o mandamientos. Abrahán los observó diligentemente, ya fuera que
le llegaran directamente de Dios o que le hubieran sido transmitidos por las
generaciones pasadas. Propuso en su corazón obedecer a Dios implícitamente;
cuando cayó, se dirigió a Dios con el sacrificio de contrición sobre el altar
de su corazón (ver Heb. 7: 25; 8: 1-4). Dejó su tierra natal, ofreció a su
hijo, llevó a cabo el rito de la circuncisión, pagó el diezmo. Lo mismo tiene
que haber sido cierto con relación a fases de la ley de Dios que no se
mencionan específicamente en relación con el relato de su vida. El propio
testimonio de Dios dado aquí asegura, por ejemplo, que Abrahán fue un fiel
observador del sábado, como lo fue en otros asuntos tales como el pago del
diezmo.

7.

Es mi hermana.

Así como Abrahán había declarado que su esposa era su hermana (caps. 12: 11-13;
20: 2, 11), así también lo hizo Isaac. Pero la forma en que Dios protegió a
Rebeca fue muy diferente de aquella con la cual preservó a Sara. Nadie ni
siquiera la tocó. Este caso y otro más (cap. 25: 28) son los únicos ejemplos
registrados de la vida de Isaac en que se desvió de una estricta rectitud.
Avergonzado por su propia conducta, quizá Abrahán no previno a Isaac,
narrándole su propia falta en ese respecto. Lo más probable, sin embargo, es
que Abrahán le hubiera contado esto a Isaac pero que, como sucede con
frecuencia, Isaac hubiese tenido que aprender la lección por sí mismo a través
de una experiencia amarga. ¡Con cuánta frecuencia los pecados de los padres se
perpetúan en los hijos! Pero las debilidades hereditarias nunca libran a los
hijos de su responsabilidad personal por sus propios errores (Eze. 18: 20).

12.

Ciento por uno.

Aunque, en términos generales, los patriarcas vivían una vida seminómade, sus
hábitos diferían considerablemente de los que caracterizan a los beduinos de
los días de hoy. Estos no cultivan la tierra ni poseen grandes rebaños y
manadas como los patriarcas. Aunque el valle de Gerar es excepcionalmente
fértil, un ciento por uno de la cosecha de cereales es más o menos el máximo
para Palestina, donde lo normal es treinta a cincuenta por uno (ver Mat. 13:
23). La bendición especial de Dios descansaba sobre Isaac.

15.

Todos los pozos.

La creciente riqueza de Isaac y su influencia despertaron la envidia de los
filisteos, y procuraron hacerle daño. Los pozos inutilizados por los filisteos
fueron los que el rey de Gerar había garantizado solemnemente a Abrahán en
forma perpetua (cap. 21: 25-32). Poder disponer de pozos es importantísimo en
el desierto del sur de Palestina, y sin ellos un ganadero debe buscar pastos en
otros lugares.

17.

Isaac se fue de allí.

Estando en un camino de santidad, Isaac no peleó, sino que trasladó su
campamento hacia el oriente de la ciudad, aunque quedó todavía en el mismo
valle del cual Gerar tomó su nombre.

22.

Se apartó de allí.

Siendo un hombre amante de la paz, Isaac no quiso entrar en dificultades por
los pozos que sus hombres habían cavado, y se trasladó cada vez que sus
derechos fueron impugnados. El tercer pozo nuevo parece haber estado
suficientemente lejos de los filisteos como para que lo dejaran en paz allí,
por cuya razón lo llamó Rehobot, "lugares espaciosos". Esta fuente ha sido
identificada con la actual er-Rujebeh, a unos 30 km. al suroeste de Beerseba en
el Wadi Rujebeh, que perpetúa hasta el día de hoy el nombre recibido de Isaac.

23.

De allí subió.

Por alguna razón que no se ha explicado, Isaac se trasladó más hacia el norte
después de un tiempo y se estableció en Beerseba, donde una vez vivió Abrahán
(caps. 21: 33; 22: 19). Allí Jehová se le apareció a Isaac por la noche y
renovó las promesas del pacto.

26.

Abimelec vino a él.

En ocasión del tratado anterior, Isaac tenía unos tres años de edad (cap. 21:
8, 22; ver también com. de cap. 386 21: 8). El segundo tratado se realizó
aproximadamente 97 años más tarde (caps. 25: 26; 26: 34). Por lo tanto, es
probable que el Abimelec del cap. 26: 26 no sea el individuo mencionado en el
cap. 21: 22. Cuando los caminos de un hombre son agradables a Dios, aun sus
enemigos estarán en paz con él (Prov. 16: 7). El nuevo rey de Gerar propuso
entonces un tratado que, en realidad, era una renovación del tratado original
entre Abrahán y un rey anterior de Gerar. A pesar de la injusticia que había
sufrido Isaac a manos de ellos, siendo él un hombre amante de la paz estuvo
contento de celebrar un nuevo pacto de amistad con Abimelec. Uno tan sólo
puede preguntarse cómo se habrá sentido Isaac cuando Abimelec descaradamente se
jactó de su justicia de otros tiempos y de su honradez. El hecho de que no
hubiera habido violencia cuando los siervos de Abimelec arruinaron varios pozos
y robaron a Isaac por lo menos otros dos, se debió únicamente a la retirada
pacífica de Isaac. Aunque éste no podía olvidar esas amargas experiencias, no
las mencionó. Tenía un gran corazón y un espíritu magnánimo. Aun cuando no se
menciona aquí, posiblemente fueron sacrificados animales y se observaron las
ceremonias habituales (ver com. de cap. 21: 27).

33.

Lo llamó Seba.

Los siervos de Isaac le informaron de su éxito en abrir un nuevo pozo ese mismo
día, y le dio el nombre de Seba, que significa "juramento", en conmemoración
del tratado con Abimelec. La declaración "Por esta causa el nombre de aquella
ciudad es Beerseba" no contradice el hecho de que Abrahán ya había dado ese
mismo nombre al lugar (cap. 21: 31). Ahora había una razón más para perpetuar
el nombre asignado al lugar un siglo antes. Como el tratado entre Abimelec e
Isaac no es sino una renovación de aquel tratado anterior, así el nombre Seba
dado por Isaac al nuevo pozo era una reafirmación de su nombre anterior:
Beerseba.

34.

Esaú era de cuarenta años.

A las dificultades de Isaac con los filisteos se le añadió entonces una cruz
doméstica, que le causó pesar profundo y duradero. Esaú, que ya había
demostrado su indiferencia hacia los principios religiosos, no vio motivo para
pedir consejo de sus padres en cuanto a la elección de una esposa o para
molestarse en hacer arreglos para conseguir una entre sus parientes de
Mesopotamia. Cuando tenía 40 años de edad y su padre 100 (cap. 25: 26), se
casó con dos mujeres heteas [hititas], simultáneamente o casi simultáneamente.
Al hacer esto menospreciaba abiertamente los principios de la dirección
paternal de no casarse con paganas y de practicar la monogamia.

Son semíticos los nombres de las mujeres de Esaú tanto como los de sus padres.
Judit significa "la alabada"; Beeri, "mi pozo"; Basemat, "fragancia", y Elón,
"el fuerte". Dichos nombres sugieren que estas dos familias heteas deben haber
vivido en Canaán por algún tiempo y deben haber adoptado el idioma de los
cananeos. En cuanto a la presencia de los heteos en el sur de Palestina en
este período antiguo, ver com. de cap. 20: 1.

35.

Fueron amargura de espíritu.

Estas dos mujeres, como el hebreo claramente lo indica, llegaron a convertirse
literalmente en "amargura de espíritu" para los padres de Esaú. Su proceder
perverso y malo, su religión idolátrica y su carácter falto de espiritualidad y
frivolo fueron causa de dolor para Isaac y Rebeca. Este triste mundo no conoce
un pesar mayor que el que pueden provocar los hijos.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

3 1JT 74

5 P9P 136, 149, 378, 387; SR 146

24 2T 271

34, 35 PP 178 387

CAPÍTULO 27

1 Isaac pide a Esaú que vaya de caza y le prepare comida 6 Rebeca instruye a
Jacob para que recíba la bendición. 15 Jacob se hace pasar por Esaú y es
bendecido. 30 Esaú trae la comida. 33 Isaac se estremece. 34 Esaú se queja e
insiste en ser bendecido. 41 Amenaza a Jacob. 42 Rebeca frustra el proyecto de
Esaú.

1 ACONTECIÓ que cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin
vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme
aquí.

2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.

3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme
caza;

4 y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te
bendiga antes que muera.

5 Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al
campo para buscar la caza que había de traer.

6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu
padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:

7 Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de
Jehová antes que yo muera.

8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.

9 Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y
haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta;

10 y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su
muerte.

11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso,
y yo lampiño.

12 Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí
maldición y no bendición.

13 Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece
a mi voz y ve y tráemelos.

14 Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo
guisados, como a su padre le gustaba.

15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella
tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor;

16 y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las
pieles de los cabritos;

17 y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su
hijo.

18 Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme
aquí; ¿quién eres, hijo mío?

19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me
dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.

20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo
mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de
mí.

21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi
hijo Esaú o no.

22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz
de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.

23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le
bendijo.

24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy.

25 Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te
bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.

26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.

27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le
bendijo, diciendo:

Mira, el olor de mi hijos Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;

28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y
abundancia de trigo y de mosto.

29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y
se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeron, Y
benditos los que te bendijeron.

30 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había
salido 388 Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de
cazar.

31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi
padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.

32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu
hijo, tu primogénito, Esaú.

33 Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que
trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y
será bendito.

34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy
amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.

35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.

36 Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado
dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi
bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?

37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le
he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto;
¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?

38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre
mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.

39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en
grosura de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba;

40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermanos servirás; Y sucederá cuando te
fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz.

41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había
bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo
mataré a mi hermano Jacob.

42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y
llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela
acerca de ti con la idea de matarte.

43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi
hermano en Harán,

44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;

45 que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has
hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de
vosotros ambos en un día?

46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de
Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta
tierra, ¿para qué quiero la vida?

l.

Cuando Isaac envejeció.

Por las siguientes conclusiones, Isaac debe haber tenido unos 137 años cuando
sucedió el incidente narrado en este capítulo. Esaú ya estaba casado (vers.
46; cap. 26: 34). Esto ocurrió cuando Isaac tenía 100 años (cap. 25: 26).
Pero, como se verá, los sucesos aquí registrados deben haber ocurrido en una
fecha muy posterior. Jacob tenía 130 años cuando descendió a Egipto (cap. 47:
9), y su hijo José 39. Esto es claro por el hecho de que el último de los
nombrados tenía 30 años cuando entró al servicio de Faraón (cap. 41: 46), y que
desde entonces habían pasado 7 años de abundancia y 2 de carestía (caps. 41:
54; 45: 6). Estos 9 años deben ser añadidos a los 30, lo cual lleva a José a
la edad de 39 años. Por lo tanto, Jacob tenía 91 años cuando José nació. Esto
sucedió al final de los 14 años del servicio de Jacob en la casa de Labán
(caps. 29: 18, 27; 30: 25). De ahí que Jacob tuviera 77 años cuando huyó a
Harán. Puesto que la huida de Jacob probablemente se produjo poco después de
los acontecimientos de este capítulo, y puesto que su padre Isaac tenía 60 años
cuando Jacob nació (cap. 25: 26), la edad de Isaac en el cap. 27 puede haber
sido de unos 137 años. Isaac vivió otros 43 años hasta la avanzada edad de 180
(cap. 35: 28).

4.

Para que yo te bendiga.

Puesto que su medio hermano Ismael, 14 años mayor que él (caps. 16: 16; 21: 5),
había muerto a la edad de 137 años (cap. 25: 17), sus achaques propios de la
edad que iban en aumento pueden haberle sugerido el pensamiento de la muerte
que se aproximaba. Sin tomar en cuenta las instrucciones de Dios sobre los dos
hijos, dadas antes de que nacieran, y sin tener en cuenta que Esaú vendió su
primogenitura y se 389 casó con cananeas, indudablemente Isaac persistió en su
preferencia por Esaú. Esa preferencia fue incrementada por su afición a la
carne de los animales de caza (cap. 25: 28). Era pues natural que pidiera un
"guisado" para celebrar la ocasión.

5.

Rebeca estaba oyendo.

¿Qué motivos la impelieron a ese proceder? Le parecía a ella que la elección
que Dios había hecho de Jacob estaba por ser desvirtuada. Era clara la
intención de Isac, y era contraria a la voluntad revelada de Dios.
Indudablemente ella llegó a la conclusión de que ni el razonamiento ni los
argumentos cambiarían el parecer de su esposo. Sintiendo que Dios necesitaba
desesperadamente de su ayuda, Rebeca tomó las cosas en sus manos. Recurrió a
una injusticia con la esperanza de enderezar otra. A ella la crisis le parecía
real y urgente. Isaac, suponiendo que estaba en su lecho de muerte, había
dispuesto transferir la primogenitura a Esaú. Enviando a Esaú al campo en
procura de caza, había iniciado el proceso de transferencia, que cuando se
completara, sería irrevocable. ¿Qué debía hacer ella? Podía prevenir lo que
parecía ser una injusticia irremediable. Esta era su última oportunidad de
actuar, y si la dejaba escapar, se habría perdido toda esperanza. Le parecía
imposible dejar de actuar cuando dependía de ella remediar la situación, y
sencillamente confiar en Dios para que guiara las cosas de la debida manera y
en el tiempo oportuno. Por un proceso de racionalización tal, procuró
convencerse a sí misma de que cualquier medio para conseguir el deseado fin era
justificado. ¿No estaba acaso ayudando a Dios para que realizara el deseo
divino claramente expresado? Y si al hacer eso cometía un pecado, ¿no estaba
Dios obligado a perdonarla? Cuando los hombres proceden en una forma que no
está de acuerdo con la más estricta norma de justicia, se oscurecen sus necios
corazones. Lo blanco parece negro y lo injusto parece correcto. Y siempre que
lo que Dios ha dicho claramente que es injusto parece ser correcto, el poder
hipnótico del tentador es completo (Gén. 3: 6; Rom. 1: 21, 22; Isa. 5: 20; Miq.
3: 2).

12.

Traeré sobre mí maldición.

Rebeca acalló los temores de Jacob acerca de la maldición que su padre podría
pronunciar sobre él, si descubría su engaño. Ella misma aceptaría la
maldición. Estaba tan decidida en su proceder como Isaac en el suyo. Resuelta
a conseguir lo que le parecía de valor supremo, y que estaba por escurrírsele
de las manos, estaba decidida a contar el costo más tarde; no ahora. Por el
momento tan sólo le interesaba una cosa. Estaba tan segura del éxito de su
estratagema como para no temer la posibilidad de una maldición.

14.

Fue.

Jacob accedió al plan de ella y tomó los cabritos. No se trataba de la
variedad común europea, cuya piel era completamente inadecuada para un engaño
de esa clase, Se trataba de los cabritos de piel parecida al camello del
Oriente, cuyo pelo negro y semejante a la seda a veces se usaba como sustituto
del cabello humano.

La objeción de Jacob muestra que él no estaba tan preocupado por el mal
proceder como por el riesgo de ser descubierto. La naturaleza humana
degenerada se preocupa menos del pecado que de sus consecuencias. Tan sólo el
Espíritu de Cristo puede impartir al hombre un corazón contrito y arrepentido,
valiente para hacer lo correcto y dispuesto a confiar en Dios frente a los
resultados de una conducta tal (ver 2 Cor. 7: 10; Miq. 6: 8). Durante años,
Jacob había hecho planes para obtener la codiciada bendición, y ahora que
estaba por escurrírsele de entre los dedos, se necesitó sólo una pequeña
insinuación de parte de Rebeca para transformar su vacilación en activa
cooperación. Sus propios deseos no santificados lo convirtieron en una fácil
víctima de los ardides del tentador.

19.

Yo soy Esaú.

La tarea de convencer al padre de ninguna manera era fácil ni el éxito era
seguro. Habiendo anunciado su llegada, Jacob se vio frente a varios problemas
embarazosos. Era necesario un engaño tras otro para lograr su propósito. Se
declaró ser Esaú, afirmó que la carne de los cabritos era de venado, y atribuyó
su rápido regreso a una supuesta bendición de Dios.

24.

¿Eres tú mi hijo Esaú?

El sentido del tacto de Isaac tiene que haber estado afectado seriamente por su
debilidad o por su edad. Por otro lado, su sentido del oído era más agudo y le
hizo sospechar de la voz de Jacob. Pero el aroma del campo y de la selva de
las ropas de Esaú (vers. 15) parecía confirmar el toque de las manos vellosas
de su hijo. Finalmente, el aroma fragante de las "viandas" (vers. 9) incitó su
apetito y despejó sus temores. No podía ver, pero el tacto, el gusto y el
olfato prevalecieron sobre el oído. El error 390 original que había llevado a
este engaño era del mismo Isaac. Además él había proseguido deliberadamente
con su plan de investir a Esaú con la primogenitura a pesar de una orden divina
que decía lo contrario, y por lo tanto Dios permitió que fuera engañado (ver 1
Sam. 28: 6; 1 Rey. 14: 1-6; Hech. 5: 1-11).

27.

Y le bendijo.

La bendición misma, al igual que otras declaraciones similares (Gén. 49; Deut.
33), está concebida en el estilo poético hebreo. Consiste en cláusulas
paralelas cuyo estilo y cuya gramática son peculiares de la poesía. El aroma
del campo y del bosque sobre los vestidos que llevaba Jacob sugirió a la mente
del patriarca un cuadro de la futura prosperidad de su hijo. Isaac parecía
verlo en posesión de la tierra prometida y disfrutando plenamente de sus
bendiciones acompañantes. Se hace mención especial del "rocío del cielo"
porque en los países orientales, donde llueve tan poco, el rocío es
indispensable para el crecimiento de los frutos de la tierra. Se lo menciona
con frecuencia como una fuente de bendición (Deut. 33: 13, 28; Ose. 14: 5; Zac.
8: 12).

29.

Sírvante pueblos.

Jacob había de ser preeminente no sólo sobre sus hermanos, y en el sentido más
amplio sobre todos sus parientes, sino sobre los pueblos extranjeros también.
Esta bendición abarca el concepto del dominio universal que indudablemente fue
el plan original de Dios para Israel (Deut. 4:6; 28: 10; 2 Crón. 9: 22, 23;
Sal. 126: 3; Zac. 2:11; 8: 22, 23; 14: 16; PVGM 232).

32.

¿Quién eres tú?

Apenas Jacob había recibido la bendición y dejado a su padre, Esaú regresó. La
sorpresa debe haber sido agobiadora para Isaac. Pero, indudablemente, vio en
el incidente la intervención de la Providencia y llegó a la conclusión de que
cualquier otra tentativa de su parte para actuar en contra de la voluntad de
Dios sería inútil. Sabía que no podía hacerlo. Por lo tanto, no estuvo
dispuesto a retirar la bendición de Jacob ni a maldecirlo. Isaac debe haber
comprendido su propia responsabilidad por la triste situación. ¿Porqué echaría
la culpa a Jacob? Así como Esaú había actuado independientemente de sus padres
en la elección de una esposa, así también Isaac había actuado
independientemente de Dios al tratar de elegir su heredero. Al igual que
Balaam, Isaac se encontró impotente para retirar la bendición de Dios de aquel
destinado a recibirla (Núm. 22: 35; 23: 8, 11, 12).

36.

Bien llamaron su nombre Jacob.

En cuanto al significado del nombre de Jacob ver com. de cap. 25: 26. Esaú se
quejó amargamente de que ahora Jacob lo había engañado dos veces. Es cierto
que él, Esaú, había vendido su primogenitura a Jacob; pero ahora, demasiado
tarde, reconocía su necedad. Ahora vio que realmente era un robo la forma en
que Jacob se aprovechó de él.

38.

¿Una sola bendición, padre mío?

Ciertamente, Dios tiene un número ilimitado de bendiciones que está dispuesto a
prodigar con mano generosa. Si Esaú hubiera comprendido que su carácter
defectuoso lo descalificaba para recibir la bendición, y que podría ser suya
únicamente cambiando de actitud, en tal caso las bendiciones de Dios a Abrahán
e Isaac podrían haber sido suyas también (ver Jer. 18: 7-12). Pero Esaú no
pensaba en esto cuando habló. Anhelaba la bendición sin ninguna intención de
aceptar las obligaciones que la acompañaban. Como el hijo mayor de la parábola
del hijo pródigo, celosamente se oponía a que ese favor fuera otorgado a su
hermano menor (Luc. 15: 29).

Alzó Esaú su voz, y lloró.

En respuesta a la súplica posterior de Esaú: "Bendíceme también a mí", Isaac
repitió en su esencia la bendición pronunciada sobre Jacob y le dijo a Esaú que
no podía hacer nada más por él. Cuando aun su padre, su mejor amigo, parecía
volverse contra él, finalmente Esaú volvió en sí y comprendió lo tremendo de su
completo rechazo de parte de Dios. Sus lágrimas expresaron pesar por su
pérdida, pero no por la conducta que había hecho inevitable la pérdida. Sus
lágrimas no tuvieron valor porque no era ya capaz de arrepentirse
verdaderamente (Heb. 12: 17). Como un abismo insondable, su carácter
imperfecto se levantaba entre él y la comprensión de lo que ahora le parecía de
valor incomparable (ver Jer. 8: 20; Luc. 16: 26; PVGM 215).

39.

Su padre habló.

Conmovido por el patético lamento de su amado hijo Esaú, Isaac accedió a su
apasionada petición. Una vez más habló Isaac, quizá por inspiración, esta vez
en cuanto a la suerte futura de Esaú. Sin embargo, este pronunciamiento no es
llamado una "bendición". En realidad era una maldición modificada.

Tu habitación.

Literalmente: "Tu habitación 391 será [procederá de, min] la grosura de la
tierra, y del rocío del cielo". La "bendición" de Esaú parece substancialmente
una repetición de la bendición temporal dada a Jacob. Ciertamente hay algunas
variaciones importantes, tales como la omisión de "abundancia de trigo y de
mosto" y del nombre de Dios.

Sin embargo, la preposición "de", min, también significa "lejos de". En ese
caso lo que quiso decir Isaac sería: "Lejos de la grosura de la tierra será tu
morada, y lejos del rocío que baja del cielo" (BJ), lo que significa que en
contraste con la tierra de Canaán, el hogar de los edomitas sería una región
estéril. Una traducción tal no sólo está de acuerdo con la construcción del
hebreo sino que se ajusta mucho mejor al contexto y a los hechos de la
historia: (1) Es una descripción adecuada de la sequedad y el carácter
desértico de Idumea, el hogar de los descendientes de Esaú. (2) Concuerda con
la declaración de Isaac de que toda bendición ya había sido conferida a Jacob y
de que no podía retractarse (vers. 33, 37). (3) Explica el uso de las palabras
"grosuras" y "rocío", que aquí describen un estado de cosas precisamente
opuesto del que se había declarado que sería la parte de Jacob (vers. 28). Es
cierto que esta interpretación usa la preposición min del vers. 39 en forma
diferente de la del vers. 28. Sin embargo, la fraseología distinta de los
versículos sugiere que en el vers. 39 Isaac está haciendo un hábil juego con
esas palabras. El hecho de que Isaac aquí no mencione el nombre de Dios quizá
indique que su pronunciamiento lo hacía con su propia autoridad y no por
inspiración, a diferencia del caso de Jacob.

40.

Por tu espada.

La forma de vida y la ocupación de los edomitas se adaptaron bien a su país.
Esta predicción encontró su cumplimiento en la disposición fiera y belicosa de
los edomitas, que se ganaban el sustento cazando y controlando por la fuerza
las rutas del comercio.

A tu hermano servirás.

La promesa hecha a Esaú permitía vislumbrar una lucha perpetua, y no del todo
ineficaz, para liberarse de Jacob. Fue una repetición de la predicción divina
hecha antes de su nacimiento (cap. 25: 23). La historia de Edom principalmente
narra su servidumbre bajo Israel, las revoluciones contra Israel y la
reconquista hecha por Israel. Para comenzar, después de un largo período de
independencia, los edomitas fueron derrotados por Saúl (1 Sam. 14: 47), y más
tarde fueron subyugados por David (2 Sam. 8: 14). A pesar de su intento de
revuelta contra Salomón (1 Rey. 11: 14-22), quedaron sometidos como súbditos
del reino de Judá hasta el tiempo de Joram cuando se rebelaron (2 Rey. 8:
20-22). Fueron sometidos otra vez por Amasías (2 Rey. 14: 7-10; 2 Crón. 25:
11-14), y permanecieron en sujeción bajo Uzías y Jotam (2 Rey. 14: 22; 2 Crón.
26: 2). El control de Elat, a la entrada del golfo de Akaba, equivalía al
control de todo Edom. No fue sino hasta el reinado de Acaz cuando los edomitas
sacudieron permanentemente el yugo de los reyes de Judá (2 Rey. 16: 6; 2 Crón.
28: 16, 17). Sin embargo, a la larga fueron conquistados completamente por
Juan Hircano, por el año 126 AC, compelidos a aceptar la circuncisión y
absorbidos en el Estado judío (Josefo, Antigüedades xiii. 9. 1; xv. 7. 9). En
un período todavía posterior, mediante Antipater y Herodes, una dinastía idumea
gobernó a Judea, con la bendición de Roma.

Así pues, las predicciones de Isaac acerca de sus dos hijos fueron cumplidas
exactamente (Heb. 11: 20). La bendición sobre cada hijo constituyó una
profecía. Aunque Isaac fue engañado cuando habló acerca de Jacob, sin embargo
lo que dijo fue inspirado, y Jacob continuó siendo bendecido (Gén. 27: 33).
Esto no indica que Dios aprobara el engaño, pues el Eterno no depende de
trampas para cumplir su voluntad. Dios no ordenó el engaño, lo encauzó. La
bendición vino sobre Jacob no debido al engaño, sino a pesar de él.

Tanto los padres como los hijos estaban todos equivocados, y cada uno sufrió el
resultado a su manera. Los que perpetraron el engaño fueron separados
inmediatamente y para siempre. Rebeca se vio obligada a enviar a su amado hijo
lejos del hogar de su padre a una tierra extranjera para no verlo nunca más.
Jacob sufrió 20 años de exilio por su pecado contra su hermano y su padre, y
durante ese lapso él mismo, repetidas veces, fue engañado y chasqueado. Además
salió de su hogar en una completa indigencia. Isaac, debido al éxito de la
estratagema de Jacob, fue castigado por persistir en su preferencia por Esaú a
pesar de la voluntad revelada de Jehová. Había de quedar separado del hijo a
quien había pasado por alto y había de tener delante de sí siempre el ejemplo
impío del 392 hijo a quien había mimado tan ciegamente. Por su desprecio de
Dios y las cosas religiosas, Esaú perdió para siempre los privilegios de
dirigir la familia como primogénito. Y a través de todos los tejes y manejes
de los planes y las pasiones de los hombres, fue realizado el propósito de
Dios.

41.

Los días del luto de mi padre.

La desesperación de Esaú pronto se convirtió en un odio mortal hacia su
hermano, pero por respeto a su padre decidió evitarle a éste el dolor y la
vergüenza del propuesto acto de fratricidio. Pensando que la enfermedad de su
padre lo haría morir pronto, pospuso sus planes de asesinato. Por supuesto, él
no sabía que su padre se curaría y viviría 43 años más.

43.

Huye a casa de Labán.

Quizá, en términos generales, Esaú era popular entre los siervos de Isaac.
Había otros que también conocían su plan. Cuando Rebeca fue informada por uno
de ellos de las intenciones de Esaú, aconsejó a Jacob que se fuera en un exilio
voluntario por "algunos días", pensando que el carácter vacilante de Esaú le
provocaría un cambio de corazón. Además, al huir, Jacob tácitamente admitiría
su error y dejaría indudablemente a Esaú en posesión de la propiedad de su
padre en el tiempo cuando muriera Isaac, lo que se pensaba que era inminente.

45.

¿Por qué seré privada?

Si Esaú mataba a Jacob, entonces el pariente más cercano de éste, conforme a la
costumbre, estaba obligado a matar a Esaú. Quizá Esaú razonó que su
popularidad en el campamento lo protegería de tal eventualidad, particularmente
después de la muerte de su padre.

46.

Fastidio tengo.

A fin de obtener el consentimiento de Isaac para su plan, sin herir su corazón
contándole las intenciones asesinas de Esaú, ella basó su propuesta en una
razón enteramente diferente y legítima. Isaac consintió prestamente porque él,
al igual que Rebeca, estaba dolido por las esposas de Esaú (cap. 26: 34, 35).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-46 PP 178-182; SR 88, 89

1-4 PP 178

6 SR 88

6-8, 30 PP 178

31-34 PP 180

34 CC 21

34-41 CH 110

36 Ed 142; PP 180

41-43 Ed 142; PP 182, 242; SR 89

CAPÍTULO 28

1 Isaac bendice a Jacob y lo envía a Padan-aram. 6 Esaú se casa con Mahalat,
hija de Ismael. 10 La visión de la escalera de Jacob. 18 La piedra de Bet-el.
20 El voto de Jacob.

1 ENTONCES Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes
mujer de las hijas de Canaán.

2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí
mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre.

3 Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique,
hasta llegar a ser multitud de pueblos;

4 y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que
heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham.

5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán hijo de Betuel
arameo, hermano de Rebeca madre de Jacob y de Esaú.

6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a
Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había
mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán;

7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan -
aram.

8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre;

9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael
hijo de 393 Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres.

10 Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.

11 Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto;
y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en
aquel lugar.

12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo
tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.

13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el
Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado
te la daré a ti y a tu descendencia.

14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al
occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra
serán benditas en ti y en tu simiente.

15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y
volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo
que te he dicho.

16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar,
y yo no lo sabía.

17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que
casa de Dios, y puerta del cielo.

18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera,
y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.

19 Y llamó el nombre de aquel lugar Betel, aunque Luz era el nombre de la
ciudad primero.

20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este
viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,

21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.

22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que
me dieres, el diezmo apartaré para ti.

1.

Isaac llamó a Jacob.

Consintiendo con la propuesta de Rebeca, Isaac tomó la iniciativa de enviar a
Jacob a Padan-aram (ver com. de cap. 25: 20). Ya fuera que supiese o no de los
planes de Esaú, indudablemente Isaac comprendía que sería prudente que Jacob y
Esaú estuvieran separados hasta que disminuyera la tensión que existía en el
hogar.

4.

La bendición de Abraham.

El linaje autorizado de la familia debía perpetuarse mediante Jacob. Por eso,
las bendiciones repetidamente prometidas a Abrahán fueron ahora transmitidas a
Jacob (caps. 17: 2-8; 22: 16-18). Salió del hogar abrumado bajo la culpa, pero
con la bendición de su padre.

5.

Arameo.

Moisés deliberadamente coloca el nombre de Jacob delante del de Esaú, puesto
que Jacob entonces estaba en posesión no sólo de la primogenitura sino también
de la bendición de Abrahán.

9.

Se fue Esaú a Ismael.

En la bendición que Jacob recibió de Isaac y en la orden que se le dio de tomar
una esposa de entre sus parientes de Mesopotamia, Esaú percibió el profundo
desagrado de sus padres hacia sus esposas heteas. Con la intención de agradar
a sus padres se dirigió a la casa de su abuelo Abrahán en busca de una esposa,
así como Jacob, siguiendo instrucciones, había ido, para conseguir la suya, a
la casa de su tío materno, Labán. Mahalat, o Basemat (cap. 36: 3), a quien
tomó por esposa, estaba emparentada con Isaac de la manera como Raquel, la
esposa de Jacob, lo estaba con su madre Rebeca. Esaú se casó con la sobrina de
su padre; Jacob con la de su madre. El hecho de que Esaú fuera "a Ismael" debe
significar que fue "a la familia de Ismael", ya que éste había muerto unos 14
años antes de ese tiempo (ver com. de caps. 25: 19; 27: 1).

10.

Salió, pues, Jacob de Beerseba.

Jacob salió obedeciendo el deseo de su madre y la orden de su padre (ver Prov.
1: 8). Aunque tenía 77 años (ver com. de Gén. 27: 1), todavía respetaba a sus
padres y se sometía a su autoridad. Su ejemplo filial debería ser emulado por
todo hijo digno, siempre que una conducta tal no entre en conflicto con la
lealtad a Dios (Prov. 6: 20; Mal. 1: 6; Efe. 6: 1-3).

Fue a Harán.

La famosa ciudad sobre el río Balij, en el norte de Mesopotamia, era el destino
de Jacob. Esta fue la región donde Taré se había establecido después de su
migración de Ur (Gén. 11: 31). Hasta la visita de Eliezer, hacía casi un siglo
(PP 186), la familia de Betuel, incluyendo a Labán, vivía en la "ciudad de
Nacor", que no estaba lejos de Harán (ver 394 com. de cap. 24: 10). Esto
indica una mudanza, de la ciudad de Nacor a Harán, después de que Rebeca dejó
su hogar paterno. El consejo de Rebeca a Jacob de ir directamente a Harán
antes que a la ciudad de Nacor (cap. 27: 43) muestra que se sabía en Beerseba
que la familia de Labán se había trasladado.

11.

Un cierto lugar.

Al terminar el segundo día, Jacob alcanzó las proximidades de la ciudad de Luz
(vers. 19), unos 80 km. al norte de Beerseba. Eligió pasar la noche fuera de
la ciudad misma por temor de los cananeos. El odio hacia ellos, sugerido por
Josefo como la razón para que Jacob no entrara en la ciudad, es probablemente
menos importante (Antigüedades i. 19. 1).

Su cabecera.

Literalmente, "la región de su cabeza" o "el lugar donde está la cabeza". De
manera que Jacob tomó una piedra y la puso "debajo de su cabeza" o como "apoyo
para la cabeza". La almohada, en el sentido moderno de la palabra, parece
haber sido desconocida para los antiguos. En muchos países orientales la gente
usaba apoyos para la cabeza hechos de madera, arcilla, piedra o metal, y
todavía lo hace. Muchas antiguas muestras de éstos se han. preservado en
Egipto. Puesto que todos ellos son hechos de material duro, era innecesario
que un viajero llevara almohada consigo. Bastaba una piedra lisa. De ahí que
no fuera una incomodidad para Jacob dormir con la cabeza sobre una piedra. La
piedra es mencionada aquí en anticipación del uso de ella que más tarde se hará
en el relato (vers. 22).

12.

Soñó.

Mientras Jacob yacía allí, cansado, solitario y triste, su corazón se volvió en
oración a Dios (PP 182). Tales fueron las circunstancias mentales que rodearon
su sueño. Tan sólo después de dos largos días durante los cuales había tenido
la oportunidad de reflexionar sobre su conducta y de comprender su propia
impotencia, se le apareció el Señor. En la providencia de Dios, con frecuencia
la demora es el medio usado para purificar el alma y llevar el hombre a
entregarse sin reservas a la misericordia y la gracia de Dios (DTG 170,
342-345). La escalera era un símbolo visible de una comunión real e
ininterrumpida entre Dios en el cielo y su pueblo en la tierra. Los ángeles
ascienden para presentar las necesidades de los hombres delante de Dios y
descienden con promesas de ayuda y protección divinas. Parecía que la escalera
descansaba sobre la tierra, donde yacía Jacob, solo, desamparado y abandonado
por los hombres. Arriba, en el cielo, estaba Jehová. Proclamándose a sí mismo
a Jacob como el Dios de sus padres, no sólo le confirmó todas las promesas
hechas a sus mayores -la posesión de Canaán, una descendencia numerosa y una
bendición para todos los hombres (caps. 12: 2, 3; 13: 14-17; 15: 5, 7, 16; 17:
2-6, 16; 17: 8; 18: 18; 22: 17, 18; 26: 3, 4, 24)- sino que también le concedió
protección en su viaje y un retorno seguro al hogar. Puesto que el
cumplimiento de esta promesa a Jacob estaba todavía muy lejos, Dios añadió la
firme seguridad: "No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho".

16.

Jehová está en este lugar.

Contrariamente a lo que sugieren algunos comentadores, la declaración de Jacob
no es una evidencia de que él concibió la idea de que Dios se aparece solamente
en ciertos lugares consagrados, y que él por casualidad había llegado a uno de
ellos. Más bien es una expresión de su sorpresa y gozo al encontrar que, al
paso que él se había imaginado que estaba solo, en realidad estaba en la misma
compañía de Dios. En cierto sentido la declaración de Jacob fue una acusación
contra sí mismo. Admitió que la falta de fe había ocasionado sus pensamientos
de desánimo. Fue al sentirse más desamparado cuando encontró más cerca a Dios
y éste le fue más real que nunca antes.

17.

¡Cuán terrible es este lugar!

Los que reciben el privilegio de una revelación de Dios, encuentran en su
corazón el sentimiento de un profundo temor reverente. Isaías experimentó una
convicción de culpabilidad tan intensa, que temió por su vida (Isa. 6: 5).Esta
experiencia similar hizo que Jacob comprendiera agudamente su estado de
indignidad y pecaminosidad. Pero a pesar de su alarma, sabía que el lugar era
"casa de Dios", Bet-'Elohim, una casa de paz y seguridad.

18.

Tomó la piedra.

La piedra que había sido su almohada se convirtió en un monumento para
rememorar la revelación que había recibido de Dios. Derramó aceite sobre ella
para consagrarla como un monumento recordativo de la misericordia que se le
había revelado (Exo. 30: 26-30). Esta "columna" no fue en ningún sentido
convertida en un objeto de culto. El culto de las columnas ciertamente existía
entre los cananeos, pero fue 395 estrictamente prohibido por Dios (Lev. 26: 1;
Deut. 16: 22). Sin embargo, más tarde los israelitas violaron esa prohibición
divina y levantaron columnas ("imágenes") como objetos de culto (1 Rey. 14: 23;
2 Rey. 18: 4; 23: 14; 2 Crón. 14: 3; 31: 1; Ose. 10: 1, 2; Miq. 5: 13). Esto
no significa, sin embargo, que cada columna levantada tuviera un significado
tal, según se demuestra por los siguientes ejemplos. Jacob erigió otra columna
para conmemorar su tratado con Labán (Gén. 31: 45), y otra sirvió para señalar
la tumba de Raquel (cap. 35: 20). Más tarde Absalón erigió una para perpetuar
su memoria (2 Sam. 18: 18).

19.

Bet-el.

Se traduce "casa de Dios". Este nombre fue más tarde aplicado a la ciudad
cercana, conocida entonces como Luz. Que el nombre Bet-el fue al principio
aplicado únicamente al lugar donde estaba el monumento recordativo de Jacob y
no a Luz, es evidente por Jos. 16: 2, donde los dos lugares son claramente
diferenciados. Sin embargo, en otros pasajes Bet-el se usa como el nombre
moderno de la antigua ciudad de Luz (Gén. 35: 6; Jos. 18: 13; Juec. 1: 23).
Este cambio de nombre no fue hecho hasta que los israelitas ocuparon la ciudad.
Ella retiene su nombre hoy en día en su forma árabe Beitin.

20.

Hizo Jacob voto.

Este es el primer voto que se registra. Al hacer un voto, un hombre se
compromete a realizar ciertas cosas en una forma específica. Puesto que el
cumplimiento del voto de Jacob dependía del poder de Dios, y que fue hecho a
Dios, tomó la forma de una oración. No fue hecho con espíritu mercenario, sino
en gratitud, humildad y confianza.

Si fuere Dios.

Esta expresión en ninguna forma implica que Jacob dudara de que Dios cumpliría
sus promesas, o que él estuviese poniéndole condiciones a Dios. Por el
contrario, Jacob aceptaba lo que Dios le había dicho. Y siendo que el Eterno
generosamente había prometido estar con él y bendecirlo, él por su parte sería
fiel a Dios (PP 184, 185). Con profundo aprecio, el pensamiento de Jacob se
tornó a formas tangibles con las que expresaba su dedicación.

Pan para comer.

Jacob, que no había vacilado en usar el más despreciable medio en un esfuerzo
para asegurarse la parte mayor de la herencia, ahora humildemente no pidió nada
más que protección, alimento, vestido y un retorno pacífico a la casa de su
padre. Estaría contento con sólo lo indispensable para la vida. Había
desaparecido su deseo de riqueza, lujos, honores y poder. ¡Qué lección de
humildad y cuán plenamente la había aprendido Jacob!

21.

Jehová será.

El había pensado en Dios como el Dios de sus padres. Con seguridad, desde
hacía mucho tiempo había tomado a Jehová como a su Dios. Pero al paso que en
lo pasado había dependido en gran manera de la seguridad de la casa de su
padre, las circunstancias ahora hacían necesaria una dependencia de Dios mucho
más personal y real para todo lo que hasta entonces en su vida él había tomado
como natural. No era un asunto de ir a Dios por la primera vez, sino de lograr
una comunión más íntima, madura y comprensiva con él.

De allí en adelante Jacob dio evidencias de lealtad a Dios. Se entregó a la
dirección divina y rindió a Dios el homenaje de un corazón agradecido y amante.
¡Qué progreso hizo durante los 20 años que mediaron entre Bet-el y Peniel! La
gracia reinaba dentro de él, pero había también conflicto. Sus tendencias al
mal permanecían activas y ocasionalmente se rindió a ellas con demasiada
facilidad. Pero los principios correctos constantemente predominaron en su
vida, y volvió a Canaán con una confianza madura en Dios. Bajo la paciente
disciplina administrada por Dios, ganó constantemente en fe hasta que surgió de
la gran crisis de su vida, en Mahanaim y Peniel, como "un príncipe de Dios".

22.

Esta piedra.

Jacob declaró su intención de erigir en ese lugar un altar para la celebración
del culto divino. El cumplió esa resolución varios años después al volver a
salvo a la tierra de su nacimiento (cap. 35: 1, 15).

El diezmo.

Tanto Abrahán como Isaac entendían y practicaban el pago del diezmo (cap. 14:
20). Las palabras de Jacob implican que no lo había practicado antes. Quizá
tenía poco que él podía llamar como algo suyo. Quizá su espíritu codicioso lo
había inducido a ser descuidado en diezmar lo que era suyo. Cualesquiera
hubieran sido las circunstancias, prometió de allí en adelante pagar fielmente
un diezmo, no para ganar el favor del cielo, sino en humilde y agradecido
reconocimiento del perdón y el favor de Dios. Hizo su promesa diciendo
enfáticamente: "El diezmo apartaré", literalmente "dando yo daré". En otras
palabras, continuaría dándolo. juzgando por su vida futura de fidelidad 396 y
dedicación a Dios, no hay razón para dudar de que su voto fue Fielmente
cumplido. La forma en que Dios bendijo abundantemente a Jacob en años
siguientes es una evidencia de la fidelidad de él en este respecto (Mal. 3:
8-11). Aquel que durante 77 años parece que no había sido un fiel pagador de
diezmo salió de Canaán como un pobre fugitivo sin tener nada sino un cayado en
su mano, pero volvió 20 años después con mucho ganado, rebaños, siervos y una
gran familia.

Del caso de Jacob, cada cristiano podría aprender una lección vital. En
tiempos de crisis y calamidad debiera considerar si las bendiciones celestiales
quizá no han sido retenidas debido a infidelidad en el pago del diezmo (Hag. 1:
6-11). El caso de Jacob testifica que nunca es demasiado tarde para hacer un
nuevo comienzo en esta dirección, ciertamente no como un medio para ganar el
favor de Dios, sino como una demostración de amor y dedicación a él. Las
bendiciones del cielo pueden entonces descender sobre el creyente sincero, como
ocurrió en el caso de Jacob. El gran propósito de todo el trato de Dios con el
hombre es el desarrollo de un carácter que refleje el de su Creador.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-22 PP 182-185

2 PP 182

10-17 MC 343

11, 12 PP 183

12 CS 21; DTG 176, 278; FE 86, 270; HAp 123, 408; 1JT 545; 2JT 211,
391; MeM 161; PP 613; 3T 64; 8T 130

12-14 CC 19, 20

13-15 1JT 545; PP 183

16 1JT 545; MC 172; 7T 193

16, 17 Ed 238; LS 311; OE 188; PR 34 16-22 PP 184

17 2JT 193; 3JT 29; MeM 295; MJ 263; PP 257

18 1JT 546

20-22 1JT 544

22 Ed 134; 1JT 373; PP 185, 564

CAPÍTULO 29

1 Jacob llega al pozo de Harán. 9 Conoce a Raquel. 13 Labán lo hospeda. 18
Jacob promete trabajar por Raquel. 23 Es engañado y recibe a Lea. 28 También se
casa con Raquel y trabaja otros siete años por ella. 32 Lea da a luz a Rubén,
33 a Simeón, 34 a Leví, 35 y a Judá.

1 SIGUIO luego Jacob su camino, y fue a la tierra de los orientales.

2 Y miró, y vio un pozo en el campo; y he aquí tres rebaños de ovejas que
yacían cerca de él, porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y había una
gran piedra sobre la boca del pozo.

3 Y juntaban allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de la boca del pozo,
y abrevaban las ovejas, y volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar.

4 Y les dijo Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De
Harán somos.

5 El les dijo: ¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Sí, le
conocemos.

6 Y él les dijo: ¿Está bien? Y ellos dijeron: Bien, y he aquí Raquel su hija
viene con las ovejas.

7 Y él dijo: He aquí es aún muy de día; no es tiempo todavía de recoger el
ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas.

8 Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los rebaños, y
remuevan la piedra de la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas.

9 Mientras él aún hablaba con eunucos, Raquel vino con el rebaño de su padre,
porque ella era la pastora.

10 Y sucedió que cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán hermano de su madre,
y las ovejas de Labán el hermano de su madre, se acercó Jacob y removió la
piedra de la 397 boca del pozo, y abrevó el rebaño de Labán hermano de su
madre.

11 Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz y lloró.

12 Y Jacob dijo a Raquel que él era hermano de su padre, y que era hijo de
Rebeca; y ella corrió, y dio las nuevas a su padre.

13 Así que oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a
recibirlo, y lo abrazó, lo besó, y lo trajo a su casa; y él contó a Labán todas
estas cosas.

14 Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo con él
durante un mes.

15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me servirás de balde?
Dime cuál será tu salario.

16 Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la
menor, Raquel.

17 Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de
hermoso parecer.

18 Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu hija
menor.

19 Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre;
quédate conmigo.

20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días,
porque la amaba.

21 Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido,
para unirme a ella.

22 Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete.

23 Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y él se llegó a
ella.

24 Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada.

25 Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto
que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has
engañado?

26 Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes
de la mayor.

27 Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que
hagas conmigo otros siete años.

28 E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla; y él le dio a Raquel su
hija por mujer.

29 Y dio Labán a Raquel su hija su sierva Bilha por criada.

30 Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a
Labán aún otros siete años.

31 Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era
estéril.

32 Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo:
Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido.

33 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo
era menospreciada, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón.

34 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi
marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos; por tanto, llamó su nombre
Leví.

35 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová;
por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz.

1.

Siguió luego Jacob su camino.

Literalmente, "Levantó Jacob los pies y fue". Esto implica alegría y refleja
el estado mental en que lo había dejado lo sucedido en la noche precedente.
Fortalecido así en espíritu, Jacob prosiguió su viaje a "la tierra de los
orientales", que en este caso se refiere a la alta Mesopotamia, al este del río
Eufrates. El término también incluye la parte superior del desierto de Arabia.
En la Biblia, "los orientales" son los moradores de la Mesopotamia o del
desierto de su proximidad inmediata. Parece que los hebreos se contentaban con
expresar aproximadamente la dirección. "Este" podía significar cualquier
dirección entre noreste y sudeste.

2.

Un pozo.

Después de viajar algo más de 700 km., lo que requeriría unas 3 semanas, Jacob
llegó a la proximidad de Harán (vers. 4). La indicación de que la piedra sobre
la boca del pozo era grande no significa que se necesitaba la fuerza unida de
todos los pastores para apartarla, pues Jacob lo hizo solo (vers. 10). Más
bien sugiere un convenio entre los pastores para abrevar juntos sus rebaños.
La escena cerca del pozo está tan plenamente en armonía con las costumbres del
Oriente, 398 tanto antiguas como modernas, que de ninguna manera resulta
extraño el parecido de esta narración con la que se describe en el cap. 24: 11.
Además este pozo fue construido de una manera diferente de aquel en que Eliezer
encontró a Rebeca. Allí el agua era extraída inmediatamente de un pozo
abierto, y volcada en bateas ya dispuestas para el ganado, como sucede en la
mayoría de los pozos del Oriente hoy en día, al paso que aquí el pozo estaba
cerrado con una piedra, y no se menciona la necesidad de jarras ni cántaros.

4.

¿De dónde sois?

La pregunta de Jacob implica que el pozo no estaba situado en la proximidad
inmediata de Harán. Al saber que eran de Harán, inmediatamente preguntó por
"Labán hijo [descendiente] de Nacor". En realidad Labán era el nieto de Nacor
(cap. 24: 15, 29). Los pastores, cuyas respuestas habían sido hasta aquí
breves puesto que Jacob era un extraño, hablaron de la inminente llegada de
Raquel. El nombre Raquel significa "ganado lanar" u "oveja".

9.

Raquel vino.

Indudablemente no era la costumbre que las jóvenes quedaran en casa hasta que
se aproximara el tiempo de su casamiento. Tampoco ofendía la dignidad de las
niñas de las familias ricas acarrear agua del pozo, como lo había hecho Rebeca,
o cuidar ovejas, como lo hacía Raquel en este caso. El trabajo honrado, lejos
de ser un descrédito, es un honor tanto para los encumbrados como para los
humildes. Cada hijo e hija debiera aprender que el trabajo no es humillante,
sino que es un privilegio contribuir para cubrir las necesidades de la familia.

11.

Jacob besó a Raquel.

El hecho de que Raquel no se resintiera por la conducta de Jacob como que él se
hubiera tomado una libertad indebida, sugiere que ya él se había dado a conocer
a ella. Las primeras palabras del vers. 12 también podrían traducirse: "Jacob
había dicho a Raquel", traducción que la construcción hebrea permite.

12.

Hermano de su padre.

Así como Lot es llamado hermano de Abrahán aunque en realidad era su sobrino
(caps. 13: 8; 14: 14, 16), así también Jacob se refirió a sí mismo como hermano
de Labán. Indudablemente en casos donde la exactitud no era importante, la
palabra "hermano" se empleaba para indicar un pariente cercano.

13.

Contó a Labán.

Labán ahora respondió ante la llegada de un pariente cercano en una forma muy
parecida a como lo había hecho cuando llegó Eliezer 97 años antes (cap. 24: 30,
31). Otra vez se pusieron en evidencia la misma cordialidad y hospitalidad.
La expresión "todas estas cosas" probablemente se refiere a lo que su madre le
había instruido que dijera a fin de probar su relación de parentesco, y en
cuanto a la causa y los propósitos de su alejamiento del hogar. Si no hubiera
dicho la verdad, ¿cómo podría haber explicado su evidente pobreza? ¿Por qué,
siendo hijo de padres ricos, llegaba a Harán a pie y sin regalos ni siervos?
¡Cuán distinta, mucho tiempo antes, había sido la llegada del siervo de
Abrahán!

15.

Cuál será tu salario.

Luego de haber estado Jacob por un mes como huésped en la casa de su tío (vers.
14), tiempo durante el cual parece haber demostrado que era útil en el hogar,
Labán reconoció en su sobrino un ayudante valioso. Por otra parte, siendo de
un carácter evidentemente codicioso, Labán se propuso explotar la habilidad y
diligencia de Jacob para su propia conveniencia. Pero para que Jacob no
discerniera sus motivos, Labán ocultó cuidadosamente su egoísmo bajo la
apariencia de justicia y bondad. Para evitar todo posible reclamo de parte de
su sobrino, propuso pagarle como lo hubiera hecho con un siervo ordinario.

17.

Los ojos de Lea eran delicados.

La palabra hebrea rak, aquí traducida "delicados", generalmente se ha entendido
como que significa "débiles" o "apagados". Desde que la LXX la empleó con esta
connotación, la han seguido la mayoría de los traductores. Pero la palabra rak
también significa "gentiles", "suaves", y "lisonjeros", lo cual querría decir
que los ojos de ella tenían una apariencia precisamente opuesta a la que han
pensado la mayoría de los comentadores. Sin embargo, el hecho de que Jacob no
fuera atraído por Lea indicaría más un contraste entre las dos hermanas que el
implicado por esta última sugestión. Quizá los ojos de Lea y su personalidad
carecían de la vivacidad y la radiante cordialidad que admiran los orientales.

18.

Siete años por Raquel.

Jacob, profundamente enamorado de Raquel, inmediatamente estuvo dispuesto a
entrar en tratos con su tío. La propuesta de Jacob se basaba parcialmente en
el hecho de que no estaba en una posición como para pagar la dote usual y 399

ANDANZAS DE JACOB MIENTRAS HUÍA DE ESAÚ Y EL ENCUENTRO EN EL JABOC

400 también en su conocimiento de que la situación en su casa iba a hacer
necesaria una estada prolongada con Labán. El consentimiento de Labán tan sólo
puede explicarse teniendo en cuenta su codicia, que se hizo más y más evidente
a medida que fue pasando el tiempo.

20.

Porque la amaba.

Jacob mostró su amor por Raquel no sólo por su buena disposición para servir
siete años por ella sino, aún más, por el espíritu con el que trabajó para su
tío avariento. Aunque fueron muchos los días que debieron pasar antes de que
Raquel fuera su esposa, le resultaron felices por su amor a ella. Las palabras
usadas por Moisés para expresar el profundo amor de Jacob respiran un afecto
puro y una tierna dedicación.

21.

Dame mi mujer.

Resulta interesante, en relación con Labán, el que Jacob viera necesario
recordarle la terminación de los siete años. Se preparó una gran fiesta de
casamiento, que probablemente duró toda una semana (vers. 27), de acuerdo con
la costumbre. La forma en que Labán engañó a Jacob posiblemente se debió a la
costumbre de velar a la novia y llevarla ante el novio "a la noche". Aunque
generalmente las niñas poco tenían que ver con la elección de sus esposos, se
necesitaba el consentimiento de Lea para que tuviera éxito esta vil propuesta.
Ella misma debe haber amado a Jacob para aprobar y cooperar en el plan de hacer
daño tanto a su hermana como a su futuro esposo haciéndolo casarse con una a
quien no buscó ni amó.

La duplicidad de Labán resultó en una rivalidad que duró toda la vida entre las
dos hermanas (cap. 30: 14-16).

24.

Zilpa.

Labán siguió una costumbre oriental (cap. 24: 59) cuando dio su sierva Zilpa a
su hija como su servidora personal. El significado del nombre Zilpa puede ser
"nariz corta".

25.

¿Qué es esto?

A la mañana siguiente Jacob, el gran engañador, se despertó para encontrarse
víctima de un engaño. La justicia inexorable le había retribuido su
duplicidad. En defensa propia, Labán adujo un requisito imaginario de una
costumbre social local. Si eso hubiera sido en realidad la costumbre en Harán,
como lo era en algunos otros países de la antigüedad, debiera haberle advertido
a Jacob en cuanto a ella cuando le propuso trabajar por Raquel. Sin embargo,
el voto que hizo Jacob a Dios en Bet-el, y su amor por Raquel, lo indujeron a
quedarse con Labán antes que repudiar el casamiento, como podría haberle hecho.

27.

Cumple la semana de ésta.

Las fiestas de casamiento generalmente duraban una semana (Juec. 14: 12), y
Jacob iba a recibir a Raquel también a la terminación de las festividades del
casamiento de Lea (vers. 28-30). Sin duda Labán estaba ansioso de preservar su
buen nombre ocultando su fraude ante la opinión pública, en vista de que todos
los hombres de la ciudad fueron sus invitados durante el festejo (vers. 22).
Su comportamiento no revela sino una serie de motivos viles. Aunque daba poco
valor a los afectos y la felicidad de su hija, tenía un gran aprecio por las
cualidades de Jacob como pastor. Forzado por la necesidad, Jacob convino en
aceptar la propuesta. Así Labán recibió 14 años de servicio en vez de 7 y al
mismo tiempo se libró de la carga de sostener a Lea, que de otra manera podría
haber sido difícil de casar.

28.

Le dio a Raquel.

Es claro que Jacob no sirvió otros siete años antes de que Raquel llegara a ser
su esposa. Esto último ocurrió cuando terminó la semana de festejos de Lea.
El acto de bigamia de Jacob no debe juzgarse por una disposición posterior de
la ley mosaica que prohibía a un hombre estar casado con dos hermanas al mismo
tiempo (Lev. 18: 18). Por otra parte, el doble casamiento de Jacob no se puede
justificar arguyendo que la bendición de Dios finalmente lo convirtió en el
medio de multiplicar su propia simiente y cumplir así su promesa.
Sencillamente Dios encauzó hacia un buen desenlace los errores de los hombres,
pues ni aun ellos pudieron torcer el propósito divino (Sal. 76: 10). La
bigamia que se había ocasionado por el engaño de Labán y el afecto de Jacob
produjo fricción y pesar en los hogares de ambos hombres. En esa escuela de
aflicción Jacob aprendió que "el camino de los transgresores es duro" (Prov.
13: 15). Los celos y el pesar presentes en ese casamiento son un comentario a
la orden específica de Moisés en contra de que un hombre a un tiempo se casara
con dos hermanas (Lev. 18: 18).

29.

Bilha.

Como en el caso de Lea, se dio también una sierva a Raquel. El significado de
su nombre puede haber sido "terror", pero esto es inseguro.

30.

La amó.

Lea, participando del cruel fraude de Labán, no consiguió ganar el afecto 401
de su esposo. El resultado fue un hogar donde prevalecieron la envidia, los
celos y la contención. Durante años Jacob había trabajado y esperado
pacientemente el día cuando pudiera tener un hogar feliz con su amada Raquel,
tan sólo para encontrarse abrumado con dos esposas que querellaban (cap. 30: 1,
2, 8, 15). Cuán diferente habían sido los primeros años de la vida matrimonial
de su padre Isaac, sobre cuyo hogar no descansó la sombra de la poligamia con
sus funestas consecuencias (cap. 24: 67). El triste caso de Jacob muestra la
sabiduría de Abrahán al prohibir el regreso de Isaac a Mesopotamia (cap. 24:
6).

31.

Lea era menospreciada.

Uniendo los vers. 20, 30, 31 y 34 se aclara el significado de la palabra aquí
traducida como "menospreciada". Tan sólo significa un grado de amor menos
intenso. El registro de las relaciones de Jacob con Lea demuestra que él no la
"menospreció" en el sentido que la palabra generalmente tiene para nosotros
hoy. Sencillamente sintió y demostró menos afecto por ella que por su hermana.
La declaración "Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí" (Mal. 1: 2, 3; Rom. 9: 13)
debe entenderse en la misma forma. Dios sintió y manifestó un grado mayor de
afecto por Jacob y su posteridad que por Esaú y sus descendientes. Dios eligió
a uno para ser su vehículo especial de bendición para el mundo, con preferencia
respecto al otro, no sobre una base arbitraria, sino teniendo en cuenta el
carácter (ver Deut. 7: 6-8).

Le dio hijos.

Así como Jehová había visitado a Sara (Gén. 21: 1) y había oído las súplicas de
Rebeca (cap. 25: 21), ahora se interpuso en favor de Lea. Bendiciendo a Lea
con hijos, al par que Raquel quedaba estéril por un tiempo, Dios procuró
fomentar en el corazón de Jacob más amor por Lea. Así se estableció una cierta
igualdad, pues mientras Jacob amaba a Raquel por lo que ella le significaba
personalmente, estaba inducido a apreciar a Lea también.

32.

Rubén.

Cada uno de los hijos de Jacob recibió un nombre que expresa los pensamientos y
emociones de su madre en el momento de su nacimiento. En una forma u otra,
todos estos nombres reflejan la rivalidad de las dos hermanas. Cada nombre
está relacionado en su sonido con ciertas palabras claves en la declaración que
entonces hizo la madre. Así pues, la primera sílaba de Rubén, que significa
"Ved, un hijo", procede de ra'ah, "ver", usada en la observación que hizo ella:
" Ha mirado Jehová mi aflicción". Para Lea, su primer hijo fue la evidencia de
la compasión de Jehová y bien podía esperar ella que ese hijo fuera el medio
por el cual pudiera ganar el afecto de Jacob. En la primera manifestación de
gozo maternal, ella tuvo la confianza de que conquistaría el corazón de Jacob.

33.

Simeón.

Indudablemente el nacimiento de Rubén no cubrió plenamente todas las
expectativas de Lea acerca de Jacob. Su segundo hijo, nacido aproximadamente
un año más tarde, recibió el nombre de Simeón, "oyendo". Quizá, al fin, Dios
había oído cuando ella había sido pospuesta y menospreciada.

34.

Leví.

El tercero de los hijos de Lea nacidos en rápida sucesión fue llamado Leví,
"unión", con la esperanza de que esta vez su esposo en realidad se uniría con
ella. En un harén oriental, la madre del hijo varón destinado a convertirse en
heredero, es la esposa más honrada. Lea no podía entender por qué Jacob no
transfería su afecto de Raquel, su hermana estéril, a ella.

35.

Judá.

El nacimiento del cuarto hijo de Lea hizo que ella exclamara: "Esta vez alabaré
a Jehová", como si hubiera sabido por intuición que él iba a ser el progenitor
de los reyes de Israel y del Mesías. Por eso lo llamó Judá, "el alabado". El
gozo de Lea era completo.

Dejó de dar a luz.

Es decir, temporariamente. Jacob, a pesar de sí mismo, ahora no podía menos que
apreciar a Lea como la madre de cuatro hijos, aunque no la amara tanto como
esposa. Para que Lea no se ensoberbeciera indebidamente por su buena fortuna,
u olvidara que Dios era el que la había bendecido, y para que Raquel no se
desanimara por completo, Dios intervino otra vez. Quizá se había alcanzado un
cierto equilibrio en los afectos.

Lea debe haber sido una mujer piadosa, una esposa consagrada y una madre fiel.
De acuerdo con el Registro sagrado, mencionó el nombre de Jehová en relación
con el nacimiento de tres de sus cuatro primeros hijos. Aunque procedía de una
familia idólatra, debe haber aceptado la religión de su esposo y debe haberse
convertido en una sincera creyente en Jehová. Por contraste, la conversión de
Raquel parece que al principio sólo produjo poco más que un cambio superficial.
402

Aunque externamente ella también había aceptado la religión de su esposo, su
corazón permanecía unido a los viejos ídolos de la familia, o ella pudo
haberlos tomado con la intención de asegurarse la herencia familiar (cap. 31:
19). En varias ocasiones su conducta resalta en directo contraste con la de
Lea, y parece reflejar un espíritu mucho más egoísta (cap. 30: 1-3, 8, 15). No
puede haber duda de que la excelencia de carácter de Lea, tanto como su
sinceridad y piedad, finalmente produjeron un cambio en la actitud de Jacob
hacia ella (caps. 31: 4, 14; 49: 31).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1- 30 PP 186-188

1, 10-14 PP 186

18 SR 89

18- 20 PP 186, 187, 242

25- 30 PP 188, 242; SR 89

CAPÍTULO 30

1 Raquel, afligida por su esterilidad, entrega su sierva Bilha a Jacob. 5 Bilha
da a luz a Dan y Neftalí. 9 Lea entrega su sierva Zilpa a Jacob, quien da a luz
a Gad y Aser. 14 Rubén encuentra mandrágoras, con las que Lea alquila a su
esposo, de Raquel. 17 Lea da a luz a Isacar, a Zabulón y a Dina. 22 Raquel da a
luz a José. 25 Jacob desea volver a su tierra. 27 Labán lo hace quedar mediante
un nuevo contrato. 37 La treta de Jacob que lo hizo rico.

1 VIENDO Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía
a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero.

2 Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el
fruto de tu vientre?

3 Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz sobre mis
rodillas, y yo también tendré hijos de ella.

4 Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella.

5 Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob.

6 Dijo entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo.
Por tanto llamó su nombre Dan.

7 Concibió otra vez Bilha la sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a
Jacob.

8 Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he contendido con mi hermana, y he vencido.
Y llamó su nombre Neftalí.

9 Viendo, pues, Lea, que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y
la dio a Jacob por mujer.

10 Y Zilpa sierva de Lea dio a luz un hijo a Jacob.

11 Y dijo Lea: Vino la ventura; y llamó su nombre Gad.

12 Luego Zilpa la sierva de Lea dio a luz otro hijo a Jacob.

13 Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su
nombre Aser.

14 Fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el
campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raquel a Lea: Te ruego que me des de
las mandrágoras de tu hijo.

15 Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te
has de Revar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo
esta noche por las mandrágoras de tu hijo.

16 Cuando, pues, Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo:
Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi
hijo. Y durmió con ella aquella noche.

17 Y oyó Dios a Lea; y concibió, y dio a luz el quinto hijo a Jacob.

18 Y dijo Lea: Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi
marido; por eso llamó su nombre Isacar.

19 Después concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob.

20 Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote; ahora morará conmigo mi marido,
403 porque le he dado a luz seis hijos; y llamó su nombre Zabulón.

21 Después dio a luz una hija, y llamó su nombre Dina.

22 Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos.

23 Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta;

24 y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo.

25 Aconteció cuando Raquel hubo dado a luz a José, que Jacob dijo a Labán:
Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra.

26 Dame mis mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, y déjame
ir; pues tú sabes los servicios que te he hecho.

27 Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, y quédate; he
experimentado que Jehová me ha bendecido por tu causa.

28 Y dijo: Señálame tu salario, y yo lo daré.

29 Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado
conmigo.

30 Porque poco tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número, y Jehová
te ha bendecido con mi llegada; y ahora, ¿cuándo trabajaré también por mi
propia casa?

31 Y él dijo: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada; si hicieres por
mí esto, volveré a apacentar tus ovejas.

32 Yo pasaré hoy por todo tu rebaño, poniendo aparte todas las ovejas manchadas
y salpicadas de color, y todas las ovejas de color oscuro, y las manchadas y
salpicadas de color entre las cabras; y esto será mi salario.

33 Así responderá por mí mi honradez mañana, cuando vengas a reconocer mi
salario; toda la que no fuere pintada ni manchada en las cabras, y de color
oscuro entre mis ovejas, se me ha de tener como de hurto.

34 Dijo entonces Labán: Mira, sea como tú dices.

35 Y Labán apartó aquel día los machos cabríos manchados y rayados, y todas las
cabras manchadas y salpicadas de color, y toda aquella que tenía en sí algo de
blanco, y todas las de color oscuro entre las ovejas, y las puso en mano de sus
hijos.

36 Y puso tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las otras
ovejas de Labán.

37 Tomó luego Jacob varas verdes de álamo, de avellano y de castaño, y
descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo blanco de las
varas.

38 Y puso las varas que había mondado delante del ganado, en los canales de los
abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas, las cuales procreaban
cuando venían a beber.

39 Así concebían las ovejas delante de las varas; y parían borregos listados,
pintados y salpicados de diversos colores.

40 Y apartaba Jacob los corderos, y ponía con su propio rebaño los listados y
todo lo que era oscuro del hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo
ponía con las ovejas de Labán.

41 Y sucedía que cuantas veces se hallaban en celo las ovejas más fuertes,
Jacob ponía las varas delante de las ovejas en los abrevaderos, para que
concibiesen a la vista de las varas.

42 Pero cuando venían las ovejas más débiles, no las ponía; así eran las más
débiles para Labán, y las más fuertes para Jacob.

43 Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y
siervos, y camellos y asnos.

1.

Dame hijos.

El buen éxito de Lea como madre despertó los celos de Raquel más allá de lo que
podía soportar. Ahora bien, "la envidia es carcoma de los huesos" (Prov. 14:
30), y son "duros como el Seol los celos" (Cant. 8: 6). Aunque Raquel
disfrutaba de la mayor parte del afecto de su esposo, no podía estar contenta
mientras su hermana la sobrepujara en lo que, para todo oriental, es el más
importante de todos los deberes de una esposa: la maternidad. Sara había
estado casada por lo menos 25 años cuando nació Isaac. Rebeca había esperado
en vano 20 años un hijo cuando ella e Isaac se volvieron a Dios en oración.
Pero esperar afrontando la competencia hizo que Raquel se impacientara con sus
celos relativamente poco después de su casamiento, y con amargura de espíritu
censuró a Jacob.

2.

¿Soy yo acaso Dios?

Se despertó naturalmente el desagrado apasionado de Jacob 404 por las indignas
palabras de su esposa favorita. Rehusó aceptar la culpa por una situación que
sólo Dios podía cambiar. Bien sabía Raquel que sólo Dios podía quitar la
esterilidad (vers. 6), pero por el momento, sus celos por Lea aparentemente la
cegaron ante ese hecho. La respuesta de Jacob también manifiesta una cierta
falta de espiritualidad. ¿Por qué no le sugirió a su chasqueada y amargada
esposa que ambos buscaran ayuda en la oración, como sus padres lo habían hecho
antes de que él mismo naciera? En vez de eso, Jacob consintió en una propuesta
que era nada menos que un recurso pecaminoso.

3.

He aquí mi sierva Bilha.

La propuesta de Raquel, que Jacob aceptó y llevó a cabo, era tan pecaminosa
como la de Sara (cap. 16: 2), pero sin la excusa de Sara, puesto que no había
ahora ninguna cuestión en cuanto a un heredero para Jacob. Ciertamente, ni
siquiera existiendo una razón tal se hubiera justificado el hecho, que aun en
el caso de Abrahán había sido condenado tan claramente.

Dará a luz sobre mis rodillas.

Esta declaración ha sido considerada por muchos comentadores como un modismo
hebreo que expresa adopción (cap. 50: 23). Es posible que la expresión se
originara en una antigua costumbre oriental por la cual, cuando nacía un hijo
que iba a ser adoptado, el que adoptaba el niño lo recibía como suyo propio.
Probablemente Raquel tuvo en cuenta una de estas costumbres e hizo planes para
recibir al niño, desde el nacimiento, como propio de ella.

4.

Jacob se llegó a ella.

El relajamiento de Jacob en el matrimonio comenzó con la poligamia y terminó
con el concubinato. Aunque Dios encauzó todo esto para el desarrollo de la
simiente de Israel, no por eso colocó su aprobación sobre una costumbre tal.

6.

Dan.

Raquel, que había considerado su esterilidad como una injusticia en vista de la
fecundidad de Lea, consideró el nacimiento de Dan como una vindicación divina
de su conducta. Claramente declaró esta convicción cuando dijo: "Me juzgó
Dios", o "Ha procurado justicia para mí", por cuya razón llamó a Dan "El
juzgó". Su declaración "Y también oyó mi voz" significa que ella había orado
por esto, o que consideraba el nacimiento de Dan como la respuesta de Dios por
sus amargas quejas (vers. 1).

8.

Neftalí.

Después del nacimiento de Dan, quizá Jacob consideró a Bilha como a una de sus
esposas legítimas, o siguió una renovada instigación de Raquel de conseguir
otro hijo para ella mediante su sierva. Cuando nació el segundo hijo de Bilha,
a quien Raquel consideraba suyo por adopción, declaró literalmente que había
"luchado con grandes luchas", "con luchas de 'Elohim [Dios]", con su hermana y
había tenido éxito. De ahí que lo llamara Neftalí, "mi lucha".

9.

Viendo, pues, Lea.

Lea, acostumbrada a tener un hijo cada año, se impacientó cuando pareció que no
daría más a luz. Que Raquel hubiera tenido hijos mediante su sierva no
molestaba a Lea mientras tuviera la perspectiva de tener hijos propios, pero
ahora se convirtió en víctima de la envidia, así como su hermana lo había sido
antes. El medio empleado por Raquel para retener el favor de Jacob puso celosa
a Lea, y los celos la impulsaron al empleo del mismo medio que había usado
Raquel. Sin embargo, parece que Lea estuvo consciente de que estaba siguiendo
una artimaña de su propio corazón, puesto que no hizo referencia a Dios en sus
declaraciones cuando nacieron los dos hijos de Zilpa.

En cuanto a Jacob, es sorprendente con cuánta facilidad consintió en las
tortuosas instigaciones de sus esposas con el fin de aumentar su descendencia.
Si había pensado tener alguna excusa para tomar a Bilha a fin de satisfacer a
su amada Raquel, que no tenía hijos propios, ¿con qué excusa pudo haber
aquietado ahora su conciencia en cuanto a la propuesta de Lea que ya tenía
cuatro hijos? Habiendo entrado en la senda de las malas acciones, parece que
no veía el error de su conducta ni pensó en sus posibles consecuencias. Por
otro lado, debe admitirse que al hacer esto seguía una costumbre común en sus
días. Por el código de la ley de Hammurabi y otros documentos cuneiformes
sabemos que una práctica tal era legal y socialmente aceptable, en particular
cuando la esterilidad impedía tener hijos. La existencia de esta costumbre
probablemente es la principal razón para que ni Abrahán ni Jacob vieran ningún
gran error al tomar a sus siervas como concubinas.

11.

Gad.

Este nombre significa "en buena fortuna", como lo tienen la LXX y la Vulgata.
Así Lea llamó al hijo de Zilpa, Gad, "buena fortuna".

13.

Aser.

El segundo hijo de Zilpa fue llamado 405 Aser, "el feliz", o "el que trae
felicidad". Dijo ella literalmente: "Para mi felicidad, pues las hijas me
llaman feliz", esto es, como madre de muchos hijos. En las declaraciones que
hizo ella cuando nacieron tres de sus cuatro hijos propios, Lea había
reconocido a Jehová (cap. 29: 32, 33, 35). En este caso, con los nacidos de su
sierva, parece que no pensó en Dios. Eran el resultado exitoso y bienvenido de
su propio e inteligente plan.

14.

Mandrágoras.

En la alta Mesopotamia, la cosecha de trigo viene en mayo y junio. La
mandrágora es una hierba de la familia de la belladona con pimpollos blancos y
rojizos. Su fruto amarillento y fragante tiene más o menos el tamaño y la
forma de una manzanita. Hoy en día, como en los tiempos antiguos, el fruto ha
sido considerado por la gente del Cercano Oriente como que promueve la
fertilidad. Las mujeres del Oriente todavía hacen una bebida de mandrágoras
que, según se creía, estimulaba el deseo sexual y ayudaba en la concepción.

15.

¿Es poco?

Indudablemente Raquel deseaba las mandrágoras como un medio para eliminar su
esterilidad. Lea se indignó ante el pensamiento de compartir algo que podía
aumentar las perspectivas de su hermana de conseguir todavía más del amor de
Jacob. Parece que, quizá en contraste con Lea, Raquel tenía más fe en las
mandrágoras que en el poder de Dios. Sin embargo, finalmente aprendió a
confiar en Dios más que en las mandrágoras (Gén. 30: 22; Sal. 127: 3).

18.

Isacar.

"Oyó Dios a Lea" (vers. 17) para mostrar que viene la vida no por medios
naturales como las mandrágoras, sino mediante Dios, el autor de la vida. Lea
pensó que veía en el nacimiento de su quinto hijo una recompensa divina por
haber dado su sierva a su esposo, indudablemente considerando ese acto, que
había surgido de los celos, como una evidencia de abnegación. El nombre Isacar
contiene la idea de "recompensa", pero ya sea que signifique "Hay una
recompensa" o, de acuerdo con una tradición rabínica, "Lleva una recompensa",
no es seguro su significado. Nótese que fue Lea, y no Moisés, quien vio en el
nacimiento de Isacar una "recompensa" por una acción pecaminosa.

20.

Zabulón.

Al nombrar a su sexto hijo Zabulón, "morada", Lea expresó su esperanza de que
ahora Jacob la preferiría a ella antes que a su hermana estéril. Estaba
luchando por el primer lugar en el afecto de él, luchando para que él "morara"
con ella en la honrosa relación de primera esposa.

21.

Dina.

El nombre significa "vindicación". Ella no fue la única hija de Jacob (caps.
37: 35; 46: 7), y probablemente se la menciona aquí en anticipación del relato
de su desgracia en el cap. 34. La palabra "después" indica que había pasado
algún tiempo desde el nacimiento de Zabulón. Dina era la única hija de Jacob
cuando él volvió a Canaán (ver com. cap. 34: 1).

22.

Se acordó Dios de Raquel.

Parece que finalmente Raquel llevó su problema ante Dios en oración. Su
petición fue oída y la fe obtuvo lo que la impaciencia y la incredulidad hasta
entonces lo habían impedido.

23.

Mi afrenta.

En el antiguo Oriente, una mujer estéril no era compadecida sino despreciada, y
se consideraba la falta de hijos como una vergüenza y una maldición. Esto
explica por qué mujeres como Rebeca, Raquel y Ana sintieran tan profundamente
su esterilidad. Entre los judíos, la esterilidad era considerada como
justificativo para el divorcio, la poligamia o el concubinato.

24.

José.

Que significa "El quita", como alusión a la desaparición de la afrenta de ella,
o "El añadirá", en anticipación de otro hijo que esperaba que Dios le añadiría
a este primero. La desaparición de su afrenta implicaba esta posibilidad.

25.

Aconteció.

Cuando nació José, Jacob procuró el permiso de Labán para volver a Canaán. De
acuerdo con los vers. 25-28, parece que José nació al final del 14º año del
servicio de Jacob, 7 años después de su casamiento (cap. 29: 21-28). No
resulta enteramente claro si los 11 hijos que Jacob tenía ahora, nacieron todos
durante los 7 años entre su casamiento y la terminación de sus 14 años de
servicio con Labán, o si algunos de ellos nacieron durante los 6 años
siguientes de los 20 que pasó allí (cap. 31: 38).

El orden en que está la lista de los hijos de Jacob aquí, no representa
necesariamente el preciso orden cronológico de su nacimiento, pero parece estar
basado en su linaje materno. Moisés pone en la lista cuatro para Lea; dos para
cada concubina: Bilha y Zilpa, dos más para Lea y uno para Raquel, distribuidos
en estos cinco grupos. No hay dos listas de los hijos de Jacob registradas en
el AT que los den precisamente en el mismo orden (Gén. 406 46: 8-25; 49: 3-27;
Exo. 1: 1-4; Núm. 1: 5-15; 1 Crón. 2: 1, 2; etc.), y por lo tanto es imposible
saber con certeza el orden de su nacimiento.

Parecería muy extraño que 11 hijos y 1 hija (Gén. 29: 32 a 30: 24) hubieran
nacido durante los primeros 7 años de la vida matrimonial de Jacob y ninguno
durante los siguientes 6 años que sirvió a Labán. Sin embargo, si tal fuera el
caso, Lea dio a luz siete hijos en siete años, con un claro intervalo durante
el cual no tuvo ninguno (caps. 29: 35; 30: 9). Si durante este intervalo los
cuatro hijos de Bilha y de Zilpa nacieron uno tras otro, obviamente siete años
sería un tiempo demasiado corto. A no ser por el hecho de que los seis hijos
varones de Lea están separados en dos grupos, podría pensarse que el orden de
Moisés aquí se basó estrictamente en su linaje materno. Puesto que,
obviamente, este no es el caso, parecería que los cinco grupos están arreglados
en el orden del nacimiento del primer hijo de cada grupo y que probablemente
hay alguna superposición entre dos grupos consecutivos. Esto parece ajustarse
mejor con el contexto y con hechos conocidos. Según esto, el nacimiento de Dan
precedería al de todos los hijos que están en lista después de él, pero no
necesariamente a Judá. En principio, lo mismo sería verdad para Gad, Isacar y
José. Una superposición muy próxima como sería ésta, haría posible el
nacimiento de los 11 hijos en un período de 7 años. Pero aun si se acepta el
principio de la superposición, no hay razón para que necesariamente todos los
11 nacieran durante esos 7 años; algunos pueden haber nacido durante el período
final de 6 años de la permanencia de Jacob con Labán. En realidad esta última
posibilidad parece más razonable, pues aun concediendo la posibilidad de la
superposición durante los siete años, la rápida sucesión en que deben haberse
presentado los nacimientos sería demasiado apretada aun de acuerdo con las
normas orientales.

28.

Señálame tu salario.

Puesto que el segundo período de siete años terminó aproximadamente con el
nacimiento de José, Jacob pidió a Labán permiso para volver a Canaán (vers.
25). Pero Labán estaba mal dispuesto para perder a un hombre tan valioso y,
sin embargo, no encontraba una estratagema para conservarlo consigo por más
tiempo. El hecho de que pidiera a Jacob que señalara su salario no le impidió
cambiárselo diez veces durante los seis años (cap. 31: 7). Detrás de Labán
estaba el maligno tratando de torcer el plan de Dios al impedir, si hubiera
sido posible, que Jacob volviera a la tierra prometida.

31.

Si hicieres por mí esto.

Cuando Labán repitió su oferta, indicando su decisión de cumplirla, Jacob le
propuso condiciones con las cuales estaría dispuesto a quedar. Su propuesta se
basaba en el hecho de que en el Cercano Oriente, por regla general, las cabras
son negras o de un color castaño oscuro y rara vez son blancas o tienen manchas
blancas, y además, que la mayoría de las ovejas son blancas, rara vez negras o
manchadas. Puesto que la propuesta de Jacob implicaba sólo una pequeña parte
de los rebaños y de las manadas de Labán, éste se apresuró a aprobar el plan
(vers. 34). Además Jacob le ofrecía hacer la separación "hoy", de modo que
Labán pudiera ver exactamente cuáles serían los resultados.

El curso siguiente del relato muestra que algo más estaba implicado en el
convenio entre Jacob y Labán. O Moisés eligió mencionar sólo el principio
básico del convenio, omitiendo así que la separación había de repetirse a
intervalos regulares, o este punto no fue mencionado al principio, sino más
bien fue dado por sentado por ambas partes. Como quiera que fuese, Jacob
procedió de acuerdo con algo a lo cual no pareció haberse opuesto Labán, a
pesar de sus frecuentes alteraciones del contrato (cap. 31: 7, 8, 41).

34.

Como tú dices.

Labán aceptó alegremente la propuesta, pero no dejó que Jacob hiciera la
selección (vers. 34-36). La hizo él mismo, probablemente para asegurarse que
se realizaba de acuerdo con su interpretación del convenio. Entregó entonces
las ovejas y cabras manchadas a sus hijos (mencionados aquí por primera vez)
para que las cuidaran, y dejó a Jacob a cargo solamente de los animales de
color puro de los rebaños. Finalmente, Labán "puso tres días de camino entre
sí y Jacob", es decir entre los rebaños que él mismo iba a cuidar mediante sus
hijos y los atendidos por Jacob, a fin de evitar que hubiera mezcla entre
ellos.

37.

Tomó luego Jacob varas.

El relato de los vers. 37-40 a primera vista parece contradecir algunas leyes
conocidas de la genética y suele ser citado como una prueba de que la Biblia no
es científica. Sin embargo, un estudio 407 cuidadoso del contexto y una
comparación del relato con hechos conocidos acerca de las leyes de la genética
revelan lo que sucedió y vindican de una manera realmente notable la
inspiración de las Escrituras. Para una comprensión detallada y científica del
tema , véase F. L. Marsh, Studies in Creationism, págs. 367-374.

Pensando preservar sus propios intereses en el convenio propuesto por Jacob,
inmediatamente Labán separó los respectivos rebaños (vers. 35), lo que indica
que él también sabía algo de las leyes de la herencia. Colocó todas las
ovejas, cabras y ganado que tenían manchas bajo el cuidado de sus propios
hijos, procurando así apartarlos de Jacob y evitando la posibilidad de que
hubiera una reproducción de esos animales manchados que volvieran a ser, por lo
menos en apariencia, de color liso. Lo que Labán no sabía es que algunos de
los animales aparentemente de pura raza podían contener todavía características
recesivas de color susceptibles de transmitiese a sus descendientes. Labán
pensó que había sido más listo que Jacob mediante la astuta estratagema de
separar los rebaños.

Por su parte, Jacob sin duda tuvo en cuenta la cría por selección, acerca de la
cual debe haber sabido por lo menos tanto como Labán. Este proceder habría
sido enteramente legítimo de acuerdo con una estricta interpretación del
contrato. La distinción que hizo Jacob entre ganado fuerte y débil (vers. 41)
es una evidencia de que la observación le había enseñado algo de las leyes de
la herencia. Ahora que Labán había separado todos los animales manchados,
probablemente Jacob quedaba sin saber qué hacer, pues es indudable que no sabía
nada más en cuanto a la transmisión de los caracteres recesivos de lo que sabía
Labán. Confiando en su propia astucia y en la aplicación de antiguas -y
todavía populares- supersticiones de que las crías reciben la impresión que
corresponde con las escenas o con los temores experimentados por la madre
durante el período prenatal, puso en práctica el proceder explicado en estos
versículos. Dice F. L. Marsh:

"Toda marca de las crías, tal como la que Jacob pensó que estaba logrando en
los rebaños de Labán, es completamente imposible. . . En la placenta y el
cordón umbilical, que constituyen la única conexión entre la madre y el feto,
no hay nervios. . . De manera que en absoluto no existe mecanismo alguno por el
cual la madre pueda marcar a sus descendientes en la forma en que Jacob pensó
que lo estaba logrando" (Studies in Creationism, págs. 368, 369). (La cursiva
está en el original.)

Otra dificultad evidente reside en el hecho de que el método de Jacob parece
haber tenido buen éxito (vers. 43; cap. 31: 7-9). Sin embargo para que Jacob
no creyera en su propio ingenio y en la superstición, Dios le reveló en un
sueño cómo las características recesivas de los animales manchados eran
transmitidas a sus descendientes mediante padres aparentemente de color puro
(cap. 31: 10-12). Lo que el ángel le dijo a Jacob en un sueño podía sólo
aplicarse a los rebaños y las manadas que estaban bajo el cuidado de Jacob,
pues todos los animales manchados habían sido separados previamente por Labán
(cap. 30: 35, 36). Dios añadió su bendición especial a esta ley de genética,
pues los caracteres recesivos normalmente no se manifestarían de una manera tan
pronunciada como la indicada en el vers. 43. Al hacerlo así, el Altísimo puede
haber utilizado principios de genética hasta hoy imperfectamente entendidos.

Esta revelación de una ley de la genética que no fue descubierta ni entendida
por la ciencia hasta tan sólo hace unas pocas décadas, atestigua la exactitud
científica y la inspiración divina de las Escrituras. El profesor Marsh
termina su comentario del tema diciendo:

"Las Escrituras enseñan que tales marcas entre los animales domésticos son el
resultado de factores hereditarios que actúan en ambos padres de acuerdo con
principios mendelianos, y que ellas no se deben a impresiones maternas. Una
lectura imparcial del texto muestra pues que este incidente de las Escrituras,
que se cita con tanta frecuencia como una prueba de que la Biblia es un libro
de fábulas, en realidad es una razón importante para creer que es ciertamente
un libro inspirado" (Id., pág. 374). (La cursiva está en el original.)

De paso puede observarse que la palabra hebrea traducida "avellano" en la VVR,
debiera traducirse "almendro", y "castaño" en vez de "sicómoro". El sicómoro
oriental pertenece a la familia del arce.

41.

Las ovejas más fuertes.

Los antiguos rabinos judíos entendían este pasaje como que indicara que Jacob
practicó esta treta sólo 408 durante la procreación de la primavera, puesto que
los antiguos creían que los animales concebidos en la primavera y nacidos en el
otoño eran más fuertes que los concebidos en el otoño y nacidos en la
primavera. Sin embargo, los comentadores modernos se inclinan a aplicar esto a
los corderos tempranos y tardíos de la misma estación, ya que los corderos
tempranos son más valiosos que los que nacen después en la estación. De
acuerdo con esta opinión, Jacob no realizó su experimento con la segunda camada
de ganado porque sabía que serían más débiles, sino con la camada temprana y
más fuerte. Cualquiera que hubiera sido el método que usó Jacob, lo hizo para
fortalecer y aumentar sus propios rebaños obviamente a expensas de debilitar y
disminuir los de Labán.

43.

Se enriqueció el varón muchísimo.

El relato de las relaciones de Jacob con Labán muestra la astucia y la
habilidad por un lado, luchando contra la avaricia y las malas artes por el
otro. La astucia que aplica un conocimiento superior es con frecuencia el arma
del débil contra el fuerte. Los hombres que son codiciosos y traidores pero
faltos de sabiduría, con frecuencia son sobrepujados por hombres igualmente
arteros pero más inteligentes en su proceder. La justicia estaba de parte de
Jacob. Sencillamente él estaba aprovechando de su nuevo puesto para compensar
las desventajas en que había trabajado durante 14 años. Sin embargo, le
faltaba honradez estricta e integridad. Faltaban esa sinceridad y sencillez de
carácter que esperamos encontrar en un hombre recto. Con toda seguridad, el
plan de Jacob tuvo pleno éxito, pero no es el que un siervo de Jehová debería
buscar. Además Jacob se equivocó al confiar más en su propia habilidad para
conseguir la bendición divina prometida a él, que en el poder y la providencia
de Dios. Por lo demás, Jacob atribuyó su éxito al poder de Dios (cap. 31: 9).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

25- 27, 30 PP 191

41 PP 242

43 PP 191

CAPÍTULO 31

1 Jacob siente desagrado y se va en secreto. 19 Raquel roba los ídolos de su
padre. 22 Labán lo persigue, 26 y se queja por el robo. 34 Forma como Raquel
ocultó las imágenes. 36 Jacob se queja de Labán. 43 Pacto entre Labán y Jacob
en Galaad.

1 Y OIA Jacob las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado
todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha adquirido
toda esta riqueza.

2 Miraba también Jacob el semblante de Labán, y veía que no era para con él
como había sido antes.

3 También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu
parentela, y yo estaré contigo.

4 Envió, pues, Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus
ovejas,

5 y les dijo: Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como era
antes; mas el Dios de mi padre ha estado conmigo.

6 Vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre;

7 y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero
Dios no le ha permitido que me hiciese mal.

8 Si él decía así: Los pintados serán tu salario, entonces todas las ovejas
parían pintados; y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas
las ovejas parían listados.

9 Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y me lo dio a mí.

10 Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis ojos y
vi en 409 sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran listados,
pintados y abigarrados.

11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí.

12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a
las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo
que Labán te ha hecho.

13 Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la Piedra, y donde me hiciste un
voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu
nacimiento.

14 Respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Tenemos acaso parte o heredad en
la casa de nuestro padre?

15 ¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos vendió, y aun se ha comido
del todo nuestro precio?

16 Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra es y de
nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.

17 Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus mujeres sobre los
camellos,

18 y puso en camino todo su ganado, y todo cuanto había adquirido, el ganado de
su ganancia que había obtenido en Padan-aram, para volverse a Isaac su padre en
la tierra de Canaán.

19 Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de
su padre.

20 Jacob engañó a Labán arameo, no haciéndole saber que se iba.

21 Huyó, pues, con todo lo que tenía; y se levantó y pasó el Eufrates, y se
dirigió al monte de Galaad.

22 Y al tercer día fue dicho a Labán que Jacob había huido.

23 Entonces Labán tomó a sus parientes consigo, y fue tras Jacob camino de
siete días, y le alcanzó en el monte de Galaad.

24 Y vino Dios a Labán arameo en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que
no hables a Jacob descomedidamente.

25 Alcanzó, pues, Labán a Jacob; y éste había fijado su tienda en el monte; y
Labán acampó con sus parientes en el monte de Galaad.

26 Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que me engañaste, y has traído a mis
hijas como prisioneras de guerra?

27 ¿Por qué te escondiste para huir, y me engañaste, y no me lo hiciste saber
para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamborín y arpa?

28 Pues ni aun me dejaste besar a mis hijos y mis hijas. Ahora, locamente has
hecho.

29 Poder hay en mi mano para haceros mal; mas el Dios de tu padre me habló
anoche diciendo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.

30 Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me
hurtaste mis dioses?

31 Respondió Jacob y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me
quitarías por fuerza tus hijas.

32 Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros
hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévaselo. Jacob no sabía que Raquel
los había hurtado.

33 Entró Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea, y en la tienda de
las dos siervas, y no los halló; y salió de la tienda de Lea, y entró en la
tienda de Raquel.

34 Pero tomó Raquel los ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se
sentó sobre ellos; y buscó Labán en toda la tienda, y no los halló.

35 Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar
delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no
halló los ídolos.

36 Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán:
¿Qué transgresión es la mía? ¿Cuál es mi pecado, para que con tanto ardor hayas
venido en mi persecución?

37 Pues que has buscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los
enseres de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y de los tuyos, y
juzguen entre nosotros.

38 Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca
abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.

39 Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado
así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.

40 De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis
ojos.

41 Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos
hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.

42 Si el Dios de mi padre, Dios de 410 Abraham y temor de Isaac, no estuviera
conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi
aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.

43 Respondió Labán y dijo a Jacob: Las hijas son hijas mías, y los hijos, hijos
míos son, y las ovejas son mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío: ¿y qué
puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han dado a luz?

44 Ven, pues, ahora, y hagamos pacto tú y yo, y sea por testimonio entre
nosotros dos.

45 Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó por señal.

46 Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras. Y tomaron piedras e hicieron
un majano, y comieron allí sobre aquel majano.

47 Y lo llamó Labán, Jegar Sahaduta, y lo llamó Jacob, Galaad.

48 Porque Labán dijo: Este majano es testigo hoy entre nosotros dos; por eso
fue llamado su nombre Galaad;

49 y Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos
el uno del otro.

50 Si afligieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas,
nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre nosotros dos.

51 Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí esta señal, que he
erigido entre tú y yo.

52 Testigo sea este majano, y testigo sea esta señal, que ni yo pasaré de este
majano contra ti, ni tú pasarás de este majano ni de esta señal contra mí, para
mal.

53 El Dios de Abraham y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus
padres. Y Jacob juró por aquel a quien temía Isaac su padre.

54 Entonces Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó a sus hermanos a comer
pan; y comieron pan, y durmieron aquella noche en el monte.

55 Y se levantó Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y
regresó y se volvió a su lugar.

1.

Las palabras de los hijos de Labán.

El reclamo de los hijos de Labán era obviamente exagerado, puesto que Labán
todavía tenía rebaños cuando Jacob lo dejó (vers. 19). Los hijos de Labán
sospechaban que Jacob había conseguido sus riquezas mediante un fraude, aunque
no lo acusaron abiertamente de ese delito. No podían probar que hubiera
violado ninguna de las cláusulas del convenio entre él y su padre, si bien
estaban seguros que debía haberlo hecho.

2.

El semblante de Labán.

Lo que Jacob alcanzó a oír fue confirmado por lo que observó en la actitud de
Labán. Puesto que nada de lo que hacía Labán parecía estorbar en lo más mínimo
el rápido aumento de las riquezas de Jacob, aun la apariencia de amistad que
había caracterizado la relación de ambos en el pasado, ahora se había cambiado
en abierto antagonismo. En la providencia de Dios, la actitud de Labán se
convirtió en el medio de provocar el regreso de Jacob a la tierra de su
nacimiento. La convicción de Jacob de que había llegado el tiempo de volver a
la tierra de sus padres fue confirmada por un mensaje directo de Dios.

4.

Llamó a Raquel y a Lea.

A cierta distancia de su hogar, con los rebaños, Jacob llevó a sus esposas al
campo para que fuera mayor el secreto al hacer planes para su partida. Si esto
se hubiera hecho en casa, algunos miembros de la familia de Labán podrían haber
oído su conversación e informado a Labán a tiempo para que volviera e impidiera
la partida. A pesar de todas sus precauciones, al tercer día llegó la noticia
a Labán (vers. 19, 22). Parece que algún cambio se había efectuado en la
supervisión de los ganados y rebaños, pues Jacob ahora estaba a cargo de los
suyos (cap. 30: 35, 36), o al menos tenía acceso a ellos. Posiblemente la
ausencia de Labán, que estaba trasquilando sus propias ovejas, hizo posible la
fuga de Jacob con todos sus bienes, lo cual hubiera sido obviamente imposible
de otra manera (vers. 1, 29). Quizá Jacob también estaba entonces trasquilando
sus ovejas, y mandó llamar a sus esposas, e hizo traer todas sus pertenencias
para levantar tiendas en ese lugar con el pretexto de los festejos que
corrientemente se celebraban en ocasiones tales. Así preparó el camino para su
partida que no despertaría sospechas por adelantado.

7.

Me ha cambiado el salario.

"Diez" puede no haber sido algo literal. Quizá se usó sencillamente como un
número redondo para indicar cambios muy frecuentes, así como nosotros diríamos
"una docena de veces" (cf. Dan. 1: 20). 411 Indudablemente Labán hizo
repetidos esfuerzos para reducir el convenio original, cambiando sus cláusulas.
El hecho de que Jacob ocultara su propia estratagema y atribuyera a la
bendición de Dios todo lo que había conseguido con astucia, implica que sabía
muy bien que el medio empleado no era completamente honrado.

9.

Quitó Dios el ganado.

Jacob quizá sintió que, si no hubiera sido por la voluntad de Dios de
bendecirlo, sus propios esfuerzos no habrían tenido éxito. Por eso, y no sin
razón, le pareció correcto atribuir su aumento de riqueza al benévolo cuidado
de Dios. Por cierto que él sentía que sus propias maquinaciones y la bendición
de Dios no se excluían mutuamente.

11.

Me dijo . . . en sueños.

No es seguro si este sueño le sobrevino aparte de la breve revelación del vers.
3, o si es un relato más completo de aquella comunicación divina. Algunos
comentadores sugieren que esto sobrevino en el mismo comienzo del último
período de seis años de servicio de Jacob, Algunos piensan que fue tan sólo un
sueño común que Jacob relacionó con el que había recibido en Bet-el y ahora
relató a fin de impresionar a sus esposas. Esta opinión es insostenible debido
a la exactitud biológica de la información revelada en él, información que era
contraria a las propias supersticiones y creencias de Jacob (ver com. de cap.
30: 37-41).

14.

Respondieron Raquel y Lea.

El que las dos hermanas estuvieran en perfecto acuerdo en cuanto a la conducta
de su padre a pesar de sus celos mutuos, es una clara evidencia de la validez
de la queja de ellas. La dura crueldad de Labán y su codicia insaciable
obviamente fueron tan pronunciadas, que aun sus hijas finalmente protestaron.
Se quejaron de que, a pesar de ser hijas legítimas y haber nacido libres, no
habían recibido ninguna herencia, y habían sido vendidas como esclavas.
Indudablemente toda la propiedad de Labán había sido transferida a sus hijos
varones, ya que sus hijas no recibieron nada de ella.

16.

Toda la riqueza.

Raquel y Lea reconocieron la mano de Dios en la notable prosperidad de su
esposo. Quizá sea condenable el alejamiento de ellas de su padre, pero la
severidad y mezquindad de él hicieron comprensible, si no del todo inevitable,
una reacción tal. Por otro lado, se sentían ligadas a su esposo, el padre de
sus hijos, con una unión íntima y tierna. Su vida y fortuna estaban ahora
completamente identificadas con las de él. Por primera vez se presenta a las
dos hermanas de común acuerdo. El hecho de que hiciera poco tiempo desde que
Raquel había tenido un hijo, puede haber aliviado la tensión y los celos que
habían existido entre ellas durante los primeros años de la vida matrimonial.

19.

Labán había ido a trasquilar sus ovejas.

Posiblemente Labán había salido de la casa antes de que Jacob llamara a sus
esposas al campo, y no después de su decisión de dejar Harán. El hecho de que
Raquel pudiera robar las imágenes de su padre sugiere la ausencia de Labán de
su casa cuando Raquel salió de ella. Jacob sabía que su suegro quedaría
detenido varios días por la tarea de trasquilar sus ovejas y por los festejos
que comúnmente la acompañaban (ver 1 Sam. 25: 4, 11; 2 Sam. 13: 23), a los
cuales con frecuencia se invitaban amigos. No sabemos si Jacob no había sido
invitado, o si había rehusado la invitación

de Labán, debido a la disensión que existía entre ellos. Pero esto le
proporcionó una excelente oportunidad para escapar sin ser estorbado.

Raquel hurtó los ídolos.

Esos "ídolos", terafim (Juec. 17: 5; 18: 14; etc.), generalmente eran pequeñas
(vers. 34) figurillas humanas (en ocasiones eran más grandes) y con frecuenta
se hacían de madera (1 Sam. 19: 13-16). Las excavaciones efectuadas en el
Cercano Oriente han permitido descubrir un gran número, hechas de madera,
arcilla y metales preciosos. Algunas representan dioses masculinos, pero la
mayoría son figurillas de deidades femeninas de 5 a 7,5 cm de largo. Se usaban
como dioses familiares o se colgaban del cuerpo de la persona como amuletos
protectores. Puesto que la mayoría representan diosas desnudas cuyos rasgos
sexuales están acentuados, probablemente se pensaba que promovían la
fertilidad. Esta quizá sea la razón principal por la cual Raquel las deseaba.
Textos cuneiformes de Nuzi, Mesopotamia, revelan que, en ocasión de la muerte
del padre, los ídolos familiares eran heredados por los hijos adoptivos
solamente cuando no estaban presentes los verdaderos. Si un hombre tenía
hijos, sus dioses no podían ser propiedad de sus hijas. Por lo tanto Raquel no
tenía derecho a los ídolos familiares de su padre, como lo admitió francamente
Jacob 412 (Gén. 31: 32). Otros documentos hallados también en Nuzi indican que
en la era patriarcal la posesión de los ídolos de la familia, tales como los
que tenía Labán, le garantizaban a quien los tenía el título de las propiedades
de su padre (ANET 219, 220). Probablemente ésta era la razón principal por la
cual Labán estaba tan ansioso de recuperarlos (ver vers. 30, 33-35).

21.

Pasó el Eufrates.

El Eufrates es preeminentemente el rio de los tiempos bíblicos (1 Rey. 4: 21;
Esd. 4: 10, 16). No se sabe cómo pudo Jacob cruzar el Eufrates con sus
rebaños, particularmente en tiempo de primavera (Gén. 31: 19). Por supuesto,
hay vados en diferentes lugares a lo largo del río en esa zona. Galaad era el
destino inmediato de Jacob, y estaba en la región montañosa al sur del río
Yarmuk. Galaad se menciona aquí en vista de que Labán lo alcanzó allí. El
nombre Galaad le fue dado por Jacob en aquella ocasión (vers. 47). Se
desconoce su nombre anterior.

23.

Fue tras Jacob.

Puesto que Labán recibió aviso dos o tres días después de la huida de Jacob
(vers. 22), y lo alcanzó después de una persecución de siete días, parece que
los dos se encontraron nueve o diez días después de que Jacob partió de las
proximidades de Harán. Las montañas de Galaad están a unos 450 km. de Harán,
distancia que puede ser cubierta por camellos rápidos en siete días, el tiempo
que necesitó Labán. Pero era imposible arrear rebaños y majadas por una
distancia tal en ese lapso, puesto que no podían cubrir más de unos 15 km. por
día. Indudablemente Labán no persiguió a los fugitivos inmediatamente después
de recibir la noticia de su huida. Sabía que Jacob iría lentamente (cap. 33:
13, 14) y, por lo tanto, él no necesitaba apresurarse. Puesto que Raquel había
tomado los ídolos de su padre, su partida debe haber sido de Harán, donde
estaba situado el hogar paterno (cap. 29: 4, 5). El hecho de que Labán supiera
que sus ídolos habían sido robados indica que debe haber regresado a su casa
antes de perseguir a Jacob. Debe haber terminado la trasquiladura de sus
ovejas, concluido los festejos que la acompañaban y hecho los arreglos para el
cuidado de los rebaños que Jacob había abandonado antes de salir de Harán. El
tiempo transcurrido desde que recibiera el aviso de la fuga de Jacob y su
propia partida pudo haber sido fácilmente de tres días o más.

24.

Vino Dios a Labán.

En una forma completamente inesperada Dios cumplió la promesa hecha a Jacob 20
años antes (cap. 28: 15, 20, 21). Es extraño que Dios se revelara a un
idólatra así en un sueño. Labán, que se había relacionado con la religión de
Abrahán mediante su abuelo Nacor, por medio de Eliezer el siervo de Abrahán
(cap. 24: 31, 50) y, más recientemente, mediante su larga asociación con su
propio sobrino, reconoció al Dios verdadero como al que le había hablado en su
sueño la noche previa al momento en que alcanzó a Jacob (vers. 29).

Descomedidamente.

Esta expresión, literalmente "de bien a mal", es proverbial (Gén. 24: 50; 2
Sam. 13: 22). Labán no debía obligar a Jacob a volver, ya fuera por la fuerza
o haciéndole más propuestas atractivas.

27.

¿Por qué te escondiste para huir?

Habiendo alcanzado a Jacob, Labán asumió el papel de un padre bonachón pero
malamente ofendido y profundamente herido. ¿No se daba cuenta Jacob de cuán
fácilmente podía Labán obligarlo a volver a Harán? El hecho de que Labán
solamente le hablara en vez de tratarlo como tal vez merecía, lo debió Jacob
únicamente a la intervención del Dios de sus padres la noche anterior. Pero,
¿por qué el ardiente anhelo de Jacob de volver a la casa de su padre lo había
inducido a hurtar los dioses de su suegro? Esta era la única queja legítima de
Labán, un dardo pulido que tenía el propósito de herir duramente y al punto.
Quizá Jacob había instado a su suegro a que descartara sus dioses paganos
mostrándole que los ídolos no tenían ningún valor, y quizá lo indujo a aceptar
la verdadera religión. ¡Y ahora parecía que él mismo tenía tanta confianza en
los dioses familiares de Labán como para no estar dispuesto a salir de Harán
sin ellos! ¿O temía Jacob que Labán intentara de esa manera quitarle el resto
de su propiedad?

32.

No viva.

En defensa de su secreta y apresurada partida, Jacob mostró temor e hizo una
confesión sincera y honrada. En cuanto a la acusación de robo, Jacob
voluntariamente se sometió a las disposiciones de la ley de Mesopotamia. Eso
significaba la pena de muerte para ciertas clases de robo que incluían objetos
sagrados (Código de Hammurabi, sec. 6).

Delante de nuestros hermanos.

Esta era una referencia a los parientes de Labán (vers. 23), hermanos políticos
de Jacob. 413

33.

En la tienda de las dos siervas.

Este pasaje nos permite dar un vistazo interesante a la costumbre de ese tiempo
por la que no solamente el esposo y la esposa, sino cada esposa y concubina,
tenía una tienda separada.

34.

Una albarda de un camello.

Para explicar esto en términos modernos, una montura de mujer probablemente
hecha de mimbre y que se parecía a una canasta o cuna. Había una alfombra en
el fondo y estaba protegida contra el viento, la lluvia y el sol por medio de
un dosel y unas cortinas. La luz entraba por aberturas en los costados. Al
ocultar su robo mediante astucia y engaño, Raquel demostró ser una verdadera
hija de Labán. ¡Cuán poca mella había hecho la religión de su esposo en el
carácter de ella! Con toda seguridad, apenas podía ser él un modelo de virtud.

35.

No me puedo levantar.

La costumbre y cortesía orientales requerían que los hijos, de cualquier edad y
condición, se levantaran en la presencia de sus padres (Lev. 19 : 32; 1 Rey. 2:
19). Por lo tanto, era muy poco aceptable la excusa de Raquel.

La costumbre de las mujeres.

Una perífrasis para referirse a la menstruación (cf. cap. 18: 11), la que bajo
la legislación mosaica posterior, significaba que quien la tenía estaba
ceremonialmente inmunda (Lev. 15: 19). Por este pasaje puede inferirse que esa
disposición particular estaba en vigor antes de la ley mosaica, por lo menos
entre los arameos. El que Labán no requiriera que Raquel se levantara para que
pudiera buscar en la "albarda" de su camello puede haberse debido al temor de
contaminación.

No halló los ídolos.

La triple repetición de esta frase hace resaltar la plenitud de la búsqueda de
Labán y el éxito de Raquel al esconder los objetos robados.

36.

Jacob se enojó.

Labán sabía que sus dioses familiares habían desaparecido cuando salió Jacob.
De esto estaba seguro. A pesar del sueño de la noche anterior, puede ser que
todavía tuviera el propósito de poner en apuros a Jacob. Este voluntariamente
había convenido en entregarle a Labán cualquiera que fuera hallado culpable
(vers. 32). Quizá Labán tenía la esperanza de poder señalarlo a él mismo como
responsable por el hecho, ya fuera directa o indirectamente, y por eso lo
apremió a ver si todavía podía conseguir de esa forma el regreso de Jacob.
Parece que Labán comprendió que la culpa de Jacob lo había privado de la mano
protectora de Dios. Con el fracaso completo de la acusación de Labán, Jacob ya
no estuvo más a la defensiva y, por el contrario, presentó su alegato ante un
humilde y suavizado Labán. El servicio de Jacob para Labán estaba por encima
de toda crítica, un hecho que Labán mismo no pretendía negar (vers. 43).

39.

A mí me lo cobrabas.

Jacob tenía una base legal de queja contra Labán por cobrarle la pérdida de
animales arrebatados por las fieras y los ladrones. Esa práctica era contraria
a las antiguas leyes de Mesopotamia pues, como lo muestra el Código de
Hammurabi (sec. 267), un pastor sólo debía pagar las pérdidas ocasionadas por
su descuido.

42.

El temor de Isaac.

Parece extraño que Jacob mencionara esto en adición al "Dios de Abrahán",
puesto que las dos expresiones indudablemente se refieren al mismo Ser. Esto
podría deberse a que la experiencia religiosa de Abrahán no le era tan real
como la de su padre Isaac. Hacía mucho que Abrahán había muerto, al paso que
Isaac todavía vivía y practicaba "el temor" de Dios. El uso de esta expresión
aquí y en el vers. 53 sugiere la profunda impresión que recibió Jacob por la
dedicación con la cual Isaac practicaba su religión.

Te reprendió anoche.

Jacob hizo resaltar que por la admonición dada a Labán en el sueño de la noche
previa, Dios ya se había pronunciado sobre el asunto en cuestión entre ellos.
Aunque no lo dijo así, Jacob puede haber discernido en la intervención divina a
su favor, la aprobación de Dios por todo lo que había hecho para aumentar sus
posesiones. Quizá razonó que, puesto que de su parte tan sólo había hecho
frente a la astucia con la astucia y al engaño con el engaño, Labán no tenía
derecho a castigarlo o a esperar una compensación. La conducta de Jacob quizá
halle un atenuante en la forma despiadada en que lo trató su suegro, pero el
hecho de que Dios lo protegiera contra la venganza no justificaba su proceder
(Prov. 20: 22; Rom.12: 17; 1 Tes. 5: 15).

43.

Los hijos.

Labán tácitamente reconoció la verdad de las palabras de Jacob y admitió que no
tenía derecho de quejarse. No podía hacer nada sino aceptar la situación
existente y la inevitable separación que acarreaba, Sin embargo, su espíritu
altivo se manifestó una 414 vez más cuando pretendió tener derecho a todas las
posesiones de Jacob. Ni una sola palabra de reconocimiento o aprecio salió de
los labios de Labán por los 20 años de diligente trabajo de Jacob. Por el
contrario, asumió el papel de un bondadoso y noble benefactor que siempre había
sido magnánimo en su trato con los suyos.

44.

Hagamos pacto.

Teniendo esto en cuenta, Labán propuso un pacto formal de amistad. Esto puede
haber sido provocado también por el temor de que Jacob pudiera buscar la
reconciliación con Esaú y volviera para vengarse (vers. 52).

45.

Por señal.

Jacob reveló su consentimiento a la propuesta de Labán procediendo
inmediatamente a erigir una piedra como recordativo similar al de Bet-el (cap.
28: 18). Ambos grupos se unieron también en juntar piedras para usarlas como
mesa para la comida del pacto.

47.

Lo llamó Jacob, Galaad.

Ambos nombres, uno arameo y el otro hebreo, tienen prácticamente el mismo
significado, "montón del testimonio". El que las más remotas inscripciones
aramaicas no bíblicas conocidas no se remonten al tiempo de Jacob, sino a un
período posterior, no prueba que no existiera el arameo en el siglo XVII AC.
La más antigua evidencia fuera de la Biblia de la existencia de un idioma tal
consiste en ciertas palabras arameas encontradas en las tablillas cuneiformes
alfabéticas de la antigua Ugarit de Siria, que datan del siglo XV AC. En
consecuencia, nuestra Biblia contiene las más antiguas palabras arameas
auténticas que se conozcan. Cada uno de los dos hombres le dio a ese
recordativo un nombre en su propio idioma, con idéntico significado. Puesto
que la región más tarde llegó a ser posesión de Israel, se le aplicó el nombre
hebreo Galaad. Esto incluye no sólo las inmediaciones del monte Galaad mismo
sino toda la región montañosa al este del Jordán entre los ríos Yarmuk y Jaboc.

49.

Mizpa.

Este sitio también recibió otro nombre, Mizpa, que significa "atalaya".
Posteriormente llegó a ser el lugar de una localidad que derivó su nombre de la
"señal del testimonio" erigida por Labán y sus parientes (Juec. 10: 17; 11: 11,
29, 34). Ese pueblo fue una vez la residencia del juez Jefté (Juec. 11: 34).

Atalaye Jehová.

El hecho de que Labán invocara a Jehová, el Atalaya celestial, para que
protegiera a sus hijas, no prueba que aceptó a Jehová como el representante de
sus derechos. Con su concepto tribal de la deidad, Labán estaba dispuesto a
conceder el poder al Dios de Jacob, por lo menos en Canaán, si no en Harán.
¿Qué otra cosa podía hacer, especialmente después del sueño de la noche
anterior? Quizá también dijo esto con el pensamiento de que sólo Jehová podía
llegar hasta la conciencia de Jacob.

50.

Si afligieras.

A pesar de su carácter egoísta, el instinto paternal de Labán hizo que se
preocupara por el bienestar de sus hijas y expresara solicitud por su futuro.
Esto parece un poco extraño teniendo en cuenta la conducta de Labán (vers. 15).
El mismo había sido la causa de la poligamia de Jacob. Pero eso, por así
decirlo, fue todo dentro de la familia. Y si Jacob tomaba otras esposas, el
afecto y la herencia que debían recibir sus hijas y los hijos de ellas
disminuirían por lo mismo. Labán pensó en las posesiones hasta el mismo fin.

51.

Este majano.

Si alguno de ellos en lo futuro pensaba en vengarse del otro, ese monumento
habría de ser un recordativo de su pacto de amistad. Así como en esta ocasión
los intentos hostiles habían sido subyugados, así también en lo futuro el
recuerdo del suceso había de impedir cualquier expedición punitiva posible.
Desde el punto de vista de Labán, él estaba haciendo un gran sacrificio al
permitir que escapara Jacob ileso, pues el rápido aumento del poder y la
riqueza de Jacob, junto con una posible reconciliación con Esaú, ciertamente
hacían difícil cualquier perspectiva futura de sobrepujar el poder de Jacob.
Parece que Labán estaba ansioso de impresionar a Jacob con su espíritu
magnánimo.

53.

El Dios de sus padres.

Se sabe por Jos.24:2 y por la existencia de ídolos en la casa de Labán (Gén.
31: 30, 35), que los parientes de Abrahán de Mesopotamia adoraban a otros
dioses. Esto parece indicar que "el Dios de Nacor" no podría ser Jehová. Pero
es sabido también que Nacor acarició "el conocimiento y el culto del Dios
verdadero" (PP 168) junto con su idolatría. La forma verbal "juzgue" está en
plural, lo que parece sostener el punto de vista de que Labán estaba hablando
de dos dioses distintos. Sin embargo, la LXX, la Peshito y la Vulgata traducen
"juzgue" en forma 415 singular, reconociendo como a uno solo al Dios de Abrahán
y al Dios de Nacor. Parecería que ahora que la separación era inevitable,
Labán estaba procurando establecer vínculos entre él y Jacob, llamando la
atención al hecho de que sus abuelos Abrahán y Nacor, y su bisabuelo Taré,
adoraron el mismo Dios.

A quien temía Isaac.

Ver com. del vers. 42. Quizá Moisés añadió esta expresión para aclarar que
Jacob "juró" por Jehová y no por ninguno de los dioses de Nacor.

54.

Jacob inmoló víctimas.

Al parecer, sólo Jacob participó en el ritual del sacrificio que consideraba
esencial para ratificar el pacto. Labán fue tan sólo un observador, pero
participó de la fiesta ceremonial preparada por Jacob.

55.

Besó sus hijos y sus hijas.

Parece que Labán no besó a Jacob al separarse, a diferencia de lo que había
hecho cuando se encontraron la primera vez (cap. 29: 13). Aunque Labán y Jacob
se separaron reconciliados mutuamente y no como enemigos, no eran exactamente
los mejores amigos.

Y los bendijo.

Labán, cuyos mejores sentimientos parecen haber prevalecido como resultado del
pacto, o quizá de la fiesta, o de la inminente separación de sus hijas, expresó
sus sentimientos en una bendición de despedida para ellas. Así desaparece
Labán de la narración de las Escrituras. Con esto cesa todo contacto entre la
familia de Canaán y sus parientes de Mesopotamia.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-55 PP 188-193

1, 2 PP 191

1-3 SR 90

3 PP 192

4-7 SR 90

7 PP 188

15 PP 187

19-23, 26, 27, 29 PP 192

29 SR 91

38-40 PP 188

39 SR 91

40 DTG 445

41, 42 SR 91

42 44 PP 192

44-46 SR 92

49, 51-53 PP 193; SR 92

CAPÍTULO 32

1 Visión de Jacob en Mahanaim. 3 Envía un mensaje a Esaú. 6 Teme la llegada de
Esaú. 9 Ora pidiendo liberación. 13 Envía un presente a su hermano. 24 Lucha
con un ángel en Peniel, y recibe el nombre de Israel. 31 Jacob queda cojo.

1 Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios.

2 Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es éste; y llamó el nombre de
aquel lugar Mahanaim.

3 Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de
Seir, campo de Edom.

4 Y les mandó diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob:
Con Labán he morado, y me he detenido hasta ahora;

5 y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi
señor, para hallar gracia en tus Ojos.

6 Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él

también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él.

7 Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que
tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos.

8 Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento
escapará. 416

9 Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que
me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien;

10 menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado
para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre
dos campamentos.

11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo;
no venga acaso y me hiera la madre con los hijos.

12 Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del
mar, que no se puede contar por la multitud.

13 Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente
para su hermano Esaú:

14 doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte
carneros,

15 treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos,
veinte asnas y diez borricos.

16 Y lo entregó a sus siervos, cada manada de por sí; y dijo a sus siervos:
Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada.

17 Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrara, y te
preguntaré, diciendo: ¿De quién eres? ¿y a dónde vas? ¿y para quién es esto que
llevas delante de ti?

18 entonces dirás: Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor
Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros.

19 Mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban tras aquellas
manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú, cuando le hallarais.

20 Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob viene tras nosotros. Porque dijo:
Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su
rostro; quizá le seré acepto.

21 Pasó, pues, el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el
campamento.

22 Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus
once hijos, y pasó el vado de Jaboc.

23 Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.

24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su
muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si
no me bendices.

27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has
luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón
respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara
a cara, y fue librada mi alma.

31 Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.

32 Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se
contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio
de su muslo en el tendón que se contrajo.

2.

Mahanaim.

Que significa "doble campamento", o "doble hueste", se refiere a dos grupos de
ángeles, uno que avanzaba delante de él y otro que lo seguía. El aspecto de
ellos debe haberle recordado a Jacob la visión de la escalera de Bet-el cuando
huía de Canaán. Entonces los ángeles que ascendían y descendían habían
representado para él la protección divina y la ayuda que iban a ser suyas
durante su viaje y su estada en una tierra extranjera. Ahora la compañía
angélica nuevamente le aseguró la ayuda divina, esta vez en anticipación de su
temido encuentro con Esaú y también como una renovación de la promesa de
llevarlo de regreso a salvo hasta su tierra natal. Puesto que Jacob vio a los
ángeles mientras viajaba, no pueden haberle aparecido en un sueño, Sin embargo,
no es clara la forma de la revelación.

Una ciudad notable fue fundada más tarde cerca del lugar donde aparecieron los
ángeles (Jos. 13: 26, 30; 21: 38; 2 Sam. 2: 8, 12, 29). Algunos la identifican
con la actual Majna, a unos 20 km. al noroeste de Dierash, la antigua Gerasa.
417

4.

Mi señor Esaú.

Desde Mahanaim, Jacob envió mensajeros a su hermano Esaú. Después de la huida
de Jacob de Beerseba, Esaú parece haberse trasladado temporariamente hacia el
sudeste, a la tierra de Seir, o Edom, cuyos habitantes autóctonos, los horitas,
fueron más tarde desposeídos por él. Los mensajeros debían hacer una clara
distinción entre "mi señor Esaú" y "tu siervo Jacob". Su tarea era reconciliar
a Esaú, principalmente poniendo énfasis en la humildad de Jacob una admisión
tácita de su culpa y del hecho de que éste abandonaba toda pretensión a la
herencia. Al hacer resaltar que volvía con gran riqueza, Jacob no se estaba
jactando sino que más bien estaba mostrándole con claridad a Esaú que no volvía
con la intención de participar en el patrimonio. Siendo él quien había
cometido la falta, Jacob comprendía que el primer paso hacia la reconciliación
debía ser dado por él. Teniendo esto en cuenta, añadió a su mensaje una
expresión de la esperanza de que Esaú lo perdonaría y lo aceptaría en términos
amistosos.

6.

Viene a recibirte.

El que Esaú fuera acompañado por 400 hombres armados es una evidencia de que se
había convertido en un poderoso caudillo. Quizá ya había comenzado a vivir por
la espada (cap. 27: 40).

Si la enemistad de Esaú hacia su hermano se había suavizado durante los años,
parece que él nunca mencionó ese hecho a sus padres, con el resultado de que
Rebeca no había podido cumplir su promesa de llamar a Jacob (cap. 27: 45). La
incertidumbre de este último en cuanto al propósito de su hermano, y la
ansiedad ocasionada por el informe de los mensajeros, lo alarmaron en extremo.
La razón de Esaú para ir al encuentro de Jacob llevando esos hombres armados
era, primero, impresionar a Jacob con el debido respeto hacia su poder
superior; en segundo lugar, asegurarse un entendimiento satisfactorio y, en
tercer término, emplear la fuerza si hubiera sido necesario, a los efectos de
resguardar sus propios intereses. Estaba preparado, en otras palabras, para
cualquier eventualidad.

7.

Distribuyó el pueblo.

Temiendo lo peor, Jacob dividió su gran familia y numerosos rebaños en dos
campamentos. Es fácil culpar a Jacob de falta de fe y confianza en Dios. Sin
embargo, su bien meditado comportamiento en tales circunstancias adversas es
una demostración de sano juicio. Estando completamente indefenso, no quería
hacer el menor alarde de fuerza.

9.

Dios de mi padre Abraham.

Notable por su sencillez y energía, esta oración modelo expresa todo lo que es
esencial en una petición tal: (1) verdadera humildad, (2) reconocimiento de la
misericordia de Dios, (3). súplica por protección de un peligro inminente, (4)
repetición de promesas pasadas, (5) aprecio por ayudas recibidas.

10.

Pasé este Jordán.

Parece que Jacob estaba cerca del lugar donde había cruzado el Jordán en su
fuga 20 años antes. El contraste entre su pobreza anterior y su prosperidad
actual lo aceptó como una demostración de la bendición de Dios y el
cumplimiento de su promesa de Bet-el. Entonces él lo había cruzado con las
manos vacías, tan sólo con la bendición de su padre y la promesa de Dios.
Ahora, 20 años después, volvía a la tierra de su nacimiento con una gran
familia y grandes posesiones. Cualquiera de los "dos campamentos" (vers. 7)
habría sido suficiente para hacerlo un hombre próspero.

11.

La madre con los hijos.

Literalmente, "la madre sobre los hijos". La imagen es de una madre que se
arroja sobre sus hijos para protegerlos con su propio cuerpo para que no sean
muertos. Jacob sabía que, si su hermano era provocado, no vacilaría en matarlos
a todos. Temía lo peor.

12.

Como la arena.

Ese fue el sentido, aunque no las palabras exactas, de la promesa de Bet-el
(cap. 28: 14), la que había comparado el número de los descendientes de Jacob
con el polvo de la tierra. Antes de eso, la simiente prometida de Abrahán
había sido comparada con el polvo de la tierra (cap. 13: 16), las estrellas del
cielo (cap. 15: 5), y la arena de la playa del mar (cap. 22: 17).

13.

Durmió allí.

Aunque confiando en la protección del Señor, Jacob no descuidó ningún medio de
reconciliación con su hermano. Habiendo levantado su campamento para pasar la
noche en el lugar donde había recibido la noticia de que Esaú se aproximaba,
eligió un regalo considerable que consistía en más de 550 cabezas de ganado y
ovejas. Las envió por adelantado a Esaú en varias manadas, como un "presente"
de su "siervo" Jacob. La clasificación de los animales elegidos era típica de
las posesiones propias de un nómada (Job 1: 3; 42: 12). La proporción de
animales 418 machos y hembras probablemente se basaba en lo que la experiencia
había mostrado que era deseable para los propósitos de la cría.

16.

Cada manada de por sí.

La división del regalo de apaciguamiento de Jacob en varias manadas separadas,
que seguían a intervalo una a la otra, tenía el propósito de realizar un efecto
acumulativo y, por lo mismo, impresionar más. Cada manada era en sí un regalo
valioso.

23.

Hizo pasar el arroyo a ellos.

Más temprano en la mañana, Jacob había enviado su presente a Esaú. Al
aproximarse la noche, mandó todo lo que tenia, familia y posesiones para que
cruzaran el Jaboc, deseando pasar la noche a solas en oración. El Jaboc,
llamado hoy en día Nahr ez-Zerqa, "el río azul", es un tributario oriental del
Jordán. Fluyendo por un profundo cañón, entra en la corriente mayor unos 40 km.
al norte del mar Muerto.

24.

Quedó Jacob solo.

Jacob había quedado en la orilla norte del río para poder estar solo con el fin
de buscar a Dios en oración. En ese momento, su acostumbrada astucia no tenía
valor. Sólo Dios podía ser de ayuda para mitigar la ira de Esaú y salvar a
Jacob y su familia.

Luchó con él un varón.

Que el antagonista de Jacob no era un ser humano ni un ángel común se infiere
de que Jacob habló de él como de Dios (vers. 30). El profeta Oseas también se
refiere a él como a Dios pero, además, como a un ángel (Ose. 12: 3, 4). Este
visitante celestial no era otro sino Cristo (PP 196, 197). Una aparición tal
de Cristo en forma humana no es extraña ni única (Gén. 18:1). En cuanto al
"tiempo de angustia para Jacob", ver com. de Jer. 30: 7.

25.

El sitio del encaje de su muslo.

El luchador desconocido empleó únicamente la fuerza de un ser humano en su
lucha con Jacob. Pensando que su asaltante era un enemigo mortal, Jacob luchó
como si hubiera estado haciéndolo por su vida. Pero al aproximarse el alba un
simple golpe, dado con fuerza más que humana, fue suficiente para dejar
inválido a Jacob, y él se dio cuenta de que su antagonista era más que humano.

26.

Déjame.

El ángel procuró retirarse antes de que despuntara el día, pero no dio ninguna
razón para hacerlo. Los comentadores han sugerido un deseo de su parte, ya
fuera de impedir que otros contemplaran la escena o quizá para evitar que Jacob
lo viera.

No te dejaré.

El golpe que lo dejó inválido y la voz divina habían convencido a Jacob de que
aquel con quien había luchado durante horas era un mensajero del cielo.
Habiendo procurado desesperadamente por varias horas la ayuda divina, Jacob
sentía que no podía permitirle que se fuera sin primero recibir la seguridad
del perdón y la protección que anhelaba. Esto pidió como una dádiva completa,
comprendiendo que no tenía nada que ofrecer a cambio. No propuso una
transacción; suplicó porque su situación era sencillamente desesperada. La
ayuda que necesitaba sólo podía provenir de Dios. Por primera vez en su vida
comprendió que sus propios recursos eran inadecuados. Desde su nacimiento,
cuando había tomado a su hermano por el talón, hasta sus últimos años en Harán,
cuando había sido más astuto que su tío Labán (Ose. 12: 3, 4), Jacob había
enfocado la solución de los problemas de la vida mediante métodos cuestionables
de su propia iniciativa. Ahora era un hombre cambiado. Si bien en lo pasado
había confiado en su propia sabiduría y fuerza, ahora había aprendido a confiar
completamente en Dios.

28.

No se dirá más tu nombre.

El gran cambio espiritual que había sobrevenido a Jacob fue entonces
simbolizado por un cambio de nombre que indicaba la naturaleza de su nueva
relación con Dios. Los nombres de Abram y Sarai habían sido igualmente
cambiados (ca. 17: 5, 15), y desde entonces las Escrituras siempre los llaman
por su nuevo nombre. Pero en la historia posterior de Jacob, sus nombres viejo
y nuevo se usan más o menos indistintamente. Israel, el nombre nuevo de Jacob,
llegó a ser el nombre de la nación que salió de su cuerpo. Para él el cambio
de nombre, como el cambio de su carácter, fue mucho más significativo que lo
que el del nombre de ellos había sido para sus abuelos. Representó su
transformación de un "engañador" de hombres en un "vencedor de Dios". El nuevo
nombre, ostensiblemente una promesa de victoria física, habría de ser un
recordativo perpetuo de la completa renovación espiritual que se había
efectuado.

Jacob.

En cuanto al significado del nombre Jacob: "el que toma por el calcañar" o
"engañador", ver com. de cap. 25: 26.

Sino Israel.

Una combinación de yisra[h], "él lucha" o "él rige", de sárah, "luchar" o
"regir", y 'El, "Dios". Sin la interpretación 419 acompañante dada por Dios
mismo, el nombre podría traducirse "Dios lucha" o "Dios rige". Pero el
propósito del significado es explicado por Dios como "El lucha con Dios" o "El
prevalece sobre Dios" o "El rige con Dios".

El honroso nombre de Israel habría de ser de allí en adelante el recordativo de
esa noche de lucha. Tal como se aplica a los descendientes de Jacob, implicaba
la transformación de carácter que Dios procuró en ellos y su papel señalado de
gobernar con Dios. El nombre fue transferido primero a sus descendientes
literales, y más tarde a su posteridad espiritual, todos los cuales también
debían ser vencedores como él lo había sido (Juan 1: 47; Rom. 9: 6).

Has luchado con Dios y con los hombres.

Literalmente, "contendido [šaritha, también de šarah] con Dios y con los
hombres". Evidentemente esto se refiere a la lucha nocturna de Jacob con Dios,
y a sus largas luchas con Esaú y Labán. De todo esto él finalmente había
salido victorioso. Ello era particularmente cierto en el caso de su
experiencia de la noche anterior, de la cual salió como un hombre nuevo,
vencedor sobre el engaño, la falta de honradez y la confianza propia. Era un
hombre transformado (1 Sam. 10: 6, 9).

29.

Tu nombre.

Quizá el saber que se había encontrado con el Señor y hablado con él cara a
cara podría haber asustado a Jacob o haberlo inducido a un júbilo personal tal
que pudiera opacar la lección mucho más importante que debía aprender de esa
vicisitud. La bendición de despedida del Ángel debía ser suficiente.

30.

Peniel.

Así como Jacob había dado el nombre de Bet-el al lugar donde vio a Dios en un
sueño (cap. 28: 19), y Mahanaim al lugar donde un grupo de ángeles se le
apareció en el camino (cap. 32: 2), ahora perpetuó el lugar de su encuentro
personal con Dios mediante un nombre que significa el "rostro de Dios".
Ciertamente era un milagro el que hubiera visto a Dios cara a cara y continuara
viviendo (Exo. 33: 20; Juec. 6: 22; Isa. 6: 5).

Fue librada mi alma.

Esto es, "estoy preservado y estaré preservado". Estas palabras son un eco de
la nueva fe de Jacob. En cualquier cosa que le sucediera, siempre que
estuviera dentro de la voluntad de Dios, tenía la confianza de que una mano
divina lo preservaría de todo mal. Aun las cosas que, en el momento en que
ocurrieron, le parecieron ir contra él, resultaron ser providenciales (cap. 42:
36). Peniel fue el punto decisivo de la vida de Jacob.

31.

Peniel.

"Penuel" (BJ). Algunos expositores han sugerido que Penuel fue el nombre
original del lugar y que Jacob lo cambió a Peniel, alterando una vocal. Lo más
probable, sin embargo, es que Penuel fuera una forma antigua de la misma
palabra. El nombre aparece otra vez en Juec. 8: 8, 9, 17 (BJ); 1 Rey. 12: 25
(VVR), y también en una lista egipcia de nombres de ciudades palestinas. Su
ubicación exacta no ha sido determinada definitivamente. Algunos eruditos lo
han identificado con el Tulul ed-Dahab, sobre el Jaboc, a unos 11 km. al este
del Jordán. Otros lo buscan algo más lejos hacia el este.

Cojeaba.

Al igual que Pablo, que siglos más tarde llevó una "espina" en la carne (2 Cor.
12: 7), Jacob se apartó de la escena de la suprema experiencia de su vida
llevando un recuerdo de su conflicto y victoria. Aunque cojeó probablemente
todo el resto de su vida, en su alma liberada Jacob disfrutó de las más ricas
bendiciones de Dios. Cada lucha de esas deja sus cicatrices. Del mismo modo
que Jacob, cada fiel creyente, al pasar por su propia experiencia de Peniel,
puede esperar llevar algún recordativo de su lucha intensa contra sí mismo,
contra sus tendencias heredadas y malas inclinaciones. Aun nuestro Señor
Jesucristo lleva las señales del fiero conflicto por el cual pasó mientras
estaba en la tierra, y ellas continuarán por la eternidad. Las nuestras se
desvanecerán y serán olvidadas (2 Cor. 4: 17; Isa. 65: 17). Al paso que
nuestras cicatrices son el resultado de nuestra lucha contra el yo, las huellas
de los clavos en las manos de Cristo provinieron de un conflicto a nuestro
favor contra los poderes de la oscuridad.

32.

Tendón que se contrajo.

Es desconocido el significado de la palabra hebrea traducida "contrajo". La
traducción de la VVR se basa en la LXX, enárksen, " se hizo débil", "quedó
entumecido" o "fue dislocado". Quizá debiera traducirse "cadera", con lo que
la frase se leería: "el tendón de la cadera". Los judíos ortodoxos se
abstienen de comer esa parte de cualquier animal usado como alimento; pero cómo
esa parte de la anatomía de Jacob pudo identificarse como el "tendón" que "se
contrajo", no se sabe a ciencia cierta. Aunque no se menciona en ningún otro
pasaje del AT, el Talmud judío definidamente 420 considera esta costumbre como
una ley cuya violación ha de ser castigada con varios azotes (Tratado de Jolin,
Mishna, 7). Puesto que los judíos en los tiempos antiguos no distinguían
claramente a qué "tendón" se refería, hoy se entiende como que se aplica al
tendón interior y nervio de la zona del anca de los animales sacrificados para
alimento.

El relato de los vers. 24- 32 contiene tres puntos de interés especial para
cada judío. Le explica a él por qué es llamado israelita, y remonta este
nombre a un antepasado distante que luchó con Dios para que pudiera llamarse
tal. Señala con interés a una aldea que de otra manera sería insignificante,
Peniel, donde sucedió el hecho. Finalmente, indica el origen de la costumbre
de no comer cierto tendón sino más bien considerarlo con respeto.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-32 PP 194-202; SR 92-99

2 PP 195; SR 92

4-7 PP 195

6, 7 SR 92, 93

8-12 SR 93

9-11 PP 195

10 SR 97

18, 19 PP 195

23 CS 674

24 CS 168, 674; DMJ 17; PE 283; SR 407

24, 25 PP 196; SR 94, 95

24-28 PP 208; PVGM 138

25 CS 675; DMJ 17, 56, 117

26 CM 111; COES 129; CS 168, 675, 677; DMJ 17, 117; DTG 169; FE 232;
1JT 44; MM 203; OE 269; PP 197,200; 1T 144; 4T 444; Te 216; 3TS 389

26-28 SR 95

28 CS 675; DMJ 117; FE 232; PP 197; 3TS 379

28,29 Ed 142

29, 30 SR 95

30 CS 680; DTG 83; 4T 444

31 DMJ 56

CAPÍTULO 33

1 La bondad de Jacob y Esaú manifestada en su encuentro. 17 Jacob va a Sucot.
18 Compra un campo en Siquem y edifica un altar y lo llama El-Elohe-Israel.

1 ALZANDO Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos
hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos
siervas.

2 Y puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y a Raquel y
a José los últimos.

3 Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó
a su hermano.

4 Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le
besó; y lloraron.

5 Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos?
Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo.

6 Luego vinieron las siervas, ellas y sus niños, y se inclinaron.

7 Y vino Lea con sus niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y
también se inclinaron.

8 Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y
Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor.

9 Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo.

10 Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos,
acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro
de Dios, pues que con tanto favor me has recibido.

11 Acepta, te ruego, mi presente que te he traído porque Dios me ha hecho
merced, y 421 todo lo que hay aquí es mío. E insistió con él, y Esaú lo tomó.

12 Y Esaú dijo: Anda, vamos; y yo iré delante de ti.

13 Y Jacob le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas
y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas.

14 Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso
del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi
señor a Seir.

15 Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que viene conmigo. Y Jacob
dijo: ¿Para qué esto? Halle yo gracia en los ojos de mi señor.

16 Así volvió Esaú aquel día por su camino a Seir.

17 Y Jacob fue a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su
ganado; por tanto, llamó el nombre de aquel lugar Sucot.

18 Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la
tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad.

19 Y compró una parte del campo, donde plantó su tienda, de mano de los hijos
de Hamor padre de Siquem, por cien monedas.

20 Y erigió allí un altar, y lo llamó El Elohe-Israel.

1.

Repartió él los niños.

La razón de esta medida no es clara. O Jacob puso a Raquel y a José en la
retaguardia por motivos de seguridad, o bien para presentarle al final su
esposa favorita y el hijo de ella a su hermano Esaú. También podría ser que la
costumbre social prescribiera un arreglo tal. La división previa de la
caravana en dos campamentos (cap. 32: 7, 8) puede haberse abandonado como
innecesaria después de la experiencia de Jacob de la noche precedente (ver com.
de cap. 32: 30). O podría ser que el "pueblo" mencionado en el cap. 32: 7. 8
fueran los siervos y pastores, y no sus esposas y niños, a quienes él guardó
consigo mismo. De esa manera la familia íntima estaba unida a uno de los dos
grupos, o puede haber estado separada de ambos.

3.

Se inclinó.

Esta costumbre oriental está confirmada en las Cartas de Amarna del siglo XIV
AC, en las cuales se registra que algunos príncipes palestinos escribieron a un
rey egipcio que ellos se prosternaron delante de los pies de Faraón "siete
veces" o "siete veces y otras siete veces", o posiblemente "siete veces siete
veces". Inclinarse siete veces delante de un superior parece haberse
considerado como una señal de perfecta humildad y absoluta sumisión. Mediante
esta manifestación de deferencia. Jacob esperaba ganar el corazón de su
hermano. Representaba que él renunciaba por completo a la pretensión de
cualquier privilegio especial conseguido previamente mediante la traición y el
engaño.

4.

Esaú ... le abrazó.

A la vista de su hermano gemelo, Esaú se dejó llevar por los sentimientos
naturales de afecto fraternal. Aun cuando hubiera podido quedar todavía algún
rencor en el corazón de Esaú, éste habría sido vencido por la humildad de
Jacob. Comprendiendo que no tenía nada que temer de Jacob, dio rienda suelta a
la emoción natural de su corazón.

5.

Vio a las mujeres y los niños.

Durante el abrazo silencioso de los hermanos por tanto tiempo separados, las 4
esposas de Jacob y los 12 hijos se habían acercado.

8.

Todos estos grupos.

Aunque conocía muy bien el propósito de los varios grupos (cap. 32: 18), Esaú,
con todo, preguntó acerca de ellos. Con obvia cortesía oriental rehusó
aceptarlos hasta ser instado a hacerlo. La "vida errante" que tan bien se
avenía a su naturaleza le había proporcionado una riqueza y poder tales, que
sus propias posesiones terrenales sin duda eran iguales a las de su hermano.
Esaú fue bastante amigable con Jacob, pero no había nada en su comportamiento
comparable con la humildad de su hermano. Jacob se dirigía a Esaú como "mi
señor", al paso que Esaú le correspondía con un "hermano mío".

10.

He visto tu rostro.

El amigable saludo de Esaú hacía recordar la promesa divina tan recientemente
concedida a Jacob, y en el rostro de Esaú éste podía leer su bondadoso
cumplimiento. Estas palabras de Jacob reflejan su profunda gratitud por la
indudable Presencia que le acompañó en su viaje (cap. 32: 30). ¡Feliz el hombre
que reconoce que la Providencia está a su lado día tras día! (Job 33: 26; Sal.
11: 7).

11.

Mi presente.

Estas palabras fueron bien elegidas y eficaces. ¿Podrían haber sido una alusión
a la bendición que Jacob le había 422 arrebatado a Esaú 20 años antes? Era
importantísimo para Jacob que Esaú aceptara su regalo pues, al hacerlo, de
acuerdo con la costumbre de ese tiempo, Esaú expresaría su aceptación de lo que
representaba el regalo: las excusas de Jacob. En el Oriente, un regalo
recibido por un superior asegura al dador la amistad y la ayuda del que lo
recibe. Si es rechazado, tiene todo que temer.

12.

Vamos.

Esaú dio por sentado que Jacob seguiría inmediatamente hacia Hebrón (cap. 35:
27), la morada de su padre Isaac, y propuso acompañarlo en su viaje. Pero
Jacob delicadamente declinó tanto esta oferta como la escolta después sugerida.
Esta última era innecesaria; la primera significaría un paso intolerablemente
lento para Esaú. Este rechazo no emanó de sentimiento alguno de desconfianza;
las razones dadas no fueron meros pretextos. No necesitaba escolta militar,
pues sabía que estaba defendido por las huestes de Dios, y que no podría viajar
tan rápidamente como quería hacerlo Esaú. Además se sentiría libre para
acampar donde eligiera y quedar allí hasta que estuviera listo para proseguir.
Así gozaría de una completa libertad de acción.

14.

Hasta que llegue.

No es que Jacob tuviera el propósito de ir directamente a Seir; su respuesta
fue más bien la expresión de su deseo de ver otra vez a Esaú y continuar en
términos amistosos con él. Ciertamente, éste no fue un engaño voluntario con
el propósito de librarse de Esaú. El destino de Jacob no era la tierra de Seir
sino Canaán, probablemente Hebrón, donde entonces vivía su padre Isaac. Puede
haber pensado hacer desde allí una visita a Esaú, pero no sabemos si alguna vez
la hizo. Los hermanos se encontraron la siguiente vez, como amigos, en los
funerales de su padre (cap. 35: 29).

17.

Sucot.

Significa "cabañas" o "chozas" hechas de varillas entrelazadas. Sucot, en el
valle del Jordán (Jos. 13: 27), fue más tarde dada a la tribu de Gad. Ha sido
provisoriamente identificada con la colina Deer 'alla, cerca de la boca del río
Jaboc.

No se sabe cuánto tiempo Jacob permaneció en Sucot. El hecho de que allí
edificara una "casa", lo que ninguno de los patriarcas anteriores parece haber
hecho, sugiere que debe haber vivido varios años en ese lugar. Sus razones
para hacerlo son también desconocidas para nosotros. Los buenos pastos y la
escasa población pueden haber influido en él para tomar esta decisión.
Habiendo recibido la orden de Dios de volver a la tierra de sus padres (cap.
31: 3), indudablemente Jacob debe haber aprovechado la primera oportunidad
posible para visitar a su anciano padre. En esa ocasión también pudo haber
visitado a su hermano en Seir, como lo había prometido.

18.

La ciudad de Siquem.

Lo que Jacob había pedido cuando hizo su voto en Bet-el 20 años antes, ahora
fue cumplido (PP 203). Había regresado a la tierra de su nacimiento.

Siquem podría referirse a la persona mencionada en vers. 19 y cap. 34: 2, el
hijo de Hamor el heveo. No es necesario suponer que la ciudad de Siquem
recibió su nombre de Siquem el hijo de Hamor, puesto que ella ya existía como
población en los tiempos de Abrahán (cap. 12: 6). Una inscripción egipcia
describe una campaña militar contra la ciudad en el siglo XIX AC. Es más
probable que Siquem, el hijo de Hamor, recibiera su nombre de la ciudad.

19.

Siquem.

Se hace aquí referencia a Hamor, como padre de Siquem, en anticipación de los
acontecimientos subsiguientes que implicaron a los dos. Fue en la "parte del
campo" comprada a los siquemitas donde Jacob cavó el pozo en que habría de
sostenerse la memorable conversación entre Jesús y la mujer samaritana (Juan 4:
6).

Cien monedas.

La kesita es una unidad monetaria mencionada únicamente en Jos. 24: 32 y Job
42: 11. Indudablemente no se usó más poco después de la conquista de Canaán por
los israelitas, porque nunca se menciona en los libros posteriores de la
Biblia. Algunos comentadores han sugerido que puede haber tenido el valor de
diez siclos, pero esto es tan sólo una suposición. Su valor es desconocido.

Mediante esa compra Jacob demostró su fe en la promesa de que Canaán habría de
ser su hogar. Apropiadamente, esta parcela de tierra más tarde quedó para los
descendientes de su hijo favorito José, cuyos huesos fueron sepultados allí
(Jos. 24: 32). De acuerdo con la tradición, esta parcela estaba en la llanura
que se extiende a partir de la abertura sudeste del valle de Siquem. Aquí
todavía se muestra el pozo de Jacob (Juan 4: 6) y la tumba de José un poco
hacia el norte de él. Esta última estructura es de origen mahometano como son
las tradiciones concernientes a ella. 423

20.

Un altar.

Al igual que su padre Abrahán, Jacob aquí erigió su propio primer altar al
entrar en la tierra de Canaán (cap. 12: 7). Probablemente teniendo en cuenta el
altar anterior Jacob eligió este sitio.

El-Elohe-Israel.

Se ha sugerido que este nombre significa "[dedicado] al Dios de Israel",
tomando las primeras dos letras del hebreo, 'al, como la preposición "a". Sin
embargo, desde tiempos antiguos se lo ha interpretado: "El [poderoso] Dios,
[es] el Dios de Israel". Esto colocaría el altar aparte como un monumento
recordativo a la misericordia de Dios y a su mano que hace prosperar, al volver
Jacob a salvo a la tierra de sus padres después de más de 20 años de ausencia.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-17 PP 198

1-4 SR 96

4 PP 198

11 SR 97

13, 14 MC 290

14 1JT 137

16 PP 206

18-20 PP 203

CAPÍTULO 34

1 Dina es deshonrada por Siquem. 4 Desea casarse con ella. 13 Los hijos de
Jacob proponen como condición la circuncisión del pueblo de Siquem. 20 Hamor y
Siquem los persuaden a que acepten. 25 Los hijos de Jacob les dan muerte
valiéndose de la ventaja ofrecida por la circuncisión, 27 y saquean su ciudad.
30 Jacob reprueba a Simeón y Leví.

1 SALIO Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las
hijas del país.

2 Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó y
se acostó con ella, y la deshonró.

3 Pero su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y
habló al corazón de ella.

4 Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer a esta joven.

5 Pero oyó Jacob que Siquem había amancillado a Dina su hija; y estando sus
hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen.

6 Y se dirigió Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar con él.

7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se
entristecieron los varones, y se enojaron mucho, porque hizo vileza en Israel
acostándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho.

8 Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a
vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer.

9 Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las
nuestras.

10 Y habitad con nosotros, porque la tierra estará delante de vosotros; morad y
negociad en ella, y tomad en ella posesión.

11 Siquem también dijo al padre de Dina y a los hermanos de ella: Halle yo
gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis.

12 Aumentad a cargo mío mucha dote y dones, y yo daré cuanto me dijereis; y
dadme la joven por mujer.

13 Pero respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre con
palabras engañosas, por cuanto había amancillado a Dina su hermana.

14 Y les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre
incircunciso, porque entre nosotros es abominación.

15 Mas con esta condición os complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que
se circuncide entre vosotros todo varón.

16 Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y
habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo.

17 Mas si no nos prestarais oído para circuncidaros, 424 tomaremos nuestra
hija y nos iremos.

18 Y parecieron bien sus palabras a Hamor, y a Siquem hijo de Hamor.

19 Y no tardó el joven en hacer aquello, porque la hija de Jacob le había
agradado; y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.

20 Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y
hablaron a los varones de su ciudad, diciendo:

21 Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y
traficarán en él; pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros
tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras.

22 Mas con esta condición consentirán estos hombres en habitar con nosotros,
para que seamos un pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, así
como ellos son circuncidados.

23 Sus ganados, sus bienes y todas sus bestias serán nuestros; solamente
convengamos con ellos, y habitarán con nosotros.

24 Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta
de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de
su ciudad.

25 Pero sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, dos de
los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su
espada, y vinieron contra la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo
varón.

26 Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada; y tomaron a Dina
de casa de Siquem, y se fueron.

27 Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad, por
cuanto habían amancillado a su hermana.

28 Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el
campo,

29 y todos sus bienes; llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y
robaron todo lo que había en casa.

30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme
abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo
yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi
casa.

31 Pero ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una
ramera?

1.

Dina.

Dina, hasta entonces la única hija de Jacob (PP 203), no podría haber tenido
más de cinco o seis años cuando la familia salió de Harán, puesto que no nació
hasta después del sexto hijo de Lea (cap. 30: 21). Probablemente había
alcanzado la edad de 14 ó 15 años cuando sucedió el sórdido acontecimiento
descrito en este capítulo. Por lo tanto, es indudable que habían pasado ocho o
más años desde el regreso de Jacob a Canaán (ver com. de cap. 33: 17). Si los
acontecimientos narrados en los capítulos 34 al 37 se presentan en orden
cronológico, como lo parece, Dina no pudo haber tenido mucho más de 15 años en
ese tiempo porque José, que tenía más o menos la misma edad de Dina (cap. 30:
21-24), contaba sólo 17 cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos (cap.
37: 2). El hecho de que saliera sin compañía parecería indicar que todavía era
considerada en su hogar como una niña.

Las hijas del país.

El historiador judío Josefo menciona una antigua tradición según la cual los
siquemitas se estaban divirtiendo con festejos (Antigüedades i. 21.1), y Dina
quiso unirse con las niñas de Siquem en sus diversiones. El lenguaje implica
que se trataba de una visita amistosa, y también posiblemente que Dina tenía la
costumbre de asociarse con las niñas de Siquem.

Siempre hay un gran peligro en una asociación innecesaria con la gente del
mundo. Dina estaba curiosa por conocer los hábitos y las costumbres de los
vecinos que los rodeaban. Esto la indujo a una despreocupada intimidad con
ellas que terminó en su desgracia. Su peligro provino de procurar estar libre
del control y la supervisión paternos y de no hacer caso de la admonición de
permanecer separada de los idólatras y de sus malos hábitos "Las malas
compañías corrompen las buenas costumbres" (1 Cor. 15: 33, BJ). Los habitantes
de Canaán eran para los de la familia de Jacob lo que es el mundo actual para
los cristianos. Lo que se llama "conocer mundo", en muchos casos puede
significar estar jugando con la muerte. La familiaridad con el pecado adormece
los sentidos y aumenta el peligro de la tentación.

2.

Siquem hijo de Hamor heveo.

Los heveos eran una tribu cananea (ver com. de cap. 10: 17). Por lo que
sabemos de la moral de los cananeos, la conducta de Siquem no fue de ninguna
manera excepcional y Dina pagó 425 plenamente el castigo por su necia
independencia al asociarse con la juventud mundana.

3.

Habló al corazón de ella.

Es decir, trató de consolarla por lo que había sucedido y de ganar su afecto.
Parece que aunque Dina había ido intencionalmente sola a la ciudad, no
consintió en todo lo que allí sucedía. Estaba en la casa de Siquem, donde fue
encontrada cuando Simeón y Leví saquearon la ciudad unos pocos días después
(vers. 26).

5.

Oyó Jacob.

La información de lo que le sucedió a Dina debe haber llegado indirectamente a
su padre, puesto que ella quedó en casa de Siquem (vers. 26).

Calló Jacob.

El silencio de Jacob probablemente puede haberse debido a una combinación de
dolor, precaución y perplejidad. Había aprendido a ser prudente antes que
proceder por impulsos. La seriedad de la dificultad ciertamente afectaba los
intereses de toda su casa, y demandaba consejo y decisión unidos. Rehusar la
propuesta de matrimonio sería caer en la mala voluntad de los siquemitas;
aceptarla sería una abierta violación del principio de no asociarse con los
paganos (caps. 24: 3, 6; 26: 35). Sin embargo Dina estaba con Siquem, y ¿cómo
podría conseguirse que volviera? Si Jacob hubiera previsto el trágico proceder
de algunos de sus hijos cuando supieran del asunto, probablemente habría tomado
las cosas en sus manos y actuado inmediatamente. Pero, estando las cosas como
estaban, al enseñorearse "de su espíritu" procedió mejor que sus hijos cuando
tomaron la ciudad (Prov. 16: 32).

7.

Se entristecieron los varones.

Literalmente, "se enfurecieron". La segunda expresión "se enojaron mucho" dice
literalmente "les ardió grandemente". Su ira apasionada estuvo más allá de
todo control (cf. 1 Sam. 15: 11; 2 Sam. 19: 43). Cómo deben haberse sentido
los hombres se pueden entender a través de los árabes modernos, quienes sienten
más la deshonra por la seducción de una hermana que por la infidelidad de una
esposa. Un hombre, razonan ellos, puede divorciarse de su esposa, y ella ya no
le pertenece más, pero una hermana o una hija siempre permanecen como hermana o
como hija. Era por lo tanto propio que estuvieran apenados y tan sólo natural
que estuvieran airados. Estaba en juego su honor junto con el de su hermana.
Sin embargo, no estaban tan preocupados por el pecado cometido contra Dios como
por la vergüenza que había caído sobre su familia. Fue en su reacción ante
este asunto donde estuvo el origen de su gran error (Gén. 49: 7).

Hizo vileza.

"Hacer vileza" se convirtió en una frase estereotipada para los crímenes que
implicaban el honor, especialmente para los pecados de la carne (Deut. 22: 21;
Juec. 20: 10; 2 Sam. 13: 2; etc.), como también para otros (Jos. 7: 15).

En Israel.

El nombre de Israel se aplica aquí por primera vez a la casa de Jacob. Más
tarde se convirtió en la designación usual para la nación. Algunos
comentadores, señalando que los hijos de Jacob no fueron llamados ni Israel ni
israelitas hasta mucho tiempo después, piensan que la frase "en Israel" debiera
traducirse "contra Israel". Esto es posible gramaticalmente e implicaría que
el asunto fue un crimen contra Jacob, que se había convertido en Israel, es
decir en "un príncipe de Dios".

8.

Hamor habló.

Hamor, el padre de Siquem, había venido a pedirle la hija a Jacob (vers. 6),
pero como los hijos de Jacob llegaron a casa al mismo tiempo (vers. 7), también
les habló a ellos. El padre y los hermanos de la doncella eran considerados
sus guardianes legales (cap. 24: 50).

9.

Emparentad.

La ausencia de cualquier disculpa por parte de Siquem por haber seducido a Dina
no es una indicación del consentimiento de ella, sino más bien de las bajas
normas morales del príncipe cananeo. No veía en una conducta tal ninguna falta
particular, y menos todavía siendo que su hijo estaba dispuesto a casarse con
la niña que había seducido.

10.

Habitad con nosotros.

Hamor propuso un sistema de unión mediante casamientos entre la familia de
Jacob y los siquemitas. Estaba dispuesto también a hacer concesiones en cuanto
al arriendo de tierras, de modo que los recién llegados pudieran vivir,
trasladarse y comerciar libremente en la región. Varias propuestas amistosas
fueron hechas, tanto por el padre como diplomático, en favor de la unión
mediante casamientos entre las familias en general, como por el hijo como
amante para que pudiera quedarse con la niña. En su mentalidad pagana no cabía
un sistema de exclusividad a este respeto. Con el espíritu de incredulidad del
mundo, procuraron derribar lo que consideraban una actitud estrecha. Las
ventajas que ellos ofrecían habrían 426 atraído a los hijos de Israel. Con
demasiada frecuencia tales perspectivas seducen al profeso pueblo de Dios,
haciendo que abandone sus escrúpulos sagrados.

13.

Los hijos de Jacob.

Aunque eran atrayentes las ofertas del príncipe de Siquem, fueron declinadas
por los hijos de Jacob, que ahora tomaron la iniciativa para discutir el
propuesto casamiento de su hermana (cap. 24: 50). Aceptar las propuestas
habría sido violar los sagrados principios de su vocación como una familia y
sacrificar las promesas de Dios por ganancias mundanales.

15.

Con esta condición.

Su rechazo de la propuesta de Hamor era ciertamente correcto, pero su proceder
fue indudablemente equivocado. Al planear el asesinato bajo la capa protectora
de escrúpulos religiosos, los hijos de Jacob se hicieron culpables de
hipocresía y crueldad. Su hipocresía consistió en aceptar aparentemente las
propuestas de Hamor cuando no tenían intención de hacerlo, con la condición de
que los siquemitas aceptaran el sello del santo pacto de Dios. Bien sabían que
si los siquemitas aceptaban la circuncisión, sería una mera forma de su parte.
Finalmente, su propuesta fue concebida con un espíritu de cruel venganza.

En años posteriores, la acción de someterse al rito de la circuncisión por uno
que no era judío era considerada como una aceptación de la fe judía por parte
del mismo, lo cual colocaba al converso bajo el vínculo del pacto; en otras
palabras, un hecho tal legalmente convertía a un gentil en un judío (Hech. 15:
5; Gál. 6: 12; etc.). Si la aceptación de la señal del pacto por los siquemitas
hubiera significado su conversión al Dios verdadero, entonces todas las
objeciones para los casamientos habrían desaparecido.

20.

Los varones de su ciudad.

La condición propuesta por los hijos de Jacob pareció razonable a los dos
enviados y éstos estuvieron dispuestos a someterse inmediatamente a ella. Sin
embargo, primero fueron a la puerta de Siquem, el lugar de la asamblea pública,
para colocar el asunto delante de los varones de la ciudad. Su gráfica
descripción de las riquezas de Jacob y su familia, y las ventajas que podrían
anticipar uniéndose con ellos, despertaron fácilmente la aceptación del plan.
Por regla general la gente común sigue las directivas de un jefe popular de
voluntad dominante. Ese fue el caso cuando Jeroboam estableció el culto a los
becerros de oro en Dan y Bet-el. En realidad a través de la historia de Israel
el pueblo tendió a seguir la dirección del rey. Por el mismo motivo, cuando
Crispo, el principal de la sinagoga, creyó, muchos corintios también se
convirtieron al cristianismo (Hech. 18: 8).

22.

Con esta condición consentirán estos hombres.

Hamor hizo resaltar aquellas consideraciones que en realidad eran secundarias,
al paso que el punto principal, la circuncisión, fue mencionado incidentalmente
como una condición trivial ante la cual no podría haber una objeción razonable.
La perspectiva de ganancias materiales siempre es un medio efectivo para tratar
con los hombres de mente mundana. Cualquier medio que pudiera eventualmente
producir ganancias materiales les resulta deseables. (Isa. 56: 11). Los
hombres de siquem creyeron que iban a hacer ver un buen negocio y estuvieron
dispuestos a ganar mucho a cambio de algo de ningún valor o importancia.

25.

Al tercer día.

Por regal general, la inflamación y la fiebre aparecen al tercer día. Al quedar
así desvalidos los siquemitas, dos de los hermanos mayores de Dina pusieron en
práctica su sangrienta obra de venganza. Esta cruel matanza demuestra cómo un
pecado lleva al otro, a modo como las llamas de fuego se propagan en la
espesura del bosque (Isa. 9: 18). El libertinaje llevó a la seducción, y la
seducción a la venganza, y al asesinato (Sant. 1: 15). La desgracia que había
caído sobre una familia convirtió en viudas y en huérfanos a las mujeres y
niños de una ciudad entera. Indirectamente, este relato resulta un testimonio
de lo fidedigno que es Moisés como historiador. Aun siendo él mismo levita, no
disculpa bien el carácter de su antepasado.

26.

Tomaron a Dina.

Quizá Dina había sido detenida por Siquem contra la voluntad de ella. Por otro
lado, sus propuestas amorosas pueden haberla inducido a quedar voluntariamente
con él. Librar a Dina de su secuestrador era ciertamente honorable, pero el
medio por el cual se consiguió fue vituperable en extremo. Como sus antepasados
por ambas ramas de la familia, los hijos de Jacob manifestaron una extraña
mezcla de celo religioso y pasión carnal, de fe excelsa y rastrera astucia.

30.

Me habéis turbado.

Jacob reprochó duramente el hecho impulsivo, haciendo resaltar 427 las
consecuencias del crimen para él mismo y para su familia. El énfasis en este
aspecto del asunto fue calculado para impresionar a sus hijos con los
resultados prácticos de su acción impulsivo. Sus últimas palabras acerca de
Simeón y Leví (cap. 49: 5-7) son una evidencia de cuán profundamente aborreció
su proceder. Su temor de represalias no era infundado, y tan sólo la
misericordia de Dios impidió el mal que podría haber caído sobre él y su casa
(cap. 35: 5, 6). En cuanto a Simeón y Leví, ellos, como Rubén, perdieron la
primogenitura que de otra manera podían haber disfrutado. Otra vez el carácter
torcido se interpuso entre los hombres y las posibilidades que de otra manera
podrían haber sido suyas.

31.

¿Había él de tratar a nuestra hermana?

Los hijos de Jacob no veían las cosas como su padre. Para ellos su represalia
estaba plenamente justificada. No sólo se vindicaron a sí mismos sino que a la
vez dejaron entrever que su padre se preocupaba menos por su hija que ellos por
su hermana. La palabra "ramera", zanah, que significa prostituta por la paga,
aquí se usa por primera vez en la Biblia. Este pasaje muestra que la
prostitución existía entonces en Palestina, y que era considerada como una
profesión deshonrosa.

Este relato forma un capítulo oscuro en la historia de los patriarcas. Enseña
que una ira justificada no es excusa para un proceder precipitado. La
paciencia bajo la injusticia merece la aprobación divina (1 Ped. 2: 19, 20; 3:
17), pues la venganza y la retribución pertenecen sólo a Dios (Rom. 12: 19).
Sólo él tiene la sabiduría para medirla con justicia y para sazonarla con
misericordia. En ciertas circunstancias la ira puede estar plenamente
justificada, pero ha de dirigirse más bien contra el pecado que contra el
pecador. Se ha declarado que la única ira sin pecado es la ira contra el
pecado (Efe. 4: 26). La ira contra nuestros prójimos descalifica a la persona
airada pues no puede ejercer un juicio imparcial (Mat. 7: 1, 2).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-31 PP 203 2049 242

1 PP 203

19 PP 242

30 PP 204

CAPÍTULO 35

1 Dios envía a Jacob a Bet-el. 2 Elimina los ídolos de su casa. 6 Construye un
altar en Bet-el. 8 Débora muere y es sepultada en Alón-bacut. 9 Dios bendice a
Jacob en Bet-el 16 Parto difícil de Raquel por el nacimiento de Benjamín, y su
muerte en el camino a Efrata. 22 Rubén duerme con Bilha. 23 Los hijos de Jacob.
27 Jacob visita a Isaac en Hebrón. 29 Edad, muerte y sepultura de Isaac.

1 DIJO Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un
altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.

2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los
dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.

3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me
respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he
andado.

4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los
zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina
que estaba junto a Siquem.

5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus
alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.

6 Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y todo
el pueblo que con él estaba.

7 Y edifícó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había
aparecido Dios, cuando huía de su hermano. 428

8 Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el,
debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut.

9 Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le
bendijo.

10 Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino
Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel.

11 También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una
nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos.

12 La tierra que be dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia
después de ti daré la tierra.

13 Y se fue de él Dios, del lugar en donde había hablado con él.

14 Y Jacob erigió una señal en el lugar donde había hablado con él, una señal
de piedra, y derramó sobre ella libación, y echó sobre ella aceite.

15 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él,
Bet-el.

16 Después partieron de Bet-el; y había aún como media legua de tierra para
llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto.

17 Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la partera: No
temas, que también tendrás este hijo.

18 Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni;
mas su padre lo llamó Benjamín.

19 Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén.

20 Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de la
sepultura de Raquel hasta hoy.

21 Y salió Israel, y plantó su tienda más allá de Migdal-edar.

22 Aconteció que cuando moraba Israel en aquella tierra, fue Rubén y durmió con
Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a saber Israel. Ahora bien, los
hijos de Israel fueron doce:

23 los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob; Simeón, Leví, Judá, Isacar
y Zabulón.

24 Los hijos de Raquel: José y Benjamín.

25 Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí.

26 Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de
Jacob, que le nacieron en Padan-aram.

27 Después vino Jacob a Isaac su padre a Mamre, a la ciudad de Arba, que es
Hebrón, donde habitaron Abraham e Isaac.

28 Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años.

29 Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo, viejo y
lleno de días; y lo sepultaron Esaú y Jacob sus hijos.

l.

Sube a Bet-el.

Jacob temió que la traidora matanza de los siquemitas hecha por Simeón y Leví
provocaría una represalia por parte de otras tribus cananeas de la región. El
anciano patriarca parece haber reflexionado en cuanto al horrible hecho y sus
posibles consecuencias sin saber qué hacer o dónde ir. En su perplejidad, Dios
se le apareció una vez más y lo instruyó en cuanto a su proceder para proteger
a su familia. Cuán contento debe haberse sentido Jacob por la seguridad de que
el mismo brazo divino que le había escudado contra la ira de Labán y la
enemistad de Esaú continuaría protegiéndolo y preservándolo.

2.

Quitad los dioses ajenos.

La perspectiva de encontrarse con Dios en Bet-el llevó a una completa obra de
reforma. Había mucho que hacer antes de que Jacob y su casa estuvieran listos
para encontrarse con el Señor (Amós 4: 12; 1 Juan 3: 3). Por consideración con
sus esposas, Jacob había tolerado la presencia de ídolos en sus tiendas. Esos
dioses extraños probablemente incluían los ídolos que Raquel había hurtado de
su padre (Gén. 31: 19), las imágenes de sus siervos y otros que quizá quedaron
en posesión de sus hijos con los despojos de Siquem.

Limpiaos, y mudad vuestros vestidos.

Puesto que las directivas dadas por Jacob a los miembros de su familia se
parecen tan de cerca a las que después fueron dadas en el Sinaí (Exo. 19: 10),
parece que Jacob actuó o por instrucciones específicas de Dios o siguiendo un
proceder que había aprendido de su padre. La limpieza externa del cuerpo y el
cambio de vestimentas simbolizaban la purificación moral y espiritual de la
mente y el corazón (Isa. 64: 6; 61: 10). No se debe entrar en el servicio del
Señor sin la debida preparación (Luc. 14: 28).

3.

Levantémonos.

Parece que Jacob había encontrado tan agradable y satisfactoria su 429
residencia en la proximidad de Siquem, que había demorado el pago de sus votos
hechos a Dios en Betel (cap. 28: 20-22). La situación resultante del horrible
crimen de sus hijos una vez más le había hecho comprender su necesidad de una
comunión más íntima con Dios y una obediencia más cuidadosa de su voluntad. El
traslado a Bet-el fue bien calculado para que recordara su vida pasada y para
que se acercara más a Dios tanto él como su familia.

Que me respondió.

Una clara referencia a una oración contestada. Si se refiere al caso de
Bet-el, Jacob debe haber orado antes de dormir aquella noche. Si se refiere a
la experiencia del Jaboc, fue la oración registrada en el pasaje del cap. 32:
9-12. El patriarca evidentemente estaba familiarizado con el poder de la
oración y probablemente oraba a horas determinadas con la plena confianza de
que Dios oye y responde las peticiones de sus siervos fieles (cap. 24: 12, 26,
52, 63).

4.

Los zarcillos.

No sólo los ídolos reales fueron entregados a Jacob para ser eliminados de la
casa, sino también todas las joyas. Estas cosas habrían sido una barrera para
estar en buenos términos con Dios en Bet-el. No es claro si los zarcillos eran
simplemente ornamentos, o amuletos como piensan algunos comentadores. El
proceder más prudente para cualquier hijo de Dios es seguir el ejemplo de las
esposas y siervas de Jacob y eliminar todos los adornos tales (1 Tim. 2: 9; 1
Ped. 3: 3).

Es realmente encomiable la obediencia de los miembros de la casa de Jacob en
llevar a cabo sus directivas. Indudablemente, creían que la eliminación de los
dioses extraños y de todos los adornos perturbadores era necesaria si Dios
había de ser sinceramente adorado. Más tarde, fue dada una ley explícita que
ordenaba a Israel, como nación, la prohibición de tener otros dioses fuera de
Jehová.

Los escondió debajo de una encina.

La eliminación completa tanto de imágenes como de adornos fue un proceder
sabio. De otra manera podrían haber sido otra vez una fuente de tentación.
Para cualquiera que sinceramente ame al Señor, la única conducta sabia es
separarse completamente de las tentaciones persistentes. Es mejor no
conservar, ni para recuerdo, ningún objeto moderno de idolatría, lo que incluye
adornos que se usan para la gloria del yo antes que de Dios. En un momento
inesperado la tentación a usarlos otra vez, puede resultar demasiado fuerte
para ser resistida.

Ya sea que se tratara de la encina bajo la cual Abrahán una vez levantó su
tienda (cap. 12: 6), aquella bajo cuya sombra más tarde Josué erigió una
columna recordativa (Jos. 24: 26), la encina delos adivinos (Juec. 9: 37), o la
encina del pilar de Siquem (Juec. 9: 6), no se sabe si todos estos casos se
refieren al mismo árbol, aquel bajo el cual Jacob enterro las imágenes y los
zarcillos. Sin embargo, no es del todo improbable que estos textos se refieran
al mismo árbol, que debe haber sido un hito.

7.

El-bet-el.

La ciudad cananea vecina, de allí en adelante conocida entre los hebreos como
Bet-el, era entonces llamada Luz (ver com. de cap. 28: 19). La forma en que
aquí parece el nombre siempre ha presentado un problema a los traductores y
comentadores. Algunos han traducido este pasaje: "Llamó Bet-el al lugar de
Dios". Otros han sugerido que el primer "El", Dios, quizá no haya estado en el
texto original, sino que representa el error de un copista. El hecho de que
falte en la LXX, la Vulgata y la versión Siríaca da peso a esta posibilidad.
Sin embargo, en vista del nombre El-Elohe-Israel, dado al altar erigido en
Siquem (cap. 33: 20), no sería del todo extraño que Jacob llamara al lugar del
altar cerca de Luz: "Dios de Bet-el". Con esto Podría haber querido decir:
"[Dedicado al ] Dios de Bet-el", es decir a Aquel que se le había aparecido
allí, en su fuga a Harán. Al llamar a Jacob para salir de Padan-aram, Dios se
había identificado a sí mismo ante Jacob como "el Dios de Bet-el" (cap. 31:
13). Por lo tanto es muy probable que Jacob dedicara el altar teniendo eso en
cuenta, como un recordativo de que ahora había llegado al punto al que Dios se
refirió cuando le dio la orden de volver.

8.

Débora.

Significa "abeja" (cap. 24: 59). Debe haber sido de edad muy avanzada. Jacob
había nacido 20 años después del casamiento de su madre, y ahora tenía más de
100 años. Puesto que Débora había salido de Padan-aram con Rebeca, ahora
posiblemente tenía 150 años de edad. Sin embargo, esto no debería haber sido
considerado como extraordinario en el tiempo de Abrahán, Isaac y Jacob, que
murieron a las edades de 175,180 y 147 años respectivamente. 430

Que Débora había llegado a ser un miembro de la casa de Jacob puede explicarse
suponiendo que Rebeca la había enviado a Harán, o que había dejado el hogar de
Isaac después de la muerte de Rebeca.

9.

Apareció otra vez Dios a Jacob.

Esta fue una manifestación visible en contraste con la audible de Siquem (vers.
1). Las palabras "otra vez" con la cláusula adicional: "cuando había vuelto de
Padan-aram", implican una revelación anterior. Esta puede ser una referencia a
la primera aparición de Dios a Jacob en Bet - el, en un sueño. Si es así, las
palabras "otra vez" hacen resaltar que Jacob recibió dos manifestaciones
divinas en Bet-el, una en su viaje a Padan-aram, y la segunda cuando regresó al
mismo lugar. Este punto de vista está sostenido por el hecho de que los vers.
11 y 12 repiten la bendición primero dada a Jacob en su sueño de Bet-el (cap.
28: 13, 14). También es posible que la aparición de Dios a él en Peniel haya
sido considerada por Moisés como la primera de las dos, lo que haría que
hubiera dos revelaciones visibles de Dios desde el regreso de Jacob de
Padan-aram. La mención del cambio de nombre de Jacob a Israel en ambos casos,
favorece este último punto de vista.

10.

Israel será tu nombre.

En la aparición previa de Bet-el, Dios había prometido a Jacob la protección
divina en la tierra de su exilio y un regreso seguro a su hogar,
particularmente en vista de que estaba llamado a suceder a Isaac como
progenitor del pueblo escogido y del Mesías. Dios había cumplido esa promesa,
y por lo tanto Jacob renovó su voto de fidelidad a Dios. Por su parte, Dios le
confirmó el nombre Israel, que ya le había dado en Peniel (cap. 32: 28), y con
él la promesa de una numerosa descendencia y la posesión de la tierra de
Canaán. En su forma y sustancia esta promesa recuerda la que fue hecha a
Abrahán (cap. 17: 6, 8) más que la anterior dada a Jacob en Bet-el (cap. 25:
13, 14). Hacia el final de su vida, Jacob aludió a esta segunda manifestación
de Dios en Bet-el (cap. 48: 3, 4), que menciona el profeta Oseas en relación
con su experiencia en Peniel (Ose. 12: 4).

13.

Se fue de él Dios.

Estas palabras claramente indican que esta experiencia en Bet-el no fue una
visión ni una fuerte impresión mental de la presencia divina, sino una
manifestación real de Dios.

14.

Jacob erigió una señal.

Jacob perpetuó el recuerdo de esta aparición divina erigiendo una piedra
conmemorativa. La "columna" erigida unos 25 ó 30 años antes probablemente
había caído y desaparecido. La erección de columnas parece haber sido una
práctica favorita de Jacob (caps. 28: 15; 31: 45; 35: 20). En cada "señal"
dedicada a Dios derramó una "libación" de vino o la ungió con aceite de oliva,
o ambas cosas. De acuerdo con la ley de Moisés, la libación consistía en la
cuarta parte de un hin de vino, equivalente más o menos a un litro (Exo. 29:
40).

Echó sobre ella aceite.

Como en la ocasión previa (Gén. 28: 18), Jacob consagró esta piedra ungiéndole
con aceite y confirmando el nombre Bet-el (vers. 15).

16.

Partieron de Bet-el.

No se sabe cuánto tiempo permaneció Jacob en Bet-el antes de continuar su viaje
hacia el sur. Su partida de Bet-el no estuvo en contravención con la orden de
"quedarse" allí (vers. 1), puesto que esa palabra no denota necesariamente una
morada permanente (Gén. 27: 44; Lev. 14: 8; 1 Sam, 20: 19; etc.). Había de
permanecer allí por lo menos el tiempo suficiente para erigir el altar y para
realizar sus votos. Habiéndolo hecho así, Jacob procedió a ir a Mamre, donde
entonces moraba su padre.

Como media legua.

Indudablemente Efrata era otro nombre para Belén (vers. 19), que estaba a unos
24 km. al sur de Betel. Es dudoso el significado exacto de la frase hebrea
kibrath-ha'árets, "una pequeña distancia", literalmente "un kibrath de tierra".
Kibrath proviene de kabar, que significa "ser grande", "ser mucho", "ser
largo". Sin embargo, se piensa que el kibrath fue originalmente una medida
definida de distancia, usada por los hebreos, y cuyo valor ahora es
desconocido. Es claro por la LXX y la Vulgata que en el tiempo de su
traducción el significado de la frase ya se había perdido. Basándose en el
significado de la raíz kabar, la BJ traduce "cuando aún faltaba un trecho", con
lo que puede acercarse un poco más al significado original que la VVR.

18.

Benoni.

El nacimiento de Benjamín señaló el cumplimiento del deseo de Raquel expresado
en el nombre de José, de que Dios le daría otro hijo (ver com. de cap. 30: 24).
Mientras yacía en el parto, llamó a este hijo Benoni, "hijo de mi dolor" o
"hijo de mi desgracia". Teniendo en cuenta las circunstancias, 431

VIAJE DE JACOB PARA ENCONTRARSE CON ESAÚ

432 desde su punto de vista era un nombre muy apropiado.

Benjamín.

Literalmente, "hijo de la mano derecha". Yamin, "derecha", significa felicidad
y prosperidad, y en árabe también buena fortuna. Como verdadero optimista,
Jacob creyó que su hijo menor debía tener un nombre que expresara valor y
esperanza. Ese nombre debía recordarle el gozo que vino a su corazón con el
nacimiento de su duodécimo hijo, más que su dolor por la pérdida de Raquel.
Una cosa, en parte, compensaba la pérdida de la otra.

Al salírsele el alma.

La idea de que Moisés habla aquí de alguna parte inmaterial pero consciente de
Raquel, que probablemente voló al paraíso en el momento de su muerte, no tiene
fundamento en las Escrituras. Leer tal significado en el texto provocaría una
discrepancia con muchas otras declaraciones específicas de las Escrituras que
enseñan palmariamente que cesa la conciencia completamente con la muerte (Sal.
146: 4; Ecl. 9: 5, 6, 10; etc.). Uno de los primeros significados de la palabra
néfesh, "alma", es "vida", como se ha traducido 119 veces (Gén. 9: 4, 5; Job 2:
4, 6; etc.), o "aliento", como se traduce en Job 41: 21. Génesis 9: 5 habla de
la "sangre de vuestras vidas [néfesh]", lo que aclara que néfesh tiene sangre,
y que la sangre es esencial para su existencia. Por lo tanto, néfesh no podría
ser una entidad inmaterial. En Gén. 1: 20, 30 se dice de los animales que
tienen néfesh, que son "vivientes", o tienen "vida". La posesión de néfesh
pues, no le da al hombre nada que no tengan las otras formas de vida animal.
Ciertamente, nadie pretendería que a su muerte las "almas" de las amebas,
moluscos y monos van en vuelo rápido hacia el cielo. En realidad, en Ecl. 3:
19 se declara específicamente que tanto los animales como los hombres tienen la
misma "respiración", rúaj, y que al morir la misma cosa les sucede a ambos. De
acuerdo con el Sal. 146: 4, dos cosas le pasa a un hombre cuando muere: (1) Su
"aliento", rúaj, abandona su cuerpo; (2) "perecen sus pensamientos". El texto
que consideramos es una sencilla declaración de que Raquel, en sus últimos
momentos conscientes y con su último aliento, dio a su hijo el nombre de
Benoni.

Murió.

Raquel había clamado a su esposo: "Dame hijos, o si no me muero" (cap. 30: 1).
Ambas cosas vinieron juntas ahora.

19.

Efrata, la cual es Belén.

Efrata fue el nombre original del pueblo llamado más tarde Belén.
Ocasionalmente ambos nombres fueron usados juntos como en Miq. 5: 2. Ephratha
era un nombre derivado de'afar, una raíz que significa "ser luz", "ser veloz",
"ser fértil".'Ephratha significaría pues "fertilidad" y al aplicarse a la
región de Belén implicaría la fertilidad de su suelo. Belén significa "la casa
del pan". De esa manera los dos nombres están íntimamente relacionados en su
significado, pues en una tierra de "fertilidad" tan sólo sería natural
encontrar una abundancia de "pan" en la "casa". Es posible que estos dos
nombres, Efrata y Belén, estén relacionados con dos miembros de antiguas
familias hebreas que se establecieron en la vecindad de Hebrón y Belén. Caleb,
de la tribu de Judá, se casó con Efrata y uno de los descendientes de ellos, en
la cuarta generación, recibió el nombre de Belén (1 Crón. 2: 51, 54).

20.

La sepultura de Raquel.

La piedra erigida por Jacob como señal sobre la tumba de Raquel, permaneció
como un famoso hito durante siglos. Todavía estaba en pie en los tiempos de
Moisés y de Samuel (1 Sam. 10: 2). La capilla Kubbet Rajil, "la sepultura de
Raquel", a muy corta distancia al norte de Belén, quizá esté ubicada sobre la
verdadera tumba de Raquel o muy cerca. El actual edificio, de construcción
musulmana y sólo de unos cuatro siglos de antigüedad, señala el punto
tradicional generalmente aceptado por musulmanes, cristianos y judíos.

21.

Migdal-edar.

Continuando hacia el sur, Jacob se detuvo un poco más allá de Migdal 'Eder, que
significa "torre del rebaño". Comúnmente se erigían atalayas para conveniencia
de los pastores cuando guardaban sus rebaños y para la protección contra los
enemigos que se aproximaran (2 Rey. 18: 8; 2 Crón. 26: 10; 27: 4). Es dudoso
el lugar de esta torre.

22.

Fue Rubén.

Puesto que Bilha era la esposa del padre de Rubén, éste fue un acto de incesto.
Bajo la ley mosaica era castigado con la muerte (Lev. 18: 8), y era grandemente
despreciado aun por los paganos (1 Cor. 5: 1). Aunque Bilha puede no haber
sido completamente inocente, Rubén ciertamente fue culpable de una caída moral
muy vil.

Llegó a saber Israel.

Después de estas palabras, el texto hebreo tiene un claro que llevó a los
antiguos rabinos a comentar: "Hay un 433 vacío en el versículo". La LXX llena
ese vacío añadiendo: "y pareció mal a su vista". Esto parecería representar
tan sólo inadecuadamente la mezcla de vergüenza, pena, indignación y horror con
que la impiedad del mayor de los hijos de Jacob debe haber llenado a su padre.
Más amargo y aplastante fue este último golpe que aun la muerte de Raquel o la
violación de Dina. El silencio de Jacob puede interpretarse como el silencio
de una piadosa resignación. Pero cuando llegó el tiempo de pronunciar una
bendición sobre sus hijos, el moribundo Jacob creyó que Rubén, con ese crimen,
había perdido la primogenitura, su posición de jefe temporal y espiritual de la
familia (Gén. 49: 4; 1 Crón. 5: 1). El primer lugar fue dado a Judá; el
segundo a Leví.

Los hijos de Israel.

Llamados después los 12 patriarcas (Hech. 7: 8), los hijos de Israel se
convirtieron en cabezas de familias numerosas o tribus, y el pueblo que
descendió de ellos es llamado las 12 tribus (Hech. 26: 7; Sant. 1: 1). En
tiempos antiguos, el número 12 fue con frecuencia tomado para significar
plenitud. Doce príncipes provinieron de Ismael (Gén. 25: 16). Doce espías
escudriñaron la tierra de Canaán. Nuestro Señor eligió doce apóstoles. Aunque
a veces no existieron exactamente 12 tribus, las Escrituras generalmente
reconocen 12, omitiendo el nombre de una, luego el de otra, como se puede ver
en diferentes ocasiones (Deut. 33; Eze. 48; Apoc. 7; etc.).

23.

Los hijos de Lea.

Los hijos están mencionados aquí de acuerdo con sus respectivas madres, no en
el orden de su nacimiento. Los hijos de Lea aparecen primero, puesto que ella
fue la primera en dar a luz (caps. 29: 32-35; 30: 18-20); luego siguen los
hijos de Raquel (caps. 30: 22-24; 35: 18), los hijos de Bilha, la sierva de
Raquel (cap. 30: 4-8), y los de Zilpa (30: 9-13).

26.

Le nacieron en Padan-aram.

Con excepción de Benjamín, todos nacieron allí. En un estilo escueto, Moisés
considera el intervalo de tiempo entre la partida de Jacob y su regreso al
hogar paterno como su estada "en Padan-aram".

27.

A Isaac su padre.

La llegada de Jacob a Mamre constituyó el regreso formal a la casa de su padre,
donde se radicó como heredero de Isaac. Mamre estaba en la proximidad
inmediata de Hebrón, antiguamente Quiriatarba (ver caps. 13: 8; 23: 2). Isaac
vivió 23 años después de la partida de Jacob de Harán.

28.

Los días de Isaac.

Jacob tenía 120 años cuando murió su padre (cap. 25: 26). Diez años más tarde,
a la edad de 130, estuvo delante de Faraón (cap. 47: 9). En ese tiempo José
había sido gobernador de Egipto durante nueve años (cap. 45: 11). Por lo
tanto, Jacob tenía 121 años cuando José fue promovido a la edad de 30 (cap. 41:
46), y 108 cuando José fue vendido a la edad de 17 (cap. 37: 2). En
consecuencia, Isaac tenía 168 años de edad cuando José fue vendido como
esclavo. Desde ese trágico suceso, ocurrido mientras Jacob vivía en Hebrón con
su anciano padre (cap. 37: 14), Isaac fue testigo del dolor de Jacob y
sobrevivió a ese hecho durante 12 años.

29.

Y exhaló Isaac el espíritu.

Una traducción mejor del hebreo debería ser "Isaac expiró", como está en la BJ
(ver com. de cap. 25: 8). Generalmente se acepta que la muerte de Isaac se
menciona aquí fuera de su orden cronológico, puesto que varios de los
acontecimientos narrados en los capítulos siguientes, particularmente en los
caps. 37 y 38, deben haber sucedido durante el tiempo de su vida (ver com. del
vers. 28). Se inserta su necrología con anticipación a su muerte real para
evitar interrumpir la historia de José. Indudablemente la muerte de Isaac se
produjo cerca del final de los tres años de la prisión de José.

Lo sepultaron Esaú y Jacob.

Esaú y Jacob habían estado plenamente reconciliados durante 23 años. Por eso,
no es extraño encontrar que Esaú se uniera con Jacob en los últimos ritos de su
honorable padre. Bajo circunstancias similares, Isaac e Ismael habían
cooperado en la sepultura de Abrahán (cáp. 25: 9). Isaac fue piadoso y
humildemente sumiso delante de Dios, amigable y generoso con sus prójimos. Y
su carácter era muy superior al de su hijo Jacob,

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-29 PP 204-206

1-4 PP 204

5 PP 534, 535

8, 14, 18-20 PP 205

22 PP 206,242

27,29 PP 206 434

CAPÍTULO 36

1 Las tres esposas de Esaú. 6 Se va al monte de Seir. 9 Sus hijos.15 Los jefes
de entre los hijos de Esaú. 20 Los hijos y los jefes de Seir. 24 Aná descubre
unos manantiales. 31 Los reyes de Edom. 40 Los jefes descendientes de Esaú.

1 ESTAS son las generaciones de Esaú, el cual es Edom:

2 Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón heteo, a
Aholibama, hija de Ana, hijo de Zibeón heveo,

3 y a Basemat hija de Ismael, hermana de Nebaiot.

4 Ada dio a luz a Esaú a Elifaz; y Basemat dio a luz a Reuel.

5 Y Aholibama dio a luz a Jeús, a Jaalam y a Coré; estos son los hijos de Esaú,
que le nacieron en la tierra de Canaán.

6 Y Esaú tomó sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y todas las personas de su
casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y todo cuanto había adquirido en la
tierra de Canaán, y se fue a otra tierra, separándose de Jacob su hermano.

7 Porque los bienes de ellos eran muchos; y no podían habitar juntos, ni la
tierra en donde moraban los podía sostener a causa de sus ganados.

8 Y Esaú habitó en el monte de Seir; Esaú es Edom.

9 Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir.

10 Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada mujer de
Esaú; Reuel, hijo de Basemat mujer de Esaú.

11 Y los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam y Cenaz.

12 Y Timna fue concubina de Elifaz hijo de Esaú, y ella le dio a luz a Amalec;
estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú.

13 Los hijos de Reuel fueron Nahat, Zera, Sama y Miza; estos son los hijos de
Basemat mujer de Esaú.

14 Estos fueron los hijos de Aholibama mujer de Esaú, hija de Aná, que fue hijo
de Zibeón: ella dio a luz a Jeús, Jaalam y Coré, hijos de Esaú.

15 Estos son los jefes de entre los hijos de Esaú: hijos de Elifaz, primogénito
de Esaú:

los jefes Temán, Omar, Zefo, Cenaz,

16 Coré, Gatam y Amalec; estos son los jefes de Elifaz en la tierra de Edom;
estos fueron los hijos de Ada.

17 Y estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: los jefes Nahat, Zera, Sama y
Miza; estos son los jefes de la línea de Reuel en la tierra de Edom; estos
hijos vienen de Basemat mujer de Esaú.

18 Y estos son los hijos de Aholibama mujer de Esaú: los jefes Jeús, Jaalam y
Coré; estos fueron los jefes que salieron de Aholibama mujer de Esaú, hija de
Aná.

19 Estos, pues, son los hijos de Esaú, y sus jefes; él es Edom.

20 Estos son los hijos de Seir horeo, moradores de aquella tierra: Lotán,
Sobal, Zibeón, Aná,

21 Disón, Ezer y Disán; estos son los jefes de los horeos, hijos de Seir, en la
tierra de Edom.

22 Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemam; y Timna fue hermana de Lotán.

23 Los hijos de Sobal fueron Alván, Manahal, Ebal, Sefo y Onam.

24 Y los hijos de Zibeón fueron Aja y Aná. Este Aná es el que descubrió
manantiales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre.

25 Los hijos de Aná fueron Disón, y Aholibama hija de Aná.

26 Estos fueron los hijos de Disón: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán.

27 Y estos fueron los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván y Acán.

28 Estos fueron los hijos de Disán: Uz y Arán.

29 Y estos fueron los jefes de los horeos: los jefes Lotán, Sobal, Zibeón, Aná,

30 Disón, Ezer y Disán; estos fueron los jefes de los horeos, por sus mandos en
la tierra de Seir.

31 Y los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre
los hijos de Israel, fueron estos:

32 Bela hijo de Beor reinó en Edom; y el nombre de su ciudad fue Dinaba.

33 Murió Bela, y reinó en su lugar Jobab hijo de Zera, de Bosra. 435

34 Murió Jobab, y en su lugar reinó Husam, de tierra de Temán.

35 Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrotó a
Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fue Avit.

36 Murió Hadad, y en su lugar reinó Samla de Masreca.

37 Murió Samla, y reinó en su lugar Saúl de Rehobot junto al Eufrates.

38 Murió Saúl, y en lugar suyo reinó Baal-hanán hijo de Acbor.

39 Y murió Baal-hanán hijo de Acbor, y reinó Hadar en lugar suyo; y el nombre
de su ciudad fue Pau; y el nombre de su mujer, Mehetabel hija de Matred, hija
de Mezaab.

40 Estos, pues, son los nombres de los jefes de Esaú por sus linajes, por sus
lugares, y sus nombres: Timna, Alva, Jetet,

41 Aholibama, Ela, Pinón,

42 Cenaz, Temán, Mibzar,

43 Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom según sus moradas en la
tierra de su posesión. Edom es el mismo Esaú, padre de los edomitas.

1.

Las generaciones de Esaú.

Este capítulo consiste esencialmente en una cantidad de listas de nombres que
tratan de los descendientes de Esaú y de Seir horeo, cuyas familias se habían
unido con vínculos matrimoniales. El primer versículo es el título dado por
Moisés al conjunto como un todo.

2.

Esaú tomó sus mujeres.

Los nombres de las tres esposas de Esaú, como se dan aquí, difieren de los de
la lista previa (caps. 26: 34; 28: 9). En un caso varían también el nombre del
padre y la nacionalidad. * Es fácil explicar las diferencias entre las dos
listas. (1) En armonía con una antigua costumbre oriental todavía practicada
por los árabes, un hombre podía ser conocido por diferentes sobrenombres en
períodos sucesivos de su vida. Cada nombre estaba basado en una experiencia o
acontecimiento importante. Abram, por ejemplo, se convirtió en Abrahán; Sarai
llegó a ser Sara; Jacob se volvió Israel, y Esaú, Edom (caps. 17: 5, 15; 35:
10; 25: 30). Por regla general, las mujeres recibían nuevos nombres al
casarse, costumbre que explicaría la diferencia en los nombres de dos de las
esposas de Esaú. (2) En el caso de Judit y Aholibama, difieren tanto el nombre
de la esposa como el de su padre y la nacionalidad de él. Por regla general,
las esposas sin hijos no son mencionadas en las listas genealógicas. Por
consiguiente, debe inferirse que Judit murió sin hijos y Esaú se casó con una
hevea en lugar de ella (cf. cap. 34: 2). Aholibama significa "carpa del lugar
alto"; Aná, "respondiendo"; Ada, "ornamento". El nombre Zibeón posiblemente
esté relacionado con la palabra hebrea empleada para hiena, pero puesto que era
heveo, su nombre puede no haber sido semítico en absoluto. Para el significado
de los otros nombres, véanse las referencias correspondientes.

4.

Ada dio a luz.

Cinco hijos (1 Crón. 1: 35) le nacieron a Esaú en Canaán de sus tres esposas
mencionadas en Gén. 36: 2, 3. Los nombres son claramente semíticos y revelan,
en parte, que Esaú todavía se aferraba en cierta medida a la religión de sus
padres. Elifaz, nombre que también fue de uno de los amigos de Job (Job 2: 11;
etc.), puede significar "fortaleza de Dios". Reuel, que significa "amigo de
Dios", fue también uno de los nombres del suegro de Moisés (Exo. 2: 18). El
significado de Jeús, aunque algo oscuro, puede ser "a quien Jehová apresura".
El mismo nombre fue después dado por el rey Roboam a uno de sus hijos (2 Crón.
11: 19). Jaalam puede significar "a quien Jehová oculta" o "él asciende". Coré
significa "calvicie". Un levita de ese nombre llegó a ser el padre de una
famosa familia de cantores (ver Sal. 42; 45, título).

1.

Esaú tomó sus mujeres.

Después de someter a los horeos y ocupar su territorio, la tierra de Seir, Esaú
trasladó su familia allí y la convirtió en su residencia permanente (Deut. 2:
12, 22). Parece que lo hizo voluntariamente, 436 quizá por insinuación de
Isaac, puesto que ya se había establecido allí o por lo menos había sometido la
región cuando regresó Jacob (Gén. 32: 3; 33: 14-16). Quizá Isaac acarició el
plan de que Esaú heredara su propiedad y Jacob el derecho a la tierra
prometida, como un arreglo para que Jacob volviera de Harán. Después de que
Jacob y Esaú hubieron arreglado sus diferencias cerca del río Jaboc, este
convenio resultó mutuamente satisfactorio.

A otra tierra.

Del hecho de que suene extraña la expresión "a otra tierra" o a "otro país" ya
que no hay ninguna explicación en cuanto a la tierra o país de que se trata,
podría inferirse que el nombre "Seir" o "Edom" (cf. Gén. 36: 16) se ha perdido
del texto. En algunas versiones, como en el caso de la BJ, se lee "al país de
Seir". Por otro lado, la frase que viene después quizá exprese todo lo que
Moisés quería decir. Uniendo las dos frases se leería: "A otra tierra,
separándose de Jacob su hermano" (VVR).

9.

Los linajes de Esaú.

Mediante sus hijos y nietos, de la lista de los vers. 10- 14, Esaú llegó a ser
el padre de la nación edomita, cuya sede estuvo en el país montañoso de Seir.
En el caso de Ada y Basemat, que tan sólo tuvieron un hijo cada una, las tribus
fueron fundadas no por los hijos sino por los nietos. Pero en el caso de
Aholibama, sus tres hijos fueron considerados los fundadores.

11.

Temán.

Este nombre posteriormente fue dado a una localidad de Idumea (Jer. 49: 20), y
uno de los amigos de Job es llamado "temanita" (Job 2: 11).

Omar, Zefo, Gatam y Cenaz.

Nada se sabe acerca de estos nietos de Esaú y Ada.

12.

Timna.

Fue una hermana de Lotán horeo (vers. 22). Es pues claro que la familia de
Esaú se unió en matrimonio con los horeos. Esto puede haber dado un pretexto a
los hijos de Esaú para apoderarse de la tierra de los horeos y expulsar a sus
antiguos habitantes (Deut. 2: 12).

Amalec.

Progenitor de los amalecitas que atacaron a los israelitas en Horeb cuando
salían de Egipto (Exo. 17: 8-16). La mención del "país de los amalecitas" en
Gén. 14: 7 no implica necesariamente su existencia en los días de Abrahán sino
que sencillamente puede referirse a la región habitada por ellos cuando se
escribió el libro del Génesis. La expresión de Balaam "cabeza de naciones"
(Núm. 24: 20) no representa a Amalec como la tribu aborigen o más antigua, sino
simplemente como la primera tribu pagana que atacó a Israel, o quizá la más
fuerte o más belicosa de las tribus del desierto. Si hubiera habido un Amalec
y amalecitas anteriores a Edom, considerando el papel importante de los mismos
cuando se opusieron a Israel en tiempo de Moisés, sería razonable esperar que
él nos diera su genealogía como lo hace con todos los otros de igual
importancia para Israel.

Desde un período muy remoto, los amalecitas se separaron de las otras tribus de
Edom y formaron un pueblo independiente, cuya sede estuvo en el Neguev, en la
proximidad de Cades (cap. 14: 7; Núm. 13: 29; 14: 43, 45). Sin embargo, como
una tribu nómada se desplazaron por la parte norte de la Arabia Pétrea desde
Havila hasta Shur, en el límite de Egipto (1 Sam. 15: 3, 7; 27: 8). Una rama
de la tribu aun penetró en el corazón de Canaán, de modo que una cadena de
colinas en lo que más tarde llegó a ser la heredad de Efraín, llevó el nombre
"monte de Amalec" (Juec. 12: 15; 5: 14). Con el curso del tiempo, parece que
también los que se establecieron en Arabia se separaron en diferentes ramas,
pues las hordas de los amalecitas a veces se unieron a los madianitas y a los
"hijos del oriente" (Juec. 6:3; 7: 12), y otras veces a los amonitas (Juec. 3:
13), para invadir la tierra de Israel. Fueron derrotados varias veces por Saúl
(1 Sam. 14: 48; 15: 2-9) y por David (1 Sam. 27: 8; 30: 1-20; 2 Sam. 8: 12) y
finalmente exterminados por Ezequías (1 Crón. 4: 42, 43).

13.

Nahat, Zera, Sama y Miza.

Nada se sabe acerca de estos nietos de Esaú.

15.

Los jefes.

"Duques" (Val. ant.); "jeques" (BJ). La palabra hebrea 'aluf, "príncipe"o
'jefe", fue indudablemente el título tomado por los jefes de las tribus de los
edomitas y horeos. Dado que la palabra relacionada, 'élef, significa "mil",
algunos eruditos han entendido que 'aluf es un título militar que
significa"capitán de mil" (ver Jer. 13: 21). En el hebreo postexílico el
término llegó a aplicarse a los jefes o gobernadores judíos (Zac. 9: 7; 12: 5).
Los nombres de estos "jefes" no son principalmente nombres de lugares como han
sugerido algunos comentadores. Son más bien los tres hijos y diez nietos de
Esaú ya mencionados en Gén. 36: 9-14. En ambas listas (vers. 9-14 y 15-19),
Coré aparece como un hijo de Esaú (vers. 14 y 18). En la, 437 segunda lista
(vers. 16), Coré aparece como un nieto de Esaú (un hijo de Elifaz), pero no en
la primera lista (vers. 11). En todo lo demás, las dos listas son comparables.
El nombre de Coré no se encuentra en el vers. 15 del Pentateuco Samaritano,
que ha existido por separado después del exilio babilonio, pero sí aparece en
la LXX, producida en el siglo III AC. El hecho de que Coré no esté en la lista
como uno de los nietos de Esaú en 1 Crón. 1: 36 donde aparece como hijo (1
Crón. 1: 35), confirma la exactitud de la primera lista de Gén. 36. Por lo
tanto, parece que se ha producido un error de copista en relación con el hebreo
de Gén. 36: 16.

20.

Los hijos de Seir.

Los habitantes autóctonos de la tierra, los horeos, no fueron moradores de
cavernas como sugirieron algunos de los primeros comentadores. Hasta tiempos
comparativamente recientes, se pensaba que la palabra traducida "horeo" se
derivaba de jor, "caverna" o "agujero". En tal caso, horeo significaría
"hombre de las cavernas". Sin embargo, en años recientes los hurritas
(hurrios) -conocidos no sólo para los escritores bíblicos sino también para los
escribas egipcios (jaru), hititas (jarri) y mesopotamios (jurru)- han sido
redescubiertos como nación. Estuvieron ampliamente esparcidos por el antiguo
Oriente durante el segundo milenio AC. El reino de los mitanios de la región
del Eufrates superior fue regido por hurritas en el tiempo de Moisés. Su
idioma ha sido descifrado no hace mucho y hoy es amplio el conocimiento que se
tiene acerca de la cultura e historia de los hurritas.

A principios del segundo milenio AC, los hurritas deben haber tomado posesión
del monte Seir, donde aparecen primero en la Biblia como un pueblo (cap. 14:
6). Posteriormente fueron en parte exterminados a la vez que subyugados por
los descendientes de Esaú (Deut. 2: 12, 22). Siete hijos de Seir horeo, o
hurrita, están en lista, una vez como príncipes de tribus, y otra como "jefes"
(o "duques"). También se nombra a los nietos de Seir y a dos nietas: Timna
(vers. 22) y Aholibama (vers. 25). Probablemente Timna fue la misma que
aparece como concubina de Elifaz (vers. 12), y Aholibama fue la segunda esposa
de Esaú (vers. 2).

24.

Aná es el que descubrió manantiales.

Moisés supone que el acontecimiento aquí registrado era bien conocido. Sin
embargo, no sabemos nada más del relato que lo que dice el versículo. El
significado de la palabra yemim traducida "manantiales" ["mulos" en la Val.
ant.] es incierto. Jerónimo la tradujo en la Vulgata como "aguas termales" [tal
es también la traducción de la BJ] y algunos comentadores están de acuerdo en
que Moisés aquí se refiere al descubrimiento de aguas termales sulfurosas. Hay
tres vertientes tales conocidas en la región: una en el Wadi Zerqa Ma'in, otra
en el Wadi el-Ahsa al sudeste del mar Muerto, y una tercera en el Wadi Hamad
entre Kerak y el mar Muerto.

29.

Los jefes.

Esta lista repite los nombres de los hijos de Seir ya dada en los vers. 20 y
21. Acerca del título "jefe" ver com. del vers. 15.

31.

Antes que reinase rey.

Esta referencia a reyes de Israel ha sido señalada como una evidencia de una
paternidad literaria postmosaica, o al menos como una interpelación posterior
tomada de 1 Crón. 1: 43. No es necesaria esta conclusión. Debiera recordarse
que reyes habían sido prometidos a Jacob, como bien lo sabía Moisés (Gén. 35:
11). Esta promesa no se había cumplido en el tiempo de Moisés, al paso que la
casa de Esaú ya había alcanzado un alto grado de organización política. Por lo
tanto, es enteramente consecuente que Moisés -en cuyo tiempo ocho reyes ya
habían reinado sobre Edom - hiciera esta observación.

La dificultad para encontrar ubicación para 7 "jefes", todos nietos de Esaú
(vers. 15-19), 8 reyes (vers. 32-39) y 11 "jefes" adicionales (vers. 40-43)
durante el tiempo entre Esaú y Moisés, desaparece si se presume que los reyes y
jefes fueron mutuamente contemporáneos. Esto tiene el apoyo de una comparación
de Exo. 15: 15 con Núm. 20: 14. En este último pasaje se indica que Moisés
negoció con un rey de Edom pidiendo permiso para pasar por su tierra, pero en
el anterior se mencionan los "jefes" de Edom ("caudillos" VVR) como temblando,
debido al paso milagroso de Israel por el mar Rojo. Además, no es necesario
suponer que los 11 "jefes" de los vers. 40-43 gobernaron consecutivamente.
Puesto que se declara que fueron jefes "por sus linajes, por sus lugares",
todos o a lo menos varios de ellos pueden haber vivido en diferentes lugares al
mismo tiempo. Por lo tanto, tan sólo es necesario encontrar ubicación para 8
reyes sucesivos entre Esaú y Moisés, un período de más de 200 años. Esto 438
daría un promedio de 25 años para cada uno, comparado con 10 años para los
reyes de Israel y 17 para los de Judá.

Es indudable que la monarquía edomita no era hereditaria, pues en ningún caso
un hijo sucedió a su padre. Más bien era electiva, siendo escogidos los reyes
por los "jefes". Esto sería similar a la situación del Santo Imperio Romano,
donde cada emperador era elegido por los príncipes y electores de la entidad.
De los ocho reyes nombrados ninguno es conocido por otras fuentes. Aunque
algunos de los nombres, como en el caso de Hadad (1 Rey. 11: 14), aparecen
posteriormente, ninguno se refiere a los individuos aquí mencionados. Unas
pocas de las ciudades mencionadas en relación con los reyes pueden
identificarse de la siguiente manera:

33.

Bosra.

Una ciudad notable que parece haber sido la capital edomita durante un lapso
considerable (Isa. 34: 6; 63: 1; Jer. 49: 13, 22; Amós 1: 12). Estaba en la
ubicación de la aldea actual El Buseira, a unos 40 km. al sudeste del mar
Muerto.

34.

Temán.

Esta región del norte de Idumea, con su ciudad Temán, no ha sido todavía
identificada. Jerónimo preservó una tradición según la cual está a sólo 8 km.
de Petra.

37.

Rehobot.

Algunos eruditos la han identificado con Rehobot-Ir de Asiria (cap. 10: 11), lo
que posiblemente puede no ser correcto. Otros la han localizado en otro lugar
sobre el Eufrates. Si esto fuera verdad, el rey edomita Saúl debe haber sido
extranjero. Lo más probable es que Rehobot fue, o la Idumea Robotha, cuya
ubicación es incierta, o bien Er Ruheibe, 37 km. al sudoeste de Beerseba, en un
valle cerca de El Arish.

39.

Hadar.

Hadar, el último de los ocho reyes edomitas de la lista de Moisés, fue
probablemente aquel con quien trató con el fin de conseguir permiso para pasar
por su país (Núm. 20: 14). El hecho de que Moisés dé el nombre de la esposa de
Hadar y los nombres de la madre de su esposa y abuela, sugiere que lo conocía
íntimamente. En contraste con los otros siete reyes, la muerte de Hadar,
registrada en 1 Crón. 1: 51, no está mencionada aquí. Esto constituye una
evidencia adicional de que todavía estaba vivo cuando Moisés escribió el
Génesis.

40.

Los nombres.

No son de las localidades como algunos han sugerido, sino de individuos, quizá
de jefes locales contemporáneos con Hadar en el tiempo de Moisés.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

6-8 PP 206

CAPÍTULO 37

2 José es odiado por sus hermanos. 5 Sus dos sueños. 13 Jacob lo envía a
visitar a sus hermanos. 18 Sus hermanos deciden matarlo. 21 Rubén lo salva. 26
Lo venden a los ismaelitas. 31 Su padre, engañado por el vestido ensangrentado,
llora su pérdida. 36 José es vendido a Potifar en Egipto.

1 HABITO Jacob en la tierra donde había morado su padre, en la tierra de
Canaán.

2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de
diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con
los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba
José a su padre la mala fama de ellos.

3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su
vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.

4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le
aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente.

5 Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a
aborrecerle más todavía.

6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:

7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se
levantaba 439 y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se
inclinaban al mío.

8 Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre
nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras.

9 Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he
soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se
inclinaban a mí.

10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo:
¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a
postrarnos en tierra ante ti?

11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto.

12 Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem.

13 Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem. ven, y
te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí.

14 E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las
ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a
Siquem.

15 Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel
hombre, diciendo: ¿Qué buscas?

16 José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están
apacentando.

17 Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a
Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.

18 Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos,
conspiraron contra él para matarle.

19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador.

20 Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos:
Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños.

21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos.

22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en
el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para
hacerlo volver a su padre.

23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José
su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí;

24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no
había en ella agua.

25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una
compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas,
bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto.

26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a
nuestro hermano y encubramos su muerte?

27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque
él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con
él.

28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la
cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte
piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.

29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus
vestidos.

30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿a dónde iré yo?

31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las
cabras, y tiñeron la túnica con la sangre;

32 y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto
hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.

33 Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo
devoró; José ha sido despedazado.

34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó
luto por su hijo muchos días.

35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no
quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y
lo lloró su padre.

36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón,
capitán de la guardia.

1.

Habitó Jacob en la tierra.

Esta declaración da comienzo al período posterior a la muerte de Isaac. Jacob
era ahora el heredero de las bendiciones y promesas que acompañaban a la
sucesión patriarcal. 440

2.

La familia de Jacob.

Aquí comienza una nueva sección (ver caps. 5: 1; 6: 9; etc.). Aunque el nombre
de Jacob sólo se menciona en este título, está claramente implícita la historia
de su familia, como lo muestran los capítulos siguientes. Durante la vida de
Jacob, cualesquiera hubieran sido las vicisitudes por las que pasaron los
miembros de su familia, se consideran como parte del registro de su familia.

José, siendo de edad de diecisiete años.

Los sucesos que se están por describir se realizaron unos 11 años después del
regreso de Jacob de Harán, cuando había llegado a la edad de 108 años (cap. 30:
25 y com. del cap. 27: 1).

Con los hijos de Bilha.

José estaba más íntimamente relacionado con los hijos de Bilha y Zilpa, quienes
estaban más cerca de él en edad, y quizá eran menos altivos que los de Lea.
Podría ser que Bilha, que había sido la sierva de su madre Raquel, cuidara de
José después de la muerte de ésta.

La mala fama de ellos.

José informaba lo que había observado personalmente, o repetía lo que había
oído acerca de sus hermanos. Esto señala el comienzo del amargo odio que los
mismos sentían hacia él. José era motivado por altos ideales y su conciencia
sensible se rebelaba contra las malas prácticas de sus hermanos. Informaba de
estas cosas a Jacob, fuera de duda con el propósito de que la influencia de su
padre pudiera llevarlos a un cambio de proceder y así no se deshonrara el
nombre de la familia como había sucedido con la matanza de los siquemitas.

3.

Amaba Israel a José.

Jacob encontraba una satisfacción particular en la compañía de José, cuya
amabilidad e ideales lo hacían tan diferente de sus hermanos. Puesto que Jacob
tenía 91 años cuando nació José, y Benjamín no nació hasta varios años después,
consideraba a José el hijo de su "vejez".

Una túnica de diversos colores.

El trato preferencial de José llegó a su pináculo con la túnica especial que su
padre le hizo. Es dudoso el significado de la palabra passim, "de diversos
colores". Se usa también en 2 Sam. 13: 18, 19 para describir el vestido de
Tamar, la hija del rey David. La traducción que la LXX, la Vulgata y la
Siríaca rinden: "teñida de colores", forma la base de la traducción que se
halla en la mayoría de las Biblias modernas. Una pintura mural de la tumba de
un noble en Beni Hasan, Egipto, que data del tiempo de Abrahán, describe a un
grupo de asiáticos -hombres, mujeres y niños - de los cuales algunos no llevan
puesto sino un taparrabo de dos colores, y otros, túnicas que llegan hasta la
rodilla pero dejan un hombro al descubierto. Algunas de estas túnicas eran de
un material blanco, liso; pero las había con dibujos azules Y rojos. El atavío
del jefe era especialmente colorido y se distinguía de los otros por un bello
dibujo entretejido en la trama. La túnica que Jacob dio a José puede haberse
asemejado a ésa. Sin embargo, como se hace resaltar aquí, la palabra passim es
de un origen dudoso. Si, como parece probable, es el plural de pas,
"extremidad", en tal caso se referiría a las manos y los pies. Por lo tanto,
de acuerdo con esto la túnica de José tenía mangas largas y llegaba hasta los
pies. Un atavío tal no podía ser adecuado para llevarlo mientras se trabajaba
y además era de la clase que usaban los niños de noble alcurnia. La BJ traduce
"una túnica de mangas largas". La construcción gramatical hebrea sugiere la
idea de que Jacob no sólo hizo una túnica tal para José, sino que "tenía la
costumbre de hacerlas" para él. De todos modos, esta túnica excitó la sospecha
de que Jacob tenía el propósito de pasar por alto a sus hijos mayores para
conferir la primogenitura a José. No es pues de admirar que todos sus hermanos
lo odiaran (PP 209).

4.

Le aborrecían.

La preferencia de Jacob por José era natural, no sólo quizá porque veía en él
al hijo de su amada Raquel, sino también por la excelencia de su carácter, que
resaltaba en marcado contraste con las vidas notoriamente malas de algunos de
sus otros hijos. Muchos padres que se encuentran en la situación de Jacob,
atraídos más a un hijo que a otro, a lo menos se esfuerzan por ocultar la
preferencia, que en lo más íntimo de su corazón probablemente creen plenamente
justificada. Pero con excesiva y visible parcialidad, Jacob mostró su
preferencia por el hijo de Raquel al obsequiarle un costoso y principesco
atavío. Como podía esperarse, una demostración tal de estima fue desagradable
para sus otros hijos y, si no hubiera sido por el carácter esencialmente sano
de José, podría haber sido esto dañino para él mismo.

5.

Soñó José un sueño.

La túnica implicaba la intención de Jacob de convertir al hijo mayor de Raquel
en su heredero. Ahora bien, 441 el sueño de José fue tomado como una expresión
de sus propias intenciones en este asunto. Lo odiaron no solamente por causa
del sueño, sino también por su osadía en contárselo (vers. 8). Aunque no se
dice que los sueños de José provenían de Dios (caps. 20: 37; 28: 12-15), lo que
le sucedió después en la vida atestigua que así fue, y que no fueron el reflejo
de ninguna ambición personal de su parte. Los sueños de José muestran que
Jacob no limitaba sus ocupaciones a la cría de ganado y ovejas, sino que
también se ocupaba en agricultura como lo había hecho antes su padre Isaac
(cap. 26: 12). Tal ocupación había estado implicada en la bendición paterna de
Isaac (cap. 27: 28).

9.

Otro sueño.

Si el primer sueño de José había puesto de manifiesto tan sólo supremacía sobre
sus hermanos, el segundo la extendió a toda la familia. El que José relatara
este sueño a sus hermanos, después de ver cómo habían reaccionado ante el
primero, revela una clara inmadurez de juicio. Este sueño tan sólo podía
intensificar la envidia y el odio de ellos. Sin embargo, José parece haber
sentido cierta satisfacción al contar sus sueños y observar la envidia y la ira
de sus hermanos. Jacob, que estuvo presente en esta ocasión, lo reprendió
severamente, en parte quizá por lo sorpresivo del caso, pero también para
desautorizar cualquier acusación de connivencia con su hijo. Aunque Jacob
desaprobó la narración del sueño, no pudo menos que quedar impresionado por la
forma en que reflejaba sus propios pensamientos.

Algunos han cuestionado el origen divino del segundo sueño, puesto que parece
haberse cumplido sólo parcialmente. Ni Raquel ni Lea vivieron para ver el
gobierno de José en Egipto (caps. 35: 19; 49: 31). Basta destacar que aun
Jacob no tomó literalmente en cuenta cada detalle del sueño, puesto que la
madre de José ya había muerto en ese tiempo (vers. 10). Indudablemente Jacob
entendió el sueño como un símbolo de la supremacía de José en un sentido
general.

12.

Fueron sus hermanos.

Los hijos de Jacob parecen haber hecho largas migraciones anuales de un campo
de pastoreo a otro, como con frecuencia es necesario aún hoy. Siquem está a
unos 100 km. al norte de Hebrón, y Dotán (vers. 17) a otros 25 km. al noroeste
de Siquem. El aprovechamiento de los campos de pastoreo del norte implica que
era verano o comienzos del otoño. La estación seca comenzaba en abril y duraba
hasta octubre (vers. 24). La razón para que los rebaños pacieran en Siquem
puede haber sido porque la familia de Jacob tenía propiedades allí, conseguidas
parcialmente por compras (cap. 33: 19) y quizá parcialmente por conquista (cap.
34: 2 7). Parece que los hijos de Jacob no sentían ningún temor de la gente
que los circundaba (cap. 35: 5), la cual nunca se había vengado por la matanza
de los siquemitas.

13.

Te enviaré a ellos.

Es evidente que Jacob no se daba cuenta de cuán profundamente sus hijos odiaban
a José, un hecho que a ellos les había costado ocultárselo. Esto es evidente
no únicamente porque envió a José solo a visitarlos, sino también por su
reacción ante el relato de su desaparición. Ni por un momento parece que
sospechó de deslealtad de parte de ellos. La preocupación de Jacob por sus
hijos probablemente era debida no sólo a su larga ausencia sino también al
temor de que los compatriotas de los siquemitas pudieran haberse vengado de la
matanza, o pudieran haberlos estorbado en el pastoreo de sus rebaños.

17.

Vamos a Dotán.

A unos 19 km. al norte de Samaria, en la dirección de Esdraelón, Dotán estaba
situada en la gran ruta de caravanas del norte a Egipto. Está en una planicie
rectangular que constituye una de las mejores zonas de pastoreo de Canaán, y
por lo tanto fue bien elegida por los hijos de Jacob. Todavía conserva su
antiguo nombre, Dotán. En el tiempo de Eliseo fue escenario de un gran milagro
(2 Rey. 6: 13-19).

20.

Matémosle.

A hombres que habían asesinado a todos los varones de una ciudad, el matar a un
individuo solo difícilmente podría haberles parecido un pecado grave. El odio
se había desarrollado de tal manera en su corazón que estaban listos para matar
a su propio hermano a sangre fría. Se encontraban lejos de su hogar con sus
influencias restrictivas. La "cisterna" en la cual querían echar su cuerpo era
una de las cisternas comunes en Palestina. El relato que se habían propuesto
contar a su padre era enteramente verosímil, pues Palestina era un país
selvático durante el segundo milenio AC, y leones, osos y otros animales
vagaban por allí libremente (Juec. 14: 5; 1 Sam. 17: 34).

21.

Rubén oyó esto.

Aunque Rubén estaba lejos de ser perfecto (ver cap. 35: 22), su corazón 442 no
era tan duro como el de los demás hermanos. Siendo el hijo mayor, sintió una
responsabilidad especial por su hermano menor y se propuso, si era posible,
salvarlo. Los que estaban dispuestos a convertirse en asesinos, por el momento
se contentaron con obedecer la sugestión de Rubén. Débil y vacilante como era
(cap. 49: 4), parece que Rubén era el único de los hermanos de José en quien no
se había perdido completamente el afecto fraternal. Aunque le faltaba valor
para resistir abiertamente la voluntad más fuerte de ellos, hizo por lo menos
una tímida tentativa de salvar la vida de José. Bueno como era el plan de
Rubén, fracasó debido a su falta de determinación y vigilancia.

24.

Le echaron en la cisterna.

Añadiendo insultos a la violencia, desnudaron a José y lo arrojaron en una
cisterna seca que estaba cerca. Parece que las cisternas con frecuencia se
usaban para una cosa tal (Jer. 38: 6). Indudablemente, el pensamiento de que
angustiosamente moriría de hambre satisfizo su carácter vengativo y no
prestaron atención a sus clamores lastimeros (cap. 42: 21, 22).

25.

Se sentaron a comer.

Quizá con un secreto sentimiento de satisfacción, si no de gozo, y con infinita
indiferencia, los despiadados hermanos se sentaron a comer.

Una compañía de ismaelitas.

La palabra traducida "compañía" en la VVR, significa un grupo de viajeros,
especialmente de comerciantes, y por lo tanto, quizá podría traducirse
adecuadamente "caravana". Los árabes, descendientes de Ismael, ocupaban las
regiones desérticas de Arabia al este de Egipto, y hacia el norte en la
dirección general de Asiria. Los registros bíblicos y seculares revelan que
los árabes mantenían un comercio floreciente con Egipto. No es de sorprenderse
que algunos de los descendientes de Ismael hubieran llegado a ser comerciantes,
pues, para entonces, ya habían transcurrido unos 180 años desde el nacimiento
de Ismael, y sin duda su familia había crecido rápidamente.

De Galaad.

Puesto que Dotán estaba sobre una importante ruta de comercio, era natural que
las caravanas pasaran por allí de tanto en tanto. La ruta de Galaad en
Transjordania cruzaba el Jordán en las proximidades de Bet-san, en el extremo
oriental del valle de Esdraelón, seguía el valle de Jenin y luego volvía hacia
el sur para cruzar la cadena del Carmelo. Pasando por la planicie de Dotán,

continuaba hacia el sur por el camino de Er Ramle y Gaza hacia Egipto.

Aromas.

La palabra traducida "aromas" algunos la interpretan como goma tragacanto, que
se obtiene de los arbustos del género Astragalus. También se la ha
identificado con los capullos rojos secos de la planta nakawa, o la resina del
cisto o cergazo. Cualquiera fuera el origen de los "aromas", o goma,
probablemente se usaban como un ingrediente para preparar el incienso, o como
un cosmético.

Bálsamo.

La palabra hebrea traducida "bálsamo" probablemente se refiere a la goma del
árbol lentisco y al terebinto.

Mirra.

Es dudoso el significado de la palabra así traducida. Generalmente se entiende
que se refiere al ládano, una goma aromática exudada por las hojas del cisto, o
lo que hoy se conoce como mirra. Otros piensan que debe ser la corteza
resinosa del lentisco.

26.

Judá dijo.

Judá vio en la aparición de la caravana de los ismaelitas un medio de acabar
para siempre con José sin quitarle la vida. Esto lo eliminaría efectivamente
de una competencia posterior en la lucha por la primogenitura. Sin duda los
hermanos razonaron que José había hecho poco para incrementar la fortuna de la
familia, y no veían razón para que fuera el heredero de las riquezas que habían
producido las manos de ellos. La propuesta de Judá fue cordialmente aceptada
por todos los hermanos, quienes para entonces, después de reflexionar en cuanto
a su primer impulso de matar a José, se encontraban un poco remisos a ponerle
las manos encima.

28.

Mercaderes.

Los mercaderes son llamados "ismaelitas" en los vers. 25, 27 y 28, y
"madianitas" en los vers. 28 y 36. Esto se ha explicado suponiendo que ambos
grupos estaban representados en la caravana, o que los dos nombres eran usados
como sinónimos en el habla común. En cualquier caso, se trataba de una sola
caravana, con la que hicieron la transacción (PP 212).

Veinte piezas de plata.

El precio pagado por José, 20 piezas o siclos de plata, era mucho menos que el
precio promedio de un esclavo, De acuerdo con Exo. 21: 32, parece haber sido de
30 siclos, con toda probabilidad el precio de reventa que los ismaelitas
esperaban recibir por José en Egipto. Naturalmente, estaban dispuestos a pagar
menos por 443 él. Veinte siclos serían aproximadamente 8 onzas (228 g) de plata
(ver com. de cap. 20: 16).

La venta de José fue una franca violación del principio de que ningún hombre
tiene derecho de someter a otro a una servidumbre involuntaria (cf. Lev. 25:
39-43). Demuestra claramente el grado de perversión moral que se había
posesionado de los corazones de los hermanos de José. Así los que vendieron a
José demostraron que habían perdido completamente todo afecto natural. La
venta de José como esclavo es el primer ejemplo que se registra en la Biblia de
una transacción tal.

Los traficantes de esclavos han imitado, aunque rara vez sobrepujado, la
crueldad de la cual fueron culpables los hermanos de José, pues no era
sencillamente un prójimo el que vendían, sino su propio hermano. Sin embargo,
la Providencia divina encauzó los malos designios de estos hombres endurecidos.
La llegada de la caravana en ese preciso momento fue el medio elegido por el
cielo para salvar a José de la perversa maquinación contra su vida, y la
salvación de ésta a su vez se convirtió en un medio por el cual resultó salvada
la vida de sus propios hermanos (cap. 45: 4, 5). Aunque José no podía saberlo
entonces, la Providencia estaba guiando sus pasos. ¡Con cuánta frecuencia los
senderos más oscuros de la vida conducen a sus perspectivas más brillantes!
Estemos siempre dispuestos a seguir dondequiera que Dios nos guíe (Rom. 8: 28,
35-39).

29.

Rubén volvió.

Toda la transacción se llevó a cabo en ausencia de Rubén y sin su conocimiento.
Habiendo persuadido a sus hermanos para que consintieran en arrojar a José vivo
en la cisterna, los había dejado antes de que llegara José, para que no se
dieran cuenta de sus intenciones de llevarlo de vuelta a su padre (PP 211). El
rasgar los vestidos propios era una antigua costumbre que expresaba gran pesar
y dolor (Gén. 37: 34; 44: 13; 2 Sam. 13: 31; 2 Rey. 18: 37; Job 1: 20).

30.

El joven no parece.

El clamor impotente de Rubén reveló su intención secreta de salvar a José.
Ahora, siendo el mayor, no sabía cómo había de dar cuenta a Jacob por la
desaparición de José.

Las intenciones de Rubén eran loables y su plan bien trazado. Sin embargo
fracasó. Con todo, finalmente llegó el día cuando los hermanos de Rubén se
vieron forzados a escuchar su vívido reproche por esta mala hora y por su vil
proceder (cap. 42: 22). José había de ser librado, pero no por Rubén. La
escoria debía ser eliminada de su vida mediante el sufrimiento (cf. Heb. 2:
10) antes de que pudiera disfrutar del honor para el cual el cielo lo
destinaba. En la providencia de Dios, con frecuencia la cruz debe preceder a
la corona, y la aflicción se convierte en la suerte de algunos individuos a fin
de que muchos puedan beneficiarse y para que el bondadoso propósito de Dios
pueda prevalecer finalmente.

31.

Tomaron ellos la túnica de José.

Aunque Rubén estaba fuera de sí por su dolor y perplejidad, no les faltaba un
plan a sus implacables e inexorables hermanos. Sin embargo, es indudable que
no tenían ni la descarada osadía para cumplirlo personalmente ni el valor para
contemplar el primer estallido de dolor de su padre. Hicieron pues arreglos
para que otro -probablemente un esclavo, que no sabía del asunto nada sino lo
que se le dijo, y así no podía revelar su oscuro secreto llevara la túnica
ensangrentada a Jacob en Hebrón.

33.

Ha sido despedazado.

Sin duda los hijos de Jacob no sólo habían untado la túnica con sangre sino que
también la habían roto en jirones para hacer más vívida la evidencia de la
desgracia de José y más verosímil su relato. Con demasiada elocuencia, la
túnica desgarrada dio su mudo testimonio de la suerte que aparentemente había
sobrecogido al joven. El objeto que una vez simbolizó el imprudente
favoritismo de Jacob por José, ahora llegó a representar la ruina de ambos,
padre e hijo.

34.

Guardó luto por su hijo.

Convencido de la muerte de José por la innegable evidencia presentada, Jacob
pasó por un período de luto de acuerdo con la costumbre de los tiempos
antiguos. Habiendo rasgado sus vestimentas ordinarias, se vistió de cilicio,
el atavío acostumbrado de los enlutados (2 Sam. 3: 31; Neh. 9: 1; Est. 4: 1).
Se trataba de una tela áspera, de pelo grueso, con la cual también se hacían
las bolsas de los cereales. En Gén. 42: 25 la misma palabra se traduce
"sacos". En los casos de profundo pesar mental, el cilicio se llevaba
directamente sobre la piel (1 Rey. 21: 27).

35.

Para consolarlo.

Cuando Jacob hubo hecho luto por José por más tiempo que el acostumbrado y
parecía que su intenso dolor no se mitigaba, sus hijos comenzaron a
preocuparse.444 Los encallecidos criminales se convirtieron en tiernos
consoladores, y los que estuvieron a punto de ser asesinos procuraron aliviar
el pesar que ellos cruelmente habían traído sobre su padre.

Es indudable que Jacob tenía otras hijas además de Dina, a menos que aquí se
quiera hacer referencia a nueras (cf'. Rut 1: 11, 12). Puesto que los términos
hebreos que designan relaciones familiares, a menudo se usan en un sentido más
general que el de hoy día, con frecuencia se pone en duda el verdadero
significado de palabras tales como "hijo", "hija", etc. Sin embargo, parece
claro por Gén. 46: 7 que éstas fueron las verdaderas "hijas" de Jacob.

El Seol.

She'ol. Esta palabra es peculiar en el hebreo, y no se encuentra en ningún
idioma semítico emparentado, siendo, por lo tanto, de origen desconocido.
Invariablemente se emplea para designar el lugar al cual van los muertos.

36.

Los madianitas lo vendieron.

Acerca del empleo indistinto de los términos "madianitas" e "ismaelitas" aquí y
en los vers. 25, 27 y 28, ver com. de vers. 28.

Potifar.

Este nombre, aunque hace mucho tiempo fue reconocido por los egiptólogos como
un buen nombre personal egipcio, no fue encontrado en los monumentos egipcios
sino hasta la década del 30, donde aparece en egipcio como P'a-di-p'a-Re'.
Significa "aquel a quien [el dios] Re' ha dado", y es comparable con los
nombres hebreos 'Elnathan, "Dios ha dado", y Yonathan, "Jehová ha dado".

Oficial de Faraón.

La palabra hebrea traducida como "oficial" es saris, que significa en primer
lugar "eunuco". Los gobernantes orientales empleaban a los eunucos en varios
cargos importantes, especialmente como funcionarios a cargo del harén real. El
hecho de que Potifar fuera casado se ha tomado como una evidencia de que el
término saris significa más de lo que significaría "eunuco" en el sentido
estricto de la palabra. Esto podrá ser verdad, pero no se ha comprobado,
puesto que aun los eunucos podrían haber estado casados.

Acerca del título "Faraón", ver com. de cap. 12: 15.

Capitán de la guardia.

La palabra traducida "guardia" procede del hebreo tabbajim. En el singular
significa "carnicero" o "cocinero" y quiere decir el que mata, cuece y sirve el
alimento (ver 1 Sam. 9: 23, 24). Aquí, en el plural, se refiere a verdugos.
Potifar, el "capitán", probablemente era el jefe de los verdugos, o quizá de la
guardia personal de Faraón.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-36 PP 208-215, 343; SR 100, 101

2 MEM 30

3, 7 PP 209

7, 8 SR 100

8-10 PP 210

9-11 SR 101

12-18 PP 211

19-28 PP 211

28 CV 78

29-35 PP 212

31-33 PP 242

36 PP 215

CAPÍTULO 38

1 Judá engendro a Er, Onán y Sela. 6 Er se casa con Tamar. 8 La maldad de Onán.
11 Tamar recibe la promesa de que Sela será su esposo. 13 Tamar engaña a Judá.
27 Tiene mellizos, Fares y Zara.

1 ACONTECIÓ en aquel tiempo, que Judá se apartó de sus hermanos, y se fue a un
varón adulamita que se llamaba Hira.

2 Y vio allí Judá la hija de un hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la
tomó y se llegó a ella.

3 Y ella concibió, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Er.

4 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Onán.

5 Y volvió a concebir, y dio a luz un hijo, 445 y llamó su nombre Sela. Y
estaba en Quezib cuando lo dio a luz.

6 Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.

7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó
Jehová la vida.

8 Entonces Judá dijo a Onán: Ll